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Hiiro estaba enfermo y por mucho que quisiera moverse, ir a la escuela y continuar sus actividades de idol, Aira le había dicho que si no se cuidaba ya no serían amigos, así que tenía que quedarse en cama, beber mucha agua, tomarse las pastillas y descansar para mejorarse lo antes posible. Hiiro no entendía en qué afectaba a su amigo que no se cuidara porque de todas formas ya no tenían que ganar dinero para el MDM. Sin embargo obedeció porque su amistad era más importante.
Las mantas de la cama, así como su pecho se levantaban violentamente cada vez que tosía y la bolsa de plástico a su lado estaba cada vez más llena de papel higiénico con mocos. Qué desagrable debía de verse, quizás por eso Aira prefería que estuviese encerrado y no saliese al aire libre. Un idol siempre debía verse bien para sus fans, después de todo.
A ratos sentía que iba a caer dormido, sin embargo los ataques de tos lo despertaban cada vez. Qué mal, Aira le había dicho que debía descansar, pero a este paso no podría hacerlo. Tal vez debería mantener sus ojos cerrados y tratar de fingir que dormía hasta que pudiese dormir de verdad.
Y es que a veces funciona mentirse a sí mismo, como cuando estaba enfermo en la aldea y le gustaba imaginar que Rinne estaba a su lado cuidando de él, a pesar de que sabía muy bien que se había ido hace años y era cada día menos probable que regresara. Muchas veces llegaba a tal grado febril que casi podía sentir las manos frías del pelirrojo en su frente y su voz cálida llena de palabras dulces. Sabía que era mentira y aún así lo sentía tan real que no podía evitar creérselo. Claro, creerlo hasta que mejorase del todo y al despertar se hallara completamente solo.
Y quizás seguía siendo un niño pequeño que buscaba a su hermano mayor cada vez que se sentía herido, pues pronto le pareció oír la puerta del dormitorio y su mente decidió imaginar la voz de su amado Rinne.
—Hiiro... ¿estás despierto?
Trató de aguantarse la tos y su misma respiración, lo que sea para que su monarca no se diese cuenta, pero pronto el ataque volvió con más fuerza. Sabía que no tenía sentido fingir ante una alucinación, pero por alguna razón no podía sentirse tranquilo aunque supiera bien que esto era falso. Aún así, ¿por qué estaba imaginando a Rinne aquí? Hiiro no debería pensar en él en este momento. A su hermano no le importaba en lo más mínimo, ya se lo había demostrado en el pasado cuando lo abandonó para irse a la ciudad, pero le quedó más que claro cuando Rinne lo desheredó, le pidió que nunca más usase su apellido y lo amenazó de muerte antes de desaparecer otra vez. Entonces lo dejó solo en los jardines flotantes y sino fuese porque Aira lo arrastró de vuelta al dormitorio, Hiiro se hubiese quedado allí toda la noche sin saber que hacer a partir de ése momento.
Ah... claro, ahora lo recordaba; Se había resfriado tanto precisamente porque se quedó allí sentado en esa banca hasta que oscureció y Aira lo encontró. Por eso estaba pensando en Rinne ahora mismo, porque su inconsciente no solo estaba acostumbrado a imaginar a Rinne a su lado, sino que sabía que era el verdadero culpable de su actual estado.
Sintió que algo de cerámica era dejada en el velador de su cama junto con el peso de una persona sentada a su lado. La imaginaria mano fría de su hermano tocó su frente y suspiró aliviado.
—Bien, no tienes fiebre —dijo la voz suave de su antiguo monarca—. Te traje un té de jengibre, te ayudará con tu dolor de garganta.
"¿Y también ayudará con el dolor que dejaste en mi pecho?" quiso preguntar, pero se negó a conversar con su alucinación. No podía ceder ante él o enloquecería. El mayor siguió insistiendo hasta que pareció aburrirse por el suspiro que soltó. Pensó que quizás desaparecería por la puerta y no lo escucharía más, pero pareció sujetar el objeto de cerámica y luego volverlo a depositar en el mismo sitio. Qué extraño, ¿qué cosas imaginaba su subconsciente ahora? ¿Quizás que bebía del supuesto té y se iba? Trato de pensar en varias posibilidades, pero su mente lo traicionó por completo cuando sintió la figura de Rinne acercarse a su rostro, con largos mechones rojizos de su cabello acariciando su frente y unas pestañas revoloteando cerca de sus ojos cerrados. Entonces un pulgar se deslizó por su mentón y forzó los labios de Hiiro a separarse antes de que algo se posara sobre ellos. Quizo pensar que entre sueños estaba vomitando, que se había tragado algún moco o literalmente cualquier cosa, pero la realidad es que cuando abrió sus ojos se encontró con el pelirrojo conectando sus labios.
No sabía que pensar al respecto, no parecía una alucinación y de serlo no entendía porque estaba robando el primer beso de su Monarca y hermano mayor... pero al mismo tiempo ninguno de esos títulos importaba ya. Sin embargo, sí sabía algo y es que lo que sea que le estaba pasando por la boca era amargo, picante y no le gustaba nada así que lo empujó y trató de escupirlo. Sin embargo, Rinne enseguida reaccionó, colocando su palma en la boca de Hiiro y empujándolo de vuelta a la cama.
—¡Quieto, es por tu bien! —le reprochó, forcejeando con Hiiro para que tuviese la boca cerrada
Se distrajo por un segundo al notar el hilo de saliva que Rinne tenía corriendo desde sus labios hasta el borde de su mentón y acabó tragando el asqueroso contenido casi por inercia. Miró a los ojos del pelirrojo, sin saber si sentirse asqueado, confundido o irritado ¿acaso tenía fiebre? ¿cómo es que una alucinación podía sentirse tan real? Porque debía estar alucinando, ¿verdad? Es imposible que Rinne...
El mayor sonrió entre burlesco y aliviado mientras quitaba su mano de la boca del menor. Mantuvo su mirada fija en sus ojos hasta que se dio cuenta de lo que estaba haciendo y lo cerca que estaban.
—Como sea, Hiiro tienes que tomarte esto aunque no te guste —dijo, levantándose de la cama— y te apuras, que se toma caliente, no tibio.
—No.
Hiiro tomó el borde de su camiseta y lo jaló. Intentó tirar de él con más fuerza, pero no solo se sentía demasiado débil justo ahora, sino que pronto lo atacó un nuevo ataque de tos.
—Hiiro-
Lo cierto es que Hiiro ya podía ver a través de Rinne y sabía que se iría a penas accediera a beberlo por sí mismo. Así que no debía permitirlo o la alucinación desaparecería. Estaba loco por esto, quizás realmente tenía algún tipo de complejo por abandono o algo...
—Si quieres que me lo tomé, tendrás que dármelo tú, niisan.
...Sí, definitivamente tenía fiebre. 40 grados tal vez. Probablemente al borde del desmayo. No había otra forma lógica de explicar el que quisiese sentir la boca de Rinne contra la suya otra vez. O tal vez solo quería sentirlo un poco más cerca y así quedarse junto a él un poco más.
El mayor pareció sorprenderse, pero entonces volvió a sonreír como siempre lo hacía desde que llegó a la ciudad y se sentó a su lado.
—Aww, Hiiro-chan es un pervertido ♪ —se burló, sin embargo pronto volvió a sujetar la taza con el té en sus manos— ¿Quieres que te dé tooodo con besitos? ¿Quizá debería meterte la lengua también? Pero hey, no vayas a hacer lo mismo, no quiero contagiarme con tus lindas babas ★.
No respondió. Solo abrió un poco la boca y espero a que su hermano se acercara para cerrar los ojos. Solo por esta vez, volvería a disfrutar de ser cuidado por la alucinación.
...
Lamentablemente tuvo que apartarse justo antes de por otro ataque de tos. Por su parte Rinne se rió y procedió a ayudarlo a sentarse para que se tomase el té solito. Rayos, estuvo tan cerca...
—Si te portas bien y te lo tomas todo, te daré otro beso —se burló y Hiiro tuvo que aguantarse las ganas de tragarse todo el contenido en un segundo
Estaba hirviendo y no le gustaba el sabor, sin embargo tenía un pequeño gustillo a limón, así que no era tan terrible. Al menos Rinne se quedó a su lado en todo momento, sobando su espalda cuando tosía y pasándole una botella de agua cuando la necesitaba. Quería que lo mimase más, pero no entendía como hacer que su mente hiciera que Rinne lo acariciara.
—¿No tienes otro pijama?
—¿...?
—Necesitas abrigarte más —se levantó y comenzó a buscar entre las cosas de Hiiro— ¿No te das cuenta de cómo estás sudando?
Hiiro se quedó mirándolo mientras ocasionalmente bebía de la taza, era interesante ver lo que su mente podía hacer que Rinne hiciera. Quizás todo este desorden que estaba causando desaparecería inmediatamente cuando volviese a sentirse bien, al igual que las otras veces (ojalá se quedase a su lado).
—Ugh, ¿por qué tienes tanta ropa mía aquí? —se quejó, arrugando la nariz mientras levantaba una calceta
—Um, no es solo ropa, decidí llevarme todas las cosas de la ciudad que dejaste en casa en caso de que lo necesitaras —contestó simplemente, dando otro sorbito a su taza— Así podría engañarte para que volvieras a casa. O al menos evitar que Padre lo quemará en cuanto desapareciera.
Rinne pareció quedarse mirando al aire un rato antes de decidir que no quería meterse en ése agujero negro y terrorífico que era el interior de la cabeza de su lindo hermanito.
—¡Kyaha! Estás tan obsesionado conmigo ¿Cómo hacías para dormir sin mí a tu lado?
El mayor se acercó a la cama con un cambio de ropas que funcionaría de pijama improvisado. Hiiro de terminó de beber el té raro y dejó la taza en el mueble.
—Me acurrucaba en tu cama y entonces inhalaba el olor de tu almohada —contestó simplemente
Una vez Padre lo vio durmiendo en la cama de Rinne. Pensó que sería regañado, pero solo lo miró feo y se fue. Tal vez sintió que no tenía derecho a hacerlo, ya que Padre hacia lo mismo con la cama de Madre desde que ella los dejó.
—Para nada perturbador —pareció burlarse—. Levanta los brazos.
Hiiro hizo lo que le pidió y su hermano pronto le quitó la camiseta y el coso feo de la aldea que Hiiro insistía en usar para dormir. Mirándolo bien, ¿no era este el suyo...? Le colocó una camiseta normal y un poleron, tratando de no distraerse pensando en cosas de más. Movió las frazadas a un lado y comenzó a bajarle los pantalones, tratando de no mirar demasiado sus piernas fuertes pero llenas de cicatrices.
—Niisan... no, disculpa —murmuró el menor. Rinne asumió que quería pedirle o quejarse de algo, así que estuvo a punto de exigirle que lo repitiera, pero Hiiro lo apuñaló con sus palabras antes de que pudiese— Amagi-senpai, empiezo a sentirme adormilado y temo que cuando despierte ya no estés más ¿podrías abrazarme una última vez antes de desaparecer?
Le costó entender todo lo que dijo luego de su apellido, pero tenía sentido. Rinne tenía la mala costumbre de irse cuando su hermano dormía para que no pudiese seguirlo a ninguna parte. O al menos así era hasta que recordó que en la conversación del día anterior le dijo a Hiiro que nunca más podrían verse. Cierto, se suponía que hoy iba a hacer la maleta para partir hacia la aldea y al fin cumplir el propósito para el que había nacido. No le gustaba la idea, pero debía hacerlo por el bienestar de Hiiro y todos en esa aldea de porquería... sin embargo se cruzó con Aira en el camino, que le dijo que tenía que hacerse responsable por el resfriado que le causó a su hermano.
Se debatió un poco antes de decidirse si debía cumplir la petición egoísta de su hermano que nunca pedía cosas o si debía alejarse ya para evitar que su lindo niño sufriera más cuando se fuera. Al final le colocó unos nuevos pantalones y se recostó a su lado, extendiendo sus brazos para que Hiiro pudiese entrar fácilmente.
—Ven, Hiiro. Ven aquí.
Hiiro no necesitó más para acurrucarse entre los brazos de Rinne, apoyando su cabeza en el pecho del mayor. Los brazos de Rinne lo rodearon, apretándolo un poco contra él de forma cuidadosa pero cálida. Se sentía casi como en los viejos tiempos, cuando Hiiro venía a colarse a su cama por alguna pesadilla y Rinne lo arrullaba hasta que podía volver a dormir. Esos días se fueron demasiado rápido, puesto que los asquerosos adultos lavaron el cerebro de su inocente Hiiro hasta convencerlo de que debía ser él quien protegiera a Rinne en vez de al revés.
—Hiiro, mi pequeño y lindo Hiiro... —susurró Rinne, acariciando con suavidad el cabello lleno de rulos rojos de su hermano—. Te amo y estaré siempre aquí contigo, incluso si no puedes verme.
El chico tosió un par de veces antes de cerrar los ojos y sumergirse en la calidez del abrazo de Rinne, que acariciaba su espalda trazando pequeños círculos con sus manos. Solo por un rato, se permitió a sí mismo sentirse seguro y protegido, como cuando eran niños y Rinne tomaba su mano al caminar. Aunque sabía que todo esto era producto de su imaginación, no pudo evitar aferrarse a esa imagen de Rinne como su guardián, su querido monarca y hermano mayor que siempre estaría a su lado.
No supo en que momento dejo de toser y menos aún cuando se quedó dormido, solo sabía que se concentro tanto en la calidez y el melodioso sonido de los latidos del mayor que todo el resto del mundo desapareció. Así, incluso si no era real... se dejó a sí mismo derretirse en este mundo donde solo él y Rinne existían, nada más. Ninguna obligación de servirle, ni desapariciones, ni promesa de desaparecer.
Quizás algún día este abrazo podría volverse real, cuando pudiese mejorar y caminar usando sus propios pies. Un futuro donde sería lo suficientemente fuerte para prenderle fuego al mismo mundo y así reunirse con el pelirrojo en las cenizas de este terriblemente cruel e irracional mundo que insistía en separarlos. Y ya no importaría nada más que ellos dos, porque todas sus obligaciones se convertirían en el mismo polvo y la necesidad de oxígeno los obligaría a estar juntos.
Su corazón latió contento, anhelando aquel día donde al fin volviese a estar a su lado.
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Despertó al día siguiente sintiéndose mejor físicamente. Su fiebre había desaparecido y su garganta ya no ardía tanto, incluso su tos había disminuido. Pero el vacío a su lado, en el lugar donde Rinne debería estar se sintió más presente que nunca, y ahora Hiiro sabía que el agujero que su hermano dejó en su pecho no se iría jamás. Aún así, lejos de llorar como en los viejos tiempos, Hiiro solo se quedó en silencio con la mano en el lugar donde debía estar su corazón.
Quizás algo se rompió dentro de Hiiro en ése momento. O tal vez siempre lo estuvo. Quizás Rinne lo había roto hace tantos años que su cuerpo se había acostumbrado hasta tal punto que nunca lo había notado hasta ahora.
Se estiró como si llevará años dormido y saltó fuera de la cama con una sonrisa que no pudo contener. Se preguntó cuándo fue la última vez que lloró por sentirse perdido y abandonado, cuándo fue la última vez que pensó en el bienestar de su hermano y no en lo mucho que deseaba cortarle las piernas y encadenarlo. Pero eso estaba bien, era la clase de determinación que necesitaba justo ahora para poder motivarse a hacer todo lo que debía hacer. Se pondría de pie, cuidaría de sí mismo, iba a convertirse en un idol famoso y usaría a las masas para atrapar a Rinne de una vez por todas y obligarlo a que se quedase a su lado para siempre.
—Lo traeré de vuelta —se repitió tranquilo, lleno de esperanzas—. Es mí monarca. Mío y solo mío.
Con ese pensamiento en mente, Hiiro salió de su habitación y se enfrentó al mundo exterior, dispuesto a luchar y hacer todo lo posible por reunirse con Rinne una vez más en el futuro.
Fin.
