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Mar

Summary:

Deseaban que puedan iniciar su relación, amarse de tal manera que puedan sentirse vivos.

Los pequeños momentos siempre son los mejores, a veces no importaba la situación donde las miradas eran encontradas y se escondía la verdad, lo más perfecto de esas sensaciones es que el amor era más especial.

Notes:

Fanfic written in 2020

Work Text:

Espérame, espérame cuando nadie me espera, regálame las flores que prefieras que igual las voy aceptar

Ese recuerdo siempre estaba vivo, y se le hacía difícil pensar cómo es que él cambio demasiado desde ese día, estaba por renunciar a todo. Solo sabía que ambos tuvieron la luna de miel que no pudo ser en su momento.

Algunos meses después ese matrimonio se veía muy diferente a como era planeado desde un principio, solo podía saber desde lejos, pero se dio cuenta que su querido amigo se estaba rindiendo a su nueva vida.

Los sentimientos amorosos solo es una distracción, siempre pensaba que solo estos te hacían perder el tiempo, pero llega un punto donde no puedes evitarlo, te gana de todas las maneras y cuando estás en una época donde ese amor está prohibido es todavía peor. Simplemente con observar y no evitar cuestionarse cuando ese nombre siempre se hace presente en su cabeza, se da cuenta que tal vez no está tan perdido en ese mundo donde encuentras a tu alma gemela, tu mitad, tu razón de volver.

Pensaba que podía superarlo, pensaba que podía ocultar ese sentimiento de todos, realmente pensaba que solo eran pensamientos cruzados que lo confundían, pero al mirar a su esposa se hacía muy diferente con solo revivir esos momentos que pasaba día a día con su mejor amigo, hablando de sus casos o experimentos.

No dudes que siento tu presencia estando lejos, parece extraño, pero yo te tengo aquí muy adentro

Si lo extrañaba, todos los días creía que había una esperanza de que estuviera con vida, ese momento en su oficina cuando volvió con ese aparato en sus manos vio las hojas que tenía en su máquina de escribir y esos signos de interrogación lo dejo pensando un gran momento, porque no lo había puesto, entonces creyó que ese "¿Fin?" no era realmente el final.

En dos años ambos se preguntaban y aclaraba en sus mentes con el ¿Por qué? Las respuestas eran qué tal vez eran disfuncionales, pero además de todo eso se amaban a como fuera lugar, que se habían enamorado y que se arrepentían por no haber resuelto esas dudas a tiempo.

Con solo pensar en las miradas que uno le daba al otro sin que se dieran cuenta, las cortas sonrisas que ambos se animaban a dar, los toques de sus manos al tocarse o la notable preocupación de proteger al otro sea cual sea lo riesgoso y doloroso que eso provocaba, les hacía perderse más en ese sentimiento soñador. Por una parte Holmes nunca pensó que estaría de esa manera, jamás había pensado que el amor podía llegar a su vida y Watson solo le hacía dar más curiosidad porque en la época en la que están es imposible pero lo amaba, amaba completamente todo de él y no podía evitar esa esperanza de verlo algún día y decirle la verdad.

Cuando lo vio caer en esa cascada en Suiza junto al profesor, en todos esos momentos, en el funeral, de verdad pensó que era el final, ya no lo vería nunca más, pero duro poco cuando estuvo escribiendo sus "últimos" relatos y vio esos signos.

Deseaba que pudiera apreciar su rostro alguna vez más, que no sólo fuera un recuerdo cuando lo vio cerrar sus ojos y caer para atrás, nunca podría olvidar como lo vio por última vez.

Ese día que le parecía tan lejano había llegado, el mayor de los Holmes había solicitado su presencia urgentemente, y al llegar a la oficina ahí estaba parado frente a la ventana, los había dejado solos para que pudieran hablar.

—Watson. —Volteó a verlo.

—No digas nada. —Comentó viéndolo a sus ojos.

—Te explicaré porque tuve que hacerlo. —Siguió.

—¡No digas nada! —Paso sus manos por su cara y luego ojos, sabiendo que era verdad lo que veía, no estaba alucinando. —Eres un idiota.

—John... —El más alto solo soltó un suspiro con sus manos en sus ojos evitando verlo, se acercó un poco más. —Todo fue planeado, pero era necesario que no lo supieras, tenía que hacer creer que Moriarty ha muerto, y está muy confirmado porque así me asegure de que lo estuviera.

Fue muy rápido cuando el Doctor le lanzó un golpe a su nariz, haciendo que se quejara de dolor y se tomará esa parte con su mano, casi caía al suelo, pero pudo equilibrarse.

—¡Dos años! —Exclamó enojado. —¡Me estuviste viendo la cara de idiota durante dos años!

—¡Era necesario! —Por suerte pudo controlar la sangre que salía con un pañuelo que tenía guardado.

—No me importa, no quiero saber cómo lo hiciste.

—De acuerdo, no te explicaré, pero ya sabes porque estás aquí, quiero que sepas la verdad de mi regreso.

—En este momento no se si quiero volver a golpearte o hacer algo de lo que me puedo arrepentir. —Las últimas palabras se habían escuchado de un tono que se le hizo más comprensible.

—¿Has notado como esos choques electrizantes te dejan confundido?

—¿A qué te refieres?

—Esas sensaciones que no se pueden cubrir fácilmente porque algún día pueden salir y decirte, solo hazlo, ¿Qué más puedes perder?

Por un momento el médico se perdió en sus palabras, pero luego creyó de qué hablaba el detective, ¿Sherlock Holmes se estaba confesando? En ese momento todas sus emociones actuaron, era difícil sentir solo una porque fue muy inesperado que esa esperanza se hubiera hecho realidad, cuando pronto creyó que no podría realizarse, pero ahí estaba viendo a su compañero en persona.

—Me cuesta decirlo, pero... si te extrañe demasiado Sherlock, y está vez es muy enserio. —Habló con total sinceridad, ya con sus sentimientos al borde.

—¿Puede notar como simplemente al estar juntos nos vemos de muchas maneras? —Trataba de ser directo respecto a ese tema.

—Ahora solo puedo recordar cómo me hacías perder la cabeza en el pasado. —Se había acercado aún más para envolverlo con sus brazos, se sentía enojado, pero también aliviado de volver a sentirlo, escuchar su respiración y sentir sus movimientos.

—También te extrañé John y por eso volví. —Respondió al abrazo, donde segundos después pudo sentir suaves caricias a su cabello que lo hizo cerrar los ojos. —Ya es hora de que se enteré de la verdad, el cual es mis sentimientos hacia usted.

—Todo este tiempo esperaba que llegará este día donde podría decirle la verdad, y esa es que la persona que más he amado eres tú, lo espere tanto tiempo para que no nos volvamos a alejar.

Esas sensaciones solo lo hacían ver cómo alguien inocente y odiaba sentirlas así, no quería verse tan tonto por ese sentimiento, pero así era al final, el amor hace ver tonto a cualquiera y que esa persona te toque o te hablé con palabras demostrativas ya caes y recibes esa atención que te hace sentir bien.

Demostraba todo lo que había aprisionado por años, porque cuando lo vio por primera vez sabía que iba a cambiar todo, podía ser extraño y al mismo tiempo una persona maravillosa e inteligente, que poco a poco le hizo ver que lo distinto para muchos era lo normal, y que el amor se ve en la persona que menos esperamos enamorarnos.

Haría lo que fuera por estar con el detective y darle amor de distintas maneras que lo hiciera sentir especial, después de todo siempre lo ha sido, alguien totalmente que había deseado y se había enamorado por todas sus cualidades y defectos, simplemente ser como es.

Y no importa cuando sale el sol, porque tú cambiaste mi universo, despiertas esa calma que no sabía que un día llegaría

Se habían dado un pequeño beso, cortante donde su duración duró unos largos segundos por el delicado movimiento de estos, no sabían si estaban solos del todo y querían llegar a más, al tenerlo en sus brazos, el más alto se arriesgó en intensificar el beso, el de ojos chocolate trato de seguirlo y cuando estuvieron sincronizados sintió como se quedaba sin aire. Se separaron y saco un suspiro volviendo a exhalar, abriendo sus ojos y asimilando esos escalofríos que recorría su cuerpo, ¿Así se sentía realmente un beso de alguien que amas?

—No creo que debamos seguir aquí. —Pronunció el detective.

—Asustarás a la señora Hudson.

—Iba a llegar este día en cualquier momento. —Luego sintió como tomaba su mano.

—De acuerdo. —Dio una leve sonrisa con la calidad de sus manos que fueron segundos, porque después tendrían que soltarse.

A partir de ese día, ambos volvieron a Baker Street, todo estaba como cuando se había ido, realmente no cambio gran cosa, le dieron un pequeño susto a la casera, pero no estaba al punto del desmayo, muchas personas que ya lo conocían lo miraban como si no fuera real. Tiempo después todo volvió a como era antes, excepto que las muestras cariñosas de ambos solo se daban en el apartamento al estar solos.

Hubo un divorcio, el cual fue difícil en todo momento, pero ya estaba hecho, no se arrepentía, pues ahora podía estar con el detective sin sentirse culpable, lo quiere demasiado y sabe que la sociedad es injusta. Cuando estaban en público a veces no se evitaban las largas miradas que se dedicaban o pequeñas sonrisas, hasta guiños y susurros por parte del Doctor en momentos donde no había nadie y, hacía que su pareja se pusiera un poco nervioso.

Cuando estaban en el apartamento podían ver abrazos, besos y era más efectivo para el de ojos azul poder darle caricias a su cabello o mejillas, besos en el cuello, cabello y mejillas, abrazos inesperados y al final del día subir un poco el nivel.

Todo bajo los tiernos sonrojos y choques eléctricos que demostraba su compañero al recibir esos cariñosos toques que le hacían parar sus pensamientos por segundos, John Watson era una persona con muchas partes que lo hacían único, buen militar, doctor, compañero, amigo, increíble persona y entre muchas más estaba al ser romántico.

Es que tú, transformas lo que veo, llegaste a mi vida, ¿Por qué será?

Recuerdan una casa de verano que es prestada por Mycroft, deciden pasar unos días fuera de Londres, aunque no fueron en unos de los mejores meses, aun así, hicieron el esfuerzo para que ambos descansaran un poco al cambiar de aires donde no se sintieran tan aprisionados por lo que pasaba ahora, un lugar privado donde podían mostrarse como eran, Sherlock lo negó en un principio, pero solo faltaba de su querido doctor para que lo convenciera después de cinco intentos fallidos.

Al observar más allá de lo que pudiera, el viento que hacía sentir fresco su cabello ni tan largo ni tan corto observando el cielo y lo poco nublado que estaba, el mar moviéndose tranquilo con el olor del agua y su naturaleza, la tranquilidad que fluía en su alrededor con muchos de los pensamientos que no se decían en voz alta, solo le hacía reflexionar. Era una imagen que poco podía disfrutar pues incluso estando descalzo sintiendo la arena en sus pies deduciendo el clima el cual no fue tan complicado llegó a la conclusión de que iba a nevar en cualquier día, que llegaría el frío pronto pues, eran los primeros días de diciembre.

Estaba completamente solo en esos momentos, tenía sus pantalones negros y camisa blanca, sentía comodidad cuando el viento movía suavemente su vestimenta, el agua chocaba entre sí y algunas aves cantaban en momentos.

En definitiva, ya se había hecho en mente lo que es ser pareja de alguien de una manera más verdadera, aunque los cariños no fueran en excesos le encantaba sentirlos, solo el doctor sabía cómo tocarlo y por eso no ponía resistencia, tal vez cuando lo hacía poner más nervioso estando en público.

Pronto sintió los pasos del otro a dirección donde estaba.

—Es muy elegante.

—Ya sabes cómo es él.

—De todas formas, es muy cómoda y es agradable saber que nadie nos está viendo. —Siguió hablando el médico. —Gladstone está recorriendo la casa.

—Oh trajiste a Gladstone. —Comentó con sorpresa. —Eso no lo esperaba.

—¿No te diste cuenta? —Sacó un suspiro, había extrañado esos gestos del detective que a veces lo hacía enojar. —No podíamos dejarlo solo.

—Claro, es un buen punto. La señora Hudson debe estar muy ocupada. —Comentó. —¿Qué te parece?

—No pensé que estarías aquí, pues no te oías muy emocionado cuando te convencí para salir de Londres. —Sabía que hablaba de la vista.

—No está tan soleado, hay nubes, viento y soledad, ¿Cómo podría resistirme? —Siguió. —Va a ver una puesta de sol, y también viene el frío deberíamos disfrutar esto.

—¿Te puedo acompañar entonces?

—Siempre. —Ambos dieron una leve sonrisa mirándose, el doctor se acercó para besarlo.

¿Había una mejor manera de besarse? Completamente solos con el relajante sonido del mar y la sensación de cosquillas en su abdomen. Las manos del médico tomaban la cintura del más pequeño, mientras que el contrario tenía sus manos en los hombros, ambas bocas seguían explorando esa sensación que los motivaba a seguir en ese sencillo placer.

—Ahora sé porque me quedé desde el primer día. —Comentó el de mirada azul después de que pararon los besos.

—Solo tenías que ser tú, el buen doctor.

En ese momento solo disfrutaron viendo la vista de la tarde que se empezaba a poner mientras estaban tomados de las manos.

Un mar que se extiende...

Le encantaba sentir su calor, el amor podía seguir siendo difícil de comprender para él pues, tener al doctor de esa manera seguía siendo imposible en su cabeza, sabía que estaba sucediendo, al final logró lo que en su cabeza se formaba al caer entre sueños.

—John, ¿Tú sientes lo mismo?

—¿A qué te refieres?

—Sabes que, para mí, esto es un poco confuso, me enamoré de ti y es extraño que solo me sienta así si eres tú, nunca nadie me había interesado.

—Podría ser que yo quise adentrarme más, esa parte de ti que solo conozco yo es la que me hizo seguir aquí, así fuera en público no dejabas de interesarme, al ser como eres me enamoró enseguida.

Con esas palabras hizo que su pecho se sintiera extraño, la voz de su pareja hacía que tuviera escalofríos, sabía que en Londres no se podrían mostrar cómo lo hacían ahora, no tanto al público, pero en privado era todo sencillamente agradable.

Posibilidad...

—Eres tan maravilloso. —Como muchas palabras que pensaba y sin intención salían de su cabeza soltó aquellos pensamientos.

—No dudes de lo que siento por ti Sherlock, te amo.

—Yo también te amo.

Watson lo miro con cariño, todo lo que podía decirle a su pareja era muy cierto, solo quedaba disfrutar del tiempo que estaban teniendo, aunque nada se comparaba en Baker Street, donde realmente empezó todo. Holmes lo volteó a mirar donde la conexión de sus miradas era suficiente.

Aquellos días llegaron, miro por la ventana de esa habitación donde habitaba una pequeña sala, una chimenea y al frente de esta una mesa pequeña junto al sillón largo, vio como la nieve caía, esparciendo el tinte blanco en pequeños copos, los árboles y caminos de su color natural junto la nieve, que decir del cielo.

Ya iban unos cuatro días en aquella casa de verano, fueron unos días muy tranquilos, aunque le aburría un poco no resolver algún caso es por eso que solo se ponía a fumar su pipa, no podía experimentar como normalmente hacia pero lo intentaba en la cocina y también con insectos mientras que su querida pareja solo escuchaba sus palabras y veía sus experimentos. Por otro lado también jugaban a las cartas con algo de vino donde al final se ponían mejor las cosas dejando el juego totalmente de lado, aunque Sherlock sabía cómo era con el alcohol.

Sin duda cuando regresara a Londres esperaba una buena sorpresa como, un homicidio o algo más en que lo motive trabajar, no le molestaba el lugar en donde estaba porque claramente le encantaba cuando podían estar solos.

Razones me sobran si tú vas a estar

Porque tú cambiaste mi universo

Es que tú transformas lo que veo

El clima estaba frío y se le ocurrió que preparar unos chocolates no estaba mal, la chimenea ayudaba mucho por el clima. En pocos días volverían y esperaba que si habría algo nuevo cuando regresarán todo estuviera bien, en los últimos años que pasaron no pensó que estaría así de ese modo, y le alegraba que pudiera estar en el lugar que había estado esperando.

—¿Está nevando muy fuerte?

—A finales del mes es donde hay más nieve, por ahora es más tranquilo, pero el frío está subiendo de nivel. —Contesto el detective soltando el humo de su boca.

—¿Quieres una taza de chocolate? —Preguntó el doctor de buen humor. —Pensé que te gustaría.

—¡Estaría perfecto! —Exclamó animado.

A Sherlock le daba totalmente igual las festividades como navidad, pero incluso, si a John le gustaba no le quedaba más que festejar con él y por eso solo veía como el doctor decoraba la casa en la que estaban aunque sea un poco, la habitación en donde estaba tenían algunas luces colgadas y en una esquina estaba un árbol mediano, la chimenea estaba decoraba con calcetines y luces. Habían encontrado las decoraciones en un armario y aprovecharon.

Ambos se acercaron al sillón largo, el de ojos miel se sentó y su pareja se sentó a su lado, pasando unas de las tazas que contenía chocolate caliente.

—No pensé que te gustaría tanto mi bufanda. —Habló el médico de forma divertida.

—Se me ve bien, aunque a ti también. — Tomó de su taza, luego sonrió por el recuerdo de llamarla "horrenda bufanda".

—Tienes razón, se ve te bien puesta. —También tomó un sorbo. —Ah se me olvidaba, tu hermano por casualidad nos dejó un detalle.

—¿En serio? —Se levantó saliendo de la habitación y segundos después vio como traía una caja en sus manos.

—Galletas.

—Esa clase de galletas.

—Entonces si pensó en ti. —Sonrió para luego abrirlas.

Gladstone solo estaba al lado de la chimenea disfrutando el calor, después de todo los tres podían estar en un lugar diferente, pero se sentían muy bien en donde estaban ahora.

Junto con una manta solo disfrutaron de la compañía, contando anécdotas de sus aventuras con un chocolate caliente, comiendo galletas, disfrutando el calor, riendo y la sensación de sentirse en el cielo, como si estuvieran escuchando las olas del mar, recordando todos sus momentos y los cariños que se demostraban, la verdad de todo es que se extrañaron y disfrutarían ahora de su nueva relación.