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La mirada de Jaiden se paralizó frente al atardecer mientras el tiempo corría. Todos se apresuraban lo más rápido que podían hacia el barco, llamándola desesperados a medida que se acercaba la explosión. Pero ella no escuchaba nada, solo su respiración, que subía y bajaba, como si el mundo se hubiera detenido en ese instante, en esa puesta de sol.
Cuando ese silencio en su mente se extendió al exterior, ya no había nadie cerca, y el tiempo cada vez se acercaba más a su final. Debería estar asustada, mas el atardecer parecía hipnotizarla, como si el viento susurrara suaves palabras en su oído, invitándola a que emprendiera vuelo. Pero aún cuando sabía que sus alas no podrían llevarla, una sonrisa apareció en sus labios y dejó escapar un suspiro.
"¿Ya esta bien, no?, estoy algo cansada, estaría bien si yo... si yo... ¿me detengo ahora?"
Dijo estas palabras sin esperar respuesta, pero escuchó a lo lejos alguien diciendo algo que sonaba como, ¿su nombre, tal vez?, no estaba segura, el silencio crecía cada vez más.
Cuando el cronómetro llegó a 0 una luz consumió todo el paisaje. Jaiden cerró fuertemente los ojos, cegada por unos momentos. Las lejanas voces también se detuvieron.
Luego de unos minutos, probó a abrirlos nuevamente, y se encontró a sí misma en un lugar que conocía muy bien, un lugar que creyó que no volvería a ver jamás. Frente a ella, se extendía un hermoso campo de flores rojas, el mismo campo de flores con el que soñaba cada noche. El corazón de Jaiden se presionó con un sentimiento de nostalgia que la abrumó y tuvo ganas de llorar. Realmente uno siempre vuelve donde alguna vez fue feliz.
Respiró el agradable aroma de las flores y suspiró con un poco de angustia. Roier y Foosh seguro estarían preocupados por ella. Esperaba que tanto ellos, como Cellbit, las chicas, y todos en la isla estuviera bien. Soltó una pequeña risa mientras pensaba que incluso tenía la esperanza de que Bad llegara a salvo al barco. Frunció el seño y sus emociones se profundizaron al pensar en los niños tras los cristales, hasta que captó unos leves pasos que se acercaban a ella...
"¿Amá?"
Todo el cuerpo de Jaiden se congeló por unos segundos al escuchar esa voz, esa aguda voz que no había escuchado en un largo, largo tiempo. No quería mirar, pues creía que sería una de tantas alucinaciones. Pero ese suave susurró que antes la llamó, ahora la hizo juntar todo el valor que tenía, así que aún con todo de ella temblando, se volteó.
Y ahí estaba, de pie entre las flores, con su lindo overol azul, y esa tonta carita que tanto se parecía a Roier, una carita llena de sorpresa, que luego se convirtió en un gesto de tristeza.
Sus pies avanzaron antes de que lo notara, lentamente al principio y acelerando a medida que se acercaba hacia el pequeño, hasta que estaba corriendo con desesperación. Y al llegar frente a él, sus piernas calleron de rodillas y lo abrazó con cuidado, como si temiera que desapareciera en cuanto lo tocara. Solo cuando lo sostuvo en sus brazos se permitió creer en lo que estaba ocurriendo.
"Bobby.... Bo...oo...byyyy, Bobb...yyyy"
Su voz tremula decía su nombre sin poder decir nada más
'"¿Mamá?... ¿por qué esta..."
El chico sollozaba sin atreverse a moverse o devolver el abrazo, su rostro lleno de lágrimas, triste y desconsolado de ver a su madre allí, y completamente feliz de verla allí.
Jaiden no podía parar de llorar mientras acariciaba la cabecita de su hijo, su travieso pequeño, su Bobby.
"Bobbyyy, estas aquí, estas aquí. Te extrañe tanto, tanto, tanto"
El chico al fin se aferró a su madre como si ella pudiera alejar toda la tristeza y soltó todo lo que su pequeño corazón estuvo guardando, mientras gritaba y sollozaba.
"Ma...máaa buuu..uee... amáaaauuu uuuu"
Y toda preocupación o dolor que alguna vez ella sintió, ya no importaba, ni el purgatorio, ni la isla, ni ese agradable oso blanco, ni... ni esa pequeña niña en bata blanca que alguna vez fue.
Todo se desvaneció en cuanto él apareció, porque si él estaba allí, todo estaba bien, todo volvía a su lugar, la luz del sol era cálida y la llenaba de paz, porque si su pequeño estaba allí, estaba segura de que podría volar hacía ese atardecer.
