Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Categories:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2024-01-07
Updated:
2024-02-26
Words:
6,950
Chapters:
5/?
Comments:
10
Kudos:
6
Bookmarks:
1
Hits:
86

El huerto de calabazas

Summary:

Desde que podía recordar, Jeffrey Dean Isbell siempre había odiado la temporada de huertos de calabazas.

Chapter Text

 

Desde que podía recordar, Jeffrey Dean Isbell siempre había odiado la temporada de huertos de calabazas.

Jeffrey, o “Izzy” para los amigos, se había perdido por horas en el laberinto de los maizales a la tierna edad de siete años. Y no había sido nada divertido. Pero habría que recalcar que meses antes de que esto ocurriera, su padre los había abandonado dejando una escueta nota sobre la mesita de la sala, nota que el niño leyó primero que su madre y que no entendió hasta que Sonja maldijo a Richard con todas las palabras que se le ocurrieron, ese día incluso se puso a inventar otras nuevas. Después de maldecir y todavía muerta de rabia, le explico a su hijo que su padre se había ido porque era un idiota y había conocido a otra mujer con la cual incluso ya tenia familia: los había cambiado.

Después de ello se sentó en el sofá y se echó a llorar, estaba muy sensible por el embarazo, y su bebé de un año, Joe, también lloraba a todo pulmón para acompañar a su madre. Izzy frunció el entrecejo sin saber que hacer, hasta que tomó a Joe en sus brazos y le cargo tarareándole canciones para que al fin se quedara dormido. Fue ahí que comenzó su temor.

¿Y si su madre también se cansaba de ellos?

¿Qué pasaría si la próxima nota fuera de ella?

Meses después, cuando Sonja había dado a luz a su hermano Tom, y Joe andaba la mar de contento en su carriola, decidieron dejar al más pequeño con la abuela y se fueron a la granja de los Bailey a escoger una buena calabaza para decorar en octubre, era la primera vez en muchos meses que salían de paseo después de que su padre los abandonara, y Jeffrey temía… No, más bien sentía, sentía que su madre planeaba abandonarlos también. Con su padre lejos, Jeff no veía porque ella no haría lo mismo, era una oportunidad perfecta y las granjas siempre necesitaban trabajadores, aunque no veía cómo les podía servir Joe, siendo que apenas decía pocas palabras y seguía tirando la papilla sobre su ropa.

O quizás solo se desharía de él, siendo Jeff el mayor y el que más comía de los tres niños, tampoco era tan lindo como sus dos hermanos bebés, su madre se quejaba a veces cuando a Jeff ya no le quedaba la misma chaqueta de hace tres años o cuando tenían que conseguir zapatos nuevos cada que le crecía el pie. Había notado que su madre últimamente contaba cada centavo de su monedero antes de ir a hacer la compra de la semana, y también como rayaba el periódico haciendo círculos en anuncios de empleos que odiaba, Sonja no se veía feliz desde hace mucho, mucho tiempo.

Ya en la granja estuvieron mirando un rato a los animales en los corrales, hasta que después compraron unos perritos calientes en la cafetería que tenia letreros de publicidad de Oscar Mayer pegados por todas las paredes, también compartieron un pedazo de tarta de calabaza y Sonja saco el biberón para Joe.
Después subieron a la carreta-tractor que los llevaría al huerto de calabazas, que estaba muy cerca del laberinto de maizales, donde una Sonja muy alegre se dispuso a entrar con sus dos hijos y otras personas más.

— Jeff, no te despegues de nosotros —. Le ordenó su madre sin siquiera voltear a verle.

 

Pretendía hacerle caso a su madre, como siempre, hasta que se distrajo cuando creyó ver un conejo blanco entre los maizales y le siguió, minutos más tarde comenzó la pesadilla, cuando sin saber cómo ni cuándo, Jeff había perdido de vista a su madre y al resto del grupo que venía con ellos.
Los maizales eran mucho más altos que él, y no lograba ver a nadie pasando cerca ni escuchaba ruidos lejanos, el niño decidió caminar hacia la derecha y llamó a Sonja varias veces, pero aun así, no recibía respuesta alguna.

Después tomó camino hacia la izquierda y el resultado fue el mismo. Nada, no había nadie, para ese entonces el conejo ya no le importaba.
Jeff comenzó a sudar frío, sin querer, todo lo que había hecho era adentrarse más en el laberinto de maizales.

Gritó y gritó, también camino sin dirección, después pensó que su madre ya no volvería por él y eso lo puso muy mal, Jeff era un niño muy serio, pero en esa ocasión le ganó el llanto de solo pensar que ella le había abandonado como temía.

En ese lapso de tiempo decidió sentarse y pensar en una solución, debía calmarse y analizar cómo salir de ese sitio, minutos después vio al mismo conejo comiendo algo que había en el suelo, al menos alguien lo acompañaba, aunque a decir verdad ese pequeño animal era el culpable de su situación, y cuando quiso acercarse para tocar el animal, este se fue saltando lejos de él.

Fantastico.

Jeff se quedó solo, miro sus pantalones que estaban sucios con tierra y sin el menor reparo se limpió las manos en ellos, después se puso en marcha de nuevo para buscar a su madre y Joe, no tenía idea de cuánto tiempo había pasado, su reloj casio se había estropeado la semana anterior, pero podía apostar que probablemente habían pasado más de dos horas.

Entonces se preguntó si su madre sería más feliz una vez y él estuviera lejos, si sus dos hermanos pequeños serian mejores hijos para ella y si el solo merecía ser abandonado en un apestoso laberinto de maizales, sintió angustia pensando que tal vez él era la razón por la cual su padre los había dejado, quizás si el ya no estaba su padre podría volver y todos serian felices otra vez.

El chico comenzó a llorar, el abandono y la desesperación le hicieron pensar en los peores escenarios que solo un niño de siete años puede elucubrar en su cabeza. Después su llanto cesó hasta que se quedó dormido en posición fetal.

No fue más que una siesta y por esos dias tenia el sueño tan ligero que unas pisadas cercanas a donde él estaba lo hicieron sentarse rápidamente, mirando con ojos temerosos a su alrededor, el niño ni siquiera hizo ningún ruido, solo sería peor el darse a notar en caso de que fuera algún animal salvaje, pero era un humano, los maizales frente a él se abrieron y de ellos salió otro niño, un niño pelirrojo que parecía tener su misma edad. Ambos se quedaron mirándose por unos segundos hasta que el chico frunció el entrecejo y le tendió la mano.

— ¿Eres Jeff? — preguntó el colorado mirándole directamente, a lo que Jeffrey asintió de inmediato.

— Todos están vueltos locos por tu culpa, tu madre te está buscando.

Jeff tomó la mano que el niño le había extendido y se incorporó de inmediato para después seguirle, aquel niño pelirrojo los sacó del laberinto sin ningún problema y en cuestión de minutos, como si conociera el camino a la perfección.

Cuando salieron e Izzy vio a su madre, esta fue hacia él y le zarandeó haciéndole prometer que nunca le haría algo así. Sonja tenía lágrimas en los ojos y al parecer no estaba pensando en abandonarlo, se le veía pálida y arrugaba mucho la frente. Jeff asintió a todo lo que le dijo su madre y lloraron juntos, la gente alrededor de ellos estaba bastante conmovida, y cuando Jeff se acordó del niño pelirrojo, ya no le encontró, pero después se enteró que aquel chico que lo había encontrado en los maizales era el hijo de los dueños de la granja Bailey. Bill Bailey.

Ambos se volvieron a encontrar en noveno grado, cuando Bill fue transferido de su antigua escuela.

Por aquel entonces los chicos del instituto se burlaban de Bill porque en su familia eran granjeros y se tapaban la nariz diciendo que olía a estiércol, cuando Bill era un chico bastante meticuloso con su aseo personal, a comparación de la mitad de sus compañeros burlones de los cuales, de ser posible, se podría sembrar patatas en sus orejas llenas de mugre.

Todos los días llevaba verduras y frutas para su almuerzo y una botella de agua, porque en la casa Bailey estaban prohibidas las golosinas.

Era un chico raro. Pero le había sacado del maldito laberinto maizales.