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Category:
Fandom:
Relationships:
Language:
Español
Series:
Part 5 of HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
Stats:
Published:
2012-09-22
Completed:
2012-09-24
Words:
149,731
Chapters:
10/10
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2
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49
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1,732

HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES QUINTO LIBRO: FAMILIA

Summary:

¿Con las nuevas leyes proclamadas realmente será fácil la vida para Draco, Harry y sus amigos?

Chapter Text

 

HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES

QUINTO LIBRO: FAMILIA

 

CAPÍTULO 1: LIBERTADES Y UNIONES

 

Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe.

Lao-Tsé

 

 

7 meses después, 20 de julio del 2004

 

—Muy bien, Banks, mantenlo… concéntrate —indicó Harry casi en un susurro mientras el chico mantenía la varita en alto, con el ceño fruncido, síntoma del gran esfuerzo que estaba haciendo. La luz plateada iluminaba el salón, casi tomando la forma de un gato.

 

—¡Diablos! —masculló el chico dejando caer la varita finalmente.

 

—¡Muy bien! Estuvo muy bien — alabó Harry, el resto de la clase empezó a murmurar suavemente —. Todos lo hicieron muy bien.

 

—Pero aún no logro que salga —se quejó Banks mientras agitaba el brazo, como si lo tuviera entumecido.

 

—Para la primera clase estuvo bastante bien —le tranquilizó Harry, dándole una palmada en el brazo. Miró hacia el resto de la clase, de pie, en diferentes puntos, todos lucían agotados.

 

—Hora del chocolate —informó haciendo levitar una bandeja con trozos de chocolates —; todos coman uno, les hará bien para recuperar energías.

 

Se escucharon los repetitivos “gracias” mientras Harry consultaba su reloj.

 

—Ahora, no se olviden de practicar los encantamientos de defensa para el jueves, haremos una pequeña prueba.

 

—¿Haremos un duelo? —preguntó Janeth Garner, levantando la mano.

 

—No, duelos aún no —negó Harry con la cabeza y una pequeña sonrisa —; aún no es tiempo de eso, primero veremos qué tal están sus defensas.

 

—Ah… pero nosotros ya podemos hacer duelos —replicó Kwesi, un chico bastante aplicado aunque algo pedante, casi no hablaba con ninguno de sus compañeros.

 

—Y no lo dudo, pero seguiremos con las prácticas primero —respondió Harry mientras hacía desaparecer la bandeja llena de chocolate —; y ahora a casa, que ya es hora —señaló al reloj de pared que marcaba ya las siete de la noche.

 

Un revuelo de mochilas, túnicas y gente saliendo con un “Hasta el jueves” llenó el salón, era la segunda clase que tenía ese día. La escuela de defensa, la cual había iniciado no tan seguro, estaba funcionando realmente bien, tenía dos clases diarias, durante cinco días a la semana, suficiente para pagar las cuentas y para darle tiempo además de ayudar en la consejería que había instalado Aarón a un lado y sobre todo, para pasar tiempo con Draco y con Teddy, aunque separados, pues Andrómeda, aunque le había dicho lo feliz que estaba de que hubieran salido con bien de la audiencia, aún no permitía que Draco la visitara a ella o a Teddy.

 

Recogió con unos cuantos hechizos los libros que sus alumnos habían dejado tirados en el piso. Ese salón, al igual que las otras dos aulas, estaba repleto de estantes para libros. Libros que habían costado una pequeña fortuna, comprados más que nada por consejo y presión de Hermione, pero que Harry debía reconocer, eran bastante útiles, sobre todo al momento de la publicidad para que los chicos se inscribieran.

 

Durante aquella clase había empezado a enseñarles el patronus, aunque no lo había disfrutado tanto como hubiera deseado, pues su mente estaba en otro lado, precisamente en Draco. Esa tarde tenía su última comprobación de varita, es decir, la última visita obligatoria al Ministerio y, a menos que encontrasen algo malo, Draco quedaría al fin libre de su condena.

 

Harry había estado medio enfadado durante los días anteriores porque Draco le había prohibido expresamente acompañarlo o aparecer por allí, decía que su presencia al fin podría simplemente empeorar las cosas, refregarles en la cara a los aurores con quién estaba y que tal vez, conociendo lo intransigentes que eran, eso lograría que lo demoraran más o que incluso encontraran la forma de negarle la finalización de su condena. (Los aurores estaban en capacidad de decir que no creían que Draco estuviera actuando correctamente y pedir un juicio para ampliar el tiempo de vigilancia).

 

El sonido de la puerta abriéndose nuevamente lo hizo sobresaltar y cuando giró el objeto de sus pensamientos estaba en la puerta, apoyado sobre el marco, con una media sonrisa.

 

—¡Draco! —casi gritó Harry avanzando hacia él.

 

—Vaya, profesor —murmuró Draco entrando al aula y cerrando la puerta —, me pregunto si me podría dar algunas clases… privadas —le dijo cuando se encontraron en medio del aula, pasando sus manos sobre las caderas de Harry.

 

—Oh, ya para —se quejó Harry, desde que había iniciado con las clases Draco siempre lo molestaba de esa manera —. Mejor cuéntame que pasó ¿qué te dijeron? ¿Por qué tardaste tanto?

 

Draco suspiró profundamente.

 

—Tardé porque los aurores, todos ellos, son unos cabeza hueca que no hacen más que buscar con qué molestar.

 

—Esos idiotas —masculló Harry pegándose más al cuerpo de Draco —¿te estuvieron molestando mucho?

 

—No más de lo usual.

 

—Oh… —Harry enterró su cabeza en el hombro de Draco y negó suavemente con la cabeza —. No tienen nada contra ti, ni porqué ponerte trabas, los cinco años que te impusieron han terminado, no tienen derecho a obligarte a volver, Hermione ha dicho que si te ponen objeciones ella misma puede…

 

Draco soltó una pequeña carcajada, interrumpiendo la declaración de Harry.

 

—Harry —empezó a explicar ante la mirada de asombro de Harry que se había desprendido de él rápidamente —, ¿en serio crees que si me hubieran hecho problemas o dicho que tendría que volver, estaría aquí tan tranquilo y contento?

 

—Entonces no…

 

—Claro que no.

 

—¿Y ya no tendrás que…?

 

—Nop, no más —le respondió con una sonrisa antes de darle un beso en los labios. Se sentía contento y aliviado, aún recordaba la tarde aquella en la que había firmado ese compromiso y en la que le habían informado que tendría que ir mensualmente durante cinco años a que revisaran su varita, en ese entonces le había parecido demasiado tiempo, una vida entera. Y, sí, parecía como si hubiera pasado toda una vida desde entonces, pero al fin estaba libre, no más visitas al Ministerio, no más cargar el estúpido compromiso con la enorme y cada vez más larga lista de hechizos que no podía realizar. Sabía que no se podía comparar a haber estado encerrado y luego dejado libre, sin embargo, de todas maneras no dejaba de sentirse así, como si al fin lo hubieran dejado libre. En paz.

 

—Tonto —protestó Harry apartándose de él —, eso me hubieras dicho cuado llegaste.

 

—Pero no lo preguntaste.

 

—Sí lo hice.

 

—No, no lo hiciste.

 

—Sabes que sí —se entercó Harry —, pero no importa, vamos a casa, tengo algo para ti.

 

—¿A casa? —preguntó Draco mientras empezaba a repartir pequeños besos en el cuello de Harry y lo jalaba por las caderas —. Pero aquí se está muy bien… ¿recuerdas?

 

—Ja —soltó Harry —¿Cómo olvidarlo? —dijo recordando unas noches antes, cuando luego de clases Draco había ido a buscarlo y habían terminado haciéndolo sobre el escritorio de Harry.

 

—Entonces….

 

—Entonces —suspiró Harry alejando con pesar a Draco —, tengo algo listo para ti y si no vamos ahora se echará a perder y no quiero eso…

 

—Siempre lo he dicho, eres un arruina momentos.

 

—No, cariño —replicó Harry, —, sólo busco el mejor momento.

 

—De acuerdo —suspiró Draco mientras Harry tomaba de su mano y caminaban juntos hacia la salida.

 

Grimmauld Place estaba a oscuras, desde que el centro de consejería había por fin abierto, varios meses atrás, su casa había dejado de ser el centro de visitas de todo el mundo, y ya solamente iban Ron y Hermione y Gael y Mikel, ocasionalmente, aunque para el cumpleaños de Harry, Draco estaba planeando junto con Hermione (y sí, ni él se creía que estuviera junto a ella planificando cosas) una fiesta sorpresa, donde esperaban que fueran todos sus amigos.

 

Harry lo jaló hasta la cocina, donde ya unas velas estaban encendidas y la mesa larga había sido reemplazada por una pequeña mesa redonda, sobre ella descansaba una gran botella de vino y un par de platos cubiertos.

 

—Harry… —exclamó Draco sorprendido mientras se sentaba en el lugar que Harry le indicaba —¿cocinaste?

 

—¿Bromeas? No quería que nos envenenemos —contestó mientras agitaba la varita y varias bandejas volaban desde un lado de la habitación hasta la mesa —; Hermione me ayudó.

 

—Vaya, eso es un alivio —suspiró Draco mientras extendía su copa para que Harry la llenara con vino —¿Pero que pasaba si es que pasaba algo malo y no me dejaban terminar con la libertad vigilada?

 

—Sabía que eso no pasaría —explicó Harry con una mueca engreída —. No puedes negar que tu popularidad ha crecido, no se hubieran podido poner demasiado pesados con eso, hubieran tenido problemas.

 

—Bueno, eso es cierto…

 

—Salud entonces —brindó Harry levantando la copa —, porque eso ya terminó y porque finalmente te libraste de todo vestigio de esa guerra.

 

—Al fin —suspiró Draco, sabiendo que Harry tenía razón, lo único que no le permitía olvidar que había estado en medio de una guerra, que había participado para el bando del mal era esa estúpida visita mensual que tenía que realizar, y ahora se había acabado —. Salud.

 

*

 

Hermione soltó un pequeño grito de alegría:

 

—¡Sí se puede!

 

Ron, que estaba tendido sobre la alfombra, leyendo los últimos informes contables que había mandado George desde Rumania dio un respingo y miró a la chica con el ceño fruncido.

 

—¿Qué es lo que pasa? ¿Qué se puede?

 

—Oh, Ron… ¡se puede! —repitió ella marcando la página del enorme libro que estaba leyendo y dejándolo sobre el sofá antes de ponerse en pie.

 

—Hey, espera ¿a dónde vas? —preguntó Ron extrañado poniéndose de pie también.

 

—A ver a Harry, necesito decirle que…

 

—No, ni de broma, ¿se te olvida acaso?

 

Hermione ladeó la cabeza y le dio una mirada interrogante durante un segundo, antes de recordar.

 

—Ah… la cena de celebración.

 

—¡Exacto! Tú misma la planeaste, ¿acaso lo has olvidado?

 

—No… sí, pero no me acordaba… —Hermione se mordió el labio inferior y luego negó con la cabeza, regresando nuevamente al sofá, Ron la siguió y levantó el enorme libro que estaba leyendo:

 

Ritos del mundo mágico: Los verdaderos, los falsos, los que funcionan y los que no: Los juramentos y los enlaces de magia eternos”

 

—¿Enlaces? —preguntó Ron extrañado —. Pensé que ya habíamos decidido que rito íbamos a usar.

 

Hermione sonrió suavemente, Ron le había propuesto matrimonio seis meses antes, y todo estaba listo para que se casaran en poco más de una semana, sin embargo no era eso lo que buscaba allí, pero tampoco se lo podía mencionar a Ron, aún no, porque había hecho una promesa.

 

—No es eso…

 

—¿Entonces?

 

—No te lo puedo decir.

 

—¿Aún no nos casamos y ya empezamos con los secretos? —preguntó ofendido, sentándose al lado de su prometida y dejando el libro a un lado.

 

—No seas tan dramático, te lo diré, en el momento que sea correcto, prometí a alguien no mencionarlo.

 

Ron frunció el ceño y se cruzó de brazos.

 

—Sólo hay alguien a quien le harías esa promesa y este título no me da buena espina.

 

—Ron…

 

—Espero que Harry no esté planeando otra de sus locuras —replicó Ron antes de jalarla y darle un beso en los labios, aunque no preguntó más por el asunto, seguramente Harry se lo mencionaría en algún momento.

 

*

 

Londres, 31 de julio del 2004

 

El sonido de la música era bastante alto, Harry agradecía que a Mikel se le hubiera ocurrido poner hechizos de silencio alrededor de la casa para de esa manera evitar que los vecinos se quejaran por el alboroto, aunque eso no lo había sabido hasta después de haber sido sorprendido por una gran cantidad de amigos suyos; tenía que reconocer que estaba impresionado por todo lo que habían hecho, por todo lo que habían planeado, pues ese sábado, el día de su cumpleaños, cuando se había levantado en la mañana no había pensado que lo esperaba una fiesta de tales dimensiones.

 

Luego del ya acostumbrado saludo de Draco a media noche, se había despertado temprano, Andrómeda le había dicho que fuera a casa a desayunar, y había pasado la mañana con Teddy y ella riendo y divirtiéndose bastante; para la tarde los señores Weasley le habían pedido que fuera a almorzar con ellos, tenía que reconocer que allí también la pasó muy bien, bromeando con George y con Bill, y jugando con Victorie; al atardecer Draco lo había ido a buscar en el auto, cosa que de por sí ya le había parecido extraña, pues aunque Draco sabía manejar muy bien, no era algo que le gustara hacer mucho; lo había llevado hasta Londres y le había invitado una copa, anunciándole que tenía su regalo de cumpleaños, un regalo más, además de aquel pase que lo acreditaba para entrar a cada uno de los partidos de la temporada de Quidditch que ya iniciaba, en casa y que tendría que esperar sólo un poco más para recibirlo.

 

Harry, que había visto a Ron y Hermione en la tarde, ya imaginaba que se podría tratar de una pequeña reunión sorpresa, o incluso de algo más intimo, algo que incluía a Draco y a él únicamente, por eso su sorpresa había sido tan grande cuando, cerca de las ocho de la noche, Draco lo había dirigido finalmente a casa, en donde se habían congregado muchos de sus amigos, amigos de la escuela, por ejemplo, que no había visto en años, o de la Academia, los cuales no tenía idea de cómo habían hecho para reunirse allí, considerando lo complicado de sus horarios.

 

En cuanto había entrado a casa las luces se habían encendido, dejando ver carteles de colores deseándole feliz cumpleaños, pequeñas luces mágicas sobrevolando el salón y dándole a todo un aire bastante mágico y un enorme pastel con veinticuatro velas que parecían fuegos artificiales volando hacia él.

 

Se había pasado toda la noche bailando con Draco, con Hermione y con Luna, además de con una embarazada Angelina, riendo y brindando con algunos de sus compañeros de la Academia; recordando con Dean, Seamus y Neville, poniéndose al tanto de los chismes de sus demás compañeros de clases gracias a Lavender Brown,  Parvati y Padma Patil.

 

Mientras que Draco estaba siempre a su lado, él estaba admirado de la forma como todos ellos, a la mayoría no los había visto en mucho tiempo, menos aún después del ataque de la MACH y su posterior declaración de homosexualidad, aceptaran que él seguía siendo el mismo de siempre e incluso se mostraran atentos con Draco; admitiéndolo como su pareja.

 

Y así, mientras la música, escogida por Ron, seguía sonando muy fuerte, él y Draco se habían escabullido finalmente hasta el estudio del primer piso, demasiado calientes y deseosos como para llegar a la habitación, considerando además que sería más difícil subir las escaleras sin ser vistos.

 

Los besos habían iniciado ni bien la puerta se cerró, ni siquiera se preocuparon por asegurarla o bloquearla, mientras sus manos se encargaban de quitar lo indispensable de ropa para poder saciar en algo el deseo que los había invadido.

 

Harry fue arrojado contra la mesa larga que usaban algunas veces para estudiar, mientras Draco se encargaba de bajarle los pantalones por completo y se pegaba a él, ya sin nada de ropa que impidiera que su caliente erección se refregara entre sus nalgas.

 

—Draco —gimió Harry sujetándose con una mano del borde de la mesa y elevando más las caderas, agitándose contra la caliente piel de Draco y exigiendo de manera silenciosa que se apresurara.

 

—Te ves demasiado caliente y sexy hoy —susurró Draco sobre su oído antes de darle una larga lamida en el cuello, logrando que Harry se arqueara más contra él —; toda la noche te he estado observando… deseando poder secuestrarte para…

 

—¡Dios! Por favor… —gimoteó Harry empujando sus caderas un poco más hacia atrás y colando una mano entre el escritorio y su cuerpo, logrando alcanzar al fin su erección, presionándola con fuerza y tratando de controlar su respiración y su deseo de acariciarse.

 

—Harry… mi Harry —suspiró Draco —Esto es lo que quieres… ¿no es así? —preguntó mientras se empujaba un poco dentro de él.

 

—Sí… Oh, demonios, sí —gritó Harry un poco más fuerte, empujándose contra él y empezando a acariciarse.

 

—Sí —replicó Draco empujándose dentro de él por completo y de una sola estocada, sintiendo el cuerpo de Harry estremecerse y su erección ser succionada por aquel caliente y estrecho pasaje.

 

—Draco… Oh… Draco —continuó gimoteando Harry cuando Draco empezó a moverse contra él con rapidez y fuerza; algunas veces, cuando salían de fiesta y el ambiente se ponía demasiado caliente para ambos, acostumbraban escaparse hacia los cuartos oscuros de las discotecas, donde se desfogaban de manera ansiosa y veloz, y ésta vez, pese a no estar en una discoteca, no habían podido resistir la tentación de escaparse también, luego de haber estado coqueteando entre ellos durante mucho rato.

 

Draco lo presionó con más fuerza de las caderas, irguiéndose completamente y acelerando el ritmo aún más, Harry sabía que eso era porque estaba ya demasiado cerca del final, al igual que él.

 

—Ah… Harry… estás tan caliente —gimió Draco con fuerza mientras el interior de Harry lo apresaba cada vez más, no necesitaba que le avisase que estaba a punto de correrse, lo conocía demasiado bien como para saberlo; sus dedos se hundieron con más fuerza en la blanca y caliente piel de las nalgas, dejando marcas, mientras sentía como todo el placer estallaba dentro de él.

 

—Draco —gritó Harry con fuerza arqueándose de manera imposible mientras su semilla era expulsada hacia la mesa y el piso y él se dejaba caer por completo contra la mesa, sintiendo su camiseta sudada y húmeda contra su piel.

 

—Dioses —río Draco dejándose caer sobre él —¡Feliz cumpleaños!

 

Harry rió también, aún sintiendo los últimos espasmos del orgasmo y el reconfortante peso de Draco sobre él, deseando que todos sus cumpleaños pudieran ser así de maravillosos.

 

—Creo que en algún momento notaran que no estamos —comentó luego de un instante más, cuando su respiración se había acompasado lo suficiente como para dejarle hablar.

 

—Lo sé… —suspiró Draco dándole un par de besos en el cuello antes de separarse de él, girándolo para encararlo.

 

—Esto me recuerda a nuestra primera vez —dijo Harry pegándose a él y dándole un beso en los labios antes de señalar hacia el piso, hacia sus pantalones atorados en los tobillos y recordando cuando en Hogwarts, muchos años atrás, habían hecho el amor por primera vez contra el escritorio de Draco, demasiado ansiosos como para quitarse la ropa por completo o llegar a la cama.

 

Draco soltó otra carcajada más y negó con la cabeza mientras buscaba la varita para lanzar un hechizo de limpieza sobre ambos.

 

—Falta Alba para que la escena esté completa.

 

—Oh… pobre, no creo que pueda resistir eso nuevamente.

 

Draco agitó la varita y pronto sus cuerpos y sus ropas estuvieron completamente limpias, y entonces comenzaron a vestirse a prisa.

 

—Pero yo si puedo —replicó Draco tomándolo de la barbilla y dándole un demandante beso en los labios —, espera a que los demás se vayan para que veas.

 

Harry se mordió el labio divertido antes de tomarlo de la mano y jalarlo hacia la salida.

 

—Me encanta cuando haces esas promesas.

 

—¿En serio? —preguntó Draco, ambos ya saliendo de la habitación y viendo a Mikel y Gael que se acercaban hacia ellos, ambos parecían muy divertidos y Draco estaba seguro de que Gael haría alguna de sus acostumbradas bromas respecto a su ausencia.

 

—Sí… porque siempre las terminas cumpliendo —se apresuró a contestar Harry divertido.

 

—Oh, sí, dalo por hecho —aseguró Draco con una sonrisa.

 

*

 

Inglaterra, 7 de agosto del 2004

 

—Tony, si no voy mis padres se van a enojar, al igual que mis hermanos.

 

—Pero Potter estará allí, ¿no es así? —replicó Tony de pie a un lado del sillón donde Ginny seguía sentada, de brazos y piernas cruzadas, con la mirada enfadada.

 

—Es el padrino, ¿qué esperabas?

 

—Y sin contar toda la sarta de homosexuales que pulularán por allí.

 

—El Wizengamot ha prohibido la discriminación, no puedo hacer nada contra ellos, ni pedir que los boten.

 

—Esos estúpidos —rumió Tony —. Y no, no irás de ninguna manera.

 

—No eres mi dueño, ni te estoy pidiendo permiso —contradijo Ginny poniéndose en pie, lucía un vestido de gala color marfil y el cabello recogido en un moño con algunos mechones sueltos. Tony la tomó de un brazo en el momento en que pensaba avanzar hacia la salida.

 

—Te he dicho que no, que nadie debe verte, ¿eres tan tonta que no te das cuenta?

 

—¡Déjame! —gritó Ginny tratando de soltarse.

 

—Potter y todos, todos sus amiguitos estarán allí, incluyendo a ese que secuestraron, y tal vez Noah, ¿te has puesto a pensar lo que pasaría si alguno te reconociera? Te vincularían inmediatamente conmigo.

 

—Ninguno de ellos me conoce, y Noah no ha aparecido por ningún lado desde que escapó, no hay forma de que aparezca allí.

 

—He dicho que no, de todas formas ya mandé una lechuza a tu madre diciéndole que tuviste que hacer un viaje inesperado y que no podrás asistir.

 

—¿Qué hiciste qué? ¿Con qué derecho…? —no terminó de preguntar, pues Tony la empujó con fuerza de vuelta al sillón.

 

—No empecemos está discusión nuevamente, es tu culpa por matar a la chica esa, cuando dije que no mataran a nadie, por dejar que Noah escapara, no creas que no sé que seguramente ayudaste a tu ex amante a hacerlo, y no sé que tan bien hicieron el hechizo de memoria de ese otro que secuestramos, ahora que conozco los métodos de tu ex seguramente que ni le borraron la memoria correctamente.

 

—¡Sí lo hicimos! Y es la boda de mi hermano, yo quiero ir.

 

—Tu hermano y tu familia apoyan a los homosexuales, ¿cómo es posible que aún los quieras ver?

 

—Es diferente porque…

 

—Porque se trata de tu querido héroe, pero no irás y punto —Tony la presionó más contra el sillón, con sus brazos presionándole los brazos y marcándole la piel —. Deberías estar aquí ayudando a encontrar la manera de reflotar esto, no de irte de fiesta.

 

—Yo no tengo la culpa de que el padre de Noah te quitara el apoyo —bufó ella, sintiendo ya las lágrimas escapando de sus ojos.

 

—Ya te dije cuales son tus culpas, y ahora quítate ese tonto vestido y ve a ayudar a las enfermeras del primer piso, que estamos faltos de personal.

 

—¡No quiero!

 

—No hagas que te lo pida de otra manera —amenazó Tony levantando el puño, Ginny jadeó y se encogió un poco más en su sitio, Tony elevó un poco más el puño, con la mirada amenazante.

 

—De… de acuerdo —aceptó aún llorando.

 

*

 

Draco no quería ir, no quería estar allí, sabía que Ron y Hermione habían impuesto su autoridad de protagonistas de ese día para invitarlo, pero no se sentía cómodo ante la idea de estar en un mismo lugar con todos los Weasley, que, pese a haber empezado a tratar a Harry nuevamente e incluso invitarlo a cenar o almorzar, se rehusaban a siquiera escuchar su nombre; o a Andrómeda, que le había dicho a Harry que preferiría que Draco aún no conociera a Teddy. Y aunque era cierto que sus propios amigos; Gael, Mikel, Lucka, Ethan, Giles, Matías, e incluso Boris asistirían, él no dejaba de sentirse de alguna manera intimidado.

 

—No tienes que sentirte así —murmuró Harry desde el otro lado de la habitación, ambos ya lucían sus túnicas de gala y estaban casi listos para irse.

 

—¿Cómo puedes saber cómo me siento?

 

—¿Cómo puedo no saberlo? —repreguntó Harry avanzando hacia él —Te conozco, y si no te sientes cómodo pues…

 

—Puedes ir solo.

 

—No, no quiero, eres mi pareja, no es correcto que no vayamos juntos.

 

—No soy una pareja para exhibir —protestó Draco cruzándose de brazos.

 

—Sabes que no me refería a eso, y no lograrás pelear conmigo para convencerme de ir solo.

 

—Yo no… —intentó mentir, aunque ese había sido su plan original.

 

—Sí, Draco, tú si —replicó Harry —, y Ron y Hermione te han invitado, muchos de nuestros amigos estarán allí, no te estás imponiendo.

 

—Ya…

 

—Anda, si vamos en este momento te prometo no sacarte a bailar.

 

—¡No te atreverías! —protestó Draco antes de darse la vuelta y mirar su reflejo por última vez en el espejo.

 

—No me quieras probar, anda vamos, que ya es tarde y aún tengo que ver a Ron y proponerle escapar si no está seguro.

 

Draco soltó una carcajada nerviosa, la noche anterior, en la fiesta de despedida del pelirrojo (donde él tampoco había imaginado estar jamás en la vida, y menos divertirse tanto) Harry había estado bromeando con eso por mucho rato, a lo que Ron había dicho que de todas maneras y por si las dudas, tuviera listo el dragón para salir volando.

 

—De acuerdo, vamos —suspiró finalmente.

 

—Y otra cosa, Draco —dijo Harry deteniéndose delante de la chimenea antes de pasar al otro lado —, soy yo él que está orgulloso de ir contigo, de estar contigo —le dio un beso en los labios y avanzó a la red flú dejando a Draco abrumado por aquella declaración.

 

*

 

Draco cayó al otro lado de la chimenea, nunca había conocido la madriguera por dentro, aunque había oído hablar mucho de ella durante todo el tiempo que llevaba ya con Harry y lo había ido a buscar un par de veces en auto, así que mientras Harry volvía a tomar su mano se entretuvo mirando todo alrededor, las fotografías sobre las paredes, donde aparecían todos los pelirrojos, incluso Fred, el que había muerto durante la guerra; se detuvo al mirar con interés la fotografía de Ginny, con su uniforme de quidditch y su cabello rojo suelto. Llevaba tiempo sin saber de ella y por lo que había escuchado de Ron y Hermione, tampoco ellos sabían mucho, por alguna razón la chica se había alejado de la familia, escribía de vez en cuando pero casi ya ni los visitaba ni dejaba que la visitaran. Siempre le había parecido muy raro, pero nunca había querido ahondar más en el tema. Aún recordaba todas la veces que durante el último año la chica, junto a su grupito, lo habían molestado y atacado.

 

—Harry —dijo una voz desde el otro lado del salón, ambos voltearon para ver a la que Draco sabía era la señora Weasley, que lucía una muy  linda túnica de gala color marfil, Draco instintivamente se tensó mientras Harry y él avanzaban hacia ella.

 

—Buenas tardes señora Weasley —saludó Harry recibiendo un abrazo “rompe costillas” de la mujer.

 

—Hola querido, qué bien que llegaste, Ron está imposible… sería buena idea que subieras a verlo.

 

—Claro… ¿recuerda a Draco? —Harry se sentía algo inseguro, todos sabían que Draco estaría allí, y esperaba que se comportaran adecuadamente, aunque claro, no había compartido sus temores con su pareja, no necesitaba alterarlo más.

 

La señora Weasley frunció los labios suavemente y le dio una mirada a Draco, que sonrió de lado y extendió la mano para saludar a la mujer.

 

—Por supuesto —respondió la mujer extendiendo la mano y saludándolo con educación.

 

—Buenas  tardes.

 

La señora Weasley le dio una mirada más a Harry y luego otra a Draco antes de suspirar profundamente, como resignada.

 

—Me alegra que hayan podido venir. Tus amigos, Draco, ya están en el jardín, por si deseas ir a verlos.

 

Harry y Draco se dieron una pequeña mirada antes de que Draco asintiera suavemente.

 

—Por supuesto, Harry, ve con Ron, yo estaré afuera, con los demás.

 

—¿Seguro que estarás bien?

 

—No te preocupes, Harry, no le haremos nada —se quejó la señora Weasley mientras jalaba de un brazo a Harry para guiarlo hacia las escaleras —. Por favor, encárgate de que Ron baje pronto, estamos demasiado atareados, sobre todo con la ausencia de Ginny… —comentó la mujer mientras llegaban casi al pie de las escaleras.

 

—¿No vino? —preguntó Harry algo preocupado, recordando que no veía a la chica hacía mucho tiempo.

 

—Tuvo que viajar… está trabajando para una empresa de publicidad… o algo así —la mujer suspiró y negó con la cabeza, parecía de pronto algo abatida.

 

—Oh… pues —Harry no sabía que decir ante ello.

 

—Pero no importa, le mandó una tarjeta a Ron y estoy segura que cuando vuelva se encontrará con ellos y les dará sus felicitaciones en persona… eran tan unidos en la escuela, después de todo.

 

Harry ladeó el rostro y la miró extrañado, recordando que efectivamente, en la escuela ellos tres habían sido muy unidos, todos lo habían sido hasta antes de que ellos rompieran.

 

La señora Weasley le sonrió de manera amable y le dio una palmada en el hombro.

 

—Ron está en la habitación que ustedes antes compartían… trata de calmarlo un poco.

 

—De acuerdo —aceptó mirando por última vez a Draco, que sonrió tensamente, antes de empezar a subir las escaleras.

 

—Yo… iré a ver a los demás —informó Draco mientras giraba a todos lados, tratando de buscar la puerta que diera hacia el jardín, donde la ceremonia se llevaría a cabo.

 

La señora Weasley se quedó observándolo en silencio por un momento más, mientras Harry desaparecía por las escaleras, parecía como si esperara a que el chico no pudiera oírla para seguir hablando.

 

—Por esa puerta —informó luego de un instante.

 

—Ah, gracias.

 

—Y Draco —agregó cuando Draco ya empujaba la puerta para salir, Draco giró y se sorprendió de tenerla tan cerca.

 

—¿Sí?

 

—Harry es un gran muchacho, y esto de que sea gay nos sorprendió mucho, aunque respetamos su decisión, sin embargo, lo que más nos asombró fue que lo hayas convencido de estar contigo.

 

—Yo no…

 

—Y supongo que si después de tanto tiempo siguen juntos debe ser por algo, él dice que te ama, ¿tú lo amas?

 

—Sí, señora —respondió tensamente, su mano apretando más el pomo de la puerta y deseando poder escapar de ese sitio lo más rápido posible.

 

—Más te vale que así sea, porque si lo lastimas…

 

—Yo nunca lo haría.

 

—Pero si lo haces, quiero que recuerdes que Harry es de la familia, y somos capaces de todo por defender a uno de los nuestros. Tu estadía junto a Voldemort no será nada comparada con nuestras represalias si es que llegas a hacerlo sufrir siquiera un poco.

 

—Escuche, señora…

 

—Sólo quería aclarar ese punto contigo —le interrumpió la señora Weasley, la mirada maternal que había usado para hablar con Harry había desaparecido —, tus amigos están en el jardín, espero que disfrutes la boda.

 

Draco no respondió, simplemente asintió y salió disparado hacia el jardín, donde un gran toldo blanco llenaba todo el espacio posible, mientras muchos magos y brujas, vestidos de gala conversaban en pequeños grupos.

 

Caminó con la frente en alto, pasando de cerca por el grupo de los miembros de la orden del Fénix, con quienes no había tenido trato antes, mientras ubicaba al fondo a sus amigos, que le hicieron señas para que se acercara.

 

*

 

—Te ves preciosa —le alabó Harry en cuanto cruzó la puerta, había decidido ir primero a ver a Hermione, supuso que ella estaría también nerviosa. Su madre estaba con ella, al igual que Luna.

 

—¡Harry! —respondió ella con una sonrisa.

 

—Buenas tardes, señora Granger, Luna.

 

—Hola Harry —respondieron las dos a la vez.

 

—Te ves muy guapo —le dijo Luna sonriendo de aquella manera tan particular que tenía.

 

—Tú también luces muy bien —correspondió Harry, admirando su vestido amarillo y la forma como había alisado su cabello, dándole un aspecto completamente diferente.

 

—Nosotras los dejaremos solos un momento, mientras revisamos unas cosas con Molly —comentó la señora Granger mientras abría la puerta de la habitación para salir, Luna la siguió, dejándolos solos.

 

—Me alegra que hallas llegado… ¿Cómo está todo? ¿Draco vino? —preguntó Hermione alcanzándolo en medio de la habitación.

 

—Sí, sí vino… está abajo, con los demás.

 

—Ah… no lo dejes mucho solo, los señores Weasley aún andan medios resentidos…

 

—Lo sé, pero no le harán nada, y ya es hora de que se acostumbren a su presencia —declaró Harry mientras seguía mirando a su amiga y lo bella que se veía con el vestido de novia.

 

—Sobre todo ahora que pronto… —Hermione suspiró y se giró para verse al espejo —. ¿Quién lo diría no?

 

—¿Qué?

 

—Aquel día en que entré al vagón donde Ron y tú jugaban —explicó ella —, ¿quién diría que pasaríamos por todo eso…? ¿O que estaríamos así?, yo a punto de casarme…

 

—Sobre todo con la forma como molestabas a Ron por esa época —rememoró Harry.

 

—Él también era un odioso conmigo —se quejó ella con el ceño fruncido.

 

—Nah… era porque a él también le gustabas, aunque se haya tardado siete años en decírtelo.

 

Hermione sonrió hacia el reflejo de Harry.

 

—No hablemos de fastidiarse mutuamente que en eso tú y Draco se llevan la medalla de oro.

 

—Era diferente, nosotros sí que no nos queríamos por esa época —respondió Harry.

 

—Éramos niños, ahora…

 

—Ahora te casarás y serás muy feliz con Ron y tendrás muchos bebes, una gran familia.

 

—Sí… —suspiró Hermione, Harry le pasó un brazo por el hombro y le dio un beso en la mejilla.

 

—Eres una gran chica, Hermione, Ron tiene mucha suerte.

 

—Oh, Harry.

 

—Y te quiero.

 

—También yo —respondió ella con los ojos brillosos.

 

—Me voy antes de hacerte llorar, no quiero ser el causante de que tu madre o Luna me reten por hacerte estropear el maquillaje.

 

—Oh, tonto —resopló ella llevándose los dedos a los ojos para frenar las lágrimas —. Mejor ve a ver a ese futuro esposo mío.

 

*

 

Ron caminaba de un lado a otro de la habitación, con un arrugado pergamino en las manos, leyendo una y otra vez.

 

—Te diré lo mismo que te decía Hermione en la escuela: debiste estudiar con tiempo.

 

—¡Harry! —gritó Ron sobresaltado —No deberías entrar así, me asustaste.

 

—Sí, ya me contaron del carácter que te gastas hoy.

 

Ron entrecerró los ojos y luego negó con la cabeza.

 

—¿Tienes los anillos?

 

—Sí, señor —respondió golpeando el bolsillo de su túnica con una mano.

 

—¿Y un cigarro?

 

—A Hermione no le gusta que fumes.

 

—No pasa nada —dijo mientras extendía la mano para que Harry le diera el cigarro —, además ella también fuma algunas veces, cree que no me entero… —sonrió cómplice dándole la primera calada al cigarro. —, pero sí lo hace.

 

Harry negó con la cabeza y se asomó por la ventana, el toldo blanco cubría todo el jardín y le era imposible divisar a casi nadie.

 

—Pronto deberás bajar, Hermione ya está lista.

 

—¿La has visto?

 

—Sí —sonrió Harry hacia su amigo, por el brillo en su mirada y la ilusión que mostraba al hablar de ella.

 

—Bien —Ron tomó una profunda bocanada de aire e hizo desparecer el cigarro, antes de mirarse una vez más al espejo —. En marcha.

 

*

 

Draco, pese a que sabía que debía sentarse adelante, en el lugar que ocuparía junto a Harry, no se animó a ir allí. En la primera fila estaban sentados los señores Weasley, junto con los hermanos de Ron y las esposas de George y de Bill, y aunque había empezado a tener una relación amable con los últimos, eran los señores Weasley los que lo preocupaban, sobre todo después de lo que la señora le había dicho momentos antes.  

 

Se sentó junto a Mikel y Gael en una de las filas del final, mientras ya un viejo mago se acomodaba frente a ellos, en un pequeño altar, y una música bastante dulce empezaba a sonar.

 

El primero en aparecer fue Ron, junto a Harry, cuando pasaron a su lado Ron les dio miradas de saludos, aunque parecía tan nervioso que Draco dudaba que realmente se diera cuenta de las cosas que hacía, Harry le dio una mirada interrogante que Draco rehuyó, y pronto Harry y Ron estaban ya en el altar, esperando.

 

—Ah… las bodas, el viejo ritual heterosexual —suspiró Tyrone.

 

—Ya, compórtense, que ya viene Hermione y no deben molestar —se quejó Gael, mirando a sus amigos con el ceño fruncido.

 

Ninguno replicó, la música subió de volumen y todos se pusieron de pie casi a la vez, mirando hacia la entrada, donde Hermione venía caminando lentamente del brazo de su padre. Lucía un vestido blanco, bastante hermoso y, mientras la chica caminaba por el pasillo, se escucharon algunos murmullos de aceptación y de admiración.

 

—Se ve muy bella —comentó Boris sonriendo hacia la chica.

 

Draco tuvo que darle la razón haciendo un ligero asentimiento, realmente lucía hermosa.

 

—Ambos se ven muy bien, en verdad— dijo entonces Giles señalando con la cabeza hacia Ron, que lucía elegante y aparentemente más tranquilo, aguardando por la novia.

 

—Me parece muy extraño estar en un matrimonio —comentó Lucka mirando hacia el altar con atención.

 

—¿Por qué raro? ¿Nunca habías asistido a uno? —preguntó Draco, él no había asistido a una desde que era adolescente.

 

—Sí… —Lucka arrugó la nariz un poco —sólo que se me hace raro, son los primeros del grupo que se casan.

 

—O los únicos si es que el Wizengamot no cambia de opinión en algún momento —se apresuró a hablar Ethan —, pero no importa, ¿quién necesita el consentimiento de un grupo de viejos arrugados y aburridos magos para estar por siempre con la persona que uno ama? —declaró sujetando con más fuerza su mano.

 

Lucka enrojeció más de lo que ninguno lo había visto antes mientras Gael, Draco y los demás giraban el rostro hacia el otro lado, sintiendo que interrumpían un momento demasiado íntimo, aunque incapaces de dejar de escuchar.

 

—Ethan… —suspiró Lucka en voz bajita mientras Ethan apretaba un poco más su mano y se inclinaba a darle un suave beso en los labios.

 

—Es cierto —dijo con calma —, lo sabes, te amo.

 

Entonces Lucka sonrió un poco más.

 

—Lo sé…  yo también lo hago —aceptó apoyándose un poco más contra él.

 

Gael sonrió hacia Draco, contento de que Lucka y Ethan pudieran estar tan bien juntos, sobre todo después de lo que había pasado durante el secuestro del chico. A él nunca se le olvidaría la cantidad de noches que habían pasado junto a Lucka, convenciéndolo de que nada de lo que había pasado había sido su culpa; convenciéndolo de que estaba bien estar con Ethan, que él, al igual que sus amigos, nunca lo juzgaría; tratando de hacerle entender lo contentos que estaban de que hubiera salido con vida y casi ileso de toda aquella terrible experiencia.

 

Mikel pasó un brazo por su cintura y se pegó más a él, mientras la música seguía sonando suavemente.

 

—Te amo —le susurró Gael al oído a Mikel antes de darle un beso en la mejilla.

 

—Yo también —le contestó Mikel abrazándolo un poco más.

 

Draco suspiró suavemente, mirando hacia el altar, donde Harry, junto a Ron, lucía imponente con su túnica de gala y pensó en si es que las bodas ponían a todos mucho más sensibleros que de costumbre, pues sentía la enorme necesidad de abrazarlo y no soltarlo.

 

En ese momento, mientras Hermione junto a su padre casi ya llegaban al altar, Harry le dedicó una sonrisa que logró hacerlo sentir reconfortado y feliz y la cual retribuyó de la mejor manera posible, ansiando con más fuerza aún tenerlo cerca en ese momento. 

 

La música se detuvo cuando el señor Granger llegó finalmente hasta el altar y le dio un beso en la mejilla  a su hija antes de poner la mano de la chica sobre la de Ron, que sólo asintió torpemente.

 

Y entonces el anciano inició con la ceremonia.

 

*

 

La primera vez que Draco pensó en aquella poción después del ataque a Grimmauld Place, fue esa tarde, luego de la ceremonia y de las fotos de rigor (en algunas de las cuales él había aparecido). Fue cuando Teddy, el ahijado de Harry, llegó corriendo desde el otro lado del jardín, donde su tía Andrómeda estaba junto a los Weasley y algunos miembros de la antigua Orden del Fénix conversando animadamente. El niño había irrumpido en el pequeño círculo que habían formado con algunos de sus amigos y se había lanzado a los brazos de Harry gritando contento de poder al fin ir a saludarlo.

 

Draco había visto ya muchas fotos de Harry junto a ese pequeño, siempre ambos sonrientes, jugando con algún extraño balón que Harry decía servía para jugar soccer, o ayudándolo a montar su pequeña escoba de juguete, pero nunca había visto la interacción entre ambos en vivo. No hasta esa tarde. Y había quedado simplemente fascinado, mientras Harry respondía al saludo y conversaba con el pequeño como si lo que le dijera acerca de lo fastidiosa que era Victorie fuera el tema más interesante del mundo.

 

—Abuela Andrómeda está allá —dijo el niño bajándose de los brazos de Harry y tomándolo de una mano.

 

—Lo sé, la he saludado —respondió Harry ya no prestando atención a sus amigos.

 

—Vamos… abuela Andrómeda está allá —repitió el niño mientras lo jalaba con un poco de fuerza, como si lo más normal del mundo fuera que Harry estuviera donde su abuela estaba,

 

Harry le dio una mirada a Draco, realmente parecía algo apenado.

 

—Teddy, pero ahora estoy con mis amigos y…

 

—Ve, no hay problema —interrumpió Draco mirando hacia Harry y luego a la pequeña manita que lo sujetaba —; yo estaré aquí con los chicos.

 

—¿Seguro que no hay problema?

 

—No, ninguno.

 

—Vamos, Harry —pidió Teddy mirando con el ceño fruncido primero hacia Draco, que era el que estaba más cerca de Harry y luego a sus demás amigos, que observaban la escena divertidos. Teddy parecía incluso un poco celoso y la sola idea hizo sonreír a Draco —, puedes jugar con tus amigos después ¿sí? ¿Vamos? —insistió tirando un poco más de él.

 

—De acuerdo, pero sólo un rato.

 

—Vamos —volvió a apurar el niño y Harry dejó que lo guiara mientras daba una mirada más de disculpa a Draco.

 

Harry se sentía algo triste por ese tema, a él le encantaba pasar tiempo con Teddy y le hubiera gustado mucho más poder compartir ese tiempo con Draco, sin embargo Andrómeda no quería que Draco llegara a su casa, ni que Teddy tuviera relación alguna con él aún, por lo que se limitaba a tomarle muchas fotografías y luego contarle a un muy paciente Draco todo lo que habían hecho durante las tardes en que lo visitaba.

 

—¿Ya podemos comer? —preguntó Teddy deteniéndose en medio del jardín, donde las bandejas con pequeños bocaditos y bebidas volaban esquivando a algunas parejas que se habían animado a bailar.

 

—Pensé que querías ir con tu abuela —le reprendió Harry mientras tomaba de una de las bandejas una gran cantidad de dulces de chocolate.

 

—También —asintió el niño sin quitar la vista de los chocolates de Harry —, podemos comer mientras vamos.

 

—A tu padre también le encantaba el chocolate —comentó Harry poniéndose en cuclillas y dándole un poco del dulce.

 

—¿En serio?

 

—Ajá.

 

—Abuela dice que a mamá le gustaba también.

 

—Sí, también…

 

—Más chocolate —pidió Teddy aplaudiendo y dando pequeños saltitos.

 

—Eres un embustero, seguramente tu abuela no quería que comas chocolate.

 

—Ella no dijo eso, sólo que estaba conversando y no podía ir por chocolate, no dijo que tú no me podrías dar.

 

Harry soltó una carcajada y lo levantó en brazos una vez más, mientras el niño se retorcía porque no le gustaba ya que lo cargaran.

 

—Harry no, bájame, que nos miran.

 

—Ah, pero ¿cómo verás qué dulces quieres si te bajo? —le preguntó Harry mientras caminaba hacia otra de las fuentes, divisó a lo lejos a Andrómeda que le dio una pequeña sonrisa de aprobación —. Es que aún eres muy pequeño —se burló Harry.

 

—Eso no es justo, abuela dice que creceré y seré más grande que tú.

 

—Seguramente… —Harry señaló otra de las fuentes, con pasteles de crema blanca y fruta —, pero mientras eso pasa, ¿qué tal ese?

 

—¿Tiene chocolate?

 

—No sé, ¿vamos a averiguar?

 

—¡Sí!

 

 

Draco, con una copa de vino en la mano y no prestando atención a los comentarios de sus amigos, veía la escena a lo lejos, un calor se instaló en su pecho al ver lo natural y normal que se veía Harry así, cargando y jugando con un niño, bromeando y riendo, casi como… como si fuera algo correcto, algo que debería pasar.

 

—Pronto volverá, no seas tan paranoico —se burló Gael dándole un golpe en el brazo.

 

Draco dio un respingo y lo miró interrogantemente.

 

—Me refería a Harry, déjalo que juegue con el niño, ¿es su ahijado no?

 

—Ajá… y no lo estaba vigilando, sólo… pensando —se encogió de hombros, Gael le dio una mirada extraña y luego miró hacia Harry, para volver a mirarlo a él, esta vez con una chispa diferente en los ojos.

 

—Oh, por Merlín y Morgana —gimió.

 

—¿Qué?

 

—Esa poción… la que interrumpí hace tiempo… ¡Oh, por Merlín!

 

—Ni se te ocurra decir una palabra —amenazó Draco entre dientes, cuando Mikel y Tyrone fijaron, extrañados, su mirada en ellos.  

 

—Eso es…

 

—Sh —Draco puso una mano en la boca de Gael, deteniendo su comentario —. No digas nada.

 

—¿Qué pasó? —preguntó extrañado Mikel pegándose más a Gael, Mikel siempre hacía eso cuando Draco estaba cerca y Draco siempre fingía no darse cuenta al igual, suponía, que Gael.

 

—Nada, veíamos a Harry jugar con el niño y Draco parecía celoso —declaró Gael sonriendo burlonamente, ya que Draco le había negado la posibilidad de preguntar más acerca de aquella misteriosa poción que ya iba suponiendo para qué podía servir (aunque no lo creía, claro), al menos que la pase un poco mal.

 

—¡Yo no estaba celoso! —replicó Draco hacia Tyrone y Mikel que sonreían burlonamente también.

 

—Oh, no te preocupes, al finalizar la fiesta Harry de todas maneras volverá a casa contigo —le consoló Tyrone, quien en los últimos tiempos ya había agarrado más confianza con él.

 

—Jo, jo, sí, que graciosos —masculló Draco mirando a sus amigos molesto. La conversación continuó, pero Draco no la pudo seguir, su mirada permanecía en Harry, que en ese momento estaba en cuclillas entre Teddy y Victorie; ambos niños parecían discutir acaloradamente, mientras Harry parecía mediar entre ambos, para finalmente soltar una gran carcajada y cargar, con un brazo a cada uno y darles vueltas, mientras seguía riendo, al igual que los niños.

 

*

 

Aquella noche, ya muy de madrugada, después de haber llegado de la fiesta y hecho el amor, mientras el cuerpo desnudo de Harry descansaba a su lado, Draco no podía dormir. Había bajado a la cocina y había preparado un poco de té, para luego ir al pequeño estudio que conservaban en el primer piso y sacar su viejo cuaderno de pociones, pasó las amarillentas páginas hasta que se detuvo en el recorte que había pegado de uno de los anuncios de la MACH, y a un lado el inicio de las investigaciones referentes a esa poción, llevaba mucho tiempo sin pensar en ella así que decidió leer desde el inicio, desde sus primeros avances.

 

Conforme pasaba la madrugada iba recordando y, con más experiencia ahora, corrigiendo algunos detalles, aunque en realidad la poción estaba lista, o casi lista, pues él nunca consideraba una poción lista hasta que estuviera probada en un mago o bruja, pero esa oportunidad no había surgido aún, y se atemorizaba de intentar siquiera preguntar referente a probarla.

 

Una mano en su nuca lo hizo sobresaltar, hacía tiempo que no sentía ese tipo de caricias, era del tipo que Harry y él compartían cuando ambos aún estudiaban y se quedaban hasta muy tarde leyendo, generalmente cuando uno de ellos ya estaba cansado para continuar.

Rápidamente avanzó varias páginas, hacia una poción contra el resfriado mientras giraba para ver a Harry.

 

—No estabas en la cama y me preocupé —le dijo Harry sin dejar de acariciar su nuca, sus dedos jugueteando con el largo y suave cabello rubio —¿Pasó algo?

 

—No… sólo no podía dormir y recordé una cosa…

 

—Ah… —Harry bostezó y sonrió suavemente —¿Era muy importante?

 

—Eso creo.

 

—¿Y lo encontraste?

 

—Sí, lo encontré.

 

—¿Entonces volverás a la cama? Aún no amanece.

 

Draco le dio una mirada más al cuaderno y suspiró profundamente.

 

—Claro, vamos.

 

*

 

Nadia tocó la puerta un par de veces, pero no hubo respuesta; ella ya estaba acostumbrada a que nadie le respondiera, pero aún así seguía tocando por educación y cortesía. Luego de un tiempo prudente empujó la puerta entrando a la habitación. Las cortinas estaban abiertas, dejando ver la forma lenta en que la nieve caía afuera y las antorchas iluminaban sólo un poco la habitación. Siempre era así, la iluminación no tan alta, pero tampoco a oscuras, él no podía aguantar la oscuridad absoluta, ni tampoco una gran iluminación.

 

—Buenas noches, Noah —saludó la chica mientras recogía la bandeja de la cena, como siempre sólo había comido una pequeña parte de lo que le habían servido.

 

Noah, como era usual en él, sólo giró un momento para verla, se trataba de su cuñada, la esposa de su hermano Roger, estaba embarazada, le habían dado la noticia unos meses antes y ahora, bajo la túnica, lucía una pequeña pancita.

 

—¿Hoy tampoco tienes ganas de hablar?

 

Noah apartó la vista, no, hoy no tenía ganas de hablar, nunca las tendría, así como nunca superaría el miedo a salir de esa habitación, o a la oscuridad, o a siquiera dormirse sin pensar en que tal vez, sólo tal vez, su padre podría enviar por él nuevamente y ser llevado a otro horrible lugar.

 

—De acuerdo… aunque estaba pensando, Roger dice que no hay ningún problema si es que escribieras a alguno de tus amigos, estoy segura de que deben estar preocupados por ti, y que sería bueno incluso que ellos te vinieran a visitar, o podrías ir tú allá, a donde fuera… Mi hermana Sara ha dicho que no tiene problemas en acompañarte.

 

Noah siguió sin contestar, se puso en pie y caminó hacia la ventana, mirando como la nieve iba cayendo y pintando de blanco el enorme jardín de la mansión donde vivía ahora con su hermano. Sabía que no tenía amigos, no en verdad, los únicos que podía haber considerado buenos amigos estaban en Londres, donde se había quedado más tiempo que en ningún otro lado, sin embargo no podía dejar de recordar lo que había pasado allí, esa chica… los gritos, los lamentos, el dolor… y él entregando la información que le pedían a cambio de que se detuvieran. No, realmente no tenía ningún amigo que se preocupase por su desaparición. Seguramente todos asumirían que andaba pasándola muy bien en algún rincón del mundo y que por eso no se comunicaba. Tal vez ninguno lo recordaba ya, y eso era lo mejor.

 

—De acuerdo… pero —Nadia suspiró profundamente y dejó sobre la mesa la bandeja nuevamente antes de sentarse en la cama —, Noah, yo te conozco desde hace muchos años —Nadia había sido la novia eterna de Roger y conocía a Noah desde que era muy pequeño, siempre había admirado la vivacidad del chico —y me destroza verte así, no puedes esconderte aquí por siempre, tarde o temprano tendrás que hablar, que volver al mundo, eres tan joven…

 

Noah dejó de mirar la nieve caer y giró a ver a su cuñada de manera hostil, le apetecía, más que nada en el mundo, quedarse solo en la habitación. Lamentó no tener el valor suficiente para irse de allí y encerrarse en otro sitio, en algún lugar lejano y recóndito, simplemente porque ahora tenía pavor de quedarse solo. Ni siquiera podía sentirse seguro solo en su habitación, a pesar de que su hermano le había prometido que su padre nunca más intentaría algo así. Roger y su padre habían tenido, según le había contado su propio hermano, una terrible discusión, donde su padre alegaba que los métodos utilizados por la clínica eran comprobados y eficaces y que el que Noah no hubiera podido resistirlo sólo hablaba de su debilidad. Roger había estado muy molesto al respecto y había amenazado a su padre, argumentando que si a Noah le volvían a tocar un solo cabello él no tendría reparo en dar a conocer a la opinión pública todo lo mal padre que era. Tras esos días de tensión Roger le prometió a Noah que su padre, ni nadie más, jamás, lo lastimaría nuevamente.

 

Pero aún así, Noah no se atrevería a salir de ese lugar.

 

—El quedarte aquí, escondido sólo hará que tu padre sienta que ha ganado, que crea que te ha reformado… ¿le darás la razón?

 

Noah se encogió de hombros, era el único tipo de comunicación que mantenía, asentía, negaba y la mayoría de las veces se encogía de hombros.

 

—Incluso en Inglaterra —suspiró Nadia mientras se levantaba y recogía nuevamente la bandeja y el grupo de diarios de Europa que llevaba a la habitación del chico para que se enterara de lo que pasaba en el mundo, aunque Noah jamás los miraba —, que son tan conservadores, ese tal Harry Potter ha salido ¿cómo le dicen ustedes?, del armario… y dicen que pronto aquí el consejo de magos también aprobará leyes para su protección, nadie te podrá hacer daño afuera… Deberías intentar… —se interrumpió cuando Noah giró con rapidez hacia ella, haciendo un sonido nada conocido en esa habitación tan silenciosa, y logrando que del sobresalto dejara caer los diarios al piso. 

 

Noah le dio una mirada apenada y se agachó a recoger los diarios que habían caído, meditando acerca de lo que su cuñada había dicho con respecto a Harry y su salida del armario, ¿sería verdad que después de todo ese tiempo finalmente el chico se hubiera atrevido a hacerlo?, desinteresadamente miró los diarios y una fotografía en especial llamó su atención; levantó con manos algo temblorosas el diario, poniéndose en pie y mirando fijamente a aquella fotografía; en ella aparecían Hermione, con un vestido de novia muy lindo, junto a ella Ron, como el flamante esposo y a un lado de ellos, con una gran sonrisa, Harry; se veía cambiado, mucho más maduro y bastante apuesto con su túnica de gala, y a su lado, nunca lo hubiera pensado, Draco Malfoy, sonriendo educadamente.

 

HÉROES DE GUERRA Y AMIGOS INSEPARABLES DE HARRY POTTER: HERMIONE GRANGER Y RONALD WEASLEY CONTRAJERON MATRIMONIO.

 

Nadia lo miró extrañada, y se puso detrás de él para darle una mirada al diario.

 

—Este diario es de hace semanas… al parecer olvidé botarlo —murmuró, pero Noah no pareció prestarle atención mientras sujetaba con más fuerza el diario y caminaba hasta sentarse en uno de los pequeños sillones. Ella esperó de pie, pacientemente, mientras miraba al chico extender el periódico y leer su contenido con atención.

 

La tarde de ayer, rodeados de muchos familiares y amigos, los jóvenes Ronald Weasley y Hermione Granger se casaron, el padrino, como todos esperaban, fue Harry Potter, quien asistió a la ceremonia junto con Draco Malfoy, su actual pareja.

 

Aún resulta algo extraño ver a la pareja junta, pues debemos recordar que Draco Malfoy, socio de una de las fábricas de pociones más importantes del Reino Unido y conocido como “El Fabricante de Pociones” pertenecía al bando del que no debe ser nombrado durante la guerra, aunque quedó libre de condena al probarse que su participación fuera obligada.

 

Ambos parecían bastante relajados y contentos, junto a sus demás amigos durante la ceremonia y la fiesta. Recordemos que tanto Malfoy como Potter, junto al miembro más joven del Wizengamot, Aarón Bonaccord, quien no asistió a la ceremonia, Hermione Granger (Weasley ahora), Ronald Weasley y un grupo más de amigos, lucharon por una ley contra la discriminación por su elección sexual, luego de que la casa en la que vivían y trabajaban, junto con otras muchas fábricas, tiendas y comercios donde se afirmaba laboraban homosexuales, fuera atacada hace ya casi un año, dando como resultado la muerte de una de sus mejores amigas. Esta nueva ley ha revolucionado la comunidad mágica, y aún están tratando de conseguir más derechos para los homosexuales.

 

Ronald Weasley y Hermione Granger, quienes fuesen novios desde la escuela, declararon aún no tener intenciones de formar una familia, y partieron de luna de miel rumbo a Italia, en lo que sería el inicio de un viaje por el resto de Europa, que tomará cerca de un mes. Durante la ceremonia estuvieron reunidos todos los Weasley, aunque la pequeña de la familia, la recordada jugadora de Quidditch, y que fuera en el pasado novia de Harry Potter, Ginny Weasley brilló por su ausencia…

 

Noah dejó de leer y vio una pequeña fotografía al extremo del artículo, donde una chica pelirroja, con un uniforme de quidditch, sonreía arrogantemente a la cámara, debajo decía “Ginny Weasley”, pero eso no fue lo que lo hizo reaccionar, fue esa mirada, ese rostro, ese cabello, era ella…

 

Noah levantó la mirada y soltó el diario, mientras sus manos temblaban con fuerza, su corazón se agitó y por un momento pensó que el alguien había apagado las luces, pues todo se volvió oscuro.

 

—¿Noah? ¿Qué ha pasado? —preguntó alarmada Nadia caminando hacia él.

 

Ginny Weasley, la pelirroja, recordó con temor, había sido tan tonto para no darse cuenta, para no percatarse…

 

—¡Roger! —gritó Nadia asustada mientras corría hacia la puerta de la habitación, Noah, que se había dejado caer sobre el sofá, temblaba y boqueaba tratando de hacer que el aire llegara a sus pulmones —¡Roger!

 

Era ella… esa había sido… estaba tan seguro.

 

—¿Noah? ¿Noah, que te pasa? —preguntó Roger entrando a la habitación y agitándolo con algo de fuerza, tratando de hacerlo reaccionar.

 

—Ginny Weasley —masculló, eran las primeras palabras que salían de sus labios luego de que su hermano lo recogiera en el bosque, su garganta ardía por el esfuerzo y por la expresión que tenía Roger, no estaba seguro de haber sido entendido.

 

—¿Qué?

 

—Ella…

 

—¿Sí? —preguntó aliviado Roger de escuchar a su hermano hablar y de que los temblores de su cuerpo se detuvieran poco a poco.

 

—Noah, cariño, ¿estás bien? —preguntó preocupada Nadia mientras le acercaba un vaso con agua que él rechazó negando con la cabeza.

 

—¿Qué es lo que pasa? —preguntó su hermano mientras Noah se dejaba caer sobre el sillón lentamente.

 

—Ella —farfulló mientras su mente comenzaba a trabajar rápidamente, más rápido de lo que había trabajado en los últimos tiempos, su hermano y su cuñada lo miraban aún algo asustados.

 

—¿Quién es ella? —preguntó su hermano suavemente.  

 

—Necesito ir a Londres —decidió con rapidez.

 

—¿Londres? —preguntó Roger, asombrado de que la voz de su hermano sonará más firme y segura —. ¿Irás a ver a alguien? ¿A un amigo?

 

—No —negó Noah—, a Draco Malfoy.

 

*

 

La historia de Catherine Kennar

 

24 de septiembre del 2004

 

Catherine era la hermanita de Lucas, siempre fue llamada como “la hermanita de Lucas”, él siempre la cuidaba y protegía. Más aún luego de la muerte de los padres de ambos, ella tenía trece años en ese entonces, estaba en la escuela, en Hogwarts, y sus padres se habían ido de excursión al mar ártico. A ellos les gustaba hacer ese tipo de cosas arriesgadas.

 

Catherine recordaba perfectamente ese día. Mucho más de lo que desearía hacerlo. Era primavera, antes su época favorita del año. Ahora no lo era tanto. Fue su hermano quien se lo dijo; ella había estado en clase de pociones cuando el profesor Flitwick, el jefe de su casa, entró al aula y le pidió que lo acompañara. Que tenía algo importante que decirle.

 

En su interior, cuando vio a su hermano de pie en medio de la oficina del profesor, con su túnica oscura y su espalda rígida y su mirada… sus ojos que ya no brillaban de la manera divertida de siempre, ella lo supo.

 

“¿Cuál de los dos?” Había preguntado en un susurro, ella sabía que sus padres estaban en otro de sus viajes de aventura y albur que tanto disfrutaban, pero se había acostumbrado tanto a que lo hicieran que hasta había olvidado el peligro que representaban.

 

La voz de su hermano, ese ronco gemido que había emergido de su garganta cuando había respondido “los dos”, ese par de palabras tan duras y atroces… Era mil novecientos noventa y dos, estaba en su cuarto año y le costó mucho superarlo, aquel verano ella y su hermano se unieron mucho más aún, sobre todo cuando él tuvo que volver a casa para acompañarla y cuidarla.

 

En quinto año aún sentía la pérdida de sus padres, pero todo era mucho más manejable gracias a su hermano y a la escuela.

 

Cuando, en mil novecientos noventa y seis, terminó la escuela, volvió a casa lista para una nueva aventura: quería estudiar arte, pintar, dibujar, hacer cuadros en movimiento, esculturas… tenía tantas ideas en la cabeza. ¿Qué importaba si decían que ese que no debe ser nombrado había decidido regresar? No era su asunto, sino de Potter, lo había visto en la escuela, sobre todo después de ese incidente tan mencionado en el Ministerio y que nadie entendía, y no le parecía la gran cosa, es decir, estaba algo guapo, sí, y se veía listo y fuerte, pero, de allí a creer que ese niño tendría la fuerza que se necesitaba para vencer al que no debe ser nombrado, era demasiado. Seguramente sería ese Dumbledore quien lo haría al final, ya había derrotado a otro mago tenebroso antes, o eso había dicho el profesor Binns.

 

Vaya chasco que se llevó cuando al llegar a casa, al terminar la escuela, todo estaba diferente. Su hermano estaba diferente. Le llevó un tiempo asimilar todo eso. No. Tal vez nunca lo asimiló. Su hermano decía haberse hecho miembro de un grupo muy importante, haber conseguido estar del lado correcto, que tras la guerra que se avecinaban ellos serían vencedores. Le habían lavado el cerebro. No encontraba otra explicación para tan horroroso descubrimiento: Su hermano era uno de ellos, de aquellos sobre los cuales le habían advertido en la escuela, su hermano era un mortífago.

 

Durante semanas discutió con él, pero nada de lo que dijera lo hacía entrar en razón. Hablaba de ataques, del peligro que representaba andar en las calles en esos tiempos; finalmente fue confinada a estar solamente en casa, no podría ir a estudiar, ni visitar amigos o amigas y, por supuesto, ellos tampoco podrían venir, ¿quién sabe de qué lado estarían?, después de todo se podía tratar de una trampa.

 

Cuando leyó que Dumbledore había muerto supo que tanto Harry Potter como todos los demás estaban perdidos, ya no había nada que pudiera detener a ese innombrable.

 

Como su hermano no le prohibía deambular por la casa, ella miraba con atención a todos esos extraños y extrañas que circulaban por allí, escuchaba sus conversaciones y sus planes aunque no los entendía del todo. Aún pintaba y por esa época se dedicó a retratar a todos los que veía, no tenía más que hacer, dibujaba sus túnicas oscuras, sus rostros, o sus máscaras blancas, y sus temibles marcas tenebrosas.

 

Cuando una tarde descubrió sin querer que su hermano también la portaba se asustó. Nunca más lo vio de la misma manera que antes. Debió haberle dicho a él que sabía que la tenía. Debió haberle repetido que era una mala idea, que tenía un mal presentimiento… Debió hacer tantas cosas…  Sentía tanto arrepentimiento por no haberlo hecho…

 

“Los invitados” de su hermano eran cada vez más, y cada vez más siniestros, sus voces más atemorizantes; ya no le gustaba tanto deambular por la casa, hasta el punto en que prácticamente no salía de su habitación y sólo el fiel elfo de sus padres: Gray, era su nexo con el mundo; él le llevaba la comida y algunas veces, cuando su hermano lo permitía, “El Profeta”. No le agradaba mucho leerlo y muchas veces lo dejó sin tocar sobre la mesa hasta el anochecer en que el elfo lo retiraba.

 

Una madrugada caían truenos, ella odiaba los truenos, y aún a sus dieciocho años no se avergonzaba de que le dieran miedo. En noches como esas extrañaba a su hermano, pues podía ir a buscarlo y pedirle que la acompañara hasta que estos terminaran. Pero su hermano, como cada madrugada, había salido a hacer quién sabe qué. Lo sabía porque cada día, cerca al amanecer, él abría la puerta de su habitación a mirar que estuviera bien y a darle un beso en la frente antes de seguir hasta su propia habitación. Todas las noches esperaba que regresara con bien.

 

Esa madrugada, sin embargo, sentada en su cama, esperando que el ruido de los truenos se detuviera escuchó el primer ruido de aparición en la casa, luego otro, y otro más. Estaba acostumbrada a que los demás aparecieran con su hermano y pasaran el resto del día en casa, así que en un inicio no se preocupó, esperó paciente a que su hermano subiera para darle el beso de saludo, entonces le pediría que la acompañara hasta que la tormenta terminara.

 

La puerta no se abrió esa madrugada, ese beso de saludo no llegó… nunca más.

 

Cuando reunió el valor suficiente para ver qué era lo que pasaba, salió con la varita en la mano, vistiendo sobre el pijama un abrigo grueso y unas zapatillas. Su corazón martillaba con fuerza contra su pecho, ella no era una chica de acción ni mucho menos, tenía que reconocérselo.

 

Bajó las escaleras tratando de no hacer ruido, escuchaba las voces alteradas de varios magos y brujas, pero no reconocía la de su hermano en medio de todas las demás; antes de llegar al final de la escalera ya tenía una varita apuntándole a la garganta. Primero se asustó, gritó y pegó un salto, pero luego se tranquilizó, aquel era uno de los que siempre había visto con su hermano, compartiendo cenas y tragos al anochecer antes de salir de misión.

 

—¿Donde está mi hermano? —había preguntado ilusamente. ¡Oh, que ilusa que había sido en ese momento!

 

—No vendrá más —fue la respuesta fría que recibió. Y ella entendió. Su hermano no volvería porque había muerto… tardó en asimilarlo, mientras a rastras la llevaban a su habitación, escuchó a los otros que se quejaban, decían algo como “Maldita orden” Ella no sabía de que orden hablaban, nunca antes los había escuchado mencionarla.

 

Fue recluida en su habitación mientras le informaban que su hermano había donado la casa y toda la fortuna de la familia al Lord. Ella no les creyó, pero no había mucho que pudiera hacer al respecto, excepto quedarse allí y escuchar como su casa era desbaratada.

 

Fue allí que apareció el bueno y viejo Gray, que siempre la había ayudado tanto, que era su cómplice cuando, siendo aún niña, se escabullía a comer pastel de chocolate en la cocina o destruía algún juguete.

Gray estaba ya muy viejo, eso había dicho el elfo, que pronto moriría y que antes debía cumplir con dejarla a salvo, tal como se lo había prometido a su hermano.

 

En Hogwarts, había dicho Gray, hay un elfo libre; Dobby, dijo que la llevaría con él, que él la podría poner en contacto con gente que estaba a favor de Potter, con gente que la protegería.

 

Fue una madrugada agitada, entre la aparición en las afueras de Cabeza de Puerco, la llegada de Dobby, seguido por la profesora McGonagall y algunos más que no conocía. Fue interrogada con Veritaserum  para comprobar que no mentía y que no se trataba de una trampa.

 

Era ya medio día cuando la dejaron descansar, les había dado los rostros de los que había visto, los había dibujado, había dicho todo lo que sabía al respecto y ellos averiguaron que su hermano había muerto, efectivamente, en una misión para el Lord, aunque no le dijeron quien lo mató.

 

Durante el resto de la guerra permaneció escondida, junto con Gray, y tal como esperaba, el elfo murió, fue pocos días antes de que la batalla final se diera. La batalla final había acabado con su encierro, los que quedaban de la orden, entre ellos el nuevo Ministro, la ayudaron a recuperar su casa, que estaba ya vacía y saqueada, y su fortuna en Gringotts, de la cual ya no quedaba casi nada, aún así se las ingenió para estudiar arte y empezar a pintar. Pese a ser sangre pura y no haber tenido mucho contacto con el mundo muggle, optó por empezar allí, pronto tuvo una carrera, cuadros que pintar y cosas que hacer; y la guerra, y la pérdida de su hermano se volvió algo difuso en su mente…

 

Hasta que un día, regresando de una exposición en Liverpool, cuando apareció en el jardín de su casa ya restaurada, sintió que no estaba sola, fue un presentimiento, nunca lo había pensado así, pero ella había dado información sobre los mortífagos, era una traidora. Eso le dijo la voz de la mujer que sostenía el cuchillo, dos hombres más la sostenían de los brazos, trató de gritar y defenderse pero la voz y las fuerzas la habían abandonado. La sensación del cuchillo en su cuello, abriéndole la piel fue ardiente, pero no tan dolorosa como había esperado; mientras caía sobre el jardín vio la casa, la casa de sus padres y su hermano, por un momento le pareció verlos allí de pie, en el umbral de la puerta, sonriendo de manera cariñosa, como cuando niña, saludándola y dándole la bienvenida…

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