Work Text:
-Basta Valentín, es un tema cerrado -su padre exclamó elevando el tono de su voz.
-No es justo, padre -sus dientes rechinaban de la ira, su temple iba en aumento mientras los murmullos de la sala se hacían más notorios.
-¡A mi no me importa lo que creas justo, pendejo mal criado! -con el puño cerrado golpeó la mesa frente a su trono- el rey de estas tierras soy yo, se hace lo que yo diga y no le tengo que dar explicaciones a nadie!
La sala quedó en silencio, el príncipe intentó mermar su temperamento tomando una profunda respiración antes de hablar.
-Como tu primogénito, tengo el derecho a reinar por sobre mi hermano.
-Si, si, "primogénito"... por tan solo unos minutos. Dudo mucho mucho que tengas algún derecho sobre el trono siendo un bastardo -se burló Matías- o te pensas que padre realmente va a permitir que el reino sea gobernado por el hijo de una put…
-Suficiente -cortó el rey.
El colorado observó con furia la sonrisa burlona de su hermano, lo miraba desde el asiento a la izquierda de su padre con su característica mueca desagradable. Lo odiaba.
Era un consentido, un malcriado y un desgraciado con todo aquel que no era de su calaña. Decidió no meterse en sus tontos juegos de superioridad y concentrarse en el rey.
-Me criaste como a un hijo legítimo -lo enfrentó mirándolo a los ojos- y me llenaste la cabeza con ideas de grandeza para que, cuando el momento finalmente llegara, me traicionaras eligiendo a ese parásito que tenés como "legítimo" -cada vez le era más difícil contenerse- estás condenando al pueblo a un rey que está más preocupado por las joyas que sostienen sus dedos que del hambre que pueda pasar nuestra gente!
-Y vos sos un colorado maldito que solo causa desgracia por dónde camina -interrupió Matías, comportándose como el chiquilín que era.
-Prefiero ser una desgracia a un pelotudo que se deja utilizar por un pito cualqui…
-Sigan así y los dos van a seguir los pasos de su hermano Juan -dijo su padre con la voz resonante, pasando su índice izquierdo por su cuello. Ambos hermanos permanecieron en silencio, a sabiendas de que su padre no estaba bromeando.
-Valentin, la decisión está tomada -el susodicho intentó replicar sin éxito al ver cómo su padre lo fulminaba con la mirada- retírate.
Sin decir una palabra más, hizo una leve reverencia y a regañadientes abandonó la sala en silencio.
Quizás su padre y su hermano hayan decidido desplazarlo por completo pero él no iba a rendirse sin dar pelea.
(…)
Valentín no era estupido, conocía a su turbulenta familia y si hay algo que aprendió ni bien tomó conciencia, es que en la realeza no se puede confiar en nadie.
Cómo cuando la reina -madre de Matías- en un arranque de celos, mandó a los guardias reales a matar a su pobre madre.
En medio de la noche, se metieron a la alcoba que compartían con Valentín, tomando con violencia a su madre y antes de que pudiera reaccionar la única persona en la que podía confiar en este mundo, estaba desangrándose en el piso.
Antes del fin, su madre lo miró a los ojos y le dijo con dificultad "recordá lo que te dije amor mío, te voy a cuidar por siempre".
Luego de esto, su padre tomó plena responsabilidad por lo que su esposa hizo y la castigó criando a Valentín como un legítimo heredero al trono.
Con ese recuerdo en mente a la edad de tan solo seis años, tuvo que construir su carácter y armarse de valor para afrontar los obstáculos de ser el hijo huérfano de una prostituta vendida y aún así demostrar que pertenecía tanto a la realeza como a su hermano.
Por esto, ahora sentía su sangre hervir al ver cómo el imbécil del rey eligió al malcriado de su hermano sobre él. Tras haber aportado tanto en las batallas de conquista y en las campañas de hambre que el pueblo sufrió ante las sequías, demostrando un real interés sobre su gente. Todos los sacrificios que realizó a lo largo de los años para que lo reconocieran como un legítimo príncipe mientras su hermano no hacía más que estar de jolgorio en jolgorio entregándose a todos los excesos habidos y por haber a costa del pueblo, todos sus esfuerzos resultaron ser en vano.
No sabía que le daba más rabia, si el pretencioso de su hermano mirándolo de manera sobrada a sabiendas de que él siempre iba a ser menos o que su padre lo llenará de falsas expectativas haciéndole creer que él realmente podría reinar.
Tomando un largo respiro calmó sus pensamientos, todavía tenía opciones para lograr su objetivo y sabía exactamente hacía a dónde tenía que ir.
Esperaba no tener que llegar a este punto pero con resignación se calzó el abrigo, su ropas más discretas y partió en silencio hacia el mercado negro. Se encargó de tapar su característico cabello y no mirar a nadie a los ojos. Dirigiendo sus pasos decididos llegó a un local escondido en un callejón que solo podía describirse como turbio.
Dio tres golpes firmes en la vieja puerta de madera, esperando pacientemente a que la señora Telma -la única aliada que su madre le había dejado- lo atendiera.
-Pasa, te estaba esperando -se escuchó la voz de la anciana desde adentro. Ingresando rápidamente, se encontró con que Telma lo esperaba con dos tazas de té en su vieja mesita ratona. Con una leve reverencia lo invitó a sentarse- Mí señor.
-Mi señora -con mucho respeto le devolvió la reverencia, nunca había que perder el favor de una bruja- vine porq…
-Ya se porque estás acá, muchacho -le interrumpió la señora- te lo advertí la última vez que nos vimos y fuiste muy tonto al no escucharme.
-Esperaba que estuvieras equivocada -dejó escapar el suspiro cansado que venía cargando, seguramente, desde que nació.
-Las cartas no se equivocan nunca, mí querido príncipe -dijo mientras las barajaba, una por una fue sacando exactamente las mismas cartas que hacía tres semanas atrás. Primero el soberano invertido, según recordaba lo que le dijo la vieja bruja, hablaba sobre una figura paterna que lo decepcionaría. Segundo salió la torre, que vaticinaba un cambio drástico en su vida, una traición inevitable. Cuando barajó para sacar la tercera carta saltaron dos más, que de momento las dejó de lado y reveló la última carta que repetía el mismo patrón se su última visita. La justicia, con la que supuestamente el karma cobraría a su favor. Por último, procedió a ver las nuevas cartas que se presentaron- aaaah esto es interesante…
-¿Qué cosa? -se inclinó intrigado intentando ver mejor. Telma volteó las cartas para que las pueda observar el. En la primera veía a una pareja, la segunda directamente lo preocupaba- que significa?
-Mi príncipe, la primera habla de amantes -dijo dedicándole una sonrisa pícara- la segunda, como puede ver es el diablo. Tiene que tener cuidado con esta obsesión del trono, lo puede llevar a tomar decisiones compulsivas de las cuales se podría arrepentir mucho.
-No importa. Yo solo tengo un objetivo en la vida y es el de cumplir el deseo de mí madre -la voz le salió más oscura de lo normal- no vine a qué me tires las cartas.
-No, nunca venís a eso pero harías bien en empezar a escucharlas -la anciana suspiró mientras se paraba a rebuscar en sus estantes, tras unos momentos dio con su objetivo- acá tiene mí señor.
Valentín tomo lo que parecía un tablero de madera con las letras del abecedario y los número negros dibujados sobre un fondo amarillento, en las esquinas superiores se leía "si" y "no". Y entre medio de estás, rezaba el nombre "ouija". Por último, le tendió un triángulo con un pequeño círculo en la esquina superior.
-¿Qué tengo que hacer con esto?
-Vas a encerrarte en la capilla del palacio a las tres de la madrugada, con estás velas protectoras y este crucifijo purificado que no podes sacarte bajo ningún término, ¿me escuchaste principito? No podes sacartelo -la bruja hizo una pausa mirándolo fijamente para asegurarse que haya entendido, Valentín simplemente asintió- luego vas a llamar al arcángel Giay y le vas a pedir lo que le tengas que pedir.
-Perfecto.
-Tengo que advertirte que nada que involucre entes del bajo astral viene gratis hijo. Algo vas a tener que sacrificar, entregar una parte tuya para que cumplan con su trato -la anciana tomó sus manos aferrándose con fuerza- tenés que estar muy seguro de lo que estás haciendo.
-Estoy dispuesto a hacer lo que haga falta, Telma.
-Mi muchacho, estoy seguro que tu madre no me perdonaría por lo qué estoy haciendo -suspiró mientras con su mano arrugada apoyaba una pequeña campanilla sobre las pálidas palmas del colorado- por precaución hace sonar esto. Es un cascabel llamador de angeles. No dudes en usarlo, no seas terco.
-Esta bien -dijo mientras comenzaba a dirigirse a la puerta- gracias.
-Valentin -el susodicho se giró a verla, la anciana le ofreció una última reverencia- cuídate mí niño.
El príncipe devolvió el gesto y salió por la puerta.
(...)
Cuando su reloj marcó las tres menos veinte, Valentín tomó un largo suspiro antes de abandonar su alcoba con los objetos de Telma escondidos en su bolso. Se movió con sigilo por los pasillos oscuros del palacio con la única iluminación de la luna que entraba por los ventanales.
No sabía con qué se encontraría en las próximas horas, lo que sí sabía es que estaba jugando un juego muy peligroso, lo suficiente como para tenerle el debido miedo a la locura que estaba por cometer en nombre de la venganza. Quizás por eso, casi sufre un paro cardíaco al encontrar a su querido hermano, abierto de piernas contra uno de los ventanales mientras el consejero de su padre, Barrenechea, parecía querer taladrarlo hasta romperlo en dos.
-Comprendo que no conozcas el significado de la palabra decoro -el colorado habló con repulsión- pero por lo menos podrías tener la decencia de ser una puta reventada en la privacidad de tus aposentos, hermano mio.
Matias volvió a verlo, emitiendo un gemido fuerte sin importarle su reciente público. Para el fastidio de este, a Enzo no le causó gracias verse atrapado por el príncipe Valentín pues rápidamente lo soltó subiéndose rápidamente los pantalones.
-Disculpeme alteza real -su voz sonaba afectada aún mientras hacía una reverencia- le ruego su discreción.
-Qué le vas a estar rogando a este bastardo -Matías se acercó enojado- vení acá y seguí con lo tuyo.
-No quiero problemas, mí príncipe -lo miró con advertencia antes de también regalarle una reverencia y retirarse a su alcoba.
-Estarás satisfecho -recriminó el pelonegro mientras acomodaba su ropa- siempre tenés que estar sacándole la diversión a todo.
-Tu concepto de diversión me parece bastante ridículo -Valentin le regaló una sonrisita soberbia- padre es un idiota por elegir como futuro rey a un ser tan desagradable como vos.
-Ah ya se cual es tu problema… lo que pasa es que vos estás celoso, hermanito -escupió con asco- es entendible, después de todo sos un pobre bastardo, virgen y frígido.
-Lo que haga con mí sexualidad no es tu problema -Valentín comenzó a alejarse, no tenía tiempo para perder con su hermano- deberías estar más preocupado por el pueblo al que vas a tener que cuidar y no en tu libido descontrolado.
Antes de que pudiera alejarse Matías lo tomó con fuerza del brazo y susurró- vos no te preocupes, hermano. Yo me voy a encargar de que cuando reine, el consejo te enseñe todos los placeres carnales que se te ocurran al ofrecerte igual que a la puta barata de tu madre.
El colorado lo empujó con violencia contra la pared pero Matías solo soltó una carcajada irónica y se marchó hacia el lado contrario. Pensó en seguirlo y matarlo en ese momento con la cuchilla que llevaba en su bolso pero recordó la misión en la que estaba y tomando un profundo respiro, continuó con su camino.
La capilla estaba a oscuras y un aura cargada llenaba cada rincón de esta como si estuviera expectante a los planes escabrosos que el príncipe se traía.
Con las velas forman un círculo que fue prendiendo de a poco, una vez que se sentó dentro sacó la ouija del bolso y antes de comenzar a utilizarla sonó el cascabel. No sabía si le iba a servir de algo pero preferiría prevenir que curar.
En un principio no ocurrió nada, ya se estaba disponiendo a tocar el tablero cuando una voz le habló cerca suyo, arrancándole un grito de susto.
-Yo que vos no haría eso -un joven hombre de tez morena le hablaba tranquilo desde el altar, llevaba una camisa blanca y un pantalón de vestir marrón, nada fuera de lo normal. Lo que si no era normal, eran las enormes alas que se proyectaban en su sombra- tu hermano es un ser… especial pero de esto no hay vuelta principito.
-No te llamé para pedir tu opinión.
-¿Ah sí? -el joven lo miró divertido- ¿Y para qué me llamaste?
-Para que me protejas -dijo simplemente.
-No creo que entiendas como funcionan estás cosas, Valentín.
-¿Como sabes mí nombre? -preguntó desconfiado.
-Soy un ángel guardián, mí trabajo es saber la vida de quienes me solicitan -se acercó hasta su círculo de velas y tendió su mano- Alejo, Alejo Véliz para servirte.
El príncipe aceptó su mano observándolo por un minuto más antes de retomar su labor.
-Creo que debería advertirte un par de cosas antes de que toques eso -dijo con asco. Valentin suspiró y lo miró con mala gana- para mayor protección te recomiendo no salir de ese círculo pero sobre todo, no salir de la capilla. Te va a intentar convencer para que lo sigas lejos de la santa protección, si llegas a aceptar no hay nada que yo pueda hacer para ayudarte. ¿Entendés?
-Si, si -desestimó con la mano- no salir de acá, ¿algo más?
-Se que entre vos y tu hermano es complicado pero me veo en la obligación de insistir con que no es buena ide…
-De nuevo, no pedí tu opinión. Si ya terminaste voy a empezar de una vez.
El ángel suspiro cansado, hizo un gesto con su mano para que empezará.
Valentín acomodó el tablero y se colocó su crucifijo, apoyó las manos sobre el triángulo y cerró los ojos. Tomó una buena bocanada de aire antes de comenzar a preguntar por el arcángel Giay, miró expectante el tablero a la espera de algún movimiento que nunca llegó. El príncipe era un ser impaciente por naturaleza, si las cosas no funcionaban bien de primeras, él se frustraba enseguida. Volvió a preguntar con insistencia por Giay, los minutos pasaban y el arcángel seguía sin aparecer provocando que el fuera perdiendo cada vez más la paciencia. Alejo lo observaba apoyado desde el altar con una mezcla de diversión y preocupación. Después de todo, no era su primer encuentro con Giay, sabía que el susodicho le encantaba jugar con sus víctimas.
-¡¿Dónde mierda estás demonio de cuarta?! -grito el pelirrojo totalmente frustrado. Las velas temblaron al sentir una corriente de aire azotar la capilla, la oscuridad dominó un segundo con el eco de su voz retumbando en el aire y generando una tensión escalofriante en el ambiente. A Valentín le recorrió un escalofrío en todo su cuerpo cuando las luces dejaron de temblar.
-De cuarta vos, principito bastardo -una voz grave resonó detrás suyo haciéndolo saltar del susto al susodicho- deja de gritar que ya te escuché.
Valentín volteo para encontrarse con un joven alto y musculoso de piel bronceada que parecía tener un leve brillo, una cabellera castaña frondosa que escondía unos pequeños cuernos como de cabra marrones casi negros y unos rizos definidos que caían sobre los ojos avellanas más hermosos que había visto en su vida. Todo para rematar con esa sonrisa traviesa que al colorado le generaba cosas a las que no sabía cómo ponerle nombre. El demonio estaba vestido con una camisa negra abierta hasta por arriba de su ombligo, dejando entre ver el fornido pecho que el demonio tenia, y unos pantalones de chandal negros que marcaban a la perfección sus piernas tobificadas. Lo que a Valentín le terminó de secar la garganta fue ver una cola a tono con sus cuernos, dar latigazos en el aire como si de un gato a punto de casar a su presa se tratara.
-No me digas así -logró soltar a duras penas mientras lo miraba con su característica cara de culo.
-¿Qué cosa? ¿principito o bastardo? -el demonio comenzó a acercarse hasta donde estaba Alejo, ignorando el "ninguno" apático que salió de la boca de su llamador- aaaaah Véliz tanto tiempo sin verte, querido.
-Tiempos felices ciertamente -dijo rodando los otros cuando vio como Giay fingía clavarse un puñal en dónde debería tener su corazón.
-Me doles, viejo amigo -sin dejar su actitud dramática volteo hacia Valentín- y yo pensando que estarías ansioso por ver quién se quedaría con el alma del rojito.
-No me digas así -el susodicho se cruzó de brazos perdiendo la paciencia, otra vez.
-Mmmm… ¿pequitas?
-Tampoco.
-Uh que amargado pequitas.
-Deja de molestar al chico, Agustín -Alejo estaba intentando retener una sonrisa mientras chocaba de hombros con el otro- no todo es un juego.
-Ah pero si es tan divertido, míralo -dijo señalando con su cabeza al más bajo- se puso todo rojo.
-Suficiente -la voz de Valentín retumbó en la capilla con autoridad- dejen sus estupideces, están acá por un trabajo. No tengo tiempo para perder en sus tonterías.
-A ver pequitas que es eso taaan importante.
-Necesito que mates a mi hermano -vio al ángel con intención de interrumpirlo- y no me importa lo que opines Véliz, ya te dije que no estás acá para opinar.
-Uy qué carácter… -Giay se acercó lentamente- y decime pequitas, ¿porque haría eso?
-Eh… ¿porque te invoqué para eso? -La risa oscura del castaño lo puso nervioso.
-Si sabes que esto no es gratis no? -el demonio frenó a unos pocos centímetros de él, casi rozando las velas, el colorado tuvo que levantar su cabeza para mirar sus ojos- algo vas a tener que darme a cambio.
-¿Qué querés?
-Interesante… -Giay comenzó a caminar alrededor del círculo, su cola moviéndose de lado a lado de una manera en la que ponía ansioso a Valentín- podría pedirte que me dieras un alma de tu pueblo cada luna llena una vez que seas rey gracias a mi.
-No -el príncipe mantuvo su postura mientras el demonio seguía acechando lentamente- estoy dispuesto a pagar el precio que sea necesario pero no a costa de mi pueblo.
-Entonces, mientras se respecte a vos ¿puedo pedir lo que quiera? -el colorado asintió- JA! Escuchaste Véliz, está dispuesto.
-Valen…
-Ah, ah, ah -Giay canturrio negando la cabeza- ya lo escuchaste, es mío.
-Deja de joder, todavia no sabe lo que vas a pedirle a cambio -Alejo lo empujó de costado para acercarse al principe- aún puedo protegerte Valen, se que tus motivos son nobles pero no vale la pena perder tu alma así, estoy seguro de que podemos encontrar otra manera de conseguir el trono sin que tu hermano muera.
-No me interesa de ninguna otra manera, esa lacra merece que se lo coman los gusanos, si lo dejó con vida va a encargarse de arruinarme la mía todos los días de su mísera existencia.
-Sé que no parece pero él también tiene una vida difícil y en el fondo es una buena persona. Quizás, si se sientan a charlar..
-¡Ya te dije que no! -la paciencia de Valentín terminó de evaporarse con esto, se suponía que iban a hacer lo que él quería para al fin conseguir su meta y solo estaba en una capilla con dos hombres que le generaban calores en partes que no sabía que se podía tener calor. Observó a Giay que se quedó quieto a su derecha viéndolo atentamente. La mirada del pelirrojo escapó sin su permiso hacia el pecho de este, sintiendo como se le hacía agua en la boca. La sonrisa del demonio delataba que había sido descubierto y el calor le subió hasta las orejas.
-Ya se pero… -intento continuar el ángel.
-Bueno pero porqué tanto interés en el hermanito de pequitas, ¿eh Véliz? -Agustin apartó su mirada del príncipe y lo tomó por los hombros al ángel acercando su boca al oído de este- ¿soy yo o estas un poco interesado de más en el hermanito del príncipe?
-No, solo estoy haciendo mi trabajo -dijo con firmeza en la voz pero con la cara sospechosamente sonrojada.
-Aja, y yo soy el favorito de papá -lo empujó con la cadera y tomó su lugar frente a Valentín- Como sea, decías que estabas dispuesto a todo.
-Si.
La sonrisa de Giay fue aumentando mientras acortaba cada vez más la distancia.
-Perfecto, porque yo solo quiero una cosa…
-¿Q-que? -sabía que las velas lo protegían pero la cercanía del demonio se sentía excitantemente peligrosa.
-Tu virginidad.
La voz baja y grave de Agustín le recorrió cada vértebra de su cuerpo.
Valentín nunca tuvo tiempo de preocuparse por esas cosas, los placeres quedaban relegados cuando tenías que cuidar tu propia espalda. Además, el príncipe nunca se sintió atraído por nadie en ese sentido, siempre pensó que eran tonterías con las que perder tiempo valioso.
En un mundo que hacía de todo para que el no sobreviviera, debería rechazar esta peligrosa oferta y buscar otra manera de conseguir su objetivo. Sin embargo, la voz de Matías llamándolo frígido se manifestó en su cabeza. En la lógica, él sabía que aceptando esto perdería su alma pero confiaba que podría lograr que el pueblo tenga una buena vida a pesar de eso.
Y al final, tenía que reconocerse en este punto que todo eso quedaba en segundo plano, desde el primer momento en que vio a Giay, la curiosidad le estaba ganando, lo único en que podía pensar era en lo mucho que deseaba que el arcángel lo tocará con esas manos grandes, que esos brazos bien definidos lo rodearán por la cintura para acercarlo a su apetitosa boca.
Otra vez, por la sonrisa que le regaló Giay, supo que él había ganado incluso antes de que el pelirrojo abriera la boca.
-Acepto -los ojos del más alto lo miraron con intensidad, primero fijó su mirada en el crucifijo que rodeaba el cuello de Valentín, luego lentamente recorrió la larga extensión hasta llegar a su rostro donde se centró en sus labios. Por último, volvió a conectar miradas antes de rodear el círculo y encaminarse hacia la puerta de la capilla.
-Entonces seguime.
Valentín tomó sus cosas y se dispuso a seguir al demonio pero antes de lograr atravesar el umbral, la mano de Alejo lo tomó por el brazo que sostenía la ouija.
-Si salis por esa puerta -la voz de Alejo sonaba determinante, aunque podía distinguir un dejó de desesperación en el fondo- no hay nada que yo pueda hacer para protegerte.
Se miraron fijamente por un momento, Valentín sentía como la presión en su brazo aumentaba.
-Valentin.
Giró su rostro hacia la puerta donde Giay esperaba del otro lado, el brillo de sus ojos avellanas lo observaban expectantes desde la oscuridad. Vio cómo su silueta, apenas siendo iluminada por la luna, se movía levantando su mano en un gesto de invitación.
Su atención se intercalaba entre uno y otro, en el pesado silencio que se había formado mientras esperaban por su decisión.
-Entonces no lo hagas -dijo mirando a Alejo por última vez antes de soltarse y tomar la mano de Agustín.
La sonrisa satisfecha del arcángel fue lo último que vio antes de desaparecer.
(...)
Luego de sentir un tirón en todo su cuerpo abrió los ojos un poco mareado, solo para encontrarse en su alcoba iluminada nada más que con la luz de la luna. Su mano todavía estaba aferrada a la de Agustín suspendidas en el aire. La vista de Valentín pasó de contemplar la unión entre sus manos a buscar la mirada de Giay. El arcángel lo miraba intensamente con una sonrisa torcida en la cara. Lentamente sintió como el pulgar del más alto ejercía una leve presión sobre su palma bajando lentamente hacia su antebrazo. Estaba seguro que Agustín sintió como su corazón decidió saltarse un latido para empezar a latir con más rapidez porque le sonrió tranquilamente antes de hablar.
-Pequitas, no estés nervioso -de repente la voz burlona y provocadora que Agustín venía usando desapareció, dejando un tono de voz suave incluso cálido.
-Yo… es que.. -Valentin estaba a punto de pegarse en la frente para ver si asi su cerebro se ponía en funcionamiento. El no era así, no entendía porque se comportaba como una de las tontas doncellas que siempre rodeaban a su hermano, cuando era un más que respetado heredero al trono. Toda esta situación lo estaba comenzando a superar- nunca…
-Valen… -cortó el otro, su nombre de su boca sonó tan cálido que por algún motivo que aún no comprendía, sintió cosquillas en su estómago- el trato funciona si estás dispuesto a hacerlo. Yo me cobró mi parte ahora, cumplo mi trabajo y tu alma es mía o lo paras ahora y no se hace nada. Es tu decisión.
El príncipe solo lo miró.
-Tenes que decirme ahora porq…
Valentín lo miró un solo segundo más antes de lanzarse a su boca.
Agustín lo estrecho por la cintura devolviéndole el beso con ímpetu. El colorado se sentía sediento de esos labios, como si lo hipnotizaran para entregarse a ellos con desesperación. La sed que sentía en general por el castaño le hacía temblar todo el cuerpo.
El demonio introdujo la lengua en su boca, robándole un gemido a Valentín que ya estaba metiendo sus manos en los sedosos rizos de este y levantando la pierna para intentar treparse a Agustín, quien sin dudar lo ayudó a subirlo encima. Mientras su lenguas estaban en guerra, el colorado se frotaba contra el abdomen del mayor.
-Apa -Agustín interrumpió el beso con ese tono burlón que le sacaba de quicio- estamos un poco desesperados, ¿no pequitas?
-Callate y cojeme -de un tirón volvió a unir sus bocas, aún con la sonrisa de Giay presente. El mayor avanzó hasta hacer chocar la espalda del otro contra la pared y comenzó a frotar su dura erección contra su culo. El príncipe se separó para tomar aire y el mayo pasó a dejar un rastro de besos por su cuello hasta llegar al blanquecino pecho, esquivando estratégicamente el crucifijo. Lo apoyó sobre el piso inmediatamente colocando su pierna sobre la entrepierna de Valentín y con sus manos libres, rompió la camisa blanca de este tirándola al piso y dejándolo expuesto. Lo observó imponente desde arriba, su cola se movía de lado a lado -Valentín nunca lo admitiría en voz alta pero moría por tocarla-, y su mirada emitía ese brillo diabólico que predicaba peligro, lujuria y hambre. El colorado no aguantaba más la expectativa, quería ser consumido por ese demonio del infierno sacado de sus más íntimas fantasías. Estaba por quejarse cuando la voz gruesa de Giay lo interrumpió.
-Sacate el crucifijo.
-Pero…
-Ahora.
Valentín dudó un segundo pero a esta altura estaba tan entregado a la merced de esos ojos avellanas que se lo arrancó de un tirón tirandolo por ahí.
-Te voy a dejar tan lleno de marcas -dijo mientras su mano se dirigía a su pezón y lo pellizcaba- que hasta en el pueblo de al lado van a saber qué le vendiste tu alma al diablo.
Acto seguido pasó a succionar sus pectorales bien formados gracias a su entrenamiento con el ejército. Fue turnándose entre morder, succionar y lamer por todo su pecho sin tocar nunca sus pezones con la boca, simplemente los acariciaba con el pulgar volviéndolo completamente loco.
Valentín no toleró más y de nuevo tiró de sus hebras castañas hasta posicionar la boca caliente de Agustín en sus areolas rosadas. Este se apiadó de él y comenzó a jugar con su lengua, turnándose entre uno y el otro. Sin separarse lo guío hasta la cama, empujándolo levemente para caer juntos uno encima del otro. La lengua de Agustín seguía torturando sus pezones, generando una sobreestimulación por lo que Valentín comenzó a retorcerse debajo de él un poco desesperado, intentando alejarlo con sus manos. Ante esto, la cola de Giay subió lentamente tomándolo por sorpresa y le aprisionó las manos llevándolas por encima de su cabeza.
Lo tenía completamente atrapado y expuesto, podía hacer lo que quisiera con él y aún así no sentía miedo. Es más, al sentir el agarre fuerte sobre sus muñecas solo se éxito más.
El demonio siguió dejando marcas por todo su torso hasta llegar al inicio de sus pantalones y de un tirón los arrancó. Lo observó desde arriba un momento, Valentín le devolvía la mirada con la cara sonrojada -a tono con las marcas en su pecho-, un poco cohibido por la exposición pero completamente entregado a la lujuria, y no pudo más que lanzarse a esas piernas impolutas para continuar marcando cada rastro de piel blanca que encontrará.
El colorado no hacía más que gemir, el placer se mezclaba con el dolor generando una mezcla de sensaciones que lo abrumaba, necesitaba que el demonio hiciera algo más. La boca del castaño se acercó a su entre pierna haciéndole creer que al fin lo tocaría dónde deseaba pero este solo separó sus piernas y comenzó a lamer en su ingle. La sensación era tan fuerte que sus sacudidas se hicieron violentas, por suerte, Agustín lo tenía bien agarrado de los muslos para evitar que se moviera.
-N-no aguanto más -tartamudeó entre jadeos- por favor.
Agustín lo miró con una sonrisa mientras inclinándolo un poco hacia arriba para dejarlo aún más expuesto, antes de sacar la lengua y lamer desde su ano hasta la punta de su pene. Valentín podría haber acabado solo con eso. El castaño se tragó su extensión hasta tocar la nariz con su pubis, lentamente comenzó a subir y bajar acariciando con su lengua el tronco de su pene, concentrándose de vez en cuando en la punta. El príncipe no podía dejar de temblar, sus gemidos eran tan altos que seguro se escuchaban desde el pasillo. Empezó a sentir un cosquilleo que nacía desde los dedos de sus pies, que lo hacía sentir en la punta de un abismo. Al parecer, Agustín lo notó porque de pronto soltó su pene y de un movimiento brusco lo volteo dejando su culo a la altura de su cara.
-No pequitas -dijo mientras dejaba una fuerte nalgada en su blanca piel- no te podés acabar hasta que yo te diga.
-Per…
-Hasta no tenerte llorando y rogando por favor que te lo permita -siguió esparciendo nalgadas por su culo- no te voy a dejar… me encanta lo rojito que te pones.
Tras eso se abalanzó a lamer su ano con afán robándole un jadeo fuerte, por instinto intentó alejarse cuando sintió como esa larga lengua lo penetraba. Quería soltarse y agarrarlo de los cuernos para empujarlo lejos de él y al mismo tiempo acercarlo aún más. Giay coló su mano por su abdomen para masturbar su pene sin frenar las embestidas con su boca.
-Mmmm tan rico -murmuró Agustín con la voz más grave que escuchó hasta el momento y Valentín tomó conciencia de que se trataba de un demonio alimentándose de su alma. Algo tenía que estar mal en él porque ese solo pensamiento casi lo hace acabar- no, todavía no.
Le dejó otra nalgada como castigo, tomó uno de sus cachetes colorados y lo estiró dejando su ano aún más expuesto, escupió la entrada para introducir sin previo aviso dos dedos arrancándole un grito de dolor y placer a la vez.
Valentín esperaba que la sensación fuera peor pero estaba tan excitado que no le tomó mucho tiempo adaptarse. Sentía todo su cuerpo flojo y sudado, su respiración era entrecortada y se sentía a un solo toque de acabar, por esto, cuando los dedos del demonio tocaron un punto en su interior que lo hizo gritar imposiblemente más, Giay rápidamente tuvo que tapar el orificio de su pene, para evitar esparcir toda su semilla en la cama.
-Pequitas, no te estoy escuchando rogar.
-Ah, p-por fav… ah!-los dedos del castaño no habían frenado un momento, el príncipe no podía articular una sola palabra con coherencia- Giay!
-¿Si…?
-Po-r fa… -lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos mientras respiraba con dificultad, su cuerpo extremadamente sensible estaba inundado de un placer que no podía liberar, así que no podía hacer otra cosa más que llorar.
-Pero mira esa carita preciosa, tan desesperada -dijo mientras abandonaba su culo, Valentín se quejó pero este lo ignoró mientras lo levantaba de los pelos con una mano y la otra sacaba su gran erección de sus pantalones, dejándolos tirados a un costado junto con su camisa. Lo arrastró hasta posicionar lo frente a su miembro- voy a tener que arruinarla, abrí.
El príncipe obedeció y comenzó a chupar su pene como si se tratara de un sediento en el desierto. Agustín lo embestía tomándolo del pelo, le usaba la boca como si estuviera diseñada solo para el miembro del demonio. Quería tomar todo de él y quería entregarle todo de sí mismo. Nunca se había sentido tan pleno en su vida como en este momento, el pene de Giay le llenaba la boca hasta ahogarlo y aún así no quería que parará nunca. Tomó fuerza para separarse del miembro y mirar a los ojos dilatados de placer del demonio.
-Por favor -rogó el colorado, con la cara totalmente arruinada por lágrimas, saliva y los fluidos de su pene- por favor, Agustín. Te necesito…
Y Giay no era tan fuerte como para negárselo. En ese momento, podría hacer cualquier cosa que el colorado le pidiera con esa carita sin rechistar. Se tiró sobre él para unir sus bocas nuevamente, acomodó su miembro contra la entrada del mismo y se adentro lentamente. Cuando por fin entró toda la extensión, sus bocas soltaron un jadeo conjunto en busca de aire. Agustín comenzó a moverse frenéticamente besando la unión entre el cuello y la clavícula del colorado, quién necesitaba tenerlo aún más adentro así que utilizando su entrenamiento volteo al demonio para quedar encima suyo y empalarse con el grueso miembro del arcangel. Giay gruño, se sentó en el borde de la cama y guío sus movimientos apoyando sus manos sobre sus nalgas. Las embestidas eran cada vez más descuidadas y frenéticas, el príncipe lo montaba buscando ese lugar que le había vuelto loco. Lo encontró cuando pegó su pecho los grandes pectorales del demonio, generando a su vez que su propio miembro se frotara contra el abdomen de este. No le quedaba mucho más para acabarse, ya había aguantado bastante.
-Ya-a puedo? ¡Ah…! -tiró su cabeza atrás al sentir el duro pene masacrar su punto- por favor, por favor, por fa…
-Mírame -con una mano lo obligó a clavar su mirada en él- podés.
No esperó un segundo más y explotó. Sus gritos fueron cortados por la boca del arcángel que se tragó cada uno metiendo la lengua hasta su garganta.
Se perdió en un universo de placer que lo hizo sentir levitando fuera de su cuerpo para luego volver y recorrer cada centímetro de su cuerpo en una nebulosa de placer que le cambió la química del cerebro para siempre.
Cuando volvió un poco en sí, Agustín lo hizo mirarlo una vez más mientras le daba las últimas embestidas.
-Ahora tu alma es mía -susurró con un destello rojo cubriéndole los ojos.
Siempre, pensó Valentín mientras volvían a unir sus bocas.
(...)
Valentín estaba desayunando -tapado hasta las orejas- tranquilo con su padre cuando la noticia de que el príncipe Matías desapareció llegó a sus oídos.
Todo el palacio entró en pánico, su padre le gritaba a todos sus guardias que rastrearán los terrenos hasta encontrarlo vivo. El colorado estaba tomando su té de hierbas viendo imparablemente cómo el caos a su alrededor se desarrollaba.
Debería estar feliz, Giay había cumplido su parte del trato y ahora como único heredero legítimo estaba destinado a reinar el pueblo que tanto amaba…
Sin embargo, la realidad era otra.
Tras caer rendido en los brazos de Agustín se quedó dormido en su pecho sintiendo una paz que no había experimentado nunca, solo para verse destrozada una vez que se levantó en su fría cama vacía sin ninguna evidencia de que el demonio había estado ahí más que las sábanas revueltas, el rosario roto y el tablero de ouija olvidados en el piso.
Estaba muy frustrado, solo a él le podría pasar esto de sentirse mal porque un demonio no se había despertado acurrucado con él, era una situación ridícula.
Se dirigió a su alcoba con la intención de volver a dormir a ver si así se sentía mejor. Estaba tal cual como la dejó, con un suspiro cerró la puerta y apoyó la frente contra la madera fría.
-¿Me extrañabas pequitas? -susurró Giay en su nuca. Valentín saltó del susto y volteo para enfrentarse al demonio. Suponía que venía avisarle que ya cumplió su parte pero cada célula de su cuerpo le pedía que se tirará a besar esa carnosa boca.
-¿Qué haces acá? -intento a hacerse el indiferente pero su voz sonó más afectada de lo que pretendía.
-Buenas noticias para vos, malas para mí -dijo con una enorme sonrisa.
-A ver…
-El lado bueno es que vas a ser rey -dijo acercándose un poco más- el lado malo es que yo no maté a tu hermano.
-¿Como? -para ser honestos Valentín no podía pensar en nada más que en esos labios.
-Alejo se lo llevó para protegerlo -dio un pasito más- yo no lo puedo alcanzar si está bajo su protección.
-¿El ángel? -Giay asintió rodando los ojos- ¿y eso qué significa?
-Significa que vos pagaste tu parte y yo no la mía -sus bocas ahora se rozaban- significa… que yo estoy en deuda con vos.
El príncipe no necesito nada más, buscó sus labios y comenzó a hacerlo pagar.
Lo que Valentín no sabía es que Agustín apenas había intentado buscar a Véliz. Lo único que quería era volver a estar con él. Estaba gustoso de pagar su deuda.
-Ahora mi alma es tuya -dijo el demonio sintiendo los labios del príncipe en su cuello.
(...)
Mini epílogo:
-¿Por qué tenemos que caminar tanto? -la voz gangosa de Matías quejándose por milésima vez en media hora rompió el silencio que se había formado luego de que Alejo le gritara que se callara de una bendita vez.
-Porque si fuera fácil o cerca, Giay podría encontrarte fácilmente y matarte -explicó ya harto, Alejo se consideraba una persona muy paciente, pero este príncipe mimado lo estaba poniendo a prueba.
-Ya como si el bastardo de mi hermano pudiera hacer algo para asustarme -el pelinegro frenó y se cruzó de brazos- ya te dije que esto es ridículo quiero volver a mi palacio.
-Y yo ya te dije que eso no es posible.
-Soy un príncipe no podés decirme qué hacer.
-Soy un ángel y si que puedo, más si es por tu seguridad.
-Nadie te pidió ayuda, yo puedo cuidarme solo.
-Y cómo pretendes cuidarte de uno de los demonios más poderosos del bajo astral.
-No se, ¿estaba bueno? Por ahí le ofrecía algo interesante -dijo Matías en tono sugerente.
-No todo se resuelve con sexo, ¿sabes?
-Si, porque vos debes saber tanto del tema siendo un angelito -de burló.
-Se más de lo que te imaginas -dijo con voz grave.
No sabían en qué momento se habían acercado tanto pero sus caras se separaban a unos pocos centímetros. Se miraban desafiantes y sus respiraciones, de pronto, se sentía pesada. Los ojos de Alejo se escaparon sin permiso a los labios del príncipe y al notarlo corrió rápidamente su mirada esperando que el pelinegro no se diera cuenta, solo para terminar captando cómo Matías miraba fijamente los de él.
La tensión era palpable. El no podía.
-Vamos, sigamos caminando -Veliz se alejó de él intentando poner distancia y no perder la cordura, no sabía en qué mierda se había metido- ya casi llegamos.
-Cagón -murmuró Matías mientras lo miraba avanzar, observó la esbelta figura del ángel y sonrió lentamente antes de seguirlo.
No había nada que le obsesionara más que un buen desafío.
Fin.
