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Cuando el reloj marcó las tres y media de la mañana, Quackity decidió regresar a su habitación, el día había sido muy emocionante pero agotador, por lo que hoy a diferencia de ayer decidió irse a descasar ya que viajaría en unas horas más tarde.
Se despidió por un tiempo de todos sus amigos, que la estaban pasando muy bien en la celebración después de la premiación de los Esland, se veía que más de uno estaba igual o más borracho que la noche anterior y pensando en ello miró hacia un grupo que se encontraba en la cama de la habitación de Karchez, eran bastantes ruidosos pues hacían un duelo rap, en especial Spreen quien ya llevaba varios tragos encima ya que bebía directamente de la botella. Seguramente estaría muy ebrio en otro par de horas y sino, ya lo estaba con la cantidad de licor que había ingerido en toda la noche.
Mientras miraba a Spreen desde una esquina de la habitación en la que se encontraban, empezó a dudar si debería despedirse de él también, sin embargo, al final decidió que no lo haría, no sabía cuántos grados de alcohol tenía Spreen en su torrente sanguíneo, que pocos no eran y no quería que este armara un escándalo y comenzara a gritar y golpear como en la noche anterior y le impidiera irse diciéndole: “aguafiestas pelotudo” o algún otro insulto argentino, además no quería interrumpirlo con su batalla de rap de humor negro.
Por lo que le dirigió una última mirada al argentino y decidió irse después de despedirse de Ibai, Rivers y un par de personas más. Mientras se dirigía al ascensor, se le unió Carola, éste tenía la habitación justo al lado de la suya, en el ascensor, ambos comenzaron a hablar ya que antes no habían tenido la oportunidad de entablar una conversación a solas.
“Ha sido una locura todo”, dijo Carola recostado en la pared metálica del ascensor.
“Sí, una locura total. Hace mucho no disfrutaba de un evento tan chingón como el de hoy” se sinceró Quackity, durante todo el evento se dio cuenta de todo el aprecio que le tenían las personas a él y cuan amado era por su comunidad, realmente fue una experiencia que nunca olvidaría y que siempre estaría marcada en su corazón.
“Lo petaste hoy, Quackity, eres una persona maravillosa.”
“No digas mamadas Carola, todos lo hicimos. Todos somos los más chingones.”
“Sí, es cierto, lo somos. Hasta el loco de Spreen, vaya tipo. Mira todo lo que ha hecho, se le ha zafado un tornillo de la cabeza.” Quackity se rio del comentario de Carola, realmente Spreen era un puto loco. “No, y lo peor es que le llueven ligues en todo lado, ¿te enteraste Quackity, sobre lo que le pasó en la terraza?”
“No mames, ¿ahora qué hizo el pendejo en la terraza?”, preguntó el mexicano, de Spreen se podía esperar todo lo peor.
“Pues que le ha intentado ligar una chavala, seguramente si no estuviera en el foco, terminarían follando.” Carola soltó una risa después de decir eso, pero el pelinegro solo soltó una risa incómoda. Eso era lo último que quería escuchar, no quería saber nada sobre si Spreen se cogía a alguien o no esta noche.
Afortunadamente el ascensor llegó al piso de ambos y Quackity rápidamente se dirigió a su habitación evitando que la conversación sobre el ligue de Spreen se extendiera, se excusó con el español diciendo que estaba muy cansado y después de despedirse entró a su habitación soltando un suspiro.
Quackity no quería admitirlo, pero estaba un poco celoso, desde el momento en que llegó a México, Spreen no le había prestado la atención que él quería. Sí, fueron juntos a los Esland en el mismo auto, sí, hablaron un poco, pero él no se esperaba la indiferencia que tenía el argentino hacia él. Y es que el Spreen de ahora era muy diferente al Spreen que conoció en España. En España, él lo seguía a todo lado, estaba sobre él siempre tocándolo y acercándose más de lo necesario; incluso llegaron a besarse cuando ambos estaban borrachos y lo siguieron haciendo incluso los días después de ese evento hasta que los dos se dirigieron al país de cada uno.
Irritado, comenzó a quitarse la ropa para ponerse el pijama e irse a dormir. “Pendejo, ¿no que te sentías atraído hacia mí?” cuanto más pensaba, más se enojaba. Le enojaba el hecho de que Spreen prefirió dormir con Roier antes que con él. No estaba seguro de lo que sucedió anoche entre los dos, pero Roier decía que durmieron juntos e incluso en borxers y Quackity no puedo evitar sobre pensar las cosas e imaginar que ambos hicieron algo más que dormir.
Respirando hondo, tomó la decisión de dejar las cosas así, no servía de nada matarse pensando e imaginado escenarios que solo lo haría enojarse más y estresarse. ¿Que Spreen durmió con Roier? pues le vale verga. ¿Qué Spreen se va a coger a una vieja? Pues también le vale verga, desde este momento cualquier cosa que hiciera el otro le valdría tres hectáreas de verga.
Con ello, retiró las almohadas demás, levantó las mantas y se acostó para dormir, mañana tenía que viajar y aunque eran pocas horas de vuelo, el viaje en sí lo agotaba demasiado, por lo que lo mejor era recuperar las fuerzas e iniciar el día renovado.
A las cuatro de la mañana Quackity se dio cuenta que ni estaba durmiendo ni podía dejar de pensar en Spreen. Lo único que hacía era dar vueltas y vueltas sin lograr conciliar el sueño. Sin embargo, se obligó a seguir intentando dormir, debía lograrlo si no quería tener más ojeras de las que ya tenía.
No entendió muy bien lo que sucedió, estaba entre el limbo de la conciencia y la inconciencia cuando un ruido que inundó su habitación. Por un momento creyó que era parte de su sueño, sin embargo, en el momento en que volvió en sí pudo escucharlo claramente: alguien estaba afuera de su habitación.
“Abrime.” Se escuchó, no era una petición amigable, parecía una orden.
Quackity frunció el ceño al reconocer inmediatamente al dueño de la voz, era Spreen, no tenía ni idea de porqué este estaba afuera de su habitación y por qué quería que le abriera.
“¡Abrime, pelotudo! Sé que estás despierto aún.” El mexicano se cubrió con las sábanas en un intento de calmar su corazón acelerado, no entendía nada. Dudó un poco si abrirle o no, pero recordó el enojo que sentía hacia él por lo que decidió no abrirle la puerta, ya se cansaría.
Al segundo en que cerró los ojos, con la intensión de ignorar el pedido, los volvió a abrir sobresaltado por los fuertes golpes que Spreen le daba a puerta de su habitación. “¡Abrime, yo no me voy a ir de aquí hasta que abras! ¡Ábreme la puerta! ¡Abrime!”
“¡No mames, puto Spreen!” gritó, retiró las sábanas y se levantó corriendo hacia la puerta “Qué te pasa pendejo, deja de hacer tanto ruido, vas a despertar a todo el mundo. ¿Qué no ves que en la habitación de al lado duerme Carola?” Se quejó Quackity cuando abrió la puerta.
“Me chupa la pija si Carola duerme al lado”.
Quackity lo miró por unos segundos y respiró profundo “¿qué haces aquí de todos modos? ¿por qué no estás en la fiesta?”
“Nada, simplemente me aburrí, ya todos están muy borrachos y Mariana otra vez terminó vomitando. Luego pregunté por ti y me dijeron que te habías ido a tu habitación. ¿me dejas pasar?”
“A poco no estás igual o más borracho que ellos, no más mírate, culero.” Quackity se burló, en realidad Spreen no se veía ni hablaba como borracho, a parte del ruido que había hecho antes y del olor que desprendía, nada indicaba que éste había ingerido alcohol, sin embargo, él no perdería la oportunidad de burlarse.
“Yo no estoy borracho, bueno, pará, un poco sí pero no tanto como los otros. Pero no cambiés de tema, boludo, te pregunté si me ibas a dejar pasar o me vas a dejar acá parado toda la noche.”
“Mhn, pues fíjate que te vas a quedar ahí parado, porque no vas a entrar.” Aunque realmente quería estar con Spreen y hablar un rato con este, sabía que nada bueno venía de él cuando estaba en esas condiciones.
“Vamos boludo, divirtámonos un rato, de verdad no tengo sueño y los demás realmente me a aburren.” Declaró el argentino acercándose más a Quackity. Este retrocedió un poco por la cercanía inesperada pero aun así sostuvo con fuerza la puerta entreabierta para que Spreen no tuviera la oportunidad de entrar.
Con el corazón aun latiendo a mil lo enfrentó. “Qué soy un puto payaso para entretenerte o qué”
“Pará, no me malinterpretes, ¿por qué esa agresividad? Solo quiero pasar tiempo contigo. Tienes el minibar ahí ¿no? Tomemos un rato, hablemos y divirtámonos, no creo que nos volvamos a ver de nuevo hasta la velada, si es que vamos.” Quackity lo pensó, Spreen tenía razón, debería aprovechar el tiempo juntos, al menos hablando un rato, porque ambos después estarían separados por cientos de kilómetros y verse nuevamente sería complicado.
“No podemos tomar aquí, como mi hermana duerme conmigo, puede venir en cualquier momento a descansar. Que por cierto no sé dónde está, creo que está con Ari, no sé.”
“Entonces vamos a mi habitación. Allá no hay nadie.” Spreen sonrió mirándolo y Quackity por un momento sintió que esto estaba planeado y todo iba de acuerdo al plan de más alto.
