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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-06-21
Completed:
2023-06-21
Words:
13,343
Chapters:
4/4
Comments:
14
Kudos:
5
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1
Hits:
270

Vegeta Gaiden

Summary:

Una madre y su hija se enfrentan por el amor de un hombre extraño y atractivo llamado Vegeta, metiéndolo en enredos y situaciones cómicas, románticas ¡y pervertidas!

(Imagen: Fanart de autor desconocido)

Notes:

Este es literalmente mi primer fic, fue escrito en los noventas, cuando iba a la escuela 😌

Chapter Text

 

 

 

 

A pasos lentísimos y muy agitado caminaba Vegeta sobre la ciudad, pateando latas, con ambas manos en los bolsillos, sudando, tosiendo, gimiendo y sobre todo muy cansado. Ese día había sido agotador: Acababa de venir del planeta Xhsther cuya gravedad sobrepasaba los 100g, donde había llevado un entrenamiento sumamente duro, todo un ejército de Xhstherjins se le vino encima y algunos tenían una fuerza bastante aceptable. Luego tuvo que escalar unas cien montañas prefiriendo no volar, alegando ser parte del entrenamiento, cazar su propia comida (en Xhsther los animales tenían una velocidad, con respecto a la de los sayas, análoga a la de un humano a una gacela), soportar las lluvias con granizo que traían pedrones, etc.

 

Pensando en eso se quedó dormido y cayó inesperadamente en el centro de la pista, los carros tuvieron que frenar en seco y algunos lo ametrallaban con carajos, putamadreadas, escupitajos, insultos de todo tipo, pero él ya no respondía, estaba totalmente inconsciente y lo último que se vio en sus ojos fue dolor.

 

Pasaron cuatro horas y él seguía inconsciente, pero luego abrió los ojos lentamente, se sacudió la cabeza, se incorporó despacito, le dolía todo el cuerpo, e inmediatamente después de dichas reacciones se fijó en su entorno. Estaba en una habitación enorme, muy cómoda, con calefacción, en una cama super suave de agua, claro que también había peluches de todos los animales, posters de cantantes famosos, ropa tirada por todo el piso, y lo que faltaba, una trusa femenina que de casualidad se había mezclado con su ropa, también en el piso.

 

Se levantó sobresaltado y totalmente curioso, con unos ojos cuyas pupilas se agrandaron exageradamente mirando todo y sorprendido, quiso levantarse  “Kkk ¡¿Qué pasó con mi ropa?!” Se fijó que no llevaba nada puesto .

 

—Ahh, qué bien, ya despertó, me tenía preocupada —Una mujer madura, muy linda y amable entró en la habitación dejándolo totalmente desconcertado.

 

—¡Kkkk ¿Qu Qué hago yo en este lugar?! ¡¡Maldición, quiero irme!!  —Ver una habitación tan tierna y con puros conejitos de peluche lo sacó de quicio. La fiereza en los ojos del saiya la asustó, pero inmediatamente recuperó la calma, y la dulce mirada llena de amabilidad y ternura regresó a sus enormes ojos azules.

 

—Oiga, no… no se mueva, recién se está recuperando, tiene que descansar, no se preocupe, tómese el tiempo que sea necesario para su recuperación y… si quiere yo…

 

—Yo no pienso quedarme, mi entrenamiento recién comienza y yo… no sé cómo caí en la tierra… —la interrumpió mientras se apoyaba sobre sus codos, aun estaba muy débil y sentía que se le iba la cabeza sobre el regazo de la dama. Hubo unos segundos de silencio y él no cayó, ella lo miraba y él miraba lo que sea, sus ojos miraban sin mirar, solo pensaba en salir de la cama pero no tenía ropa  —Ah por cierto, ¿dónde está mi ropa?

 

—Ah, la puse en la lavadora porque estaba sucia.

 

—¡¿Qu Qué dijiste?!









Mientras tanto, a kilómetros de su casa, Diana disfrutaba de lo lindo la fiesta, había cientos de chicos y chicas, pero ella, coqueta, era el centro de la atención, se besaba a uno y otro chico sin saber quién era, bailaba, tomaba, fumaba, gritaba, cantaba y una que otra vez saltaba de una mesa a otra, coqueteando con todo chico que cruzara la puerta de entrada, toda loca ella,  aunque tenía solo 17 años, su cuerpo no lo aparentaba, no había música que no supiera bailar y todo lo que quería lo conseguía, caprichosa, engreída, inteligente, bella, niña, mujer “¡Ja, ja! Contigo no he bailado… ¿Vienes?”









—Ahhh, Vegeta es tu nombre.

 

—Sí.

 

—Cuéntame de tu planeta, quieres, no sé nada…

 

—Mira, en mi planeta…



Vegeta seguía en la cama sin poderse mover ("Hmp sin ropa no puedo fugar") estaba hastiado y pensando en por qué tenía que contarle toda su vida a esa mujer, además no le dijo por qué lo trajo.

 

Sin embargo inmediatamente después de que le contara cómo era su planeta y por consiguiente su vida, ella sintió la obligación de contarle también su vida, aunque al principio a él le importara poco, le habló de su difunto marido, cuya muerte le tocó en un parapente, al subirse como acostumbraba, como buen fanático de aquel deporte, se estrelló el vehículo aéreo en una torre de luz, cayó y adiós marido "Pero murió en su ley" .

También le contó por qué lo trajo, desafió a cada auto que quería atropellarlo, soportó insultos y todo, lo subió a su Jaguar, lo acostó en la cama de su hija (los cuartos de huéspedes estaba fumigados), le quitó la ropa, lo vendó, lo curó, lo... lo  "Je, je, le quité la ropa" y lo vendó y lo curó y lo vendó pero, NO LE QUITÓ LA ROPA, ¿O SÍ? Lo siento, mi intención fue curarte y gracias a eso ya estas mejor... pero... ahí te dejé ropa... para que puedas cambiarte... je, je...

Cada que quería salvarla la malograba peor, mejor se quedaba callada, él no estaba tan molesto, pero de tanto excusarse, la situación se tornaba más embarazosa y más y más y más ¡YA BASTA! Ya eran algo así como hombre y mujer y no Vejiita-san y Mary-san.

Sin embargo, lo convenció de que se quedara hasta recuperarse y después ya verían qué hacían, por ahora a descansar.

 

Él no comprendía por qué tanta ,amabilidad, nunca conoció a una persona tan caritativa, nunca vio unos ojos tan llenos de amor desinteresado, nunca vio tanta nobleza, lo habían ayudado alguna vez pero por conveniencia, para que peleara y peleara más, pero parecía que esta señora no quería nada a cambio, solo ayudar. Estuvo casi seguro de eso y, tranquilo, se sentía algo así como sobreprotegido por primera vez. Y así nuevamente se quedó dormido, aun estaba débil, (era prácticamente la primera vez que conocía de ese sentimiento que aunque pudo sentirlo, su realidad de ouji no saiya se lo impedía)

 

De repente, el sosegado ambiente de la casa se vió agresivamente interrumpido por la tosca mezcla de sonidos incoherentes y feroces de una música metalera de esas que están de moda, cuyo sonido salía imponente de los poderosos parlantes del equipo de sonido de un Porsche aún más imponente, que se estacionaba loco en plena puerta principal. Del auto bajó Diana, su larga cabellera castaña atada en dos coletas de caballo y sus jeans desgarrados la hacían verse rebelde, sus labios pintados al rojo vivo y su polito que como mucho cumplía con cubrirle el busto, le daban un poco de aspecto a mujer, aunque en sí, colegiala y engreída . Sus amigos, apretados como lata de sardinas y aun así, bailando, la despidieron.

 

—Mááááá, ya llegué.

 

—Ah, qué bien, cariño, ya estás de vuelta... eh je, je.

 

—Ehhh ja, ja, ja…

 

—Ja, ja, ja…

 

—¿Me llamó alguien por teléfono? —le preguntó cortante.

 

—Eh no, no, creo que no... ja, ja, ja.

 

—Ja, ja, ja... ¿Pasó algo, mamá?

 

—Ah... no, nada, mejor dicho, sí.

 

Diana no se movía de la escalera, esperando la respuesta —Ahhh ya sé, ya sé lo que me vas a decir —se adelantó, pensando que tal vez fuere ese el motivo de su rareza— No empieces con tus sermones, please, tengo que llamar a mucha gente por teléfono, te juro que despues voy a dedicarme a estudiar, hasta haré mi cama, pero…

 

—No, no es eso, se trata de otra cosa.

 

Diana, que tomaba impulso para subir corriendo las escaleras se contuvo nuevamente, con una carita graciosísima de misterio.

 

—Diana-chan, mira, en la avenida encontré a un hombre que casi atropellan, estaba desmayado y muy herido, hasta deliraba, así que... lo traje y está aquí descansando.

 

—Bien. ¿eso es todo?

 

—Ehh...sí.

 

—Bueno, entonces subo a mi cuarto.

 

—Ejem... ¡sí!

 

Mary Ann se quedó nerviosa pensando en los berrinches que daría su hija, pero al diablo con eso, pensó, más importante era el hombre en plena recuperación.

A Diana le importó un bledo lo que le dijo su mamá, solo quiso cumplir con escucharla y ni prestó atención a lo que le dijo. Solo entendió algo así que un vagabundo, harapiento y borracho se cayó en la pista y ella, que es tan buena y tan tonta, lo recogió, tal vez estaría ahí en el cuarto de huéspedes o por ahí, qué sé yo.

 

La chiquilla subía de a dos y a pasos vigorosos los peldaños alfombrados, y por fin llegó a su cuarto. Cuando abrió la puerta de madera blanca, se detuvo con las pupilas reducidas a puntos insignificantes, su cara bronceada se tornó azul en cuestión de segundos, sus hombros se encogieron, en eso empezó a ver un flashback de su vida.

 

—Ggggg... kkk… —apretaba los puños, impotente y asombrada. Vegeta seguía durmiendo plácidamente.

 

—Kkk… ¡¡Qu Qué hace este hombre en mi cama!!! —con las justas podía vocalizar.

 

—Zzz…

 

—¡¡Arrrgh!! ¡¡Fuera, fuera, sucio borracho!!!

 

—¿¿Ah, qué, qué??

 

Diana le daba de almohadones y en eso le arrancha las colchas con furia, sus ojos se tornaron blancos y ya casi sin pupilas.

 

—¡¡Arrrgghhhh!! ¡¡Eres un depravado!!! ¡¡No tienes ropa interior!!!!!!! ¡¡LARGO!!! ¡¡¡¡LARGOOOO!!!!! —se tapó los ojos con las manos y se puso rojisima del color del sol en las tardes.

 

Vegeta por fin reaccionó y prácticamente recién despertaba, se dio cuenta de la situación, una mocosa berrinchosa se metió y lo estaba insultando, pero lo que fue peor, lo interrumpió de su plácido sueño.

 

—¡¡Oye, mocosa del demonio!! ¡¡¿y tú quién eres?!! —mientras se ataba una sábana en la cintura.

 

—¡¡¡Estás en propiedad privada, oye!!!

 

—¡¡¿Y qué sé yo?!!! ¡¡Una mujer me trajo y me acostó en esta estúpida cama!!! ¡¡además yo ya me largo!!! ¡¡¿dónde está mi ropa?!!!

 

—¡¡Buaaaaaaa!! ¡¡mamáááááááá!!!

 

—¡¡Ay ya callate, niña!!!

 

Mary Ann llegó corriendo.

 

—¡¡Diana, comportate!!!

 

—¡¡Mamáááááá!! ¡¡Buaaaaa!!! Estaba agarrando mi ropa interior, ¡¡¡Yo lo vi!!!

 

—¿Quéééééé? ¡¡¡Si yo estaba dormido!!!!

 

—¡¡¡Ayyy!!! ¡¡Diana, esto es suficiente!!!! ¡¡¡Te quedarás en tu habitación una semana y limpiarás este desorden hoy dia mismo!!!!! Vejiita-san, lo siento, a mi hija le gusta llamar la atención.

 

—...

 

—¡¡¡Buaaaa aaa aaa!!!!

 

—Bajemos, le daré otra habitación.









—No, ya yo me iba.

 

—¿Qué? No le gusta esta habitación?

 

—No es eso. No puedo perder tiempo, ¡Necesito entrenarme!

 

—¿Para qué? Si por lo visto eres el más fuerte del mundo.

 

Y como afirmándolo le tocó ambos bíceps dándose cuenta que en realidad estaba en forma. Vegeta se contrajo y la miró, se miraron, Mary Ann recorrió la mirada de sus músculos a sus ojos, encontrando una mirada tan fuerte que la obligó a bajar los ojos, algo intimidada.

 

—Ehh... si necesitas entrenar yo tengo la solución, puedes entrenar y vivir aquí al mismo tiempo.

 

—¿Cómo? —Vegeta miró a su alrededor con cierto sarcasmo, como diciendo aquí no hay nada.

 

Lo hizo esperar unas horas sentado en el jardín, felizmente su ropa ya se había secado y la tenía puesta. Al cabo de las horas necesarias, le trajo unos planos complicadisimos que él entendía sin embargo, era una nave espacial con gravedad a gusto para que entrenara, totalmente equipada con los elementos de entrenamiento necesarios. ¿Cómo sabe tanto esta mujer, cómo sabe que yo necesito precisamente ese tipo de pesas?. ¿Por qué me conoce tanto? Se adelantó las respuestas antes de que haga la pregunta ¿Por qué?

 

Mientras tanto, en su cuarto, Diana seguía petrificada, se olvidó de todas las llamadas que tenía que hacer y se quedó pensando en ese hombre. Bueno, por lo visto su mamá lo trajo equivocadamente a su cuarto y ahora estaba en el de huéspedes. ¿Cómo era? Era fuerte y... tenía los ojos más negros que he visto en mi vida, su cabello era raro y...

 

Al día siguiente bajó recién Diana de su cuarto, el hambre la llamaba y se dirigió a la cocina. Vegeta estaba comiendo una fruta y se topó con ella. Él, como si nada; pero ella sintió una sensación de frío en su cuerpo y subió corriendo a su cuarto sin decir una palabra.

"Ay, qué odioso ese tipo... ahora ya no puedo bajar… ¿Por qué?, ¿acaso no es tu casa? Ya pues, come, come nomás, él no te hace nada ¿acaso te intimida? Aayych no!! claro que no!!! Ese tipo qué se cree, que va a estar en toda mi casa y yo encerrada en este cuarto??? de ninguna manera, yo bajo y ese que se vaya al diablo!!!!"

 

Molestisima, se puso una minifalda con un polito muy cortito y así bajó ¿Qué tiene? ¡¡así me siento cómoda!!

 

Bajó sumamente impetuosa y altanera a la cocina pensando encontrarlo, pero él ya no estaba, era Mary Ann mas bien la que estaba sentada desayunando. Diana se sentó con ella.

 

—¿Y de dónde viene ese tipo, eh? —preguntó con susurro, como diciéndole un secreto.

 

—Lo encontré en... y viene de... —le contó la vida entera del saiya, o por lo menos lo que sabía.

 

—Ah.... ¿ah sí?  —Pensó que su pasado era sencillamente fascinante.

 

Al salir al jardín, pasó sin querer por el baño de huéspedes, ahí se detuvo al escuchar un chapoteo y se asomó por el umbral de la puerta, ahí estaba Vegeta, nuevamente las pupilas de Diana se transformaron, pero esta vez no se redujeron a insignificantes puntitos, sino que se agrandaron de tal forma que podía ver cada poro de su cuerpo húmedo, el agua resaltaba aun más los caprichosos trazos de sus músculos, cada que se frotaba con el jabón se marcaban más bajo el agua. El agua fría lo despejaba de todo pensamiento y alejaba los profundos ojos azules de Mary Ann de su mente. "No sé por qué pienso en ella, nunca antes había sentido esto, es raro ¡es humano! ¡bah!"

 

Diana seguía medio agachada asomada en la rendija y se comía las uñas. Luego al escuchar un carraspeo fugó de inmediato.

 

Vegeta salió del baño totalmente renovado, con ganas de empezar de una vez su dichoso entrenamiento.

Estuvo estrenando una nueva forma de entrenamiento. Lo que necesitaba de otros planetas lo tenía justo en una misma nave, todo lo que la tecnología podía hacer... gravedad, atmósfera, máquinas, colchones que amortiguaban las caídas, robots que detenían los poderes (aunque la mayoría resultaban destrozados en cuestión de segundos) no tenía que cazar su comida, podía mojarse las veces que quisiera y no en un asqueroso océano con animales muertos, sin embargo, más allá de eso había algo más, no sabía qué exactamente, pero a veces lo dejaba pensando toda la noche.

 

Una tarde de ocaso a Diana se le venció el castigo. Por fin podía ir a las fiestas que quisiera y podía llamar a medio mundo por teléfono, sin embargo no lo hizo.

 

Vegeta entranaba como de costumbre en su nave en forma de cápsula, pero de repente se abrió la puerta y antes de que pudiera voltear, fue golpeado por su propio rayo que le dio en todo el hombro y parte del brazo, estaba sangrando, pero comprobó con gusto que ese rayo insignificante tuvo gran poder destructivo.

 

—Vegeta-san, lo siento ¿Se encuentra bien? ¡Oh por Dios! ¡Su brazo está sangrando!

 

—Deja, no es nada…

 

—Oh ¿cómo que no es nada? pero mirate, oh no.

 

Mary Ann miró a todos lados para ver si encontraba un trapo para vendarlo, y al no encontrarlo, se sacó hábilmente el brasier, sin descubrirse, y se lo ató minuciosamente y muy nerviosa.

 

—Bueno, esto parará la hemorragia hasta que subamos al cuarto.

 

—Ya te dije que no es nada, por cierto, ¿a qué viniste?

 

—Ah yo solo quería ver que todo esté bien por aquí, pero sin querer lo arruiné, ahora déjame curarte…

 

Antes de que se diera cuenta, Vegeta tenía la mirada puesta en ella, Mary Ann esperaba otra negativa de su parte, pero él no le dijo nada, su sonrisa respondía a toda duda. Ella otra vez sentía bochornos y la sensación de ser hombre y mujer y no Vegeta-san y Mary-san, por lo tanto debía cuidarse "Ja, ja, qué ridícula!"

 

A las siete de la noche Mary Ann lo invitó a la piscina. La noche era fresca y ambos tenían calor. Él al principio se rehusó, pero se dio cuenta que no tendría nada de malo si se bañaba con ella ¡Todo sea porque se moría de calor!

 

En la piscina Mary Ann se divertía de lo lindo con Vegeta, cada pirueta que hacía él en el aire la traía china de risa, le fascinaba ver cómo nadaba, parecía un pez y él se tiraba del trampolín con diferentes estilos, y siempre caía perfecto, y al tirarse salpicaba el agua a Mary Ann, muerta de risa. Quería imitar todos esos estilos, pero aunque él le enseñara con paciencia ella no podía, pero aun así se reía como ninguna.

Diana, con su lata de gaseosa en la mano miraba todo por su ventana, oía risas, susurros, zambullidas, y uno que otro gritito. Mirándolos, redujo su lata a partículas elementales.

 

Mary Ann salió de la piscina un segundo para traer su toalla y Diana aprovechó para bajar.

 

—Vaya... ahora te apoderas también de la piscina ¿no? más tarde, qué, ¿te meteras al cuarto de mamá?

 

—Mmmm no sería mala idea. Ah por cierto, ¿no estabas castigada?

 

—¡MIRA, OYE! YO…

 

—¡Diana! ¡Si quieres báñate con nosotros! Corre, ponte tu traje de baño —la interrumpió su mamá, con alegría.

 

—No gracias, ¡yo ya me iba!

 

—...Ju, ju... —Vegeta rió con burla para sí y se sumergió vigorosamente en el agua, salpicandola todita a Mary Ann llena de gusto.

 

A la hora de cenar Mary Ann no tuvo hambre, pero sirvió comida para él y para su hija y se fue a dormir. Diana entraba a toda velocidad a la cocina mientras Vegeta salía a toda velocidad de la cocina y ambos chocaron. Diana sintió duro y Vegeta sintió suave. No sabía por qué, pero Diana sintió otra vez ese extraño frío, como un cosquilleo. Sus incipientes senos se aplastaron completamente contra los pectorales de Vegeta, pero él ni se fijó, ella sí percibía, hasta sentía cada milímetro de su cuerpo fundirsele con el de él.

 

—¡¡Ay, oye, mira por dónde caminas!! ¡¡La otra vez también te chocaste conmigo!! Parece que buscaras chocarte conmigo a propósito!!

 

—¡¿Pero qué estás diciendo, mocosa?! ¡¡Si la que venía como loca eras tú!!

 

—¡¡No, tú también corrías!!

 

—¡¡No es cierto!!

 

—¡¡Sí, sí es cierto!!!

 

—¡¡Que nooo!!

 

—¡¡Que síííííííí!! ¡¡Voy a decirle a mamá que estás acosándome!!

 

—Kkk... —renegaba el saiya mientras apretaba los puños.

 

—¿Te molestas? Qué ¿acaso tanto te importa mamá? ¿Ah? ¿Tanto te importa? Contestame, contestame, ¿Tanto te importa mamá? ¿Eh? ¿Eh?

 

—¡¡Ya suéltame!!

 

—¡No! ¡¿Tanto te importa?! —cada vez se ponía más efusiva y sus ojos brillaban. Tenía ambas manos en los brazos del saiya, samaqueandolo cual títere. 

 

—Tanto te importa mamá…—se le apagó la voz.

 

Vegeta se quitó con furia las manos de encima y salió de la cocina —¡¡Hmp qué chiquilla tan grosera!!

 

Al día siguiente, Diana estaba lléndose a una fiesta, pero le dio flojera y se tumbó en su cama, ahí mismo se le prendió un foquito y tuvo una muy buena idea que la convenció de ir a esa dichosa fiesta. Se pondría la ropa más sexy del mundo, se maquiillaría, se pondría zapatos de tacón alto, pero... ¡oh no! la señorita no puede subirse el cierre de su vestido solita... alguien tiene que ayudarla y mami no está…

 

—¡¡Vegetaaaaaaa!!! —Vegeta siempre se quedaba al cuidado de la "pequeña" cuando Mary Ann salía, era un favor especial que ella le pedía y él... no podía decirle que no, no podía negarse a la dulzura con la que le pedía dicho favor, aunque la chiquilla era detestable y lo acosaba todo el tiempo, un dia hizo creer a todos que su cuarto se había cerrado y la llave la había olvidado adentro, por lo que Vegeta tuvo que subirla obligatoriamente en sus hombros y ella treparse por la ventana y claro, con insinuantes minifaldas "Ni se te ocurra mirar arriba" pero bien que quería que de algún modo mirara.

 

—¡¡Vegetaaaaa!! Es urgente, ¡Ven!

 

El saiya subió rapidísimo las escaleras pensando que algo malo le estaba pasando, pero al verla tan bien se asombró, quedándose paralizado.

 

—Em... ja, ja, ayúdame con este cierre, please, darling, tengo prisa.

 

—Darling? ¿Interrumpes mi entrenamiento para decirme que te ayude con el vestido? ¡Pensé que te estabas muriendo!  ¡Para la próxima no me hagas falsas ilusiones!

 

—¡¡¿Qu Qué dijiste?!! ¡¿Estás insinuando que quieres que me muera?!!

 

—No sé, interpretalo como quieras  —le dijo marchándose.

 

—¡¡¿Quéééé??!! ¡¡Al cabo que tu también me caes pésimo, quiero que te mueras!! ¡¡¿Me oyes?!!! ¡¡Muérete tú tambien, tonto!! —le contestó sacandole la lengua como niñita picona, lo cual le quedaba como anillo al dedo, sobre todo por las dos coletas.

 



En la fiesta Diana hablaba de Vegeta como si fuera su novio —Uuuyyy ¿quién es ese cuerazo de hombre que te trajo? —porque Vegeta tenía que llevarla obligado a donde ella necesitara -otro favor para Mary Ann- 

 

—Él es mi novio —dijo ella inflando el pecho.

 

—¿Ah sí? ¿y por qué no entra?

 

—Ehh... no le gustan las fiestas.

 

—Ja, ja, no lo creo, ¡Ni siquiera se despidieron con un beso! —intervino otra amiga.

 

—Ayyy es que ... ¡¿A ti qué te importa?! Él tiene las muelas recién curadas… endodoncia… eso, y no puede besarme, ¿está bien?

 

—Mmmm... no lo creo... ¿Se veía muy bien! —interrumpió otra.

 

—¡Uuuyyy sí, muy bien!

 

—¡¡Bien!!

 

—Ja, ja, ja…

 

Diana miraba a sus amigas que se reían a carcajadas y no soportó más la humillación.

 

—Está bien, no es mi novio, pero pronto ya cae…

 

—¡¡¿Quéééé?!! —todas se reunieron nuevamente en círculo.

 

—Ju, ju... Él es un huésped de mamá . Está viviendo en mi casa hace unos días y se fija mucho en mí…

 

—Ahhh ¿ahh sí? ¡¿Y por qué no te aprovechas de la situación?! 

 

—¡¡Puta, sí!! ¡Sí, no seas monga! ¡Ese tipo está como se pide!

 

—Y de donde es, ¿eh? parece extranjero.

 

—Sí, tiene un tipo raro, ¡¡qué cuerpo!!

 

—Oye, lo compartirás, ¿no?

 

—Ay ya, ¡no me atolondren! Primero tengo que hacer que caiga y luego ya veré…

 

—¿Veré? ¡Veremos! Porque tú lo compartirás, ¿no?

 

—Ja, ja, claro, él es fuerte, ¡puede!

 

—¡¡Wohohohohohoo síííííí!!

 

—¡No! Esperen. Primero YO lo conquisto y luego…

 

—Ay Diana, no sé en qué líos te metes, tu mamá se va a dar cuenta —dijo la más centrada del grupo.

 

—¡Ooooyyyy aguafiestas! ¡Tú no sabes nada!




...




Ese día llegó a su casa a las tres de la mañana. Al despertarse en la tarde, como a la una, se asomó por su ventana. Vio en el jardín a su madre tratando de arrancar una yerbamala con muchísimo esfuerzo. Se volvió a acostar, aburrida.

 

En el jardín, Mary Ann a punto de rendirse, sintió unos cálidos brazos que sostenían los suyos y por consiguiente a la yerbamala. Sospechó que era Vegeta, pues era el único hombre de la casa, y acertó. Aun así de sorprendida no volteo a comprobarlo y él seguía detrás de ella, jalando con los brazos de Mary Ann la planta, ella agarraba la planta más fuerte cada vez, a través de los brazos de Vegeta, al punto que ambos -sobretodo él-  sintieron arder en lo más profundo y otra vez hombre y mujer.

 

A pesar de ya haber arrancado la planta, seguian en la misma posición. Sin decir una palabra, él tuvo ganas de recostar su cabeza sobre la de ella, pero no, se separó de ella como entrando en razón. Luego Mary Ann puso fin a las hormonas poniendose de pie, agradeciendole con una sonrisa. Y él se sacudió la cabeza, como entrando en razón.

 

—Arigatoo, Vejiita-san

 

—No fue nada... si necesitas ayuda solo pídelo.

 

-...

 

-...



Diana siguió aquella escenita por su ventana, sintió subírsele la sangre hasta la cabeza.

 

Estaba a punto de estallar cuando escuchó unos pasos rumbo al cuarto de mamá y lógico, dedujo que era ella “A menos que ese Vegeta haya tomado tanta confianza para entrarse al cuarto ¡CON MAMÁ!” Eso sí que no lo permitiría.

 

Entró al cuarto encontrándose con su mamá y le clavó una mirada acusadora, una que nunca había visto en Diana desde que la vió nacer y sintió pavor de pensar que algo malo le pudo haber hecho a su querida hijita, que aun no notaba que iba haciéndose mujer. Su mirada cada vez era más dura, y más asustaba a la pobre Mary Ann.

 

—¿Se puede saber qué te traes con Vegeta?  —dijo la hija a la madre, sin rodeos, cogiéndola en frío.

 

—¿Q Qué te sucede, cariño?

 

—¡Ayyy no te hagas! Crees que no me doy cuenta de cómo te mira? ¡¡Te hace favores y todo, se le cae la baba por ti!!

 

—¿S Sí?  ¿T Tú crees?

 

—¡Ay ya no los soporto! ¡Paran mirándose constantemente! ¿NO TE DA VERGÜENZA? ¡¡Acaba de fallecer mi padre y ya estás detrás del primero que se te presenta?!!

 

—Diana, no voy a permitir que me faltes el respeto, no tengo nada con él, es mi última palabra. ¡Ahora quiero que te vayas a dormir ya mismo!

 

—¡¡Hmp nooo!! ¡¡Quiero saber qué hay entre tú y Vegeta y lo quiero saber ahora, ya!!

 

—Diana-chan, mira, debes saber que tu padre murió hace ya muchos años y no tendría nada de malo que comience otra relación.

 

—¡¡Ahhh entonces!!… —la interrumpió agresivamente.

 

—¡ESCUCHAME! —la madre se impuso más fuerte —Que pueda comenzar una relación no quiere decir que sea con Vegeta necesariamente. Él es muy bueno y amable y…atractivo… pero no… siento nada…

 

—¡¡Aahh y yo soy Caperucita!! ¡Sabes, yo no me chupo el dedo! ¡Tú te traes algo con él!

 

—¿Y eso a ti qué te puede importar?

 

—Hmp no voy a permitir eso. Si mi rival tiene que ser mi propia madre ¡bien! acepto el reto, en esta guerra vale todo, okay? ¡Olvídate que soy tu hija y yo olvidaré que eres mi madre!

 

—¿Quééé? ¿Escuché bien? ¿¿Estás interesada en Vegeta??

 

—(Se sonroja) Mmmm ¡¡Sí!! y voy a… y voy a poner el mundo de cabeza si es necesario!!

 

—(Quería reírse pero se contuvo) ¡ERES MUY INMADURA, HIJA!... Vegeta no se va a fijar en una niña como tú, corazón, te lo digo por tu bien… 

 

—¿Ah sí? ¡¡Pues tampoco creo que se fije en alguien que le dobla la edad!!

 

—¡YO NO LE DOBLO LA EDAD!

 

—¿Apostamos?

 

—...

 

—¡Ya eres muy vieja para él!

 

—¡Y tú eres muy niña!

 

—¡Y tú eres muy vieja!

 

—¡¡Y tú eres muy niña!! ¡¡Se acabó!! ¡¡No me faltes al respeto!!

 

—Si es por él… ju, ju, ya te dije que vale todo, Mary Ann.

 

—¡Ay por favor! ¡Yo no estoy enamorada de él! ¡¡Y me parece una estupidez que quieras conquistarlo, deja de hacer tonterías, no seas caprichosa!! Estar andando en cosas de adultos…¡¡Dedícate a estudiar, ¿quieres?!!

 

—¡DE NINGUNA MANERA! ¡Me tienen harta! ¡Él para detrás de ti! ¡¿No te das cuenta de lo que pasa?!

 

—No… Yo creo que es un hombre amable, eso es todo.

 

—¡Pues púdrete con tu ingenuidad! ¡Yo sí pienso poner el mundo de cabeza!



Diana salió de la habitación tirando la puerta.

Mary Ann suspiró, no queriendo reconocer el sentimiento de su hija. Quería pensar que era uno más de sus caprichos, de esos con fecha de caducidad de una semana.



Mary Ann había recibido de golpe una noticia que le cayó como baldazo de agua fría. Que su hijita se haya enamorado, o más bien encaprichado así de un hombre que era tan difícil, la dejó preocupada, además él se fijaría en otras señoritas de su edad, no en una jovencita de apenas diecisiete años, era complicado, además Diana tenía que dedicarse a estudiar, o de repente se le mandaba y salia embarazada a tan corta edad, ella es irresponsable, me preocupa. Pero nada podía hacer. Cuando Diana decide algo, es que lo consigue, y si lo consigue es peligroso, ¿por qué te metes con él? él no es para ti, niña, mujer.




Al cabo de unos días del incidente, Vegeta se preparaba para recoger a Diana del colegio, como de costumbre. Con tantos problemas y responsabilidades, Mary Ann ya casi se había olvidado de las tonterías que andaba haciendo Diana y normal, lo enviaría a recogerla. Por supuesto él no se negaba a las peticiones de Mary Ann.

 

Estuvo parado puntualisimo, esperándola recostado en uno de los árboles del parque de enfrente del colegio, cuando entre la multitud de chiquillada la pudo ver con varias otras niñas berrinchudas, todas iguales para él, se veía tan niña con la faldita plisada, las dos coletas, la mochila, el chicle en la boca, definitivamente la vio como niña.

 

—¡Uuuuyyy vaya! Ahí está…

 

—Hmm… ¡Provecho, Diana!

 

—¡Ja,ja, ya callate, Locklear! ¿Me está mirando?

 

—Sí, sí

 

—¡Síííííí te está mirando, te está mirando! ¡Le gustas!

 

—Mmmm… ¡Muy bien, acompáñenme al baño, chicas!



Vegeta la vio entrando otra vez al colegio y se fastidió, como hablaba como loro con sus amigas ahora tenía que esperarla un siglo.

 

Diana salió al cabo de diez minutos del baño, transformada completamente, se abrió la blusa dejandose ver el polito cortisimo que tenía, se pintó los labios, se subió la falda, se pintó las uñas y coquetisima le dio el alcance a Vegeta en el parque, sus amigas la veían a los lejos y le sonreían maliciosamente mientras los chicos se quedaban con la boca abierta viéndola tan sexy.

 

—¡Esta torpe se hubiera soltado las coletas!

 

—¡Callate, Locklear!







—Bien Diana, súbete a mi espalda.

 

—Mmmm… ¿me puedes llevar de otra manera esta vez?

 

—Diana, no hay tiempo, súbete, ¡no vas a caer!

 

—Mmmm ¿me lo prometes?

 

—... ¡Te lo prometo!

 

—¿Palabra?

 

—Palabra, ¡súbete ya!

 

—De acuerdo, pero déjame poner mi pierna aquí, la tengo adormecida.

 

Puso su pierna entre las de él, tenía curiosidad de sentirlo de cualquier manera.

 

—Vegeta… ¿podemos ir más despacito?

 

—No puedo, Mary Ann quiere que llegues temprano.

 

—Mmm Mary Ann, ¡siempre Mary Ann!



Ya después en el camino le empezaba a acariciar el cabello y hasta le soplaba la oreja, Vegeta no decía nada, pero le fastidiaba un poco, pero en fin, ya pronto llegarían a casa.



Ya era casi de noche, las estrellas brillaban y, la luna lucia deliciosa, como nunca y el ambiente era tranquilo, tranquilo porque Diana ausentaba, pues se había ido a “estudiar” a casa de una amiga, tal vez de Locklear.

 

—El cateto opuesto sobre la hipotenusa es igual a la raíz…

 

—¡Ya cállate, Locklear!

 

Decidieron mejor dejar los estudios para ponerse lindas, con ropas atrevidas y con un montón de pintura en la cara e ir a una disco de por ahí cerca, todos los chicos las esperaban.

 

Horas más tarde (y a pedido de Mary Ann) Vegeta fue a recogerla.

 

Vegeta entró a la discoteca sintiendo de golpe una atmósfera sobrecargada, un aire que se respiraba caliente, una música ensordecedora y grititos féminos por doquier.

 

“Ahhh ¿qué es este lugar? ¡¡es patético!!” Pensó Vegeta sin poder ver muy bien por el vapor y los humos de colores.

 

—Ohh Diana, ¡¡ahí está Vegeta!!!

 

—¡¡Aayy sí, mira!!

 

—Ahhh es Vegeta… ¡¡Vegeta, ven acá!!!!

 

Al oírla se aproximó inmediatamente, con la esperanza de sacarla rápido de ahí y largarse. 

 

—¿Por qué estás con esa cara? No me digas que nunca has estado en una discoteca…

 

—Omm sí, pero en Vejiita-sei eran diferentes. ¡Este lugar está plagado de mocosos!

 

—¡Ay Vegeta, ya entra en ambiente! En este lugar solo importa la diversión ¿entiendes?

 

Y de golpe las demás jovencitas se le acercaron, lo arrinconaron, le arrancaron la camisa, destrozandola, y al ver esos pectorales tan bien marcados  y fuertes se sorprendieron, esos brazos eran perfectos y el abdomen uy qué fuerza, lo acariciaron, por ahí le masajearon los hombros y una más atrevida le besó el cuello. Vegeta estaba incómodo, se sentía fuera de lugar en ese sitio tan extraño y con todas esas manos adolescentes encima.

 

Por ahí en una esquina, el jefe del grupo, un muchacho fornido estaba sentado jorobado y con veinte chelas en la mesa, rodeado de quince amigos fornidos a cada lado, miraban todo, pero en especial a ese “intruso” que acababa de llegar y que las chicas se le pegaban. Con furia infinita, clavó un cuchillo en la mesa “¡Tú no me agradas!” pensó apretando los dientes.

 

—¡Vegeta, ven! ¡Baila conmigo! —insistió Diana

 

Vegeta miró para abajo, vacilando, su boquita se redujo a un puntito y pestañeaba.

 

—¿Hmp pero qué crees, que soy tu juguete?

 

—¡¡No, tú vienes y bailas conmigo!!

 

—Ehh no, no, espera…

 

—¡Ven!

 

—Ehh…

 

Y de repente lo jaló del brazo con fuerza. Vegeta al principio no supo llevar el ritmo de ese “Trance” tan complicado, por lo que le salió medio tieso, en cambio Diana se movía como una culebra frente a él, se agachaba, subía, le movía las caderas, la cintura, con un swing increíble, Vegeta la miraba sorprendido. A la pieza siguiente le cogió el ritmo, progresaba a cada minuto de la música, al cabo de un par de piezas más, se empezó a mover como culebra también, bajaba, subía, bailaba con una sensualidad masculina increíble, al punto que las chicas se le pegaron todas como imán, todas le bailaban, y él bailaba con todas , “solo porque estaba divertida la cosa”

 

En la esquina el joven líder, el “más más”, el “guapo”, el “interesante”, el “manda más” , el más “chulín” no pudo más de los celos y se levantó agresivo y pleitista con todos sus seguidores. Se plantó frente a Vegeta retándolo con la mirada, con el mentón hacía arriba.

Vegeta puso una cara de “¿qué le pasa a este chiquillo?” subiendo una ceja y frunciendo la otra, con la boca entreabierta.

 

El muchacho le dio un empujón con mucha fuerza, pero como es de esperarse, en Vegeta no surtió efecto, quedando en el mismo lugar mirándolo.

 

—Oye, ¿Quién rayos eres tú, ah? ¡Aquí no te conozco ASÍ QUE PUEDES LARGARTE POR DONDE VINISTE! ¡EN ESTE LUGAR MANDO YO, ASÍ QUE EL QUE YO NO CONOZCO, NO ENTRA!!! —amenazó el mozalbete.

 

—¡Ju! Me importa un bledo conocerte —se volteó con bastante indiferencia en respuesta, cruzando los brazos. Por ahí se escucharon varios murmullos, ya que nadie hasta ahora había sido capaz de retarle de esa manera, él era el jefe, el único con quien permitían los demás chicos que les sacaran la vuelta sus enamoradas.

 

—¡¡OYE, A MI NADIE ME DESPRECIA DE ESA MANERAAA!! —le gritó tirando de su hombro. Gran error. Vegeta, muy tranquilo, le dio un puñete que lo hizo destruir la puerta para finalmente clavarlo en una pared del frente.

 

“¡¡Ahhhh!!” “¡¡Woooow!!” Todas las chicas lo admiraban y los otros pandilleros salieron disparados. Vegeta se encogió de hombros y dio un soplido, se sacudió la cabeza y, hastiado, jaló a Diana de la cintura y la pegó contra su pecho —Vámonos —dijo él, determinante.

 

—¡¡Oye, eres increible!! ¡¡Nunca vi a un hombre con tanta fuerza!!

 

—...Hmm… además bailas excelente…

 

—¿Quién te enseñó a moverte de esa manera. ehh?

 

—...Hmmm… ¿cómo fortaleces esos brazos brazos, mmm?

 

—...Mmmm…

 

—...Ahhh…ja, ja…

 

Vinieron como diez chicas más y lo arrinconaron en una pared, él se tropezó con uno de los vestidos largos y se cayó y todas se agacharon con él, todas lo acariciaban y hasta le quitaban el pantalón, él quería levantarse e irse pero no podía, estaba demasiado acorralado, cada que se zafaba de una chica se venía otra, se quitaba una mano y venían mil más, era el colmo.

 

—...Hmm… es insaciable… 

 

—¡¡Hmp ya basta!! —y se paró Vegeta hastiado, con decisión se quitó a todas las hormonadas señoritas de encima.

 

—¡¡Te amo, Vegeta!! ¡¡Ja, ja, ja, ja!!

 

—¡¡Ja, ja, ja, ja!!

 

—¡¡Ja, ja, ja, ja!! —decían todas burlándose, una le dio una palmadita en el popó.

 

—Grrr…

 

—¡¡Ja, ja, ja!!

 

—¡¡Hmp ya vámonos, Diana!!

 

—H Hai!  —la tomó en brazos y despegó a toda velocidad.

 

—...Mmmm… primera vez que me llevas en brazos…

 

—Es que estamos apurados —fue su respuesta.

 

—Pero por qué, si Mary Ann no está en casa.

 

—¿Qué?

 

—Sí, Mary Ann tenía una cita con Haruko-san… que yo sepa.

 

—Na Nani kuso? si yo la dejé en casa…

 

—Ja, ja qué ingenuo eres… te mandó a traerme para ella tener tiempo de salir.

 

—Chikusho!! ¡¡¿desde cuándo tiene pretendiente?!!

 

—¡Ufff! los hombres la acosan, los tiene a montones, además creo que va a formalizar su relación con Haruko-chan.

 

—¿Quéééé? —detuvo el vuelo de golpe, haciendo que ella se choque fuertemente contra sus pectorales, los cuales definitivamente amortiguaron el impacto y haciendo que el golpe fuera de cierta forma, “excitante”

 

Apretó los dientes y las manos sintiéndose impotente, sintiéndose burlado y fracasado, pero ¿fracasado él? ¿era posible que él fracasara? él, que con un chasquido de dedos hacía que vinieran las chicas que quisiera a su alrededor? en Vejiita-sei, en la Tierra, en Xsther-sei, en Marte, ¡en donde quisiera! Pero Mary Ann era diferente, no es que no cayera fácil, pero es que era todo un proceso conquistarla, lograr que sonriera de puro gozo era todo un ritual, un desafío. Una bella señora, muy delicada era. Por eso se enamoró de ella, porque en verdad le costaba trabajo y una que otra cursilería “¿Rosas? ¿se les regala rosas a las mujeres de la tierra? en Viejiita-sei bastaba una oreja de mamut goteando sangre y la mujer moría de dulzura!”

 

Diana soltó una risita malévola, sonriendo de medio lado, lo que Vegeta captó al toque, poniéndose una mano en la cintura y mirándola acusadoramente, como pidiéndole una explicación, parecía creer que era un plan de Diana, qué no haría esta loca por alejarlo de su madre.

 

De repente, toda sonrisa que pudiera tener en el rostro se le vino abajo de inmediato al notar que Diana hablaba en serio, sí, le pareció escuchar a Mary Ann hablando por teléfono con ese tal Haruko, pero no le dio importancia en ese entonces, pues seguro se trataría de algo de trabajo, pero una mujer como ella de hecho que tenía pretendiente.

 

Aceleró el vuelo de golpe, medio que para que Diana se cayera, y en efecto se cayó y dio un gritazo todo histérico que alarmó a Vegeta, avisándole que ya estaba a centímetros del suelo, disparado la detuvo, quería matarla pero después de todo no lo iba a hacer.

 

Llegó a la casa todo cabizbajo, sin ganas de reprochar nada, solo quiso tumbarse en su cama y no pensar en nada, ni siquiera sabía por qué le creía a esa mocosa, tal vez solo buscaba un pretexto para justificar su inseguridad para con Mary Ann, es que era tan linda y buena que sería imposible que no tuviera algún pretendiente por ahí. 

Pero Mary Ann lo llamó avisando que había preparado su platillo favorito. Al escuchar su voz, Vegeta no tuvo más remedio que quedarse enterrado en su cama dándose cuenta que fue una estúpida presa fácil para las trampas de Diana, ya no sabia si reirse o llorar. Pero igual le quedaba una duda, ¿y si la cita con Haruko-chan  (cómo odiaba que le llamaran “chan”) era más tarde? No, esto tendría que arreglarlo ahora mismo, no se podía burlar de él una simple terrícola. Al no hacer caso a sus llamados, Mary Ann no tuvo más remedio que ir a buscarlo. Entró en la habitación tímidamente pensando que de repente estaría vistiéndose, pero ahí estaba él, parado de espaldas a ella.

 

—Emmm… Vejii-chan, hice esos fideos con carne que tanto te gustan…

 

—...

 

—Mmm… Vejii-chan, ¿ocurre algo?

 

Por dentro, él se maldecía por dejarse llevar por esos estúpidos sentimientos humanos, también maldecía a Diana y a Mary Ann por engañarlo, maldecía a ese perro de Haruko, y sobre todo maldecía que le diga Vejii-chan.

 

—Saldrás hoy con Haruko, ¿verdad? —preguntó fríamente y sin mirarla.

 

—Emmm… No. Haruko vendrá aquí a casa hoy, ¡también le encantan los fideos con carne!

 

Esta vez, Vegeta no sabía si reírse de semejante sarcasmo o simplemente mandar al diablo todo. Iba a reclamarle, pero prefirió contenerse, mejor esperar a que venga Haruko y ahí sí… habría un espectáculo increíble “Ju, ju le romperé la cara, ju, ju, ju”



Llegó la hora, Mary Ann se vistió elegantísima, más linda que nunca, también obligó a Vegeta a ponerse bien, ese dia le compró ropa a domicilio, y por supuesto Diana espiaba cuando se probaba la ropa, es que todo le quedaba tan excelente, y esa carita de fastidiado que ponía al probarse la “estúpida” ropa lo hacía tan gracioso. Pero había que verse bien para romperle la cara a ese infeliz.



Tin Toooooon… Tin Toooooon. Sonó el timbre 



A Mary Ann le brillaron los ojos —¡Ahh debe ser Haruko-chan!

 

Vegeta apretó los dientes y los puños, casi se le va encima a la puerta, se contuvo, Mary Ann abrió la puerta…

 

 

...