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Habían tenido una noche algo agitada porque el mal nunca descansaba y ellos debían de velar por la seguridad de los habitantes de Nueva York, sin embargo, ya estando en la comodidad de su guarida, Miguelángel no dudo ni un segundo en adelantarse y prácticamente correr hacia uno de los vagones que había sido destinado a ser una de las extenciones del laboratorio que su hermano genio tenía y cruzar por el umbral circular de metal que mantenía un portal fucsia totalmente estable y en funcionamiento las veinticuatro horas, todos los días de hace más de medio año; exactamente, desde que habían conocido e interactuaron con contrapartes interdimensionales por primera vez.
–Pareciera que le gusta estar más allá que aquí en casa– se rió el pargo después de que vio desaparecer con prisa a su hermano menor. Ambas tortugas de en medio compartieron una mirada cómplice y no tardaron en seguir el ejemplo del más pequeño.
–Vamos. Estoy seguro de que también mueres por cruzar– el de bandana azul le guiño un ojo al más grande y este solo desvió la mirada sin negar ni una sola palabra. Eso solo hizo que Leon riera.
Las tres tortugas cruzaron por el portal sin ningún problema, ya bastante acostumbrados a ver el gran dojo que los recibía cada que llegaban a la dimensión de sus alternos. Solo que está vez, en vez de estar iluminado por la luz natural del sol, solo habían unas cuantas luces tenues que le daban un ambiente cálido y tranquilo al lugar ya oscurecido por la hora que era.
–Mm, ni rastros de Miguel– señaló el deslizador observando a los lados en busca de su hermanito de naranja comenzando a caminar para salir del dojo.
–Y tampoco se escucha que ambos Mikeys estén en su habitual bullicio al verse por millonesima vez hoy– rodó los ojos el de morado. Pero a pesar de que su tono había sido indiferente, Raph que iba más atrás que sus dos hermanos notó como la colita del genio se agitaba ansiosa.
Raphael no pudo evitar reír por lo bajo, Donnie quería aparentar que no estaba igual de feliz que Miguelángel por ver a su contraparte, pero habían ciertas cosas que solo no podía controlar totalmente y está era una de ellas. Sin embargo, el de rojo lejos de mencionarlo o burlarse -como estaba seguro que lo haría el de azul- solo guardo silencio y siguió adelante hasta que los tres estuvieron fuera del dojo y entraron a la sala común de la guarida, se percataron de que no había nadie más que solo la televisión encendida y un Rafael roncando frente a ella.
–Vaya, eso explica porque todo esta en silencio– sonrió el deslizador observando al homologo de su hermano mayor dormitar tranquilamente sobre el único puff que había y que por supuesto, era su lugar favorito.
–Pareciera que en cualquier momento se le va a caer la cabeza– se burló Don observando lo tan torcido que tenía el cuello el temperamental.
–Mm... creo que tienes razón, así que yo me encargaré de él– dijo el pargo y sin esperar respuesta, se dirigió con pasos suaves hacia el más bajito.
–No esperaba menos. Bien, yo me voy a la habitación de Leo, así que no me esperen– sonrió algo malicioso el de orejas rojas y Don resopló, sabía que implicaban esas palabras, así que él solo se dedicó a seguir su camino hacia la cocina de sus alternos.
Necesitaba una taza de café y... estaba seguro de que su contraparte también. Se sorprendió de escuchar leves sonidos viniendo de la pequeña habitación, asi que entró y la tortuga de caja le dió la bienvenida.
–Hola Dee– sonrió Angelo moviéndose de un lado a otro, sin hacer tanto ruido. Don alzó una de sus cejas gruesas curioso.
–Miguel, pensé que estabas con Mikey– camino hacia la cafetera y comenzó a hacer lo que había planeado desde el principio.
–Si, iba a hacerlo, pero creo que ya va a ser hora de que despierte por un bocadillo nocturno y quería prepararle algo antes de ir con él– sonrió la tortuga de manchas naranjas, entonces Don se fijó mejor en lo que estaba haciendo su hermanito y pequeños triángulos de sandwiches apilados en un plato algo grande lo saludaron– puedes agarrar algunos para ti y Donnie también si quieres.
–Mm, eso es muy conciderado de tu parte– sonrió el de manchas en forma de rectángulos morados y le hizo caso al menor. Cuando el café estuvo listo, lo sirvió en dos tazas y preparo todo sobre una bandeja para llevarlo hacia el laboratorio de su contraparte.
–Tu también eres conciderado por querer cuidar de Donnie– dijo el de diastema, riendo internamente por lo adorable que podía ser Donatello cuando hacia actos de servicio para otros.
–Si él fuera más atento a su propio cuidado, no tendría porque hacerlo yo y si muere ya no voy a tener a nadie con quien crear y hablar sobre ciencia– respondió, aunque había cierto rubor tenue salpicando su expresión indiferente. Mike sonrió juguetón y colocó un paño de tela sobre la comida restante que quedó en el mesón.
–Y estoy seguro de que Donnie aprecia eso– afirmó el menor guiñándole un ojo y Don solo resopló, pero sonrió.
–Tiene que. No hago esto por cualquiera– tomó la bandeja y avanzó siendo seguido por su hermano pequeño hasta que ambos salieron de la cocina.
–¡Por supuesto!, Donnie sabe lo especial que es para ti– le dió unas cuantas palmaditas en el hombro izquierdo y sin borrar su sonrisa se separó del de morado y se despidió corriendo hacia la habitación de su alterno.
Don suspiró y observó lo que tenía entre sus manos, entrecerro los ojos y siguió su camino, solo que del lado contrario de su hermanito de naranja dirigiéndose al laboratorio de Donnie, fijándose que la televisión ya no estaba encendida y ni el pargo o el temperamental se encontraban ahí.
El caparazón blando no pudo evitar volver a suspirar.
–Realmente especial ¿eh?...– susurró para si mismo subiendo cada escalón ansioso por ver a la tortuga más bajita, hasta adentrarse en el gran espacio de Donnie.
[...]
Leon camino tranquilamente hacia la habitación de su alterno mayor, se dió cuenta que había luz adentro y el pensamiento de que todavía estaba despierto paso por su mente, pero luego de tocar dos veces la puerta y no recibir ninguna respuesta, ese pensamiento se esfumó. Hizo una mueca confundido y lo más sigiloso que pudo, abrió para poder observar el interior, sus ojos rápidamente enfocándose en la cama de la tortuga de espalda de diamante, donde esté se encontraba acostado.
Leon sonrió de lado con suavidad y no tardo en adentrarse al lugar. Cerro detrás de él y camino cuidadoso de hacer ruido y asustar a su durmiente contraparte, no quería perturbar la paz del otro ninja de azul.
Suspiró cuando estuvo frente al reptil más bajito, se colocó de rodillas y observó de más cerca el rostro de su amor.
Leo no llevaba su bandana puesta, pues está se hayaba en su cuello, sus manos caían sobre una historieta que Leon estaba seguro, había estado leyendo antes de sucumbir ante el sueño. La sonrisa boba no se iba de los labios de la tortuga más joven, solo pensaba en lo bonito y tierno que su novio se veía así. Pequeños suspiros se escapaban de sus labios y eso creó una necesidad desconcertante, pero no ajena en su pecho.
–Quiero besarte– soltó en un murmullo, alargando una de sus manos hasta acariciar con delicadeza la cálida mejilla del mayor.
–Entonces deberías hacerlo...– respondió Leo abriendo lentamente sus ojos azules, brillantes e intensos. Una sonrisa juguetona resbalandose por su boca. El deslizador no pudo evitar saltar de la impresión, pero no se retiró.
–¿Desde hace cuánto estás despierto Leo?– interrogó Leon sonriendo con molestia falsa. Sus mejillas las sentía algo calientes y su pulso agitado, pero no era precisamente por el susto.
–Mm... desde que tocaste– respondió el de espalda de diamante, sin aún borrar la sonrisa burlona que bailaba por sus labios. Leon entrecerro los ojos.
–¿Y por qué no me abriste?– su pulgar se movió de arriba hacia abajo acariciando el rostro de su novio. Leo se regocijo ante la atención, disfrutando de lo dulce que era su pareja.
–Bueno, quería saber que harías... y resultaste siendo un acosador– se burló Leo, la expresion de indignación de su alterno hizo que una risita se escapara de sus labios.
–No soy un acosador. Es tu culpa ser tan bonito de ver. Es totalmente tu culpa que me gustes mucho Leo– dijo el de rayas amarillas causando que las mejillas del contrario se encendieran de golpe. Leon sonrió triunfante y se acercó mucho más al mayor hasta quedar solo a cinco centímetros de su rostro– ¿puedo besarte?
–Eres un tonto... ya sabes la respuesta a eso...– sonrió con algo vergüenza y el menor no tardó ni un segundo más en atrapar la boquita dulce de su alterno. Leo no puedo evitar suspirar dentro del beso, llevo sus manos hasta la nuca de Leon evitando que se separará.
Tal vez la posición era un poquito incómoda, pero a ninguno le importo eso. Solo querían sentirse y disfrutarse, saborear los labios del contrario y envolverse en el cálido amor que ambos estaban transmitiendo a través de caricias lentas y besos tiernos.
Cuando el contacto se terminó paulatinamente y con un último piquito ambos se vieron a los ojos y sin decir nada, Leo invito al de orejas rojas a acostarse a su lado y el menor se acomodó sobre el lecho hasta tener el caparazón del mayor contra su peto y su rostro escondido en el cuello de su alterno, donde dejó un rastro de delicados besos que hicieron reír al mayor.
–Te quiero Leo– susurró el deslizador dejando un último osculo sobre la mejilla del más bajito. Los latidos de Leo se agitaron y suspiró.
–Yo también te quiero Leon... descansa– fue lo último que dijo y fue lo último que León escucho antes de ambos cayeran profundamente dormidos.
Tan cálidos, felices y enamorados.
[...]
–Deberías de tener más cuidado en donde te quedas dormido Rafa– reprendió suavemente el pargo mientras que con delicadeza sostenía a la tortuga más pequeña entre sus brazos al estilo nupcial.
Rafa gruñó algo inteligible y se acomodó mejor entre los brazos del más grande quien sonrió ante lo tierno que estaba actuando su alterno. Suspiró y se encamino hacia la habitación que le pertenecía a su mayor, se adentro a ella y después de cerrar despacio la puerta, se dirigió a la cama para dejar a la tortuga temperamental en ella.
–Espero descanses mejor aquí– murmuró acomodando a su alterno más bajito, sin ambargo, los brazos de Rafa rápidamente se envolvieron alrededor del cuello de Raph, su rostro quedando justo sobre una de las clavículas del pargo.
–Si te vas, voy a golpearte muy fuerte...– amenazó el de bandana roja restregando levemente su cara sobre la piel desnuda que el peto de su alterno no cubría.
–Mm, esa es una manera muy dulce de pedirme que me quede Rafa– bufó una sonrisa el pargo, irónico, pero no se alejó del mayor.
El silencio que le siguió se extendió por tan solo unos segundos antes de que el de espalda de diamante lo cortará.
–Quedate... ¿si?– susurró Rafa lo más bajito que pudo, sintiéndose avergonzado. Raph sintió su pulso agitarse aún más y una sonrisa llena de ternura estiró las comisuras de sus labios suavemente.
–Por su puesto que si Rafa– respondió sintiendose incapaz de negarle algo a la tortuga de quién estaba tan enamorado– pero antes tengo que que prepar las cosas, sabes que tu cama es muy pequeña para mí.
Rafa se quejó, pero de todas formas se separó del gigante y sintió con pesar como el calor de su alterno se iba alejando, se contuvo de gruñir y espero paciente mientras veía al menor sacar mantas suaves, algunas almohadas grandes y otras medianas que desde hace unos dos meses atrás comenzaron a guardar en su habitación para que su contraparte durmiera con él. El recuerdo lo hizo sonreír con levedad, su corazón se agito y cuando ya estuvo todo listo, Rafa espero a que su amable gigante se acostará sobre su caparazón para el rápidamente subirse sobre él.
El de bandana roja admitía que al principio está posición era sumamente vergonzosa para él, pero no le costó acostumbrarse. Era cálido y el pargo lo rodeaba tan bien, lo cubría casi por completo con sus fuertes y enormes brazos, le hacía sentir protegido. Esa sensación tan singularmente tierna que inundaba su corazón era reconfortante.
–Tardaron bastante... ¿pateaste algunos traseros difíciles?– interrogó el mayor levantando la vista, el sueño se había ido un poco y ahora quería saber sobre el día de su alterno. Raph rió.
–No, bueno- realmente no fueron difíciles, solo que si fueron muchos. No entiendo cómo los villanos se ponen de acuerdo para aparecer al mismo tiempo– se quejó soltando un suspiro irritado, Rafa sonrió de lado, sus ojos verdes brillantes.
–La próxima vez deberíamos ir tu y yo a golpearlos y enseñarles de una buena vez la lección– comentó el más pequeño haciendo reír al pargo.
–Por supuesto que si– estuvo de acuerdo el menor posando sus manos sobre el caparazón del contrario, acariciando suavemente.
Rafa no pudo evitar soltar un suspiro de satisfacción, derritiéndose ante los gráciles y gentiles toques.
–¿Se siente agradable?– preguntó el más grande sin detener su masaje. Rafa huyó de la mirada llena de fascinación de la tortuga gigante y resopló tratando de actuar indiferente.
–Supongo que si...– respondió con las mejillas rojas y el corazón acelerado– creo que es justo que... también te de algo a cambio ¿no?...
El menor se sorprendió y cuando iba a aclarar que no hacía eso con la intención de recibir algo, su contraparte se movió ágilmente y selló sus palabras con sus labios. Los ojos del de pañuelo rojo se abrieron impresionados, aunque la sorpresa no evito que correspondiera con el mismo entusiasmo que Rafa.
Las enormes manos del menor se aferraron al más bajito y Rafael se estremecio, un pequeño suspiro gustoso se ahogó sobre los labios del reptil más grande.
Y así duraron por algunos segundos, luego se separaron lentamente, abrieron los ojos y sus miradas brillosas, intensas y anhelantes lo decían todo. Rafa le sonrió al pargo y este correspondió el gesto.
–Creí que no-... bueno, que no te agradaba de esa forma– murmuró Raph sintiéndose tímido, pero tan feliz.
–Nunca dejaría que nadie más haga lo que tú, tortuga gigante y tonta, me hace... yo- yo crei que estaba siendo demasiado obvio contigo... todos lo notaron de inmediato– confesó el de espalda de diamante avergonzado, aunque no apartaba la mirada del rostro cada vez más brillante de su alterno. La vista solo lo hacía sentir cálido.
–Lamento no haberlo notado antes– se disculpo el grandote, causando que la otra tortuga negará– mm, ahora entiendo el porqué Leon me insistía tanto en que te dijera que... me gustas Rafael– susurró lo último y esas palabras solo causaron que el de bandana roja gruñera abochornado.
Sin embargo, no respondió con palabras porque de inmediato inicio otro beso, donde esperaba que el pargo comprendiera que el también estaba confesando sus sentimientos. Raph se rió entre el beso, sintiendo todo lo que el mayor le quería decir. Y esa era una de las muchas razones por las que Rafa se había enamorado de su contraparte más joven.
Raph lo entendia aún sin palabras de por medio.
[...]
Sabía que era inútil tocar la puerta, después de todo ya conocía que su contraparte a pesar de ser un ninja con muchos años de entrenamiento, tenía el sueño algo pesado y a menos de que no fuera su estómago -o una verdadera emergencia- el que lo despertará, entonces no lo haría. Así que Miguel se abrió paso dentro de la habitación de su alterno mayor, cerró la puerta con cuidado y como todo el lugar estaba en penumbras y el suelo era literalmente un campo minado, activo su Nimpo y dejo que varias cadenas iluminarán su camino.
Angelo sonreía mientras esquivaba la variedad de cosas que estaban regadas por toda la habitación hasta que finalmente pudo estar junto a la cama de la tortuga de espalda de diamante.
–Vaya que soy bueno bailando– suspiró entre risas el más joven dándose palmaditas en lo hombros por no haber hecho ningún ruido.
Sus ojos rápidamente se dirigieron hacia su alterno, quien estaba boca arriba, roncando suavemente, su bandana se hayaba a un lado el y uno de sus brazos tenía atrapado a un osito de peluche que Angelo sabía era bastante espacial para él. Las cadenas a su alrededor se iluminaron un poquito más, el resplandor naranja bañaba toda la figura durmiente de su amado, sentía la paz que el mayor le estaba transmitiendo, su corazón se aceleró y no esperó ni un segundo más para poder subirse al mueble y finalmente abrazar al mutante de quien estaba tan enamorado.
Miguel suspiró feliz; contento y satisfecho de finalmente tener a Mikey entre sus brazos, sentir como su respiración uniforme y tranquila hacia que su pecho subiera y bajara, el calor de su cuerpo contra el suyo y el confort y la comodidad que inundaba su corazón era todo lo que necesitaba después de haber luchado contra los malos de su dimensión.
Mike se sobresalto levemente cuando sintió como su mano derecha, la cual pasaba por encima del peto de su alterno era sostenida, para rápidamente sus dedos pequeños entrelazarse con unos más gruesos y grandes, sintió el calor del contacto y su mirada se dirigió hacia el contrario de inmediato, las cadenas de su Nimpo seguían ahí, dándole una cantidad perfecta de luz para ver el rostro aún adormilado pero feliz del reptil más grande.
–¿Y mi beso?– preguntó en un murmurllo el de pequitas presionando una de sus mejillas contra la de la otra tortuga.
Miguel rió con ternura y asintió comenzando un recorrido de pequeños besitos sobre el rostro del mayor hasta que sus labios se posaron sobre los de Mikey.
Miguelángel suspiró contento y presionó un poco más la mano de su alterno que aún tenía entre la suya, ambos disfrutando del contacto tan suave y dulce.
Sin embargo, el gruñido que emitió el estómago hambriento de Mikey causo que ambas tortugas se congelarán y se separaran, el de pecas riendo algo avergonzado.
–Lo siento...– se disculpó el mayor encogiéndose un poco en su lugar. Miguel observando como el sonrojo se extendía por las mejillas de su pareja y riéndose por lo apenado que se veía Mikey.
–No hay problema nene. De todas formas te prepare algo, ¡vamos!– exclamó la tortuga de caja separandose de su alterno para luego arrastrase fuera de la cama, Mikey imitó su acción con más pereza de la que le gustaría tener.
Cuando finalmente estuvo de pie, tomó su bandana para ponérsela, pero el más bajito lo impidió colocando sus manos en las de su alterno para que la máscara quedará atada a su cuello y no sobre sus sorprendidos ojos celestes.
–También me gusta verte así... eres muy lindo, bebé– afirmó Mike, su tono de voz bastante meloso, sus párpados caídos observando a Mikey con intensidad. Causando que la tortuga mayor se estremeciera sintiendo como su pulso se aceleraba otra vez y su vientre se removía, pero no precisamente por el hambre.
–¿V-vas a quedarte a dormir, Angelo?– preguntó el más alto tratando de desviar el tema. Tomó una de las manos del menor para guiarlo fuera de la habitación y dirigirse a la cocina, tratando de calmar su estado nervioso.
–Sip. Los villanos me quitaton toda la energía, así que necesito estar con mi chico para recuperarme– respondió el de manchas naranjas sacándole una risita al de pecas.
Mikey agitó adelante y hacia atrás sus manos unidas y se acercó hasta que presionó un beso fugaz sobre la frente del menor. Mike se regocijo ante el contacto inesperado.
–¡Deja que yo me encargue de todo, cariño!– le aseguró el mayor y Miguel asintió sin dudarlo– ¿entonces qué sería bueno? ¿ver algo de dibujos animados antes de dormir? ¿o solo tomar un baño ligero y después acurrucarnos?– interrogó el de pecas y para Mike todo eso sonaba increíble, pasar el tiempo con su novio era tan especial para él.
–Me encantaría hacer todo, pero creo que por hoy me voy por la segunda– dijo y Mikey asintió sin borrar la sonrisa, aunque está se torno un tanto más avergonzada y Miguel lo observó con curiosidad.
–¿Ju-juntos... o solo tú?– murmuró el mayor con ojitos brillantes y mejillas rojas. Y Mike no pudo evitar sentirse enamorado.
–Mm, eso es fácil de responder– señaló la tortuga de caja acercandose hasta pegarse por completo al costado de su sorprendida contraparte. Angelo le sonrió pícaro– me gustaría que fuera juntos... no quisiera sentirme solito...
La tortuga más alta trago con algo de fuerza, su rostro tornándose aún más rojo, soltando una risa que solo delataba lo nervioso que lo había puesto su pareja; Miguel rió satisfecho. Le encantaba avergonzar a su alterno, más por el hecho de que era difícil hacerlo y también porque se veía tan encantador.
–Pero primero tienes que comer, luego podemos hacer... todo lo demás– el reptil más joven le guiño un ojo y Mikey asintió, sintiéndose nervioso y repentinamente, con mucho calor.
[...]
Don observó dentro del espacioso lugar, encontrando de inmediato a su alterno quien se encontraba en su escritorio trabajando, las gafas protectoras que solía usar estaban sobre sus ojos y la luz de lo que sea que estuviera soldando iluminaba su rostro concentrado.
Sus pasos eran suaves y sabía que el mayor ya lo había notado, así que solo dejo la bandeja que traía frente a la tortuga más baja indicándole que dejara de trabajar y que le prestará atención a lo que había traído.
–Creí que no ibas a venir está noche– comento el de bandana morada dejando de lado sus herramientas para sentarse bien y retirar los googles de su rostro dejándolos descansar sobre su cabeza.
–Mm, si estuvieras más pendiente a tus mensajes entonces sabrías que te avise de nuestra demora– rodó los ojos, Donnie se sorprendió y alcanzó su t-phone rápidamente dándose cuenta de que el caparazón blando tenía razón.
–Ah, lo siento... estaba bastante concentrado en esto– sonrió avergonzado el mayor, dándole una agradable vista al más alto.
–No me sorprende, de hecho lo suponía. Así que dime, ¿en qué estás trabajando ahora?– preguntó el menor inclinándose un poco sobre el escritorio para ver lo que hacia su contraparte antes de que llegará.
–Alfil nos pidió ayuda con encontrar las recervas de mutageno que aún hay en la ciudad, así que estoy actualizando mi escáner para que consiga un mayor alcance y precisión– respondió Donnie con entusiasmo.
–Vaya ¿aún queda de eso?– se sorprendió el de pañuelo morado tomando una de las tazas de café que había traído, le ofreció la otra a su alterno y este la acepto con una sonrisa agradecida.
–Si. Y al parecer es una buena cantidad la que todavía hay esparcida por la ciudad y es bastante peligroso. Tengo retromutageno de recerva, pero es mejor que no hayan más mutantes por Nueva York– hizo una mueca el genio con diastema tomando un sorbo de la bebida caliente, suspirando feliz.
–Me gustaría salir contigo a buscar el resto de esa sustancia– dijo Don sonriéndole lo más inocente que podía, causando que el mutante mayor frunciera el ceño y entrecerrara los ojos sospechoso.
–Tus hermanos me dijeron que por nada en el mundo te dejará estar cerca del mutageno y tampoco del uranio– replicó tomando uno de los sandwiches que habían en la bandeja y Donnie supuso, los había preparado Miguel.
–¡Traición! ¿cómo es posible que ¡tú! ¡precisamente tú!, siga lo que mis hermanos dijeron?– exclamó indignado el de marcas moradas. Donnie observó entretenido al menor.
–No estoy obligado a cumplirla y fácilmente podríamos violar esa regla sin que ellos lo supieran, pero me gusta verte así de molesto, es divertido– se burló el mayor, sus ojos brillantes y una sonrisa juguetona adornaba su rostro. Sacándole a Don un jadeo aún más indignado.
–¡Doble traición!– gruñó señalando a su contraparte, su labio inferior sobresalía formando un puchero. La tortuga mayor soltó una risa bastante maliciosa y procedió a comerse la comida que tenía en la mano derecha, sin dejar de ver a la tortuga más joven– si tenías la intención de que tuviera muchos rencores hacia ti, hubieras optado por algo menos ofensivo que una vileza como está y...
Donnie masticaba lentamente, demasiado absorto en el movimiento de los labios de su alterno, en las expresiones escandalizadas por lo que habia dicho anteriormente, dándole una perorata de como era un mal colega de ciencia al entrometerse entre él y el mutageno, también mencionó algo sobre el uranio, pero por desgracia realmente no estaba siguiendo el ritmo de los reclamos... solo podía ver los movimientos de sus manos, sus orbes oscuros, lo encantador y llamativo que era cuando algo no le gustaba, el disgusto frunciendo sus gruesas cejas pintadas y acentuando sus facciones. Todo él era el único foco de atención y contemplación de la tortuga de espalda de diamante.
Donnie sentía las mejillas calientes, la sonrisa de bobo que estaba escondiendo detrás de la taza de café era vergonzosa y la forma en que su corazón se hayaba totalmente inquieto por el reptil delante de él no era ni remotamente parecido a algo que hubiera sentido antes por nadie.
Tragó lo último que quedaba del líquido amargo y se puso de pie luego de suspirar, tratando de recomponerse y que su ridículo enamoramiento no saliera a la luz para interponerse en esto tan agradable.
–Esta bien, está bien. Cielos Don. Solo estaba bromeando– se rió con ternura disimulada el mayor. La tortuga de caparazón blando alzó una ceja curioso.
–¿Entonces mis hermanos no me prohibieron estar cerca del mutageno?– cuestionó escéptico. Pero la mirada sarcástica de Donnie le dijo que efectivamente había sido así.
–Me refería a no dejarte ir conmigo a buscar el lote faltante, tortuga presuntuosa. Porque tus hermanos, en especial Raph, fueron muy claros en que por nada del mundo te dejará poner las manos en algo tan peligroso como el mutageno– dijo Donnie mientras estiraba un poco sus brazos hacia arriba.
Sin percatarse que la mirada aguda del menor estaba sobre sus movimientos y figura. Don sintió la garganta seca, así que no dudo en tomar un largo trago de café para distraer su mente de la tortuga más baja. Pero la voz mucho más suave y amable de Donnie llamo su atención.
–Y... y creo que es justo. Estas últimas noches has cuidado de mi y lo aprecio, así que sería mi agradecimiento por ese agradable detalle– le sonrió algo avergonzado el de diastema, una de sus manos rascando su nuca en un tic nervioso, regalandole una expresión tan dulce y sonrojada que Dee sintió que necesitaba ver a diario porque si no, iba a perder aún más la cordura.
Agito la cabeza y gruñó frustrado.
–Bien. Ya tuve suficiente de esto– sentenció el menor dando un fuerte pisotón, provocando que la tortuga mayor se sobresaltara levemente y observará desconcertado a su alterno.
–¿Eh? ¿Don... qu-qué quieres decir?~– cuestionó profundamente confundido, no sabía por qué el de pañuelo morado se había exaltado así de repente, se estaba poniendo más ansioso ¿esto había sido su culpa?– ¿a caso dije algo malo?– su ánimo claramente había disminuido ahora y Dee maldijo internamente por eso.
–Lo que quiero decir es que ya fue suficiente de actuar así como lo haces... me vuelves loco– gruñó el caparazón blando comenzando a acercarse más a su contraparte quien solo pudo dar un paso hacia atrás porque la mano de Don sobre uno de sus antebrazos impidió que retrocediera más.
–¿D-Dee- qué- ugh~?– sus palabras fueron calladas por la repentina cercanía de su menor. El más joven había pegado sus rostros casi por completo, tanto que Donnie podía sentir la respiración del más alto sobre sus labios.
El rostro de la tortuga de espalda de diamante fue invadido por un fuerte sonrojo, mientras la expresión alarmada y nerviosa lo enmarcaban.
Donnie no sabía que estaba pasando, se encontraba tan perdido y la distancia tan mínima que él y Don mantenían no le estaba ayudando en nada a pensar más claramente.
–¿Por qué eres tan lindo? ¿qué quieres lograr actuando de esa forma conmigo? porque debo decirte que~– sus ojos se abrieron bastante grande, tan conmocionado y sorprendido que le tomó unos segundos procesar lo que había pasado.
Donnie lo había besado.
Sus labios estaban sobre los suyos. Y el contacto era cálido, suave y bastante simple. Nadie se movía, solo estaban estáticos; Donnie no quería moverse y causar que el menor lo rechazará, al menos quería que durará unos segundos más antes de que lo inevitable ocurriera.
Sin embargo, gimió sorprendió al sentir como la mano libre de su alterno se enrollaba al rededor de su cintura y se deshacía del poquito espacio que los separaba, para después sentir como los belfos del de caparazón blando comenzaban a moverse acariciando lenta y experimentalmente los suyos, correspondiendo su beso.
Don deslizó tentativamente hacía abajo la mano que un tenía agarrado por el brazo al mayor hasta que sus dedos se entrelazaron con los del contrario. Un agarre firme, pero nervioso fue su recibimiento.
Se besaron lentamente, fue grácil y muy dulce; ambos pudieron saborear el fervor y el cariño que estaban expresando a través de ese exquisito contacto. Donnie se atrevió a usar su mano libre para acunar el rostro de su menor, quien suspiró dentro del beso al sentir la caricia en su mejilla izquierda.
Paulatinamente fueron apartándose, sus respiraciones eran agitadas y los sentimientos los tenían hasta las nubes. Sentían el corazón muy acelerado y sus entrañas se retorcían en una incómoda sensación agradable. Sus párpados comenzaron a abrirse y sus miradas no tardaron en encontrarse, Donnie se hayaba tan feliz que no pudo evitar que pequeñas gotitas saladas se asomarán tímidamente por los bordes de sus ojos. Y Don le sonrió enternecido.
–Mm... no-nosotros estamos en una relación ahora ¿no?– murmuró el mayor rompiendo con el agradable silencio que se había formado, envolviendolos cálidamente. Una de las cejas gruesas de Don se había alzado.
–Si, bueno- quiero decir, si tú estás de acuerdo con eso– dijo algo torpe el de pañuelo morado y eso le pareció lindo al mayor. Rió y asintió.
–Si, eso es lo que quiero– afirmó y Don asintió, el de diastema no se contuvo y se abrazo al más alto aspirando con felicidad. Causando que el mayor cerrará los ojos y también disfrutará del contacto– ¿aún quieres venir conmigo a buscar el mutageno...?– preguntó y Don asintió.
–Si, ¿por qué no?, no encuentro otra cosa más romántica que buscar una sustancia bastante peligrosa en nuestra primera cita– comentó el menor y se separó del mayor pero el agarre en sus manos se mantuvo.
Donnie volvió a sonrojarse con fuerza y sonrió enamorado mientras era arrastrado por el caparazón blando hacia el Shellriser, escuchando como su alterno comenzaba a planear en voz alta que iba a hacer una vez que tuviera el mutageno entre sus manos.
Sip. Definitivamente iba a ser una gran primera cita.
»Fin.«
