Chapter Text
'La Tierra a cambiado mucho'
Mientras camino directo al pueblo más cercano, me encuentro fascinado por el hecho del gran avance de la humanidad.
Las personas ya no usan simplemente taparrabos o andan desnudas por la calle. No, ahora hay personas usando trajes hechos por hierro, llevando espadas, montando a caballo, hay molinos, torres, escuelas, y demás. Todas las cosas que en libros de otros mundos se puede encontrar. Pensar que solo han pasado unos cientos de años desde la primera vez que vine aquí, unos cientos de que todo terminó.
Mientras camino me pongo a pensar '¿Este es un lugar que a él le gustaría?' lo más probable es que sí, él amaba a los humanos, al menos le interesaba que estuvieran bien, siempre quiso saber cómo ayudarlos, y más importante, como llevarlos al camino de Dios sin que hubiera problemas con los de mi clase.
'Hace tanto que no te veo Ángel' pienso mientras entro al pueblo.
Los caminos no están del todo despejados, hay carretas y puestos que venden diversos objetos y cosas bonitas. Hay comidas diversas por todas partes, gente llevando canastas con cosas que seguramente necesitan. El ambiente es caótico pero animado.
'Esto te hubiera gustado ver'
Mientras camino entre la multitud, algo llama mi atención. En un puesto de objetos brillantes, collares y joyas, hay algo que brilla más, un hermoso reloj de bolsillo plateado con detalles dorados...
'Dorados como tu ojo izquierdo'.
Tal vez sea mi gran anhelo por conseguir cosas que me recuerden a ti, pero no me toma ni un minuto en decidir comprarlo, al igual que muchas otras cosas que he conseguido con el paso del tiempo, cosas que nunca dejo que guarden polvo. No quisiera ver como diriges tu mirada juzgadora por el hecho de descuidar tanto mi hogar como para que tus regalos se cubran de suciedad.
Si me preguntan el día de hoy por qué sigo pensando en ti, lo más probable es que terminen empalmados en mi espada.
Sé muy bien que eso no te gustará, que odiarías como yo, el único demonio que considerabas diferente, se mancha las manos de sangre.
Pero, no puedo evitarlo Ángel mío,
¿Cómo se atreven seres insignificantes a pronunciarte con sus sucias bocas?, ¿Cómo siquiera se atreven a pensar en ti?
La vida después de que nos separaron nunca ha sido la misma, menos por el cómo nos alejaron el uno del otro. Ese día mataron el poco respeto que sentía por el Dios que tanto amabas, pero tampoco puedo odiarlos del todo, si ellos no existieran ¿cómo podría conocerte?
Enfocando mis ojos a otro lado del camino, veo una iglesia, al menos eso pienso y lo que da a demostrar por el hecho de que hay una cruz enorme en el frente, misma cruz que tuviste algún día colgando de tu cuello como un dije.
Era una construcción grande, al menos más grande que la mayoría de las casas que he visto. Es completamente blanca, tan blanca como las alas de los ángeles, pero no tan blanca como esas hermosas alas tuyas.
Pensando en ello, tus alas siempre fueron preciosas, además de tus ojos y tu rostro, ellas eran la tercera cosa más preciosa de ti. Alas grandes y fuertes, con uno que otro hueco vacío debido a las cicatrices.
Realmente puedo recordar todo de ti con solo cerrar los ojos. No tienes idea de la satisfacción que siento al ver que, a pesar de todo este tiempo separados, tu figura sigue presente para mí.
Al parecer el tiempo que me detuve recordándote fue extenso, tanto que alguien se acercó a mí. Su presencia no era tan fuerte, al menos no para mí. Estaba seguro que solo era un humano, nada que pudiera afectarme.
-Este no es un lugar para un demonio-dijo una voz gruesa.
-Un demonio como tú no puede estar aquí-
Esa voz se superpone con los recuerdos que aún permanecen intactos de ti.
Intrigado por el hecho, vuelvo mi mirada al dueño de la voz, y, lo primero que noto, son el par de ojos heterocromáticos, negros y dorados. Ojos que me persiguen en mis mejores sueños.
-Un demonio como tú no puede estar aquí, llegué primero-
Dokja voltea su mirada al dueño de dicha voz para encontrarse con un par de ojos disparejos, dorados y negros, mismos que también eran dueños de un par enorme de alas blancas
'Ángel' pienso mientras miro detenidamente el rostro de la persona frente a mí.
Un par de cejas gruesas que enmarcan aquel rostro con ángulos perfectos tanto en la barbilla como en su nariz, cabello negro intenso ondulado, labios delgados dibujados en una línea fina.
'Hermoso' es lo segundo que pienso.
Todos los que me conocen dirán que soy un tonto e imprudente, y yo siempre diré que están en lo correcto.
Como en muchas de mis ideas peligrosas en donde sé que mi integridad terminará dañada, decido provocar a aquel que, según la sociedad y lo establecido, es mi enemigo natural.
-No veo por qué no puedo estar aquí, no es como si quisiera molestarte-y sin más, me siento del otro lado del enorme árbol.
Frente a mi puedo ver el inmenso cielo azul con reflejos rosados y naranjas anunciando la llegada del atardecer. En él hay muchas nubes blancas de diversas formas y tamaños. Pájaros de diversas clases vuelan y mariposas de muchos colores aletean sin parar.
El aire fresco provoca que mi piel vibre, es raro que en el mundo demoníaco se presencie tal obra, ni siquiera es posible ver estrellas.
Disfrutando de la sombra proporcionada por el árbol, me siento y reclino en él para poder disfrutar del libro que traje, anhelando que la paz que se respira no sea interrumpida.
Las horas pasan mientras mi compañero de lugar continua en lo suyo.
Ni él ni yo hablamos durante todas estas horas. No nos presentamos ni nos peleamos.
Todo está bien.
- ¿Qué hace un demonio como tú en el mundo humano? - interroga aquel hombre.
Presto atención nuevamente a la persona frente a mí.
'Se parecen' pienso, y es correcto, su cara es idéntica a la de él, pero no tiene aquellos cortes y cicatrices dejadas de sus intensos entrenamientos para convertirse en arcángel, y lo más importante, no están aquellas hermosas alas blancas detrás de su espalda.
El viste un traje negro que le llega hasta los tobillos de los pies, tiene pequeños detalles dorados por los bordes del mismo y una cadena con un enorme crucifijo colgando en su cuello.
Sin duda es otro hombre que eligió el camino de ese Dios, otro que creyó en las mentiras de ese ser.
-No veo porqué deba responderle a un humano tan grosero como tú-digo mientras cruzo mis brazos. -Pero si tanto quieres saber, solo vengo a conseguir libros-miro directamente a sus ojos y siento como mi corazón duele.
Él no es mi ángel, no puedo siquiera perdonarme el hecho que por un segundo dije que se parecían.
¿Acaso este es otro castigo de ese Dios suyo para restregarme cómo me lo quitó?, ¿se está burlando nuevamente de mi desesperación por recuperarlo?, ¿no es suficiente con lo que hizo?
-Qué tontería, un demonio leyendo-dice el hombre mientras saca algo de su bolso, parece una pequeña botella con agua, pero sé que no es solo agua, daría mis ahorros a que lo que contiene aquella botella es agua bendita.
-Que sacerdote tan prejuicioso- me burlo -Ni siquiera intentes rociarme esa porquería porque solo lo gastarás, nada proveniente de tu Dios, ángeles y arcángeles puede dañarme- bufo
Puedo ver su mirada confundida, tal vez el hecho de saber que un demonio no puede ser dañado por su tan bendita agua, le causa intriga.
Para comprobar mis palabras, comienzo a alzar la manga de mi bata blanca. Allí se pueden apreciar dos signos, estigmas, dos bendiciones distintas -¿Ves esto?- señalo el signo más grande, espero a que el sacerdote dirija su mirada al lugar, y cuando entiendo por su expresión que las reconoce, comienzo a hablar- Este es hecho por uno de tus arcángeles, una amiga mía muy querida- al terminar, mi dedo se desplaza al signo más pequeño, es demasiado pequeño a comparación con el anterior, se puede apreciar como con el tiempo ha ido desapareciendo al grado en que ahora es casi incoloro -Esta es la bendición de mi ángel, mi amante- miro con amor el signo que aún decora mi piel, siento como mi corazón duele por el hecho de que no es como lo recordaba. Bajo mi manga cuando termino la explicación. Ni siquiera sé por qué le conté y mostré a este sacerdote sobre ellos -Cómo puedes ver, soy amado por los tuyos y por ello nada de las cosas de tu Dios me puede dañar-
Y así, me alejo del lugar, no queriendo ayudar al hombre en su clara crisis existencial.
Al llegar a mis dominios, me dirijo a la habitación donde están mis tesoros.
Dejo el reloj de bolsillo en la mesa junto a todas las joyas que te compré. Sí, sé que no estás interesado en ello, pero no puedo evitarlo comprarlas, solo imaginarte con estas cosas brillantes hace mi corazón latir como un loco. Te verías tan hermoso, tan etéreo.
Agarro mis utensilios y comienzo a limpiar como todos los días este lugar, ¿quién diría que yo, un Rey Demonio, limpiaría tal cual un sirviente?
Pero no importa, no puedo permitir que nadie toque todo lo que me queda de ti, solamente tú y yo podemos tocarlos.
Limpiar todo me lleva alrededor de una hora, no importa, es agradable estar en una habitación tan llena de ti. Es mi segundo lugar feliz. Tu siempre serás el primero.
Finalmente, llega la hora de limpiar la posesión más preciada, el recuerdo más agradable, el par de plumas blancas que tú mismo me entregaste el día que nos separaron, el día en que te perdí. Pensando en ello, el recuerdo del hombre al que vi hoy regresa a mi mente.
¿Por qué se parece tanto a ti?
¿Será que el Dios al que tanto amabas se quedó sin ideas y decidió mandar un mortal a tu imagen?
Hubiera sido simple si solamente te dejara libre, si te dejara a regresar a tu verdadero hogar, conmigo.
Pasan los días y simplemente no puedo quitarme de la mente la imagen de ese sacerdote. Esto no está bien.
Pensar en el hecho de que su rostro humano sea tan similar al tuyo, me hace sentir molesto.
¿Cómo un humano puede llegar a compararse a ti, un ángel tan perfecto?
Molesto, decido que lo mejor será vigilarlo. Tal vez por ello es que nos encontramos.
¿Es una prueba de Dios para saber si mi amor por ti sigue siendo tan fuerte como antes?
Bueno, maldito sea tu Dios, yo siempre te amaré.
Es un día fresco, sigue siendo animado como la última vez que vine. Sí, sé que no ha pasado tanto tiempo, pero sigue siendo extraño.
El mundo ya no está sumido en caos como antes.
Ya no hay ángeles y demonios tirados en el suelo. La tierra ya no está cubierta de sangre ni cuerpos mutilados. Ahora hay paz.
Queriendo tranquilidad, me siento debajo de un árbol a leer.
Los árboles me recuerdan tanto a ti. Muy apropiado ya que fue así como te vi por primera vez.
Recordar aquel momento en donde, lo primero que escuché de ti fue un regaño, me causa gracia. Quien diría que un encuentro tan frugal se convertiría en algo que la gente podría llamar amor del siglo.
Pero no todo sale bien, pronto escucho una voz que quisiera no apareciera, una voz que hace mi corazón latir con inmensidad, misma que me ha perseguido todos los días de mi vida durante tantos siglos, pero que sé que es mentira, porque sé muy bien que no eres tú.
-Otra vez tú, demonio- murmuró entre dientes el hombre.
Simplemente decidí ignorarlo, completamente entretenido por el libro en mis manos.
Una historia de amor entre dos príncipes que dejaron su amor marchitar debido al orgullo y miedo de hablar con la verdad.
Al parecer mi trato llegó a irritar más de lo debido al humano que aún se encontraba de pie frente a mí, Y que, prontamente sentí como gotas de agua caía en mi cuerpo.
No me importó mucho lo que pasaba conmigo, ya que no era algo que me afectara, hasta que vi como caían gotas de agua en las hojas de mi libro.
Pero era extraño, no se escuchaba lluvia, así que lo deduje, el humano me roció con su agua.
- ¿Ya lo comprobaste? Tú maldita agua no puede hacerme daño, ahora, ¡lárgate! - gruño mientras soplo las hojas de mi libro. Maldito humano que no tiene consideración. ¿Cómo diablos se atreve a dañar algo tan preciado como un libro?
- ¿Cómo es posible esto? ¡No tiene sentido! - dice el humano claramente conmocionado.
Ah, esa expresión también recuerda a ti.
Caminé directo al árbol de aquella vez, no pude evitarlo, era un lugar perfecto para pasar el rato. Antes de acostarme, me fijé si no estaba el ángel de aquella vez cerca, no quería problemas con los llamados hijos de Dios, quería evitar siempre cualquier tipo de conflictos, ¿para qué amargarme la vida cuando puedo estar tranquilo?
Al no verlo, suspiré aliviado y me senté a leer.
El aire era tan fresco.
Las horas pasaron y el sol comenzó a bajar para abrirle paso a la luna.
Y, cuando el ocaso estaba a punto de suceder, algo cayó sobre mí. Agua y unas escrituras, registró mi mente. Al segundo siguiente, sentí como mi cuerpo dolía, mi cuerpo comenzaba a arder, como si hubiera caído directo al infierno.
Mi garganta comenzó a cerrarse, dando a entender que cualquiera que sea lo que haya caído en mí, me era venenoso.
En el momento en que mi respiración comenzaba a fallar, supe lo que había ocurrido, que fue lo que había caído. El agua que me había sido arrojada, era agua bendita, y los textos eran escrituras divinas. Alguien había decidido que era un buen día para asesinar a un demonio inocente como yo, que simplemente estaba desprevenido leyendo debajo de un árbol.
Desesperado, comencé a rasgar mi cuello, intentando de alguna manera abrirlo, anhelando el aire que ahora me hacía falta, pude sentirlo, que pronto abría un demonio más muerto y ese sería yo, pero no quería ser partícipe de esa cifra, tenía miedo de morir. Aun así, entendí que ese era mi final, que en unos instantes más sería otro asesinado por los hijos de Dios. Con tristeza, entendí que jamás volvería a leer algún otro libro, nunca sabría sobre nuevos protagonistas o historias y que nunca sentiría otra vez la brisa fresca de una tarde de primavera en el mundo mortal.
Entonces, lo vi, una sombra blanca frente a mí.
Alcé mi mano tratando de pedir ayuda, creí que alguien podría salvarme del asesinato injustificado en mi contra, pero lo único que encontré fue el par de ojos heterocromáticos cubiertos por horror.
'¿Por qué se ve así?¡Yo soy el que está sufriendo?'
Pienso, aunque poco después, mi mundo quedó en negro.
Sonreí al recordar cómo después de que me arrojaste el agua de tu dios, te quedaste conmigo tratando de cuidarme.
Te veías tan culpable y avergonzado cuando viste como mis brazos y cara estaban quemados por tu culpa.
Fue realmente lindo.
-Sacerdote, te lo he dicho, no puedes hacerme daño- digo mientras me levanto. Ya no era un lugar cómodo, no a causa de él.
-No tiene sentido! ¡Cómo los hijos de Dios pueden darle bendiciones a un demonio! - gritó mientras apretaba su crucifijo.
Miré detenidamente su actuar. 'Realmente se parece a él, incluso sus actos inconscientes'
-Bueno, no todos los ángeles o hijos de dios como les dices, son de mente estrecha como tú-
Puedo ver como su frente se contrae debido a mi crítica. Pero ¿cómo puede enojarse? el afectado fui yo.
-Son unos traidores e infieles! ¡No merecen ser llamados ángeles! ¡Deberían caer! - grita el hombre mientras aprieta la biblia en su bolsillo.
Cuando escuché su última frase, mi cuerpo reaccionó.
Agarré al hombre del cuello, alzándolo en el proceso, veo como su mirada se tiñe de terror. Una digna mirada de un humano frente a un demonio.
- ¿Qué sabe un humano como tú sobre la infidelidad? ¡Vuelve a decir estupideces y te juro que te mataré! - gruñó mientras aprieto más su garganta.
- ¿Cómo no son infieles? - gruñe el hombre, tratando de quitar mis manos de su garganta - ¡Un ángel bendiciendo y enamorándose de un demonio, que pecado tan grande- dice el hombre mientras intenta con mayor fuerza tocar el suelo!
-Mi ángel no es un pecador- murmuro - ¿No dice tu dios que todo es amor? ¡¿Qué de malo tiene que nos amemos?!- pregunto al hombre actualmente en el suelo. -Él me ama y yo lo amo, eso no es un pecado- murmuro desesperado.
¿Por qué no pueden entendernos?, ¿por qué todos siguen pensando que es incorrecto?
¿Es que por ser un demonio no tengo derecho al amor?, ¿no puedo pensar en alguien que me quiera y me cuide?
-Mi ángel... mi ángel... ¿Dónde estás? - pregunto mientras miro al suelo. Siento como mis ojos comienzan a arder.
Yo lo amo, y él me ama, ¿por qué no podemos estar juntos?
Éramos felices, nunca hicimos daño a nadie.
No robamos, no matamos, nunca codiciamos más que nuestra libertad.
- ¿Por qué no me lo regresas? - grito al cielo - ¿Qué más quieres de nosotros?
Tantos siglos.
Tanta sangre manchando mis manos.
Tanto sudor corrido por mi frente.
Tanto esfuerzo.
Para nada.
Aún no lo tengo.
Todavía no regresa a nuestro hogar.
-Maldito hijo de puta-
Pasan los minutos y no hay nada.
Ni un rayo, ni una ráfaga de viento violenta.
Ni un ángel que venga a pelear por blasfemar contra su Dios.
-Todos son unos malditos cobardes- murmuro entre dientes - ¿Tienen miedo de no poder vencer a la pareja de su ángel más fuerte? - comienzo a reír. -Solo esperen un poco más. Caerán-
Y sin más me alejo del lugar, dejando al sacerdote jadeando por aire después de haberlo asfixiado.
Merecido se lo tiene. Nadie tiene derecho a hablar mal de mi ángel.
Al regresar a nuestra casa, lo primero que hago es ducharme. Si bien la maldita agua no me hace daño, aún huele horrible. Su simple aroma me causa tanto asco que siento unas ganas inmensas de vomitar.
-Ya te lo dije, aleja esas cosas de mí. Huelen como el infierno- grito mientras me tapo la nariz en un intento de dejar de oler las cosas que vienen con el ángel
- ¡Cómo te atreves a decir que apestan, son cosas sagradas! - gritó el hombre de alas blancas mientras se paraba indignado al lado de la cama donde ahora se encontraba el demonio menor recuperándose.
- ¡Apestan!, aléjalas de mí si aún tiene algo de decencia, ¡por ti es que estoy así! - le grito sin importar nada. Mi cuerpo duele tanto y ahora tengo que soportar las ganas de vomitar.
¿Qué se supone que hice mal? ¡Solo fui a tomar un poco de aire fresco mientras disfrutaba un buen libro!
Al ver como mi rostro se arrugaba de dolor, el hombre con alas blancas decidió compadecerse de mí y se llevó sus cosas repugnantes lo más lejos posible. Pronto, regresó a la habitación, ahora ya no olía mal, de hecho, olía bien
-Sin todas esas cosas, realmente hueles bien- comento mientras vuelvo a tomar bocanadas de aire grandes, tratando de llevar el oxígeno que le faltaba a mi cerebro por estar aguantando tanto tiempo.
Veo como hace una expresión de irritación y eso me provoca tanta felicidad.
'Lo molestaré como venganza' pienso, antes de volver a soltar palabras que irritaron tanto a ese ángel al grado en que decidió irse, no sin antes decirme que regresará al día siguiente.
-Hasta mañana, querido amigo ángel- me despido desde mi lugar en la cama, en cuanto veo que el hombre abre la puerta.
'Oh, como me voy a divertir'
-Buenos días, señor sacerdote- saludo al hombre mientras paso frente a la iglesia.
Esto se ha convertido en una rutina.
Si Dios quiere molestarme mandando a un humano que es tan parecido a ti, yo no me negaré a molestar a ese humano, quien tontamente se ha convertido en un títere del destino.
Para mi desgracia, solo pensar en acabar con él me causa dolor. Supongo que es por el hecho de que realmente se parece a ti.
Y yo jamás podría lastimarte a pesar de que este humano no es más que una copia barata de ti.
Preferiría cortarme las manos y piernas antes de siquiera ponerte un dedo encima. Es que, ¿cómo podría dañar a la única persona que hace latir mi corazón de felicidad?
Realmente me has hecho una persona débil, al menos para ti.
Quién hubiera imaginado que un demonio preferiría mil veces morir antes de matar a un ángel.
Realmente mereces ser llamado el ángel más fuerte, ya has derrotado a un rey demonio como yo solo con tu existencia.
Cariño, lo que daría por tenerte en frente. Incluso moriría por ti. Dejaría que me mataras con tal de que aparecieras frente a mí tan solo un segundo.
'Mi ángel, regresa pronto, te extraño'
-Sabes, si tu misión es molestarme, felicidades, lo has logrado, ahora vete de la tierra, demonio- gruñe el sacerdote, después de haber sido molestado durante dos semanas enteras.
'Tal parece que este sacerdote tiene peor paciencia que tú. Que divertido, realmente divertido'
-Como sabes, señor sacerdote, los demonios estamos para causar caos- digo mientras camino hacia él -Y lo que más me causa satisfacción estos días es ver tu cara molesta por mi presencia-
Me alejo de él antes de que el hombre saque nuevamente su crucifijo e intente presionarlo en mi frente. Niego con la cabeza al ver que, a pesar de sus múltiples fracasos, aún sigue intentando dañarme con ese movimiento. Muy decepcionante. Nada comparado contigo, el mejor guerrero entre los ángeles.
-Pero hoy tengo algo más importante como para desperdiciar mi tiempo aquí, así que, hasta luego, hombre de ese dios- Y así, me dirijo al pueblo a comprar las cosas que me hacen falta.
-Llegamos- se escucha el grito de una mujer -Rata bastarda, ¿dónde estás? -
Ignoro a la mujer que entró sin siquiera tocar, como si esta fuera su casa y yo fuera el extraño en ella. Continúo leyendo, es una novela interesante, sobre un hombre que aceptó regresar miles de veces con tal de poder ver a la persona de la cual se había enamorado, misma persona que lo había ayudado a sobrevivir a ese mundo infernal sin pedirle nada a cambio.
'Si tuviera esa oportunidad, sin duda la tomaría con tal de volverte a ver' pienso mientras cierro el libro antes de que la mujer entre a esta habitación.
Agarro un nuevo libro de estrategia en guerra, con tal de que la mujer no empiece con su diatriba de 'si sigues leyendo cosas de romance, seguirás siendo la miserable rata deprimente'
-Ni siquiera intentaste esconder correctamente el libro esta vez, rata- dice la mujer mientras entra en la habitación -Ese lamentable trasero tuyo sigue suspirando por un ángel que no vuelve-
Miro a la mujer, molesto por ni siquiera saludar después de entrar.
-Sabes muy bien que él no puede regresar a pesar de que quiera- comienzo a hablar, ya dejando de lado el libro -Y seguiré suspirando por él hasta que finalmente vuelva a mi lado.
Miro como la mujer hace una cara de repulsión ante el hecho de que un rey demonio como yo, sigue teniendo sentimientos tan "humanos" como lo es el amor, y el cómo decidí entregar esos sentimientos a alguien de la misma raza de quienes más nos odian.
Terrible desde el punto de vista de cualquiera. Y aún más terrible desde la perspectiva mía y de mi ángel, pero ¿qué puedo hacer cuando sé muy bien que él es mi alma gemela?, la otra parte de mi alma, qué después de haberla encontrado, me fue arrebatada tan cruelmente y alejada a un lugar donde no puedo entrar a recuperarla.
-Conocí a un humano- comienzo a hablar mientras comemos -Es tan parecido a él. Tanto que me causa escalofríos- comento.
- ¿Un humano? - pregunta Sooyoung desconcertada - ¿Me estás diciendo que un humano es parecido a uno de los ángeles más amados de ese tipo? - y entonces, se comienza a reír a carcajadas.
- ¿Qué se piensa ese tipo?, ¿Molestarte por haberte interpuesto entre su conquista contra nuestra raza? - chasquea la lengua, se ve claramente molesta -Peor aún, te lo mandó prácticamente para que vieras lo que te quitó-
-Siempre ha sido cruel, ambos lo sabemos- comento mientras dejo mis cubiertos.
El hambre se ha ido, ahora solo queda un vacío.
-Es realmente asqueroso y cruel- contesta Sooyoung -Y pensar que ese ángel tuyo lo adoraba como su Dios.
-Hola amigo ángel, ¿cómo te fue el día de hoy en el edén? - saludo al hombre que va entrando por la puerta. A pesar de que mi lesión ya ha sanado en su mayoría, el ángel aún viene a visitarme, comprobando mi estado para sentirse menos molesto consigo mismo.
-Ya te he dicho que no me digas así, para empezar, no somos amigos- gruñe el hombre mientras deja sus cosas religiosas en la mesa lejos de mí -Y ya te he dicho mi nombre-
-Sí, Joonghyuk-ie, pero es más lindo decirte ángel- digo mientras sonrío, realmente es lindo cuando está irritado. -Además, sé lo orgulloso que estás de tu identidad-
-Hmm- escucho murmurar al hombre, quien ahora está sentado pelando una manzana para mí.
Me causa curiosidad y diversión ver como el chico se ha acostumbrado tanto a hacer esas cosas para mí, que ahora, a pesar de ya no necesitar hacerlo, simplemente lo hace sin cuestionarse.
Agarro un pedazo de manzana, y lo meto en mi boca - ¿Será que esta manzana sabe celestial debido a que la tocaste? - pregunto mientras le doy otro bocado a la manzana en mi mano.
-No hables con la boca llena, es sucio- dice el chico claramente molesto por la falta de modales. Pero, aun así, noto como la punta de sus orejas se tiñen de rosa. Un color tan lindo.
-Lo que digas mi amigo- contesto, feliz por la reacción qué conseguí de ese ángel que siempre es tan estoico, y así, ambos comemos manzanas hasta saciarnos.
Realmente se siente agradable estar al lado de esta persona.
Camino en el pasillo de la iglesia. Pasaron días desde que no vi a ese sacerdote. Tal parece que el hombre decidió que lo mejor será no salir de la iglesia para no verme. Lamentablemente para él, el entrar no me causa ningún daño a diferencia de los demás.
-Y Dios dijo Bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y obedecen- escucho la voz del sacerdote. Veo como la iglesia está llena de personas. Tal parece que están en una especia de celebración a ese tipo.
Niego con la cabeza y me siento en una de las filas traseras. El simple hecho de estar cerca de una de las imágenes de ese tipo hace que me den ganas de destruir todo. Por desgracia no puedo hacerlo ya que hay personas inocentes, personas que, si murieran por mi culpa, sería una razón por la cual mi Ángel se enojaría conmigo, algo que preferiría evitar a toda costa.
Espero a que la misa siga, dirigiendo mi mirada al hombre frente al altar.
Sus cabellos han sido peinados con tal de demostrar una apariencia elegante, su ropa normalmente negra ha sido cambiada a una blanca, y la cadena que siempre usa, ha sido ocultada, debajo de todas esas prendas blancas, haciendo que sea imposible la vista.
Mi mirada fue lo suficientemente pesada, ya que, al poco tiempo de verlo, el sacerdote me mira y deja de hablar por un momento. Tal vez sorprendido por encontrarme sentado mientras él habla de la palabra de su Dios.
Alzo mi mano para saludarlo, ignorando por completo las miradas de las personas presentes en el lugar.
Veo como el sacerdote hace una cara de disgusto, completamente comprensible, ya que me colé dentro de uno de los eventos que son para adorar a ese tipo.
Ignoré su mirada furiosa y simplemente me limité a sonreír. Él por su parte, continuó con lo que hacía.
Traté de escuchar lo que decía, pero lo único que podía captar, era la voz tan similar a la de mi ángel. Cerré mis ojos, imaginando que sería mi chico quien me hablaría sin parar de sus hermanos ángeles y de su amado dios.
-Entonces, mis hermanos dijeron que Dios había decido que, en algún momento, tendría un hijo humano- comentó mi ángel mientras comía un pedazo de sandía.
. ¿Hijo humano? - pregunté - ¿No se supone que tu Dios es puro? -
Y recuerdo la conversación que tuve con Sooyoung, donde decía que ese tipo se creía superior porque no sentía lujuria y siempre ha sido virgen.
-Tonto, se refiere a que dejará su gracia dentro de una mujer para concebir un hijo, no que estará con ella- comenta el ángel mientras rueda los ojos, como si mi pregunta fuera la más tonta que había escuchado.
Decido permanecer callado, ya que no puedo imaginar por ningún medio como eso es biológicamente posible.
-No hagas esa expresión tonta, mírame, yo soy un hijo de Dios y él no es mi padre biológico- comenta el ángel, señalándose.
-Sí, pero eso se debe a que los primeros ángeles creados a su imagen, empezaron a tener descendencia- digo mientras atenuo mis labios. No puedo creer que este ángel, quien pensé era inteligente, a veces habla cada tontera mientras apoya a ese Dios.
-Hubo descendencia porque fue la gracia de Dios- dice mientras me da un golpe en la cabeza. Indignado, le lanzo una mirada furiosa ya que sé perfectamente que no es que yo esté mal, es solo que este tipo tiene lavado el cerebro.
-Lo que tú digas- murmuro mientras froto mi cabeza.
Veo como el ángel hace una expresión de satisfacción, antes de continuar hablando.
Me recuesto en mi silla, mientras como más rebanadas de sandía.
No es que disfrute escuchar la palabra de un Dios que no es nada mío, es solo que su voz es realmente agradable. Es como la mejor canción de cuna qué en algún momento podrá existir.
Pasado el rato, el ángel dejó de hablar y se limitó a leer uno de los libros de estrategias que tenía en mi habitación.
-Por favor, habla más, tu voz es realmente preciosa- digo mientras lo veo a los ojos.
Noto como el ángel hace una expresión de asombro, antes de que su rostro se empezara a teñir de rojo.
Y por todo lo malo del mundo, deseé por primera vez, capturar ese momento.
-Eres un tonto, Kim Dokja- dice entre dientes, antes de voltear su cabeza y comenzar a hablar,
'Sí, soy un tonto' pienso mientras miro las orejas aún rojas del chico frente a mí 'pero ser un tonto para ti no suena tan mal'.
Llego a mi cocina y comienzo a desempacar todo de mi bolsa de mercado.
Hay un montón de verduras, desde cebollas hasta cilantros y calabazas.
Todo lo que sé que a mi ángel le gustaría. Él siempre ha sido un fanático de la comida saludable, a diferencia de mí, que me encanta la comida "basura", según sus palabras.
Comienzo a picar la verdura mientras prendo el sartén, saco la carne del refrigerador y la pongo al lado de la tabla de picar. Corto lo más rápido posible, ya que se me había hecho tarde, y todavía me hacía falta arreglarme. Ah, lo que uno hace por amor.
Poco más de una hora después, ya están hecho 3 platillos y un postre. Tapo todo con tal de que preserve el calor el mayor tiempo posible. Luego, me voy al baño de mi habitación para darme una ducha rápida y alistarme. No puedo llegar ni un momento tarde.
Cuando llego al comedor, termino de acomodar las cosas que los sirvientes dejaron.
Las rosas rojas y las orquídeas blancas están en un florero sobre la mesa, la cual tiene ya velas encendidas en ella, platos blancos con detalles dorados y copas de cristal.
El comedor está adornado por más flores, flores que demuestran lo eterno que es mi amor por ti, gardenias, tulipanes, gerberas, girasoles, lilis, claveles y camelias.
Realmente me ha convertido en un romántico empedernido que se pasa pensando en los detalles más insignificantes con tal de que te sientas plenamente amado por mí.
Cuando todo está listo, me dirijo a la habitación de mis tesoros. Abro la puerta y puedo ver todos los regalos que te están esperando, todos los libros que sé que te gustarían y todas las armas que sé que amarías.
Finalmente me paro frente a la vitrina, el lugar más importante del lugar, la abro y saco las plumas que me dejaste.
Con ellas en mis manos, me dirijo nuevamente al comedor, pongo las plumas sobre la mesa, y finalmente me siento frente a ellas.
Comienzo a comer mientras veo siempre al frente, soñando en que tú estás conmigo.
La comida es deliciosa, aprendí a cocinar como tanto querías. Solo aprendí para ti, pensando en el día en que regreses, yo sería quien te prepararía la comida más deliciosa posible, y celebraríamos nuestro reencuentro. Aunque sé perfectamente que en el momento en que regreses, lo primero que haremos será entrar en la habitación y no salir hasta que nuestra alma esté completamente satisfecha, y nuestro corazón entienda que finalmente estamos juntos otra vez. Que finalmente estamos completos.
Pongo música lenta en el fonógrafo, música que seguramente escucharías cuando nos sentáramos juntos a leer nuestros libros, o cuando simplemente nos sentáramos a comer un poco de fruta.
Toco con mis pulgares las plumas en la mesa, como si ellas fueran tus manos. Las acaricio con delicadeza, mientras lágrimas comienzan a rondar por mis ojos.
-Feliz aniversario, mi ángel- digo mientras beso las plumas. -Cariño, te extraño tanto-.
-Kim Dokja- escuchó la voz de Joonghyuk, esto lo asustó un momento ya que se suponía que el ángel no estaría aquí por un tiempo, ya que él debería estar en camino a un campo especial en el Edén, un lugar para tener un entrenamiento especial para quienes quisieran convertirse en los primeros arcángeles. Alzo mi rostro y lo veo allí, con un ramo de tulipanes blancos y rosas rojas.
Miro detenidamente el ramo, incapaz de procesar por qué Joonghyuk llevaría algo así. Él no es del tipo al que le gustan las flores. Cómo iba a ser posible que ese ángel, preparado para ser un guerrero, llevara flores tan hermosas y delicadas. Una verdadera incógnita de la vida, pero de la cual está muy feliz de presenciar, ya que es una imagen digna de ser pintada y conservada.
Veo como su rostro está completamente rojo, y como su pecho comienza a bajar y subir tan rápido, haciéndome creer que está rojo debido a correr tanto.
Entonces, antes de que pueda pronunciar una palabra, él se arrodilla frente a mí.
Siento como un rayo cae sobre mí, al ver como ese ángel tan hermoso y perfecto, se arrodilla. Mi mente se llena de imágenes de escenarios literarios, donde el hombre se arrodilla frente a la persona que ama y le pide su mano en matrimonio. Lo cual es completamente impensable, pero algo con lo que siempre había soñado en cuanto me di cuenta de que mis sentimientos por ese ángel no eran solo de amistad.
Mi cara comienza a arder, a lo que supongo se convirtió en algo completamente rojo como el hombre frente a mí.
Incapaz de contenerme más, trato de ponerme de pie, pero fui rápidamente detenido por el chico frente a mí.
-Yo... Kim Dokja, te amo, por favor sal conmigo- dice Joonghyuk mientras extiende su mano más cerca de mí, tratando de darme el ramo que sostiene. -Sé muy bien que nuestras razas no deberían mezclarse, y que se supone somos enemigos por naturaleza. Pero realmente no puedo imaginarme saliendo con alguien más que no seas tú. Así que dime Dokja, ¿aceptarás ser mi pareja y acompañarme por la eternidad?
-
Siento como lágrimas corren ante la inmensa oración dicha por Joonghyuk. Él, el hombre que preferiría los golpes antes de comunicarse correctamente, acaba de recitar su amor de manera precisa, ¿cómo podría negarme a ir a su lado?
- ¡Sí, seremos compañeros en la vida y en la muerte! - grito antes de abalanzarme sobre el hombre, quien al recibir el impacto, cae directo al suelo conmigo sobre él, y luego termina poniendo sus brazos alrededor de mi cintura.
-Te amo tanto Dokja, mi lindo demonio- dice mientras reparte besos en mi rostro.
-Y yo te amo a ti, mi amado ángel- y así, cerré nuestros labios en un beso casto.
-Sabes demonio, sé que es grosero, pero ¿cómo es que comenzaste a salir con esa pareja tuya? - dice el sacerdote mientras se sienta a mi lado. La misa había terminado hacía un tiempo y ya no había feligreses dentro.
Miro al hombre detenidamente, queriendo saber la razón para su repentina curiosidad.
-Mi ángel- digo mientras cierro los ojos -Es el mejor guerrero de todos, y como tal le gustaba luchar, y a mí me gustaba molestarlo- me rio ante el recuerdo de su hermoso rostro contorsionado en ira y de cómo solo gruñía 'Kim Dokja' mientras alzaba su espada. -Ambos somos personas tercas y no nos encariñamos con cualquiera, pero, nos complementamos tan bien- sonrió tristemente -Somos compañeros de vida y muerte- comento mientras alzo mi manga y acaricio el estigma que me dejó -Yo tengo su marca que me protege de los ángeles, y él tiene la mía que lo protege de los demonios- beso suavemente el estigma, como lo precioso que es -Tal vez pienses que es tonto, pero, amo completa y eternamente a mi ángel. Tanto que no he muerto solo para esperar a que tu Dios finalmente lo libere-
- ¿Lo amas a pesar de todo el sufrimiento por el que has pasado? - pregunta el hombre mientras yo sigo mirando mi estigma.
-Lo amaría incluso si él me matara- contesto mientras le dedico una sonrisa -Mi alma ya ha sido entregada a él-
Veo como el sacerdote se levanta y se dirige al altar, no sin antes detenerse para hablar.
-Espero que tu ángel regrese pronto-
Después de esas palabras, no volví a ver al sacerdote por más de 2 semanas.
-Dokja- escucho a Joonghyuk decir -No vendré por un tiempo- veo como su rostro se tiñe en tristeza, misma que pronto se pasa a mí debido a sus palabras.
Camino rápidamente hacia donde se encuentra, queriendo una explicación del porqué la persona que dice amarme, me pide que lo espere un tiempo.
- ¿Por qué?, ¿acaso hice algo mal? - pregunto, mi voz se escucha tan angustiada -mi ángel, no es que quiera hacer las cosas mal, sabes que por desgracia es algo que viene impregnado en mi raza- entierro mi rostro en su pecho, tratando de capturar el calor que expide. Siento como sus brazos comienzan a rodearme, como posa su rostro sobre mi cabeza -Te prometo arreglarlo, mi ángel, no te vayas-
Siento sus manos acariciar mi espalda, claramente tratando de calmarme,
-Mi estrella, mi lindo demonio, no es porque no quisiera verte, quiero verte todo el tiempo- comenta mientras empieza a besar mi frente -Se están dando cuenta, y tengo que despistarlos-
Siento como las lágrimas comienzan a caer de mis ojos. Pensando en los miles de impedimentos que tenemos. ¿Por qué debemos ocultar nuestro amor?
Entierro aún más mi rostro, tratando de pegarme a él para siempre y evitar que alguien nos separe.
-Mi estrella, lo siento tanto- habla mientras trata de secar mis lágrimas -seré más fuerte y así no volveremos a tener que ocultarnos-
-Promételo Joonghyuk, no me dejes- sollozo mientras agarro su rostro para obligarlo a verme a los ojos.
Siento como sus labios se posan sobre los míos, y así, nos derretimos en un beso lleno de afecto y desesperación -Te lo prometo, te amo-
-Bien demonio, haz estado rondando la tierra por meses, y no has hecho nada, entonces, ¿cuál es tu verdadera misión? - me pregunta el sacerdote en otra ida a dormir en su ceremonia religiosa.
Abro mis ojos para ver al hombre sentado a mi lado, quien simplemente se limita a ver al frente, como si mirarme le fuera a ocasionar un daño.
-Solo quiero ver el juego que Dios ahora está tratando de utilizar conmigo- digo mientras vuelvo a cerrar los ojos.
- ¿Juego? - pregunta el hombre, en su voz se nota su clara curiosidad.
-Sí, juego- digo mientras volteo mi cuerpo para estar de frente a él -Si no lo es ¿por qué diablos te pareces a mi ángel? - pregunto, esperando, aunque sea una pequeña respuesta de su parte - ¿Acaso tu Dios no te ha hablado de ello?
Veo como el sacerdote se encoge, como si lamentara algo.
-Dios nunca me ha hablado- dice mientras mira la estatua que está en el centro de la iglesia -Es como si mi voz jamás llegara a él-
Me rio ligeramente. Puedo escuchar su chasqueo de irritación, ante lo cual, vuelvo a mirarlo.
-No me malentiendas, no me burlaba de ti- digo mientras alzo los brazos en modo de rendición -Tu Dios nunca escucha a nadie. Si lo hiciera, jamás me lo hubiera quitado-
- ¡Dokja! - grita Joonghyuk mientras abre la puerta de un solo golpe, nada similar a como siempre se comporta-Agarra tus cosas, ¡vamos rápido! - se mueve a una velocidad imposible de ver para la mayoría de los seres, mientras agarra la primera bolsa posible y comienza a meter ropa y una que otra cosa valiosa que están en la casa.
Siento como su adrenalina se me pega, pero antes de hacer cualquier movimiento, necesito saber la razón de su estado. No todos los días es posible ver a un Joonghyuk todo angustiado y con una mirada llena de terror -Espera Joonghyuk, ¿qué pasa? - pregunto, incapaz de comprender su estado actual. Mi ángel jamás actuaría de esa manera si es que no hubiera pasado algo grave. Y tal parece que lo pasó.
-Miguel se enteró y nos delató, vendrán por nosotros- dice mientras sigue agarrando lo mayormente posible y metiéndolo en las bolsas -Uriel me avisó, dijo que nos ayudaría a ganar tiempo. Debemos irnos ya- sus ojos jamás se dirigen a mí, totalmente concentrados en buscar cosas que necesitaremos.
Mi cuerpo se vuelve completamente rígido debido a sus palabras. Siento como si miles de rayos hubieran caído sobre mí. Lo que más temía se está haciendo realidad.
'Se lo llevarán. Me lo quitarán'
Inconscientemente comienzo a moverme por la casa mientras agarro todo lo posible y lo meto dentro de mi abrigo de almacenamiento. Siento como mis manos tiemblan debido al horror de pensar que pueden quitarme lo único bueno que tengo.
-Vámonos ya, de alguna manera conseguiremos lo que nos falta- digo mientras.
Trato de jalarlo del brazo, pero él me suelta por un momento, yendo a conseguir una de las flores que me regaló cuando comenzamos a salir.
Veo como las flores caen de sus manos, y sus alas se tensan, corre a abrazarme mientras tiembla.
-Es tarde, están aquí- dice mientras me abraza con tanta fuerza como si quisiera que ambos nos fusionáramos para no poder ser separados. -Te amo, te amo...- murmura mil veces su amor por mí, mientras besa mis labios
Escucho como una explosión suena afuera, antes de ver como la puerta fue completamente destruida, y allí se encuentra Miguel y Metatrón.
Mi cuerpo se tensa y les dirijo una mirada feroz. Veo como Miguel se burla de mí y como Metatrón simplemente me mira como si fuera nada. Aprieto el agarre de Joonghyuk y extiendo mis alas para cubrirlo.
- ¿Qué quieren los hijos de dios en la casa de un simple demonio? - digo mientras aprieto los dientes.
Veo como Metatrón camina directo a nosotros, y con ello, mi poder de rayos comienza a activarse. Una clara advertencia de no entrar a mi territorio.
-Hay un cordero de dios desviado, debemos meterlo en el buen camino- ante tales palabras, siento como Joonghyuk comienza a temblar cada vez más.
-Ese cordero desviado ahora me pertenece- les digo mientras aprieto aún más mis alas para bloquear las posibles salidas de Joonghyuk, para evitar que ellos me lo quiten. -Debiste cuidar bien tu rebaño para evitar eso. Ahora es tarde-
Veo cómo se estremece por un momento antes de comenzar a negar con la cabeza.
-Veo que existe un demonio tan elocuente, pero es tarde- se para justo a mi lado mientras saca un libro negro con dorado. Algo en mí dice que ese libro es muy peligroso. -Ángel Yoo Joonghyuk, se le condena a la prisión del Edén por tener una relación con el demonio Kim Dokja, dicha condena perdurará hasta que rompa toda relación con él-
Y entonces, escucho un gemido de dolor de parte de Joonghyuk, y veo como salen luces doradas de dentro de mis alas. Alarmado por ello, abro mis alas para ver a un Joonghyuk completamente encadenado.
Siento como todo mi ser se llena de desesperación, mis manos actúan por inercia, tratando de quitar las cadenas que lo rodean, pero es infructuoso, ninguna cadena se mueve, por el contrario, parece que con cada jalón se vuelve cada vez más gruesa. No solo eso, las cadenas comienzan a calentarse a temperaturas impensadas, quemando de paso cualquier trozo de piel expuestas a su toque, dejando marcas claras en todas partes, marcas qué seguramente tardarán en desaparecer.
'Si fuera más fuerte, podría quitarle estas cadenas. Si tan solo fuera más fuerte'
-Dokja te estás lastimando- dice Joonghyuk mientras agarra mis manos -Está bien Dokja, en algún momento saldré y podremos estar juntos en algún lugar de este mundo- comenta mientras dirige sus manos a mi rostro.
-Yo...yo- trato de decir, pero no puedo, mi garganta está dolorida por el llanto, pero a pesar del dolor, me obligo a decir -Te prometo que construiré un lugar para nosotros mi Ángel, un lugar donde nadie más podrá separarnos- sollozo mientras lo beso suavemente, con miedo de que sea la última vez que pueda hacerlo.
-Y yo te prometo que, si llegas a construir ese lugar, me iré a tu lado y nunca más te dejaré- dice entre lágrimas mientras deja algo en mis manos. Dirijo mi mirada hacia ellos, y veo un par de plumas blancas, grandes y hermosas que sé con exactitud vienen de sus alas.
Lo miro a los ojos, tratando de soportar el dolor de la despedida. Sabiendo que pasarán siglos hasta que podamos volver a vernos.
-Compañeros en la vida y en la muerte- dice Joonghyuk mientras se para recto, tratando de reconstruir su dignidad anteriormente olvidada.
-Compañeros en la vida y en la muerte, mi Ángel- contesto, mientras le dedico la mejor sonrisa que puedo, solo que sé que esa sonrisa refleja todo mi dolor.
Entonces, toda la habitación se llena de dorado, al grado en el que debo tapar mis ojos para evitar que sean lastimados.
-Te amo mi demonio- escucho el murmullo de Joonghyuk antes de que todo vuelva a como antes, a excepción de que él no está por ningún lado cuando abro finalmente mis ojos.
Mis piernas comienzan a temblar al grado en el que no puedo aguantarlas más y caigo. Llego al suelo mientras mis lágrimas corren incontrolablemente por mi rostro.
'Mi ángel, mi ángel'
Llevo mis manos, donde se encuentran sus plumas, a mis labios, mientras murmuro una y otra vez lo mucho que lo amo, y que lo voy a esperar.
En eso, escucho una risa detrás de mí. Había olvidado completamente la presencia de esas personas debido a mi dolor.
-Nunca creí que vería a un demonio llorar por amor- se ríe Miguel mientras agarra su estómago como si le doliera, tal vez debido a tanta risa le duele -Qué estúpido- camina frente a mí y se inclina -Que demonio tan patético, si hubieras sido fuerte, no te lo hubieran quita- y con ello se fue.
Dejando mi mundo completamente destruido.
Me desperté cubierto de sudor, mis manos temblaban estrepitosamente debido a los recuerdos
Cubrí mi rostro con mis manos, tratando de calmarme, pero me era imposible, seguí llorando incontrolablemente debido a ello.
Caminé, tambaleándome hasta la habitación llena de sus regalos, tropecé varias veces, pero aun así me levantaba, necesitaba desesperadamente ir a un lugar lleno de él. Lo necesitaba a él.
Cuando finalmente llegué a la habitación, terminé resbalando y cayendo directamente al suelo. Traté de pararme desesperadamente, pero no pude, entonces comencé a arrastrarme, hasta finalmente llegar debajo de la caja de cristal donde están sus alas.
-Perdóname, perdóname, no soy fuerte, no fui fuerte, te perdí, dejé que te llevaran. Regresa, regresa, te amo, te amo- más y más súplicas de perdón salieron de mi boca hasta que finalmente terminé desmayado debido a tanto llorar.
'Vuelve a mí, mi ángel' pensé antes de que todo se volviera negro.
-Estás otra vez aquí, Kim Dokja- escucho la voz de ese Joonghyuk decir -solo vienes aquí cuando algo malo pasó- escucho como se sienta a mi lado - ¿Puedes decirme qué paso? -
Quito mis manos de mi cara y miro su rostro, tiene una expresión extraña, como si realmente se preocupara por mí. Se ve cada vez más parecido a él.
-Soñé con cuando me lo quitaron- digo mientras aprieto mis puños -Mi gran derrota por no ser lo suficientemente fuerte y evitar que me lo robaran-
Veo como el hombre se estremece momentáneamente. A veces olvido que ya no soy aquel demonio débil al que le quitaron su razón de ser feliz, olvidando completamente que cualquier cambio de humor puede causar caos a mi alrededor.
-Pero ya no eres débil- comienza a decir -Estoy seguro de que pronto te lo regresarán- y ante tales palabras me empiezo a reír.
Rio con desesperación, recordando una y otra vez mis pérdidas.
-Solo hasta que todos los ángeles caigan del cielo, ellos me lo regresarán-
'La Tierra ya no es como la recuerdas, mi ángel' pienso antes de dirigirme al campamento donde los demás Reyes Demonios me esperan.
Habían pasado más de 3 siglos desde que fuimos separados.
Desde el momento en el que te arrebataron tan cruelmente de mi lado, comprendí que, si tan solo hubiera sido un poco más fuerte, que, si fuera lo suficiente poderoso, esos ángeles jamás podrían quitarte de mis brazos, ellos no hubieran roto nuestra felicidad.
Me encaminé a entrenar y convertirme en un demonio cada vez más y más fuerte, maté y cacé a demonios más fuertes que yo, hasta el grado en el que me convertí en el 73 Rey Demonio.
Cuando llegué a ese rango, los demás Reyes Demonios me ignoraban y trataban de intimidarme, pero yo, siendo alguien que tenía un propósito establecido, los maté sin piedad, hasta que finalmente llegué a los primeros 10.
En ese momento, la guerra de Santos y Demonios estalló.
Los ángeles tenían miedo de los demonios que cada vez eran más fuerte. Miedo al ver que cada vez había más y más ejércitos.
Entonces ese maldito al cual servías, los mandó a la guerra.
Fue una suerte que Uriel siempre fuera leal y honesta con respecto a sus verdaderos sentimientos.
-Dokja- escucho la voz de Uriel, a quien no había visto en al menos un siglo -Dios nos mandó a luchar contra ustedes, él quiere desatar una verdadera guerra- dice, jadeando, a lo que supongo vino lo más rápido posible en cuanto se enteró. -No puedo dejar que mueras, no cuando Joonghyuk aún no ha sido rescatado- Entonces, tomó mi brazo, levantando la manga de mi abrigo. La escuché jadear en el momento en que vio todas mis cicatrices. Cicatrices mismas que seguramente nunca estarían si tu estuvieras a mi lado. Pude escucharla comenzar a sollozar. Si tan solo mis sentimientos aún fueran como antes, la hubiera abrazado y reconfortado. Pero lamentablemente para el mundo, mis sentimientos solo se basan en ti.
Entonces, sentí como mi brazo comenzó a quemar, mientras una luz salía del mismo, vi a Uriel con una clara confusión, hasta que finalmente todo ese sentimiento de calor, desapareció, dejando solamente una marca en mi brazo, un estigma.
-Con esto ningún arcángel te podrá matar, Dokja- dice Uriel mientras seca sus lágrimas -Con mi estigma y el de Joonghyuk, serás invencible y así podrás recuperarlo-
Entonces, mi corazón comenzó a latir, la vi directo a los ojos, y comencé a llorar.
Tal vez Dios y los ángeles sean malos, pero aún hay seres divinos buenos.
-Y así fue como conseguí el estigma de Uriel- digo mientras vuelvo a mostrárselo. A este punto, estoy seguro de que el recuerda cada borde del estigma.
-Así que el arcángel Uriel, quería tanto su relación que incluso apoyó a un Rey Demonio- murmuró ese Joonghyuk mientras se acariciaba la barbilla. Lo miré con atención y vi como también comenzaba a temblar su ceja izquierda. El mismo rasgo tuyo de cuando piensan profundamente.
-Uriel solo apoyó lo que ella consideraba que era correcto- digo mientras me pongo de pie -Su Dios siempre habló del amor para todos, entonces le parecía tonto ver como separó a dos seres que se amaban con tanta inmensidad-
Vi como el hombre se ponía de pie, y comenzaba a sacudir el polvo que quedó en su túnica.
-Tiene razón, Dios dijo que todo es amor, así que nunca debió de separarlos- dijo mientras sonreía.
Me quedé embelesado por su sonrisa. Se parecía tanto a la sonrisa de Joonghyuk cuando le contaba chistes o hacía algo que lo hacía feliz.
Sentí mi corazón latir con tanta fuerza que tenía miedo de que el hombre frente a mí podría escucharlo.
Voltee mi rostro, debido al miedo que tenía de que lo viera ardiendo.
'¿Cómo puedo sentirme así?' pensé mientras apretaba mis puños. 'No debería reaccionar así'.
-Debo irme- dije antes de huir del lugar como un verdadero cobarde. Fui a mi habitación feliz y me encerré durante 3 días. Molesto completamente conmigo por el hecho de haberme sonrojado por alguien que no eres tú. Por haber pensado nuevamente que se parecía a ti.
'Este es el verdadero infierno'
Camino entre las calles llenas de cuerpos, sangre y fuego.
Después de iniciada la guerra de Santos y Demonios todo lo que alguna vez estuvo cubierto de verde, ahora solo es un mar rojo.
Como uno de los 10 Reyes Demonios más importantes y como el mejor estratega de entre todos, mi lugar dentro era muy primordial.
Después de la advertencia de Uriel, me dirigí a planificar con mis súbditos como interferir en la batalla, para así ganar importancia dentro de ella.
Sooyoung se convirtió en mi mano derecha, mientras que Heewon y Hyunsung se dedicaron a entrenar a los demás demonios dentro de mi dominio
Mientras miro mis manos cubiertas de la sangre de tus hermanos, me pongo a pensar en ti, y en tu posible mirada de decepción y odio que me dirigirás.
¿Pero qué puedo hacer?
Tu dios y tus hermanos me dijeron que mientras sea débil jamás podré recuperarte, así que solo me queda bajarlos de los cielos e ir a rescatarte.
Solo pensar en entrar a la prisión del Edén, verte en tu celda, abrirla y esperar a que me abraces, me causa tanta satisfacción y felicidad.
Sería como un príncipe rescatando a su princesa que estaba encerrada por órdenes de quienes dicen desean protegerla, solo que aquí es un demonio rescatando a su ángel que las manos de Dios.
Al entrar a la reunión, veo como Ágares y Asmodeus están nuevamente peleándose.
Molesto por ello, me paro frente a ellos - ¿Podemos empezar la reunión? Después tendrán mucho tiempo para golpearse- y sin esperar una respuesta, me siento en mi lugar.
La reunión se realiza con normalidad, nuevamente hay desacuerdos entre Ágares y Asmodeus.
Llegó a un punto, en el que Asmodeus al parecer ya no soportó y rebeló algo que a todos nos dejó anonadados.
-Si tan solo le hubieras dado bien a ese tipo, Metatrón no hubiera apoyado a su Dios-
La sala se quedó en un incómodo silencio. Yo comencé a temblar visiblemente para todos.
Metatrón, un nombre qué jamás podré olvidar. Ese arcángel nombrado como mano derecha de ese tipo.
Ese maldito que me quitó a mi amante, había tenido una relación con un rey demonio.
Aquel que lo condenó a prisión perpetua.
Quien me arrebató a mi alma gemela.
Me paré, incapaz de controlar mi molestia y me dirigí a Ágares - ¿Lo que dijo Asmodeus es correcto?, ¿Metatrón estuvo saliendo contigo? -
Pude ver la clara vacilación de Ágares, al parecer el aún tenía sentimientos por ese maldito. Pero al ver cómo estaba a punto de hacer algo que claramente no será favorable, asintió lentamente.
Fuera de la carpa, se escucharon muchos truenos, todo se veía azul. Mi furia fue tan grande que no pude evitar que mi poder se filtrara.
Vi las expresiones de horror de los demás reyes demonios, quienes al parecer aún no se habían enterado de mi verdadera capacidad de lucha y solo pensaban en mí como alguien que ganaba solamente por inteligencia.
-Voy a matar a ese maldito- gruñí antes de salir del lugar.
La reunión se terminó de golpe
Me acosté bajo el árbol cerca de la iglesia. Si bien no me gusta que mi mente se la pase pensando en ese sacerdote, me es imposible dejar de hacerlo. El hecho de que el hombre se parezca tanto a mi ángel me hace imposible mantener la distancia con él. Como si mi cuerpo lo reconociera como mi compañero, lo cual es insultante e indignante.
La única persona con la cual estuve y estaré solo será mi ángel, no su copia, nunca alguien más.
Si bien mi cuerpo clama por estar ahora frente a él, los siglos de constantes luchas me han ayudado a resistir mis impulsos.
Como cuando pusieron afrodisiaco en mi bebida, intentando que me metiera con una reina demonio de un rango posterior al mío. Fue muy molesto cuando la mujer trató de encimarse en mí, tanto que no pude soportarlo y le corté la cabeza.
Molesto por la idea de que alguien se atreviera a intentar aprovecharse de mí, agarré mi espada y salí de la habitación.
Debido al mismo afrodisiaco, hice un baño de sangre en ese castillo, masacrando cruelmente a cualquiera que apareciera frente a mí. Como una bestia que lucha ante los intrusos.
No pudieron culparme debido a que estaba claramente fuera de mis cabales, y la culpable de ello no era otra más que la dueña de ese castillo.
De todos modos, no era como si los reyes de grados inferiores pudieran hacerme algo. Nadie podía hacerme nada en ese momento.
-Tiempo sin verte Dokja- escucho la voz del sacerdote decir -Pensé que no te vería en otra semana más-
Escucho como se acuesta a mi lado, pero simplemente me quedo callado, como si estuviera dormido.
Y al parecer mi actuación fue convincente ya que, después de unos 30 minutos, el hombre comienza a hablar.
-Eres realmente un Rey Demonio, aunque te verías bien ser un súcubo, seduciendo a los hijos de dios- escucho como se ríe suavemente, pero a la vez, su risa es tan fría -Conseguiste que yo, alguien con un claro rechazo a todo sobre los demonios, se enamorara de ti. - siento como mi cuerpo se congela ante sus palabras. Pensando en la mejor forma de hacerle creer que estoy despertando para evitar esa conversación -Ahora entiendo a tu ángel. Es imposible no enamorarse de ti- Y con esas palabras, se fue.
Yo seguí acostado, como si nunca hubiera escuchado nada.
Las trompetas empezaron a sonar mientras estaba en mi descanso, me puse rápidamente de pie y agarré mi espada.
Vi como los ángeles y arcángeles restantes comenzaban a bajar, y al frente estaba el maldito de Metatrón.
Molesto por el recuerdo de su infidelidad con su Dios, lancé mi espada lo más fuerte posible con dirección a él.
Para mi desgracia, fue parado por la mano de Ágares.
-Ágares, que Métatron sea tu ex pareja, no significa que no pueda matarlo- gruñí mientras le arrebaté mi espada -El me quitó a mi amante, tengo derecho a exterminarlo-
Vi como giró su rostro, tratando de evitar mi mirada, y algo en mí dijo que esto no terminaría bien.
-Dios nos ha mandado a anunciar la finalización de la guerra, sigamos siendo hermanos- dijo, con esa maldita voz hipócrita.
Incapaz de seguir viendo tal teatro, me comencé a reír con fuerza.
- ¿Tu Dios, quien comenzó toda esta mierda finalmente se cansó del teatrito? - pregunté mientras me secaba las lágrimas que salían de mis ojos por tanto llorar - ¿Acaso se compadeció de sus "amados hijos", incapaz de seguirlos viendo morir en nuestras manos? -
Vi como los ángeles se estremecían ante la clara burla. Y como Miguel intentó sacar su espada, por mi parte, empuñé la mía demostrándole que no tenía miedo a él.
-Rey Demonio de la Salvación- comenzó nuevamente Metatrón -Mi Dios es bondadoso y nos ama con inmensidad, la guerra le ha causado tanto dolor-
Chasquee con disgusto mi lengua he hice como si me limpiara los oídos -Deja la palabrería inútil hipócrita, conmigo no funciona, no después de lo que hiciste-
Vi sus ojos mostrar un claro disgusto hacia mí, para después dirigir su mirada a Ágares.
-Den sus peticiones, mi Dios las analizará y les dará una respuesta- entonces hace un ademán de despedida.
No podía dejarlo así. Si lo que más apreciaba ese tipo era su identidad y estatus, ese sería el lugar que destruiría frente a todo el mundo. Lo haría incapaz de alzar la cara nuevamente frente a los demás.
-Oye Metatrón, ¿es cierto que te dejaste dominar en la cama por un Rey Demonio? -Vi como su cuerpo comenzó a estremecerse - ¿No crees que es realmente hipócrita de tu parte quitarme a mi ángel cuando tú primero te metiste debajo de un demonio? - pregunto sin más.
Escuché la fuerte risa de los demás Reyes Demonios, quienes nunca pierden la oportunidad de burlarse de los ángeles.
Por su lado, muchos ángeles comenzaron a blandir sus armas, incapaces de dejar que un demonio se burlara de su líder.
-No me miren así, no es como si fuera mentira lo que dije- me encogí de hombros mientras caminé hacia ellos -Tengo pruebas de que su amado y glorificado líder Metatrón siendo no más que una manga de polla para uno de nosotros.-cubro con mi mano mi enorme sonrisa que florece debido al claro marchitar del hombre frente a mí-quien diría que la amada mano derecha de Dios no fuera más que una muñequita feliz siendo abusada por uno de los malos- camino hasta estar a no más de un metro de distancia -quien fue la primer oveja perdida del rebaño- sonrío frente a todos. Vi como ellos se estremecían - ¿Recuerdas Metatrón? Te llevaste a mi ángel con esa analogía tan idiota- palmee su hombro viendo directamente a Uriel. Sonreí en mis adentros, sabiendo lo que vendría a continuación.
-Metatrón, por el crimen de tener una relación romántica con un Rey Demonio, y haber negado la misma, se le condena a la prisión del Edén por la eternidad- pronunció Uriel mientras sostenía aquel maldito libro negro con dorado que me perseguía en mis sueños.
Vi como las mismas cadenas doradas lo cubrían, y como aquella luz empezaba a salir.
El terror estaba claramente escrito en su mirada, pero aún había un rastro de incredulidad, como si no creía lo que estaba pasando, como si su secreto pudiera estar oculto por toda la eternidad.
Escuché las incontrolables risas de los demás reyes demonios, y los jadeos, lágrimas y palabras desagradables de los ángeles para Metatrón.
-Debiste haber pensado más antes de quitármelo- murmuro mientras obligo a que alce la mirada para que me vea a los ojos.
Vi como su mirada volvía a cobrar fuerza, como si su disgustó al ser tocado por un demonio lo despertara.
-No importa, de todos modos, nunca lo recuperarás- dice el hombre mientras lanza una sonrisa de oreja a oreja.
Incapaz de soportar tal burla, le doy un golpe en la mejilla izquierda, tan fuerte que vi como 3 dientes salieron volando.
-Al igual que tú, también caerán los demás- digo mientras me alejo del lugar.
Parte de mi venganza ha sido completada.
-Metatrón fue borrado de la lista de arcángeles- le cuento al sacerdote -Fue una vergüenza para tu Dios saber que su arcángel más querido se había metido con el Rey Demonio más fuerte-
Veo como el sacerdote continúa mirando el libro de nombres de arcángeles y ángeles, como si estuviera buscando algo.
De momento, el hombre detuvo su mirada en un lugar.
Su piel se tornó más blanca de momento y su cuerpo comenzó a temblar.
-Mira- dice el hombre mientras señala una parte, veo como su dedo tiembla -A. Aquí- me pasa el libro y miro hacia el lugar señalado.
Mis ojos se agradan, incapaz de comprender como es posible. Le arrebato el libro de un golpe y lo pego más cerca de mis ojos, tratando de comprobar la veracidad de lo anterior.
[Ángel Yoo Joonghyuk, muerto]
Arriba del nombre, está una imagen de mi ángel.
Su hermoso rostro perfilado, se ve a la perfección su par de ojos heterocromáticos, todas sus cicatrices, inclusive la que está cerca de su mentón.
El libro cae de mi agarre, al inicio me es incapaz de comprender el porqué, hasta que noto que estoy temblando.
[Muerte en prisión por accidente, antes de la Guerra de los Santos y los Demonios]
[Condenado por llevar una relación romántica con un demonio de bajo rango]
Mis ojos comienzan a arder, escucho a la distancia como Joonghyuk comienza a hablarme, pedirme que me tranquilice.
Pero no puedo, moriste.
Siento como mis alas comienzan a salir, mis ahora 3 pares de alas negras, en mi frente comienza a salir dos enormes cuernos que demuestran mi rango como Rey Demonio.
Afuera se escuchan muchos gritos debido a la tempestad ocasionada por revelar mi estatus.
-Dokja, cálmate- grita Joonghyuk mientras trata de jalar mi brazo.
Por miedo a lastimarlo, comienzo a caminar directo a la entrada de esta iglesia, pero, al voltear, vi una imagen de su hijo amado.
'Si él puede destruir lo que amo, yo puedo destruir sus lugares amados'
Con ello en mente, cambio la dirección de mis pasos a dentro de la iglesia, hasta el altar donde todos los domingos este Joonghyuk hace sus ritos.
Saco mi espada de mi bata con almacenamiento infinito
Escucho más y más gritos de horror de Joonghyuk.
Pero no me importa, soy un monstruo, siempre lo he sido.
Con golpes específicos, las cosas comienzan a desmoronarse, el templo comienza a temblar debido a los fuertes impactos que hay dentro del lugar.
Luego, después de que casi todo dentro está destruido, de momento todo se vuelve blanco seguido de un enorme trueno.
-Parece que el Rey Demonio de la Salvación quiere causar una nueva guerra- dice Miguel, mientras agarra mi mano.
Aprieto su agarre con mi mano y la redireccionó a su cuello.
-Miguel- gruño mientras aprieta cada vez más su agarre - ¿Dónde está mi ángel? - veo como sus ojos comienzan a teñirse con diversión, como si realmente la situación de mí destruyendo uno de los templos de su dios no fuera nada.
- ¿Acaso no lo sabes ya? - dice mientras una sonrisa se estampa en su rostro - ¿Acaso no has vuelto a enamorar a ese traidor? - sus ojos se dirigen a otro lugar, justo donde se encuentra Joonghyuk agarrándose la cabeza -No puedo creer que aun renaciendo volviste a cometer el mismo pecado-
Suelto su garganta, dejándolo caer de golpe al suelo.
Dirijo mi mirada a donde está Joonghyuk, tratando de procesar las palabras de Miguel. Si lo que dice ese hombre es cierto, significa que Joonghyuk es mi ángel.
Que no traicioné a mi ángel al enamorarme de este humano.
Que volvió a mí.
Empecé a caminar directo a él, cuando volví a escuchar la voz de Miguel.
-Recuerdo como a pesar de tanta tortura, decidió seguir creyendo en ti- dijo mientras se reí como un loco -Como a pesar de que le arranqué las alas, solo sonrió diciendo que siendo un caído podría volver a tu lado- entonces se paró de golpe y sacó su espada -No tienes idea de cuánto disfruté atravesar con mi espada a ese engreído-
Y todo en mi visión se volvió rojo.
Los cielos estaban negros, caían miles de rayos alrededor del lugar.
'El pueblo seguro está destruido' pienso mientras sigo peleando con Miguel.
Veo de reojo a Joonghyuk quien está siendo protegido por una cúpula que hice con mi poder. Está apretando el rosario que aún cuelga de su cuello.
Siento como la sangre me hierve viendo como a pesar de enterarse de que fue asesinado por uno de los arcángeles que él respetaba, sigue manteniendo su fe.
La Tierra comenzó a agrietarse, debido a la larga y fuerte lucha que se está viviendo, pero, antes de que algo pasara, otra luz dorada cayó del cielo.
-Dokja! - escucho la voz de Uriel gritar -No pelees más, yo me encargaré de él- dice mientras intenta acercarse.
Pero, por mucho que aprecio la amistad de Uriel, no puedo aceptarlo.
-Yo mataré a este hijo de puta- gruño mientras lanzo otro golpe al arcángel frente a mí -Mató a mi ángel! Debo matarlo-
Escucho a Uriel jadear, como si nunca hubiera pensado en la posibilidad de ello, y para ser sincero, yo tampoco lo había pensado.
Entonces, empiezo a sentir calor, como si de la nada, la temperatura se hubiera elevado estrepitosamente.
Entonces, por todos lados, llamas rojas comienzan a salir.
-Miguel! ¿Cómo te atreves a matar a uno de nuestros hermanos? - grita mientras de su mano, en la cual hay una enorme llama, sale su espada -Debes ser castigado en el nombre de padre-
Y así, la pelea se intensifica, con Uriel y conmigo lanzando golpeas a Miguel, al poco tiempo él estaba tendido en el suelo, su cara estaba llena de sangre, pero, al contrario de lo que debería salir, sale sangre negra. Entonces algo viene a mi mente.
-Así que también eres un Demonio eh- me burlo mientras pateo su rostro -Quién diría que el gran Miguel solo es una maldita rata escurridiza-
Veo como sus puños se aprietan a pesar de estar todavía tirado.
-Que vergüenza, un hijo de Dios en realidad es un hijo del Diablo- me río, burlándome del cielo por todas las tonterías de la vida - ¿convertiste a un demonio en uno de tus ángeles? Realmente eres una cosa bastardo-
-No podemos traer de vuelta a ese ángel, Rey Demonio de la Salvación- escucho la voz de Ágares decir
Actualmente nos encontrábamos en el campamento después de la caída de Métatron. Ese Dios había mandado a decir que le diéramos nuestras peticiones y él haría lo posible por cumplirlas.
Los demás Reyes Demonios presentes en la habitación dejan sus charlas individuales, para prestar atención a la conversación.
- ¿Qué estás tratando de decir? - pregunto entre dientes. Siento como mis manos comienzan a arder, signo de que mi furia está
-Es la regla- dice mientras mira mis ojos -No pueden salir de prisión a menos que sea cumplimento los requerimientos dichos en su aprensión o muertos-
La sala de reunión comienza a bajar, veo como los demás Reyes Demonios se ponen nerviosos ante esta nueva atmósfera. Me empiezo a reír, como un loco. Tal vez es porque lo estoy, ese maldito hijo de puta no piensa regresármelo, como si todo esto fuera un juego.
-Lo siento- escucho a Ágares decir mientras salgo del lugar.
-Arcángel Miguel- escucho la voz de alguien más decir. Dirijo mi mirada hacia el dueño de la voz, para ver a Gabriel, la novia de Uriel -Uriel y Rey Demonio de la Salvación- continúa hablando mientras camina hacia nosotros -Es suficiente, si siguen la tierra no podrá soportarlo-
Veo como Gabriel ofrece su mano a Uriel, y como esta última, la toma sin renegar.
-Rey Demonio de la Salvación- dice el Arcángel mientras me entrega una daga dorada -Con esto puedes tomar tu venganza- agarro la daga y reconozco inmediatamente lo que es. El único artefacto que puede destruir por completo a un ser, sin posibilidad de renacer.
La miro a los ojos, tratando de comprobar lo que está sucediendo y veo como asiente con la cabeza.
-Él es un traidor que mató a uno de los nuestros- dice mientras mira al arcángel tirado -Y tú, como amante de dicho ángel, tienes el derecho y deber de tomar venganza-
Con dicha aprobación, avanzo hasta el caído Miguel, lo agarró del cuello y lo alzo. Él está tal cual marioneta sin hilos, roto sin igual. Dirijo mi mirada a Joonghyuk, mi ángel, y sonrío cuando noto que me mira
-Mi ángel- digo acercando la daga a las alas de Miguel -Esto es por ti amor, por nosotros- y sin esperar nada, le corto el ala izquierda. Vi como mi ángel comenzó a temblar, talvez por la crueldad del acto, talvez por el grito desconsolado de Miguel -No temas amor, pronto terminará- y así, otra ala es arrancada de Miguel. Cuando el arcángel cae de rodillas debido al dolor, retorciéndose de sufrimiento, lo volteo para que me mire a los ojos -Nunca creí ver a un arcángel llorando tal cual bebé- me burlo, sosteniendo la daga en su cuello -Ya no soy débil, ya puedo protegerlo y vengarlo- Y así, sin más, termino cortándole el cuello, tan profundamente que solo quedaba un trozo de musculo qué impedía esta fuera arrancada por completo de su cuerpo.
Mientras saboreaba mi venganza, escuché un ruido sordo, como si algo hubiera caído. Entonces vi a mi ángel, desmayado del impacto de ver como casi decapitaba a alguien.
Incapaz de dejarlo así, corrí hacia donde se encontraba y lo cargué en posición de princesa, con tal de que no se sintiera incómodo.
Tenerlo entre mis brazos fue realmente refrescante.
Pensé que tardarían otros siglos más el volver a sentir su piel.
-Es momento de irnos de la tierra, de lo contrario seguirá sufriendo por probabilidad- dice Gabriel con su voz siempre tranquila, como si no hubiera apoyado en la ejecución de uno de los suyos, como si realmente lo único terrible fuera el hecho de que la tierra poco a poco se agrieta por nuestro poder. Veo como tiene su mano entrelazada con la de Uriel. Asiento con la cabeza, y, cuando estoy a punto de irme, volteo a verlas.
-Les enviaré una invitación para que conozcan nuestro hogar- hago una pequeña reverencia -Gracias por su ayuda para recuperar a mi ángel-
Y sin esperar respuesta alguna, nos transportó a casa.
'Finalmente regresaste mi ángel'.
-Maldita sea- arrojo la copa a la pared del frente -Esos malditos informantes no sirven de nada- ¿Cómo es posible que nadie sepa como entrar a la prisión del Edén? - grito mientras tiro todo lo que hay en mi escritorio.
Veo como Sooyoung niega con la cabeza mientras se agacha a recoger uno que otro documento.
-No creas que ese tipo dejaría que todo mundo conociera sobre su lugar para los traidores, Dokja- pone los documentos nuevamente en el escritorio y se dirige a recoger otros más -Seguramente los arcángeles de confianza sabrían, pero ya metiste al de mayor confianza allí, así que no creo que ese tipo confíe otra vez en alguien-
Al escuchar sus respuestas. Me siento, frustrado hasta morir por encontrarme nuevamente sin salidas posibles.
Abro la puerta de mi habitación de manera silenciosa, lo más silenciosa posible, tratando de no despertar a mi Ángel de su sueño.
Lo acuesto en la cama, tratando de ponerlo lo más cómodo posible.
Con ayuda de mi magia, cierro las cortinas y traigo un balde de agua y un trapo limpio.
La sonrisa no desaparece de mi rostro ante el hecho de que finalmente, después de tantos siglos de espera, está en nuestro hogar, y que jamás volverá a desaparecer de mi vista.
Ya nadie es capaz de quitármelo.
Al pasar las horas, me desespero un poco ante el hecho de que no ha abierto los ojos.
-¿Acaso esa escena fue muy sangrienta para ti, mi Ángel?- pregunto a mi Ángel aun dormido, mientras acarició su cabello sedoso. Aún tiene esos mechones rebeldes qué tanto me gustaban.
Toc, toc-
Se escucha el sonido de la puerta
-Adelante- digo mientras sigo acariciando tu rostro, ignorando un poco a aquella persona que está entrando.
-Felicidades por recuperar lo que te ha sido robado- escucho las palabras de Sooyoung - Finalmente le has ganado a ese tipo- dice mientras se acerca a dejarme una botella de vino.
Veo como empieza a servir dos copas, una claramente es para ella.
-¿por qué no se despierta?- pregunta después de tomar un sorbo de su copa.
-Talvez sea por el shock- digo mientras tomo la mía - de igual manera pronto se despertará. Mi Ángel es un guerrero-
Veo como Sooyoung arruga la cara, con una clara inconformidad con mis palabras.
-Dokja, él ya no es un ángel, no recuerda el pasado- dice mientras chasquea la lengua -solo es un humano-
La habitación se queda un momento en silencio. No soy capaz de contestar a sus palabras.
Sé muy bien ese hecho, él ya no es el ángel del qué me enamoré perdidamente, pero sigue siendo él, es su alma.
-Es él, eso es lo importante-digo y tomo la mano del hombre dormido -y todavía puedo hacer que me ame, de hecho, ya me ama- sonrió ante el recuerdo de mi Ángel, confesándose mientras creía que estaba dormido. El cómo su voz se escuchaba celosa al hablar del ángel del qué estaba enamorado.
Qué curiosa es la vida. Él estaba celoso de él mismo.
- ¿Dokja? - escucho la voz de mi ángel, ante tal hecho, bajo el libro que tenía en la mano y me dirijo a sentarme a su lado en la cama.
-Finalmente despertaste amor- murmuro mientras acaricio su rostro -Dormiste mucho mi ángel- bajo mi cabeza hasta depositar muchos besos en su frente - ¿Cómo te sientes? -
Siento como se pone rígido ante el toque, como si no estuviera acostumbrado a esto, y bueno, realmente no lo está en este cuerpo, pero sin duda antes estaba acostumbrado a cosas más fuertes que un simple beso.
-Mi ángel- rodeo mis brazos alrededor de su cuello. Veo como se queda quita, talvez comprendido la razón para el repentino afecto físico. -Voy a hacer algo, así que cierra los ojos un momento-
Escucho un pequeño gruñido de su parte antes de ver como sus manos se posan en las mías, tratando de salir de mi agarre - ¿Qué estás tratando de hacer Dokja? - pregunta mientras logra salirse de mi agarre
Hago un pequeño puchero ante su claro rechazo de intimidad y volteo el rostro, molesto completamente por su actuar -Solo quería tratar de hacer algo con mi novio- avanzo lentamente hasta sentarme del otro lado de la habitación -Pero mi novio no me quiere-
Escucho rápidos pasos que se dirigen a mi dirección, pero decido ignorarlos, triste por lo anterior.
-Dokja, solo estaba sorprendido- dice mientras toma mis manos y las acaricia con sus dedos -Haz lo que querías hacer, ¿sí? no te enojes-
Con un poco de renuencia a su toque, siento que aprieta cada vez más su agarre.
-No querías- digo cruzándome de brazos.
Escucho una pequeña risa de parte de mi ángel, antes de que sus brazos rodearan mi cintura.
-Parece que mi lindo demonio está enojado conmigo, ¿qué puedo hacer para que estés contento, cariño? -
Después de hacer comer a mi ángel una sopa ligera, regresamos a la habitación y nos quedamos sentados durante un buen rato. No es como si me molestara, estar con mi ángel siempre es cómodo.
-Entonces... ¿soy tu ángel? - pregunta, puedo escuchar como su voz tiembla, tratando de digerir la información que recibió antes de desmayarse.
-Eres- digo mientras tomo su mano. Es tan cálida. Me recuerda el hecho de que mi sol, mi vida, la única razón por la cual sigo en viviendo en este maldito mundo, ha regresado a mi lado.
Sin embargo, las cosas no son tan buenas como espero. El silencio se adueña de la habitación, recordándome el hecho de que, aunque sea mi ángel, él no recuerda que yo soy suyo, ni que él es mío.
'¿Y si no quiere regresar conmigo? ¿Y si no me ama como antes?' aprieto su mano tan fuerte, que puedo escuchar un pequeño siseo de dolor.
¿Cómo puedo dejar que te escurras de mis manos cuando finalmente te recuperé?
-Mi ángel- alzo su rostro, obligándolo a verme a los ojos -hice nuestro hogar como prometí- tomo con mis dedos sus mejillas, siento como la sangre comienza a correr rápidamente, ocasionando un rubor tan claro en él -Prometiste quedarte si construía una casa para nosotros- lo acuesto en la cama y me subo encima de él, haciéndolo incapaz de salir de mi agarre -No puedes dejar, no tienes permitido dejarme-
La vida sin él comienza a aparecer en mis recuerdos.
Los días oscuros en los que solo me quedaba encerrado en la habitación, llorando y suplicando que regresara a mi lado.
Los días en los que mis manos se mancharon con la sangre de sus hermanos, aquellos seres que nunca tuvieron la intención de entregármelo.
El tiempo aquel en donde lo único que me mantenía cuerdo, incapaz de cometer un suicidio, era el hecho de que sería más difícil recuperarlo si me enfrentara a otra vida.
Siento como la presión comienza a caer en la habitación.
Mi cuerpo comienza a temblar, incapaz de soportar las emociones que me están carcomiendo. ‘Si tan solo pudiera dejar de pensar en lo que pasará'
El suelo tiembla y las paredes retumban, el cielo comienza a teñirse de azul.
'Me va a dejar'
Lo miro con ojos enloquecidos
'No quiere quedarse'
El cuerpo debajo de mí comienza a temblar, mientras la persona agarra mis manos, en un débil intento de calmarme. Pero no puede hacerlo, solo hay algo que puede conseguir que mis miedos terminen.
'Debo encerrarlo, si lo ato no me puede dejar'
-Dokja- murmura mi ángel -Está bien-
¿Está bien?, ¿qué está bien?
¡Nada está bien!
Por mucho que quisiera decir que todo está bien, que todo estará bien, sé muy bien que no será así.
El hombre de quien me enamoré, ya no está, el hombre quien se enamoró perdidamente de mí también, ya no existe.
Nuestros recuerdos fueron perdidos. Arrebatados por parte de aquellos en quien él confiaba.
Él no me recordará.
Para él solo seré parte de su vida anterior
Un ser por el cual fue condenado al ostracismo y aprisionado por la eternidad hasta que se cansaron del hecho de que jamás recuperarán al guerrero que necesitaban.
Siento como las lágrimas comienzan a caer, una clara señal de lo roto y mal que me siento en estos momentos.
Si no piensa cumplir su promesa porque no es su antigua vida, ¿qué será de mí?
Y al parecer, como en nuestro pasado, volvió a leerme, leerme como solo él sabe hacer
-Cumpliré la promesa de la que hablas, Dokja- dice mientras alza su mano hasta tocar mi rostro.
Me quedo congelado por un momento, incapaz de comprender su acto, hasta que un recuerdo se precipita a mí, el recuerdo de él, tratando de consolarme cuando me dijo que debía dejarme por un tiempo.
Me agacho, tratando de pegar más mi rostro a su mano, persiguiendo su calor, ese toque amoroso que tanto extrañé.
-No llores, todo estará bien- y finalmente, como si un hechizo fuera lanzado por sus labios, me dejo caer.
Lloro mientras lo abrazo, acercando lo más que puedo nuestros cuerpos.
Tratando de hacer que nunca me deje, pidiéndole que se quede conmigo, que me ame como antes, que recuerde que lo amo.
-Te amo- dice mientras alza mi rostro -En mi anterior vida y en esta, incluso en la siguiente, siempre te amaré- comenta mientras invierte nuestras posiciones. -Si bien no recuerdo nada del pasado, sé muy bien que te pertenezco y que te amo-
Baja su rostro hasta mi cuello y comienza a repartir pequeños besos
-Qué ambos nos pertenecemos en todas las formas posibles-
Ante tales palabras, mi cuerpo reaccionó, como reconociendo finalmente a su dueño, al único que permite pueda explorar.
-Abstendré de esta identidad como sacerdote para ser lo que realmente soy, el amante de un Rey Demonio-
Manos fuertes comienzan a viajar por mi cuerpo, apretando tanto al grado de dejar moretones por todos lados.
Ante tal toque, dejo que mis manos comiencen a recorrer su cuerpo, tratando de acercarlo, haciendo lo posible porque él recuerde mi toque.
Mis labios comienzan a descender a su barbilla, recuperando un poco el aliento que me fue perdido debido a los incesantes besos.
Siento la sal en mi lengua, recordándome el hecho de que está aquí, como si volviera a aquel tiempo en que regresaba de su entrenamiento, cansado pero listo para meternos en la cama, disfrutando de nuestro amor.
Sentí mi cuerpo arder, incapaz de soportar las caricias a las cuales estaba siendo sometido después de tantos siglos. Calentándose más en las zonas en las cuales su mano vagaba.
Mis labios comenzaron a viajar por su cuello, dejando con ellos en camino de marcas, marcas que le recordarán el hecho de que es mío, de que siempre me ha pertenecido.
Nuestras ropas hacía un tiempo habían sido arrancadas de nuestros cuerpos, tiradas y desgarradas.
Pude sentir su sexo duro sobre mi muslo, sentí como mi muslo se quemaba debido a ti.
-Por favor, por favor ángel- suplico mientras beso tus labios, mis manos viajaron hasta tu lugar, agarrando hasta rodear completamente tu miembro. Te escuché sisear, como si no pudieras con el hecho de que te tocara. Ante esto, comencé a acariciarte, tratando de sacar más sonidos de tus labios, tratando de encenderte más hasta que no hubiera dudas en tu mente para continuar.
-D-Dokja, espera un momento, yo- murmuras, incapaz de completar la frase, como si tu cerebro estuviera ardiendo tanto como tu cuerpo.
-Vamos ángel, dámelo- susurro mientras muerdo tu oreja suavemente tu oreja, hasta que mis labios vuelven a bajar a tu pecho, cuello y hombros. Siento como comienzas a acariciarme, como si intentaras hacerme ver el como uno puede derretirse por el toque de la persona que amas. Incapaz de controlar mi fuerza, siento como la sangre llega a mi paladar, anunciando el hecho de que perforé tu cuello con mis dientes. Lamo el lugar, tratando de hacerte llegar una disculpa, tratando de evitar que te separes de mí.
Puedo sentir como tus dedos comienzan a tocar alrededor de mi borde, tratando de encajarse en él.
Ahora mismo agradezco el hecho de ser un rey demonio, alguien con la capacidad de lubricarse y de concepción.
'Así puedo amarrarte, evitar que me dejes' pienso mientras disfruto de la sensación de tus dedos dentro de mí.
-Un poco más Dokja, solo un poco más- gruñes mientras sumas otro dedo dentro mí. Siento mi interior arder ante el hecho de estar siendo abierto nuevamente después de tanto tiempo. Aun así, mis caderas comienzan a moverse, tratando de profundizar más, tratando de hacerte llegar a aquel lugar. Pero sé que tus dedos no son suficientes, no cuando mi cuerpo recuerda perfectamente cuando te tenía dentro, recuerda el peso enorme y el ardor por el estiramiento para acoplarte en mi interior.
Los minutos parecieron eternos, hasta que finalmente, tus dedos dejaron mi lugar y comenzaste a acomodarte dentro de mis piernas, quienes fueron guiadas a envolver tu cintura.
Sentí como la punta de tu miembro comenzaba a entrar, el ardor que sentí fue tan inmenso que gemí, incapaz de controlarme. Entonces, tus manos alzaron mi rostro, guiándome a tus labios.
-Déjame entrar- murmura con su voz ronca justo al lado de mi oreja -no aguanto más, entraré, te haré sentir bien- dijiste en el momento en el que finalmente entraste a mí.
Pude sentir como lágrimas caían de mis ojos, no sabía si era por el hecho de que dolía el adaptarme a tu tamaño o por la felicidad que inundaba mi ser al tenerte otra vez a mi lado.
Nos dejamos llevar por el fuego del amor, incapaz de controlar nuestros impulsos y ganas de sentirnos. Tratando de recuperar nuestro tiempo que fue robado.
Murmurando entre besos, maldiciones a aquellos que en algún momento nos impidieron estar juntos, burlándonos y regocijándonos de nuestra venganza y victoria.
-Te amo, mi ángel- murmuré antes de perder el conocimiento, dejando mi cuerpo a tu merced.
-Sabes mi ángel- murmuro mientras me recuesto más en su agarre. Nuestros cuerpos están desnudos, cubiertos en sudor y gastos debido a nuestras actividades anteriores. -Nunca creí que en algún momento podría encontrar a alguien que me amara y a quien amara- subo encima de su torso, besando sus labios mientras mis caderas se mueven encima de las suyas, tratando de volver a encenderlo.
-Pero ahora no solo tengo a alguien que amo y que me ama- sonrío mientras guío su miembro a mi agujero -Ahora tengo al dueño de mi eternidad, mi vida y mi cuerpo-
Me dejo caer sobre su sexo, sintiéndome al instante completamente lleno. Guío nuestras manos a mi abdomen, donde se nota el lugar exacto al que llega dentro de mí. Puedo ver como sus ojos tiemblan ante este hecho, mientras su sexo se vuelve cada vez más grande dentro de mí.
-Soy tuyo, ángel, sé mío- murmuro mientras acelero mis movimientos, sacando así gemidos de tu parte. Puedo sentir como tratas de quedarte quieto, tratando de tomar lo que te estoy dando, tratando de no abalanzarte a mí y tomarme como quisieras.
Solo bastó un gemido de mi parte para que tu concentración se fuera al caño. Sentí como tus fuertes brazos envolvían mi cintura, arrastrándome cada vez más fuerte hacia donde nuestros cuerpos están unidos, antes de voltearme y enterrarme en la cama, alzando mis caderas y presionando mi rostro entre las sábanas.
-Soy tan tuyo como tú eres mío- gruñes mientras muerdes mi hombro, enterrándote cada vez más fuerte y rápido dentro de mí.
Cuando abro mis ojos, lo primero que capto son unos brazos envolviéndome. Tardo un segundo en comprender lo que está pasando, recordando como la noche anterior finalmente recuperé lo que durante tanto tiempo busqué.
Incapaz de poder controlar mi emoción, te abrazo, enterrando mi rostro en tu pecho, tal cual lo hacía cada vez que nos encontrábamos en esta posición.
Lamentablemente para mí, hay deberes que hacer, ser un Rey Demonio no me quita el hecho de tener que trabajar, de hecho, ahora trabajo más que cuando nos conocimos.
Pero no importa, ahora tenemos un lugar en donde estar, un lugar en donde solo con mi autorización es posible entrar y salir.
Un lugar del cual jamás podrás escapar, donde jamás te podrán arrebatar de mí.
Al pararme, siento como mi cuerpo duele por todas partes, es la misma sensación como si hubiera sido atropellado por alguno de aquellos carruajes que andan en las calles del mundo humano, igual a cuando terminábamos todos nuestros actos.
De mis muslos, comienza a escurrir un líquido viscoso y blanco, anunciando el hecho de que viniste en mi interior, pintando mis intestinos con tu esperma.
Puedo sentir como mi cuerpo tiembla de emoción ante el hecho, pensando en el hecho de que ahora finalmente hay una posibilidad de amarrarte.
Camino lo más rápido posible directo al baño, tratando de no tropezar con cualquiera de las ropas que hay en el suelo, obligando a mis piernas, actualmente débiles, a esforzarse por llegar.
Abro la puerta con más fuerza de la necesaria, caminando directamente hasta donde se encuentra el espejo.
Descubriendo mi nuca, miro directamente a ella, y allí, en el espejo, puedo notar el nacimiento de un estigma. Un estigma de concepción, anunciándole al rey demonio que, dentro de él, ahora hay una nueva vida, vida que lo ligará al otro padre de la criatura.
Mis manos se dirigen a mi estómago, mi mente comienza a procesar un hecho, un hecho simple, hay vida dentro de mí, vida hecha por mí y mi ángel, algo que nos unirá por la eternidad
'Oh mi ángel, nunca podrás escapar de mí'
Cuando la tina está llena de agua tibia, me meto en ella, tratando de aliviar con ella el dolor en mis músculos. No puedo quejarme, añoraba tanto la sensación de sentirme tan amado por ti.
Sin darme cuenta, el tiempo comenzó a pasar, hasta que sentí una mano tocar mi hombro.
Como demonio embarazado, mis instintos me obligaron a atacar, atacar a cualquier persona, ya que cualquiera podría dañar a mi hijo.
Cuando tengo a la persona contra la pared, finalmente me doy cuenta de a quien acabo de atacar.
Suelto mi ángel, alzando las manos, tratando de demostrar que no soy una amenaza, que fue sin querer, que no quería lastimarlo.
Cuando él voltea a verme, puedo observar como su frente está roja, anunciando el hecho de que fue herido, herido por mí, por ser atacado por mí.
Siento como mis manos tiemblan, observo como se mueven sin cesar. Las miro, odiando el hecho de que ya no son débiles ni pálidas.
Mis manos han tomado la vida de miles de seres, miles de ángeles y demonios que se atrevieron a dañarme, a tratar de alejarme de él.
'Ahora solo soy una máquina de guerra'
Ante tal pensamiento, me derrumbo. Mi ángel me amaba por ser distinto, alguien suave que apreciaba la vida. No me amará ahora que soy un monstruo, ahora que acepté a mi demonio y lo alimenté con la sangre de mis enemigos.
A la distancia, puedo escuchar la voz de alguien llamándome, 'mi ángel me está llamando', pero para nuestra desgracia, todo se vuelve negro.
-Debes hacer ejercicio mi Dokja- murmura Joonghyuk en cuanto abro los ojos -No puedes seguir desmayándote cada que hacemos el amor- siento como sus brazos rodean mi cuerpo, atrayéndome a su calor. Meto mi rostro a su pecho, el cual cada día es más grande, recordándome el hecho de que ahora, al saber lo mucho que me gusta, lo ejercita más, tentándome a ir a él. Escucho como se ríe, claramente feliz por el hecho de que siempre caigo ante su tentación.
-Bueno, no es mi culpa que tengas la resistencia de un demonio- resoplo escuchando como se ríe ahora a carcajadas.
-Pero mi demonio eres tú, Dokja, y no tienes resistencia- dice mientras besa mi frente.
-Solo cállate y duerme otro rato- murmuro, cerrando lentamente mis ojos, cayendo nuevamente en la tentación de Morfeo.
-Descansa, mi amor- escucho su voz murmurar, un poco antes de finalmente caer.
'Es un día maravilloso'
-Ángel- murmuro cuando tengo finalmente claridad. Puedo sentir un pañuelo en mi frente y una mano apretando la mía. Es como aquel tiempo en donde me enfermaba y él cuidaba de mí. Aquel tiempo en donde era lo que más quería.
-Mi demonio está enfermo, no intentes levantarte, cariño, ahorita te traigo tu comida favorita-
Sentí como las lágrimas comenzaron a salir. Sentirse amado nuevamente por él era lo que más quería. Lo que más añoré durante los siglos de separación.
-Oh Dokja, no llores- lo escucho decir poco antes de sentir manos limpiar mis lágrimas, pero era imposible, estas seguían cayendo -Todo está bien, ya no llores-
Entre mi leve delirio, puedo ver el par de enormes alas blancas detrás de él.
'Oh, finalmente volviste' pienso, atrayéndolo a mí,
-Mi ángel, mi ángel- murmuro entre dientes. Siento un nudo en mi garganta, como mis ojos arden y mis lágrimas fluyen -Regresaste, volviste- lo abrazo, instando a mi ángel a no apartarse de mí -Te extrañé, te extrañé tanto. No te vayas, ya no seré malo, seré bueno- sollozo, acunando mi rostro en su pecho, sintiendo como me acaricia mi cabello -no volveré a matar, ya no haré nada malo, no te vayas- extiendo mis manos hacia el lugar de unión de sus alas, pero no había nada. No hay nada. Empujo al hombre que estaba sobre mí, molesto por el hecho de que toqué a alguien más, de que alguien más me esté cuidando.
Sentí como la persona se puso rígida, incapaz de comprender el porqué de mi actuar. Pero el confundido debería ser yo, todos saben que para mí solo hay una persona, solo mi ángel.
-No eres mi ángel- gruño mientras me quito la toalla que estaba en mi frente - ¿Dónde está mi ángel?, ¡Devuélveme a mi ángel! - grito entre lágrimas.
La emoción que había florecido en mi interior se apagó en el momento en que no sentí sus alas blancas.
Me levanto de la cama, empujando al hombre que aún seguía aquí
-Vete, no puedes estar aquí. Solo puede estar mi ángel- le grito mientras lo empujo. Escucho como cae de golpe al suelo y me detengo por un momento, sé que no utilicé mucha fuerza, pero tal parece que fue lo suficiente como para tirarlo.
Mi corazón comienza a doler, como si hubiera hecho algo imperdonable, pero no puedo controlarme, mi mente sigue borrosa debido al calor.
A tropiezos, salgo de la habitación, dirigiéndome al cuarto donde están sus plumas, donde está lo único que tengo de él.
Puedo escuchar a mis espaldas, a alguien llamar mi nombre, intentando de alguna manera detenerme, pero es imposible, no cuando mi cuerpo anhela a mi ángel.
Al entrar a la habitación, tropiezo con mis pies, llevando mis manos inconscientemente a mi estómago, como si estuviera tratando de proteger algo, pero mi mente hirviendo no me aporta ninguna razón.
Me arrastro hasta el lugar donde están sus plumas, su recuerdo, mi ángel.
Murmurando un pequeño hechizo, ve cómo se abre y caen en mis manos.
-Oh, ángel, mi ángel- murmuro mientras me acuesto, llevando mis manos, donde están las plumas, a mi cara, tratando de respirar, aunque sea un pequeño rastro de su aroma. Tratando de sentirlo nuevamente conmigo.
-Dokja! - escucho a alguien gritar, antes de sentir manos acunando mi cara -Estás hirviendo, levántate- dice, puedo ver pequeñas lágrimas salir de esos ojos heterocromáticos.
'Ángel'
Entonces recuerdo, aquel día en que cree este lugar, impidiendo que alguien más que mi ángel y yo pudiéramos entrar. Tenía miedo de perder lo único que me dejó, pensando en que volverían por sus plumas.
- ¿Mi ángel? - pregunto mientras mis lágrimas cesan. Llevo mis manos hacia su rostro, que se ve más delicado de lo que recordaba - ¿Regresaste? ¡Mi ángel!- grito abrazando al hombre, llevando nuevamente mis manos a su espalda, volviendo a sentir un hueco allí, las alas le faltan -¿Dónde están tus alas, mi ángel?- pregunto, recorriendo con mis dedos toda su espalda, tratando de buscar lo que le falta -¿Por qué no están?, ¡Te quitaron tus alas!- grito mientras toco su cara, mirándolo fijamente por primera vez en el día, dándome cuenta que no es lo único que falta -¿Tus cicatrices?- pregunto, ahora llevando mis manos a su rostro -¿Dónde están?, ¿ángel?-
Siento como el hombre comienza a temblar, como si no pudiera soportar mis preguntas. Lo abrazo, tratando de consolarlo.
-No llores, es mi culpa, no llores- digo mientras le doy palmaditas en la espalda. -Yo traeré tus alas de regreso, iré al cielo y te las regresaré- digo mientras le doy besos en la cara, tratando de calmarlo. -Te las regresaré mi ángel-
Pasaron los minutos mientras seguías sollozando, no tienes idea de cuánto me duele verte así, tan triste. Pero es entendible, durante tanto tiempo estuvimos separados, llorar es lo más normal en esta situación, recordando el hecho de que tus alas fueron robadas.
Mientras planeaba una forma en la cual pedirle a Uriel ayuda, escucho un murmullo.
-Ya no soy un ángel- murmuras, tomando mis manos -Morí Dokja, recuérdalo- dices, mientras alzas mi rostro, obligándome a mirarte -Ya no soy un ángel, pero sigues siendo mío- gruñes, apretando cada vez más tu agarre -Mi alma te pertenece, al igual que la tuya me pertenece- dices muriendo mis labios. Puedo saborear el sabor de la sangre llegando a mi paladar. - ¡Deja de soñar con lo que fuimos, estamos aquí, ahora mírame, mírame, regresé! - gritas, empujándome al suelo.
Por el rabillo del ojo puedo ver las plumas, que ahora están tiradas en el suelo.
-Me duele Dokja, ¿por qué no puedes amarme como soy ahora? - dices mientras rodeas mi cuello con tus manos -Sigo siendo yo!, Mi alma es la misma! - gritas, apretando tu agarre. Puedo sentir como poco a poco se me corta la respiración - ¿Me amas, ¿verdad? - preguntas, bajando tu rostro hasta rosar mis labios -Soy tuyo, ¿eres mío? - preguntas besándome débilmente.
Entonces, finalmente recuerdo lo que sucedió.
Mi ángel murió, fue asesinado por Miguel, justo después de que la guerra de Santos y Demonios iniciara, justo antes de que finalmente me condenaran a Metatrón.
Mi ángel ahora es un humano, un humano que ahora está atado a mí por la eternidad debido a la pequeña vida que ahora crece en mí.
Con mis manos temblando levemente, agarra sus manos y las pongo en mi estómago, presionando lentamente.
Puedo ver como sus ojos se llenan de clara confusión, como si no entendiera lo que estoy tratando de decir.
Y lo entiendo, es comprensible que no lo sepa, solo los reyes demonios saben que ganan la capacidad de concepción y enlace una vez que se convierten.
Más que nada por miedo a que los demás se enteren de que la pareja de un rey demonio es para siempre, alguien que está atado a tu alma hasta que el medio de enlace desaparezca o que uno de los dos muera.
-Mi ángel- digo, dándole un pequeño beso -aquí está nuestro bebé- aprecio como se queda quieto, para luego temblar mientras recorre mi abdomen con sus manos.
- ¿Bebé? -pregunta mirando abajo, como si fuera lo más extraordinario que haya dicho - ¿nuestro bebé? - pregunta, ahora mirándome a los ojos.
Puedo ver su pequeño rayo de esperanza en ellos, como si estuviera tan feliz. Espero que realmente sea feliz.
-No solo eso amor mío- digo mientras murmuro levemente un hechizo para que él sea capaz de ver las cadenas. Entonces, frente a nosotros, se ven hilos rojos que van desde mi corazón al suyo, como una delgada cadena negra nos rodea a ambos nuestros cuellos, recordándonos el hecho de que ahora somos prisioneros el uno del otro -mira amor, nunca nos separarán, estamos atados por toda la eternidad- digo mientras comienzo a reírme como un loco. Tan feliz de demostrarle el hecho de que nos pertenecemos, de que nos perteneceremos. -Eres mío por toda la eternidad- digo antes de morder su nuca, mostrando el estigma que ganó por embarazar a un rey demonio. -Mi compañero, mi esposo-
Entonces, comienza a empujarme al suelo, para luego posar su rostro en mi abdomen, como si quisiera sentir al bebé.
Acaricio su cabello, disfrutando este momento, grabándolo para siempre en mi mente.
Él y yo, acostados en un cuarto lleno de él. Disfrutando el hecho de que nos amamos.
-Por cierto, mi ángel- digo, atrayendo inmediatamente su atención -Todo lo que hay aquí son regalos para ti- comento, intentando sentarme, para luego pararme y llevarlo a recorrer el lugar, pero el presiona nuevamente mi cuerpo para impedir que salga del suelo -Vamos, amor, quiero darte tus regalos- le digo mientras beso sus labios
Los besos tiernos comienzan a convertirse en besos desesperados, que tratan de tragarse a la otra persona, mezclando de manera efectiva las salivas de las personas.
Quienes, en su desesperación y calor, comienzan a tocarse por todas partes, dejando a sus manos la libertad de andar por donde quieran, apretar y estrujar a su antojo.
Las caricias rápidamente se convierten en algo más.
Corazones anhelantes que finalmente sienten la conexión que buscaban, aceptando los cambios ocurridos por los siglos, celebrando el hecho de que ningún poder podría nuevamente separarlos, festejando por lo que juntos construyeron.
-Bienvenido a nuestro lugar, mi ángel- gimo mientras siento como se corre dentro de mí. Disfrutando la sensación de ser llenado nuevamente por la persona a la que le he entregado mi eternidad.
-Gracias, mi lindo demonio- gruñe mientras muerde mis labios, sacando sangre en el proceso.
Habían pasado unos meses desde que mi ángel llegó a nuestro hogar, mi estómago estaba cada vez más abultado debido a nuestra pequeña hija que aún se encontraba dentro.
La vida era tranquila, muy tranquila considerando el hecho de que nos encontramos en mi dominio, un Rey Demoniaco donde la luz del sol apenas llega y el aire no es tan fresco.
Si bien quisiera que el lugar donde mi hija viviera fuera un lugar donde la felicidad se respirara por todos lados, es imposible, no hay lugar en la tierra o en el infierno más seguro que aquí, un lugar donde nunca podrán ser arrebatados de mis manos.
Mientras regresaba a la habitación de mi sesión con el consejo, noto que la puerta donde se encuentran los regalos de mi ángel está abierta. Algo muy extraño, desde aquella vez en donde hice el amor con mi ángel allí no he podido regresar, él no quiere que entre alegando que tiene miedo. Por supuesto, como el buen amante y próximo esposo que soy, hice caso a su pedido, aunque mi alma anhele entrar y cuidar mis tesoros, pero para mí no hay tesoro más grande que mi ángel.
Cambio la dirección de mis pasos hacia el lugar, tratando de comprobar lo que estaba ocurriendo allí, y quedándome quieto en el momento en el que veo dentro.
Mi ángel, sentado en el suelo, con la cabeza entre sus brazos.
Puedo notar como su cuerpo tiembla, así como escuchar pequeños sollozos.
Alarmado, entro de prisa -Mi ángel- grito mientras me arrodillo a su lado - ¿Qué tienes?, ¿por qué lloras? - pregunto, en mi voz se nota mi claro temor, temor a que odie este lugar, temor a que se sienta como un prisionero. Temor a que no me ame más.
Rodeo al hombre que aún solloza en mis brazos, acariciando lentamente su espalda, tratando de consolarlo de alguna manera.
-No llores por favor, me duele el alma cuando te veo llorar- suplico, llevando mis manos a sus mejillas, tratando de secar sus lágrimas, mismas que seguían aumentando en lugar de disminuir.
-Por favor, por favor- murmuro, abrazándolo más fuerte.
Pasadas las horas, y ahora en nuestra habitación, él finalmente comienza a hablar
-Lo recordé- empezó. Su voz se escuchaba tan pequeña, desgastada por tanto llorar -La desesperación de nuestra separación, la incertidumbre de saber cómo estabas, y el miedo al morir- dijo, apretando sus puños -Cuando morí, solo pensé en ti, en nuestra promesa y en cómo sufrirías en el momento en que lo supieras-
Me quedé helado, tratando de procesar esto.
Mi ángel, el hombre al que más he amado en mis siglos de existencia, está nuevamente conmigo.
No como lo conocí, ya no como aquel ángel valiente y de pose arrogante.
Lo miré, tratando de comprender como, aún después de recordarlo todo, no se aleja de mi toque, cómo aún intenta arrastrarme más a él.
-Lamento no ser tan fuerte Dokja, si lo fuera tus manos no se habrían manchado de sangre- dice, besando mis manos, como si estuviera reverenciando. Cómo si las estuviera limpiando.
-Yo...- comienzo -Nunca pensé que fuera tu culpa- digo, mientras dejo que el continué besándome -El único culpable es tu Dios, tu Dios y esos ángeles-
Siento como tiembla, y me arrepiento en ese momento.
Mi ángel era alguien que adoraba a ese ser, lo adoraba y se lamentaba por ir en contra de su palabra. Varias veces vi como suplicaba perdón en medio de sus rezos, siempre antes de comenzar cualquier acto, aceptando ser un pecador, pero negándose a parar.
El silencio aparece, y por mucho tiempo considero en decir algo más, hacer como si mi comentario no fuera más que una broma, o si lo mejor sea aceptar mi culpa. Pero algo en mí me lo impide, porque jamás, ni en muchos siglos por delante, podré olvidar todo el tiempo de sufrimiento por el que pasé, y menos el hecho de que asesinaron a la persona a la cual entregué todo mi amor.
-Él no es mi Dios- gruñó mientras apretaba sus dientes. Pude sentir su inmensa ira llenando la habitación.
Mi corazón se alegró y a la vez se entristeció. Yo sabía cómo mi ángel estaba en plena lucha interna, o cuánto debió luchar con sus pensamientos mientras estaba encerrado en la prisión del Edén.
Cuántas veces debió suplicar entre sus rezos para que su Dios entendiera, que a pesar de estar con quien llamaban enemigo, él creí en él, y aceptaba ese castigo ya que pensaba que, en algún momento, su Dios se daría cuenta que no todo es blanco y negro, sino que hay grises.
Saber que, en el momento antes de su muerte, fue despojado del cielo, y su dios no hizo nada, solo quedarse como espectador, ignorando a uno de sus hijos que era cruelmente castigado como si fuera un pecado el amor.
-Yo solo soy tuyo, así como tú eres mío- murmura, besándome en los labios
-Sí, mi ángel- digo, dejándome llevar por el momento.
- ¿Por qué crees tanto en ese Dios tuyo? - pregunto, mientras me siento levanto a tomar un vaso de agua. Puedo ver como él se detiene de lo que estaba haciendo, y voltea a verme como si tratara de comprender una pregunta tan "tonta".
-Porque mi Dios es amor y perdón, él entenderá mi corazón- dice, sonriendo. Una de las pocas sonrisas verdaderas -Él verá que no somos malos, ni pecadores, solo nos amamos- dice, atrayéndome a sus brazos.
- ¡Papá, padre! - se escucha la voz lechosa de un bebé, quien entra tropezando a la habitación.
La bebé, de nombre Biyoo, el fruto de mi amor con mi ángel, un ser divino e infernal, demostrado en sus alas, un precioso par de alas negras y blancas tan grandes que casi llegan al suelo, haciendo que el pequeño bebé camine siempre inestable debido a su peso.
Puedo ver como mi ángel comienza a caminar directo a Biyoo, compadeciéndose de nuestra hija que intenta con todas sus fuerzas caminar correctamente. Dejo los documentos que estaba revisando y camino directo a ellos, esperando a escuchar lo que mi hija quiera decirnos a esta hora de la noche.
-Mi preciosa Biyo, ¿puedes decirnos por qué estás despierta tan de noche? - pregunto, acariciando su cabeza. Escucho una especie de pequeño ronroneo, denotando la felicidad que siente por el acto.
-Biyoo quiere escuchar una historia- dice, agarrando mi mano, misma que estaba dejando de tocar su frente, para volver a posicionarla allí, queriendo que siga con los mimos
- ¿Es así?, ¿qué historia quiere escuchar mi linda bebé? - pregunto, mientras caminamos directo a la cama. Puedo notar como Joonghyuk hace un pequeño puchero, no queriendo que acostemos a la bebé con nosotros.
Me río en mis adentros, sabiendo que a él no le gusta porque evita que podamos tocarnos al contenido de nuestro corazón.
-Biyoo quiere escuchar la historia del ángel y el demonio- dice, chocando sus manos. Puedo ver sus ojos brillar, como si estuviera realmente emocionada por escuchar la misma historia de siempre.
-Bueno...- intento comenzar, pero soy interrumpido por Joonghyuk quien me da un rápido beso en los labios.
-Hubo una vez, hace mucho tiempo, un ángel y un demonio que se conocieron mientras buscaban la agradable sombra de un árbol- comienza Joonghyuk, mirándome a los ojos, emocionado por recordar nuestra historia de amor.
Lo miro con ojos amorosos y me acuesto en la cama, feliz de escuchar el relato.
....
-Y así, el demonio logró traer a su ángel al hogar que fue prometido y vivieron felices para siempre- dice, dándome un beso en la frente. -Gracias por traerme a casa, Dokja- susurra en mi oído, como si intentara evitar que Biyoo escuchara.
-Siempre haría todo para recuperarte- susurro, besándolo de paso.
Miro al pequeño bebé que ahora se encuentra dormida con una gran sonrisa en su rostro. Me levanto, tratando de tomar a la bebé en mis brazos para llevarla a su habitación, pero siendo detenido por Joonghyuk.
-No Dokja, no debes cargar, es malo para los bebés- comenta, cargando a Biyoo en sus brazos. Acaricio mi estómago abultado debido a los gemelos que ahora están allí.
-Escucharon, Giyoung y Yoosung, su padre piensa que soy débil- comento haciendo un puchero. Me levanto lentamente, siendo apoyado por la mano libre de mi Ángel, quien, en su aun paranoia, no deja que haga nada, tratándome como un vaso de cristal qué puede destruirse ante cualquier toque.
Aun así, escucho como se ríe despacio y lo miró. Su rostro parece tan relajado, como en aquellos días en los que no pensábamos en la crueldad de la vida y solo nos dedicábamos a disfrutar de nuestro amor. Lo miro directamente y pienso en lo hermoso que es y en cómo, a pesar del tiempo, sigue se sigue viendo tan radiante y etéreo como siempre.
-Eres el más fuerte, pero ya cargas con nuestros amores, déjame ayudarte- comenta mientras me guía con su mano, y así, ambos caminamos directo a la habitación de Biyoo, charlando de pequeñas cosas que vivimos en nuestro día, contentos por la paz y armonía que conseguimos luego de tanto sufrimiento.
'Gracias por regresar a nuestro hogar'
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-Querido Dokja- saluda Uriel en cuanto llegan a nuestro patio.
Veo como Gabriel sonríe, negando con la cabeza al ver como Uriel habla sin restricciones, ignorando completamente la cara de petra en reposo de mi Ángel, quien está molesto por el hecho de que alguien más que él me abrace y me hable con cariño.
Sonrió felizmente al sentir el cariño de Uriel, quien, en todos esos siglos de sufrimiento siempre me brindó ayuda para recuperar lo que me fue robado.
-Bienvenidos a nuestra humilde casa, Uriel y Gabriel- saludo a ambas. - Espero puedan disfrutar de una agradable estancia aquí- digo mientras me paro al lado de Joonghyuk después de saludar a ambas mujeres, quienes sonrieron más en cuanto vieron a los pequeños 3 niños quienes estaban agarrando los pantalones de Joonghyuk, tratando de esconderse de aquellas personas desconocidas.
-Oh cielos, son tan lindos- grita Uriel, intentando agarrar los cachetes de los gemelos, siendo detenida por la mano de mi Ángel, quien la mira de manera amenazante.
-No toques a mis hijos, Uriel- dice mientras se para cada vez más recto, tratando de causar miedo a Uriel. Pero, fallando tristemente en el intento.
-Bah- bufa Uriel -Sigues siendo tan aburrido como siempre Joonghyuk- rueda los ojos antes de tomar mi mano -¿Cómo puedes soportar a este bruto, mi lindo Dokja? Dime si te hace algo, prometo ayudarte- comenta mientras alza su brazo apretando la mano.
Me rio, incapaz de soportar la gracia qué me causan sus palabras.
-No pasa nada Uriel. Mi Ángel siempre es bueno- comento, mientras le doy un beso en la mejilla a mi esposo, tratando de calmarlo un poco.
Ya pasado poco menos de un siglo desde que recuperé lo perdido. Los niños crecen lentamente pero bien. Su crecimiento es más lento que lo normal debido a su sangre que comparte tanto divinidad como poder demoníaco.
El cómo puede suceder eso aun cuando Joonghyuk es solo un humano es confuso, pero simplemente lo atribuimos a que, a pesar de que su cuerpo es el de un ser terrenal, su alma es claramente la de un hijo de Dios
Sinceramente me siento feliz al saber que los niños crecen despacio y que tardarán al menos otros dos siglos en llegar hasta la adultez física.
Sooyoung piensa que estoy loco por eso, pero ¿Cómo culparme? Si los niños crecen lento entonces puedo disfrutar por más tiempo su etapa de bebés y consentirlos con todo mi amor. Además de la ventaja de que el lazo qué nos ata a mí y a Joonghyuk perdurará mucho más tiempo, ya que la única forma en la que pueda ser borrado o que pierda su fuerza es que, los niños que nos atan, mueran o que alguno de los dos lo haga.
-Rey Demonio de la Salvación- escucho hablar a Gabriel -realmente haz construido el hogar qué tanto soñaste- dice, mirando a la sala donde se encuentran los niños, Joonghyuk Y Uriel.
Miro adelante, apreciando ese cuadro lleno de felicidad. Pensando en la dicha que ha llegado a mí. Misma dicha que construí con mis propias manos, y que jamás dejaré me sea arrebatada.
-Felicidades por tu familia- dice mientras me da un apretón de manos.
sonrío, aceptando el gesto y de volviéndolo
-Felicidades a ti también por la familia que estás apunto de tener- digo, recordando como el vientre de Uriel estaba un poco más grande de lo que recordaba.
Siento como Gabriel se estremece y me mira a los ojos.
-No le digas, ella quería darles la sorpresa en la cena- murmura, mirando con ojos tristes por el hecho de que sus planes fueron exterminados.
Me rio en voz baja, divirtiéndome por el hecho de que un Arcángel tan estoico como Gabriel pueda hacer esa cara.
Pero, antes de poder hablar, siento como una mano fuerte envuelve mi cintura.
-¿Qué es tan gracioso, mi Dokja?- pregunta mi Ángel atrayéndome a sus brazos y mirando de mala manera a Gabriel.
Me rio ante la acción, divirtiéndome pero a la vez sintiendo felicidad por la forma de actuar de mi Ángel. Como si tuviera miedo de que le fuera arrebatado.
-Solo estoy feliz- digo, atrayéndolo a un beso -¿eres feliz?- pregunto mientras presiono nuestras frentes.
Escucho como se le escapa una pequeña risa de sus labios, antes de sentir como los pega nuevamente a los míos, uniéndonos a ambos en un beso tierno.
-El más feliz de todos- susurra besando mi mejilla y llevándome a la sala de estar junto a nuestros hijos.
'Que linda vida' pienso mientras agarro el juguete que me entrega mi Biyoo y siento la presión de los gemelos qué abrazan mis piernas como pequeños koalas.
