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Cuando las aves cantaban llenas de regocijo y el sereno se vertía sobre los brotes de hierba en la tierra, daban la calurosa bienvenida a una mañana de verano.
Xiao XingChen correspondía al noveno linaje de la familia real, aunque de territorios muy lejanos y escasa superficie, en cada rincón a la vista no cabía un lugar sin ápices de opulencia. Incluso los aldeanos rendían respeto y honor a quienes le otorgaban prosperidad al paso de los años.
La familia real lo era todo para el pueblo y era justo aquél sentimiento que provocaba en Xiao XingChen, un gran ímpetu por conocer y disfrutar bienintencionado de ser adorado y ayudar a otros. No era como si fuese a olvidar sus principales deberes en el reino por irse tras los arbustos y las pequeñas casas donde los campesinos llevaban felices sus vidas, pero había algo en Xiao XingChen, que llenaba de esperanza y calidez al mundo que lo rodeaba, quizás una virtud nata o la simpleza de su ser, pero podrías pasar una eternidad apreciando su amabilidad así como su inhumana belleza.
Sus padres, los Reyes de las costas más ricas, no eran esencialmente los más cercanos a las peticiones del pueblo, y casi, era el mismo futuro rey y príncipe quien se encargaba de éstas gestiones con más pericia y facilidad que el Conde.
Cada determinado tiempo se organizaban eventos, cargados y ostentosos con la firme intención de ofrecer más beneficios y formar un ciclo bondadoso de bienes y riquezas. No había una razón en específico, más que celebrar y vibrar de prosperidad en un sitio tranquilo.
No sería la primera y última vez que Xiao XingChen se escabullera grácil a través de los corredores tras una larga junta de la corte. Había decidido tomar su propio camino en cuanto a sus decisiones y opiniones de su padre, quien proveía más y hacia buenos lazos con reinos fronterizos, y aquello no se debía a una corrupta indiferencia con quienes le rodeaban, al ser un reino no tan grande como otros, incluso con escasos habitantes, había un gran trabajo por hacer.
Era imposible que decisiones importantes, que implican la riqueza del reino, cayeran en manos equivocadas. Xiao XingChen era astuto, fuerte e inteligente, había aprendido y escuchado lo que debía y hecho caso omiso a lo inoportuno. Xiao XingChen siempre favorecía por naturaleza a la clase más baja, le había dado grandes resultados sin segundas intenciones, no simplemente visitar causalmente las aldeas y ser recibido al igual que una fortuita bendición, sino que eso respondía a una gran producción y una gran demanda.
Todo funcionaba con cada cosa en su lugar y Xiao XingChen dedujo que siendo imparcial y justo, era una de las claves más importantes para mantener a flote el reino. Y así ganó el respeto del Rey. Sin embargo, no sólo se trataba de un noble bien encausado y humilde, eran sus ideales. Era extraño no verlo siempre involucrado, enaltecido y siempre impecable, cualquiera que cruzara su vista podría sentir lo maravilloso que era y el gran futuro brillante para el pueblo. Xiao XingChen caminó por los pasillos agitando los brazos, al igual que la suavidad de la brisa contra la piel, podía tener el privilegio de dar grandes pasos, sólo vivir por sí mismo. Pero siempre elegiría correr y sentir todo lo que le rodeaba, ser la promesa de su pequeño mundo, con la misma braveza y vigor que cualquier crío que prueba por primera vez, la sólida tierra con sus pies descalzos.
Algunos días, podría parecer algo insólito verlo cauteloso y con ligera diversión por ser sorprendido hacia la cocina principal utilizando túnicas y prendas sencillas, donde los cocineros y ayudantes exclusivos de los reyes pasaban el día ocupados preparándose para el próximo banquete.
En realidad, era un secreto a voces que el futuro rey amaba las tartas de manzana, y no había orden que pudiera evitar su palabra estricta de permitirle usar los utensilios y los espacios destinados a los grandes hornos.
A pesar de todo el movimiento, no fue una rareza verlo husmear de un lado a otro entre los largos tramos de las barras de cocina, saludando y animando dulcemente a todos por su labor. Aunque, dentro de la majestuosidad y lo formidable del mar, siempre guardaba turbulencias inesperadas, y el gran secreto era el pánico que se avecinaba cuando el príncipe tocaba la chispa de los hornos.
Quizás era algo que iría contra las reglas, irrumpir entre una zona desnivelada sin necesidad, pero quién sería suficientemente insensato y soez para contradecir al príncipe y sus actos serviciales y experimentar el placer de deshacerse entre sus aromas favoritos.
Xiao XingChen sólo guardaba dos cosas en su mente en esos momentos.
La primera y la más sustancial, era no interponerse en el arduo e importante trabajo de los cocineros reales por un gusto tan mundano como el suyo, y la segunda, amor a la cocina; El suave toque entre sus manos de la masa y la brisa blanca de un dulce polvo que envolvía su ser, anhelaba que el olor se impregnara en él junto con mezcla con los aromas del pan recién horneado.
Xiao XingChen adoraba sentir entre sus manos algo que podría comer y dar a otros.
Podría haber una gran mesa cubierta de bizcochos de distintos y muy extravagantes sabores, propios de una mesa de la realeza, sin embargo no tendrían el mismo sabor ni la forma de la cuna propia de sus manos. "Joven príncipe, esta mañana trajeron las manzanas más frescas y deliciosas de las costas del norte, esperamos sea de su agrado." Dijo una de las amables cocineras que siempre estaba al tanto de los peculiares y sencillos gustos del noble.
Xiao XingChen miró el cuenco con los frutos rociados y regordetes, no había necesidad de que dijeran que se trataba, entre las manos trabajadoras no resaltaba restos de fino polvo, solo bastaba que cerrara sus ojos y el aroma era vasto para poder decir, que se trataba de un perfecto cosechado.
El Príncipe agradeció con una reverencia, como siempre causando un gozo en los corazones de la gente que lo ayudaba. No había otro como él, quien en sus manos de buen corazón, aceptaría incluso lo más humilde como si se tratara de un tesoro invaluable. No tardó en levantar la leña y disfrutar del rudo sonido del fuego vivo y ardiente quemando la corteza.
Era momento de preparar su masa, y estaba tan familiarizado con la cocina que no bastó más que un escaso momento en el que se adentrara al almacén por un pequeño saco de harina. Sus movimientos fueron cuidadosos mientras rebuscaba, sólo su silueta por detrás era visible, si bien tenía un físico envidiable, se caracterizaba con una estatura tan favorable, si se trataba de montar a caballo o estar a una mano de alcanzar el saco, el príncipe era más que hábil, sin embargo, sus ojos no estaban listos para la tormenta de harina que desató al intentar arrastrar el saco, la nube blanca fue suficiente para que sus pies retrociederan y su cuerpo casi tocara el suelo, pero unos brazos se ajustaron debajo de su pecho.
"¿De verdad sólo una bolsa de harina casi te mata?" Murmuró una voz suave y delgada que se arrastraba por su cuello, Xiao XingChen alzó su rostro hacia el sonido y se maravilló al instante con los extraños rasgos del joven.
"Es usted muy amable y oportuno" Respondió Xiao XingChen, emocionado de cruzar palabras con alguien no menos de dos años por delante de vida.
El chico soportó no girar la vista al escuchar el lenguaje, tuvo que dejar el suspiro atrapado en su garganta y tomar el resto del saco de tela enfrente del joven con el rostro besado por diminutas manchas.
"No es nada, sólo te vi batallar y no quería que alguien sufriera un accidente. Creo que nunca te había visto. Me llamo Xue Yang, ¿Quién eres?" Confesó, y no había rastro de mentiras en su voz, incluso monotonía.
Xue Yang era el hijo de uno de los nuevos pasteleros, y no había forma de que reconociera al futuro rey dentro de aquellas sencillas y modestas ropas de cocina que eran las favoritas en sus días de descanso para refugiarse entre los hornos.
Xiao XingChen no aterrizó en su mente un tipo de disgusto o indignación, por el contrario mostró una sorpresa sincera y digna de un noble. Y con las mejillas brillantes y la mirada en alto, extendió su mano. "Soy Xiao XingChen. Un gusto conocerte" Dijo, agradecido por la amabilidad del joven.
Había sido un encuentro afortunado, puesto que Xue Yang tomó entre sus manos con una rapidez asombrosa toda la bolsa sin dejar derramar un grano de harina.
Xue Yang parpadeó incrédulo. Sabía dónde estaba pisando, el lugar donde se encontraba, si bien era lógico, no se esperaba que el futuro rey merodeara sin preocupaciones y sin seguridad los rincones más vulgares del palacio real.
"¿Estás bromeando?" Dijo Xue Yang.
Xiao XingChen se sentía magullado con las esquinas de sus labios traicioneras perdiendo la compostura, no era usual que alguien lo tratara con suma familiaridad, y vaya que lo adoraba.
"En realidad, sería impropio de mi parte divertirme con un título que no me pertenece. Pero de ser verdad o mentira, es usted quien puede tener la última palabra."
Xiao XingChen bajó su rostro amable para su propio entretenimiento y se movió hasta su gran mesa de trabajo, Xue Yang parecía haber sido congelado en su mismo sitio asimilando su siguiente respuesta.
El joven real tomó los primeros ingredientes y los esparció gentilmente sobre la mesa formando una ligera nube blanca.
Xue Yang rió en silencio y se acercó detrás del noble. "Creo que con esa respuesta es suficiente. Entonces…” Xue Yang vaciló. “¿Debería decirte alteza? ¿Mi príncipe? ¿Señor?" Su voz era una mezcla entre genuina duda y diversión picante que provocaba en Xiao XingChen un brillo radiante en sus mejillas.
"No es necesario, para ser sincero, me gusta mi nombre y absolutamente nadie me llama por él, puede llegar a ser lamentable." Dijo Xiao XingChen con un gran suspiro. Xue Yang encontró en ello algo con lo cual divertirse.
Había escuchado algunos comentarios, no era el tipo de persona que vivía en el campo, su familia se sustentaba con el trabajo de su padre. Xue Yang decidió que ayudarle y curiosear los espacios más codiciados del palacio sería entretenido siempre y cuando conservara discreción. Su padre aceptó su petición sin problemas, Xue Yang era un chico reservado pero ligero y divertido. Su intención era poder comer todo lo que quedara de sobra para los ayudantes, él era la adoración de sus padres por siempre estar en sus propios asuntos sin armar revuelo, pero Xue Yang sabía ser una tormenta devastadora para quien se lo propusiera.
"Bien, de todas formas su alteza no suena tan mal." Añadió tan cerca como pudo permitírselo el espacio entre la mesa y el agitado joven mezclando vigorosamente su mezcla de puré. "Pero sigo encontrando divertido tener al Príncipe de frente sin cincuenta caballeros que lo resguarden y un traje voluminoso" Prosiguió.
"No se trata de eso, me encanta hacer mi propia comida. Incluso serás mi invitado de honor para este humilde pastelero." Bromeó Xiao XingChen y captó la sonrisa vaga de Xue Yang.
Introdujo la bandeja bien pulida dentro del gran horno y esperó que quedaran tan bien como la mezcla olía. Xiao XingChen reposó su cuerpo contra la barra apenas a unos centímetros del jóven.
"Bien, bien. Así que eres todo un prodigio como dicen. Sabes hacer absolutamente todo." Dijo Xue Yang
"Me gusta experimentar y mi madre es quien me motivó. No son especialmente los mejores postres, pero me gusta, me hace feliz." Dijo Xiao XingChen con simpleza.
"Ya veo. Eres todo un caso. En primer lugar olvida la palabra usted, suena aburrido y apenas nos llevamos un par de años o quizás meses. Tranquilo, nadie te juzgará si aplastas un rato esa loca compostura tuya." Xue Yang habló directamente al rostro de Xiao XingChen, casi saboreando la mezcla restante entre los labios puramente rosas y suaves ajenos, un gesto que no pasó desapercibido para la mirada curiosa del príncipe.
Xiao XingChen aún lo miraba con asombro, como si estuviera descubriendo un nuevo tesoro esperando los segundos para explorarlo y apreciarlo. Xue Yang parecía una persona transparente y agradable, muy agradable con un lenguaje muy extraño. Nadie tendría la suficiente confianza de cautivarlo de aquella forma tan libre. Para cualquier persona que escuchara a Xue Yang, podría incluso tacharlo como soez y retraído, muy irrespetuoso a propósito, algo difícil de perdonar. Pero para Xiao XingChen, inocentemente sólo le causaba gracia su comportamiento.
"Prometo que lo intentaré. Entonces cuéntame más de ti, ¿Cómo es que tuve esta dicha?" Sonrió amplio y con la mirada buscó una servilleta de tela y se acercó -Imprudente para cualquier civil- en un breve impulso murmurando un ligero permiso antes de quitar los rastros de mezcla en las comisuras de Xiao XingChen.
Xue Yang no tartamudeó en sus gestos, en cambio alzó más su mirada y sintió que su cuerpo se calentaba agradablemente. Parecía que el príncipe le había dado un impulso a sus acciones.
"Mi familia trabaja para los reyes, mi madre cuida del hogar y mi padre, como podrás ver, él es cocinero aquí, debe estar en otra sala creyendo que estoy ordenando su almacén, pero aquí me tienes cautivado y preso de tu comida." Xiao XingChen asintió y no evitó las constantes risas que Xue Yang le provocaba. Pensó en que tenía años o quizás toda su vida sin conversar algo tan simple y mundano que olvidó que podía relajarse y saborear este tipo de felicidad tan fresca y ligera.
"Entonces, robo tu tiempo. Creo que es mi primer crímen.." Dijo Xiao XingChen tratando de ver nuevamente la sonrisa dulce y sombría del joven apuesto.
"No importa, quizás me lleven contigo, ¿En tal caso sería una bendición o un castigo"
"Insensato" Dijo Xiao XingChen con las comisuras de los ojos humedas a causa de la risa y la vergüenza que lo avecinaba.
"El príncipe tiene agallas para soltar palabras de este tipo, vaya"
"Fuiste el primero en otorgarme el honor" Añadió Xiao XingChen
"Entonces te aprovechaste" Dijo Xue Yang mostrando una fila de dientes como perlas bañadas por el mar.
"Oh, por todos los Dioses, no seguiré con esto." Las manos de Xiao XingChen cayeron en los costados de los hombros de Xue Yang, reposándose tranquilamente, tan suave como las hojas secas de otoño. Xue Yang no dudó en bajar sus manos y rozar la espalda del príncipe, quemando su piel, esperando ver algún tipo de reacción, pero se maravilló con verlo cerrar desinhibidamente los párpados.
Parecía irreal tener a alguien así a tan sólo unos centímetros, no por su posición y lo que cargaba en su espalda, sino por la belleza de su rostro. Una bella flor que reposó algunos segundos sobre la tierra común.
Xue Yang lo pudo comparar con una pintura renacentista y estaba en total seguridad que podría pasar horas, muchas horas memorizando las estrellas de su rostro. Parecía tan inocente a los toques de Xue Yang, podrías notar inmediatamente que no acostumbraba a convivir con nadie y mucho menos a recibir advertencias sobre las personas que podrían aprovecharse para sus propios fines.
Parecía seguro, sonriendo como si nadie se atreviera a hacerle daño. Que simplemente no podía concebir la dureza de las personas, y Xue Yang no era especialmente la persona más amable.
"Esta mañana, cuando salí de casa, pensé en que pronto las flores llenarían el prado, deberías verlo." Murmuró Xue Yang. El príncipe saltó de emoción y escapó de su pequeño mundo.
"¿De verdad? Oh, adoraría tanto acompañarte, pero creo que mi ausencia fuera del palacio sería muy fácil de notar." Bajó su rostro y recordó que ya había pasado un tiempo considerable para sus tartas.
"Olvidé que esta alteza tiene asuntos más importantes" Mencionó Xue Yang sin incomodidad en el rostro, sólo por simple gracia, pero Xiao XingChen genuinamente pensó lo contrario. Sacó la bandeja con unas telas tan gruesas que eran imposibles de manipular, la base de harina y mantequilla olía demasiado bien. Xiao XingChen buscó la mirada de su nuevo amigo.
"No, no es por eso. Mis padres… “ Pausó por segundos mirando el humo desprendiéndose de la bandeja. "Ellos, creen que no es bueno que confíe tanto en el exterior, no hasta que mi madurez culmine. Aunque apuesto, que en algunas ocasiones suelo ser más sensato que otros.." Añadió.
"Es fácil de adivinar, sólo molestaba un poco, quizás arranque unas en el camino, se verán bien donde sea que quieras ponerlas" Dijo Xue Yang
"Gracias" murmuró Xiao XingChen que apenas pudo formar una sonrisa en sus labios a causa del calor en su cuerpo. "Bien, dije que serías el primero, me acompañarás a repartir esto, ¿Te agrada la idea?"
Xue Yang le miró por un corto tiempo, no dudando de sus palabras, sino de sus propias acciones. Su mirada era incluso relajada y felina hacia Xiao XingChen. "Claro" Dijo.
Tomó un tenedor y clavó en un costado de la bandeja, evitando que chocara directamente con el metal y se lo llevó a los labios. No podía negar que era bueno, Xue Yang amaba con seguridad una cosa en ésta vida, además de sus padres, las manzanas. La masa tratada de la forma más gentil le daba un sabor exquisito y crujiente, pero morderlo era una fantasía al probar el sabor de los frutos secos de la base y el merengue suave y cálido en su lengua.
"Sabe estupendo" Dijo Xue Yang
"No esperaba menos" Respondió hinchado de felicidad mientras veía al joven disfrutar de su propia cocina. No tardó en separarlos y dejarlos sobre un cuenco de madera pulida "Ven, vamos, tenemos que llevarle esto a las personas de la sala principal" Anunció el Príncipe, pero Xue Yang lo tomó con uno de sus brazos y corrió tan rápido como se lo permitió.
Xiao XingChen se sobresaltó pero no desvió su atención de su comida tomada con fuerza contra su pecho mientras atravesaban la parte trasera del salón. ¡Jóven amigo! ¿A dónde nos dirigimos?"
"Tranquilo príncipe, es sólo una salida recreativa. Si no es ahora, dudo que puedas escaparte después." Xue Yang le dió una rápida sonrisa llena de complicidad y no tuvo otra que arrastrarlo por los pasillos menos vigilados del reino, puesto que era el camino diario de los campesinos y otros trabajadores de la realeza.
Había una forma de escapar sin ser vistos, y era atravesando las dos entradas principales y colarse entre los grandes arreglos de flores fronterizos contra el campo. Xue Yang y Xiao XingChen no bajaron la guardia, corrieron hasta que sus pulmones se vaciaron de aire y sus pechos ardieron.
Agitados habían llegado hasta la salida, sin embargo sus manos seguían fuertemente unidas. Xue Yang no reparó en aquella vista y sólo dejó que su cuerpo vibrara de emoción y peligro.
"Ven, tienes que pasar por aquí, cuidado con las espinas, su alteza" Bromeó antes de abrirle paso entre los grandes matorrales de flores silvestres a Xiao XingChen y, debido a su delgada complexión, no tuvo problema alguno.
Ambos ya estaban fuera, y fuera de la vista de los guardias principales. Caminaron con las manos sudorosas hasta el prado enorme que el bosque resguardaba entre sus ramas. Parecía un nido de hadas, era casi oscuro, difícilmente los rayos de luz se colaban entre las gigantescas coronas de ramas que rodeaban el campo y chocaban entre sí formando un pequeño orificio en la cúspide.
"No puedo creer esto, estoy seguro que no pisaba este lugar desde que tenía cinco años.. Xue Yang, es bellísimo.." La voz baja del Príncipe provocó que Xue Yang se estancara en su mirada. No tardó en cruzar los brazos y sonreír rayando lo soberbio.
"Te lo dije, mira." Xue Yang tomó una lili entre sus manos y la tendió frente a Xiao XingChen.
Aunque no fuese una flor diurna, el ambiente que los rodeaba los hacía transportarse mágicamente hacia la noche. Xiao XingChen extendió su mano y disfrutó del olor.
"Dicen que estas flores nacieron del calor de madre de Hera mientras alimentaba a su primogénito." Su mano atesoró el bulbo recién cortado y lo dejó descansar encima de su cuenco de comida.
"Cierto, esta flor se relaciona con la maternidad, y con ello, los deseos profundamente sinceros." Continuó Xiao XingChen.
Ambos se dejaron caer infantilmente sobre la fina hierba. Si bien Xiao XingChen debía estar en el palacio, lo primero que sus padres y la guardia real pensaría, es que se trataba de otro de sus viajes por motivos políticos. El Príncipe dejó de pensar en el tiempo y decidió mirar más y disfrutar de las palabras absurdas y cautivadoras de Xue Yang.
Hablaron tanto y comieron tanto hasta que sus estómagos se hincharon ligeramente y sus cabezas dieron vueltas por el dulce corriendo por sus venas.
Parecían embriagados por algo tan simple o quizás era la facilidad que tenían para convivir y adorarse secretamente entre sí. Xue Yang comenzó el peligroso juego de balancearse directo hacia Xiao XingChen, sin abandonar los comentarios que volvían la piel del Príncipe, como el mismo atardecer tras una tormenta.
A los ojos de la naturaleza que los rodeaban eran dos críos pero para Xue Yang no era menos que un juego.
De un momento a otro ya estaba encima de Xiao XingChen, apreciando desde la cima su sonrisa y las pequeñas arrugas en sus ojos. El joven Príncipe nunca pensaría que aquél acto rozara lo impropio. Y que cualquiera que los viera mandaría a encerrar a Xue Yang de por vida y al exilio. Xiao XingChen inclinó su rostro, sin saber lo que esperaría pero deseando rozar sus narices dentro de la vorágine dulce que mantenía su mente ligera y su cuerpo caliente y pesado.
Xue Yang lo besó desesperado, apagando el ardor que sentía desde que lo vió. Molía sus labios dulces y sus manos vagaron a los costados del cuerpo del joven, sin pudor ni respeto.
No sabía cómo reaccionaría, pero no esperó tanto hasta que Xiao XingChen dejó salir un sonido de angustia y desesperación entre sus labios, sin embargo sus manos fueron tan rápidas como los deseos de su corazón y abrazó a Xue Yang deseando que no acabaran todas las nuevas mágicas sensaciones.
Nunca antes en su vida lo habían besado, tocado y adorado de aquella forma. Era imposible que ahora soltaran sus labios. Si su corazón retumbaba violento y su pecho se inflaba, significaba que todo estaba bien, que no pondría límites y que confiaría en el otro. Xue Yang no tardó en estirar una de sus manos y acariciar sobre la fina tela los muslos gruesos y la pierna del Príncipe, no era el más experimentado del mundo, pero sabía lo que quería y Xiao XingChen parecía ser tan exquisitamente maleable a sus peticiones.
Con la boca abierta y gimiendo como si nunca hubiesen besado sus labios. Aquél pensamiento encendió algo en Xue Yang, algo tan conocido y molió sus caderas contra las del joven. Sin vergüenza alguna de dejar en claro los cambios de su cuerpo.
"Sabes tan bien, me encantas, me encantas" Murmuró Xiao XingChen alcanzando, inexperto y torpe, los labios de Xue Yang en un nuevo beso.
"Príncipe XingChen, no sabe el honor que me hace.." La voz de Xue Yang derretía por dentro al joven noble, arrastraba cada sílaba y parecía ser más duro con los movimientos placenteros y desconocidos en sus ingles.
Xue Yang usó sus muslos para hacer fricción con su dureza, se sentía desesperado, Xiao XingChen era puro en cada rincón de su cuerpo, y verlo arrastrarse y morir por cada roce era todo un espectáculo imposible de ignorar.
Mordió con suavidad y besó cada tramo expuesto y los que aún se mantenían cubiertos por la tela simple, fueron fáciles de desaparecer en segundos. Estaba lleno de lunares y marcó con el paso de su lengua cada punto. Xiao XingChen sin entender de dónde nacía el calor asfixiante que se acumulaba en su vientre bajo, sólo pudo recurrir a lo que deseaba.
Sin pensarlo, abrió sus piernas inconscientemente. Soltó un grito al sentir ambas erecciones frotándose bajo la ropa delgada de verano.
"Cielos, XingChen, no te muevas tanto." Masculló Xue Yang. Parecía que ninguno se cansaba de beber de los labios del otro. Ninguno planeaba parar y eso los empujaba a sentir más y más. Dejando prendas íntimas regadas por el pasto y piel expuesta siendo amasada codiciosamente entre las manos de Xue Yang.
A pesar de estar tan expuesto con su miembro goteando rozando el vientre de Xue Yang, aún no podía concebir que se trataba de un acto sexual. Sabía de besos y cortejo, después de todo era un joven de diecisiete años que apenas exploraba el mundo y por primera vez, el placer carnal.
"Xue Yang, yo nunca…mi cuerpo, todo se siente nuevo y no estoy seguro que sea extraño, te pido sólo quiero que no desaparezcas, no te detengas nunca.." Sus manos ahuecaron el rostro cálido de Xue Yang, aún tenía esa mirada aguda pero lucía intoxicado de alguna sustancia desconocida. Xue Yang sonrío bajando el rostro.
Nunca en su vida había estado tan caliente bajo un hombre. No estaba seguro si se trataba de un chico apuesto virgen, o del mismo futuro rey del pueblo con la mirada inocente perdida entre ambos cuerpos y labios que lo volvían irracional.
"No te preocupes de nada, princesa. Lo sé" Respondió Xue Yang y Xiao XingChen se escondió como si algo hubiese picado en su cuerpo tras el nombre. Su entrepierna palpitó con su voz y su vergüenza cubrió su rostro por completo. "Oh Dios, ¿De verdad? No sabía que tenías esos gustos, alteza." Murmuró Xue Yang buscando de nuevo hambriento los labios del joven escondido entre su pena.
"Silencio con eso, no seas absurdo." Dijo Xiao XingChen.
"El que debería hacer silencio es otra persona." Xue Yang besó su cuello, su barbilla y descendió hasta su pecho disfrutando de la perfecta curva que Xiao XingChen formaba en respuesta, sintiendo su miembro rozar su estómago. Tuvo un límite de no dejar marcas por ningún lado pero saborear cada parte.
El roce de sus labios y el aliento cálido sobre el miembro fue suficiente para ver el cuerpo impecable del Príncipe cubierto de humedad y calidez, derramándose sobre sus muslos.
La vergüenza de la escena provocó que cubriera su rostro, preocupado por el accidente, pero Xue Yang mordió al costado de sus caderas y luego se lo llevó hasta sentir su forma al tope de su garganta.
Era maravillosamente angosto y caliente, y moría por deshacerse de su último aliento entre sus piernas, tomando todo y bebiendo de su sabor.
El príncipe no buscó más refugio que el que surgía entre sus lágrimas y gritos de placer, no se le permitió huir de su boca y en cada intento se aseguró de clavar sus uñas entre los muslos pálidos.
Xiao XingChen era la molicie en persona.
Xue Yang cerró sus ojos y probó hasta que sus propias lágrimas se mezclaron con su saliva debajo.
"XingChen, princesa, haz silencio.." Anunció Xue Yang antes de llevar sus piernas hacia su torso y obligarlo a abrirse involuntariamente. Una de sus manos lo mantuvo firme y abierto y su boca descendió hasta la hendidura entre sus piernas, pasando su lengua, disfrutando de la bruma que Xiao XingChen era. Deseaba gritarle lo insufriblemente atractivo que era.
Xue Yang lo besó como si se trataran de sus carnosos labios, sin pena y sin vergüenza empujó su lengua contra sus músculos, esperando a que ceda como sus delicadas piernas. Xiao XingChen estaba seguro que pronto estaría muerto contra la tierra, no esperaba que una sensación parecida podría recorrer violentamente su cuerpo como si desembocara en un río torrencial, ahogándose en su propio mundo y anhelando el aliento. Sus manos tomaron sus piernas y dejó que Xue Yang hiciera esto y aquello.
Aunque aún era sumamente vergonzoso, no podía negar que se sentía en la misma gloria, su mano bajo inconsciente, buscando más de aquella lengua llenando ese espacio, tomó uno de sus glúteos con fuerza y le dió más espacio a Xue Yang para sentirse más lleno.
Xue Yang no se detuvo, pero vaya que se había sorprendido por ese movimiento, sonrió en silencio y empujó tanto como pudo hasta tomar el ritmo de los jadeos de su príncipe. No tardo tanto en volver a ver la dureza del Príncipe amenazando con venirse nuevamente, sin duda estaba igual o peor, moría por tomarlo y derramarse en lo más profundo y cálido de él, pero esta vez estaba siendo especialmente lento.
Quería convencerse de que se trataba de alguien inexperto, pero el corazón de Xue Yang palpitaba en cada caricia temblorosa que XingChen le daba. Se detuvo hasta que su cuerpo cedió considerablemente y metió su propio miembro entre las piernas del joven noble, tan cerca y deseando hundirse con desesperación. Xiao XingChen gimió y besó a Xue Yang para callar su voz, no cavilaba ninguna idea de lo que podía hacer, pero sus caderas no mentían.
Su torso se movía desesperado y deseoso de la dureza tan cerca de ese lugar que disfrutaba ser tocado Sus piernas rodearon las caderas de Xue Yang y su voz se volvió tan débil como sus extremidades calcinadas de placer.
"Xue Yang, calma esto, Dios.." Xiao XingChen mordió suave y angustiado el hombro de Xue Yang y espero la respuesta en su mirada afilada.
Xue Yang tomó su miembro con más fuerza y lo deslizó por el borde, memorizando detalladamente cada expresión y sonido que se escapaban del noble.
"Quien pudiera ver ahora a esta princesa, rogando tan vulgar por que te llenen con esto." Xue Yang presionó considerablemente y exhaló pesado. "Aunque no quisiera que nadie más pudiera hacerlo.."
Xue Yang no tuvo que forzar tanto para poder sentir la calidez estrechando todo de si. Deseaba unir sus miradas y atarlas por siempre hasta la muerte, nunca en su escasa vida podría encontrar una sensación similar.
Sus labios y manos temblaron hasta que sus cuerpos chocaron en un sonido leve. Una de sus manos afianzaron sus glúteos y se perdió en la sensación exquisita del cuerpo de Xiao XingChen apretándolo y recibiéndolo sediento, era tan bueno que incluso quemaba.
Fueron lento, tomando poco a poco. Saboreandolo al igual que el último fruto en su lecho de muerte. Ambos encontraron un ritmo pausado, pero igual de indecoroso que los sonidos de sus cuerpos, esperando fundirse el uno con el otro.
El Príncipe deseó que aquella sensación carcomiera su ser, los talones de sus pies presionaban esperando que pudiese sentir a Xue Yang más profundo, más tocado y vulnerado.
Mencionar que eran un desastre, era un eufemismo.
Xiao XingChen dejó escapar su segundo orgasmo apretando la calidez dentro de su cuerpo en cada contracción apacible, gritando y buscando los labios de Xue Yang como la cura de su propio veneno. Sin poder soportarlo más, el ritmo de Xue Yang se volvió errático y feroz, sin darle tregua al placer del joven Príncipe, sintiendo cada contracción placentera devorándolo.
Su pecho ardió y dejo ir todo, hasta el último aliento dentro del Príncipe, y lo tomó en brazos, catatónico.
Ambos se miraron entre la tenue luz que se colaba en el cielo a punto de rendirse contra el claro, no había vergüenza ni arrepentimiento.
Xiao XingChen fue el primero en besar sus sienes y tomar las manos del hombre más bajo. "Mis padres estarán encantados de conocer al futuro esposo de este príncipe."
