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Todo Lo Que Soy

Summary:

Tras lo acontecido en Irlanda, Stiles se enfrasca en una nueva empresa, que de nuevo tiene como objetivo la venganza.

Persiguiendo a los miembros del círculo, su obsesión le llevara de nuevo al lugar que dio origen a lo que él es hoy en día. Beacon Hills.

Mientras tanto, su antigua manada no solo tendrá que enfrentarse de nuevo a la amenaza de la magia, sino también al sentimiento de duda que se despertara con una visita inesperada.

La batalla final ha comenzado y tanto Stiles como Derek deberán comprobar que es más fuerte, si el lazo que los une o las fuerzas que los separan.

Notes:

por fin ha llegado la tercera temporada de mi fic. ^^ siento la tardanza.

un abrazo ;9

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Bienvenido A Beacon Hills

Chapter Text

 

5 días después de los acontecimientos en Irlanda

 

La noche acababa de aparecer tras ocultarse el sol, cuando ellos llegaron…

Como borrones oscuros, tres sombras se desplazaban por el aire hasta aterrizar en el suelo del bosque, adoptando su verdadera forma.

Tres figuras encapuchadas, que, posicionándose en formación triangular, revisaban la zona en silencio.

-          ¿estamos seguros de que fue aquí? – Cedric se quitó la capucha al igual que Lia, para mirar en dirección a Bryan, que seguía en silencio, dándoles la espalda.

-          Esta es la posición. – aseguró la mujer – aquí fue donde Stilinski obtuvo sus primeros poderes. El templo a Dhamel.

-          Esto no es ningún templo – susurró el rubio – es solo un trozo de bosque…

-          Fue aquí – la voz, ahora gruesa y pastosa de Bryan les hizo volverse para mirarle. La capucha seguía en su sitio, pero ahora su rostro estaba cubierto por una máscara metálica con una expresión cruel grabada en ella. – solo que ya no queda nada… - el sonido tras el metal parecía mucho más grave y despreciativo – ahora solo queda lo que veis… tierra viva, aunque apenas, y sin una pizca de magia en ella - Lia fue a decir algo pero el brujo la interrumpió tras suspirar – ¿a qué distancia estamos de la zona cívica del pueblo?

-          A unos tres kilómetros – aseguró Cedric.

-          Cerraremos el cerco pues. – el brujo comenzó a girarse, pero el sonido de una rama partiéndose le hizo detenerse, mientras Lia y Cedric se posicionaban a su lado - parece que tenemos compañía…

Tras los arbustos más alejados, varias personas comenzaron a emerger.

-          ¿hola? – una mujer entrada en años y de origen asiático les miraba con recelo mientras, otras diez personas que estaban a su espalda, mantenían la guardia. - ¿se han perdido?

-          ¿Lia? – preguntó Bryan a lo que la chica dejó brillar sus ojos en un perturbador color blanco, provocando que los otros dieran un paso atrás, con los ojos en ámbar, a excepción de la mujer asiática que los tenia carmesí. – vaya, vaya…, licántropos ¿eh?

-          ¿Cómo lo…? – preguntó confusa la alpha antes de mirar con desconfianza hacia Bryan. - ¿Quiénes sois? – gruñó con las garras fuera, al igual que sus betas.

-          ¿manada hale? – preguntó Cedric con calma en su voz - ¿Derek hale? – espetó con disgusto mientras registraba cada rostro.

La licantropa lo miró sin entender, al igual que el resto de su manada.

-          Estos no son. – aseguro Lia.

-          ¿estás segura? – ante la pregunta del enmascarado, Lia asintió con seguridad – bien…, bueno…, matadlos.

 

*******************

 

“DR. Connors, por favor acuda a la UCI; DR. Connors, por favor acuda a la UCI”

 

El megáfono despertó de la neblina en la que había caído Lydia mientras ella y el sheriff esperaban en la centralita del hospital a Melissa, la cual aparecía justo en ese momento haciéndoles un gesto con la mano para que la siguieran. Los adultos comenzaron a hablar de sus temas mientras Lydia luchaba por controlarse, por dominar su poder y sus ganas de gritar. Su mente solo parecía centrase en las últimas expiraciones o las paradas cardiorrespiratorias registradas por las máquinas.

-          Es aquí, Habitación 280. – oyó que decía Melissa a la vez que el sheriff le ponía una mano en el hombro. – es un buen paciente, aunque un poco pesado con la pedida del alta y reacio a los baños con esponja.

Parrish sonrió al ver entrar a su jefe y al oír a Melissa, quien le sonrió ante la broma.

-          No me quejaría si fuera usted quien lo hiciera, enfermera McCall – la mujer se sonrojó mientras que el sheriff se aclaró la garganta.

-          Ayudante… -bufó el mayor mientras la enfermera agachó la cabeza para sonreír y se despidió. En ese momento el rubio cayó en la presencia de la Banshee. Siguiendo la dirección de su mirada, el sheriff se explicó – Lydia es una buena amiga y quería venir expresamente a agradecerte que nos ayudaras con lo del accidente y…

-          Y preguntarte ¿qué tal te encontrabas? – saltó la pelirroja, dando alarde de su seguridad. El rubio sonrió.

-          Me encuentro mucho mejor, muchísimas gracias. – el ayudante se recostó en la cama mientras tomaba un sorbo de agua del vaso sobre la mesa.

 La verdad fuera dicha, su aspecto era impecable, parecía que estuviera allí para alguna clase de fotografía publicitaria, en lugar de haber sufrido un traumatismo grave y un zarpazo muy feo en el costado derecho. – los médicos me han dicho que debió haber un error con las placas y las resonancias que me hicieron cuando llegué, porque cuando me desperté y me las repitieron, no había ningún daño.

El sheriff sonrió palmeando el hombro del joven – me alegro Jordan, sería una pesadilla tener que buscar a otro que hiciera todo lo que tú haces. – ambos rieron por la broma mientras Lydia comenzó a sentir sus dedos hormiguear.

-          Ha sido una suerte, ¿verdad Lydia? – no hubo respuesta - ¿Lydia? – la chica le miró, había vuelto a quedarse en blanco. – ¿estás bien? – la pelirroja asintió tragando saliva y volviendo su vista al ayudante.

-          Es… sin duda una suerte si… - dijo la chica.

-          ¿tú crees? – espetó el rubio con una mirada seria – yo también lo había pensado, hasta que vi esto. – se abrió la bata dejando al descubierto su parte superior, ocultando su inferior con la manta.

Su pecho, estaba marcado de músculos lisos y duros. Un pecho amplio y uniforme.

“espera… ¿uniforme?” – Lydia abrió la boca mirando hacia el lado derecho del descubierto tórax. La cicatriz del arañazo que Derek le propino para apartarlo, había desaparecido.

-          Esa, es la misma mirada que puso la enfermera McCall cuando vio que la herida abierta que traía,se había curado. – señaló el rubio con una mirada de sospecha – recuerdo trazos de lo sucedido. El coche volcado, sacar al sheriff, una chica muy rara y una especie de masa enorme – levantó los brazos con una mueca extraña que duro apenas un segundo - y negra, golpeándome y abriéndome el costado antes de despertar en el hospital.

-          Chico… - comenzó el sheriff, pero Parrish levantó la mano mientras volvía a atarse la bata.

-          Entiendo que no me lo contara, entiendo que quisiera protegerme, pero no me quiera tratar de loco, cuando es obvio que tanto usted – dijo apuntando con el dedo - como esta chica, mi enfermera y dios sabe quién más, están al tanto. - ninguno dijo nada - No quiere hablar ahora, lo entiendo, solo le pido que no me lo oculte…, por favor.

Tanto Lydia como John no supieron que responder. Jordan encendió la tele y les despidió con la cabeza.

-          Por cierto, jefe, me dan el alta mañana, y no, no quiero tomarme unos días libres. – el sheriff fue a hablar, pero se le adelantó de nuevo el más joven - Me presentaré a trabajar señor.

Lydia guardó silencio al salir de la habitación seguida por el sheriff, quien cerró la puerta.

-          ¿Qué opinas? – preguntó el hombre, más pálido que cuando estaba en coma.

-          Hay que contárselo… - el sheriff la miró como si se hubiera vuelto loca, pero pronto se explicó. – se ha curado del arañazo y del golpe en la cabeza de forma más que milagrosa, debemos contárselo; no porque nos haya descubierto, sino porque está claro que no es un simple humano…

El hombre iba a seguir preguntándole cuando fue interrumpido por una disputa a pleno grito. Ambos corrieron hacia la zona de espera, donde dos chicos se gritaban y señalaban, enzarzados en una acalorada disputa. Uno vestido normal y el otro con gorra y gafas como si se trataran de alguna clase de celebridad que ocultase su identidad.

Aiden y Jackson.

-          ¡no me lo puedo creer! – Lydia se acercó junto al sheriff para separarlos sin mucho esfuerzo. - ¡nos habéis seguido!

La gente comenzaba a mirar con recelo en su dirección al igual que el guardia de seguridad que retrocedió al ver al sheriff.

-          Llevemos esto a la calle donde no molestéis a nadie. – arrastrando a los dos chicos, se metió en un ascensor y pulsó para bajar.

-          ¿se puede saber que os pasa a vosotros dos? – se quejó Lydia. – estamos en un hospital.

-          Yo te seguía porque soy tu novio y quería hablar contigo – gimió Aiden antes de girarse a mirar a Jackson – el imbécil este me ha seguido. – el sheriff agarró a Jackson antes de que golpeara a Aiden.

-          Aiden cariño…, no ayudas – señaló Lydia con una sonrisa molesta.

-          Dile al pelo paja que como no se calle le meto un puñetazo en la cara. – gruñó Jackson, el cual se quitaba las gafas de sol, a la vez que el ascensor se abría.

El sheriff volvió a arrástralos hacia el parking donde los soltó junto al coche patrulla.

-          ¿Por qué no te largas por ahí con tu amiguito Danny, eh? – escupió Aiden.

-          Eso lo haría si no fuera porque esta todo el día con tu hermano, cosa que por cierto tampoco me gusta. Ninguno de vosotros sois buenos para ellos.

-          Ah ¿y tú sí? – gimió Aiden con una sonrisa sarcástica.

-          ¡SI! – gritó Jackson haciendo brillar sus ojos, a la vez que Aiden dejó salir sus colmillos.

-          ¡Bueno ya está bien! – gritó Lydia llevándose las manos al pelo – me tenéis harta con vuestras discusiones. Tú – señaló a Jackson – siento que te llamara y te arrastrara hasta aquí ¿vale? Pero estoy con Aiden. – Jackson mostró apariencia herida mientras que la sonrisa del gemelo desapareció en cuanto Lydia lo señaló – y tú, puede que estemos juntos, pero no eres mi dueño, ni mi perro guardián, te pedí que me dejaras esta noche porque tenía que hacer unas cosas, y no confías en mí lo suficiente como para dejarme – Aiden fue a decir algo pero lo calló – si no confías en mí, tal vez no debamos estar juntos.

Jackson se tragó una risa cuando Aiden se giró furioso hacia él.

-          Esto es culpa tuya… - ambos chicos parecían dispuestos a saltar a los puños cuando el sheriff los agarró de nuevo de las camisetas.

-          ¡ya vale! – les gritó con un zarandeo. – ¿hace falta que llame a Scott o a Derek?

Ambos chicos se soltaron apartándose con brusquedad mientras se atacaban con la mirada.

-          Me muero de miedo… - soltó Jackson al sheriff.

-          ¿disculpa…? – dijo el sheriff con expresión incrédula.

-          Llame a Scott si quiere, no creo que pueda hacer mucho, salvo ponernos cara la pared. Y si quiere, pruebe con Derek, seguro que él no le coge ni el teléfono…

-          Jackson… - empezó Lydia.

-          No. sabes que tengo razón. Puede que Derek ya no esté como loco por salir de esta jodida ciudad, pero no es igual que antes, no entrena con nosotros, no habla en las reuniones de la manada, es como si no estuviera. – exclamó a voz en grito con indignación - Y Scott…, por dios, - suspiró exasperado -  que es de McCall de quien hablamos.

-          Joder tío, ¿por qué no te largas de la ciudad? – soltó Aiden – ya no hay cúpula, puedes largarte cuando quieras, en lugar de joder a todo el mundo e ir escondiéndote por ahí para que no te reconozca nadie – dijo señalando a la gorra y a las gafas del rubio.

-          Puede que lo haga… - se giró a mirar a Lydia pero no dijo nada, se puso las gafas, aun siendo noche cerrada y se marchó.

-          Te has pasado Aiden. – apuntó la pelirroja.

-          Que se joda… - el pelirrojo la miró aunque no sonrió cuando vio la mirada que le echaba la chica - ¿Qué?

-          Hablaremos de esto luego – se giró al ver al sheriff – siento esto sheriff.

-          No te preocupes, Lydia – el hombre tenía una mirada preocupada – oye, lo que ha dicho de Derek…

-          Derek, está bien… - la chica no sonaba muy convencida. – solo está un tanto distante. – su mirada se perdió en el suelo, estaba claro que el alpha estaba algo más que solo distante. – buenas noches, sheriff – dijo de pronto sonriente, agarrando la mano de su novio.

-          Buenas noches. - aunque juraría que no le oyeron, pues el hombre ahora caminaba hacia su coche, sumido en sus pensamientos, demasiado ensimismado como para saber si había articulado las palabras o solo se lo había imaginado.

 

**********************************

 

“Knock, knock, knock”

Era la tercera vez que llamaban a su puerta. Esta vez la voz de su madre le preguntaba que si iba a salir a cenar con ellos, o si necesitaba algo.

Sí. Desde hacía ya casi 11 meses. Derek necesitaba algo, Necesitaba… a alguien.

No contestó, solo permaneció a oscuras con la mirada fija en su mano, la cual, cuando se esforzaba lo suficiente, cambiaba a una enorme garra, cubierta de pelo, de un tamaño muy superior al resto de su cuerpo.

Sabía que podría extenderlo al resto de su ser. Convertirse de nuevo, en el monstruo de aquella noche. Lo sabía, pero Derek temía acabar desapareciendo de nuevo.

“¿Qué me pasa? ¿Qué es esto?” – La garra volvió a cambiar – “¿Qué soy?”

Recordaba la voz de Stiles, oírle llorar y esa luz…

“no fue un sueño, no fue mi imaginación, él está vivo. El volverá”

Derek sabía que estaba teniendo una mala noche, y sabía perfectamente cuál era el remedio para ella.

 

*******************************

 

-          Lamento que te hayas tenido que quedar hoy hasta tarde, Scott. – Deaton terminaba de suturar la pata de un perro herido sobre la mesa, mientras Scott le ayudaba con el material. – vale, ya está.

-          No se preocupe, es mi trabajo, al fin y al cabo. – sonrió el moreno mientras agarraba al animal para llevarlo a su jaula. – además, hoy mi madre tiene turno de noche y Allison está con sus padres.

-          Supongo que últimamente el hecho de que seas el alpha te tiene bastante ajetreado. – susurró el mayor. El chico asintió, aunque no dijo nada. - ¿algo te preocupa?

-          Yo…, no sé si lo estoy haciendo bien…, sé que Derek ha pasado por mucho, por eso me estoy intentando encargar yo, pero tengo miedo de destrozar esta manada. – el hombre lo miró con los brazos cruzados mientras Scott comenzaba a quitarle el dolor a un perro de otra jaula. – no quiero fallarles… - el hombre asintió y se giró a ordenar su mesa.

-          ¿Cómo lo lleva Victoria? –preguntó el druida. El chico en cambio parecía feliz por el cambio de tema.

-          Mejor de lo esperado, la verdad; lo sucedido durante lo de la cúpula, las unió bastante a Allison y a ella, creo que sus ganas de vivir con su hija y Chris han superado al código que impuso su familia. Creo que ahora están felices.

-          ¿Y Lydia?

-          Ella es una roca, no conozco a nadie con esa fuerza, ha descubierto mucho de sí misma y ha sufrido mucho este año, pero aun así, se ha mantenido en pie, enfrentándose a lo que uno creería imbatible.

-          ¿sigue con su triángulo amoroso? – preguntó sonriente su jefe.

-          Sí – Scott río bajito – Jackson sigue detrás de ella, aunque apenas se relaciona con la manada, lo he intentado, pero creo que a él le preocupan otras cosas y no incluye el sentimiento de unión, aun así, sabe que puede contar con nosotros.

-          ¿y los gemelos?

-          Se han acoplado bien, fueron cruciales cuando la cúpula, y han demostrado ser de confianza, Aiden esta con Lydia y la trata bien, mientras que Ethan está con Danny intentando llevar la doble vida de humano y lobo.

-          Ya veo… ¿y los otros?

-          Erika y Boyd están mejor que nunca, estos días de calma les han servido para relajarse, incluso juraría haber visto a Boyd sonreír. Isaac, está bien también, pasamos bastante tiempo juntos e incluso me ha pedido ayuda para superar su miedo a los espacios cerrados.

-          ¿en serio? ¿y cómo lo lleva?

-          Muy bien, la verdad, nos ha estado costando, empezamos hace tres días y ya parece poder aguantar 10 minutos en un armario.

-          Eso está muy bien. Asegúrate de felicitarle de mi parte y no dudes en pedir mi ayuda. ¿Qué me dices de los Hale?

-          Cora sigue como siempre aunque ahora se junta bastante con Erika, mientras que Laura y Peter sigue igual, aunque parecen haber pasado de matar a simplemente, herirse de gravedad – se encogió de hombros con una mueca, no muy seguro de si era muy buen progreso. – Talia es un caso aparte.

-          ¿Por qué lo dices? – preguntó curioso el druida.

-          ¿has visto a esa mujer? Aunque sea una beta, parece inadecuado tratarla como tal, destila poder por todas partes la verdad, además… me intimida un poco. - el druida se tragó su risa y miró a Scott con conocimiento.

-          Tranquilo Scott, Talia siempre ha sido así, pero no debes preocuparte, puede que nunca se comporte como una beta, pero sin duda te aceptara como un alpha. – el moreno asintió no muy convencido pero sonriente.

-          Ya bueno, ella no me preocupa en realidad.

-          ¿Derek? – el moreno asintió. – no debes preocuparte Scott, todo acabarásolucionándose, Derek solo necesita tiempo.

-          Yo creo que no es tiempo lo que necesita exactamente. – soltó para sí,apenado.

-          ¿le echas de menos? – preguntó el druida a lo que el alpha asintió apartando la mirada para acercarse a la mesa del centro. – eso es porque lo quieres. – el otro volvió a asentir - Scott…, me dices que no sabes si sabrás llevar esta manada, pero pareces no darte cuenta de que ya lo haces. – el joven lo miró sin comprender – te he preguntado por todos ellos y has sabido responderme, sabes que le pasa a cada uno, eso, solo lo puede hacer un buen alpha. ¿Qué digo? No bueno, sino uno excepcional. Ese eres tú, Scott. – el aludido se sonrojó.

-          Pe…pero yo solo lo sé porque… - dijo con voz temblorosa.

-          Porque los quieres. ¿verdad? – el lobo le miró un poco rojo y asintió con una sonrisa, que fue correspondida por el druida - Nunca se debe menospreciar el amor, Scott, no conozco fuerza mayor. – el lobo asintió pensando en Allison – el poder reside en las personas, pero el amor es aún más poderoso, porque actúa sobre ellas, uno puede ser muy fuerte, pero es lo que ese uno ama, lo que le hace ir en una dirección u otra. Tú amas a tu manada, y por eso lucharás, por ella, al igual que ellos lo harán por ti.

El silencio se extendió en la clínica cuando la campana de la entrada sonó.

-          Huele a lobo – dijo Scott de pronto poniéndose delante del druida mientras iban a mirar – y a sangre…

En la entrada, una mujer asiática ya entrada en años, con una mano tapándose una herida del muslo, mientras un reguero de sangre le caía de la frente sobre el ojo izquierdo les miraba, acompañada por cinco individuos con distintos grados de heridas y con aspecto deplorable: un hombre, una mujer, un chico joven alto y musculoso con otro hombre en brazos, inconsciente, y una chica bajita y rubia.

-          ¿Satomi? – oyó a Alan decir desde atrás suya a la mujer alpha que tenía una expresión abatida.

-          A…a…lan Ayudan… - su voz se cortó un segundo antes de que perdiera el conocimiento.

 

**********************

 

El coche circulaba en silencio por la carretera mientras su corazón se aceleraba. En el retrovisor, colgado, ondulaba un colgante con una libélula.

 

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-          Esto es tuyo. – dijo Stiles a la chica cuando iba a marcharse.

Entre sollozos que intento ahogar, la joven le miró y llevándose las manos a la prominente tripa le dijo.

-          Quédatelo…- volvió a sorber por la nariz -  él lo habría querido así…

 

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“más de 10 meses…”

 

 

La carretera tenía bosque a ambos lados mientras la luz que la iluminaba provenía básicamente de la luna, y de las farolas que cada 200 metros aparecían en el trayecto.

Cuando divisó las luces de las casas a lo lejos, paró el coche poco a poco, hasta ponerse bajo la luz de una farola desde la cual tenían una panorámica de la ciudad por la noche.

Abriendo la puerta del piloto con calma, salió y miró hacia delante.

“he vuelto” – delante de Stiles, a un lado junto a una de las farolas, el cartel de “BIENVENIDO A BEACON HILLS”, parecía devolverle la mirada.

 

_-_-_-_-_-_-_-_-_ (recuerdo)-_-_-_-_-_-_-_-_-_-_-

 

-          Me voy.

-          Espera… - la chica salió detrás de él tras haberle dado el colgante. Bajo la lluvia en el jardín delantero, el agua les ocultaba de oídos curiosos – no puedes irte.

-          Tengo que encontrarles, tengo que hacerles pagar. Sé a dónde van. – su mirada se dirigió a la barriga de la chica de forma inconsciente. – adiós.

-          Por favor, espera – sollozó. – hay cosas que necesito saber.

-          Volveré.

-          No, no lo harás. – gritó la chica poniéndose delante de él. – sé que no lo harás. No eres el primero que se ha marchado prometiéndomelo. Por favor.

-          Lo siento – se apartó, provocando que la mujer callera sobre sus manos y rodillas en la hierba, empapándose y llorando.

Stiles sintió algo quebrarse en su interior.

Se agachó junto a ella.

-          Debes entrar ahora. – la chica no reaccionó - Eres humana, enfermaras.

-          Llévame contigo… - el silencio se extendió un segundo, siendo la lluvia todo lo que se oía.

-          ¿Qué has dicho? – Stiles creía que debía haber oído mal.

-          Llévame contigo. – la mirada que le dirigió la chica fue una mezcla de súplica y lamento.

-          No… - comenzó a levantarse intentando ayudarla. – no puedo, yo…

-          No puedes venir aquí y decirme esto. – le gritó entre lágrimas. – no me puedes pedir que me quede aquí…, no puedo…, ya no…

Stiles solo la miró.

-          No tengo familia, ni a donde ir… - volvió la mirada al suelo mientras apretaba la hierba. – solo me queda mi bebe – se llevó las manos hacia la tripa - no me pidas que me quede aquí sola sin saber qué es lo que le pasó o que es lo que va a ocurrir con los que mataron a mi…, a mi...,  por favor… - su voz se rompía entre ahogos de llanto. – por favor…, te lo suplico…, por favor….

 

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La puerta del copiloto se abrió de pronto, deteniendo los pensamientos de Stiles para centrarse en el presente.

Lily salió del coche con cara de recién despertada, mientras se frotaba con una mano la barriga cubierta por su blusa, y con la otra los ojos, aun rojos de haber llorado durante tres días.

-          ¿Cómo se siente volver? – preguntó la chica de pronto con voz cansada. Stiles no respondió. no conocía la respuesta.

-          ¿Cómo has dormido? – le preguntó el nigromante.

-          Muy bien, gracias. – la joven sonrió de forma tímida mientras miraba hacia las luces de la ciudad y el cartel. – ¿be-a-con Hills? Me gusta…, Parece un buen lugar para vivir.

-          Lo es – asintió el castaño sin apartar la mirada de las luces a lo lejos. – o al menos, lo era…