Work Text:
Sus primeros días en la tierra fueron como cualquiera esperaría de una niña perdida y confundida, hambrienta y con bastante capacidad para golpear fuerte. Las primeras noches que pasó en el planeta azul son cosas que ha ido olvidando con el tiempo, desde la junta con pandilleros y estúpidos, hasta la simple espera de comida por sus servicios.
Días buenos, días malos. Su estancia fue poca, pues cuando ciertos idiotas empezaron a intervenir en su trabajo tuvo que empezar a ser más cuidadosa, corriendo y corriendo, por culpa de que la misma banda que le había dado de comer ahora estuviera persiguiendola, aunque fue prácticamente por eso que conoció al hombre al que ahora admite amar.
Kagura observó en silencio la carta que escribía, habían sido pocos días desde que el asedio de Edo por parte de Utsuro había sucedido, los ánimos y los deseos de reconstrucción se notaban dispersos y únicos en todos lados, como una forma de rendir homenaje a los que perdieron la vida en el conflicto. Para ella, había pasado casi una época de su vida desde aquel día donde el inútil de la permanente natural la había chocado en su Scouter, había demasiados eventos que siguieron, y nunca se había divertido tanto más como en esos días.
Pero ahora, aquellas épocas de bromas y risas estúpidas parecían haber terminado. A su izquierda, el borracho bueno para nada dormía plácidamente sobre el sofá, probablemente pensando en como iniciaria a huir mañana de Edo, ese hombre que sabía que había sufrido especialmente por la influencia de su maestro ahora solamente dormía en paz, Kagura no intentaría comprender el porque de su abandono a la ciudad, ni mucho menos cuanto dolor el encuentro con su maestro le había hecho.
Rio un poco al recordar. Hace tiempo, ese idiota parecía un libro abierto, la inmoralidad andante. Vago, sin futuro, probablemente sin algún lugar donde caerse muerto, falta de dinero y obsesionado con la Jump siendo un adulto, habían demasiadas cosas que pensó de el, pero ahora mismo, viéndolo apenas murmurar algo mientras se mueve, seguramente por alguna pesadilla que está teniendo; solo se repite la misma pregunta cada noche.
’¿Cuándo todo empezó a pudrirse?’
Habían mil millones de respuestas diferentes a eso, desde la quiebra del espíritu de muchos, el sacrificio de personas que querian, el hombre delante suyo había sufrido tantas perdidas como para considerar la auto destrucción. Pero fue ese mismo inmoral estúpido que ahora hacia que su corazón latiera con rapidez, una dolorosa rapidez, más ahora que sabía que muy probablemente jamás volvería a verlo. Obligarse a odiar a alguien que ama no puede ser más duro.
Con un suspiro, Kagura enfoco su vista a la carta debajo de sus manos, una especie de despedida para los ojos de Gin-chan y solo los de Gin.
Empezó en silencio.
• Hace años empezamos juntos esto, estuvimos los tres para uno solo, reímos, fuimos idiotas entre las personas que queríamos, dijimos bromas estúpidas y pasamos días enteros de tonterías.
• El día que te conocí, Gin-chan, seguramente pense en matarte, ¿cómo era posible que una excusa de adulto hubiera atropellado sin descaro a una doncella cómo yo? Probablemente debí de haberte roto uno o dos huesos por intentar huir de eso.
• Me uni a tu grupo, a la Yorozuya. Muy rápidamente me di cuenta que ese fracaso de adulto seguía siendolo, te tomaste mis bebidas y comiste mi comida muchas veces, seguramente escupí en alguna leche de fresa que tomaste como venganza.
Kagura rio un poco.
• Conocimos a Zura, al ninja hemorroide, y a una abismal cantidad de idiotas con los meses, pero pronto empecé a verte bajo una luz menos conflictiva. Si, seguías siendo menos que indecente, pero ví una luz en ti. Sin pedirlo, tu mismo pasaste de mostrarte hostil a cuidar sin remedio a tus camaradas. ¿Cuántas veces has tenido que salvarle el trasero a Zura?
• Aun siendo un idiota, te preocupaste por mi. Ese hombre que me atropello y intento escapar ahora cuidaba qué pudiera dormir por las noches, a pesar de que rompiera su paciencia muchas veces en una jornada. Hubiera deseado que me pagarás también lo que merecía, tonto diabetico. Las vacaciones pagadas existen, ¿sabes?
• Antes de darme cuenta, tu nos cuidabas a los dos a tu manera, evitando que hiciéramos cosas demasiado problemáticas, salvandonos de piratas dementes o ninjas que necesitaban agujas en el trasero. Eres divertido y considerado a tu manera, Gin-chan, y supongo que esa fue la razón por la que elegí quedarme en la tierra cuando papi vino a buscarme en esa época.
• Segui esa luz tuya muy de cerca. El libro abierto que fuiste empezó a ser más profundo, sufrías por algo, y hasta una tonta como yo pude ver cómo apartabas la mirada cuando temias que tus camaradas pudieran morir muchas veces. Pusiste las manos en el fuego por la hermana de Shinpachi, la salvaste muchas veces, nos salvaste a todas también otras veces. Es un logro importante para un borracho, ¿no?
• Empecé a verte como un hombre. Indecente y probablemente con muchos problemas económicos y sociales, pero alguien. Si había alguien en quien confiara, seguirás tu, Gin-chan. Y aunque con el tiempo los problemas dejaron de ser tan simples, aún podía confiar en que saldríamos de esta. Aún si eras demasiado tacaño, jamás dejaste de ayudarme cuando realmente lo requería..
• Fue agradable pasar esos días contigo. Esos días donde podía tener unos hombros en los que pararme, me enamore de ti en esos tiempos. Si, no extendere esto tanto como los mangas baratos del par de lentes, estoy enamorada del hombre que me atropello.
• Suena como una película boba. Pero así es, enamorada de ti o no, te seguí. Ví como el misterio de tu pasado empezó a crecer y a crecer, y como pronto tu misma existencia empezó a hacerse problemática. Las personas empezaron a querer asesinarte de verdad. Y muchas veces casi lo logran, pero siempre confiaba en que acabarlas volviendo. No podía pedir mucho más contigo ahí.
• Aún si el enemigo era demasiado grande, todo salió bien al final. Amo eso de ti. Por más grande que fuera el problema, al final el indecente adulto tenía las respuestas, y eso mismo empezó a atraer a las personas a ti. Te amaron tanto como yo.
• Hubo días en dónde quise mostrarte lo que sentía por ti. Pero lo descarte, habían cosas que sucedían, demasiadas cosas. Para esos tiempo, ya llevaba un par de años conociendote. Pero los problemas empezaron a acomularse, pronto una regañada del cliente paso a ser una prohibición de vivir en nuestro hogar, o el peligro real de perder a quien queríamos.
• Un día de esos te despertaste a mitad de la noche, sudando, no se que soñaste, pero podría asegurar que te asustaste. Fuiste a ver si yo estaba bien, me hice la dormida para no inquietarte. Pero las semanas siguientes empezó a cambiar.
Un dolor empezó a cercenar su alma.
• Sho-chan, sé lo mucho que todos intentamos que el viviera. Yo misma tuve miedo de que te pasará a ti lo mismo, pero tú reaccionaste… diferente. Tus cuidados imperceptibles se hicieron más notorios, en esas semanas, estuviste cansado la mayoría del tiempo.
• No reíste. Nadie rio entonces. Perder a un camarada sin poder protegerlo fue doloroso especialmente para ti. Hice lo que pude para que empezarás a sonreír más seguido después de eso, Gin-chan. Pero las peleas no pararon, y seguimos repitiendo el círculo muchas veces después, nadie descanso de esa época. Hubiera dado incluso una tonelada de Sokunbu para que todo volviera a la normalidad, pero no lo hizo.
• Seguiste protegiéndome, entonces y ahora. me seguiste a dónde fuera, te enfrentaste al mismo gobierno. Tu intentaste que ese gorila pudiera vivir, incluso si eso significaba que tuvieras que golpear al idiota de pelo rubio en la cara.
• Te amo. Y los días que pase con tu compañía fueron lo más divertidos, la vida no lo sería si tú no estuvieras aquí.
• Pueden llamarte lolicon, enfermo, mil cosas más. Pero quería seguir viviendo junto a ti, no me sentía tranquila si no estabas ahí con tus tonterías. Incluso me seguiste hasta mi planeta natal, te enfrentaste al hermano mayor estúpido, y lograste que pudiera dejar de ser un tonto.
• No hay nada que merecieras más que el ser más estúpido del universo. Y estaba feliz de ello, si el hombre que amaba tenía ese título,. Entonces podría estar segura que jamás me aburriría contigo. Cuando regresamos a la tierra, parecías sonreír, quizás estabas contento de que te hubieras reunido con los otros héroes.
• Dolio cuando ví que tu sonrisa se borraba al ver la cantidad de naves atacando a nuestro hogar, dolió más cuando empecé a notar que tus movimientos eran más lentos, y esa sonrisita orgullosa era una mentira reforzada más que nada. ¿A dónde había ido aquella figura fácil de leer, que solo se la pasaba flojeando y bebiendo en vez de trabajar?
• Perdimos a muchas personas en esta batalla, se mejor que nadie como te quedaste en silencio cuando supiste lo que había sucedido con Nobu. Estabas exhausto, cansado, demasiado cansado. Quería ayudarte, pero estabas lejos de mi, incluso si la distancia era nula, siempre pareció que tu mente solo podía estar centrada mientras luchabas.
• Pero logramos sobrevivir. Creí que como el máximo enemigo había muerto, esos días felices volverían, pero cuando ví tu mirada después de enterarnos… No estaba ese hombre inmaduro, idiota, y estafador al que amo. Solo una pequeña persona que se enfrentaba a abismales problemas en su mente.
• Hace unas horas me dijiste que te ibas de la ciudad, sin cuidar de la Yorozuya, sin importarte los sentimientos de las personas que te debían a ti su vida.
• Quiero estar enojada, ¿lo sabes, verdad? Me gustaría ahora mismo mirarte a los ojos, decir que te odio por abandonarnos, tener la fuerza para golpearte y que te dieras cuenta de la estupidez que hacías.
• Gin-chan… Yo te amo. ¿Cómo no lo haría? El hombre que ahora duerme me dio alegrías, me cuido, me protegió y me hizo sentir que tenía un hogar al que volver. Una persona tan fuerte, pero frágil. La primera persona que mostró amabilidad hacia una niña perdida en un mundo que no conocía para nada.
• Pero mientras te veo allí, dormido, murmurando cosas que temes, también me gustaría tener la fuerza para consolarte, para pedirte que dejaras atrás tu dolor y te enfocarás en vivir por todos. Pero no puedo hacerte eso, no puedo ignorar la forma en la que hablas, la forma en la que nos miras. Tampoco puedo hacer de cuenta que tu dolor no existe… Ni mucho menos pedirte que vivas por mi.
• Gin-chan, eres un idiota. . . Porfavor, intenta no morir a donde sea que vayas, no sé si volveré a verte, pero si lo hago, se el hombre que debas ser. ¿si?
• Sin forzar una sonrisa o una lágrima. Ese fue el hombre del cual me enamore, y el cual ahora duerme en el sofá.
• Vuelve como Sakata Gintoki, no como el hombre más fuerte o más estúpido del universo, tampoco como una persona que está atormentada por sus pensamientos..
• Declararmele a un hombre así no sería lo ideal para alguien tan bella como yo. ¿Eh? Yo solo quisiera amarte a ti, decirle esto a la persona de la que me enamore sería lo mejor cuando volviéramos.
• Cuídate… ¿Si?
–Con cariño, Kagura.
La chica observó en silencio su alrededor, pequeñas lágrimas acomulandose en su rostro. Dedico un momento a mirar al sofá donde siempre había hecho estupideces, a la mesa donde el más grande idiota mandaba, agarró su paraguas y camino hacia la puerta, deteniéndose a mitad de camino para mirar al hombre desmayado por beber delante suyo.
Que hombre tan maravilloso. Sería algo que jamás pudiera decir en voz alta, o en papel. Ella posó su mano en la mejilla del samurai durante unos escasos segundos, acariciándola con suavidad antes de detenerse.
Con la última vista de ese hombre, paso por la puerta, decidida a encontrar al samurai obsceno y inmoral que amaba cuando finalmente pudiera volver a la tierra.
Cuanto ansiaba poder verlo alguna otra vez.
A la mañana siguiente, Gintoki observó en silencio la carta de la Yato, se mantuvo en una espectral atención a ella mientras caminaba fuera de la ciudad, sus pensamientos golpeandolo cómo balas de armas perdidas.
Su sonrisa hueca se enganchó, y con cuidado, guardo el sobre en alguna parte de su kimono. Leería la carta de nuevo en los momentos donde más falta le hiciera una risa, un pensamiento en específico, o una reflexión.
Amar a alguien tan problemático era sin duda prueba de lo muy paciente que ambos eran, pero era otro más de los sentimientos que compartían después de leer esta carta.
