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Agustín Guardis tenía algo.
Muchos periodistas y panelistas no sabrían describirlo.
Cada vez que iba de invitado a un programa, llegaba con un aire de grandeza, como si no tuviera miedo de que los panelistas se lo comieran vivos con las preguntas.
Llegaba saludando con una amplia sonrisa y con respeto, dando una imagen que muchos no se esperaban ni por asomo.
Agustín llegaba, daba las gracias por estar allí, hablaba con elegancia y dialecto, domaba si se querían pasar de vivo con él, y volvía a ese carisma que tan confundidos dejaba a todos.
Muchos tenían una imagen de Agustín que ni bien lo veían en persona los hacía dudar un poco de sus creencias. Agustín era un combo completo de belleza, inteligencia y amabilidad que se daba a relucir con tan sólo pasar diez minutos con él.
Por eso, cuando es eliminado por segunda vez de la casa y empieza a recorrer un programa tras otro y dejar corazones alborotados atrás, muchos comenzaron a mover sus fichas.
El más directo de todos fue Yeyo, del programa Biribiri. Le escribió a los pocos días por Instagram siendo directo, diciéndole de salir a algún lado cuando guste, que le había parecido alguien muy lindo y muy interesante.
Yeyo no sabía si fue por ingenuo o porque lo quiso rechazar sutilmente, pero Agustín le respondió un "Si! Salgamos un día de joda, sos muy copado. Nos vemos en la Bresh?"
"Pensaba en algo más privado lindo" le respondió, sin darse por vencido.
"Ando medio ocupado últimamente 😅 Pero vemos!"
Yeyo comentó que un ex GH lo había rechazado el día siguiente en Biribiri. A pesar de que indagaron, no le pudieron sacar el nombre.
Pero siempre había alguien más insistente, no había duda alguna.
—Agus, ¿viste lo que twitteo Matías no sé qué de vos? —leyó como pudo— Ah, no, no. Ese fue subcampeón del GH de 2015, ¿no? Na, ni idea. Me dijeron que no le caía bien. Igual que siga hablando, que me da más fama así.
El chat de Twitch lo felicitó y se rió, alabando su posición ante los haters. Había una única persona que no se estaba riendo, al contrario.
Matías no podía entender cómo un tipo como Agustín Guardis podía tener tanto apoyo y cariño de la gente. ¿Cómo alguien tan friki y cringero podía ser tan famoso? La gente famosa era toda fachera, con un físico espectacular y un carisma increíble.
Matías no lo entendía, pero tampoco se esforzaba en querer comprenderlo. En vez de intentar verlo de otro lado se la pasaba todo el día viendo a Agustín, sea donde sea que esté, intentando que en algún momento cometa el más mínimo fallo y criticarlo por redes.
De esa forma, entre su antifanatismo y su trabajo, su día a día se había vuelto muy repetitivo, hasta que un día lo llamaron para ir a la noche de los ex's. Lo tomó realmente por sorpresa, ya que los hermanitos que solían ir siempre eran los mismos, pero no se iba a negar a esta oportunidad.
Se preparó con algo entre casual y elegante. No sabía qué esperar de esa noche. Estaba muy al pendiente del juego y esperaba poder dar su opinión como correspondía, pero a su vez le preocupaba que lo agarren como punto por ser el "nuevo" ahí.
Pensó en quién podría estar ahí. Cristian U, Nadia Epstein, Diego Leonardi, Gustavo Conti, Roberto Funes, Ximena Capristo… También debía haber alguno de los nuevos ahí. El último en salir fue Ariel, así que seguramente esté también por ahí.
Le cayó la ficha cuando ya estaba llegando al estudio. Entró a Twitter, sólo para chusmear un poco, y fue directo al perfil de Agustín.
Algo en su pecho se emocionó cuando vio que iba a estar ahí, en el mismo estudio.
—¿Me seguís stalkeando? Pensé que ya se te había pasado la bronca.
Matías se giró, encontrándose cara a cara a Agustín Guardis.
—¿Disculpa? —le preguntó, sin poder creer la caradurez de ese chico.
—¿Vos sos Matías… Srank, no? El de GH 2015.
¿Por qué mierda nadie pronuncia bien mi apellido?
—Si, Guardís —dijo, acentuando en -dis a propósito.
Agustín alzó una ceja, siempre a la defensiva. Se apoyó en una pared y se cruzó de brazos, apoyando la planta de un pie en la pared.
—¿Se puede saber por qué tanta inquina? Ojo eh, no me molesta. Siempre digo que es mejor que hablen, bien o mal, pero que hablen. Mera curiosidad.
Matías no le podía sacar la ficha todavía, no lo entendía. ¿Cómo alguien podría estar tan tranquilo al frente suyo que media casi el doble y le tiró mierda cada vez que pudo?
Lo miró bien, queriendo encontrar algo, lo que sea, y sólo podía quedarse viendo sus ojos tan claros como el color del cielo. Llamativos, atrapantes, desafiantes.
—No me gusta tu actitud, ni hablemos de tu juego. Sos muy soberbio y agrandado siendo que te sacaron dos veces y el público te odia.
—No lo creo. Digo, si realmente la gente no me quisiera, ni siquiera hubiera entrado en el repechaje. Por algo me quisieron adentro de nuevo y estuve en diez placas, siendo sacado en dos, pasando ocho placas, saliendo primero varias veces. Me ajusto a mis sentimientos y al cariño que recibo todos los días.
—¿De qué cariño hablas? ¿De los diez boludos que te vienen a esperar a la puerta del canal?
—¿A vos te viene a ver alguien? No lo creo, ¿no?
Matías se estaba calentando, ese enano lo estaba sacando de quicio. Se le acercó, queriendo achicanearlo con su tamaño, pero Agustín ni se inmutó.
—Mi Gran Hermano fue hace ya siete años, y en su momento si venía gente a verme, mucha más.
Agustín se encogió de hombros —Mmm… No sé, yo no tengo recuerdos de eso. Y mirá que yo miraba Gran Hermano eh. Mucho más que vos, que lo único que haces es criticar mi juego. ¿Cuál fue tu juego, eh? ¿Pelearte con todos para llamar la atención? No te sirvió, si al final no ganast-
Matías lo agarró del cuello y lo acorraló contra la pared en un ataque de bronca.
—No te pases de vivo enano, conmigo no.
Matías esperaba que Agustín reaccione y le encaje una piña, teniendo el aval para devolverle una después, que lo putee de arriba a abajo o incluso que siga con su actitud prepotente.
No se esperaba para nada la imagen que tenía enfrente suya. Agustín tenía los ojos brillosos, más aún de lo normal, el rostro se le había teñido de un rojo precioso y los labios que ya de por sí eran un poco rosados ahora resaltaban más porque estaba respirando por ahí.
—Pa- Pará, no te calentes… —jadeó, apretando la muñeca de Matías con su mano, que no llegaba a agarrarla ni por la mitad.
Había jadeado.
Y ahí Matías comprendió todo. Agustín Guardis era erótico. Cuando discute, cuando sonríe, cuando está enojado, cuando está durmiendo. Dios, si habrá visto ese culo marcado por PlutoTV.
¿Cómo no lo había notado antes?
Uno de los dedos de Matías hizo más presión, arrancándole un nuevo jadeo. Agustín llevó sus dos manos a la muñeca de Matías, queriendo quitarlo a como dé lugar, pero el tipo era tres veces más grande que él en todo sentido.
—Solta…me.
Se estaba empezando a quedar sin aire y Matías sentía cómo le empezaban a apretar los pantalones y a transpirar las manos.
Estuvo a punto de tocarlo con su otra mano cuando sintió un empujón a su lado.
—Che che, no sé quién sos pero soltalo amigo. Lo vas a matar.
Agustín cayó al piso respirando con dificultad, tosiendo, ahogado. Ariel que acababa de llegar se arrodilló como pudo y le puso una mano en la espalda.
—¿Estás bien Agus? ¿Querés un vaso de agua?
—No, yo me lo consigo… Gracias Ari.
Le dió una última mirada confusa a Matías y se fue lo más rápido que pudo, acariciando su cuello que todavía le dolía.
Estaba asustado.
Una cosa era cuando alguien lo bardeaba y discutían, porque hasta ahí siempre pudo defenderse, pero siempre estuvo la posibilidad de que alguien quiera pelear físicamente. Tenía todas las de perder ahí, no tenía ningún tipo de chance.
No era su primera vez en una situación como esa. Sabía que muchas veces se iba de boca y no todo el mundo reaccionaba de la misma manera. Algunos le discutían a morir y le fascinaba, pero otros reaccionaban de una forma más primitiva, lastimosamente.
Llegó al baño y se lavó las manos. Cuando fue a secarse, se dio cuenta que las manos le temblaban. Le dio un golpe al dispositivo que almacenaba los papeles descartables, frustrado. Odiaba esas reacciones involuntarias en su cuerpo.
La puerta se abrió y era un productor.
—Ah, acá estás. Empezamos en quince.
—Ahí voy, gracias.
Suspiró e intentó recuperar la compostura. Un tarado violento no iba a arruinar su noche de debate. No iba a perderse la oportunidad de compartir un momento con Cristian U y Nadia Upstein así como así.
Con el rostro más sereno, volvió al estudio y se sentó junto a Coti que recién la veía en todo lo que iba de la noche.
—¡Ay Agus! ¿Qué te pasó? Parece que te pasó un camión por encima.
Agus suspiró y no lo pensó mucho para contarle a su amiga lo que había pasado allá por los pasillos. Ella se mostró ofendida, como si la hubieran insultado a ella.
—Ah ya va a ver ese-
—¡No, no, no! —exclamó, agarrando a su amiga del brazo. Si la dejaba, Coti era capaz de enfrentar a ese tipo que, Agustín suponía, tampoco iba a ser muy amable con ella— Dejalo así, ya fue. Estoy para otras cosas.
Coti no estaba para nada contenta con eso, pero respetaba la decisión de su amigo.
—Que tipo tarado. Te bardeo por meses y ahora que te tuvo en frente arrugó. Pero eso es de corto de mente, porque no sabe defenderse hablando y tiene que ir a los golpes.
Agustín asintió, de acuerdo con eso.
—¡Bueno! No importa, concentrate en el debate, que sé que eso te gusta.
Agus le sonrió —Si, tenés razón.
La sonrisa le duró poco porque justo en frente suya, al lado de Ariel, se había sentado Matías. Agustín no sabía dónde meterse. El chico lo estaba viendo fijamente, como si lo estuviera analizando. Pensó que todavía quería golpearlo y, siendo sincero, un poco se acobardó.
Por suerte el debate había comenzado y el 80% de la charla fue sobre Alfa y Romina. Se habló un poco de Julieta y Daniela y, por último, de lo pegados que estaban Camila y Marcos últimamente.
Ese último tema lo había puesto de mal humor. Era obvio que por parte de Marcos no había nada, pero aún así que insistan tanto con el tema era agotador.
—Agustín, vos lo conocías bien a Marcos. ¿Crees que puede llegar a darle bola a Camila de tanto insistir?
—En absoluto. No es el tipo de chica que le gusta al primo.
—¿Ah sí? ¿Y cuál es ese tipo?
—Bueno… Definitivamente no tan intensa. Alguien más tranquilo, con una personalidad definida. Nunca hablamos mucho de esto.
—Entonces no eran tan amigos, si nunca hablaron de chicas.
Agustín frunció el ceño tras escuchar la afirmación de Schrank.
—¿Por qué tendríamos que hablar de chicas para ser amigos?
—¿De qué hablaban? ¿De chicos? —insistió.
Agustín soltó una risa irónica —No, no hablábamos de romance. Pero ¿cuál hay si hablábamos de chicos, chicas o ninguno? Da igual.
Matías quiso responder pero Robertito cortó la conversación, queriendo mostrar otro tape más de Alfa y Romina.
Agustín miró de reojo a Coti, estaba que sacaba fuego por los ojos viendo a Matías, y éste solo estaba tirado en su sillón, sonriendo entretenido.
Cuando cruzaron miradas, Matías le había guiñado un ojo.
No entendía una mierda.
El debate había terminado. Ariel se acercó a saludarlos a Coti y a él y se despidió de todo el mundo antes de irse.
—Te juro, no doy más del sueño. Nos vemos Agus —se despidió Coti también, dejándolo solo en esa banqueta.
Sacó su celular, queriendo leer un poco sus redes, a ver qué opinaba La Frodoneta del debate.
Sonrió, viendo cómo muchos lo ponderaban por los cuatro remates que metió con respecto a Romina y alguna que otra cosa.
La gente a su alrededor iba y venía, saliendo del estudio o entrando a saludar. Por eso, cuando alguien se paró al lado suyo, casi ni lo notó.
—¿Podemos hablar?
Casi tira su celular del susto. Matías le había hablado casi al oído.
—¿Te parece que voy a querer hablar con alguien que desmerece mi amistad con Marcos y encima casi me ahoga en un pasillo de Telefe?
Matías suspiró.
—Quería pedirte disculpas. Soy medio calentón y-
—¿Medio?
—Bueno, un poco bastante —le sonrió, queriendo verse suelto, canchero—. Es raro conocerte en persona, me agarraste por sorpresa.
Se sentó en la banqueta donde antes estaba Coti y Agustín realmente empezó a pensar que ese tipo tenía algo serio con él. Se acomodó en su sitio, incómodo.
—Yo tampoco sabía que ibas a estar acá, pero te encontré justo viendo mis redes…
—Quería saber si ibas a venir o no.
—Porque… —empezó, dejando inconclusa la frase.
Matías se encogió de hombros. Desde que había empezado a hablar que no dejaba de ver a Agustín y sonreír.
—Bueno, es la noche de los ex. Antes de Ariel fuiste el último eliminado, había chance de que nos crucemos.
—Claramente. Pero no me estás respondiendo-
—Me das intriga —lo interrumpió—. Sos un tipo raro.
Agustín alzó una ceja.
—¿Eso debería tomarlo como un insulto?
—Sos una caja de sorpresas, no creo que eso sea algo malo. Digo… Yo tenía una idea de vos, pero en persona sos completamente diferente.
—Me lo han dicho, si —comentó, desviando la mirada y poniéndose de pie—. Bueno, me tengo que ir.
—Para —soltó de golpe, caminando atrás de él. Lo tomó de un hombro para que no siga caminando—. Realmente quiero disculparme con vos, no suelo tener esas reacciones, no sé qué me pasó.
—Está bien, dejalo ahí…
—No, no. Hagamos algo. Te invito un helado, ¿querés? Te escribo por Instagram así arreglamos.
—¡No, no! No es necesario, de verdad.
—Insisto, quiero que quedemos bien. Menta granizada, frutilla, lo que quieras.
Agustín tartamudeo, no sabía cómo tratar con esas situaciones.
—Pará, el lunes vas a Corta por Lozano, ¿no? Te lo alcanzo ahí, ya sé dónde es el programa.
Agus suspiró —Bueno, te acepto el helado. Aunque no es necesario…
—Dale lindo, nos vemos el lunes entonces —le guiñó un ojo, le acarició el pelo y se fue, dejando a Agustín con una expresión de pelotudo impresionante.
Agustín Guardis era una caja de sorpresas, una muy linda. Y Matías quería abrir esa caja, no importa la manera.
—¡Ay!
Lucila alzó una ceja y volteó a ver a Marcos.
—¿Todo bien primo?
Marcos, Nacho y ella estaban en la habitación de los chicos, esperando que empiece la fiesta.
—Me dio una punzada en la cabeza… Hace rato que las siento.
—Capaz estuviste mucho rato al sol primo.
—Si, puede ser…
