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SUPERCUT

Summary:

Zee se ha metido en uno de esos escándalos arruina carrera.
Huyendo de las consecuencias termina en un pequeño pueblo, lejos de las grandes luces de la ciudad.
Su manager lo ha recluido mientras soluciona lo que él ha provocado.
Lejos de lujos, periodistas y fans, Zee conoce al amor de su vida.
El primero, el último, el que es para siempre.

 

ZEENUNEW
—AU—

 

Supercut: Una compilación o montaje, mostrando repetidos clichés de algo o alguien.

Chapter 1: Seré tu inesperado y violento arrebato

Chapter Text

SUPERCUT

Seré tu inesperado y violento arrebato

CAPÍTULO UNO

Zee Pruk tiene un porte envidiable. 

Es una estrella innata, de esas que roba miradas al pasar, donde el aura que exuda es tan latente que indudablemente logrará abrazarte con su presencia y será como si el tiempo se detuviera y entonces, una música lenta y melancólica sonara. Llegados a ese punto, si su mirada llega a la tuya: el tiempo iría lento, y el mundo, por un instante, un solo instante, no sería tan agotante.

Su hermana solía decirle que incluso si no hubiera construido su carrera sobre la base de la fama, incluso así lo hubiera sido, su rostro no pasaba desapercibido, su estatura llamaba la atención y era odiosamente encantador. Alguien como él, aseguraba Davika, no podía vivir en el anonimato. Zee reía ante sus ocurrencias y contaba aquello como una experiencia graciosa en unas entrevistas sí y en otras no.

" El lazo familiar que tienes y tu carrera, son muy importantes. Debes vender una imagen amigable, cálida y afable. La gente miente cuando dice que tu imagen no importa. Si importa, a todos les importa. Te juzgan permanentemente. Desde que saltas a luz pública, les perteneces. Serás constantemente alabado o crucificado",  Max, su representante, había dicho eso tiempo atrás. Y con el pasar de los años, había comprendido que tenía algo de razón.

Objetivamente hablando le importaba poco, con el paso de los años, de los comentarios mal intencionados e hirientes, acompañados por las palabras de aliento y comprensión, había logrado encontrar un equilibrio: ignorarlo todo.

Su carrera había empezado bastante temprano, actuando en pequeños papeles en algunas series o lakorns. Pero de pronto una canción lo había posicionado en el medio. Luego el súper hit que media Tailandia cantó y entonces, el nombre de Zee Pruk se posicionó permanentemente en los medios de comunicación. El tipo de “Shadow heart” , era la forma en que lo llamaban, en un inicio no importaba, era mejor algo que nada, a la gente en aquel momento solo le importaba la balada del año y el cantante podría fácilmente ser un artista de un solo hit.

Pero cuando la empresa decidió arriesgarse y sacó un single apenas a dos meses del OST, las cosas cambiaron. Recuerda con un poco de vergüenza aún, que el MV no fue la gran cosa, que incluso las promociones fueron lamentables. Su empresa acostumbrada a solo trabajar con actores no estaba preparada para enfrentar un éxito como había sido Shadow heart , pero cuando " Ties " alcanzó todos los número uno posibles, Zee fue finalmente Zee Pruk, y su nombre tomó el peso que tanto anhelaban para él.

Fue gratificante encontrar la fama a los dieciséis, tenía una vida entera por delante y aunque perdió gran parte, si es que no es toda, su adolescencia, no la cambiaría por nada. Las noches sin dormir, los estudios en casa, que más bien eran en el camerino de turno, los viajes escolares que nunca realizó y el montón de fiestas que se perdió. Fiestas sencillas de adolescentes en preparatoria, porque si hablamos de fiestas, Zee tuvo las mejores y protagonizó la gran mayoría de ellas.

Sus amigos eran un círculo bastante amplio, clasificados de acuerdo a la accesibilidad que estos tenían. Estaban sus amigos del medio: cantantes, modelos, actrices y actores. Luego los conoció por medio de la compañía, que generalmente eran personas mayores a él; representantes, productores, directores. Sus amigos realmente cercanos: Mark y Poppy. Y luego sus amigos de secundaria que por alguna razón, que Poppy justificaba como  gente indeseable y aprovechada , pues no podían estar en el mismo lugar con ellos: Panu, Anatan y Jub.

Luego estaba Max, quien inesperadamente se había vuelto la persona con más confianza en su vida, lo sentía como un amigo tan cercano que temía equivocarse y Max solo estuviera haciendo su trabajo. No hablaban de esas cosas. Pero si mañana decidiera casarse seguramente le pediría a Max ser su padrino. Sin embargo, no estaba muy seguro de ser la primera opción para él.

Namtan había sido algo así como su primera novia real, a la que más había querido en serio, su primer beso hasta quedarse sin aire, su primer rompimiento, y su primera vez pidiendo perdón con flores en la puerta de su casa; su primera vez en todos los sentidos. Las cosas habían terminado cuando la fama lo abrazó y los mensajes cada día eran menos, la distancia los abrumaba, las llamadas no existían y las citas eran casi nulas. Ella lo dejó a la voz de  quererlo todavía,  pero no podía soportar el vivir al pendiente de saber si la engañaba o no, si conocía a alguien mejor que ella o no.  No le gustaba cómo esta relación la hacía sentir , y entonces le rompió el corazón.

Honestamente los tres primeros días Zee se sintió desolado. Aquello pasó a sus dieciocho años y esa noche cuando Poppy y Mark se retiraron, dejándolo aparentemente dormido y descansando, luego de haberse negado a emborracharse como dios manda, puesto que  así no se solucionan las cosas.  Esa noche apenas escuchó el carro de Mark alejarse en medio de la calle sacó su celular y mensajeó a Panu, quien solo esperaba su señal para dar la vuelta a la cuadra y llevarlo junto a Anatan y Jub a perder la razón gracias al alcohol.

Debió haberse dado cuenta aquel día, que las cosas junto a ellos nunca salían bien.

Aquella madrugada ocurrió su primer escándalo, armó toda una escenita estando completamente ebrio, no fue divertido, no cuando Zee empujó a un mesero, al negarse a seguirle sirviendo bebidas y solicitándoles que se marcharan, al grito de " ¿Acaso no sabes quien soy? " los celulares se habían levantado y en pocos minutos estaba en todas las redes posibles.

Estrategias de marketing de por medio, disculpas de por medio y sacarlo de las cámaras y redes sociales por un tiempo, lograron que el escándalo se mitigara. Eso, y sus grandiosos seguidores quienes hicieron todo lo posible por hacer que el alboroto pasara como agua de río, y, brindándole una segunda oportunidad, acapararon todo lo que pudiera hacer más grande lo sucedido.

Zee había aprovechado ese tiempo lejos de las cámaras para aprender a tocar la guitarra, y eso lo llevó a dar otro gran paso en su carrera: empezar a componer y escribir sus canciones. Regresó medio año después, como regresan todos los que han cometido errores: con una imagen mejorada de sí mismo, haciendo buenas obras para limar asperezas con el público general quien aún lo miraba con desconfianza y con una propuesta nueva para su carrera.

Cuando " Perfect " vio la luz, Zee lo recuperó todo y aún más. Con una letra que hablaba de cometer errores y aprender de ellos. Lleno, además de un buen recibimiento musical, Zee enfrentó el pesó de su éxito, cuando una gran parte de gente comenzó a quejarse por haberlo simplemente  perdonado y seguir haciendo a gente idiota famosa.  Zee comprendió que la gente no olvidaba tan fácilmente como lo había hecho ver Aof. Y le dolió, después de ese escándalo no lo volvieron a ver más como el niño de dieciocho años consentido por sus fans y por quien lo entrevistara, perdió algo que no se había percatado era tan valioso para él y aprendió.

Lejos de aceptar fácilmente que ahora lo trataran mucho más como un adulto que como un adolescente adorable al cual todo el mundo le habla bonito, Zee tuvo que tragarse lo extraño que fue para él que ya no le dijeran cosas lindas o que lo miraran con adoración. Aprendió, perdió y se adaptó. La gente lo trataba con respeto y afecto, no era más el niño adorado de Bangkok, quien había conseguido fama con esfuerzo y talento, ahora era un adulto exitoso, propenso a escándalos, un ser humano como cualquier otro, pero con fama.

Finalmente su mundo no se acabó porque lo dejaran de tratar con adoración extrema, creyó que eso pasaría algún día cuando estuviera cerca de los veintitantos, él solo se había adelantado. Aún así, la película que protagonizó al año siguiente lo catapultó aún más. "Shell" fue el éxito del verano, trascendió a otros países y poco a poco Zee se convirtió en aquello que tu país quiere presumir con orgullo.

Cerca de los veintidós, Zee tenía giras de por medio, entrevistas en cada uno de los países que visitaba, novias a escondidas que nunca duraban demasiado y que al final del día no importaban tanto. Una vez le gustó un chico, un cantante inglés radicado en Estados Unidos. Sian tenía unos ojos hermosos, podía perderse en ellos por largos minutos. Lo suyo con Sian fue intenso pero corto, atracción en su estado más puro. Sian tenía veinticinco cuando lo conoció, pero así como empezó, terminó. Lo último que supo de él, es que se había casado un par de meses atrás, con un hombre de negocios o algo así.

Luego apareció Joss: alto, cordial y asombrosamente atractivo. De esas bellezas que simplemente te quitan el aliento y no puedes creer que sean ciertas. Joss lo era todo, era inteligente, amable y divertido; tenía veintitrés cuando se conocieron, era actor en una serie donde él apareció como cameo y todo perdió piso.

Los fotografiaron varias veces saliendo a comer en la noche, a veces casi cerca de la madrugada, más por cuestión de horarios que porque se tratara de un secreto. Iban al gimnasio juntos y las especulaciones no faltaron. Pero la decepción llegó a Zee, cuando descubrió lo absolutamente heterosexual que él era y lo enganchado que estaba con una de sus compañeras de reparto, Janis. Y pues Zee, quien no está destinado a estancarse, solo sonrió aquella tarde de invierno y aprendió a ser su amigo.

Joss y Janis empezaron una relación cuatro meses después.

Poppy solía decirle que quizá tenía tanta mala suerte en el amor, porque su persona especial aún no llegaba, y que cuando llegara, recompensará todo el tiempo perdido. Zee quería creerle, pero de cara a la realidad, a veces resultaba bastante difícil mantener la fe.

Cuando Mark empezó a manejar la carrera de Poppy como boxeador, empezaron a verse menos, él viajaba de un lado a otro, ellos viajaban también y la comunicación entre ellos se limitó a mensajes de conversaciones que a veces no finalizaban porque alguno de los tres se ocupaba. Los extrañaba y cuando por fin tuvo un mes de vacaciones después de tres largos años sin parar, Poppy estaba por empezar una competencia sumamente importante que se llevaría a cabo en Alemania.

Decidió que pasaría las tres primeras semanas en Tailandia, visitando amigos y familiares, la última semana la pasaría con ellos en Alemania, incordiando un poco, sin interrumpir su trabajo pero al menos estando allí, porque luego no tenía seguridad de cuando se podrían volver a ver.

Fue una mañana de abril cuando Panu contactó con él, lleno de energía y diciendo que había llegado en el momento adecuado. El hermano mayor de Panu se casaría en unos días y como era de esperarse le habían armado dos despedidas de soltero, una a la que irían familiares, compañeros de trabajo y amigos. Y la otra a la que solo irían personas cercanas al novio, es decir, “ la verdadera despedida de soltero que todo soltero merece” , según palabras de Panu. Esa, por supuesto, era la fiesta a la que Panu lo invitaba.

Tenía veintiséis cuando tomó la peor decisión de su vida.

Pensó que llevaba dos días seguidos sin hacer nada más que estar echado en la cama viendo películas o andando en el celular, dando pocas señales de vida a sus seguidores para que no se preocuparan. No había visto a Panu, Anatan y Jub desde que pisó Tailandia y pensó que un poco de distracción y cerveza le vendría bien para sentirse una persona normal por lo menos por una noche.

Pearl era la  chica sorpresa  que habían contratado para que divirtiera al festejado. Tenía unos ojos grandes y un cabello rubio que se movía al ritmo de sus caderas mientras bailaba para Tanuh a las doce en punto, enfundada en un traje de policía sus curvas habían llamado la atención de todos los presentes, incluso Zee tenía que admitir haberse distraído bastante con su sensual baile. Era una mujer atractiva y lograba su cometido.

La dichosa fiesta se llevó a cabo en una habitación de hotel lujosa que otorga "privacidad" a sus huéspedes, sin embargo Zee empezó a sentirse incómodo cuando las cosas empezaron a salir poco a poco de control. No había sido solo una bailarina la que habían contratado, de hecho eran más de seis las que andaban dando vueltas por ahí. Luego, vio la cocaína y ese fue su paso para retirarse.

Quiso despedirse de Panu, Anatan, Jub y Tanuh antes de irse, pero con dificultad encontró a Panu con una de las chicas cerca del balcón. Era cierto que varias de ellas se habían acercado a él con toda la intención de llevarlo a alguna habitación, pero Zee, incómodo, solo había soltado un par de frases antes de alejarse debido a una llamada inexistente. Esto era una bomba a punto de explotar y él no iba a quedarse para cuando eso pasara.

—Panu, ¿puedes venir un momento?

Sonrió agradable hacía la chica quien solo le guiñó un ojo y se alejó del balcón dejándolos a ambos en el pequeño mirador.

—¿Qué pasó hermano? ¿No te estás divirtiendo?

—De hecho venía a despedirme, mañana salgo de viaje a Alemania y salgo temprano.

—Ah, vamos —Panu golpeó suavemente su hombro— no seas aguafiestas, esto apenas empieza.

—Panu, honestamente no me siento cómodo. Me gustan las fiestas pero se están metiendo de todo, no confío en las  chicas , y no sé en qué momento me van a grabar en medio de todo esto y chao carrera. Así que mejor me voy.

Panu sencillamente rodó los ojos.— Vamos, Zee. Ni que en tus fiestitas de famosos no hubiera.

—Hay pero, uno: yo no consumo. Y dos: es en lugares bastante privados y seguros. A esas mujeres las he visto más de dos veces tomando fotos. Ni pendejo me quedo en este lugar.

—Haz lo que quieras.

Antes que Zee pudiera dedicarle una mirada de fastidio, el grito de varias chicas, una mesa siendo arrastrada por el grupo de personas que se arrimo en ella, y el vidrio de algunas botellas cayendo al piso lo detuvo todo.

Tanuh agarraba por el cabello a Pearl, la mujer se encontraba únicamente con la falda puesta. Salvajemente el hombre la había lanzado al piso y dos chicas habían corrido a sentarse a su lado, preguntando temerosas si le había hecho algo más.

—¡¿Para qué vienes si no vas a cumplir bien con tu trabajo?!

El hermano mayor de Panu estaba evidentemente borracho, sus ojos rojos y se tambaleaba ligeramente mientras luchaba por mantenerse en pie. La música se detuvo en ese instante y Zee frunció el ceño, parándose frente a las tres mujeres que se encontraban en el suelo, cuando Tanuh amenazó con acercarse de nuevo.

—¡Me contrataron como streeper, grandísimo cerdo! ¡No como prostituta!

Zee colocó una de sus manos sobre el pecho de Tanuh cuando este intentó acercarse de nuevo, no iba a pelear con él, era inútil bajo el estado en que el mayor se encontraba. Panu se acercó por detrás agarrando al mayor por el hombro.

—¿Qué te pasa, bro? Cálmate.

—¡Nada que calmarme! Esa pendeja se cree la gran cosa, cuando no vale nada y se hace la digna.

—Ya bájale a tu escándalo, Tanuh.

Jub intervino también, sosteniendo por el otro lado a Tanuh, quien solamente arrugó el entrecejo mirando directamente hacía una de las esquinas de la habitación. Desde el pequeño pasillo, Autti, una de las chicas que había llegado con Pearl hablaba bajito por celular, temblando de pies a cabeza. Tanuh, que había logrado soltarse de Panu y Jub, le quitó el teléfono y lo lanzó directo al piso con brusquedad.

—¿A quién crees que llamas, estúpida?

—¡A la policía, maldito loco!

Autti lo empujó con fuerza y corrió hacía donde el resto de las chicas se habían amontonado, cerca de Zee quien parecía el único dispuesto a defenderlas.

Asombrosamente, les tomó un par de minutos más al resto reaccionar, y a la voz de que la policía venía en camino, todos empezaron a recoger sus cosas. Zee le prestó su chaqueta a Pearl quien tenía roja la zona de su mejilla y Zee solamente maldijo el momento en que esto le había parecido una buena idea.

Panu, Jub y Anatan luchaban con todas sus fuerzas por eliminar todo rastro de droga de la habitación y él decidió que no esperaría a que todo esto empeorara. Ya no le interesaba más toda esta porquería, bajó junto a las chicas por el ascensor y en cuanto estuvieron en la recepción empezó a ver todo en cámara lenta.

El gerente se encontraba hablando con la policía en la entrada del hotel, los invitados que habían bajado previamente se encontraban delante de él. El gerente los señaló y ellos en pánico salieron corriendo, la policía detrás de ellos. Zee se quedó ahí, con las chicas encogiéndose detrás de él.

Las siguientes horas fueron mortales, los encerraron a todos, incluidas las chicas.

Zee solo quería que la tierra lo tragara.

Cuando Aof y Max llegaron, temió lo peor. Aof lo recibió en una pequeña oficina blanca dentro de la comisaría, pidió que lo dejaran a solas con él, y entonces lo cacheteó. El ruido seco de su gran mano impactando en su rostro lo derrumbó. No era el golpe, era lo que significaba. Aof era como un segundo padre para él, la persona que más confío en él. Quien vendió su casa para costear todo lo que implicaba impulsar su carrera. El dueño de una pequeña compañía que solamente lo tenía a él verdaderamente bajo los reflectores.

Aquel que lo aconsejaba día sí y día no. Su jefe que no parecía jefe por lo cercanos que eran. Aof literalmente lo vio crecer, personal y profesionalmente. Ahora, él  lo miraba fijamente, con el coraje retenido mientras fruncía los labios. Decepción, ni siquiera la palabra por sí sola era suficiente para describir lo que el mayor estaba sintiendo en esos instantes.

Zee permaneció con el rostro ladeado durante unos segundos más.

Sin atreverse a mirarlo a la cara.

—Mírame —Su voz osca lo hizo sentirse como cuando tenía ocho años, cometía una travesura y temía ser regañado— ¡te he dicho que me mires!

Zee levantó la mirada, lo observó con la respiración agitada, y luchó contra sus instintos para no derramar lágrima alguna.

—Creí que habías aprendido de tus errores. Pero parece que no. —Aof pasó una mano por su propio rostro, frustrado, cansado, profundamente decepcionado— Pero esto... Zee, ¿en serio? ¿Sabes lo cagado que estás?... ni siquiera creo poder salvarte de esto. ¡¿En qué estabas pensando?!

Zee bajó la cabeza. Maldita sea.

—Ya está despejada la zona oeste, podemos salir por ahí. En el departamento le gritas.

La voz de Max había sonado a su espalda, luego que abriera la puerta e interrumpiera las palabras de Aof. Zee giró hacía él con el corazón a mil. Su voz había sonado tan parca. Fría.

—Max...

—Ahora no Zee. Tenemos que salir de aquí.

Dolió. Dolió más que mil cachetadas. 

Max era la única persona en la que podía apoyarse pasara lo que pasara. Siempre estaban juntos. Y ahora, Max ni siquiera quería mirarlo a la cara.

Justo como había dicho el lugar por el que salieron estaba despejado, subieron velozmente al carro y el camino fue extremadamente silencioso. Sus padres estaban al teléfono, hablaban con Max mientras el hombre con una voz suave y calmada, muy diferente a cómo le había hablado a él hace unos minutos, les explicaba que ellos se harían cargo de todo y que lo más importante era que Zee estaba bien y completamente sobrio. No sabía que había informado la prensa durante esas horas, seguro algo bastante general y confuso. Que se resumía en maltrato a bailarinas quienes no quisieron acostarse con ellos, drogas, y alcohol.

Dios...

Su madre no lo había educado así.

Cuando llegaron al departamento de Max, puesto que seguramente toda la prensa estaba acampando afuera del suyo, Aof siguió gritándole por veinte minutos más y luego se marchó a realizar cientos de llamadas al estudio. Davika estaba fuera de la ciudad, pero según escuchó ya estaba buscando un vuelo de regreso. Él permaneció sentado en el sillón con la cabeza gacha, quería explicarle a Max las cosas, quería decirle que no fue él, que él sería incapaz, que lo disculpara, quería pedirle perdón, quería pedirle que no lo odiara. 

Que sentía devastado y horriblemente solo.

Max se sentó junto a él y pasó un brazo por encima de sus hombros.

—Max yo...

—Lo sé —esta vez su voz fue suave y cálida— Sé quién eres Zee. No te permitas ni siquiera por un segundo creerte toda esa basura que están diciendo de tí allá afuera.

Eso fue todo. Zee se derrumbó en el pecho de Max y lloró.

Max lo abrazó en respuesta y escuchó su llanto profundamente amargo, no lo escuchaba llorar así desde que tenía veinte y su abuela falleció.

—Tranquilo, lo vamos a solucionar.

—Lo siento... lo siento tanto...

A la mañana siguiente Zee era consciente del montón de periodistas que seguramente había afuera del departamento de Max, probablemente ya se habían percatado que no había llegado a su departamento. Dormir en el sillón fue un poco extraño y poco reconfortante ya que no pudo conciliar el sueño por más de cuatro horas.

Max lo recibió con un desayuno sencillo y Davika lo abrazó largamente cuando finalmente llegó a la ciudad pasadas las diez de la mañana. Le confirmó lo que suponía, los periodistas la habían acosado hasta el cansancio a su llegada. Y ella, tan quitada de la pena, los había mandando al carajo. 

Posteriormente habían decidido ir hasta la casa de sus padres. Su madre lo abrazó y dijo cosas dulces, tan dulces como ella. Zee sonrió apenas, sintiendo que no merecía nada de eso. Cuando su padre bajó las escaleras lo miró fijamente y apretó ligeramente su hombro pronunciando un escueto: —Ve a descansar, te ves terrible.

Quería arrodillarse ante sus padres y rogar por el perdón.

Por avergonzarlos así frente a todo el país. Por solo causarles dolor y decepción.

Davika solo suspiró y acarició sutilmente su espalda. Su madre trataba de menguar un poco el ambiente que su padre había dejado a su paso recomendando pasar el rato con sus mascotas. Pero Zee solo se sentía desmoralizado y cansado.

El resto del día se había basado en Zee evitando las redes sociales, y tratando de ignorar a los periodistas gritando su nombre. Honestamente, estaba a un paso de llamar a la policía... por tercera ocasión.

Cuando ingresó a la cocina, Sakorn, la empleada de la casa, se encontraba ahí, haciendo la cena como de costumbre, sin embargo en cuanto lo vio entrar, la mujer escondió tras de ella el pequeño diario que había estado leyendo.

—Joven Zee, buenas tardes. Hace mucho que no lo veía.

—Hola Sakorn —se acercó para depositar un beso en su frente y la mujer, confiada por el sencillo acto, vio como Zee le arrebataba velozmente el diario de sus manos.

" Prostitutas, drogas y alcohol en fiesta de Zee Pruk " el titular del diario más amarillista del país no había tenido las más mínima consideración, ahora Zee miraba con repugnancia las fotos correspondiente a la habitación deshabitada y a varios de los invitados saliendo de la comisaría mientras tapaban sus caras.

Sakorn estrechó sus manos y lo miró preocupado.

—No quería que lo viera. Todos sabemos que son puras mentiras. Usted no es ese tipo de personas.

—Por supuesto que no Sakorn. —Zee masajeó su sien, suspirando pesadamente— Disculpa por haberte quitado el diario así, pero no me lo ibas a dar si te lo pedía.

Zee sonrió y ella rió divertida.

—Claro, claro y por eso utilizaste mi amor de madre para agarrarme desprevenida.

—Dame un abrazo, Sakorn. Hace mucho que no te veía.

—Su mamá me dio unas semanas de vacaciones.

—Y justo en la semana que yo venía, hay que ver que esa mujer en realidad piensa que te quiero más que a ella.

Ambos rieron divertidos y el ambiente se calmó un poco. Zee acompañó a la mujer en la cocina un rato. Luego decidió pasar finalmente un rato con sus perros, los maravillosos animales no cabían de alegría al verlo, prácticamente lo tumbaron en el suelo de la sala de estar, salir al patio no era una opción. 

Honestamente, lloró un poco, se sintió tan querido en ese instante.

Todo era horrible en su vida personal y profesional, pero ahí estaban estos tres perros, sintiendo una felicidad absoluta con tan solo verlo. No les importaba el mundo exterior, no lo juzgaban, no lo acusaban, no se sentían decepcionados de él.

Lo amaban. Solo por estar ahí. Solo por ser él. 

Cerca de las nueve de la noche, mientras él conversaba junto a su hermana en el sillón. Aof llegó acompañado por Max, quien le dedicó una mirada de cansancio mientras soltaba un suspiro lento. Sus padres se les unieron a los pocos minutos y en plena sala Aof explicó lo que harían.

Zee necesitaba desaparecer del mapa por un tiempo.

Las cosas estaban realmente mal allá afuera y sus detractores estaban aprovechando para destrozarlo aún más. No había forma de que siquiera intentara defenderse porque no serviría de nada.

Necesitaba estar incomunicado por un tiempo, lejos de todo y de todos.

Y además le serviría de escarmiento.

—Ve por una maleta, agarra solo ropa y útiles de aseo. Absolutamente nada más.

Zee había decidido obedecer, pero las cosas se pusieron negras cuando al llegar al aeropuerto Aof le pidió el celular. Literalmente  lejos de todo, y de todos.  Se había negado, había tratado de alegar pero el hombre estaba completamente reacio a ceder. Lo miró con bastante seriedad y finalmente había tomado el celular y lo había guardado en su bolsillo.

Llegar al aeropuerto había sido otra travesía, al llegar habían un par de medios esperando por él allí. Max había hecho de todo para que entraran por otro lugar. Aof había distraído a los periodistas mientras Max y él pasaban por atrás con gorras y gafas en medio de una pequeña multitud de gente tratando de pasar. Por lo que se había tenido que despedir de su familia en el carro, su hermana lo había abrazado y dicho un par de palabras confortantes,  su madre lo había abrazado y dejado besos en su rostro, pidiéndole que se cuidara y la llamara cada cierto tiempo, al menos podría llamarlos desde alguna cabina telefónica según dijo Max ¿siquiera existían aún esas cosas? Su padre había sido otra historia, solo lo había abrazado y le había dicho que usara este tiempo para reflexionar sobre lo sucedido.

En menos tiempo del esperado se encontraba exiliado, sentado en un avión con destino desconocido, junto a Max quien solo actuaría como emisario, lo dejaría en el pueblo y luego regresaría a la ciudad a tratar de arreglar el desastre que él había dejado atrás.

Suspiró derrotado.

Había olvidado su guitarra en casa.

TBC