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Language:
Español
Stats:
Published:
2023-02-08
Words:
2,547
Chapters:
1/1
Comments:
16
Kudos:
179
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6
Hits:
1,971

Mano Enemiga

Summary:

"...Che", dijo Nacho ociosamente, como si se tratase de un capricho. "¿Querés que te cuente como fue?".

Notes:

Yo cuando no encuentro el tag Narcos y tengo que crearlo: ¿Esta es la huella que voy a dejar en este mundo?

Este fic no es muy bueno, todo el contenido fue escrito con mucha diferencia de días y no corregí, pero tenía que exorcizar este demonio de mi cuerpo. Ahora va libre por todo el mundo.

AU cuyo lore nunca pensé. Aunque bueno, tiene detalles canon... sabrá Dios.

PD: Si me siguen en mi main @D1SC0RANGER en twitter no me quejo jsjsjs

Work Text:

Un numero desconocido lo llamaba, y Marcos, dudoso, atendió. "Diga".

"Marquitos", dijo una voz familiar desde el otro lado. Marcos tardó un instante en reconocerla, y cuando lo hizo, tensó los dientes. "¿Estás con Agus?".

"No. ¿Qué queré'?", la dureza del tono de Marcos se hizo notar.

"Sólo avisarle de que el otro día se dejó su billetera conmigo", dijo Nacho. "Pensé que a lo mejor él quería venir a buscarla".

"Bueno. Se lo voy a decir", dijo Marcos. "¿Nada más?"

"Su foto de documento es muy graciosa", comentó Nacho. "Parece un bebé, menos mal que se dejo crecer la barba... Qué bonito".

Marcos ya había entrado en su habitación, y se sentó con pesadez en la cama. "¿Ya está?"

"Che", dijo Nacho, "ya que estamos, ¿querés adivinar por qué tengo la billetera de Agus? Dale. Adivina".

"No voy a adivinar", espetó Marcos. "Si vas a decírmelo, decímelo".

"Se la dejó en la cama del telo donde garchamos", dijo Nacho alegremente, mientras todo el aire de los pulmones de Marcos se esfumaba. "Se le habrá caído de los bolsillos de lo entregado que estaba quitándose los pantalones".

Marcos no pudo responder. Por supuesto, no le importaba. No era un tema de su incumbencia con quién quisiera acostarse Agustín. Para él no significaba nada la súbita realidad de que Agustín estuviera inmerso en un contexto de sexo, y nada menos que con hombres. A Marcos no le importaba nada de eso y no tenía nada que ver con él. Al contrario, sólo estaba preocupado por el pésimo gusto de Agustín hacia los hombres. "¿Por qué me contás?", le preguntó.

"Mmm... bueno, creo que te interesa". Nacho añadió un tono burlón a su voz. ¡No!, pensó Marcos con rabia. "Y también quiero presumir el haberte ganado, pero también quiero decirte; ¿sabes que podes, no? Como parece que ni pensaste en que podes cogertelo..."

"Gracias", dijo Marcos. "No me llames más. Chau".

El salteño no colgó. Nacho podía colgar si quería, pero, por desgracia, Marcos quería oír más de lo que Nacho tenía para contarle. Una curiosidad voraz sobre Agustín teniendo sexo le surgía desde lo más profundo de su ser.

"...Che", dijo Nacho ociosamente, como si se tratase de un capricho. "¿Querés que te cuente como fue?".

En el estrepitoso silencio, Marcos apretó su celular con fuerza. Debía decir que no. Obviamente, lo correcto era decir que no. Obviamente, no quería oír cómo era el sexo con Agustín. E iba a decir que no en cualquier momento, porque tomaba decisiones racionales y bien razonadas.

"Bueno", dijo Nacho en medio del silencio que seguía reinando en la conversación, mientras Marcos apretaba el celular con más fuerza. "Mmm, cómo empiezo... Ya sabes que es facilísimo de seducir, ¿no? Lo único que tuve que hacer fue ofrecerle un masajito y un heladito de menta, y después un besito... Ah, bueno, supongo que también hay que saber dar buenos besos. Vos decime si cumplís con ese requisito, yo no sabría decirte".

"¿Por qué pensas que quiero—?"

" “¡Campeonazo! ¡Amigazo!”, obvio que queres". Marcos quería decirle a Nacho que no todos pensaban con la cabeza de la chota como él, pero Nacho siguió hablando. "Bueno... Ah, sí. Todo lo que tenés que hacer es darle un poco de lengua y se te hace agua en las manos, así de fácil. Después hice que me la chupase en el auto mientras él seguía caliente". ¿Sabías que le gusta mucho chupar pitos, Marquitos? Le encanta". En su voz se percibía un tono placentero. "Tenes que probarlo algún día, verlo ahí abajo entre tus piernas es hermoso. Arrodillado, con los pies escondidos como un perrito sumiso...".

Marcos no se lo estaba imaginando. Sólo estaba... escuchando. No se lo estaba imaginando.

"También es muy obediente", suspiró Nacho. "Te deja que le tironees el pelo, te deja que te pongas bruto... una vez que le metes la pija en la boca podés hacerle casi cualquier cosa y él te deja...".

¡Sorete!, pensó Marcos, con una bronca que lo sorprendía, no debería ser cuestión de que Agustín se dejase hacer cualquier cosa, como si el sexo fuera algo que debiese imponérsele; Agustín debería hacer lo que le hiciera bien, debería ser atendido por alguien que lo metiera de lleno en la experiencia... Marcos tragó saliva.

"Así que hice que me la chupara, y también me vine en su cara", respiró Nacho, y la ya dura erección de Marcos dio un espasmo en sus pantalones al oír esas palabras, Dios, no se lo estaba imaginando, no podía, "y después lo llevé al telo y le metí un dedo para empezar y a que no sabes , Marquitos, se vino en un minuto sólo con eso".

Marcos no pudo respirar por un momento; la sangre le rugía en los oídos. Su erección se tensaba en sus pantalones.

"Nunca lo habían tocado ahí, él solito me lo dijo", Marcos no estaba preparado para el ataque de celos que lo invadió como un tsunami, Nacho no se lo merecía—, "así que pensé en empezar poco a poco y acostumbrarlo a mis dedos, pero, ah, le encantó. Le encanta que le toquen el pan dulce, ah, tendrías que haberlo— ahh...".

Al oír la voz de Nacho, pesada, suspirante y saturada, a Marcos le recorrió una mezcla de repulsión y excitación igualmente fuertes. "¿Te estás tocando?"

Una pausa. "Ah", dijo Nacho, sonando sinceramente sorprendido, "¿vos no?".

Marcos se quedó tieso un momento, y entonces, en un movimiento desesperado, se abrió de un tirón la bragueta del pantalón y se puso una mano alrededor de sí mismo antes de que pudiera pensar, y no pudo contener el gemido de alivio que se le escapó; Nacho soltó una risita asquerosa al otro lado de la llamada. "Ya está, así me gusta más", dijo, y Marcos lo odió, estando demasiado ocupado masturbándose como para poder decirle algo.

"Te lo estás imaginando, ¿no?" suspiró Nacho en su oído. Marcos ya no podía contenerse. En su imaginación, Agustín se extendía ante él como un manjar y contestaba encantado a todo lo que él le hacía. "¿Querés que te cuente cómo tiembla... cómo mueve la cabeza en la almohada, cómo pone esa cara de tonto, ah, cómo le tiemblan las piernas...?". Los dientes de Marcos mordían con fuerza el interior de su labio, sus propias piernas se cerraban como si fueran de acero en respuesta a lo bien que se sentía, lo inimaginablemente bien, no podía soportarlo, no podía parar. "Es tan sensible, Marquitos, no sabes lo que es coger con alguien que reacciona tanto a cada pequeña cosa que haces, tenés que probarlo de verdad. Es buenísimo".

"La puta madre", fue todo lo que Marcos pudo decir, dejando escapar un chorro de aire. "La puta madre".

"Qué lindo, ¿no? ¿Ves lo bien que se siente hacer estas cosas?". La voz de Nacho cayó en un murmullo bajo, aún caliente con la respiración de su excitación. "Me gusta ver a tipos reprimidos como vos soltarse. Verlos dejar salir todo, mmm. Seguro que lo necesitabas, ¿no?".

Lo necesitaba, ésa era la cuestión: estaba reprimido, y no era algo que hubiera admitido nunca, pero— pero se había pasado todos estos meses intentando no pensar en Agustín y en todas las cosas de Agustín que eran tan propias de él, y ahora... y ahora estaba pensando en ellas, su imaginación desbordaba su mente como una marea imparable, y también sentía el estímulo auténtico de una voz que gemía y murmuraba en su oído, y... y eso significaba, lo que significaba. Que todo se sentía tan bien, tan terriblemente bien, que estaba perdiendo rápidamente cualquier posibilidad de autocontrol.

"Te estaba contando un cuento, ¿no?", dijo Nacho, "Bueno, después de que se viniera tan bien en mis dedos, me lo cogí como se debe, con la cara hacia abajo, el culo hacia arriba... Marquitos, no paraba de hacer esos ruiditos tan graciosos, no paraba de decirme lo bien que se sentía, como si no se lo pudiera creer". Se le escapó una risita pícara. "Capaz que vos no tengas la misma reacción, como no le quitaste la virginidad. ¡Lástima!".

La rabia se apoderó de Marcos, ardiendo y ansiando por más placer, aumentándola. "Cállate", jadeó. "Cállate y seguí hablando".

"¿Ahora te contradecís?", contestó Nacho, con una respiración obscena y placentera. "A él le gustaba cuando le golpeaba el culo, cuando le agarraba las caderas y se la metía hasta el fondo. ¿Crees que a él también le gustaría eso de vos? ¿O te crees más del tipo tierno y apasionado? Seguro que le harías el amor, ¿no? ¿Le darías con todos los gustos?"

"Cállate", siseó Marcos, con los ojos cerrados y la cabeza echada hacia atrás, masturbándose frenéticamente; lo peor era que, ahora que Nacho lo había dicho, podía imaginárselo. O tal vez incluso desde antes, como si fuera lo que siempre había deseado— Dios, qué no daría por empujar a Agustín contra las sábanas y darle todo lo que siempre había deseado, hacerle sentir un éxtasis como nunca antes había sentido, hacerlo gritar y agarrarse a los hombros de Marcos hasta llegar a su límite. Pensar en eso era tan profundo e irresistible como meterse en una bañera caliente después de un largo día de frío: no podía evitar hundirse más y más, dejando que su imaginación se entregara a cada uno de sus deseos.

"Parece que toqué un punto sensible", dijo Nacho, que cada vez respiraba más entrecortadamente. La cadencia de su voz, impregnada de excitación, era preciosa. Marcos cerró los ojos con más fuerza e intentó pensar sólo en Agustín. "¿Entonces es así? Tratarías de ser su amor ideal, ¿no? Sos de los que se excitan sólo con hacer que otro se venga, ¿no?". Él no debía saber eso. Nacho sonaba cada vez más excitado. "Seguro que te lo cogerías muy duro tal y como te lo pide, ¿eh? Seguro que sí. Seguro que se la meterías como un taladro hasta que él quisiese. Pareces de ese tipo. La puta madre, Marquitos, capaz que algún día los invito a los dos a casa sólo para poder mirarlos".

"Cállate", dijo Marcos, conteniendo el fulgor exaltado que le habían provocado aquellas palabras. "No voy a hacer eso. Nunca".

"¿Ah, sí?", dijo Nacho, con una risa que más bien era una respiración ahogada. "Me pregunto, ¿te pensas que vas a poder volver a mirarme a los ojos sin pensar en esto? ¿Ahora que sabes cómo sueno cuando estoy por venirme? ¿No te parece que esto estará siempre en el fondo de tu mente?"

"Te odio", gimió Marcos, pajeándose furiosamente; lo horrible era que la burla le estaba haciendo tanto efecto como los pensamientos sobre Agustín. El viejo odio hacia sí mismo estaba empezando a aparecer de nuevo, aunque estaba demasiado ocupado siendo arrastrado por una marea incontrolable de placer como para poder evitarlo.

"Sí. Mmm, la próxima vez que nos encontremos, debería ser en una de esas jaulas que tanto te gustan. Sí, en una pelea... Seguro que me clavarías contra el piso... No te costaría nada, tendrías una excusa... Y podrías, ah, meter un muslo entre los míos y así nos daríamos los dos. Y después podrías pelearme, como tanto te gusta, y fingir que nunca pasó. ¿No te gusta hacer eso? ¿Fingir que las cosas nunca pasaron?"

Marcos ni siquiera pudo responder, su cuerpo temblaba y se esforzaba por guardar silencio. Se lo estaba imaginando, vívida y horriblemente. Quería estampar a Nacho contra una pared en ese instante, le daría tanta satisfacción; Marcos estaba furioso con él, claro, porque estaba muy enculado, pero también porque estaba muy excitado, y la combinación de sentimientos encajaría a la perfección si pudiera estampar al infeliz contra algo duro— y aplastar sus cuerpos, meterle la lengua en esa boca horrible, dejar salir todo—

"La puta madre", sollozó. "La puta madre, Dios."

"Bien, bien, así", dijo Nacho, con un tono histérico ascendente que se oía cada vez más cerca. "Te estás por venir, ¿verdad?". Marcos sólo pudo gemir una afirmación sin palabras. "Hacelo, quiero oírte acabar para mí, quiero oírte acabar con mi voz—ah—ah—ey, Marquitos, acá tenés un regalito para que te vengas. ¿Sabes que nunca se la chupé? Nunca, mmm, pude hacerlo, igual me gusta más al revés. Eso te lo dejo a vos. Podes ser el primero".

Marcos tuvo que llevarse el dorso de la mano a la boca, con el celular todavía aferrado, ante la intensidad con la que aquella imagen se apoderó de él; Agustín yacía tendido sobre las sábanas, gimiendo de un placer incomprensible, mientras Marcos disfrutaba de él con su boca, asegurándose de que cada pasada de su lengua y sus labios lo volviera loco—Agustín se retorcía y su espalda se arqueaba más y más hasta que se venia por completo, y una vez que lo hacía— una vez que lo hacía Marcos empujaba sus muslos hacia atrás contra su pecho y seguía con su culo, comiéndoselo con un fervor loco, enterrando su cara allí mientras Agustín gritaba y se estremecía de— de puro placer, Dios—

Marcos acabó con un sonido ahogado en su puño, el ruido saliéndole de dentro; todo su cuerpo se estremeció violentamente junto con el Agustín de su imaginación. Era tan placentero, tan increíblemente intenso, como si todo su cuerpo estuviera siendo exprimido por una sensación increíble, y Nacho gimiendo "Sí, sí, déjame oírte" en su oído sólo lo hacía mejor. Se sintió como una eternidad colgado en la cima antes de caer de espaldas contra la cama como un títere con las cuerdas cortadas, con el corazón latiéndole en los oídos, la respiración floja, agitada y perceptible en la garganta.

"Eso fue hermoso", suspiró Nacho, "oírte acabar por mí así, ah, Marquitos, quedate un poco más en la llamada y vas a escuchar algo buenísimo, ah, sí—".

Marcos permaneció inmóvil mientras Nacho gemía sin aliento a través del celular, aumentando el tono y la intensidad. La realidad amenazaba con volver, contenida por el aturdimiento post-orgásmico en el que había caído. Sin embargo, el odio hacia sí mismo ya estaba haciendo acto de presencia. Estaba cubierto de semen y le dolía el brazo.

Nacho se vino en su oído con el suspiro delicado de una actriz porno, largo y lujoso, y Marcos odió la forma en que su verga gastada mantenía el interés. La niebla se iba disipando poco a poco. ¿Qué había hecho? No sólo había cruzado la línea de no permitirse nunca pensar en Agustín de esa manera; la había cruzado tan fácilmente, a los dos segundos, y eso sólo había sido el principio, después había hecho esto— y... aquello—

"Bueno, estuviste re bien", resopló Nacho en su oído, claramente recuperando el aliento, y sonoramente satisfecho. "Tenemos que volver a hacerlo otro día, ¿te parece? Mejor en persona—"

"Cállate", dijo Marcos con desprecio. Se limpió la mano con los pantalones, que también estaban hechos un asco. "Andate a cagar".

"Y yo que pensaba que desahogándote te ibas a relajar", le espetó Nacho. "Bueno, no me importa. Decile a Agus que venga a buscar su billetera a mi casa, ¿sí?". Una pizca de insinuación se coló en su voz. "Y si tarda en volver, bueno, ya sabrás porque".

"Morite", Marcos respondió, terminando la llamada con una fuerza innecesaria mientras la risa de Nacho resonaba en sus oídos.