Chapter Text
— ¡Bailen con la muerte!
La televisión reproducía el viejo caset, donde el ex presidente Tort aprobaba la Ley Contra Las Violaciones al Arte o más bien, la que prohibía que la sociedad pudiera bailar libremente. Minhyuk, como las demás personas en el país, tenía furia acumulada en el cuerpo. Poco tiempo después de que llegaran las prohibiciones del baile, se agregaron las normativas de Literatura, Música, y Arte, el gobierno de Tort fue extremista con los castigos a quienes no cumplieran con las nuevas órdenes, llegando a condena perpetua o la muerte. Quien se revelara, moriría. Aún así la sociedad intentó revelarse con lo poco que le quedaba, días de lucha y noches en vela a las puertas del Congreso esperando una respuesta. Nada de eso fue suficiente para hacerlo caer, y la respuesta que recibieron fue la prometida. Se estima que en el mandato de Tort hubo más de quinientos mil muertos, aunque solo cien mil fueron reconocidos.
Esta era la obsesión de Minhyuk, mirar ese casete por horas hasta que sus ojos se cerraran por el sueño. Ese era el último mensaje que le había dado su madre, ese casete y la pulsera de metal que cargaba en su muñeca, era lo único que tenía de ella.
Eran comienzos de otoño, y Hyuk mínimamente sentía que debía ir a su comienzo de clases, el año pasado se presentó para los exámenes finales únicamente y aun con sus buenos resultados, lo querían hacer repetir de año por la cantidad de faltas. No iba a arriesgarse tanto esta vez.
Se levantó del sofá apagando el discurso de mierda del fallecido Tort para acercarse a su cafetera nueva y hacer su bebida que el mismo nombre indicaba. El bostezo demostraba lo cansado que estaba; debía estirar, desayunar, cambiarse e irse a la escuela. No había prisa realmente, pero a Minhyuk le gustaba caminar durante la madrugada, cuando había poca gente en las calles y podía irse de escapada hacia el refugio, además de que odiaba llegar tarde.
La cafetera que le regaló su abuela por adelantado para su cumpleaños hizo un estupendo trabajo en preparar un rico y fuerte café para Hyuk, como era costumbre en menos de un minuto el vaso ya estaba vacío y el chico suspiro diciéndose a sí mismo que debía comprar una taza mucho más grande cuando tuviera su próximo sueldo.
Cerró con llave su departamento, y con su capucha negra tapando su pelo desordenado, recorrió los pasillos desgastados del edificio. Cuando se mudó, el año pasado, le costaba dormir por los ruidos nocturnos cuestionables y la poca seguridad que había pero el tiempo cumplió su debido y se acostumbró, compró una buena cerradura para el departamento y aunque sus malos hábitos para dormir seguían ahí, ya no eran causados por el miedo.
El miedo era lo que movía a este país a seguir como estaba, en la sociedad general el temor a la libertad era la única forma de vivir que tenían, el miedo a lo que te harían por desear libertad era lo que los contenía.
No hay persona en este país que no desee su libre expresión, sin embargo desear era totalmente diferente a luchar. Minhyuk deseaba cada día poder ver por última vez a su madre, deseaba volver en el tiempo, deseaba que el pequeño Minhyuk jamás hubiera abierto la boca; nada de eso era posible, por mucho que lo desee.
El sol aun ni se asomaba cuando Hyuk comenzó a pasearse por las calles oscuras y frescas de la ciudad, había algún que otro borracho tirado por ahí, pero ni los pájaros que estaban dormidos en un profundo sueño hacían un ruido. Moviendo sus pies disimuladamente en un pequeño paso de baile, seguía su rumbo hacia la tienda de conveniencia continuo con el ritmo hasta que llegó a la parte céntrica, donde la calle estaba repleta de cámaras de seguridad. Hyuk suspiró y estiró sus brazos por detrás de la espalda haciendo que uno de sus huesos hiciera uno de esos crujidos incómodos. Entró a la tienda de conveniencia saludando al vendedor en voz baja, en su bolsillo estaban sus últimos billetes, y aunque le encantaría comerse un pan saborizado de cebolla, solo compro fideos instantáneos de baja calidad para cuando vuelva de sus clases. La puerta de la tienda vuelve abrirse, Hyuk por uno de los espejos vio que era una persona encapuchada y con lentes negros, una rápida inspección y volvió a sus asuntos.
Fue a la caja moviendo su mano en el camino y generando el ruido de su pulsera que siempre parecía molestar al vendedor, Hyuk río por lo bajo para luego dejar los fideos instantáneos con la plata correspondiente, mientras que la persona encapuchada se puso detrás de él esperando su turno.
El vendedor con mala cara agarró el paquete, lo puso en una bolsa de plástico; el ambiente estaba apagado, y Hyuk agarró la bolsa esperando que le den su vuelto, no estaba apurado, pero el vendedor estaba contando tan lento cada una de esas monedas que lo ponía nervioso y la persona detrás de él no era excepción. .
—Oiga, ¿puede apurar-?
Un estruendo duro hizo que todos se dieran vuelta, Hyuk retrocedió y el vendedor aterrado golpeó contra la pared dejando caer su vuelto. Vaya mierda. Contra el vidrio del local había un policía agarrando por la espalda a una persona que no paraba de retorcerse como si el toque del oficial quemara.
—¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡No es un crimen!
—¿No es un crimen? ¿Bailar no es un crimen? Creo que no vives en este país, niño.
El policía exclamó con tanta fuerza que incluso con el vidrio de por medio sus palabras se escucharon a la perfección, el niño parecía más joven que Minhyuk y el pelo rojo fuego robaba la atención sobre su aspecto. Otro oficial vino corriendo y con su tonfa golpeó directamente el hombro del chico para luego darle una patada en el gemelo que hizo que en un grito de dolor que el niño quedara arrodillado y con su tronco pegado al vidrio. Era una posición incómoda. El niño estaba gritando de dolor, y a pesar de ello los policías solo respondieron con más golpes y voces duras, el policía que había llegado último empezó a arrastrarlo llevándolo lejos de la vista de Minhyuk. El primer policía se pone pie observando como se lo llevan sin una pisca de remordimiento, Hyuk lo mira fijamente y ni se sorprende cuando el oficial siente esta mirada y dirige su vista hacia ellos. Con un movimiento lento este se acerca hasta la entrada del local e ingresa con una sonrisa.
—Lamento las molestias, ¿Están todos bien?—la voz con la que pregunta le da escalofríos, es la primera vez que Hyuk lo ve, pero sabe que está acostumbrado a lo que acababa de pasar.
—¡Si, señor!—tartamudeo el vendedor, Hyuk y el otro cliente asintieron. El policía no respondió y salió como si no hubiera pasado nada; los tres lo vieron marcharse hacia la izquierda, cuando estuvo lo suficientemente lejos como para que no fuera sospechoso, Hyuk mordió su lengua y camino con pasos decididos hacia la salida persiguiendo sigilosamente el camino del oficial, el cual fue breve. Porque como había supuesto, una patrulla lo estaba esperando, en la parte delantera se encontraba el compañero de antes y en la parte trasera, el chico de pelo rojo. Minhyuk no pudo escuchar de lo que hablaban debido a que la patrulla arrancó dejándolo atrás y dándole la imagen perfecta de la matrícula.
AUBC 375, memorizo Hyuk. AUBC 375 - AUBC 375, se repetía. AUBC 3…
Su cuerpo reaccionó, y con un golpe rápido, Hyuk alejó la mano que le había tocado el hombro. Por un segundo, el miedo volvió, pero solo era el encapuchado de la tienda.
—Disculpa, no fue mi intención—hablo Hyuk con una pequeña reverencia, aún estaba alerta.
El desconocido negó bajando su capucha.
—Eso debería decir yo. No quise asustarte—a pesar de que Hyuk no podía ver sus ojos, su voz se le era un tanto conocida—Tu vuelto. Te lo olvidaste.
El chico le entrego el dinero que había sobrado en la tienda, avergonzado Hyuk agarro el dinero con una reverencia, ¿cómo pudo olvidarse su valioso vuelto?
—Gracias.
—Está bien, sé más cuidadoso la próxima vez—su petición sonó como una despedida, el desconocido se sacó los lentes mientras se daba la vuelta, y Hyuk llego a ver su cara. Trago saliva con su cabeza sobre-procesando lo que observo. Estaba claro, las hebras de cabello negro, la sonrisa perfecta, el cuerpo proporcionado y esa cara… No podía confundirla.
Los primeros rayos de luz se asomaron por la calle en la que estaban, cuando decidió seguir con el camino respectivo de su escuela, todo salió como lo esperaba, llego temprano y la ceremonia fue tan lenta como de costumbre. Sus compañeros seguían siendo los mismos, y las clases igual de censuradas. Si Hyuk no se hubiera encontrado con ese chico, entonces su primer día en el colegio no habría pasado de lo monótono.
Pero si había pasado, es decir, ¿cómo iba a explicarles a sus amigos que en la madrugada de su barrio de bajo nivel se había encontrado al hijo del presidente?
