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Harry Potter odiaba los lunes. Él odiaba los lunes después de retirarse de la rotación del fin de semana. Y odiaba especialmente los lunes después de retirarse de la rotación de un fin de semana en el que había pasado esos dos días extras con su estúpido compañero, quien era un…
-Estúpido imbécil, que se pegó a mi costado como si fuera una espina, el muy perezoso bastardo de mierda -murmuró Harry en voz alta, y una bruja que pasó a su lado jadeó audiblemente y le dio una mirada punzante observándolo. -Eh, no usted. Lo siento. ¡Buenos días! -le dijo cuando ella se apresuró al vestíbulo. Él suspiró y se volvió. Eso probablemente terminaría en la prensa. Este tipo de cosas siempre terminaba en la prensa.
Harry siguió su camino, y por esto también culpó a Heppner. Ese estúpido cabrón.
Se había dirigido a su trabajo esa mañana habiendo dormido apenas unas pocas horas, descubrió unas convocatorias de Kingsley esperándolo en su oficina. Harry pensó que había llegado apenas media hora tarde, y eso era completamente razonable, en especial considerando que no había podido acostarse sino apenas a las cuatro de la mañana, pero tal vez también iba a oír sobre eso de parte de Kingsley. Suspiró y caminó un poco más rápido.
Harry logró evitar ofender inadvertidamente a alguien más en su camino a la oficina del Jefe de Aurores, tocó la puerta bruscamente. La puerta se abrió para admitirle, Harry se adentró en el sitio.
-¿Quería verme?
Kingsley levantó la mirada de los archivos que tenía esparcidos sobre el escritorio frente de él. Los cerró y los puso a un lado. -Cierra la puerta -le dijo.
Frunciendo el ceño por el tono serio de Kingsley, Harry hizo lo que le pidieron y sintió el ligero cosquilleo de magia que significaba que los Hechizos de Silencio que habían sido dispuestos alrededor de la habitación se habían activado cuando la puerta se cerró. Él esperaba que el tono de Kingsley fuera exasperado, tal vez incluso frustrado, porque ahora tendría que buscar a alguien nuevo para que se uniera al infinito Desfile de Parejas de Potter, como Ron le había tildado. No es que se le hiciera muy difícil, en verdad. Parecía que nunca había escasez de brujas y magos listos para lanzarse a la oportunidad de trabajar con la leyenda más grande de su tiempo.
Pero nunca parecía que les llevara mucho tiempo decidir que trabajar con el Escogido no era lo que pensaban que sería. La mitad de ellos se quedaba en shock cuando descubrían que no era tan simple como que él se hacía presente y salvaba el día con un chasquido de sus dedos de vez en cuando, y que él de verdad esperaba que ellos le apoyaran, y que, por el amor de Dios, hicieran su parte del trabajo. La otra mitad estaba tan abismada por su mera presencia, que caían en la costumbre de asentir a todo lo que él dijera, incluso si aquello era una completa pendejada. A ese grupo le tomaba más entender, ellos siempre pasaban por un periodo extendido de confusión mientras la irritación de Harry hacia ellos aumentaba cada vez que estaban de acuerdo con él en lo que fuera.
Heppner fue del primer tipo, y lo había sido por casi tres meses. No fue el mejor que había tenido Harry, pero ciertamente, tampoco fue el peor. (Esa fue Amelia Homestead, que duró cuatro días y la hizo hecho llorar accidentalmente). De todas maneras, definitivamente no era inusual que Kingsley le asignara una nueva pareja sin avisarle con mucha antelación, Harry no entendía por qué lucía tan endemoniadamente sombrío por ello.
Él decidió que no lo podía lastimar ser extremadamente respetuoso. -Permiso para explicar mis acciones, Señor.
Kingsley suspiró y se pasó una mano sobre los ojos. -Puedes olvidar las formalidades, Potter, no estás en problemas. Aunque siento que estaría siendo negligente con mi deber como tu jefe si no invirtiera unas palabras sobre tus acciones hacia el Auror Heppner.
-Él puso la investigación en riesgo. -Y casi logró que Harry fuera asesinado por sus quejas sobre las horas extras de trabajo y todo ese tipo de cosas en el medio de un maldito trabajo de campo. Lo habían oído y Harry había sido forzado a abrirse camino en medio del duelo más vicioso que había enfrentado en sus cinco años y medio de servicio como Auror.
-Dejaste a tu pareja Aturdida y Atada.
Harry frunció el ceño. -Le puse un Hechizo Desilusionador y envié un Patronus para que alguien fuera a recogerlo. Estaba perfectamente a salvo.
-Independientemente de eso, los procedimientos estándares dictan… -Kingsley dejó de hablar y se apretó el puente de la nariz. -No voy a discutir contigo. Y te sugiero que estudies el L.R.D.A si honestamente crees que de alguna forma es aceptable que dejes a tu pareja Aturdida y Atada en un callejón.
-Y con un hechizo Desilusionador, agregó Harry en su mente sabiendo que era mejor no decirlo en voz alta. Hizo una mueca a la mención del Libro de Regulaciones y Directivas de los Aurores. Era notoriamente grueso y pesado, la última vez que Harry lo usó para algo más que para mantener una puerta abierta, había sido cuando estaba en entrenamiento y había enfrentado algunos exámenes diarios rápidos sobre su contenido.
-En este caso -siguió Kingsley. -No te llamé a mi oficina para discutir tus acciones.
Eso alertó a Harry. -¿Señor?
-Es sobre el Auror Malfoy.
Harry sintió un ligero tirón de alarma. -¿Qué sucede con él?
-No con él -dijo Kingsley, sus ojos tan oscuros y serios como la expresión de su rostro. –Sino con sus parejas.
-Oh, Dios -murmuró Harry mientras se hundía en una de las odiosas sillas incómodas para los invitados de Kingsley.
Malfoy se unió a los Aurores al mismo tiempo que Harry y habían hecho el entrenamiento juntos. Y después de cinco años y medio que habían pasado desde que ambos se graduaron de su entrenamiento, Malfoy era la única persona del departamento que podía rivalizar con Harry por el número escarpado de parejas que había tenido. La mayoría de la gente que había sido asignada con él, no podía ver más allá de la Marca en su brazo y se escapaban de su lado tan pronto como podían. Malfoy había alejado al resto con su agudo ceño fruncido y su aún más aguda lengua. El primer año había sido el peor (había tenido catorce parejas comparadas con las doce de Harry), pero luego de eso, Malfoy había logrado dejar de ser tan imbécil y sus compañeros habían empezado a durar más.
Entonces, los accidentes habían empezado y los rumores comenzaron a volar. Los dos primeros, entre el segundo y el tercer año de Malfoy, realmente no parecían accidentes. Un viaje cuesta abajo por las escaleras que había terminado en un cuello roto y un ataque al corazón. Si alguien más hubiera perdido dos parejas en un año de esa forma, habría recibido simpatía y compasión. Malfoy, siendo Malfoy, había recibido miradas desconfiadas y el murmullo de la gente sospechando a sus espaldas.
Pero no fue hasta que la tercera muerte ocurrió un año y medio después de la segunda, que la fábrica de los rumores de verdad fue puesta en marcha. Malfoy y su pareja de ese momento, un joven mago apenas recién salido del entrenamiento, habían ido a investigar una vieja propiedad de un Mortífago que se suponía estaba abandonada. No lo había estado, y de alguna forma, en el caos de la subsiguiente pelea de varitas, el chico había recibido una Maldición Oscura en la espalda y pasado dos días delirando en San Mungo antes de morir.
Como todo el mundo, Harry había asumido que Malfoy renunciaría, sería despedido o de alguna forma se desvanecería después de eso. Él, y todos los demás, jamás habrían esperado que una bruja de mediana edad, ojos de acero y veinte años de experiencia en el trabajo de campo, se ofreciera voluntariamente a ser la pareja de Malfoy. Para mantenerlo vigilado, dijo, porque alguien tenía que hacerlo. Eso había sido un año atrás, y aunque pasaron la primera mitad del mismo gritándose abiertamente el uno al otro, recientemente parecían haberse acostumbrado a algo parecido a una relación de trabajo funcional. Los rumores habían disminuido, y Harry había asumido que ese había sido el fin de ese sórdido asunto.
-¿Qué...? -había empezado y su voz le falló. Se aclaró la garganta y lo intentó de nuevo. -¿Qué le sucedió a ella?
-Está muerta -dijo Kingsley llanamente.
Harry exhaló bruscamente y se removió en la silla. Esperaba oír eso, pero su estómago se torció al oírlo. -¿Y qué tiene que ver conmigo?
Kingsley posó sus manos en el escritorio frente a él y se inclinó adelante, sus ojos puestos en los de Harry. -Tú vas a ser la próxima pareja del Auror Malfoy.
-Yo… ¿Qué? –parpadeó Harry. De todas las direcciones en que había esperado que Kingsley se dirigiera en esa conversación, el ser la pareja de Malfoy no era una de las que había registrado como una posibilidad.
Kingsley se inclinó hacia adelante un poco más. -Después de que la noticia de la muerte de la Auror Parsons llegue a los medios, vamos a tener un bramido de indignación pública como no hemos enfrentado en mucho, mucho tiempo. Necesitamos que nos vean manejando la situación, pero si confrontamos al Auror Malfoy de frente, sin la evidencia necesaria para llevarle a una custodia inmediata, corremos el riesgo de que se desaparezca. Te necesito, Harry, para que encuentres la evidencia.
Harry respiró lenta y profundamente para esconder su sorpresa. -Usted piensa que él es culpable.
Kingsley se recostó de nuevo en su asiento. -Harry, una vez es un accidente. Dos es una coincidencia. Tres es sospechoso. Cuatro es, bueno, cuatro es simplemente ya demasiado. Estas muertes han ido creciendo en violencia, y eres el único en quien confío no se volverá el número cinco. -Él miró a Harry a los ojos y lo observó seriamente. -Preferiría que no siguiera para nada aquí, pero tomaríamos el riesgo de perderlo completamente si lo saco en este momento. Necesito que se quede donde pueda vigilarlo, y tú, Auror Potter, vas a ser mis ojos.
-Malfoy no va a estar feliz por el hecho de que lo esté investigando -dijo Harry.
Y eso era aunar en lo obvio. Aunque Malfoy y Harry finalmente habían logrado relacionarse en lo que se podría llamar una forma ‘civilizada’, ellos lo habían logrado tan solo porque sus vidas raramente se cruzaban. Una que otra inmensamente incómoda conversación durante la primera semana del entrenamiento para Aurores, donde esencialmente acordaron un alto al fuego que mantuvieron en su tiempo en la escuela, y además, no habían interactuado más allá de un asentimiento cortés si se cruzaban en un pasillo, o unas pocas frases de charla forzada sobre el clima si tenían que compartir un ascensor. Era muy seguro asumir que Malfoy no apreciaría esta sorpresiva intrusión en su vida.
-Malfoy no sabrá que lo estás investigando -dijo Kingsley con un suspiro que quería decir que Harry debería haber deducido esto por su cuenta. -Se le dirá que necesitas una nueva pareja luego de tu… problema con Heppner. Y que el hecho de que sea tu pareja le dará el beneficio de protegerle de lo peor de la respuesta del público, que no apreciará que no haya sido despedido una vez que la noticia sobre la Auror Parsons se haga pública.
-Eso tampoco le gustará -dijo Harry.
-No -concedió Kingsley. -Pero lo aceptará.
Harry suspiró. -¿Cuándo comienzo?
****
Draco miró el desorden de papeles en su escritorio, que ahora era su ex-escritorio, y parpadeó contra el sorpresivo calor ardiendo detrás de sus ojos. Miró el techo y respiró lentamente, inhalando y exhalando, obligándose a ganar el control nuevamente. Los Malfoy no lloraban, ni siquiera en la privacidad de sus propias oficinas. O en sus ex-oficinas, se recordó amargamente.
En un asombroso esfuerzo de auto disciplina, Draco se tragó las amenazantes lágrimas, y de nuevo intentó forzarse a atender el papeleo. Sin embargo sus pensamientos no le obedecían. Se mantenían volviendo hacia Parsons, a pesar del esfuerzo que hacía para mantenerse malditamente bien enfocado. Ella no había sido ni de cerca amiga suya, pero luego de muchos meses de hostilidades, finalmente habían logrado ser compañeros a regañadientes. Al final, ella había llegado a ser de su agrado, o algo así, y a ella también le había llegado a agradar él de alguna forma. O al menos lo toleraba con algún tipo de calidez, y la mayoría de los días, Draco pensaba que era lo más que podía esperar de alguien. Pero ahora Parsons se había ido.
Al igual que su carrera, que era la única cosa por la que valía la pena levantarse cada mañana. Era cierto que él había empezado usándola como una forma de reconstruir el nombre de su familia, el cual su padre había logrado destruir totalmente en la guerra. Pero, inesperadamente, había llegado a amar su trabajo. Por primera vez en su vida, se sentía como que estaba haciendo algo bueno.
Bueno, ya no más. Seguro lo despedirían después de esto. Había estado bajo fuerte sospecha después de la tercera muerte, y la de Parsons llevaría las cosas más allá del extremo. Así que ya había empacado sus pertenencias, y si las había tirado en el baúl con un poco más de fuerza de la que era en verdad necesaria, bueno, no había allí nadie más para verlo, de cualquier forma, ¿no es así? Ahora, todo lo que tenía que hacer era poner lo último de su papeleo en orden y llevarlo al Archivo…
Un sorpresivo toque en la puerta lo sacó de sus pensamientos, luego la puerta se abrió antes de que él pudiera hacer algo más que levantar la vista y siquiera invitar a su visita a entrar. Notando la falta de modales comunes, no debería en verdad estar ni de cerca sorprendido al ver a Potter allí. Draco abrió la boca, luego la volvió a cerrar al quedarse sin palabras.
Como muchas otras veces en los últimos años, Draco se encontró en el estado de comerse a Potter con los ojos, se quedó momentáneamente sin palabras de lo muy bien que lucía. Potter había mejorado luego de sus días en Hogwarts. Un año completo de entrenamiento, más casi seis años de ser un Autor activo, habían sacado una capa de músculos en su estructura flacucha, y sus ojos verdes brillaban más que nunca detrás de los mismos estúpidos y feos anteojos; Draco sintió la ridícula urgencia de pasar sus dedos por ese cabello aparentemente desastroso y que de alguna forma lucía como una invitación. Y cuando la boca de Potter se curveó en una forma fruncida muy besable, Draco se dio cuenta de que lo estaba mirando.
Y surgió la irritación consigo mismo unida a los tirones en su estómago. Ya se había hecho la idea hacía años de que le gustaban los hombres. Pero diablos, este era Potter. Había pasado su infancia odiando a Potter y su carrera evitándolo. Con gran éxito, además. Ocasionalmente se cruzaban en los vestíbulos, Draco siempre era cuidadoso en agachar la cabeza para evitar el contacto visual después del obligado asentimiento cortés. Y se habían encontrado compartiendo el ascensor tres veces, y no es que él las estuviera contando, o algo así. Cada uno de esos paseos había parecido más largos que el anterior, y él había sido muy minucioso al no mirar a Potter para nada, solo miraba el pequeño dial que hacía clic en cada piso, trataba de ignorar el olor a jabón de Potter, y la forma en que su cabello, aún húmedo por su ducha de la mañana, que se curvaba tentadoramente en su nuca. Y ahora Potter estaba parado frente a él, luciendo altivo, bien parecido, inalcanzable y…
Logró hacer una mueca de verdad mordaz, miró a Potter de frente antes de lanzar: -Debí haber sabido que te enviarían a ti, Potter.
Y en verdad debería haberlo visto venir. Era solo la cereza en lo alto de este desastre que era la mascarada de su vida.
-¿Enviarme? -repitió Potter tontamente, su ceño haciéndose más profundo, como si no tuviera realmente idea de lo que decía Draco.
-Oh, apuesto a que lo vas a disfrutar, ¿no es así? -soltó, sus manos apretadas en puños. -Bueno, no hace falta que te molestes. Sé por qué estás aquí.
Potter parpadeó. -¿Ah sí?
Draco lo miró. -Por supuesto que lo sé. Y puedes ahorrarte el aliento y decirles que me iré esta tarde.
-¿Te vas? -Potter parpadeó de nuevo y quitó sus ojos de Draco para mirar alrededor de la habitación. Su mirada cayó en los estantes vacíos, el baúl abierto y los montones de papeles, luego volvió al rostro de Draco. -Estás empacando.
-Es un alivio ver que esos feos lentes hacen más que solo hacer un desastre de tu cara -murmuró. -Ahora, si me disculpas, tengo un poco más de trabajo que hacer antes de irme -agarró una montaña de papeles de su escritorio y empezó a revisar en ellos, puntillosamente ignorando a Potter.
-¿Por qué te vas? -preguntó Potter, y sonó genuinamente desconcertado. Draco honestamente no tenía idea de que él fuera tan buen actor. -¿Es por lo de Parsons? Estoy seguro de que necesitas…
Una risa áspera salió de la garganta de Draco y tuvo unas ganas locas de llorar de nuevo. Metió más la cabeza en los papeles. -En verdad, Potter, sé que estás disfrutando en restregarme esto, pero puedes ahorrarte la actuación. Sé que estoy despedido luego de eso.
-¿Es lo que piensas que vengo a decirte? -le preguntó Potter. Ese besable gesto de sus labios estaba de regreso.
Draco arrugó el rostro también mirándole, aunque estaba seguro de que él ciertamente lucía más osco que besable. -¿No es para decirme eso que estás aquí?
Potter bajó la vista al suelo y hurgó en la alfombra con la punta de su zapato. -Eh, no. No estás despedido. Pero… um…
-Dilo ya, Potter -soltó Draco. La aprensión retorcía su estómago.
Potter estaba inquieto y vacilante, luego inhaló y las palabras le salieron a borbotones.
-Soy tu nueva pareja.
****
En el lapso de cinco segundos, la cara de Malfoy desplegó varias emociones diferentes. Primero, sus ojos se agrandaron y su boca se abrió de pura sorpresa. Eso rápido se transformó en horror, luego se convirtió rápidamente en pánico, el cual fue visible solo por un segundo, antes de volverse indignación, la cual rápidamente se enfrío en una furia helada. Se puso de pie en un movimiento fluido, con una expresión en su rostro que hizo que Harry diera un paso atrás a pesar de sí mismo.
-Qué. Acabas. De. Decir -dijo mordiendo cada palabra, con sus ojos de acero tan intensos que Harry podía prácticamente sentirlos perforando su cráneo.
-Yo, eh, al parecer perdí mi pareja anoche. -Oh, de todas las estúpidas faltas de tacto. -Eh, no como la perdiste tú, uh. Bueno, él se fue, y lo que. Um. Parsons y todo eso, y Kingsley piensa que de esa forma podremos mantener a la peor parte de la prensa apartada de ti, y entonces… Ahora soy tu nueva pareja.
Él pensaba que no era posible que Malfoy se viera más enojado de lo que ya parecía, pero de alguna forma, la furia se intensificó con el balbuceo de Harry.
-No lo serás.
-Sí, lo soy.
-No, no lo eres.
Harry frunció el ceño. -Sí, lo soy.
-No. No lo eres. -Malfoy parecía no darse cuenta de lo infantil que sonaba.
-¡Sí, lo soy! Y antes de que me digas de nuevo que no lo soy: ¡sí lo soy! -explotó Harry, exasperado. -El Auror Jefe Shacklebolt me asignó. No hay nada más que hacer sobre ello.
Malfoy miró a Harry por un largo rato, luego pasó a su lado y se dirigió al pasillo antes de que Harry hubiera incluso registrado el hecho de que se estaba moviendo.
-¿A dónde vas? -le preguntó Harry corriendo para alcanzarle.
-A ver al Auror Jefe Shacklebolt -le soltó Malfoy. -Si él te asignó, muy bien puede jodidamente desasignarte.
Harry abrió la boca para discutir, pero rápidamente recordó que este era Malfoy. La única cosa que discutir con él podría lograr sería irritarlo aún más. Entonces, era mejor dejar que Kingsley lidiara con él. Harry suspiró y se arriesgó a mirar a Malfoy mientras caminaban.
Ellos no había estado así de cerca desde había mucho, y si él no lo conociera mejor pensaría que Malfoy lo estaba evitando a propósito. No es que él tuviera alguna razón para querer estar cerca de él, no en verdad. A Malfoy le desagradaba él, eso ciertamente no había cambiado desde Hogwarts. Y físicamente, Malfoy no había cambiado mucho tampoco. Su rostro aún era afilado, sus miembros largos y delgados. Se había dejado crecer el cabello un poco y ahora lo usaba en una coleta corta atada a la altura de su nuca, y a pesar de ello, el hecho era que estaba un poco corto para eso y algunos cabellos lograban salirse de ella. De alguna forma, Malfoy siendo Malfoy, lograba que eso se viera bien. Los mechones caían de forma agraciada sobre su frente y sus sienes, enmarcando su rostro, y luciendo solo lo suficiente despeinado para hacerlo a uno pensar sobre, pensar sobre…
Harry sacudió su cabeza rápidamente.
…bueno, hacerlo pensar a uno en cosas que en verdad no debería estar pensando sobre su nueva pareja. Especialmente cuando su nueva pareja también resultaba ser Malfoy, que le lanzaría maldiciones hasta el próximo jueves si supiera que Harry tal vez, de alguna forma, lo encontraba un poquito atractivo. Harry parpadeó inadvertidamente por sus propios pensamientos errantes y luego, muy deliberadamente, los encerró dentro de sí.
Ellos llegaron a la oficina de Kingsley y Malfoy tocó bruscamente la puerta.
-Entre.
La palabra apenas se había oído cuando Malfoy empujó la puerta para abrirla y entró con fuerza. Harry lo siguió, cerrando la puerta después de sí y activando los Hechizos Silenciadores que rodeaban la habitación. Menos vergüenza después para todos ellos así.
Para la sorpresa de Harry, Malfoy no empezó a despotricar. Se quedó de pie, sus ojos ardiendo de furia, esperando que Kingsley finalizara su papeleo frente a él y alzara la vista para hacerle ver que estaba allí. Harry se dejó caer en la silla que había ocupado diez minutos antes y esperó para que todo agarrara forma.
Después de unos minutos, Kingsley puso los archivos a un lado y miró a Malfoy a los ojos. -¿Puedo ayudarle, Auror Malfoy?
-Me gustaría que el Auror Potter fuera reasignado.
Para la mucha sorpresa de Harry, la voz de Malfoy era controlada. No calmada, la rabia burbujeaba bajo la superficie, era muy evidente, pero él no había empezado a gritar como Harry casi había esperado. Kingsley miró a Harry, y luego regresó su mirada a Malfoy.
-¿Y dónde le gustaría a usted que el Auror Potter fuera reasignado? -le preguntó suavemente.
-No me incumbe mientras no sea conmigo -Malfoy logró mantener la ira fuera de su voz esta vez. Sonaba perfectamente calmado y en control, incluso aunque sus ojos ardían de rabia dando a entender sus sentimientos.
-Yo mismo lo asigné con usted -dijo Kingsley, ya menos suave ahora. -¿Usted, luego de solo seis años como Auror, piensa que tiene el derecho de decirle al Auror Jefe que cometió un error al hacer una asignación?
Malfoy dudó, luego dejó salir: -No, Señor.
-Ya todo está arreglado entonces. El Auror Potter no va a ir a ningún otro lado, a menos que sea con usted. -Kingsley volvió a sus papeles otra vez.
-No quiero que trabaje conmigo -dijo Malfoy.
-¿Disculpe? -la voz de Kingsley era baja y calmada, levantó la mirada. Harry parpadeó; conocía la advertencia oculta en el tono que había usado.
Malfoy claramente también la oyó. Dudó antes continuar. -No quiero trabajar con él. Dice que fue asignado para protegerme de la avalancha de los medios, pero es en verdad para protegerlo a usted. Así cuando los medios logren saber de la muerte de Parsons, parecerá como si alguien me está sujetando la correa. Y yo no quiero…
-Auror Malfoy, está fuera de orden -soltó Kingsley. -Sí, he hecho lo que es mejor para el departamento. No le compete a usted tomar esas decisiones. Usted puede trabajar con Harry, o puede dejar su carta de renuncia en mi escritorio antes de las cinco en punto del día de hoy, ¿hablé claramente?
Malfoy se puso rígido, sus hombros rectos y su barbilla un poco levantada. -Sí, Señor.
Malfoy le dio una mirada a Harry, y Harry le respondió con un ligero encogimiento de hombros desesperanzado. Por primera vez se dio cuenta con cuanta ligereza lo trataba Kingsley. A él nunca le habían dado órdenes en la forma en que lo había hecho con Malfoy. Darse cuenta de ello lo hizo sentirse incómodo.
-¿Ya tomó su decisión o necesita pensarlo?
-Me quedaré -murmuró Malfoy, y luego agregó: -Señor.
-Excelente, porque aquí les tengo su primer caso como pareja -Kingsley deslizó una carpeta por el escritorio hacia Harry.
Harry abrió la carpeta y la revisó. Un duelo de Magos que se había salido de control en una calle concurrida en el Londres Muggle. Ambos duelistas habían sido arrestados y tomados bajo jurisdicción del Ministerio. Los Muggles habían sido rodeados y mantenidos en custodia y esperaban por la modificación de la memoria. Harry volvió a repasarlo, nada más parecía sobresalir.
-Señor, en este caso parece como si ya todo estuviera hecho -dijo Harry.
-No lo está. Si no lo notó, hay casi cien Muggles que necesitan modificación de la memoria.
Harry solo podía mirarle. ¿Los habían asignado a una misión de limpieza? Él no había tenido que hacer ese tipo de tareas desde que estaba en entrenamiento. Técnicamente este tipo de cosas caía bajo la jurisdicción de las Patrullas de Reforzamiento de la Ley Mágica, aunque cuando se veían abarrotados, entonces algunos casos caían en los Aurores, quienes típicamente manejaban los casos más peligrosos o complejos. Cuando eso sucedía, los casos de la PRLM generalmente iban a los Aurores en entrenamiento para hacerlos empaparse del trabajo, por decirlo de alguna forma. No había oído que un Auror completamente entrenado malgastara su tiempo en algo tan trivial.
Mientras él aún estaba en shock, Malfoy lo haló por la manga y lo hizo ponerse de pie a la fuerza, agarró la carpeta de sus manos y se dirigió a la puerta.
-Nos haremos cargo -dijo Malfoy hacia Kingsley.
-Qué carajos -murmuró Harry al momento en que la puerta se cerró tras ellos.
Malfoy pasó la vista por el archivo y le dio a Harry una mirada agria. -¿Qué es lo que te ha torcido los interiores ahora, Potter?
-¡Hemos sido asignados para una limpieza! Dios, esto es ridículo. No hemos tenido que hacer limpiezas desde que estábamos en entrenamiento.
-No -lo corrigió Malfoy amargamente. -Tú no has tenido que hacer limpiezas desde que estuviste en entrenamiento.
Harry dejó de caminar, y luego tuvo que correr varios pasos para alcanzar a Malfoy de nuevo. -¿Qué?
-Quiero decir que ellos rara vez me confían algo más que esto -dijo Malfoy, y cuando se giró a Harry le dirigió una repentina y viciosa sonrisa. -Espero que no estés terriblemente aferrado a los casos emocionantes que has atendido, porque no vas a tener nada de eso ahora que te han emparejado conmigo. Mis casos son exclusivamente lo que se le desborda a la PRLM. Y por desbordamiento, quiero decir los que ni siquiera los Patrulleros quieren atender porque piensan que es una pérdida de tiempo.
Harry lo miró enfurruñado. -Pero eso no tiene ningún sentido.
-Sigues siendo tan lento como siempre, ¿no, Potter? Permíteme ponértelo claramente -gruñó Malfoy. Tiró de Harry para hacerlo detenerse. -Podría trabajar aquí hasta que tenga ciento cincuenta años, y ellos aún no van a ver más de un Mortífago. No me confían nada más complicado que las limpiezas porque Ellos. No. Confían. En. Mí. De hecho, me considero afortunado de que me hayan contratado, en primer lugar. -Empezó a caminar de nuevo.
Harry tuvo que correr otros pasos para alcanzarle. -Pero eres un Auror. No pueden solo…
-Obviamente, sí pueden -dijo Malfoy con amargura.
-Pero…
-No importa un carajo, Potter, aún soy un Mortífago -Malfoy escupió las palabras y miró enfurruñado hacia el suelo frente a él. Se veía de repente incómodo con el sentido que tenía la conversación, incluso aunque fue él el que sacó el tema a relucir. -Escogí el lado equivocado y ahora vivo las consecuencias de ello. No hay nada que se pueda hacer de eso.
Harry lo miró cuidadosamente un momento. -Estuve en tu juicio, lo sabes -dijo en voz baja. -Eras un chico. Ellos eran tus padres. No tenías elección.
Malfoy rió de forma más amarga y con un sonido desagradable. -Siempre tenemos elección, Potter. Escogí seguir con mi familia. ¿Podemos, por favor, ya no hablar más de eso?
-Está bien, Malfoy -dijo Harry, arriesgándose a mirar su rostro. Malfoy se veía frío, su perfil definido por líneas afiladas y rabiosas. Algo en Harry quería estirarse y suavizar esas líneas en él. -Es que solo… no habían muchas alternativas, ¿no? y no te culpo por ello. Nunca lo hice en verdad.
Malfoy se estremeció como si Harry lo hubiera apedreado en lugar de ofrecerle algunas palabras amables. -Oh, perdonado por el mismísimo Salvador. Al fin seré capaz de dormir en paz -se burló. -Desafortunadamente, el resto del mundo no está de acuerdo. Sigamos, ya casi estamos en el PAM.
El Punto de Aparición del Ministerio estaba aún distante pero Harry no discutió. Malfoy obviamente quería terminar la conversación, y Harry podía usar ese poco de tiempo para pensar. Había sido asignado con Malfoy para vigilarlo y determinar si era o no un asesino. Sin embargo, menos de diez minutos en su nueva asignación y aquí estaba, tratando de defender a Malfoy. De sí mismo entre toda la gente.
Esto era ridículo. Malfoy siempre había sido capaz de captar su atención, de meterse en su piel en una forma en que nadie más había sido capaz. Había sido estúpido al pensar que ocho años después de Hogwarts podrían posiblemente haber cambiado eso. Bueno, tendría simplemente que mantener eso en mente y hacer lo mejor para mantenerse objetivo. Solo haz el trabajo, prueba que Malfoy es culpable o prueba que es inocente, y luego sigue con tu vida.
Correcto.
****
Draco mantuvo su boca apretada en una línea firme y delgada por el resto del camino al Punto de Aparición, como si pudiera así evitar que otra tontería se le escapara. Sabía que Potter seguía dándole miradas preocupadas, pero Draco no le iba a dar la satisfacción de mirarle a los ojos y caminaba más rápido. Al contrario de lo que le dijo a Potter, el PAM – una habitación pequeña donde las barreras del Ministerio permitían la Aparición hacía el lugar y viceversa – estaba aún a una distancia considerable. Potter, sorpresivamente, había tenido la educación suficiente como para no señalarlo.
En su cabeza, aún podía oír el eco de la voz de Potter, su tono amable, casi como si creyera que con esa convicción imperecedera que él aplicaba a todo lo que hacía, que Draco en verdad merecía que sus errores del pasado fueran dejados atrás. Pero él podía también oír su propia voz escupiendo la palabra que representaba una condenación, una sentencia de vida que nadie podía descartar: Mortífago. Él había permitido que lo etiquetaran como uno, y eso era lo que el resto del mundo veía en él. Nada se podía hacer por ello ya, nada más que barrer las piezas y avanzar lo mejor que pudiera con el resto del mundo aún pensando lo peor de él.
Excepto Potter, evidentemente. Pero por supuesto, ese era El Niño que Vivió, el amigo de las Comadrejas, los sangre sucias, los medio gigantes y los rabiosos hipogrifos. ¿Qué era una causa perdida más para él en el gran conjunto de las cosas?
Sin embargo, una parte de Draco se sentía vagamente complacida por el camino en que iban las cosas. Una muy, muy pequeña parte, de eso estaba seguro, enterrada profundamente bajo la gran pila de resentimiento hirviente que sentía al ser forzado a refugiarse bajo las alas de San Potter. Había algo agradable, algo familiar sobre Potter. Como que tan solo por estar cerca de él todo iba a salir bien. Y la forma en que le hablaba, Merlín, Draco no merecía que fuera tan civilizado, no cuando él no había hecho sino burlarse de él, intentando que fuera reasignado y de hacer alarde del hecho de que Potter no obtendría sino los casos descartados por la PRLM desde ahora en adelante. No era un comienzo terriblemente grandioso como pareja de Aurores.
Y sin embargo, Harry aún lo miraba como si fuera un igual, le hablaba como a un igual. Como si él no viera a Draco como el tonto, imbécil por la pureza de sangre que había sido en Hogwarts, ni el vil Mortífago que habían mostrado los medios. Era agradable que alguien lo tratara como el Auror que había llegado a ser, por lo menos por una vez, para variar.
Draco se bajó de ese tren de pensamientos antes de que pudiera continuar. Ya él tenía esa estúpida atracción física por Potter. No necesitaba darle más cuerda.
Finalmente, llegaron al Punto de Aparición.
-¿Tú sabes a dónde vamos? -preguntó Potter.
-Por supuesto que sé a dónde vamos. Leí el puto archivo -soltó Draco.
-Oh. Bueno. ¿Juntos entonces? -Le extendió su brazo a Draco.
Draco dudó. Nunca antes había tenido problemas con Aparecerse en conjunto con sus parejas. Pero este era Potter. Y Draco realmente, realmente no quería tocarlo. -Estoy seguro que podrás llegar -gruñó, pegándole el archivo por el pecho a Potter. Se giró sobre sí mismo y se había ido.
Se apareció justo dentro de una cafetería Muggle. Otros Aurores uniformados bloqueaban la entrada y el lugar estaba lleno de Muggles. Confundidos, molestos o asustados por ser retenidos, por el duelo que acababan de presenciar, se quejaban en voz alta más allá de donde estaba. Draco se debatió si lanzar algo para silenciar el salón, pero decidió ahorrar fuerzas. Demonios, las iba a necesitar.
-¿Estás aquí por la limpieza? -alguien llamó detrás de él.
Draco se giró para ver a un joven Patrullero alto y desgarbado que se le aproximaba. No podía ponerle un nombre, pero su cara lucía familiar, y además, amigable. Eso era una rareza.
-Oh, Malfoy -dijo el Patrullero y ahora Draco sintió una vaga culpa porque no recordaba su nombre. -Gracias a Dios que te enviaron para esto, estaba empezando a preocuparme de que solo enviaran… -el joven se interrumpió cuando captó que Potter de repente se había aparecido al lado de Draco. -Tú…
-Mi nueva pareja -gruñó Draco y miró fijamente alrededor de la atestada tienda. -¿Dónde vamos a trabajar?
El chico miró de nuevo a Potter unas veces más, su boca abriéndose y cerrándose, y Draco prácticamente pudo ver su lucha. Decir algo sobre Potter y arriesgarse a la legendaria ira de Draco, o mantener su buena relación con Draco e ignorar al Chico Dorado. Fijó sus ojos en Draco e hizo un gesto hacia una puerta al final del mostrador. Entonces era un chico listo.
Draco le dio un asentimiento breve y se dirigió a la puerta. Dentro, encontró un almacén abarrotado. Un poco polvoriento y pequeño, pero serviría para sus propósitos lo suficientemente bien. Harry lo siguió y se sentó en una pila de cajas de leche vacías, luciendo aburrido y de mal genio. Normalmente, esto habría alegrado a Draco, pero ahora no sentía nada. Mentalmente, ya había dejado de lado todo lo que no tenía que ver con la tarea que debía realizar. La puerta se abrió y un joven en un traje costoso entró.
-¿Qué está sucediendo? Exijo que…
-¡Obliviate!
El hechizo golpeó al hombre tan fuerte que se cayó de espaldas parpadeando confuso varias veces, luego sonrió blandamente.
-Potter, ¿qué carajo? -ladró Draco.
-Estoy haciendo la limpieza. ¿No es lo que se supone debemos hacer? ¿Borrar los recuerdos del duelo? -dijo Potter sonando malhumorado.
-Así no -le dijo Draco con una mirada furiosa. El hombre salió, una mujer bajita fue guiada al interior. Draco forzó una agradable sonrisa y dejó a Potter tras él. -Hola, ¿cuál es su nombre?
-Maggie -contestó la mujer, parpadeando y mirando a su alrededor. -¿Qué sucede?
-Oh, solo es un procedimiento de rutina, entiendo que vio algunas cosas interesantes.
Ella asintió cautelosa. -Sí… -hizo una pausa cuando Draco alzó su varita. -Qué está usted… -Maggie se interrumpió, su mirada su volvió nublada.
-Usted nunca estuvo aquí -dijo Draco en su tono de voz más suave. -Salió del trabajo temprano. Una tarde agradable, el sol cálido. Debía ir al parque esta tarde, el atardecer iba a ser hermoso. Se detuvo en un café en el camino, le habló al mesero que le gusta mucho. Un tipo muy guapo, usted piensa que podría estar interesado. Tal vez vuelva a pasar mañana para verle otra vez.
Maggie sonrió. -Por supuesto, eso suena encantador. Debería irme ahora, de verdad que no quiero desperdiciar este clima tan hermoso, ¿cierto?
-Claro que no -dijo Draco con gentileza. -Adelante.
Ella salió de la habitación, y Potter dijo aireado a través de sus dientes. -Eso es ilegal.
Draco no se molestó en mirarle cuando el próximo Muggle llegó. Encorvado, malhumorado, un adolescente. Merlín, ¿él alguna vez se había visto así, tan molesto con todo y sin embargo tan joven como para saber por qué en realidad estaba así? Esperaba que no, pero sospechaba que si lo había hecho.
-¿Entonces, me dirán que está pasando?
-Oh, absolutamente -dijo Draco con sencillez, presionando en su mente y alzando la varita.
-¿Qué…? -dijo el chico.
-Te fuiste derecho a casa después de la escuela, volviste a perder el bus y tuviste que caminar. -De nuevo, Draco mantuvo su voz baja y uniforme. -Fue lo mejor, te dio tiempo para pensar. Esa pelea que tuviste con tu mamá esta mañana, tú podrías haber exagerado un poco en tu reacción. Habrá otras fiestas a las que podrás asistir, pero solo se tiene una mamá, y ella en verdad no es tan mala. Y vas a ir a la universidad el próximo año. Ella podrá ser molesta, pero es lo que las madres hacen. Ella te ama. No sigas molesto con ella.
El joven asintió lentamente aún confundido. -Las fiestas de Kate siempre son aburridas de todas formas -murmuró y se dirigió a la puerta.
Antes de que el próximo Muggle pudiera entrar, Potter sacó la cabeza por la puerta y le dijo al Patrullero afuera que esperara un poco. Cerró la puerta de golpe y se volvió hacia Draco.
-¡No puedo seguir viendo esto!
Draco le frunció el ceño. -¿Verme hacer qué exactamente?
-¡Esto! -dijo Potter, haciendo un gesto con su mano hacia el pequeño almacén sucio.
Draco apretó los dientes en un esfuerzo fútil de mantener su mal genio controlado. -Tenemos un trabajo que hacer y lo estoy haciendo -gruñó.
-¡Ilegalmente! -explotó Potter, y luego se pasó una mano por el cabello. No le hizo ningún favor; se puso más desordenado de lo que lo tenía ya. -¡Estás jodiendo sus mentes!
-Estoy usando una ligera Legilimencia para lograr una historia creíble y reemplazar el recuerdo que quité. -Draco odiaba la forma en que su voz sonaba, remilgada y a la defensiva. En ese momento, odiaba a Potter por hacerlo sonar así. No había odiado a nadie así en mucho tiempo, y odiaba a Potter sobre todo por hacerlo sentir así otra vez. -Te aseguro que es perfectamente seguro.
-¿Perfectamente seguro? -repitió Potter como si no le creyera para nada a Draco. -Eres…
-¡Estoy haciendo mi maldito trabajo! -lo interrumpió Draco. -Y sí, estoy consciente de que no es del todo legal. Y no, no me importa, y a los patrulleros de ahí afuera tampoco porque soy jodidamente bueno en lo que hago. Es mejor que la alternativa, aunque obviamente tú simplemente preferirías lanzarles a todos un Obliviate y dejarles temblando ahí afuera en el ancho mundo. El primer tipo va a seguir deambulando perdido sintiendo que tiene la cabeza metida en su propio culo, y solo puedo imaginar el dolor de cabeza que tendrá hasta que se pueda recuperar mañana. Mi forma de trabajo es indolora y les deja sin la impresión de haber perdido una parte de su memoria de repente y que no logran recuperarla.
-¿Obligándolos a hacer cosas? ¿eso es mejor? -los ojos de Potter brillaban de la rabia como solía hacerlo antes en Hogwarts. Draco sintió su sangre arder en respuesta a ello, en la forma en que siempre solía pasar.
-Oh, así que de eso se trata. ¿Preocupado de que modifique demasiado? ¿de que juegue a ser Dios? -sus manos se apretaron en puños. -No les estoy diciendo que hagan ninguna maldita cosa que no quisieran hacer ya en primer lugar. No es como si les estuviera forzando bajo la maldición Imperius. Solo les doy un ligero empujón. La mitad de ellos caminarán por si mismos de nuevo en cinco minutos, de cualquier forma. Y si no lo hacen, no es como que les esté diciendo que cometan un incendio o que salten al Támesis. ¿Qué es lo que consiguen? ¿Finalmente tener el valor de coquetear con el tipo que les gusta? ¿Una tarde donde extrañamente no se van a pelear con su madre? Dime, ¿en qué los lastimo? -su voz iba alzándose sin importarle dejar de hacerlo.
-¿Entonces lo haces por la bondad de tu corazón? No pensé que siquiera te importaran los Muggles.
La forma en que Potter se burló de él hizo crecer su irritación a algo duro y caliente, y Draco sintió los últimos vestigios de auto control que tenía en su interior romperse. -No me importan los Muggles, ¡me importa mi maldito trabajo! -gritó. -Supongo que eso a ti no te importa, no al Gran Harry Potter o a alguno de los otros Aurores que vienen, hacen esto, y les preocupa más hacerlo rápido que hacerlo de la forma correcta, porque consideran que esto está por debajo de ellos. Esto es solo un deber de limpieza después de todo. Pero es todo lo que yo tengo, y lo voy a hacer lo mejor que pueda, y tal vez alguien alguna vez y finalmente note lo jodidamente que yo me he… -Draco se contuvo con una inhalación temblorosa y luego con otra. -Así es como yo trabajo, Potter -dijo. El tono sumamente formal, a la defensiva, estaba de regreso, y esta vez Draco se aferró a él. -Y si no te gusta como lo hago, entonces amablemente te invito a que te vayas al carajo.
Le dio la espalda, abrió la puerta y salió. El Patrullero afuera, el mismo joven que vio más temprano (Patrullero Winters, le suplió a Draco su mente de repente) estaba haciendo lo mejor para actuar como si no hubiera oído algo, pero el rubor que cubría sus mejillas y los nervios que dejó ver al mirar a Draco lo delataron. Sin embargo, Draco apreció su esfuerzo y asintió una vez.
-Si por favor puede enviar al próximo testigo…
Winters asintió. -Sí, señor.
****
Tres horas y media después, el último Muggle caminó fuera del almacén. Agradecido, Harry salió y trató de estirar algunos de los nudos de su espalda. Media tarde la pasó sentado en el montón de cajas vacías de leche y ciertamente no le hizo ningún favor. Aunque se quejara mucho de cómo su espalda, y sí, su trasero, estaban sintiéndose, tenía que sentirse muchísimo mejor de lo que seguro estaba Malfoy. Casi una hora atrás, Malfoy había comenzado a apretar los dientes. Treinta minutos más y su mano se la había pasado apretando su sien. Hora lucía desgastado, agotado, un poco enfermo. Se movía con cuidado, dando cada paso de forma breve y precisa mientras caminaban fuera del almacén hacia el café.
Harry sintió un pequeño tirón de culpa cuando lo siguió. Malfoy no estaría en tan mala forma si su pareja hubiera hecho su parte justa en el trabajo. Pero por la primera hora, Harry había estado más ocupado en dejar claro su punto en lugar de aportar su parte. Y luego de eso, finalmente cuando se acercó y ofreció su ayudar luego de dos horas, Malfoy le dio tal mirada envenenada que mantuvo su boca cerrada por el resto de la sesión.
Malfoy cautelosamente se dirigió a la puerta, se detuvo para darle una palmada en el hombro al joven Patrullero que estaba afuera de guardia, y el chico le asintió en respuesta. -Gracias, Winters -dijo Malfoy con voz ronca, y continuó hacia la calle.
-Mira, um, Malfoy -Harry empezó, y luego se detuvo, incómodo, cuando Malfoy se volvió y lo miró. Continuó: -Son casi las cinco. Tal vez deberías irte a casa desde aquí. Tú te ves… um…
La risa de Malfoy sonó más como un graznido. -¿Me veo… um? No endulces la verdad por mi bien. Me veo horrible, y te puedo asegurar que me siento peor. Solo necesito volver a mi oficina. Tengo algunas pociones allí que me podrán ayudar.
-¿Esto entonces pasa frecuentemente? -preguntó.
-Más de lo que me gusta. Pero vale la pena hacer el trabajo de la forma adecuada. -Miró a Harry como si esperara una discusión.
-Correcto. Eh, ¿nos aparecemos juntos al Ministerio? -Harry le ofreció el brazo. -¿Luces como si pudieras necesitar el aventón.
Malfoy dudó, y Harry pudo ver la indecisión en su cara. Pero su cansancio ganó y agarró el brazo de Harry firmemente. Olía bien, notó Harry después de acercársele, olía a especies y a alguna loción costosa para después de afeitar, mezclada con la sutil fragancia de su champú. Se dio cuenta de que estaba allí de pie, oliendo a Malfoy, y era lo cosa más ridícula del mundo, y se giró bruscamente pensando en el Ministerio. Demasiado bruscamente, dado el estado de Malfoy. Cuando se aparecieron en el PAM, Malfoy se tambaleó y casi se cayó. Los brazos de Harry lo atraparon sin pensarlo. Su nariz rozó la coronilla de Malfoy y llenó sus pulmones de ese olor a champú. Olía intensamente a manzanas e hizo que su boca se volviera agua.
Harry saltó de nuevo, demasiado rápido otra vez y Malfoy casi perdió el equilibrio otra vez.
-Yo… lo siento, es solo que…
Malfoy lo interrumpió alzando una mano. -Por favor, no hables.
Se dirigieron, lenta, cuidadosa y silenciosamente de regreso a la oficina de Malfoy. Harry se quedó en la puerta mientras Malfoy buscaba en un baúl. Soltó un triunfante: ¡Ajá! -cuando consiguió un vial con un líquido amarillo brillante. Cuidadosamente sacó el corcho y se lo tomó de un trago. Harry definitivamente no estaba mirando la forma en que la garganta de Malfoy lucía cuando tragaba.
-Jm. Mucho mejor -Malfoy guardó el vial de nuevo en el baúl cerrado.
Ciertamente, lucía mucho mejor, los rastros de cansancio y dolor se habían ido. -¿Qué era eso? -le preguntó Harry.
-Es mi propia creación -contestó. Sonaba orgulloso. -Está basado en una variante de la poción Pimientónica, pero con una buena dosis de bloqueador del dolor para el dolor de cabeza, y una ligera dosis calmante porque joder si no necesito sentirme más calmado cada vez que tengo que tomarme una dosis.
-Oh. ¿Aún trabajas con pociones? -preguntó Harry, porque sentía que debía decir algo.
-Un poco -dijo Malfoy. -Aún le dedico un poco.
-Oh -dijo Harry de nuevo. -Siempre pensé que terminarías volviéndote un Maestro.
-Obviamente no lo hice.
Y ahí estaba, como Harry se temió. Ahora que ya no tenía a un Malfoy adolorido, los silencios eran incómodos, y mientras más duraban, más difícil eran de romper. Malfoy se movió ligeramente donde estaba de pie, su mirada pasó sobre los baúles en su mayoría empacados que llenaban su oficina.
Harry aclaró su garganta. -La mía es más grande -balbuceó.
La cabeza de Malfoy se giró para mirarle al rostro e hizo un ruido bajo de risa. -¿Qué?
Harry sintió que su cara ardía en llamas cuando se dio cuenta de las implicaciones de lo que acababa de decir. -Mi oficina -aclaró y le dio la espalda a Malfoy con el pretexto de cerrar uno de los baúles. -Si vamos a ser pareja, vamos a tener que compartirla, ¿correcto? Y mi oficina es más grande que la tuya. Y tú ya casi empacaste todo, entonces…
-Tiene sentido que me traslade allá. Está bien. Finalizaré aquí entonces, ¿nos vemos allá? -sonaba nervioso.
Harry asintió. Su cara no se había enfriado y no se giró para ver a su nueva pareja. -Suena bien. Iré a la mía y me aseguraré de que Heppner ya retiró todas sus cosas. -No se podía imaginar que no lo hubiera hecho, no después del atarlo y dejarlo atrás, pero era una excusa para escapar hasta que su rostro no estuviera tan rosado. Así que la aprovechó y salió.
****
-La mía es más grande.
Las palabras se repitieron en la mente de Draco mientras guardaba sus últimos archivos y los apilaba en un baúl. Potter ciertamente no tenía la intención de que sonara así, todo el rubor que cubrió su rostro y su cuello era una indicación. Y, realmente, no es que Potter tuviera el hábito de ir por allí presumiendo de su pene. Pero por un segundo, por el tiempo que duraba un latido, Draco había pensado que Potter estaba presumiendo su pene, y entonces se giró para ver la mortificación mostrada en su rostro y de inmediato se sintió tonto por asumir, incluso por lo que dura un latido del corazón, que Potter se estaba refriendo a su orgullo y gloria.
Aunque en su defensa, él había tenido muchas fantasías masturbándose que habían empezado con esas mismas palabras, aunque rara vez alguien que no fuera él decía esa línea, y el protagonista nunca era Potter. Bueno, excepto en esa que ocurría en las duchas, la de los vestuarios del campo de Quidditch después de un juego, donde Potter solo le daba un vistazo a Draco, y entonces Draco se disponía a mostrar que el tamaño no lo era todo, y no es que el suyo no fuera de un tamaño perfectamente respetable, muchas gracias, es solo que Potter ya le había vencido en todo lo demás en la vida, entonces, ¿por qué no sería lógico que el pene de Potter también lo hiciera?
Merlín, tenía que dejar de pensar en el pene de Potter. Tenía que dejar de pensar en penes en general. Tenía que dejar de pensar en la palabra pene. Pene, pene, pene.
Joder.
Draco gruñó y lanzó los últimos de sus archivos en el baúl. Solo culpaba de esta ridiculez a su cansancio después de tres horas de hacer magia delicada, y al hecho de que sus nervios estaban al borde desde la noticia de la muerte de Parsons, además del hecho de que su nueva pareja era Harry Potter. Cuyo pene era probablemente más grande que el de Draco.
Joder joder joder.
El dolor de cabeza que desvaneció con la poción amenazaba con volver, y aunque Draco sabía que se arrepentiría de esto a las tres de la mañana cuando no fuera capaz de dormir, revolvió en sus pertenencias y encontró otro vial. En lugar de tragarlo rápido, le dio un trago lento. Sabía ligeramente a bananas e, inexplicablemente, a la luz solar. Una calidez suave irradió desde su esófago hasta su pecho, y sintió los músculos de su cuello y hombros, que no se había dado cuenta que estaban tensos, aligerarse y relajarse. Respiró lentamente, y fue capaz de evitar pensar en Potter, en penes, y en el pene de Potter en particular, al menos por casi medio minuto.
Era casi suficiente.
Draco encogió sus baúles y los metió en su bolso negro de trabajo. Lo colgó de su hombro y le dio una última mirada a su oficina vacía. Su ex-oficina, eso era. No había estado allí por mucho, pero se había acostumbrado a ella. No había sido fácil al comienzo. Parsons y él lo habían logrado. Dos personas que eran demasiado tercas para su propio bien. Pero en algún momento se amoldaron la una al otro. En algún momento, sus archivos se multiplicaron en el escritorio y él puso fotos en las paredes. Parsons se ganó su agrado. Empezó a abrirse a ella un poco sobre su pasado, su familia y su rol en la guerra. Ella le habló del bastardo de su ex-esposo y de la hija que apenas veía. Se mantenían danzando en círculos uno alrededor del otro, y luego avanzando cada paso juntos. Trabajaron bien juntos. Y ahora ella se había ido.
El pecho de Draco se apretó, pero los efectos calmantes de la poción ganaron y pudo respirar. Por primera vez, se permitió recordar. Ellos no habían sido particularmente cercanos, incluso al final. No como otras parejas de Aurores que terminaban formando lazos más formales, profundos y más complicados que incluso algunos matrimonios. Él había logrado confiar en ella cuando trabajaban, y ella confiaba en él sobre el suyo. Ella era una buena bruja, él respetaba eso.
Este era el lugar en que la vio por última vez, justo aquí en esta habitación, justo junto a su escritorio, ella se levantó y se estiró, reunió sus cosas a diez para las cinco.
-¿Una cita sexy esta noche? -le preguntó bromeando secamente y mirando al reloj.
-Sí -le respondió Parsons alzando dos dedos. -Con estos de aquí.
-Euk -le dijo él. -Eso es desagradable. No seas vulgar.
Ella rió, esa risa profunda y completa que le salía desde la panza y hacía que sus ojos brillaran. A él siempre le gustó su risa, incluso antes de gustarle ella. -Qué fácil es molestarles a ustedes, remilgados sangre pura. Vamos, Malfoy, es viernes. ¿Qué dices si nos vamos temprano esta noche y empezamos a disfrutar temprano del fin de semana? Has estado metido de cabeza en papeles toda la semana, te mereces un descanso.
Él solo había sacudido la cabeza. -Ya casi termino aquí, no será mucho. -Él no sabía por qué ella le preguntaba; ella sabía que a él le gustaba dejar todo en orden para el fin de semana y empezar el lunes fresco.
-Que lo disfrutes -contestó, entonces hizo una pausa en la puerta. -Es solo que, algunos de nosotros vamos a ir al Ciervo Blanco por una cerveza, o un par. Pensé que tal vez también podrías querer ir.
Hizo una pausa allí. Parsons nunca lo había invitado antes. Nadie lo había invitado a salir antes. Pero al final, él sacudió la cabeza otra vez. -No, gracias. -Se rebuscó en un bolsillo y sacó un Sickle. Se lo lanzó a ella, quien lo agarró acertadamente. -Pero invítale a tu cita un trago de mi parte, ¿sí?
Ella lo miró confundida. Él movió sus dedos hacia ella, y ella hizo la cabeza atrás y rió fuerte y profundamente otra vez. Él le sonrió.
-Está bien, entonces. Buenas noches, Malfoy. -Y salió al pasillo y se fue de su vida.
Él estaba aún allí tres horas después cuando vinieron a su oficina y le dijeron que Parsons había sido encontrada muerta en un callejón a pocas cuadras del bar al que se dirigía. Nunca llegó. Si él la hubiera acompañado, salido antes e ido por un par de tragos juntos, si la hubiera acompañado al bar, si solo…
No, esa era la ruta a la locura, lo sabía. Merlín sabía que ya pasaba suficiente tiempo haciendo suposiciones de segundas alternativas de las cosas de su juventud. Qué tal si hubiera sido más listo, más rápido, más fuerte. Tal vez si Potter hubiera tomado su mano ese primer día, si le hubiera dado una mejor impresión, tal vez, tal vez, tal vez. No tenía tiempo ya para los si-hubiera y los tal-vez en su vida. Aquí, él había hecho una decisión inocente, lo que siguió no fue su culpa.
Draco dejó salir una exhalación larga y firme y le dejó ir. Dejó que los efectos calmantes de la poción lo abrumaran otra vez. Metió los baúles en su bolso y se giró. En la puerta, dudó, y luego le dio la espalda para mirar los estantes vacíos, los escritorios desnudos.
-Adiós, Penélope -susurró, y lo puso en su pasado y se encaminó a enfrentar el futuro.
Su futuro, lo vio cuando entró en la nueva oficina, y estaba actualmente tratando de meter medio sándwich comido en su ya desbordada papelera.
-Tienes razón -no pudo resistirse en decirlo. -La tuya es más grande.
Oh joder, aquí iba con los penes otra vez, pero en verdad valía la pena por la forma en que la cabeza de Potter se giró, en cómo sus ojos se agrandaron y se pusieron redondos cuando trató de entender si Draco lo decía en serio, si estaba tomándole el pelo, o Dios no lo permita, le estaba coqueteando. Draco no lo ayudó, solo mantuvo su cara perfectamente impasible.
-Eh, te dije que lo era -logró decir eventualmente.
Las mejillas de Potter se pusieron rosadas otra vez y Draco pensó que no podría mantener su cara seria mucho más. Se giró y sacó sus baúles al piso al lado de su nuevo escritorio, y canceló los Hechizos Encogedores de ellos. Cuando se giró para observar el resto de su nueva oficina, Potter parecía haberse recuperado y volver a estar bajo control. Era una pena. Draco siempre había gustado de sacar a Potter de balance y ponerlo nervioso.
-Entonces -dijo, metiendo sus manos en los bolsillos y dándole una mirada de lado a Potter. -Esto es.
-Seh -Potter se pasó una mano por el cabello. -Traté de ordenar un poco.
-Realmente, no se podría decir que es así.
La mitad de la oficina de Potter era un desorden, por decirlo ligeramente. Los estantes estaban abarrotados de pilas tambaleantes de papeles que parecían listas para caerse en avalancha con cualquier ligero incentivo. La parte superior del escritorio estaba enterrada bajo más papeles, archivos, plumas y tinteros tapados, no menos de media docena de tazas de usadas, y eso era lo que Draco podía ver desde la puerta. Había un pequeño sofá contra la pared frente a la puerta, entre los escritorios que estaban uno frente al otro. Al menos Draco asumió que era un sofá, bajo lo que parecía ropa descartada y bolsas de comida para llevar vacías y dejadas en lo alto de esa mezcla desordenada. Draco dio un paso al frente y vio un par de zapatos deportivos sucios al fondo del lado de Potter, notando con un ligero horror que parecía haber un bollo rancio metido en el izquierdo. No preguntó; no quería saber.
Lo primero que tendría que hacer antes de desempacar era arreglar este desorden. No creía que pudiera trabajar si era forzado a mirar todo eso. Lo hacía sentir ansioso.
-Ya estoy trabajando en ello.
Primero Draco pensó que Potter le había leído la mente, pero se dio cuenta de que la expresión de desagrado que seguro tenía lo decía todo. -Está bien. Bueno…
Draco fue interrumpido cuando la puerta se abrió de golpe. Sin un toque o una pausa para esperar una invitación para entrar, notó que Weasley entró como un hipogrifo errante. Claramente, la cortesía común de tocar antes de entrar, no era algo con que los Gryffindors estuvieran familiarizados.
-Harry, aquí estás. Que mala suerte, compañero. Oí todo el alboroto sobre Heppner y entonces que… Malfoy -se interrumpió cuando finalmente notó que él y Potter no estaban solos.
Por un momento, él y Weasley se miraron. Weasley tampoco había cambiado mucho desde Hogwarts, pensó que parecía estar más alto, si era posible. Aún pelirrojo, pecoso y largurucho. Al menos ya había dejado de vestir ropa de segunda mano. La túnica de Auror de Weasley estaba en perfecta condición, incluso aunque el nítido color carmín lucía horrible con su complexión.
Potter, mientras tanto, seguía mirando inútilmente entre los dos. Por las barbas de Merlín, si alguien no hacía algo estarían allí toda la noche, y Draco tenía mucho que hacer. Le ofreció la mano.
-Weasley -dijo lisamente como saludo.
Weasley, para darle crédito, solo respondió: -Malfoy -y le dio la mano lo suficiente como para ser considerado correcto. Volvió su atención a Potter. -De cualquier forma, Harry, oí que tuviste un día duro, con eso del asunto de Heppner. ¿Oí que te tuvieron atrapado porque te asignaron un caso de limpieza? -meneó la cabeza por la gran injusticia contra el Salvador, malgastando su día atrapado en los detalles de un caso cuando claramente Potter debía estar afuera persiguiendo magos malvados y rescatando cachorros, o lo que fuera que usualmente hacía ahí. -Hermione está trabajando hasta tarde esta noche, ¿pensé que tal vez podrías estar interesado en salir por curry y una cerveza e ir a mi casa?
-Seh -dijo Potter, más encantado de lo que lo había visto Draco en todo el día. -Suena genial -dio unos pasos hacia la puerta, entonces miró atrás a Draco como si apenas recordara que su pareja aún estaba allí de pie. -Um. Eso es, ¿a menos que me necesites para acomodarte aquí?
Draco sacó a relucir su mejor expresión horrorizada. -¿Quieres hacer que mi mitad de la oficina se vea así? -exigió, y agitó una mano mostrando los escombros que rodeaban el lado de la habitación de Potter. -¡Creo que no!
-Potter puso los ojos en blanco. -Está bien. Como sea. Solo intentaba ser amable -empujó a Weasley al pasar.
-Para ser justos, está un poco desordenado, compañero -oyó Draco que le dijo Weasley a mitad del pasillo mientras seguía a Potter afuera.
-Cállate, tú… -el resto de la respuesta de Potter se perdió al cerrarse la puerta y activarse los hechizos silenciadores.
Draco suspiró y miró alrededor. Bueno, mejor ponerse a trabajar. Tenía mucho que hacer. Pero primero, pensó que podría hacer una parada en la habitación de descanso por una agradable taza de té antes de ponerse a trabajar en instalarse. Con el plan establecido, Draco firmemente quitó a Potter de su mente y empezó con su plan para la noche.
****
Era algo verdaderamente maravilloso tener un amigo que supiera lo que uno necesitaba antes incluso de que uno mismo supiera. Se inclinó al frente y puso su botella vacía en la mesa del café, al lado del plato vacío que Ron había abandonado allí cinco minutos antes. El curry picante para llevar y una botella de cerveza hacían maravillas para aliviar el estrés del día.
-¿Ya podemos hablar de ello? -preguntó Ron, tanto exasperado como ansioso. -He oído rumores todo el día. Me encantaría saber la verdad. -Le preguntó a Harry antes pero lo hizo callar, incapaz de lidiar con ello con el estómago vacío.
En lugar de responder, Harry agarró su vaso de cerveza de nuevo y tomó lo último que se había calentado en el fondo. -¿Me traes otra? No puedo hablar con la boca seca.
Ron puso los ojos en blanco y agarró su propio vaso de cerveza vacío y fue a la cocina a llenarlos. Harry se inclinó atrás en el sofá y dejó salir un suspiro. El apartamento de Ron y Hermione era justo tan cómodo como su propio lugar, pero el sofá de cuero blando, las sillas que iban a juego, la alfombra delgada y la madera oscura de la chimenea, le recordaban un poco a Hogwarts. Él le señaló las similitudes a Hermione una vez, ella solo sonrió y él asumió que lo había hecho deliberadamente. Ron regresó con los vasos de cerveza llenos. Le pasó uno a Harry antes de sentarse al otro lado. Se sacudió la espuma de los labios y le hizo un gesto con la mano de ‘después de ti’.
Entonces Harry tomó un trago de su cerveza y se puso a recontar la historia de la persecución del fin de semana, lo de Heppner, y como eventualmente había Aturdido a Heppner por ser un pendejo y siguió la persecución por su propia cuenta. Llegó a la parte donde describió su conversación con Kingsley y cómo fue asignado para lograr evidencia contra Malfoy, Ron lo interrumpió.
-Espera, ¿entonces Shacklebolt piensa que él lo hizo? -preguntó Ron haciendo un ceño.
-Aparentemente -dijo Harry encogiéndose de hombros y describió cómo se tomó la noticia Malfoy y su primera asignación. Cuando Ron oyó sobre el uso de Legilemancia en los Muggles, interrumpió de nuevo:
-Eso es ilegal.
-Eso le dije. -Harry suspiró, y le contó la discusión que tuvieron, como volvieron al Ministerio y Malfoy mudándose a su oficina. Dejó afuera de lo de la situación de cómo se sintió incómodo al decirle a Malfoy que su oficina era más grande, o cómo Malfoy estuvo de acuerdo cuando llegó. Harry no podía estar seguro de qué exactamente había querido decir Malfoy. El bastardo era experto poniendo cara de póker, Harry tenía que concedérselo. Por un momento muy loco, Harry pensó que Malfoy estaba coqueteando con él, pero al final asumió que Malfoy se estaba burlando de él. Al menos eso era lo más familiar.
Esperaba expectante, que Ron dijera algo, el silencio se alargó.
-¿Bueno? -preguntó finalmente, impaciente por saber.
Ron agarró su vaso otra vez, dio un largo trago, y lo bajó a la mesita. -Lo siento, aún estoy atascado en la parte donde Kingsley piensa que Malfoy es un asesino pero te mantiene a su alrededor.
-Tiene miedo de que Malfoy escape si le deja suelto. -Harry suspiró y le dio otro trago a su cerveza. -Necesita evidencia para arrestarlo, y mientras tanto, quiere que Malfoy esté donde pueda tenerlo vigilado. O, donde yo pueda tener los ojos en él, supongo.
-¿Entonces te empareja con él? Diablos, Harry, sé que se supone que eres el Niño que Vivió y todo eso… -Ron se detuvo y se apretó el puente de la nariz. -¿Tú crees que es culpable?
-No -dijo Harry sin siquiera pensarlo, y luego lo dijo más fuerte. -No -pensó en el Malfoy de la Torre de Astronomía todos esos años atrás, bajando su varita. -Él no es un asesino. No lo tiene en sí -le dio una mirada de lado a Ron. -¿Y tú?
-No sé, honestamente no, creo que probablemente sea capaz, dada la suficiente motivación. Pero también creo que sería muy estúpido empezar a matar sus parejas sin tener una coartada sólida antes. Y ciertamente, no cuatro veces -dijo Ron.
-Yo no creo para nada que haya asesinado a sus parejas -dijo Harry. -Realmente le importa su trabajo. Sabe cómo lo mira la gente, que no ven más allá de un Mortífago…
-Y eso es otra cosa que me hace sospechar -Ron lo interrumpió. -¿No crees que es raro que Malfoy se haya abierto sobre eso contigo entre toda la gente? Sabes cómo son los Slytherins. No hacen nada sin una razón.
Harry se recostó en los cojines y puso los pies en la mesita del café aprovechando que Hermione no estaba allí para prohibírselo. -Ha pasado mucho tiempo desde Hogwarts, compañero. Creo que ya dejamos todo eso de las diferencias de las Casas en el pasado -dijo. -Y él tenía una razón. Solo dijo todo eso sobre ser un Mortífago y que no confiaban en él para lanzármelo a la cara porque no iba a tener casos emocionantes como su pareja. Y lo que dijo después sobre tomarse su trabajo en serio, bueno, eso fue mi culpa. Parece que aún soy capaz de presionarlo y sacarlo de casillas tan fácilmente como siempre. Estaba molesto y no estaba pensando, tan pronto como se dio cuenta de lo que estaba diciendo cerró la boca.
Ron suspiró. -¿Qué tal si solo te está mostrando lo que quieres ver? Ey, sí -dijo cuando Harry abrió la boca para objetar. -Necesitas considerar todos los ángulos aquí. Todo lo que digo es que necesitas mantener los ojos abiertos en este caso. Y por otro lado, lo entiendo, es solo Malfoy. Siempre ha sido malcriado y desagradable, pero mayormente inofensivo. Y desde otro ángulo, cuatro de sus parejas están ya muertas. Claramente algo está pasando, y Shacklebolt piensa que es culpable, y…
-Está bien, está bien, ya entendí. Constante vigilancia -gruñó Harry. Unos segundos de silencio pasaron.
-Entonces, ¿en verdad piensas que no lo hizo? -preguntó Ron.
Harry meneó la cabeza. –Realmente, no lo creo.
Ron lo miró cuidadosamente por un momento, sus ojos azules brillantes de preocupación. -¿Estarías dispuesto a apostar tu vida en ello?
Harry le dio a su amigo una sonrisa seca y se estiró por su cerveza. -No tengo exactamente muchas alternativas, ¿o sí? Es mi pareja ahora -suspiró y le dio un trago a su bebida. -Pero mantendré los ojos abiertos, y seré cuidadoso.
