Actions

Work Header

En las cenizas

Summary:

Naruto es un pequeño doncel, con unos ojos grandes, azules, con una infinita bondad.
La felicidad era palpable en su pequeña familia, aunque no tenía hermanos, él era feliz rodeado del amor de sus padres.
Pero, ¿Por qué el destino se empeña en hacer sufrir a los buenos?

Notes:

Este es un fanfic publicado en wattpad y Ao3, bajo el mismo nombre. Es una versión SasuNaru de la cenicienta. Espero lo disfruten ❤

Chapter 1: Érase una vez

Summary:

Se presenta a los personajes y su dinámica familiar. Kushina Muere.

Chapter Text

Érase una vez, en una región próspera, una preciosa casa, donde reside una pequeña familia de buen nombre. Padre, madre e hijo vivían sus días felices, entre risas. Minato Namikaze era originario del reino vecino, y viajaba constantemente, pues tenía negocios que atender que le costaban varias semanas. Por otro lado, Kushina Uzumaki se dedicaba a cuidar de su hogar, y por supuesto, de su adorado hijo doncel, Naruto, de solo 6 años. Los tres eran muy felices.

Esa mañana, la luz traspasaba las hojas de los árboles en el jardín, un pequeño rubio de ojos azules, reía y caminaba con pasos torpes detrás de su madre, mientras que, desde las ventanas de la gran casa, la servidumbre veía con una sonrisa como el joven Naruto era feliz. Ellos eran dichosos, teniendo a unos amables y bondadosos patrones. La familia Namikaze-Uzumaki eran la envidia de sus vecinos y el ideal de muchos otros.

Después de recargar energía viendo al pequeño sol de la casa, la servidumbre siguió con sus actividades, había mucho que hacer, pues su patrón regresaba a casa después de dos meses. Todos le querían mucho, y se esforzaron en tener la casa limpia, la comida lista y una sonrisa para recibirlo con alegría.

—¡Naruto! Ya te ensuciaste, otra vez —regañó Kushina, al ver a su hijo tocarse las mejillas con las manos llenas de tierra.

—Pero mami, papi dijo que hay un tesoro enterrado en el jardín —dijo Naruto, limpiando sus manitos en su camisa blanca.

—Mi amor, ¿Recuerdas qué día es hoy?

—Mmmh, ¿No? —dijo Naruto, cargando la cabeza.

—¡Hoy regresa papá! —y Naruto se puso a gritar ya correr emocionado por todo el jardín.

—¡Iruka! Ven, por favor —llamó Kushina. Y en un parpadear, estaba su sirviente en el jardín—. Por favor, prepara un baño para Naruto.

Kushina era una persona muy amable. Nunca dependía del todo de sus sirvientes, eran más sus amigos, y disfrutaba hacer sus actividades a la par de alguno de ellos. Por esa razón, Naruto apreciaba a todos.

—Iruka-niisan, ¿Puedo primero recoger unas flores?, a mi papá le va a gustar.

Pero definitivamente, el más querido en casa era Naruto. Ese hermoso niño rubio, de ojos azules, sonrisa cálida, era puro amor, adorable y amable. Todos lo protegían, y rezaban para que fuera feliz. Tal vez les faltó rezar más fuerte.

Pasadas las 12, todos estaban expectantes por la llegada del señor Minato. Naruto estaba emocionado, saltando en el pórtico de la casa, con sus flores en la mano. De pronto, a lo lejos, se escuchó un carruaje que se acercaba. Todos salen de la casa, para esperar a su patrón. El carruaje paró, y bajó Minato, feliz de estar en casa. Escuchó un grito, y ya sabía lo que venía, así que se agachó antes de sentir un agarre en su cuello.

—¡Papi!, ¡Papi!, ¡Regresaste!

—Hola, ¿Cómo ha estado mi rayo de sol?

—Inquieto como siempre, pero se ha portado bien, ¿No, Naruto? —dijo Kushina, para luego darle un beso a Minato.

—¡Mamá!, yo no quiero ver eso —se quejó Naruto, cubriendo sus ojitos.

Todos saludaron correctamente a Minato, y pasaron a casa para poder almorzar. Estaban juntos otra vez, y la sonrisa no abandonaba sus caras. Incluso habían acordado ir al día siguiente de picnic.

—Mami, papi, ¿Me dan mis besos de buenas noches? —dijo Naruto, frotando sus ojitos.

—Ya vamos, mi amor.

Naruto estaba acostumbrado a tener a sus padres juntos. Ellos lo ayudaban a dormir, pues tenía un poco de miedo a la oscuridad. Y por las mañanas, venía su madre a despertarlo con cosquillas en su pancita y besos en sus cachetitos rosados.

A la mañana siguiente, muy emocionados, arreglaron todo para ir a su picnic. Amaban ir a la colina que estaba detrás de su casa. Desde ahí pude ver toda su casa y también el comienzo del bosque. La vista era maravillosa. Estaba atardeciendo, y decidió que ya era hora de regresar. Habían pasado una buena tarde, pero toda su felicidad comenzaría a desaparecer. Kushina cayó enferma en cuanto llegó a casa. Llame inmediatamente a un médico. Y mientras Minato caminaba de un lado a otro en la puerta, Naruto se encontraba junto a su madre, cogiendo su mano, mientras ella deliraba por la fiebre.

—Mami, tú te vas a poner bien. Y vamos a poder jugar juntos. Si te sanas, te promete que me voy a portar bien —decía Naruto, con sus ojitos inundados en lágrimas—. Mira, te traje a Kurama, él te va a cuidar.

El pequeño zorro de peluche fue dejado sobre la cama. Naruto solo podía llorar, tenía una presión en el pecho, nunca había sentido algo parecido. Pero a partir de ese momento, ese sentir sería algo recurrente.
El médico hizo lo que pudo, trajo todo su equipo, intentó de todo, pues él conoció bien a esa familia, y quería ayudar, pero nada se pudo hacer. Solo logró estabilizar un poco a Kushina, para que pudiera despedirse.

Minato estaba destrozado. Todavía guardaba un poco de esperanza, aunque parecía que todo estaba en contra. Esa misma tarde su esposa había estado bien, y ahora le decían que iba a morir. Llamó a toda la servidumbre, que se mantuvo despierta toda la noche, pendiente del estado de Kushina. Muchos ahogaron un sollozo cuando supieron que la perderían. Estaban tan inundados en su dolor que nadie recordaba a Naruto.

El niño se la había pasado llorando en su habitación, rezando a las estrellas para que ayudaran a su mamá. No había podido dormir, y tenía los ojitos hinchados. Cubierto por su mantita celeste, miraba a las estrellas desde su ventana, cuando entró su padre. Quería que fuera a despedirse de su mamá.

Minato, a pesar del dolor, no quería mentirle a su hijo. Kushina se iría de sus vidas, y esos últimos momentos fueron importantes. Naruto entró temblando, y vio a su madre, estaba pálida, su cabello pelirrojo había perdido el brillo, y tenía una sonrisa cansada.

—Ven, mi amor. Acércate —Kushina extendió su mano y acarició la mejilla de Naruto—. Mi niño precioso, mami se tiene que ir, así que prométeme una cosa, ¿Está bien?

—Sí, mami.

—Prométeme que vas a ser feliz, aunque yo ya no esté. Que vas a ser una buena persona, amable, bondadoso, no dejes de ayudar a todos —Kushina poco a poco iba perdiendo las fuerzas—. Quiero que seas valiente, mi cielo. Perdóname, porque yo ya no voy a poder estar para ti, porque ya no voy a poder levantarte en las mañanas.

—Mami, no te vayas. Me voy a portar bien. Por favor, no te vayas —gritó Naruto, aferrándose a su madre.

—Naruto, tienes que sonreír, siempre. Ante cualquier problema, enfréntalo con una sonrisa. Porque nunca me voy a marchar del todo, yo voy a estar donde tú estés. Serás siempre mi pequeño travieso.

Y dándole un beso a su familia, al amanecer, Kushina dio el último respiro.