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Undisguised love

Summary:

Una fiesta de disfraces estaba bien siempre y cuando Yeonjun estuviese a su lado.
La fiesta era aún mejor si Yeonjun estaba disfrazado de Draculaura.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Mientras se envolvía con su túnica negra en busca de protegerse del frío que entraba por la puerta trasera, Beomgyu se ponía en puntitas de pie para intentar buscar alguna figura que le resultara conocida entre toda la gente en aquel salón. Eran las nueve de la noche, apenas había llegado a la fiesta organizada por la escuela y ya se quería ir. Se cuestionaba seriamente que fuera una buena idea haber asistido.
El cielo estaba despejado y la luna llena iluminaba la ciudad, pero no podía salir a tomar aire porque tenía poco abrigo. Sus intestinos bailaban al compás de la música que tenía como objetivo romper los parlantes, su cabeza y sus tímpanos. Maldecía para sí a toda la gente que gritaba y a su novio, quien aparentemente se resignaba a contestar sus llamadas justo esa noche.
Si fuera por Beomgyu, saldría a buscarlo entre la multitud, pero sabía bien que Yeonjun estaba en medio de la pista de baile, pasándola bien con sus amigos. Además, sus pies dolían, no solo por las botas negras con taco que llevaba puestas, sino también porque ya varias jóvenes lo habían pisado sin querer. Si se disculparon o no, no era importante, pero ya le habían arruinado el humor un poco más.

Era sábado, Beomgyu podría estar en su cama, abrazando a Yeonjun mientras ven una película, pero estaba en la espantosa fiesta de disfraces que la escuela había llevado a cabo por Halloween, como cada año. Él no quería ir, pero al ver que sus dos amigos irían, no tuvo más opción.
En realidad no era tan malo, era solo una fiesta inocente de disfraces. El problema era que Soobin, el mejor amigo de Yeonjun, había decidido disfrazarse con él, y Beomgyu no tenía ni idea de qué iban a ir vestidos. Algo le decía que iba a ser bastante elaborado, no como su propio disfraz.

Beomgyu llevaba puesta una túnica larga, completamente negra. Tenía unos pantalones negros y unas botas del mismo tono, y colgaba de su hombro un pequeño bolso en donde guardaba su celular. Su cabello, que se había tornado bastante largo con el pasar de los meses, estaba oculto por un sombrero de brujo negro, decorado con estrellas plateadas. Maldecía a Huening Kai, quien había decidido su disfraz por él, porque sabía que Yeonjun apenas podría verlo en aquella oscuridad.
Hablando de Kai, el menor se acercó repentinamente a Beomgyu con una sonrisa en su rostro y lo abrazó, logrando que el mayor pierda el equilibrio. Era la primera vez que lo veía en toda la noche luego de haber llegado, puesto que él y Taehyun se habían escapado apenas Beomgyu volteó la cabeza para buscar a su novio.

—¿Aún no encuentras a Yeonjun? —Preguntó Taehyun, quien venía detrás de Huening.

—No —suspiró—. ¿Ustedes todo bien?

Las luces apuntaron al rostro de Taehyun por un breve segundo, pero fue suficiente para que Beomgyu reconociera el tono del labial de Kai en el rostro del otro joven. Al fin habían dado ese paso.

—Podría decirse —Taehyun volteó a la pista de baile—. Creo que ahí está Yeonjun.

Beomgyu giró a ver hacia el lugar que apuntaba el pelinegro.

—Vamos, quiero ir a comer algo —Huening tomó la mano de Taehyun y lo arrastró lejos de Beomgyu, sin darle tiempo para protestar.

Como no tenía más opción, el joven castaño se adentró a la multitud luego de tomar una bocanada de aire y de valentía.
Las luces pegaban en su rostro con más intensidad, y la gente a su alrededor lo codeaba repetidas veces. Sin pensar en los detalles, continuó caminando hasta estar en el centro.

Había muchas personas vestidas de personajes de Marvel, otros tenían puesto el uniforme de Hogwarts, pero en su mayoría se trataba de disfraces bastante clásicos, entre ellos zombies, vampiros y hasta momias.
A pesar de la abrumadora sensación de estar encerrado con tanta gente invadiendo su espacio personal, se sintió cálido al reconocer la mano que se posó en su hombro derecho.

—Hey.

Yeonjun, más lindo que nunca, lo saludó con una sonrisa. Al fin lo había encontrado tras sufrir durante más de media hora.

—Hola —respondió Beomgyu.

Habían estado saliendo hace casi un año ya, pero el menor siempre iba a enamorarse cada vez que lo veía. Yeonjun, su novio, quien lo conoce como si fuese la palma de su mano, que es capaz de leerlo y entenderlo como si Beomgyu fuera transparente, que lo cuida como si fuera una figura de cristal y lo ama de una forma imposible de comprender siendo que ambos son tan jóvenes.
Justamente él, quien tenía al castaño locamente enamorado.
Ahora mismo, Beomgyu no podía creer que era tan afortunado a tan temprana edad.

—¿Quieres salir un rato?

—Por favor —pidió el menor.

Tomando su mano, Yeonjun lo guió hasta la salida más cercana.
No fue hasta que salieron de aquel salón infernal que Beomgyu pudo ver correctamente el disfraz de su novio.
Vestía una camisa blanca y un corset color rosa oscuro que le quedaba perfecto. Beomgyu lo admitía, la figura de su novio era envidiable, pero nunca comentaba nada al respecto simplemente por vergüenza, a pesar de haberse conocido hace rato.
Llevaba puesta una falda, también blanca, y unas botas altas rosas que iban hasta debajo de sus rodillas, sumándole unos tres centímetros a su altura usual. Su cabello negro ahora tenía mechitas rosas, y, si no hubiese volteado nuevamente a observarlo, no habría notado el corazón rosado en su mejilla, del mismo color que la pintura que llevaba en sus labios. Era inexplicable lo mucho que deseaba Beomgyu besarlo ahí mismo.

Pero no podía dejársela tan fácil, o el mayor se reiría de él por el resto de la noche.

—¿Draculaura? ¿En serio? — lo molestó.

Yeonjun se detuvo frente al pequeño banco que había afuera y le sonrió a su novio, dejando ver unos colmillos falsos.
Este chico iba a volverlo loco.

—Fue idea de Soobin —contestó—, quería una excusa para venir vestido de Frankie. Pero el disfraz me queda bien, ¿no?

—Ajá.

Beomgyu tomó asiento, ignorando la mirada seria de su pareja. Le fascinaba actuar desinteresado, porque sabía que eso hacía que Yeonjun quisiera su atención cada vez más.
Y así fue.
El mayor se sentó junto a él, olvidando completamente el significado de "espacio personal".

El castaño volteó a ver a su novio.

—Hola —saludó Beomgyu, como si apenas hubiese notado su presencia.

Yeonjun giró su cabeza en dirección contraria, pero Beomgyu podía sentir el puchero que se formaba en sus labios.
Actuaba como un bebé por él.

Beomgyu inhaló y miró al cielo nocturno. La noche seguía fresca, la luna aún brillaba como cuando había salido de su casa, y estar cerca de su novio lo ponía tan feliz como siempre. Su noche sin dudas cambió completamente de un momento a otro.
Bajó la mirada al sentir el peso de la cabeza del pelinegro en su cuello, y sin darse cuenta comenzó a acariciar el pelo del contrario. Yeonjun respiraba tranquilamente, sus ojos estaban cerrados pero sus labios seguían con aquel puchero. Beomgyu solo quería besarlo.

—Me gusta tu disfraz —admitió en un intento de poner fin al silencio—. Te ves bien como vampiro.

—Hm...

Yeonjun acercó sus labios al cuello de Beomgyu y plantó un beso, sorprendiendo al menor.
Con su rostro aún contra su piel, podía sentirlo sonreír tímidamente.
Lo amaba tanto, quería quedarse con él por y para siempre. Y besarlo, por favor, ¿cuándo había tenido Beomgyu tantas ganas de besar a alguien? Nunca.

Él siempre había sido tímido, tanto que era capaz de dejar que la gente hiciera lo que quisiera con él.
Solía ser arrastrado a veces, de un lado para el otro, todo porque no sabía decir que no cuando algo no le gustaba y era incapaz de tomar la iniciativa. Pero Yeonjun no permitía eso.
Y era gracioso, porque seguía siendo relativamente tímido, pero su novio despertaba cierto valor dentro de él. Tenía que admitir que no era tan valiente con el resto de la gente como lo era con Yeonjun, pero eso estaba más que claro para todo el mundo. Sus amigos lo notaban más enérgico cuando estaba con el pelinegro.

Tal vez esa chispa que Yeonjun encendió en él era suficiente como para que hiciera cosas que no sabía que podía hacer.
Como por ejemplo, subirse a su falda en este preciso momento. Porque, a ver, ya había hecho eso un par de veces, pero nunca en un lugar que no fuese privado.

Yeonjun acomodó los mechones largos del castaño detrás de sus orejas y dedicó unos segundos a admirar su rostro bajo la luz de la luna. Ambos amaban estar así, juntos, sin preocuparse por nada más.
Era perfecto.
Y cuando Beomgyu juntó sus labios con los suyos correctamente por primera vez en la noche, Yeonjun sentía que iba a perder la cabeza.

Quería estar en todos lados al mismo tiempo, sus manos en su cabello, en su cintura, en sus hombros, y sus labios en toda su boca, hasta que los labios de ambos se desgastaran.
Yeonjun se separó y comenzó a bajar por su cuello, asegurándose de aspirar el perfume de su novio que lo volvía completamente loco.
Una pequeña sonrisa se escapó de entre los labios de Beomgyu ante la sensación de la nariz del mayor en su cuello. Estaba feliz, inquieto podría decirse.

Las manos de Beomgyu desde siempre han sido frías, pero es inevitable para él posar su mano en la nuca de su novio cuando este lo besa. Es simplemente imposible soportarlo. Y se arrepiente de esto cuando Yeonjun, como usualmente sucede, aleja sus labios del cuello del castaño, para dirigirle una mirada seria.

—Ya.

Beomgyu hace un puchero, pidiéndole perdón de esa forma que ellos entendían. Así, Yeonjun imitó el gesto simplemente para molestarlo.
Pero el castaño vio la oportunidad y la tomó, besando rápidamente el puchero del mayor y sonriendo después de eso.

Respirando profundamente, Beomgyu abrazó a su amor y posó su rostro en el hombro de Yeonjun. La noche seguía estando fresca, pero no podía evitar sentirse cálido estando junto al pelinegro.

—Te extrañé —confesó Beomgyu, volviendo a mirarlo a los ojos.

Yeonjun solo plantó un pequeño beso en su nariz, sonriendo al ver que Beomgyu esperaba una verdadera respuesta.

—Nos vimos ayer.

—No creo que seas consciente de lo mucho que necesito estar contigo.

El castaño estaba a punto de bajarse de la falda de su novio cuando este se lo impidió, tomándolo por la cintura y volviendo a besar sus labios.

Beomgyu quería creer que conocía a Yeonjun lo suficiente. Sabía pequeños detalles acerca de él que seguramente nadie más sabía. Un ejemplo de esto es que el pelinegro se niega a dormir sin una sábana, incluso en verano, por lo que suele dejar una pierna descubierta para no pasar tanto calor. Otro ejemplo es que toma su americano con exactamente 7 cubos de hielo, solo porque sí. Pero su detalle favorito, sin lugar a dudas, era que sonriera en medio del beso cuando iba a usar la lengua.
Por eso es que, cuando Beomgyu pudo sentir su sonrisa, supo que Yeonjun se negaría a dejarlo ir por un buen rato.

Se pasaron un buen rato así otra vez, disfrutando de la simplicidad de la noche y del calor de sus bocas.
Beomgyu sentía que ya ni siquiera estaba en el planeta Tierra, estaba volando, sus pensamientos eran Yeonjun, Yeonjun y Yeonjun. Sus labios, tan esponjosos como almohadas, eran demasiado abrumadores para él, ocupaban todo el espacio disponible en su mente.
Podía sentir igualmente al mayor respirando cerca suyo, podía sentir su corazón latiendo y su perfume que tanto le gustaba.

Lo único que logró devolver a Beomgyu al presente fue haber sentido que el mayor comenzó a jugar con los collares que llevaba puestos. Rápidamente cortó el beso y tomó las manos de Yeonjun, alejándolas de su cuello.

La cara de confusión del mayor era digna de enmarcar.
Con otro puchero, porque al parecer seguía sin haber besado a Beomgyu lo suficiente como para estar contento, intentó acercarse otra vez a los labios del menor.

—Espera.

—¿Qué pasa? —Preguntó Yeonjun, inclinando la cabeza hacia la derecha.

—Es que no puedes tocar.

—¿Qué cosa?

—Los cristales, luego tendré que limpiarlos —le explicó el castaño mientras señalaba los pequeños cuarzos que colgaban de sus collares.

Yeonjun asintió y dejó que Beomgyu se quitara los collares que tenía puestos para guardarlos en un bolsillo de su abrigo. Aprovechó la oportunidad para quitarse un momento el sombrero de bruja, con la intención de arreglar su cabello largo.
Cuando intentó quitarse el primer collar, notó que su pelo se había enredado en la cadena, por lo que sentía un pequeño tirón lo suficientemente molesto como para que se quejara en voz alta. Al notar esto, Yeonjun tomó suavemente su cabello e intentó quitarlo lo más gentilmente posible, procurando no romper la cadenita. Luego de unos intentos, pudo quitarse el collar exitosamente, suspirando mientras lo guardaba en su bolsillo.

Yeonjun, sin siquiera preguntar, comenzó a pasar sus dedos por el pelo de Beomgyu para desenredar los pequeños mechones que necesitaban arreglo, y luego acomodó su flequillo y su pelo detrás de sus orejas.
Terminó el pequeño momento entre ellos plantando un beso en su nariz mientras volvía a colocarse el sombrero.

—¿Vamos adentro? —El mayor le dio unas palmadas en su espalda baja—. Soobin debe estar preguntándose dónde estoy.

—Sí, tengo ganas de tomar algo también —Beomgyu se puso de pie y tomó la mano del mayor, dirigiéndose nuevamente hacia aquel salón que hasta hace un rato parecía una pesadilla.

La música volvió a invadir sus oídos, recordándole por qué se estaba arrepintiendo de estar ahí hace una hora. Sosteniendo la mano de su amor, caminó hacia una barra de tragos y pidió un vaso para ambos. No tenía pensado beber, pero supuso que un trago no estaba mal después de todo, además tenía pensado irse pronto.

Beomgyu le dio su vaso a Yeonjun y ambos se dirigieron hacia el centro de la pista en busca de Soobin, quien muy probablemente seguía bailando con el resto de su grupo de amigos. El pelinegro caminaba con su mano en la cintura de Beomgyu, jugando de vez en cuando con la tela de su túnica negra.
Al encontrarse con los amigos de Yeonjun, este les preguntó por Soobin, pero le comentaron que había decidido irse hace un rato.
Beomgyu hubiese ido en busca de Taehyun y Kai, pero suponiendo que estarían muy ocupados aclarando sus sentimientos (con besos, claramente), decidió no decir nada al respecto. Al fin tendría que dejar de escuchar a ambos quejarse por no saber lo que el otro sentía, cuando en realidad los dos estaban claramente enamorados. No iba a arruinarles la noche, ya podría hablar con ellos luego.

Volviendo a centrar su atención en su novio y terminando su vaso, Yeonjun lo arrastró hacia un costado de la pista de baile, dispuesto a obligar a su novio a bailar aunque sea una canción con él. Como era de esperarse, la idea no entusiasmó mucho al castaño, pero no había forma de escapar.

—Bailemos un poco, luego podemos ir a casa.

La cara de Beomgyu cambió.
Pensar en llegar a su casa y ver películas con Yeonjun mientras se acurrucaban en su cama no sonaba nada mal, y era capaz de aguantar una o dos canciones más con tal de conseguir que Yeonjun pase la noche junto a él.

Así estuvieron casi una hora más, bailando entre toda la gente disfrazada. Las luces de colores iban y venían, al igual que las manos y miradas de ambos. Beomgyu podría acostumbrarse a lugares así siempre que estuviese con Yeonjun. El mayor lo hacía sentir cómodo, le divertía estar con él, y le daba seguridad tenerlo a su lado.

El castaño bailó con el contrario hasta que sus pies se quejaran, y es que no era lo más fácil del mundo usar unas botas con taco toda la noche, o al menos no para él. Posando su frente en la clavícula del mayor, soltó un suspiro para indicarle que ya era hora de irse a casa.

Dándole unas palmadas en su espalda y acariciando su cabello una vez más, Yeonjun se dirigió hasta la salida soportando la mayoría del peso de Beomgyu, quien se negaba a hacer el mínimo esfuerzo para caminar. Yeonjun pidió rápidamente un taxi, el cual estaría en el lugar en unos pocos minutos.

—¿Te quedas a dormir? —Preguntó Beomgyu en un susurro, su voz delataba lo cansado que estaba.

—Claro que sí, creía que era obvio que iba a quedarme hoy —Yeonjun se rió ante la ternura que le causaba el menor en ese estado.

—Podemos ver películas.

La oración fue cortada por un bostezo.

—O —intervino Yeonjun—, podemos ir a dormir.

—Me gusta más la idea de ver películas.

Yeonjun rodeó sus hombros con un brazo y acercó a Beomgyu hacia él para evitar que tuviera frío. La noche ya estaba notablemente más fresca.

—Como digas, Beoms.

El viaje no fue muy largo, afortunadamente la casa de Beomgyu no quedaba tan lejos.
Un poco más despierto, Beomgyu abrió la puerta de la casa y dejó pasar a Yeonjun mientras se quitaba los zapatos y los dejaba en la entrada. El lugar estaba algo oscuro, solo había una lámpara en la sala encendida, seguramente porque los padres del castaño ya se habían ido a dormir.

—¿Quieres algo para tomar o comer? —Le ofreció Beomgyu dirigiéndose a la cocina.

—No gracias, pero sí voy a darme una ducha antes de dormir.

—Creo que hay ropa que tengo que devolverte en mi armario, el baño es todo tuyo.

Dicho esto, el pelinegro subió hacia el cuarto de Beomgyu y tomó la ropa que le había dicho, para luego encerrarse en el baño.
Mientras tanto, Beomgyu tomó dos vasos de agua y un bowl con dulces y los llevó hasta su habitación, para luego quitarse su disfraz rápidamente y guardarlo.
Usó su celular mientras esperaba a que Yeonjun saliera de la ducha, para así lavarse los dientes y por fin ir a dormir. Había sido una linda noche después de todo, Beomgyu se alegra de haber asistido a esa fiesta a pesar de sus pocas ganas.

No pasaron ni diez minutos y la puerta del baño se abrió, dejando ver al pelinegro con su cabello totalmente empapado. Llevaba puesta la ropa que le había dicho Beomgyu, y una sonrisa que podía derretir el corazón de cualquiera.
Apagando su celular y arrojándolo a la cama, se dirigió hacia el baño para poder finalizar el día.

—Hola —saludó el castaño.

—Hola, Beoms —el pelinegro sonrió como siempre lo hacía junto a su novio.

Ambos se lavaron los dientes a la vez, empujándose de vez en cuando para reírse un rato. Cuando terminaron, Beomgyu comenzó a cepillarse el cabello mientras Yeonjun se secaba el suyo.
El espejo estaba empañado tras la ducha caliente que se había dado el mayor, por lo que Beomgyu tomó un papel y comenzó a limpiarlo para verse en el reflejo correctamente.

—Choi Yeonjun —lo llamó mientras se veía en el espejo.

—¿Sí?

Beomgyu se volteó para ver a su novio seriamente, y luego volvió a verse en el espejo.
Totalmente indignado, señaló todo su rostro con un dedo.
El labial rojo de Yeonjun había dejado todo su rostro pintado, incluyendo su mandíbula y cuello.

—Si pensar que la gente te puede haber visto te preocupa, déjame decirte que con las luces del lugar era imposible notarlo —aclaró el mayor, riendo entre dientes.

Soltando un suspiro, el castaño comenzó a lavarse la cara, tratando de deshacerse de todo resto de pintura.
Yeonjun simplemente reía, abrazando a su novio por la espalda y plantando un beso en su mejilla.

—No te tardes, quiero dormir.

—Ya, eso intento —Beomgyu tomó su cepillo y comenzó a arreglar su cabello.

—Déjame —el pelinegro tomó el cepillo de entre sus manos y comenzó a desenredar la cabellera del contrario.

A Beomgyu le fascinaba verlo en el reflejo del espejo, porque, aunque podía, Yeonjun nunca lo veía. Siempre estaba muy concentrado en ser lo más gentil posible con él, enfocado en desempeñar su tarea con prolijidad.
Sentía las manos del mayor manejar su pelo de una manera inimaginable, generando mariposas en su estómago. Por favor, no podía estar tan enamorado de ese hombre.

Una vez que terminaron, Yeonjun corrió a acostarse en la cama de Beomgyu, esperando a que el contrario ordenara sus cosas en el baño y se decidiera a ir con él.

Sin perder un segundo más, Beomgyu se arrojó junto al mayor y se cubrió con sus sábanas, acurrucándose junto a su novio, quien no dudó en posar una mano en su cintura.
Beomgyu jugaba con el cabello del contrario, asegurándose de acomodarlo correctamente detrás de su oreja para luego volver a desordenarlo.

—¿Te divertiste hoy? —Le preguntó Yeonjun a su novio, depositando un beso en sus labios.

—Sí, gracias a ti —Beomgyu lo abrazó mientras escondía su rostro en su cuello.

Olía a su shampoo.
Yeonjun rodeó el cuerpo del menor con sus piernas mientras se reía, buscando una posición cómoda en ese estado. Aunque sinceramente, no era muy cómodo estar así, pero para ambos era perfecto. Se miraron a los ojos un rato, apreciando la dulce mirada del contrario mientras se enamoraban una vez más.

—Huening y Taehyun se besaron —dijo Beomgyu luego de un rato de silencio, jugando con las manos de Yeonjun.

—¿En serio? —La cara de sorpresa de Yeonjun acompañada con un puchero era digna de recordar por el resto de su vida.

Era tan lindo. Beomgyu podría besarlo una y otra y otra vez.

—Sip, los vi. Tengo que preguntarle a Taehyun igualmente —el castaño se acomodó en el agarre del mayor—. Ya no tendrán que molestarme, era cansador tenerlos preguntándome por esto o aquello.

Yeonjun soltó una risita ante las quejas del contrario. De alguna manera era tierno verlo así, pero no sabría explicar muy bien por qué.

—Me alegra que hayan dado ese paso, bien por ellos.

—A mi también. ¿Recuerdas la primera vez que nos besamos? —Preguntó Beomgyu, con cierto brillo en sus ojos.

—Claro que lo recuerdo —le aseguró Yeonjun, acomodando sus mechones castaños y acariciando su mejilla—. Fue en navidad.

Beomgyu sonrió algo avergonzado por el recuerdo.
Yeonjun tenía razón, había sido en navidad.
Fue de la forma más tierna posible, según Beomgyu. Ni siquiera habían dado las doce y ambos ya estaban abriendo sus regalos, muy emocionados por saber qué habían decidido darle al otro. Yeonjun se emocionó tanto tanto tanto por su nueva computadora que se abalanzó para abrazar al menor, sin considerar que sus rostros quedarían demasiado cerca. Beomgyu entonces aprovechó y, moviendo su cabeza solo unos centímetros, logró juntar sus labios con los del pelinegro.

—Lo que también recuerdo fue cuando me tomaste de la mano por primera vez —comentó Yeonjun.

—¿En serio? —El castaño acercó su rostro unos centímetros más al pecho de Yeonjun, jurando poder escuchar el latir de su corazón.

—Estábamos viendo una película de terror, el día después de mi cumpleaños. No sé si lo hiciste sin darte cuenta, pero de alguna manera tu mano terminó sobre la mía.

Beomgyu le sonrió. Claramente sabía lo que hacía.

—Luego yo tomé tu mano, así.

Yeonjun juntó sus palmas y entrelazó sus dedos, pudiendo así acariciar su mano con su pulgar. El recuerdo seguía vivo en ambos, y había sido hace un año, pero Beomgyu aún podía sentir el tacto de Yeonjun de esa forma y la manera en que su corazón se aceleraba.

El castaño plantó un rápido beso en los labios del mayor. Fue muy repentino y tan corto que ambos se quedaron deseando más.
Mirándose a los ojos, acortaron la distancia nuevamente, dedicándose así por otros minutos a los labios del contrario.
Se besaron por un rato, disfrutando del sabor de los labios de su pareja. Claramente lo disfrutaban, estaba de más aclararlo, pero Beomgyu aún sentía que era imposible amar tanto a una persona.

Se separaron por falta de aire, y además porque querían admirar la belleza de sus labios desgastados un rato, pero el bostezo que se escapó de la boca del menor fue lo que Yeonjun necesitaba para decidir que era hora de dormir.

—Ya, hasta mañana —tomando la sábana y cubriéndose correctamente, el pelinegro le dio la espalda a Beomgyu.

—Yeonjunnn —indignado, comenzó a intentar que se diera vuelta.

No era fácil, no tenía tanta fuerza como para lograr mover a su novio así como así.
Cuando, soltando una risa, Yeonjun finalmente decidió darse la vuelta, plantó un dulce beso en la frente de Beomgyu, para luego cerrar sus ojos.

—Me gustó tu disfraz de Draculaura —le comentó Beomgyu para evitar que se durmiera—. El corset te queda genial.

—Gracias Beoms, tu disfraz también me gustó mucho.

—¿Qué quieres hacer mañana? —Beomgyu tomó la mano del contrario para jugar con ella un rato.

—¿Mañana?

—Podemos salir a desayunar, o comer algo, o quedarnos aquí y ver películas, sabes que a mi madre le encanta que vengas de visita.

—Lo que tú quieras, Gyu —bostezó—. Ahora estoy cansado, ¿podemos ir a dormir?

Mientras sonreía, Beomgyu asintió y se acomodó correctamente para dormir, abrazando a Yeonjun y escondiendo su cabeza en su pecho. Yeonjun no tardó en posar su mano sobre el cabello del menor.

Tras una noche larga, que incluyó una mezcla importante de emociones, Beomgyu pudo cerrar sus ojos para abrazar el sueño, al igual que lo estaba haciendo con el mayor.
Aún consideraba increíble que él fuera capaz de irse a dormir siendo consciente de que, al día siguiente, despertaría abrazado de el chico al que más amaba en toda su vida.
Su luz, su felicidad, su todo. Su amor.

Ambos lograron dormir, Beomgyu un poco después de que Yeonjun lo hiciera, por haber estado pensando en lo mucho que lo adoraba.

Notes:

Tuve esta idea en mente por hace meses (literalmente desde marzo), y me había costado tanto escribirla que pensé que nunca llegaría a publicarla. Me alegra saber que logré terminarla, y estoy contento con el resultado.

Muchas gracias x leer :] díganme qué les parece, lo apreciaría mucho<3