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Category:
Fandom:
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Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-10-31
Words:
1,260
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
9
Hits:
145

Empachado

Summary:

Rin comió demasiado la noche anterior y se empachó. Yukio debe asistir a una cita de exorcista por lo que no puede cuidar de su hermano y acaba pidiéndole ayuda a Shiemi.

Notes:

Mi primer fanfiction para este fandom.
Como veo que no hay mucho contendido por este lado y no encuentro prácticamente nada que leer de este ship, decidí dejar mis granitos de arena cada tanto y escribir historias cortas para que otros fans, como yo, puedan disfrutar de este ship u.u
Espero les guste.
Si encuentran algún error, pueden avisarme en los comentarios.

Work Text:

—Esto te pasa por ser terco, te advertí que ibas a enfermarte y no me escuchaste —se quejó Shiemi mientras esperaba a que el té estuviera listo.
Rin le respondió con un quejido mientras seguía acurrucado debajo de la manta.

La noche anterior habían salido con los demás a comer para celebrar que todos pasaron el examen final del semestre. Fueron a probar la comida en un restaurante que había abierto hace poco en la ciudad, Paku había visitado el lugar junto a un amigo cuando se inauguró y se lo recomendó emocionada a Izumo.

Como era comida extranjera, decidieron pedir un platillo distinto cada uno para poder probar todo entre todos. Rin, emocionado, se pasó un poco con la comida y terminó con un malestar estomacal que no le dejó dormir en toda la noche. Se la había pasado corriendo al baño cada segundo. El pobre estaba tan pálido que parecía transparente.

Tener un hermano médico es toda una ventaja en estos casos, ya que obviamente fue atendido por Yukio cuando este se percató de lo que ocurría. Se comió un regaño de su parte por ser tan imbécil y luego recibió una inyección para detener el vómito. Sin embargo, como tenía una cita de exorcismo en la mañana temprano, no pudo quedarse a cuidar a su hermano mayor, así que llamó a Shiemi a preguntarle si podía quedarse con Rin por unas horas.

—Nunca más pisaré ese lugar… nunca… casi morí esta madrugada.

—¡Rin, no digas esas cosas! —le regañó mientras cebaba el té.

El dulce aroma a manzanilla y anís estaba danzando en el ambiente. Era suave, húmedo y reconfortante. Rin ya se sentía mejor de tan solo percibir el aroma, o tal vez era la presencia de ella la que había actuado de medicina. O pudo haber sido por la inyección con la que Yukio casi le mata de dolor.

—Siéntate bien para tomar la infusión —le pidió con su tersa voz.

El azabache se incorporó con movimientos lentos y pesados. Tenía el cabello alborotado y algunos mechones seguían adheridos a su frente puesto que entre todo el ajetreo de la madrugada había sudado un montón. Tomó la taza que le era ofrecida y bebió de ella con cuidado luego de haber soplado un par de veces.

El silencio de la habitación era cortado solo por los tragos que se escuchaban cada tanto.

Ella tenía la mirada fija en sus manos que estaban hechas puño en su regazo. Su ceño fruncido suavemente, sus labios siendo apretados y sus pómulos pintados de rosa, eran señal de su nerviosismo por estar a solas con él. Sentía miedo y vergüenza de que pudiera escuchar los latidos de su corazón que no podía calmarse.

Él mantenía la mirada pegada a la pared del dormitorio y movía los dedos de la mano libre incómodamente, arrugando y estrujando en patrones irregulares la sábana que le cubría la mitad del cuerpo. Cómo no ponerse nervioso si estás solo en tu habitación con la chica de la que llevas mucho tiempo enamorado.

Habían pasado ya años desde que se conocieron. Ambos cambiaron bastante, tanto física como emocionalmente, pero su relación seguía siendo la misma, no había avanzado ni retrocedido, seguía siendo formalmente “amigos”. Ella sabía que él gusta de ella, pero él aún no sabía que sus sentimientos eran correspondidos. ¿Por qué? Puede que simplemente porque aún no había sido el momento correcto.

Rin bebió la última gota del té, que para su sorpresa sabía mejor de lo que esperaba, y le devolvió la taza vacía a Shiemi. Volvió a recostarse en la cama, esta vez con la cabeza girada hacia ella para poder ver su rostro. Se cubrió con la sábana hasta la boca y fijó su mirada en ella.

Sí que había cambiado mucho en estos años, se había percatado de ello pero no se había podido fijar detenidamente como ahora. Su carita se ve menos aniñada y más madura, su cuerpo más femenino, su cabello sedoso y esponjoso está más largo ahora, le llega hasta la cadera y lo lleva trenzado casi siempre, con pequeñas florecillas silvestres adornándolo. Hoy lleva un bálsamo que resalta sus labios y sus mejillas están más sonrosadas de lo normal, ¿se sentirá bien?

—Perdón por haberte hecho venir un domingo tan temprano… le dije a Yukio que no era necesario molestar a nadie pero ese insensible no me hizo caso —se excusó escondiéndose un poquito más debajo de la sábana para cubrir su sonrojo.

—Hm, hm… —negó—. No es molestia cuidar de tí, además… ya estaba despierta cuando me llamó, estaba trabajando en el jardín… —agarró con sus dedos un mechón rebelde y lo colocó detrás de su oreja.

—Oh… ya veo… —agotado había cerrado los ojos para descansar un poco, pero seguía prestando atención a lo que ella decía.

—Rin…

—¿Hm?

—¿Puedo hacerte una pregunta?.. —su voz tembló y casi se quebró de los nervios. Rin frunció el ceño ante ello pero no abrió los ojos, en verdad se sentía cansado.

—Claro..

—¡Yo-… este… —comenzó a juguetear con sus dedos nerviosa y con el corazón martillando su pecho—. Me preguntaba si… si es que sigues gustando de mí…

Todo el cansancio que sentía se evaporó y sus ojos se abrieron de golpe. Shiemi tenía los ojitos cerrados con fuerza, el rostro peor que un tomate y su cuerpo temblaba furiosamente. Se incorporó de golpe en la cama y la sangre salió disparada para su cabeza a punto de sacarle humo por las orejas.

—¡¿Q-q-q-qué preguntas?! —gritó alterado.

—¡Aah! ¡No debí haber preguntado! ¡L-lo siento! —se cubrió el rostro avergonzada, realmente no debió dejar salir ese impulso suyo. ¿Cómo le miraría a la cara de ahora en adelante?

Shiemi se levantó de su lugar a un lado de la cama de Rin y estuvo a punto de salir corriendo de no ser porque él la detuvo. Le sujetó de la vestimenta, porque no alcanzó su muñeca, y jaló de ella hasta hacerle perder el equilibrio. Cayó de espaldas sobre él encima de la cama soltando un chillido por el susto.

Se sentía tan avergonzada que no podía dejar de cubrir su rostro y chillar, quería salir corriendo y estar lejos de él lo antes posible. Pataleaba y lanzaba manotazos sin dirección alguna en un intento inútil de apartarlo de ella.

Rin llamaba su nombre mientras esquivaba todos los manotazos y le sujetaba de los costados. Cuando recibió una cachetada accidental, tuvo la oportunidad de sujetar su mano y mantenerla quieta. Pero ella seguía chillando y retorciéndose entre sus brazos sin escuchar nada de lo que él decía.

Harto, le sujetó de la cabeza y la llevó hasta su pecho en un abrazo íntimo. Shiemi pareció calmarse y dejó de chillar y patalear.

—Shiemi… —aprovechó su silencio—. Escucha… por favor.

Ella tenía la oreja pegada a su pecho, que estaba cubierto por una remera fina de algodón. Podía escuchar los latidos de su corazón, acelerados y erráticos.

—¿Lo escuchas?

—Hm… —asintió avergonzada.

—En verdad… nunca dejaste de gustarme… —una sonrisa tímida surgió en sus labios cuando la sintió acomodarse en su regazo para poder escuchar mejor su órgano vital.

Estar sentado en esa posición era un poco incómodo así que Rin terminó acostándose de vuelta en la cama, esta vez con Shiemi pegada a su pecho.

—Rin… tú también me gustas—dijo en un susurro con una voz suavecita que hizo revolotear su corazón. Shiemi sonrió al escuchar la reacción de su corazón ante sus palabras.

Haberse empachado no había sido tan malo después de todo.

Fin.