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Soulmate

Summary:

El destino tiene una extraña forma de actuar sobre la vida, algunas veces dando giros, juntando y separando.
Ambos sabían de la existencia del otro, ambos sabían que se amaban, pero ninguno sabia como encontrarse... así que siguieron por separado

Notes:

Entonces, esta historia es una mezcla con algunas palabras de abril Adrinette y un reto Felinette que decidí unir en una sola historia, pero la dejare en el orden aleatorio en el que se encuentra originalmente. Los títulos pertenecerán a canciones (en su mayoría): Cap 1 a-ha

Chapter Text

 

"The Sun always Shine on TV"

 

El ambiente en la habitación era una extraña mezcla de emociones, ambos padres miraban a su pequeña dormir en la incubadora, tan tranquila y tan ajena a todo el caos que genero su llegada.

Tan solo tenía seis meses cuando Marinette comenzó con el trabajo de parto.

 

Estrés, le dijeron los doctores cuando la pequeña estaba a salvo y estable, esperando pasar los próximos meses allí hasta que estuviera lista para salir al mundo.

 

Sin su padre, ambos lo sabían

 

Felix estaba aterrorizado y encantado a la vez, esperaba, con todo su ser, alcanzar a ver nacer a su hija, pero no así, no con el riesgo de perderla a ella y a Marinette. 

Jamás fue religioso, y la detección tardía de su enfermedad tampoco lo hizo acercarse a ningún credo, lo que le sucedía era el ciclo de la vida, solo que para él, el final se acercaba con gigantes zancadas. 

 

Pero con Emma en camino, él rezo

 

Sabía que el embarazo anterior de Marinette había sido difícil, complicado, y más con aquel pelmazo que simplemente se rindió con ella, con ellos.

 

Él oró, por la salud de su esposa, por la de su hija, para que a pesar de que él ya no estaría allí cuando ella naciera, ambas estuvieran a salvo. 

 

Felix hizo un esfuerzo de aparentar estar bien, que su enfermedad no le estaba afectando más de lo que ella sabía.

 

No le mencionó el mal pronóstico que había recibido aquella tarde, y fue por ello que ambos, padre e hija, estaban una semana después en el hospital.

 

Marinette no pudo quedarse, no después que se le dio el alta, iba a visitarlos todos los días, pero Hugo y Thomas la necesitaban también.

 

Sus hijos, Felix sonrió al pensar en ellos, en sus pequeños a los que había logrado ganarse con esfuerzo, perseverancia y con uno o dos trucos de magia.

 

Pero ahora, ahora se veía obligado a romper su promesa, tenía que

 

Iba a dejar a su madre

 

Maldijo su pasado de excesos, su vida libertina, aquel que le trajo consecuencias y que condenaba a su familia a una nueva angustia, una angustia que se prometió a sí mismo, cuando los conoció, que no iba a causar.

 

Felix miró a Emma, su primogenita, aquella niña que creía que no iba a alcanzar a conocer.

 

Su hija.

 

Había algo agridulce en todo los sucesos de las últimas semanas.

 

Su hija era una hermosa niña, que había heredado su cabello y, según su madre, su humor.

Sus médicos y los de ella le permitieron quedarse en una sala conjunta a la de maternidad, le daban la libertad de ir a verla en las noches, observarla dormir, y verla despertar con un pequeño puchero antes de llorar con todas sus fuerzas, despertando a los demás pequeños.

 

Una pequeña revoltosa, pensaba cada vez que las enfermeras se acercaban a atenderla.

 

Observaba cada vez que Marinette llegaba, como ambas comenzaban a desarrollar el apego, tan necesario en los primeros meses.

 

Él temía acercarse demasiado, que la pequeña se acostumbrara solo para que su tiempo acabará y fuera arrebatado de su lado.

 

Quería al menos, ahorrarle la angustia aunque ella no lo recordara, jamás lo haría.

 

No se percató de que estaba llorando hasta que sintió las manos de Marinette secando sus lágrimas. Sus ojos igual de hermosos y expresivos como aquel día que la conoció, aquella gala a la que no quería asistir, pero agradeció todos los días a partir de allí a su abuelo por obligarlo.

 

Ese día en que encontró, sin esperar, la felicidad que no sabía qué buscaba. Aquella que parecía iluminar todo y musicalizar cada día, incluso los pequeños diablillos le trajeron sonrisas cuando trataron, sin éxito, de alejarlo de su madre.

 

Los iba a extrañar, a todos ellos.

 

¿Por qué la vida era así? ¿porque no obtuvo su final feliz? sus errores de joven no eran equivalentes a todo lo que estaba viviendo, y si así fuera, ella no se lo merecía. 

 

Si él debía sufrir, lo aceptaba, pero ¿ella?

 

-Felix- Marinette lo llamó- mírame- él fijó su mirada, ella ya estaba llorando

 

-No es justo- Dijo con la voz quebrada, apenas en un susurro, se sentía cansado pero quería estar allí, disfrutar todo lo que pudiera con ellas- no quiero dejarlas- abrió sus brazos, apretando con fuerza cuando ella se acercó- pensé que tendría mas tiempo

 

-Lo sé- su voz era apenas un hilo, mantenía la voz baja por Emma, pero también para tratar de retener los sollozos que amenazaban con escapar de ella- también lo pensé

 

-Quería envejecer a tu lado, ver a los niños crecer, poder disfrutar de nuestra vejez juntos y estar allí hasta el final, diciéndote todos los días cuanto te amo, cuanto los amo- le beso la cabeza, sintiendo el temblor en su esposa quien ahora estaba escondiendo sus sollozos en su bata de hospital- te prometí aquello, pero supongo que el sol sólo brilla en la televisión- ante sus palabras Marinette no pudo evitar reír, y Felix se alegró de lograrlo

-¿Acabas de citar a a-ha?- ella lo miró- ¿es enserio?- pregunto incrédula y con una pequeña sonrisa

 

-No quiero que esa sonrisa se borre de tu rostro- habló, también sonriendo- es demasiado hermosa para que la escondas después de que me haya ido

 

-Felix…- èl la interrumpió, alejándose para mirarla mejor

 

-Prométeme que mi partida no te impedirá buscar nuevamente la felicidad

 

-Fel…

 

-Por favor, prometelo.