Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2022-10-10
Words:
1,090
Chapters:
1/1
Kudos:
7
Hits:
70

Constantes

Summary:

"La única cosa que Regulus podía ver cuando pensaba en casa era Sirius. Sirius, hablando cuando él no podía. Sirius, rebelde. Sirius, sacándolo siempre de su zona de confort, pero protegiéndolo cuando era necesario. Sirius, recibiendo los golpes y las maldiciones por él. Sirius, acompañándolo cuando lloraba en silencio. Sirius, su hermano".

O

Una buena relación entre hermanos lleva a que se descubra a Peter Pettigrew cómo el traidor.

Notes:

https://vm.tiktok.com/ZMF2GsLSa/

Podemos culpar a este TikTok de la existencia de esto, así que nada, espero que lo disfruten ✨

Work Text:

La única cosa que Regulus podía ver cuando pensaba en casa era Sirius. Sirius, hablando cuando él no podía. Sirius, rebelde. Sirius, sacándolo siempre de su zona de confort, pero protegiéndolo cuando era necesario. Sirius, recibiendo los golpes y las maldiciones por él. Sirius, acompañándolo cuando lloraba en silencio. Sirius, su hermano.

Sirius Black era la única constante en Grimmauld Place, exceptuando, tal vez, a Kreacher, pero incluso el elfo doméstico era impredecible con qué lealtad sería más fuerte, si la que le profesaba a Walburga o la que Regulus se había ganado. De cualquier forma, Regulus amaba las constantes y la estabilidad que estás proveían. Lo que no era constante se podía desmoronar en cualquier momento. Y Regulus amaba, y siempre amó a Sirius por esto. Porque incluso cuando se marchó a Hogwarts se aseguraba, con sus cartas, de que Regulus estuviera bien. Porque incluso cuando sus estúpidos amigos entraron a escena Sirius nunca lo abandonó. Porque incluso cuando toda la familia empezó a darle la espalda, Sirius y Regulus siempre estuvieron ahí para el otro. Sólidos. Estables. Constantes.

Viéndolo en retrospectiva, no debió de haberlo sorprendido el hecho de que Sirius eventualmente huyera de la casa. Lo que no era constante se podía desmoronar en cualquier momento, y aunque Sirius era una constante en la vida de Regulus, nunca lo fue en la familia. Y se desmoronó.

Dolió. A sus 15 años, Regulus nunca había conocido un dolor igual. Se sentía abandonado. Solo. La casa de repente parecía demasiado grande, demasiado silenciosa, y él ya no tenía fuerzas para llenarla de nada. Todo se lo había llevado Sirius cuando se fue. Y tal vez así era como debían ser las cosas. Sirius, la estrella más brillante del cielo, y Regulus, del que nadie se acuerda. El que queda opacado. El que queda atrás, pero de pronto se ve obligado a ponerse al frente. El segundo hijo que de pronto es el heredero, y nunca va a poder llenar unos zapatos que ni siquiera el verdadero primogénito pudo portar.

Sirius se fue de casa de los Black en la víspera de navidad, y el resto de las vacaciones fueron una pesadilla. Regulus recuerda que a veces esperaba que Sirius volviera por él y a veces lo odiaba por haberse ido. Y, casi siempre, estaba asustado. Ahora él era la cara de las familias de sangre pura, de todos sus ideales y planes para el futuro, y ni siquiera estaba seguro de sí compartía tales cosas. Caminaba por una delgada línea de la que Sirius había caído, y no sabía que le esperaba a él sí lo más constante que tenía en su vida no había podido lograrlo.

Regulus no volvió a hablar con su hermano hasta un año después, cuando la guerra mágica estalló oficialmente. Para ese entonces, Regulus había aprendido a ser su propia constante, a ser lo único en lo que podía confiar. Había crecido para aparentar llenar los zapatos del perfecto heredero mientras conservaba las ideas sobre lo estúpida que era la supremacía de sangre que Sirius le había susurrado durante años. Había perdonado a su hermano por irse, por lo que, cuando regresó a hablar, no lo rechazó cómo lo habría hecho un año atrás.

Sirius fue con Regulus para tratar de que escapara con él y, de esa forma, no estar en lados contrarios de la guerra. Pero había otra cosa que Regulus había hecho mientras Sirius no estaba en su vida. Había comprendido. Ahora sabía que Sirius habría muerto si se hubiera quedado, pero también sabía que sólo pudo irse porque sus padres tenían un repuesto que, a sus ojos, era mejor y menos problemático, y desde que tenía ese conocimiento, Regulus se esforzaba por cubrir ese papel a la perfección, por el bien de su hermano, porque, después de tantos años de pelear por él, Sirius merecía que lo protegieran también.

Al mayor de los Black no le gusto descubrir esto. Hubo llanto. Pero también hubo promesas, y desde entonces Regulus y Sirius no volvieron a abandonarse. Aún cuando tuvieron que mantenerse como secretos. Aún sabiendo que, si los descubrían, estaban en peligro. Aún cuándo un día Regulus apareció llorando y con un tatuaje en el brazo. Se volvieron a aferrar el uno al otro. Sólidos. Estables. Constantes, y ninguna guerra les iba a volver a quitar eso.

Regulus se volvió un espía. Era muy fácil: debido a su posición como heredero de los Black nadie sospechaba de él, y debido a su naturaleza silenciosa podía escabullirse y conseguir información sin que nadie lo notara nunca. Fue así que, un día, escuchó una voz conocida discutiendo con quién no debe ser nombrado la ubicación de los Mckinnon. Cuando, días después, se dio a conocer en El Profeta la muerte de esta familia, Regulus conectó los puntos. Peter Pettigrew era un espía, y su hermano estaba en peligro.

Hubo una conversación muy tensa. Hubo gritos. Hubo lágrimas. Hubo cosas que se habrían quedado mejor sin decir y cosas que habrían estado mejor dichas en voz alta, pero al final Regulus logró que Sirius escuchara. Aunque le rompiera el corazón. Aunque lo creyera imposible. Porque, si alguien sabía de cosas imposibles y dolorosas que un ser querido puede hacer era Regulus, y Sirius se lo había enseñado.

Así pues, tendieron una trampa. Información falsa. Una locación en la que convenientemente uno de los blancos de el señor tenebroso se iba a encontrar, pero en la que en realidad Sirius, James, Remus, Lily y Regulus iban a estar preparados para cualquier cosa. No tuvieron que esperar demasiado.

Peter apareció eventualmente, y, aunque se veía desconcertado por la presencia de sus amigos, empezó a deshacerse en explicaciones. Podría haberse salido con la suya, de no haber sido por Regulus. Regulus, que, siempre silencioso, se acercó por detrás del traidor y le susurro al oído:

-No eres el único espía.

Para luego alejarse, viendo a Peter palidecer y al resto dejarse llevar por su ira y su dolor. Si algo sabía Regulus, era que había que atesorar las constantes que la vida nos ofrecía, las cosas que nos hacían sentirnos como en casa, o la vida no tenía sentido; y Regulus iba a hacer lo que tuviera que hacer para conservar eso. Pettigrew había cometido el error de dejar ir esas cosas, y ahora estaba muerto. ¿Regulus? Él estaba en camino a cambiar el mundo. Estaba en camino de volver a hacer mortal a Voldemort. Estaba encontrando su camino a casa, sin tener que esconderse para llegar.