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Shut up.

Summary:

Tan difíciles de juntar como el agua y el aceite y tan destructivos juntos como el fuego y la pólvora. Hyungwon lo odia y, a decir verdad, los sentimientos son recíprocos de parte de Kihyun. Porque en un negocio como en el que se encuentran no se puede confiar en nadie.

Notes:

A Joha,

Feliz cumpleaños a mi INTP favorita. Gracias por los momentos que hemos compartido dónde gritamos por fotos del Hyungwon en cuero, o dónde te cuento ideas para historias y me lees con atención o me dices como complementarlas.
Con el tiempo entendí que eres del tipo de persona que vale la pena tener cerca y deseo de todo corazón que cumplas muchísimos años más para que se cumpla lo de ir a ver a MX juntas. Que la vida o el Dios en el que creas (ya sea el caso) te llene de salud, felicidad y éxito. Eres una persona con un corazón muy lindo y la verdad estoy agradecida de haberte conocido.

Sigamos creando juntas ideas tontas de historias que luego probablemente no vamos a terminar.
Esto es para ti, espero que te guste.

Gracias por todo y felices 23.
Love you, Mon. <3

Work Text:

Desde el primer momento en el que le vio entrar, Hyungwon sabía que la llegada de aquel bajito de cabellos rosas y mirada petulante no traería nada bueno al Hogar, ya bastante le había costado a él llegar a ser la mano derecha del Jefe, como para que llegase un idiota salido de una alcantarilla a querer robarse su puesto con su estúpida sonrisa linda, que hacía que Hyungwon apretase los puños y quisiera dispararle.

Simplemente no lo soportaba.

Desde la primera vez que cruzaron palabra quiso estamparlo contra la pared contigua y sacarle de la garganta ese tonito fanfarrón que usaba al hablar, como si quisiera dejarle en claro a Hyungwon que él valía más allí. La cosa era que ni siquiera fuera de los miles de hectáreas que rodeaban la hacienda que conformaba el Hogar, encontrarían a un hombre que valiera lo que Hyungwon valía considerando cuánta información sabía.

A sus 25 años, el pelinegro sabía muchísimo más que el mismo Jefe, llevando a cabo casi todas las operaciones que requerían traslado de mercancía y cobrando las deudas que la gente tenía para con ellos. Era como si tuvieran una parte del mundo bajo su propia mano y aunque al inicio, a Hyungwon le hacía sentir incómodo tener que golpear a un inútil para que pagase su mensualidad, eventualmente se reconcilió con su trabajo. Después de todo, una vez que saliera de ese pozo de aguas negras, el servicio secreto le pagaría muy bien por haber entrado encubierto desde hacía ya cinco años, cuando el Hogar comenzaba a levantarse en todo su esplendor.

Sin embargo, por más que Hyungwon soñaba con el día en que por fin pudiera largarse saliendo por la puerta grande, con el sonriente Lee Minhyuk esposado y las docenas de hombres que trabajaban para él también listos para enfrentar un juicio, nada parecía acercarlo a ese sueño. Sobre todo, considerando a la nueva "rata" que acababa de entrar a las filas.

El pelinegro solía pensar que nunca podría acostumbrarse a ver la llamativa melena rosa de Kihyun en la misma sala en la que hablarían sobre los nuevos ajustes en las tarifas y los nuevos cargamentos de mercancía que llegarían pronto. Solía pensar que, en algún momento, su bilis explotaría tan solo de ver cómo Kihyun se sentaba en las piernas de Minhyuk con descaro y éste le tomaba de la cintura mientras le escuchaba.

"Talvez si entra por Incheon…" Se detuvo, su dedo seguía la ruta que el camión con la mercancía debía de seguir. "Sería más fácil cuidar de la carga."

Hyungwon frunció el ceño. Aún no entendía a qué jugaba el peli rosa, pero en ese momento, con solo verlo allí despreocupado dando ideas absurdas que ponían en riesgo más vidas de las que uno podría estar dispuesto a perder, además de arriesgar la carga de manera innecesaria, supo que tenía que deshacerse de él.

"Aunque el camino sea más largo, Busan es nuestra mejor opción a menos que queramos enfrentarnos a la policía." Respondió el pelinegro, Kihyun le dedicó una mirada fulminante y Minhyuk le palmeó el trasero haciéndolo levantarse de su regazo.

A regañadientes, el bajito se posicionó frente al gran escritorio de madera justo a la derecha de Hyungwon quién se puso rígido en el acto.

"Aún tenemos tiempo para informar a los distribuidores de Seúl." Respondió el jefe, el cigarro que tenía en la mano fue a parar al cenicero. "Hablaré con Changkyun, si acepta distraer a la policía, Incheon será."

Hyungwon maldijo por dentro y se retiró sin siquiera pensarlo de la sala, al ver la sonrisa de triunfo de Kihyun, que mientras daba saltitos agradecía a Minhyuk aceptar su idea.

El alto siguió el pasillo que le conducía a su habitación con un semblante irritado. El peli rosa tan solo llevaba tres meses con ellos y las cosas se estaban comenzando a salir de control, el agente encubierto parecía no tener más jurisdicción en las decisiones que se tomaran en cuanto a los cargamentos y la presión que las autoridades a su cargo ejercían sobre él, había comenzado a asfixiarle.

Abrió la puerta de la habitación y sin pensarlo dos veces se adentró en ella cerrando de golpe. Tan solo quería desaparecer o que desapareciera aquel que había llegado a poner su mundo de cabeza. Sin Kihyun allí, Hyungwon estaba seguro que en unos meses hubiera podido terminar con todo. Ahora lo único que sentía era la incertidumbre de poder volver a lo que de verdad consideraba su hogar, incluso si sólo se trataba de su mejor amigo Hoseok y los sucios barrios pobres de donde siempre habían sido.

Extrañaba la simpleza y la tranquilidad que la vida de pueblo le daba, extrañaba el pacífico silencio que se respiraba en su habitación, acompañado de los ronquidos entrecortados de su amigo fisicoculturista. Pero aún más que eso, extrañaba ser él mismo, no ser un peón más en un juego de ajedrez en el que ponía en riesgo su vida cada segundo que pasaba.

Un suspiro dejó su boca en cuánto vio que recibía un nuevo mensaje, no estaba seguro de querer leerlo siquiera ante la suposición de lo que podría decir, y con las manos temblorosas se sirvió un poco de Whisky tratando de calmar los nervios.

Aquel líquido le quemó la garganta en el proceso y miró por la ventana tratando de organizar su mente.

La imagen de un feliz peli rosa dando instrucciones absurdas le atacó de inmediato. Hyungwon aún no estaba seguro, pero llegaría el momento en el que borraría a Kihyun por completo del camino y entonces podría hacer todo lo que necesitaba para poder salir de allí. Anhelaba el día en que pudiera sacarse la fachada que siempre traía y dejaría esa vida por una tranquila que siempre mereció, era inconcebible que, por culpa de un tipo como aquel, sus planes se fueran al carajo de un día para otro.

Tan pronto como la sangre comenzó a arder de nuevo en su sistema, su puño apretó el vaso de vidrio con fuerza. Tenía que salir de allí, ya. Los cinco años comenzaban a pasarle factura y sus manos manchadas de sangre eran la prueba fiel de ello.

Soltó una risa burlona. "Por Incheon, al carajo." Gritó exasperado, su mano derecha que sostenía el vaso lo lanzó con furia contra la puerta de madera de la habitación, convirtiendo la vajilla en nada más que pedazos de cristal, que si no fuese porque la puerta fue cerrada de inmediato por el intruso que trataba de visitar al pelinegro, lo hubiera matado en un instante.

"Fíjate imbécil, casi me das a mí." Escuchó de la voz arrogante de Kihyun, quien con más precaución abrió de nuevo la puerta, asomando solamente la cabeza.

"Lárgate." Profirió Hyungwon, sus manos viajaron hasta su sien y la masajeó tratando de relajarse cerrando sus ojos como reflejo del acto.

La puerta se cerró.

"¿Pudiste matarme hace unos segundos y ahora me corres?" Kihyun se había recargado contra la puerta ahora y le miraba. "Que poca consideración tienes para con alguien que solo venía a ver cómo estabas."

"Y a ti que demonios te importa el cómo esto…y." Dijo, su voz interrumpida de inmediato por la sorpresa de lo que tenía frente suyo cuando lo miró.

Había visto hombres en cualquier presentación antes. Hyungwon se consideraba lo suficientemente abierto a cualquier posibilidad que pudiera ponerse frente suyo e incluso, aquella había sido una de las principales razones por las que Minhyuk se había vuelto cercano a él. El pelinegro aún recordaba aquella noche de "iniciación" en la que el Jefe había enviado tanto a chicas como a chicos a su habitación con una sola consigna; escoge uno.

Al inicio, se había sentido tan asqueado que creyó que podría vomitar en cualquier momento, pero su entrenamiento lo había preparado para actuar como si fuese lo que Minhyuk creía que era, un bastardo que podía escoger una pareja sexual para una noche de entre las casi 20 personas, sacadas de alguno de los burdeles del Jefe, que se habían presentado a su habitación.

Aún recordaba que el chico había hecho todo el trabajo y luego de que se fuera, Hyungwon se había hecho un ovillo pensando en si había sido buena idea si quiera entrar al servicio secreto.

"Bueno cuando te fuiste parecía que querías matar a alguien, esa es suficiente excusa." Dijo Kihyun cruzándose de brazos.

El pelinegro solía pensar que había visto todo, pero ahora, con el bajito allí, llevando puesto nada más que una bata blanca de organza que exponía la única prenda que llevaba debajo y aparentaba ser tan solo un par de bóxers, parecía cambiar de opinión.

"Aún quiero matar a alguien, a ti." Respondió y volteó la mirada cuando los ojos de Kihyun notaron que le observaba de pies a cabeza. "Vete de aquí, tengo sueño."

Se quitó sin pensarlo el saco que llevaba encima y comenzó a desabotonar su camisa. Esperaba que Kihyun se rindiera en algún momento y se fuese a su habitación, pero parecía dispuesto a quedarse a admirar el show en el que Hyungwon se desvestía sin tomarlo en cuenta. Una vez los botones desaparecieron y la camisa terminó sobre una silla, el alto volteó.

"¿No te dije que te fueras?"  Inquirió en voz alta. El tono enojado ni siquiera inmutó a Kihyun quién seguía mirándole con su sonrisa socarrona.

"¿O qué? ¿Vas a sacarme a golpes?" Soltó una carcajada falsa y se acercó al pelinegro cautelosamente. "¿No prefieres seguirme mirando?"

La piel de Hyungwon se erizó tan pronto escuchó aquella voz, que siempre estaba cargada de ironía y cosas absurdas, tan llena de coqueteo y galantería. Una de las manos del bajito alcanzó su brazo y su índice comenzó a acariciar la piel que cubría sus venas sobresalientes.

"Te detesto, ¿porque habría de querer verte?" Respondió fríamente.

Su cerebro trataba de comprender qué estaba pasando y por qué sentía tantas cosquillas recorrer su sistema cada vez que el dedo de Kihyun le acariciaba. Lo que menos necesitaba era relacionarse con él, sería mucho más difícil deshacerse de él después, pero incluso con eso en mente no podía negar que el peli rosa lucía jodidamente bien.

Tragó saliva nervioso y dio un paso hacia atrás, Kihyun dio un paso hacia adelante.

"Vamos Wonnie, ¿me tienes miedo?" Su índice seguía un camino imaginario ahora que pasaba por encima de la piel de su pecho y bajaba entre sus marcados abdominales. "¿O quieres algo más de mí?"

El dedo se detuvo en la cinturilla de su pantalón y el corazón del alto se saltó un latido. Su parte racional tomó el control y detuvo la mano antes de que siquiera intentara bajar la bragueta.

"No estoy para tus juegos Yoo, dime qué quieres." Musitó con la paciencia escondida en algún rincón de la habitación, el agarre en la muñeca de Kihyun se apretó.

"Quiero lo mismo que tú."

¿Volver a casa? ¿Meter a la cárcel a Minhyuk? Hyungwon lo dudaba. Frunció el ceño mientras le observaba dudoso.

"¿Y que se supone que yo quiero?" Inquirió y afianzó aún más el agarre que prometía dejar un moretón con la forma de su mano en la muñeca de Kihyun.

El peli rosa dio un paso más cerca suyo, Hyungwon no retrocedió.

"No te engañes." Su voz se suavizó de pronto. "Los dos sabemos que una vez que Minhyuk no esté aquí, alguien tendrá que ocupar su lugar."

Con fuerza, Kihyun tiró de su propia mano liberándose de Hyungwon quién le miraba interrogante. En su mente se trazaba un nuevo plan, una nueva narrativa en la que se vería obligado a proteger al Jefe de aquel bajito de cabellos rosas.

La palma derecha del contrario lo sacó de sus pensamientos mientras le recorría el pecho, tocándole.

"No entiendo de qué hablas."

La izquierda se unió en el camino y Hyungwon reprimió un suspiro tratando de canalizar su mente en el enojo que sentía.

"Si te deshaces de él, te dejaré que seas mi mano derecha. Tendrás todo lo que quieras, dinero, joyas, nuevas rutas para vender… incluso a mí." Susurró Kihyun y pronto la distancia que había entre ambos se vio interrumpida.

La mente de Hyungwon se nubló por un segundo, los labios de Kihyun se habían acercado peligrosamente a su cuello y él, en la estupidez que tenía que reconocer, solo había atinado a tomarlo por la cintura y cerrar los ojos. La sensación tibia y húmeda de una lengua acariciando la piel por encima de su yugular, le hizo apretar el agarre en la delgada cintura ajena.

"Quiero que lo mates. No es tan difícil ¿o sí?" El aliento cálido del peli rosa golpeó su oído y le siguió un beso en la mejilla.

Hyungwon abrió los ojos saliendo del transe en el que estaba metido, las manos de Kihyun se encontraban sobre sus hombros y le miraba con una sonrisa que parecía amable. Su mente se inundó de inmediato con todas las consecuencias que la muerte del Jefe acarrearía. No estaba listo para lidiar con ello.

"¿Y si le cuento lo que acabas de decirme?" Dijo burlón, inclinó un poco su rostro dejándolo a la estatura del bajito quien parecía un tanto ofendido. "Después de todo, hace mucho que no alimentamos a los caimanes."

"En ese caso, soy el único que te lo va a pedir. Los demás vendrán y no solo matarán a Minhyuk, también a ti."

La sonrisa autosuficiente del rostro de Hyungwon se borró por completo y le soltó de inmediato.

Hizo su camino hasta el armario de caoba que había en la habitación. "Vete de aquí." Dijo, abrió el primer cajón y sacó un arma pequeña.

"Hyungwon, escúchame." Pidió Kihyun.

"Tienes tres segundos o te disparo." Se dio la vuelta armado y apuntó, el peli rosa levantó las manos. "Uno…"

Tan pronto como la puerta de la habitación se cerró estruendosamente ante la salida apresurada de Kihyun, Hyungwon soltó un suspiro.

Desde la primera vez que le vio, supo que sería un dolor de cabeza, simplemente aún no descubría de que tipo.

MX

Tres semanas.

Era todo lo que Kihyun había necesitado para metérsele por los ojos hasta los huesos. Hyungwon estaba convencido que lo que sea que Kihyun fuera no estaba demasiado lejos de un demonio.

A veces le acorralaba de la nada en mitad del pasillo, solía preguntarle si había pensado en su propuesta mientras juntaba sus pelvis y volvía a lamerle el cuello, en algunas ocasiones se atrevía a morderle, incluso dejarle marcas como chupetones que luego, un pícaro Minhyuk, cuestionaba sin pudor alguno.

En otras ocasiones solo le miraba. El pelinegro aún no entendía qué tenía esa mirada sobre él, porque incluso si estaban ocupados cada quién en lo suyo, podía sentir que Kihyun observaba sus manos y subía admirando su perfil. Más de una vez le había atrapado mirándole los labios. En otras circunstancias, el ego del pelinegro hubiera tocado el cielo tan solo de darse cuenta que un hombre tan atractivo como lo era Kihyun, le miraba de aquella forma. Sin embargo, ahora tan solo quería que el bajito desapareciera.

El alto se encontraba atrapado entre sus ganas de dispararle en la sien y su necesidad por sacarle la ropa y follarselo en cualquier esquina de la hacienda tapándole la boca para callar sus gemidos.

Como quiera que fuese, sus pensamientos siempre viajaban a la forma descarada en la que las caderas del bajito se movían cuando caminaba frente a él, como si quisiera dejarle en claro que tenía segundas intenciones. No sabía cómo defenderse cuando Kihyun, quien era más menudo que él, le atrapaba y trataba de convencerlo de mandar por la borda sus 5 años de trabajo, tan solo para que ambos se quedaran con el poder del Hogar.

Pero, así como del odio al amor hay un paso, el odio a la tensión sexual tan solo hay un respiro.

Hyungwon estaba cansado de lidiar con las erecciones que Kihyun le dejaba luego de que lo tratase de convencer una vez más, estaba cansado de sentir como aquellas manos no pasaban de tocarlo por encima de la ropa y sabía perfectamente que, incluso con su orgullo, tendría que hacer un movimiento.

"Va a entrar por Incheon, todo está preparado y me encargué de informar a los proveedores para que esperen por ustedes en la bodega." Habló Minhyuk.

El pelinegro le había dicho una y mil veces que la ruta sugerida representaba un gran peligro para todos, pero el Jefe estaba convencido de que era buena opción, y ahora los mandaría a morir en plena ciudad tratando de escoltar un camión cargado de estupefacientes. Saldrían a la madrugada, por lo que sólo les quedaba dormir un par de horas para estar listos.

"Min, en serio, ¿no quieres reconsiderarlo?" Cuestionó el alto, Minhyuk frunció el ceño.

"¿Por qué habría de hacerlo? El trato ya está, no podemos dejar pasar más tiempo. Lárguense de aquí." Soltó y el golpe que dio a la mesa hizo bufar a Hyungwon.

No podía, simplemente no podía explicarle todo lo que sabía de las otras redes de tráfico que dominaban la zona. No había forma humana posible que alguien como Hyungwon supiera ese tipo de información y lo dijera sin delatarse cómo agente encubierto.

Salieron de la sala y tomaron juntos el pasillo hacia las habitaciones, la corazonada del fracaso en la entrega estaba latente en el corazón del pelinegro.

"Es la primera vez que voy con ustedes a una entrega, no creo poder dormir." Musitó Kihyun a su lado mientras sacaba del bolsillo trasero de los jeans una cajetilla de cigarros. "¿Alguna recomendación?"

"Solo no lo arruines, si las cosas se ponen difíciles y te disparan no voy a ir corriendo por ti." Respondió frío.

"Pero entonces, no podremos festejar en tu cama el éxito de la operación." Prendió el cigarrillo y aspiró.

"Eres un idiota." La sangre de Hyungwon había comenzado a hervir y sus ganas de golpear la cara del peli rosa a su lado, aumentaban. "Ni siquiera tienes idea de cuan peligroso es esto."

"La tengo, por eso no me voy a quedar con las ganas, digo, solo por si te mueres hoy." Respondió como si nada.

Para cuando Hyungwon vino a darse cuenta, la puerta de la habitación de Kihyun se encontraba cerrada, su cuerpo estaba contra ésta y el cuerpo del bajito, sus manos le tocaban con desespero buscando a tientas el cinturón y deshaciéndose de él mientras sus labios lamían su cuello. Parecía como si se encontrara flotando en alguna especie de sueño bizarro y todo lo que podía hacer era sentir, dejarse llevar por la presión que los dedos de Kihyun ejercían alrededor de su miembro. El pelinegro cerró los ojos y dejó escapar un jadeo.

"¿Sabes que me gusta de ti?" Musitó en el bajito en el oído ajeno. "Es muy fácil manejarte."

Hyungwon abrió los ojos presa repentina de un momento de claridad y su mano derecha tomó con fuerza el rostro de Kihyun quien le miraba sorprendido, sus mejillas se aplastaban juntas formando un puchero entre los dedos índice y pulgar del pelinegro.

"¿Y sabes que odio de ti?" Dijo, su agarre de pronto se aflojó un poco tan solo para descender al cuello de Kihyun y cerrarse de nuevo. "Que nunca te callas."

El peli rosa gimió ante la sensación. "No creo que ahora quieras que me calle." Dijo entrecortado, el apretón no era lo suficientemente fuerte para cortarle la respiración. Aún.

"No creo que después de que te coja quieras seguir hablando." Y por primera vez sus labios chocaron.

Más de una vez el alto había imaginado ese momento, choques de labios tan rudos que parecían hambrientos, lenguas conociéndose por primera vez y el sabor de la menta en la boca de Kihyun. En medio del beso apretó un poco más el agarre en el cuello ajeno y sonrió al escuchar el gemido del bajito que ahora empujaba, a cómo podía, el pantalón y la ropa interior de Hyungwon hacia abajo.

Estaba mal, el pelinegro lo sabía y sin embargo no podía controlar las ganas que sentía de desvestir al contrario. Sus manos lo tomaron por los muslos y mientras su boca le besaba de nuevo, lo recostó en la gran cama de en medio de la habitación.

"Besas muy bien." Susurró Kihyun en un momento en que se separaron, sus miradas se encontraron y sus pechos agitados se encontraban a medida que respiraban.

"Cállate ya." Los dedos de Hyungwon levantaban la playera blanca que el contrario llevaba puesta y acariciaron aquella cintura que tan atractiva le parecía. "También puedo hacer otras cosas muy bien."

"No te creo, talvez si me lo demuestras." La prenda fue lanzada lejos del cuerpo del bajito y los labios de Hyungwon se cerraron contra uno de sus pezones. "Carajo." Gimió el peli rosa.

Su lengua acariciaba sin descaro la punta mientras succionaba y sus diestras manos quitaban las prendas inferiores que Kihyun llevaba encima. Pronto la vista que tenía frente suyo era digna de retratar, las manos del bajito por encima de su cabeza y sus piernas abiertas con el cuerpo de Hyungwon en medio de ellas. El pelinegro estaba convencido de que después de esto sería mil veces más difícil deshacerse de él, pero no quería parar, no tenía intenciones de hacerlo.

Mucho menos cuando las manos de Kihyun le tomaron del rostro con el único fin de besarle. Ambos estaban perdidos entre roses de pieles que no tardaron en terminar de ser completamente expuestas libres de ropa, el peli rosa giró sobre su pecho en algún momento y ahora Hyungwon besaba su espalda mientras sus uno de sus dedos lubricados entraba y salía en un ritmo tortuoso. Lo único que podía pronunciar eran gemidos y jadeos cargados de maldiciones y peticiones por más o que no se detuviera.

Los labios de Hyungwon se cerraron contra el hombro derecho del bajito dejándole un chupetón mientras añadía otro dígito al vaivén de su mano.

"Así no me molestas tanto." Murmuró y observó la piel contraria reaccionar en un escalofrío. Kihyun soltó un suspiro.

"Te detesto." Soltó, seguido de un gemido al sentir un tercer dedo, empujó sus caderas en busca de más contacto, pero la mano libre de Hyungwon le sostenía en su lugar. "Por favor."

"¿Qué quieres ahora? ¿Otra vez vas a pedirme que mate a Minhyuk?" El tono burlón y cargado de desprecio parecía generar un efecto diferente en Kihyun, quien más allá de molestarse gimoteaba en respuesta. Hyungwon estaba fascinado. "¿O es que quieres esto?

Se acercó un poco más a él, el peli rosa asintió tan pronto la erección contraria se rozó contra uno de sus glúteos. El alto río en voz baja. Nadie en su sano juicio hubiera hecho aquello con una persona que odiaba, pero Hyungwon había dejado hacía un rato, su sano juicio afuera de la habitación.

Se separó de él por un momento y le admiró, en las piernas ajenas había zonas que brillaban ante el lubricante.

"¿Wonnie?" La dulce voz de Kihyun lo trajo de vuelta a la realidad y se sentó en la cama, su espalda pegada al respaldar de ésta.

"Ven aquí." Pidió palmeando sus piernas.

A horcajadas encima de su regazo, Kihyun tomó el miembro contrario y descendió lentamente mientras Hyungwon maldecía dejando su cabeza caer hacia atrás, sus manos fijas en las suaves y blancas piernas del peli rosa, quién no tardó en comenzar a subir y bajar en un ritmo constante.

"Bésame." Demandó el pelinegro y fue entonces que Kihyun se detuvo tan solo para pasar sus brazos por encima del cuello ajeno, juntar sus pechos y al mismo tiempo sus labios en un beso.

Mismo que se vio interrumpido por un gemido ahogado cuando Hyungwon le sostuvo con firmeza y comenzó a embestirle.

Palabras sin sentido y la constante sensación caliente que invadía a Hyungwon cuando le embestía, eran todo lo que había en la habitación. Sus pieles sudorosas se rozaban y en medio de sus cuerpos el miembro desatendido de Kihyun, se veía preso.

"Hyungwon…" Profirió el bajito con el corazón desbocado, su rostro escondido en hueco del cuello ajeno. "Wonnie…"

"Shh, lo sé." Respondió, una de sus manos se deslizó entre ambos cuerpos y tomó la erección del bajito comenzando a acariciarle. "Córrete, por primera vez en mucho tiempo estaré encantado de escucharte."

Unos cuantos roces más, unas cuantas embestidas más y se convirtieron en un montón de murmullos sin sentido, pegajosos, con la mano del alto cubierta del contrario y los glúteos de Kihyun de la misma forma.

De pronto el silencio invadió la habitación como un intruso que no había sido invitado o si quiera contemplado en las invitaciones, sus corazones se escuchaban y la tarde parecía comenzar a caer. El cuerpo de Kihyun se sentía cada vez más pesado sobre el del pelinegro por lo que éste último simplemente se deslizó hasta quedar completamente acostado, aun teniéndolo encima. El peli rosa se acurrucó aún más.

"¿Kihyun?" Preguntó Hyungwon. "Maldita sea, esto no…"

"Si te atreves a decir que esto no debió pasar, juro por mi madre que te voy a disparar en la frente." Respondió de inmediato.

Hyungwon soltó una risa suave, tranquila. Si bien la realidad le había golpeado haciéndolo entender el error que había cometido, no sé arrepentía en absoluto. Incluso si aún sentía cierto desprecio y resentimiento para con el contrario.

"Digo, esto no debería de terminar así, vamos a darnos un baño." Se corrigió. Kihyun levantó el rostro sonriente.

"Llévame."

"Eres insoportable."

Y sin embargo se levantó con él en brazos.

MX

Después del éxito en la operación del traslado en Incheon y de que Kihyun le repitiera más de veinte veces al pelinegro que él siempre tenía la razón, Hyungwon se dio por vencido y lo aceptó.

Le exasperaba tener que escuchar al peli rosa fanfarronear sobre que tan bien les había ido pese al mal carácter del alto. Minhyuk les había felicitado y aunque parecía un tanto consternado al verlos tan juntos, no les cuestionó nada.

Sobre todo, teniendo en consideración lo adicto que parecía Kihyun al contacto físico.

Tan pronto como los días comenzaron a avanzar, tomaba al pelinegro de la mano o le robaba besos cuando podía. En ocasiones podían simplemente estar acostados mirando el techo de la habitación, sus manos enlazadas en medio de sus cuerpos y Hyungwon se sentía bien. Extrañamente bien.

No podía ponerle nombre a lo que empezaba a sentir cada vez que Kihyun lo llamaba lindo, porque muy en el fondo aún quería decirle que era un insensato. Aún lo estresaba de maneras inimaginables, pero se conformaba con desquitarse por las noches, cuando Kihyun le pedía que no se detuviera.

Muy por dentro de sí, Hyungwon sabía que Kihyun era la raíz de dos problemas aún más grandes que el mismo océano Pacífico.

El primero de ellos era que, según la agencia, Kihyun era nadie más y nadie menos que el jefe de una mafia aún más poderosa que el mismo Hogar.

Y el segundo, ambos se estaban enamorando.