Actions

Work Header

Toys "R" Us

Summary:

Cuando Harry va a Toys "R" Us en busca de un regalo para su sobrina jamás habría esperado encontrarse con Louis, un chico que trabaja en la tienda y lo encandila desde el primer momento.

Notes:

HarryTops! LouisBottom!

Work Text:

NARRA LOUIS

Mi nombre es Louis Tomlinson. Soy un chico normal de 24 años al que le gusta pasar el tiempo con su familia y amigos, leer, escuchar música e incluso cocinar, aunque no se me dé del todo bien. Mi vida nunca ha sido emocionante, caótica o divertida, simplemente una vida rutinaria, aburrida y normal. Se podría decir que la palabra que mejor me define es "normal". No soy ni alto ni bajo -normal-; ni gordo ni flaco -normal-; ni feo ni guapo -normal-; ni tímido ni extrovertido -normal-... Creo que no hace falta que siga. Lo único que no era normal era el color de mis ojos, un azul cielo intenso y precioso. Estaba orgulloso de ello, sí señor.

Volviendo a mi vida, normal cómo no, trabajo en la mundialmente conocida tienda de juguetes Toys "R" Us como dependiente. Mi jefa me ha dicho que si sigo así me ascenderá a encargado. Todo un logro. Cumplo con todos mis turnos sin excepción, no me gusta faltar en mis obligaciones, ya sean ir a trabajar, sacar al perro, cuidar de mis hermanas... Como veréis, soy un chico bastante responsable, no me gusta llamar la atención ni que la gente se fije en mí. Tengo amigos, por supuesto, no soy antisocial, simplemente no soy de esas personas que necesitan que la Tierra gire entorno a ellas. Otra cosa que no me gusta es la gente egocéntrica e hipócrita. No los soporto. Tengo una especie de radar para clasificar a las personas, e intento evitar cualquier tipo de contacto con las que no me llevo bien.

Bueno, estaréis pensando: "¿Y por qué nos cuenta todo esto? ¿A quién le importa?" Tenéis razón, pero si no os importara no habrías llegado a leer esto.

Os he contado todo eso para poneros un poco en situación. Habéis podido comprobar, y más de una vez, que mi vida no tiene nada de especial. O no lo tenía hasta que él entró por la puerta de la tienda.

Él. Harry Styles. Un chico que irradiaba egocentrismo por los poros, con una sonrisa ladeada de "observadme, soy irresistible". Normalmente, este es el tipo de persona que intento evitar, pero con Harry pasó algo extraño. Esa palabra aún no existía en mi diccionario. Él era todo lo contrario a mí: extrovertido, con ganas de comerse el mundo, todo el mundo le prestaba atención y él lo disfrutaba, aventurero y, sobre todo, su vida no se podía clasificar de "normal".

Cuando entró se dirigió al mostrador y le dijo algo a mi compañera con una sonrisa coqueta. Yo rodé los ojos y seguí colocando en la estantería los juguetes que habían traído. Por curiosidad, volví a echar un vistazo al misterioso chico cuyo nombre no conocía aún y pude ver como me observaba mientras la chica del mostrador, de cuyo nombre no me acordaba, me señalaba y le decía algo. Se despidió de ella guiñándole un ojo y se acercó a mí. Sin saber por qué, las manos comenzaron a sudarme y la respiración se me agitó. Me di una bofetada mentalmente y me tranquilicé. Vale, el chico era guapo, más que eso, pero podía dominar la situación. O eso creía yo. Se detuvo a mi lado con una sonrisa y me observó detenidamente. Yo seguía con mi emocionante labor de colocar juguetes en una estantería y no le presté atención. Su mirada comenzaba a incomodarme y aclaré mi garganta disimuladamente antes de preguntar:

-¿Puedo ayudarle en algo?

Su sonrisa se amplió más cuando respondió:- La verdad es que necesito tu ayuda, mmm... Louis -leyó en mi placa.

Dios, su voz era la más ronca y sexy que había oído jamás. Ah, sí, se me había olvidado comentaros una cosa: soy abiertamente gay y estoy orgulloso de serlo. Sobre todo cuando se te aparece un dios como el que tenía delante en esos momentos. Volviendo al día que cambió por completo mi vida. Había dicho que necesitaba mi ayuda.

-Usted dirá, señor... -dejé la frase en el aire para que la completara.

-Styles, pero llámame Harry -añadió-. Ah, y tutéame, por favor.

Asentí a su petición e intenté no rodar los ojos ante su actitud chulesca.

-¿Qué has venido a buscar, Harry? -me pareció ver que se estremecía cuando dije su nombre, pero eso solo pasaba en las novelas y mi vida no era una de ellas.

-Verás, Louis. Mañana es el cumpleaños de mi sobrina y como padrino suyo tengo que hacerle el mejor regalo.

Vaya, resultaba que Harry tenía un lado sensible y familiar. Eso me conmovió un poco. Nada, una pizca, no vayamos a pensar que me derretí ahí mismo. Bueno, tal vez un poco sí.

-De acuerdo, ¿cuántos años tiene tu sobrina? -pregunté de la forma más profesional que pude. La verdad era que había algo en Harry que me llamaba demasiado la atención. Era algo que no había experimentado jamás y era... raro.

-Tiene cinco años -respondió con un brillo en los ojos y curvando su boca involuntariamente.

-Debe ser estupenda -me atreví a comentar devolviéndole la sonrisa sin poder evitarlo. Asintió convencido-. Bien, pues. Busquemos el regalo perfecto para tu sobrina.

De cada vez me sentía más tranquilo con él y empecé a ser yo mismo. Le indiqué con un movimiento de cabeza que me siguiera y lo llevé a la sección de peluches. A todo el mundo le encantaban los peluches.

-¿Qué te parece un osito gigante o este perrito tan mono? -cogí un labrador blanco de la estantería y lo acerqué a mi rostro mientras sonreía.

-Son preciosos y a ella le vuelven loca, pero es alérgica. Peluches no, gracias -dijo con el ceño fruncido. Se notaba en su cara que se preocupaba por ella.

-Está bien, nada de peluches. Sígueme -ordené con energía. Creí escuchar un "Es un placer" por su parte pero descarté la posibilidad-. Estas Barbies son el último modelo. Vienen con todo incluido: ropa, accesorios... ¿Qué opinas?

-Mmm... No creo que sea buena idea -se llevó una mano a la barbilla-. La última vez que le regalaron una muñeca la encontré arrancándole un brazo. Cuando le pedí qué hacía me respondió: "Tío Harry, Barbie ha tenido un accidente y le hemos tenido que amputar el brazo. Su vida corría peligro". Le tengo dicho a Gemma, mi hermana, que no le deje ver Anatomía de Grey, pero no me hace caso -negó con la cabeza y yo solté una carcajada. Harry sonrió al oírme reír-. Me gusta tu risa. Es bonita.

Sonrojado, bajé la cabeza y me miré los pies. Me recuperé de su comentario y pensé qué más se le podía regalar a una niña de 5 años a la que le gusta amputar miembros a las Barbies.

-Nada de muñecas, entonces. ¿Qué te parece uno de esos juegos para el desarrollo mental? Podríamos encontrar uno para su edad.

-Es una niña inteligente. Podría funcionar.

Emocionado por haber encontrado algo que le gustaba me di la vuelta con demasiado ímpetu. Harry estaba más cerca de lo que pensaba y, sin querer, le di un cabezazo en la boca. Era bastante más alto que yo, casi me sacaba una cabeza.

-¡Oh, Dios mío! -exclamé llevándome una mano a la boca-. Lo siento mucho, Harry. No ha sido a propósito. ¡Lo juro!

-Tranquilo, Louis -dijo con un dedo en su labio inferior-. Sé que ha sido un accidente. No es nada -se quedó mirando mi mueca de preocupación y añadió-, aunque un beso sanador no le va mal a nadie. ¿No crees?

En situaciones normales lo hubiera mandado a la mierda. ¡Por favor, era un completo desconocido! Sabía más cosas acerca de su sobrina que de él. Pero algo en mí me empujó a acercar mi rostro al suyo.

-Lo siento -susurré cerca de su boca antes de rozar sus labios con los míos. Me separé deprisa y observé su expresión. Parecía aturdido, fuera de lugar.

-Disculpas aceptadas -sonrió después de recomponerse de lo que fuera que le había sucedido.

Algo incómodo me dirigí a la enorme estantería de juegos de inteligencia y coloqué la escalera pegada a ella para poder subirme.

-Los juegos de menores de seis años están aquí -anuncié mientras escalaba para llegar a la altura de las cajas. Se oyó a Harry decir "Oh, Dios" pero hice caso omiso. Comencé a rebuscar en los estantes, apartando cajas y más cajas para encontrar el que buscaba-. ¡Aquí está!

Lo agarré y doblé el brazo hacia atrás para sacarlo de la estantería. Todo pasó muy deprisa. Mi codo golpeó la caja de la primera fila. La caja voló por los aires. Aterrizó en la cabeza de Harry. Ninguno de los dos reaccionó a tiempo.

-¡Auch! -se quejó. No me lo podía creer. Era la segunda vez que golpeaba a Harry.

-Lo siento. Lo siento. Lo siento. Lo siento -repetía una y otra vez mientras bajaba de la escalera e intentaba mirar si el golpe había sido muy fuerte.

-Tranquilo, Louis -dijo con voz suave-. No es nada.

-¡Oh, Dios, estás sangrando! -exclamé escandalizado-. Ven, vamos, tenemos un botiquín en la sala de empleados.

Sin dejar que replicara, lo agarré de la mano y lo arrastré entre las estanterías hasta llegar a nuestro destino. En la sala había un pequeño baño, exclusivo para empleados, y lo metí a empujones dentro mientras agarraba el botiquín. Había una pequeña encimera dónde me senté con las piernas cruzadas como si fuera un indio. Lo acerqué a mí mientras con una mano abría el botiquín y sacaba gasas, alcohol, tiritas y grapas. Harry apoyó su cadera en la encimera justo delante de mí y me miró sonriendo.

-¿Por qué te ríes? -inquirí medio indignado-. ¡Te acabo de abrir la cabeza!

-No seas exagerado, Louis -rodó los ojos-. Y me parece muy tierno que te preocupes por mí de esta manera -sonrojado, bajé la mirada y abrí con lentitud el paquete de gasas-. Anda -rió al ver mi expresión-, cúrame si no quieres que muera desangrado.

Lo miré con cara de pocos amigos por el comentario y puse un poco de alcohol en una gasa doblada por la mitad. Con suavidad presioné la herida para limpiarla. Harry se quejó cuando el material tocó su piel y yo soplé suavemente para intentar aliviar el escozor del alcohol. El rizado no paraba de mirarme fijamente mientras limpiaba con cuidado su herida. Al final no había sido para tanto. Con una tirita estaría arreglado. Dejé la gasa con un poco de sangre de Harry en el lavabo y abrí el envoltorio de la tirita. Se la coloqué con cuidado y deslicé mis dedos sobre ella para asegurarme de que se pegara bien. Cuando terminé, dirigí mi vista a los ojos de Harry, que no se habían perdido ni uno solo de mis movimientos.

-¿Qué? -pregunté sonriendo sin entender el significado de su mirada.

Sin responder, colocó mis piernas con sus manos una a cada lado de sus caderas y colgando de la encimera. Con las palmas en mi espalda baja, me acercó a él. No apartó la vista. No dijo nada. Simplemente, se acercó lentamente y me besó. Fue tan dulce que me dejó embobado y sin poder reaccionar. Se separó al no sentir cómo le correspondía.

-El beso de antes me había dejado con ganas de más -explicó. A mí me daba igual por qué me había besado. Solo quería que lo hiciera otra vez-. Lo siento si no te lo esperabas o si te ha resultado incómodo, yo so-...

Me pareció raro que Harry se disculpara por besar a alguien, no parecía ese tipo de chico. Bueno, la razón de que no terminara de hablar era que yo me había aproximado a él para volver a juntar nuestras bocas. Harry acariciaba mis rodillas y yo jugueteaba con su camiseta mientras nos besábamos lenta y apasionadamente. Besar a un chico como Harry no era para nada "normal". Dios, era la sensación más maravillosa que había experimentado jamás.

Pronto, o tarde, no lo sabía ya que no tenía ni idea de cuánto tiempo habíamos pasado besándonos, la intensidad aumentó. Le agarré por la nuca para profundizar el beso y él sujetó con firmeza mis muslos para estirarme hacia él. Sus actos provocaron que nuestras caderas se pegaran, haciéndonos gemir ligeramente. Temblorosamente, metí mis manos debajo la camiseta de Harry para acariciar sus bien marcadas abdominales. Al sentir mis dedos en su piel, suspiró mi nombre y apretó mis nalgas. Lentamente, le quité la camiseta y la dejé al lado del botiquín, que seguía abierto junto a mí. Nos miramos a los ojos y nos sonreímos antes de volver a besarnos. Harry me desnudó por completo antes de que yo me deshiciera de sus pantalones y bóxers. Estaba alucinando. Estaba a punto de tener relaciones en el baño de mi trabajo. Con un chico que a penas conocía pero que me volvía loco. Esto se salía por completo de mi rutina. El rizado me colocó en posición y me besó antes de presionar la punta de su miembro en mi entrada.

-¿Estás seguro de esto, Louis? -se aseguró antes de ir más allá.

-Más seguro de lo que he estado en mi vida, Harry -asentí con emoción.

Con una sonrisa, el rizado se fue adentrando en mi interior con cuidado. Jadeé entrecortadamente. Era grande y hacía tiempo que no había tenido relaciones, así que le costó entrar. Cuando sus caderas tocaron mis nalgas gemimos los dos. Harry me besó apasionadamente antes de comenzar a moverse lentamente. Intentábamos ser lo más silenciosos posible, para que no nos pillara nadie. Mientras yo intentaba reprimir mis gemidos, Harry soltaba largos suspiros y me besaba de vez en cuando.

-Ohh... Harry... -susurraba con la cabeza echada hacia atrás.

-Shhh... No querrás que nos descubran, ¿verdad, Lou? -abrí los ojos, que había cerrado por el placer que me consumía, al oír cómo me había llamado.

-N-no -tartamudeé mordiéndome el labio inferior.

-Buen chico -premió Harry aumentando la fuerza de los empujes, pero no la velocidad.

Sinceramente, había creído que Harry era el tipo de chico que lo hacía deprisa, con ansia y frenesí, con dureza. Pero aquí estaba, embistiendo fuerte, sí, pero con tranquilidad, como si no tuviera prisa por terminar. Apoyó su cabeza en mi hombro y comenzó a besar la curva de mi cuello. Aquello me volvió loco. Mis jadeos fueron en aumento y el chico tuvo que besarme para intentar amortiguar el sonido que salía sin control de entre mis labios. Su lengua se hizo paso para encontrarse con la mía y ese fue nuestro fin. El rizado comenzó a embestir con mucha más fuerza y un poco más deprisa, aumentando el placer de ambos, ya que en cada empuje tocaba mi próstata.

-Ah... Hazza... Así... -gemía bajito, comenzando a sentir esa conocida sensación.

-Me encanta cuando gimes mi nombre, Louis -gruñó en mi oído, apretando sus dedos alrededor de mis caderas.

-Ohhh... Harry... Es-estoy cerca... ahhh -mis caderas acompañaron los movimientos del oji-verde, provocando que se oyera con más claridad el sonido de sus testículos chocando con mis nalgas.

-Eso es, Lou -no podía parar de gruñir-. Córrete para mí, pequeño.

Eso fue suficiente para que comenzara a disparar sobre nuestros vientres. Entre lágrimas de placer pude ver cómo la expresión de Harry cambiaba y noté que él se venía en mi interior. Cuando nos hubimos recuperado del orgasmo, salió con cuidado de mí y me besó tiernamente.

-Ha sido maravilloso -comentó con una sonrisa-. Espero que hayas disfrutado tanto como lo he hecho yo.

Le puse de cara de: "¿Y tú qué crees?", a lo que él rió y nos vestimos en silencio. Recogí el botiquín, que había quedado olvidado, y besé sobre su herida con cuidado de no hacerle daño. Me ayudó a bajar de la encimera y antes de salir del baño me cogió la cara con suavidad. Acercó su rostro al mío lentamente y me besó larga y tiernamente. Coloqué el botiquín en su sitio y escuché a Harry despedirse.

-Adiós, Lou -me giré y observé una hermosa sonrisa en su expresión-. Espero volver a verte pronto.

-Adiós, Hazza -asentí sonriendo también.

NARRA HARRY

Cuando llegué a mi casa, sonriendo como un estúpido, me di cuenta de que no había comprado nada para Sophie. Eso significaba que mañana tendría que volver y comprarle algo. Una parte de mí esperaba no volver a ver a Louis. Lo que había sentido al verle por primera vez no lo había sentido en la vida. La manera en que se me aceleró el pulso al oírle decir mi nombre o aquel simple roce de labios en el pasillo de la tienda me asustaba. ¿Era posible que me hubiera enamorado de Louis? Ni hablar, yo era Harry Styles, nunca me enamoraba. Yo no sentía nada por las personas, excepto por mi familia, claro. Yo utilizaba a las personas por mi propio placer. Me las tiraba y si me había gustado más de lo normal, repetía, sino, no volvía a saber nada de ellas. Pero algo en mi interior me decía que no podía dejar a Louis. Con él todo había sido diferente. Sus besos, sus caricias, sus gemidos, la manera con la que decía mi nombre... Todo, absolutamente todo de él me había encantado. Por eso, otra parte de mí, y esta era más grande que la anterior, quería, no, necesitaba desesperadamente volver a verle.

Decidí no darle muchas vueltas, no quería confundirme más de lo que ya estaba. Mañana por la mañana iría a comprar el regalo para mi Sophie. Si me encontraba a Louis le saludaría educadamente y listo, y si no me lo encontraba no me preocuparía por nada. Satisfecho con mi plan, fui a correr durante un par de horas para intentar despejar mi mente. Fue imposible. Miles de imágenes de Louis se aparecían en mi mente, recordándome el color de sus ojos, el sonido de su voz, de su risa, de sus gemidos, el olor y tacto de su piel, sus cabellos... Un poco enfadado conmigo mismo por no poder olvidar a un simple chico, porque era eso lo que era, ¿no?, un chico cualquiera que había conocido en una tienda. Un chico que me había hecho sentir un montón de cosas que jamás nadie había conseguido. Me había hecho sentir vivo. Volví a mi casa y me duché. Intentando ya bastante molesto sacarme a Louis de la cabeza, me metí en la cama y pretendí dormir hasta la mañana siguiente.

Soñé con él. Con su risa, su mirada y sus labios. Soñé que estábamos en un parque, tumbados en la hierba. Soñé que él estaba apoyado en mi pecho y yo le abrazaba. Soñé que me acariciaba con sus dedos y a mí me encantaba la sensación. Soñé que le quería.

Me desperté jadeante y más confundido que nunca. Miré el reloj de la mesita de noche y marcaba las 07:28 de la mañana. Decidí salir a correr a esa hora para que me diera tiempo a ducharme y vestirme adecuadamente para presentarme de nuevo ante Louis, ehm... en la tienda donde trabajaba Louis. Eso era lo que quería decir. Corrí durante una hora y media, me duché lentamente y me vestí con más parsimonia todavía. No era que estuviera retardando el momento de ir a comprar el regalo, ni mucho menos. Solo quería tomarme mi tiempo, eso era. Al menos de eso me intentaba convencer. Mientras aparcaba en el parking de la tienda, las manos me temblaban y las tripas se me revolvían. Intenté tranquilizar mis nervios. Era absurdo. Al cruzar la puerta mi mente no paraba de preguntar: "¿ Y si está? No, peor. ¿Y si no está?" La respuesta a esas preguntas apareció ante mí cuando me paré delante el mostrador. Ahí estaba, con su uniforme que le quedaba malditamente bien, atendiendo con una sonrisa a un chico que le miraba lascivamente. Las ganas de ir y partirle la cara al chulo ese no faltaron. Pero una pregunta cruzó por mi cabeza como un rayo. ¿ Y si lo de ayer lo hacía con todos los clientes que se le cruzaban? Un miedo irracional me recorrió de arriba abajo. Dispuesto a aclarar el asunto, me acerqué a ellos disimuladamente y escuché escondido lo que hablaban.

-Y... Louis -llamó el cabrón que intentaba robarme a mi hombre-. ¿Te apetecería que saliéramos un rato y disfrutáramos tú y yo juntos? -se acercó demasiado a él y colocó una mano en su cadera. Como no la quitara en dos segundos se la arrancaría de un mordisco. En esos momentos me di cuenta de que estaba celoso. De que no quería que nadie le tocara, le mirara o se le acercara. Impaciente, esperé la respuesta del chico.

-Lo siento -alejó su mano educadamente y añadió-, pero tengo novio.

¿Novio? Louis no había mencionado ningún novio.

-Él no tiene por qué enterarse -replicó acorralando a Louis en la estantería. En esos momentos decidí actuar.

-¿Lou? -pregunté avanzando hacia ellos con el ceño fruncido y estirándome para intimidar.

-¿Harry? -Louis pareció sorprendido al verme allí, de brazos cruzados y con una ceja levantada- ¿Qué haces aquí?

-He venido a verte -le contesté con una sonrisa. Automáticamente me la devolvió y me giré para mirar con cara de pocos amigos al chaval-. ¿Puedes apartar tus sucias manos de MI chico? Gracias -espeté sarcásticamente.

-¿Es este idiota tu novio? -preguntó el capullo. Avancé un paso para partirle la cara pero al moverse Louis me detuvo. Salió del agarre del otro y se acercó a mí.

-Sí -respondió besando suavemente mis labios-. Hola, Hazz.

Acerqué mi rostro al suyo mientras lo agarraba por las caderas y le besé largamente y con pasión.

-Hola, pequeño -sonreí sin soltarle, esperando a que el chico se fuera.

Cuando desapareció de nuestra vista, le solté y me alejé dos pasos. Louis me miró mientras me alejaba y frunció el ceño. Bajé la cabeza para evitar sus ojos azules y observé con atención mis zapatos.

-Gracias por lo de antes -dijo un poco molesto. Levanté mi cabeza al oír su tono de voz y lo vi mirando hacia un lado. Cuando sus ojos conectaron con los míos asentí a su agradecimiento. Un silencio incómodo se instaló entre nosotros.

-Ayer... -carraspeé para aclararme la garganta antes de seguir-, ayer no comentaste nada acerca de un novio.

Louis rió secamente:- No hay ningún novio -informó con brusquedad-. Era para deshacerme del tío.

Me alegró saber que no había querido deshacerse de mí. Una sonrisa estúpida se instaló en mi rostro. Iba a acercarme para besarle otra vez cuando el chico dijo:- ¿Qué que trae por aquí? Y no me digas que venías a verme porque no me lo trago.

Sus palabras me afectaron más de lo que deberían, pero decidí pasarlas por alto. No sabía qué le pasaba a Louis, solo quería que volviera el Louis de ayer.

-Bueno, en realidad ayer no compré el regalo de mi sobrina -reí un poco-. Alguien me despistó.

Me miró ante mi acusación y sonreí. Tímidamente comenzaron a elevarse las comisuras de sus labios. Antes de que me abalanzara sobre él, le pedí que me condujera a una sección específica: los juegos de mesa. Había decidido comprarle el juego de "Operación", ese en el que tienes que sacar órganos y cosas de un cuerpo sin que suene la bocina porque has tocado uno de los bordes. Louis se detuvo en una estantería y la contempló, buscando lo que le había pedido.

Sin poder aguantar por volver a tocarle, me posicioné detrás suyo y rodeé su cintura con mis brazos.

-Ayer estuve pensando toda la tarde en ti -susurré en su cuello, para después comenzar a besarlo.

-Harry... -se quejó Louis-, estoy trabajando.

-Ayer también estabas trabajando -repliqué mientras succionaba el punto en el que se unían su cuello y su hombro. Tumbó la cabeza hacia un lado para darme mayor accesibilidad y sonreí satisfecho. Vi como un bulto se comenzaba a formar en sus pantalones. Di gracias a Dios de que estuviéramos en un rincón apartado de la tienda. Bajé mi mano por su abdomen hasta llegar a su entrepierna y la apreté.

-Harry... -gimió Louis al sentir mi mano.

Con la palma presioné mientras hacía movimientos circulares sobre sus pantalones. Fui recorriendo su cuello con mis labios hasta llegar a su oreja, y me entretuve lamiendo su lóbulo. Louis movía sus caderas, buscando más fricción, y haciendo que mi miembro se despertara contento al tener su espectacular trasero pegado a él. El chico se mordía los labios, logrando que ningún sonido saliera de ellos. Un poco decepcionado, ya que anhelaba volver a oír sus gemidos, intensifiqué los movimientos de mi mano sobre él. Al cabo de unos cinco minutos, Louis se corrió apoyando su cabeza en mi hombro. Sin decir nada, se giró y se arrodilló ante mí. Sabía lo que iba a hacer, pero no quería que lo hiciera. Lo levanté con cuidado. Me miró sin entender.

-Tú no te has corrido -espetó duramente. No le reconocía. No era el mismo chico que ayer.

-No quiero correrme -negué. Él miró mis pantalones y alzó una ceja al ver un gran bulto en ellos.

-Bueno -se encogió de hombros-, si no quieres correrte coge el estúpido juego y vete -no entendía a qué venía aquella actitud-. Ya has conseguido lo que querías. Un buen polvo, fácil y rápido. ¿Verdad?

Así que era aquello lo que le pasaba. Creía que para mí él no era más que un aquí te pillo aquí te mato. No podía culparle, yo mismo lo había creído. Pero aquella mañana, después de verle con aquel chico supe que me equivocaba.

-En realidad -contradije un poco dolido por sus palabras-, quería algo más.

-No estoy para juegos, Harry. Por favor, vete -su petición fue como una puñalada en mi corazón.

-Louis -llamé. El chico no me miró-. Louis -giré su cabeza y agarré su rostro con mis manos para evitar que se apartara-, ayer me hiciste sentir cosas que nunca nadie me había hecho sentir. Ayer experimenté lo que era el verdadero placer. Ayer me hiciste sentir vivo -mis palabras eran suaves, provocando que sus hermosos ojos azules se cristalizaran-. Al principio no sabía de qué se trataba, pero ahora lo tengo clarísimo. Y lo quiero, Louis. Quiero más.

-¿A-a qué te refieres, Harry? -un nudo se había formado en su garganta, pude notarlo.

-Quiero intentarlo. Tú y yo. Juntos. ¿Qué me dices? ¿Aceptas?

-¿Me estás pidiendo una cita? -el asombro en su expresión me sorprendió. No se lo esperaba pero, ¿por qué?

- No -su rostro se ensombreció-. Te estoy pidiendo salir. Muchas citas. Tú y yo solos. ¿Y bien?

Me agarró por la nuca y me besó con fuerza. Saltó para rodear mis caderas con sus piernas y yo apreté sus nalgas, haciendo que gimiera en el beso. Dios, cómo había echado de menos ese sonido. Apoyé su espalda en la estantería y me aparté.

-¿Responde eso a tu pregunta? -sonrió con un brillo en sus ojos.

Felizmente volví a besarle con más fuerza, rozando nuestras entrepiernas, haciendo que gimiéramos esta vez más fuerte.

-¡Louis Tomlinson! ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! -chilló una voz a nuestras espaldas. Supuse que era su jefe. Sin bajarse de mis caderas, Louis respondió:

-Estaba a punto de tener sexo con mi novio en esta estantería. O quizás en la escalera. ¿Tú qué opinas, Hazz? -preguntó como si en realidad se estuviera planteando la posibilidad.

-Mmm... -murmuré siguiéndole el juego-. La escalera me gusta, la verdad.

Louis me besó y yo nos conduje a la escalera.

-¡Por el amor de Dios! -exclamó su jefe-. ¡Estás despedido!

Series this work belongs to: