Chapter Text
Un segundo estaba con sus hermanos en un teatro destrozado, con la luna cerniéndose sobre el mundo, buscando como huir del apocalipsis que ellos mismos habían creado, cuando trataron de evitarlo y al segundo siguiente se vio envuelto en un azul electrizante que le ponía todos los vellos del cuerpo en punta; para luego, ser lanzado de espaldas contra un contenedor de basura metálico que se aboyo bajo su peso, con un sonido que le ensordeció durante unos segundos. Un gruñido abandonó sus labios, aunque este fue mas de asombro que de dolor.
La lluvia que lo bañaba fue lo que despejo dicho asombro. Una vez que consiguió bajarse de la chatarra que ahora era el antiguo contenedor, fijo su mirada en aquella luz, que suspendida a varios metros sobre su cabeza seguía chisporroteando y ondulándose de manera inestable. Durante un momento la dicha lo embargo.
¡Funciono!, Cinco lo había logrado.
Pero mientras más pasaba el tiempo, menor era la dicha y mayor era el temor. ¿Dónde estaba el resto de sus hermanos?, ¿Por qué el se halló solo en aquel callejón lúgubre y con el sonido de la lluvia y aquella mancha azul como únicos compañeros?
No había pasado ni un minuto y ya se encontró extraño el peso de su hermana Vanya en sus brazos.
—¡Diego! —, se encontró gritando, cuando se dio cuenta de lo que estaba pasando.
No. Por favor, no otra vez.
No puedo volver a estar solo.
Supo que algo había salido mal, cuando la luz azul de su hermano Cinco comenzó a atenuarse.
—¡Cinco!—, grito, mitad en reclamo y mitad en suplica. Dio unos cuantos pasos más cerca del portal que comenzaba a desdibujarse en los bordes. El terror se formó con rapidez en su amplio pecho y le debilito las rodillas con un sentimiento de entumecimiento. La lluvia aumentaba y le caía pesada en las mejillas, mas si estas al llegar a sus labios le sabían a sal, no había nadie que pudiera ser testigo de ello. Porque estaba solo. Como lo había estado esos últimos 4 años en la luna. Sin papá, sin Grace, ni Pogo. Como lo había estado desde los 17 años. Sin su hermano diego que cuidaba y se cernía sobre su espalda con la misma cantidad de pasión, sin Klaus llenando los incomodos silencios. Sin Allison y su radiante sonrisa.
Alison.
Alison.
Alison.
Allison fue el siguiente nombre que abandono sus labios.
El portal apenas si era una lucecita de luciérnaga en el basto cielo. Una lucecita como aquellas que le encantaban a su hermano Klaus cuando era niño y que por muchos años adornaron la cabecera de su cama.
Cuando aquella pequeña chispa azul estaba a nada de apagarse como lo hicieron las luces en el cuarto de Klaus, cuando este abandono la casa y no hubo nadie mas que las prendiera; una fuerza de vitalidad la reanimo. Y el sonido electrizante que siempre acompañaba los saltos de su hermano Cinco retumbo en el callejón, alejando con él, los zumbidos negativos que giraban y se enredaban en su mente.
Una figura revestida en cuero y ropa negra, cayó del cielo, justo enfrente de él, con una elegancia casi felina. Y tras de él, el portal se cerró sin mucha ceremonia.
—Diego—, porque por supuesto que era Diego.
Diego, el que lo seguiría en todo, (Excepto en aquellos solitarios años en la luna, cuando recientemente te convertiste en un monstruo. Ni siquiera Diego hubiera sido capaz de soportar mirarte en aquellos ayeres. Aun no sé cómo siquiera él y el resto pueden mirarte ahora), dejando como siempre solo un pequeño margue de ventaja entre ellos. Su número dos era por supuesto de entre todos sus hermanos el que lo seguiría incluso a través del tiempo, ya sea por competitividad o por algo más.
Una mirada de chocolate, fue todo lo que recibió como saludo. Cuando Diego se reincorporó en toda su altura, logró sentir incluso atreverse de sus pesadas y empapadas capas de ropa, lo cálido que aun estaba el cuerpo de su hermano, aunque eso no duraría mucho, no bajo la lluvia fría.
—Y ¿Los demás? —, la ceja con el corte, se alzó ligeramente. Vio como las pestañas caídas de su hermano retenían pequeñas gotitas de lluvia por mirarlo hacia arriba, sin nada que cubriera su rostro de las húmedas caricias.
—Al parecer algo salió mal y Cinco no logro transportarnos a todos juntos—, se rasco con incomodidad el cuello. Una parte de él, oscura y pesimista, le susurraba posibilidades donde el resto de sus hermanos no lo habían logrado. Las náuseas le inundaron a medida que los susurros en su mente se hacían más fuertes.
—Estarán bien—, su hermano no afirmo ni pregunto. Tampoco se lo dijo a si mismo o a Luther, pero esa frase ayudo a calmar el molesto murmullo en su cabeza y soltó el nudo en su pecho —Bueno, grandulón. Por este momento somos tu y yo—, el hombre mas pequeño le palmeo el brazo a la altura del codo. Si él se alejó de esa mano como si le quemara, Diego no lo registró; de la misma forma que el no registro la ardiente mirada de su hermano sobre él, ni la forma en que apretó los puños hasta dejar sus nudillos blancos.
Lo miro pasar a un lado de el. —Vamos hombre—, le escucho llamar cuando no lo siguió—.
—¿Qué haces?, Tenemos que esperarlos—.
—No con esta jodida lluvia—, lo vio pararse en la entrada del callejón, frotando con dramatismo las largas mangas de su camisa negra. —El portal no está y debemos averiguar dónde y cuando carajo nos dejó Cinco—.
—No podemos simplemente irnos—.
—¿Cuál es tu plan?, Quedarnos aquí, suponiendo que el resto aparecerán—.
—Podrían llegar en cualquier momento—.
—Ni siquiera sabemos si Cinco los mandará aquí o si ya los mando. En lo que a mí respeta podrían estar en cualquier otro lugar, con suerte en un sitio con techo y calientitos. Joder, quizás estén juntos.
— Eso no lo sabes. Diego, no podemos abandonar al equipo—, negó con demencia la cabeza. Las cosas cada día iban mejor entre ellos. Claro que Vanya había enloquecido un poco, pero ¡Hey! Cinco había vuelto (más amargado que nunca y con una lengua aún más acida. Y con la misma apariencia de cuando había huido, aunque en realidad era el mayor de todos ellos. Y si no fuera suficiente, se encontró en una relación con un maniquí llamado Delores) y ahora sabían que Ben, su dulce y tierno Ben, aun estaba junto a ellos a pesar de todos esos años muerto.
Por tu culpa
—¿Cuál equipo?. Luther, por dios. Ellos se saben cuidar, ¿De acuerdo?. Ahora ubiquemos en donde estamos y con suerte encontraremos donde pasar la noche. —, una mano se estiro en su dirección, invitándolo a tomarla, a pesar de que ambos sabían que eso no pasaría. Por dios, eso no había pasado desde hace años y aun así ambos continuaban bailando alrededor de ese antiguo ritual. — Vamos, te ves como una mierda y hueles aún peor.
—Diego, cállate—, gruño con molestia, mientras se unió a él y ambos salieron del callejón. A pesar de las palabras de su hermano, no encontré en su corazón fuerza para estar realmente disgustado con él. Por qué tenerlo soltando comentarios ofensivos sobre él, sin calor real en ellos, era una y mil veces mejor que no tenerlo en absoluto. Dios, si era sincero consigo mismo, tener a Diego, a su numero dos a su lado, después de todo lo que habían pasado, no solo estaba bien, era casi perfecto ( Claro, si quitaba la parte del fin del mundo, todo lo relacionado con Vanya, la muerte de padre y las demás cosas malas). Por que al final, en los momentos que mas contaban, solo eran Diego y el. Como siempre había sido.
