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Summary:

Continuó por su camino sin girarse por última vez, dejando que las lágrimas cayeran, completamente desolado por estar despidiéndose del hombre del que se había enamorado.

Kokonui Week 2022 | Día 4: Drifting apart

Notes:

Este es un intento de character study de Inui Seishu y está contando desde su punto de vista. Por ende, contiene spoilers del manga de Tokyo Revengers hasta el final del arco de Tenjiku. Por favor, lean bien los tags antes de continuar.

También decirles que el próximo día va a ser la continuación de este fic, pero comenzará varios años en el futuro (Bonten Arc), y se narrará desde el punto de vista de Koko.

No lo he podido corregir más que una vez por falta de tiempo y problemas personales, por lo que pido perdón de antemano por si hay algún error :") Espero que, en el caso de que lo haya, no dificulte mucho la lectura TuT

Les dejo con el one-shot!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Inupi sentía las llamas abrazando su cuerpo. El repentino e inesperado calor que le rodeaba era demasiado para sus pobres pulmones, que se cerraban en sus costillas y le sacaban toses preocupantes, incitándole a arrastrarse hacia el exterior de la casa, a pesar de que estaba en la otra punta de la misma. ¿Habría regresado Akane de su salida con Koko? Esperaba de todo corazón que no, ya que, a pesar de que le molestaba ver a su hermana con su mejor amigo, eso no excusaba que no quisiera que estuviera a salvo.

Su visión comenzó a nublarse, cada vez más mareado por la alta temperatura y la falta de oxígeno. Intentaba respirar por todos los medios, atragantándose en el intento, con las lágrimas brotando por sus mejillas debido al esfuerzo. La casa no era lo único que ardía, puesto que sentía la garganta totalmente seca, convirtiendo el mero acto de vivir un total infierno.

Un trozo de madera del techo cayó a su lado, haciendo que varias de las llamas aterrizaran en su rostro, arrancándole un alarido de dolor mientras se retorcía para escapar de la sensación. 

—Ak-… —Escuchó en la lejanía.

Tosió repetidas veces, arrastrándose como pudo hacia aquel sonido, luchando contra la oscuridad que amenazaba con carcomerle.

—¡Akane! —Volvió a oír de manera más clara.

¿Koko…?

De repente, sintió el suelo despegándose de su cuerpo, impactando contra alguien que le agarró rápidamente y le subió a su espalda. El repentino cambio de posición hizo que su estómago se contrajera, sacándole un quejido lastimero que apenas tuvo sonido debido a la sequedad en su garganta.

El frío encontró su anatomía, haciéndole temblar. Se aferró con más fuerza a la manta que le cubría, intentando ingresar oxígeno en sus magullados pulmones, sollozando por el dolor en su cuerpo. Escuchaba a la persona a su lado hiperventilar, sin dejar de pronunciar el nombre de su hermana mayor.

Un sentimiento extraño se instaló en su estómago.

—Te equivocas, Koko… —dijo con dificultad, intentando enfocar su vista en el otro chico—. Yo no soy Akane… —Cerró el ojo lastimado por culpa del dolor—. Soy Inupi.

Vio la sorpresa en Hajime, lo que le hizo esbozar una sonrisa amarga.

—No puede ser… —bisbiseó, girándose para observar la mansión en llamas—. Tengo que regresar…

Inui le dejó estar, sin tener fuerzas para detenerle. Sin embargo, fueron los adultos que se habían reunido en torno a la casa los que lo hicieron, impidiéndole su entrada y arrastrándolo de nuevo junto al rubio, a quien ya estaban subiendo a una camilla para meterlo en la ambulancia.

No supieron nada de Akane y de sus padres hasta algunas horas después, descubriendo, para su horror, el deplorable estado de la fémina. Inupi no había podido verla, ya que él mismo había estado en observación debido a las quemaduras, pero, al menos, sus padres habían sido sinceros a la hora de ponerle al tanto de la situación. Koko también le había visitado, luciendo totalmente desolado, con la mirada perdida y un temblor en las manos.

—Piden mucho dinero por su operación… —dijo, observando el suelo con gesto decaído.

El mayor se rio con desgana, gimiendo por lo bajo por culpa del dolor, tanto físico como emocional. Su mejor amigo le quería muerto, él había querido rescatar a Akane desde un comienzo, no a él, simplemente se había confundido debido a la adrenalina y falta de visión por culpa del humo. Él amaba a Koko con todo su corazón, por lo que saber que no era correspondido, o que, al menos, priorizaba a su hermana por encima de él, era algo demasiado doloroso para su alma.

Un par de lágrimas resbalaron por sus ojos, haciéndole sisear al entrar en contacto con sus heridas. El azabache se alertó al verle, agarrando con cuidado su mano y dejando algunas caricias en su dorso con el pulgar.

—¿Te duele, Inupi? —cuestionó con lástima, estirándose para retirarle el cabello del rostro. Sus dedos quemaban conforme a su paso, lo que solo incrementaba el llanto del más alto, completamente abrumado por la mezcla de emociones en su pecho. Koko, por supuesto, interpretó aquello como si fuera por culpa del dolor—. Lo siento mucho… —Le acarició la mejilla.

¿Por qué actuaba así con él?, ¿por qué le consolaba? Solo empeoraba la situación, ya que le causaba reacciones que no le agradaban.

—Koko… —El otro alzó su cabeza, pero Inupi no le devolvió la mirada—. Querías que fuera yo quien hubiese quedado peor, ¿verdad?

Los dedos del otro se paralizaron sobre su cuerpo. Seishu se removió para liberarse de estos, encerrándose aún más en sí mismo.

—Me voy a dormir, no hagas ruido si decides quedarte —promulgó, cerrando los ojos.

—Inupi… —escuchó que susurraba, mas no le contestó.

Tras algunos segundos, captó un suspiro por parte del azabache, seguido por el ruido de la silla al desplazarse, para, después, escuchar sus pasos saliendo de la habitación. Una vez se cercioró de que se había quedado solo, cedió completamente ante el llanto, sollozando por el dolor en su cuerpo, por el ardor en su rostro, por las heridas que causaban los fragmentos de su destrozado corazón en su caja torácica.

¿Serviría de algo pedir perdón por haber salido prácticamente ileso?

 

═══════════════

 

Los meses pasaron y las cosas no hicieron más que empeorar. Inupi se sentía como si estuviera en una montaña rusa que lo único que hacía era bajar, sintiendo una constante presión en el interior de su garganta, como si quisiera vomitar en todo momento. Koko se había obsesionado con el dinero debido a la operación de su hermana, sumergiéndose en el oscuro mundo de las pandillas, además de que apenas despegaba la nariz de libros de economía y contabilidad, dispuesto a aprender lo máximo posible. Ni siquiera le había prestado atención una vez le habían dado el alta, dejándole bastante tocado, puesto que el azabache no dejaba de ser su mejor amigo y no parecía para nada contento por su recuperación.

Desgraciadamente, su rostro había quedado marcado por culpa del fuego, dejándole una cicatriz que jamás llegaría a desaparecer. Se había dejado crecer el cabello inconscientemente para poder disimularla, aunque aquella mancha siempre le recordaría lo que había pasado, haciendo que ese dolor derivara en un odio profundo hacia su nuevo aspecto. No era de extrañar que Koko hubiese preferido la belleza de Akane frente a la suya, puesto que ni siquiera en un comienzo se había considerado una persona atractiva, mucho menos lo sería ahora que tanto su alma como su aspecto estaban destrozados.

La noticia sobre la muerte de su hermana llegó a sus oídos gracias a sus padres, quienes le abrazaron con fuerza mientras se quebraban en llanto. Inupi no derramó lágrima alguna, puesto que su cerebro no terminaba de procesar la idea de que Akane se había ido para siempre. Todavía vivía con la esperanza de que todo aquello no fuese más que una cruel pesadilla, que, en cualquier momento, su verdadero yo despertaría y dejaría de ahogarse en ese dolor constante que se había adueñado de su interior, carcomiéndole cada vez más con el paso de los días. ¿Cómo iba a enfrentarse a las adversidades si la rubia mayor ya no estaría ahí para orientarle?

Lo peor fue tener que llamar a Kokonoi para decírselo, puesto que había sido él quien había hecho de todo para recaudar los fondos suficientes. Se iba a enojar con él, por no haber sido suficiente para hacer que su hermana se quedara en el mundo de los vivos, sino por, nuevamente, haber sobrevivido en su lugar. Ahora que sabía que estaba muerta, Hajime seguramente lamentaría aún más haberle salvado por accidente, puesto que Akane seguramente se vería linda con una cicatriz en el rostro, no como él, que parecía una muñeca rota, un niño que debería de haber desaparecido, consumido por las llamas.

Percibió el dolor en la voz del otro una vez terminó la frase, la crueldad de la situación resbalando desde sus labios para llegar a los oídos de la persona más importante de su vida. Su corazón perdió un pedazo más, que cayó al suelo junto con los del propio Kokonoi, desparramándose por todas partes en una mezcla de colores que ya no combinaban entre sí.

—Lo siento… —dijo, mirando hacia el suelo.

Koko no respondió, inhalando pesadamente por la nariz. Inupi escuchó sus lágrimas a pesar de no estar físicamente con él, lo que hizo que su propio llanto se desbordara.

—Estaba ahorrando… —contestó finalmente—. Tenía… Tenía parte… —Se atragantó, sin poder continuar.

Seishu negó repetidas veces con la cabeza, abrazándose con más fuerza, como si se quisiera proteger a sí mismo.

—Lo siento, Koko, yo… —Miró hacia arriba, parpadeando a través de sus lágrimas.

El dolor que sentía en su pecho era absolutamente desolador.

—No, no, Inupi… Yo lo… —Se detuvo—. Lo siento, no… No puedo… —Colgó de forma repentina, dejando que el pitido que señalaba que la llamada había finalizado inundara sus oídos.

Seishu se quedó con la mirada perdida, sin poder moverse en absoluto. Las lágrimas caían por sus mejillas como dos solitarias cataratas, resbalando hasta su mentón en donde exhalaban su último aliento antes de perecer por la caída al suelo. Su cerebro estaba en blanco, totalmente absorto por la forma en la que el vacío en sus costillas se abría paso a pasos agigantados, obstruyendo su respiración.

Sus rodillas cedieron, haciendo que su cuerpo impactara contra el pavimento, quedando boca abajo al no tener fuerzas para girarse. Dio varias bocanadas en busca de oxígeno, sujetándose el pecho con fuerza al sentirse como si su corazón quisiera arañar su pecho hasta escapar del mismo, desenfocando su vista por culpa del mareo.

Escuchó a alguien gritándole, mas el manchurrón no terminaba de cobrar sentido en su cabeza. ¿Quién era aquella persona que le hablaba? ¿Sería Akane? ¿Quizás había logrado morir junto a ella?

¿Haría eso feliz a Koko?

Sintió de nuevo el tacto de la camilla bajo su espalda, varios pares de voces le decían cosas que no alcanzaba a entender, mientras que alguien le agarraba de la mano para intentar mantenerle con ellos. Debía de ser su madre debido a la forma en la que su cuerpo reaccionaba a sus caricias, pero una pequeña parte dentro de él fantaseaba con la idea de que hubiese sido el azabache quien se hubiese preocupado así por él, hasta el punto de haber llamado a la ambulancia para que fuese a su rescate.

Sintió el respiradero contra su boca, forzando el ingreso de oxígeno en sus pulmones. Se aferró con fuerza al agarre de su progenitora, cerrando los ojos al sentir una repentina ola de somnolencia recorriéndole de arriba a abajo.

«Hermanita, te echo de menos, regresa, por favor…».

 

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Para su suerte, Koko y él volvieron a ser amigos pasadas unas semanas en las que Inupi se había visto en la obligación de ir a terapia a causa de sus repentinos ataques de pánico y el sentimiento de duelo tras todo lo sucedido. El chico no terminaba de estar conforme, puesto que no le gustaba abrirse frente a los demás, mucho menos con un completo desconocido, pero sus padres parecían más tranquilos al creer que estaba recibiendo ayuda, por lo que no protestaba.

Hajime había vuelto a su lado, lo que había hecho que su estabilidad mental comenzara a mejorar. Quizás le seguía lastimando la idea de pensar que el otro le despreciaba, recordando cada vez que le miraba el error que había cometido en aquella noche, pero todo era más sencillo si se mantenía cerca del más bajo. En el fondo, había sido él quien había elegido salvar al Inui menor en aquel incendio. ¿Se arrepentiría de su decisión? Seguramente sí, ya que ni siquiera lo había hecho a propósito.

Inupi intentó por todos los medios desligarse de sus pensamientos intrusivos, tratando de mantener su relación con Kokonoi como si nada hubiese pasado. El menor nunca volvió a sacar el tema a relucir, acompañándole en su afán de revivir a los antiguos Black Dragons, bebiendo de la fuerza de Taiju al estar cegado por esa promesa de continuar con el legado de Shinichiro Sano. 

Pasaron los meses, y en ningún momento dejó de sentirse insuficiente, ni siquiera tras haberse convertido en el segundo miembro más importante junto con Kokonoi. No quería ver la realidad de la situación, ignorando las pesadillas y el constante vacío que nunca le abandonaba, en especial cuando observaba su reflejo nada más levantarse, o cuando cruzaba miradas con su mejor amigo. Igualmente, no podía ignorar tampoco la forma en la que se estremecía cada vez que veía al azabache, en especial ahora que había empezado a cuidar más su aspecto, dándole un nuevo toque a su rostro que le traía totalmente loco.

Quería pensar en la escena de la biblioteca cada vez que esto pasaba, para recordarse a sí mismo que no tenía oportunidad alguna con el más bajo, a pesar de que por mucho tiempo había intentado ignorar que esta existía. Solo la recordaba como un manchurrón desagradable y amargo, así como el dulce sabor de unos labios que habían encontrado el camino hasta los suyos. Inupi se había estremecido al sentir al otro tan cerca de él, más cuando le había robado su primer beso al creer que dormía. Había tenido el impulso de abrir los ojos para encararle, con la intención de decirle que era correspondido, pero entonces escuchó al otro desplomarse en el suelo, susurrando entre lágrimas el nombre de su hermana. 

Aquello se había sentido como una puñalada directa en su estómago, la alegría que había sentido momentáneamente al creer que sus sentimientos no eran unilaterales se había desmoronado en apenas un instante, teniendo que aguantar las lágrimas para que Koko no se diese cuenta de que estaba despierto. Era muy cruel… ¿por qué lo había besado si estaba pensando en su hermana? ¿Era acaso ese el motivo de por qué se había quedado a su lado?, ¿porque le recordaba a Akane? Sentía ganas de vomitar, de limpiarse la boca con el jabón más potente para dejar de sentir el labial del otro en sus labios.

Para su desgracia, su cerebro no quiso olvidar aquella escena, al menos no mientras estuviera dormido, puesto que, durante el día, se había forzado a ignorarla. Sin embargo, una vez se sumergía en el mundo de los sueños, fantaseaba con qué podría haber pasado, supuestos escenarios de aquella escena que tan mal había acabado en la realidad. Soñaba con que Hajime le hubiese despertado antes de besarle, buscando la confirmación en su mirada antes de inclinarse para apresar su boca. En que le hubiese sujetado el rostro con un cuidado, acariciando su mejilla mientras se fundían en uno solo, sonriendo contra la boca del otro, lanzándose a por una segunda ronda tan pronto se separaron en busca de aire. En otras ocasiones, imaginaba cómo habría sido si hubiese abierto los ojos en cuanto Hajime hubiese murmurado el nombre de su hermana, encarándole con gesto derrotado y dolorido, alejándose tras haberse encontrado con un Koko sin habla al no saber cómo responderle.

Fuera cual fuese su sueño, Inupi siempre quedaba conforme con su decisión, ya sea por haber acabado de novio con el menor, o por haber sacado aquel nudo de su pecho. Carcomido por la culpa, se había conformado con fingir que aquello jamás había sucedido, ya que Hajime, para empezar, no sabía que había estado despierto desde el principio. Sin embargo, a pesar de que su cerebro se esforzaba por olvidarlo, su corazón se retorcía cada vez que el otro andaba cerca, recordando el sabor de sus labios y lo adicto que se había vuelto a estos tras un único y mínimo contacto.

En algunas noches de desesperación, se planteaba seriamente el hacerse pasar por su hermana, encontrando en aquel juego entre los dos el consuelo de sentir en sus propias carnes el retorno de Akane, así como podría haber hecho feliz a Hajime. Quizás sentiría asco hacia su verdadero ser, pero sería opacado por el roce de los labios del otro contra su piel; sus oídos simplemente se tendrían que cerrar cada vez que el otro susurrase un nombre que no fuese el suyo. No sería tan difícil, ¿cierto? Ya se había vendido a Izana y al mayor de los hermanos Shiba en el pasado, no le costaría hacerlo con su mejor amigo, su mayor confidente.

Pero no, logró esquivar aquellos impulsos, continuando con su camino con la mirada hacia adelante, manteniendo su dignidad. En el fondo, Seishu sabía que había tomado la mejor decisión, puesto que dudaba que el azabache hubiese accedido en primer lugar. ¿Quizás le hubiese odiado aún más? No lo sabía bien.

Todo se había mantenido igual, con él y Koko al cargo de los Black Dragons junto con Taiju, cada uno con el alma destrozada por culpa del otro, pero sin juntarse nunca para hablar de lo que les atormentaba. Hajime siempre había sido alguien difícil de leer, por lo que, por mucho que lo intentase, el mayor nunca comprendía bien qué era lo que impulsaba al otro actuar, al no necesitar ya más dinero debido a que su hermana, por desgracia, había fallecido. Quizás, y solo quizás, si hubiese sabido interpretar mejor a su mejor amigo, las cosas habrían acabado diferentes, tal vez incluso podrían haber llegado a formar una relación de pareja.

Finalmente, llegó el día en el que todo cambió, cuando Inupi conoció a un miembro de la ToMan que le dio un vuelco a su vida. No era fuerte, ni inteligente, ni tenía nada especial que destacar. Koko había logrado tumbarle fácilmente, y, sin embargo, ahí estaba él, poniéndose en pie de nuevo, recibiendo puñetazo tras puñetazo, todo para salvar a una persona que había fingido proteger a su hermana del abuso que recibía por parte del mayor. Sencillamente, era insultante, que existiera alguien como él y que, incluso con esas, se atreviera a pedirle ayuda a aquel joven de ojos como el mar, quien felizmente cumplió con su deseo de destronar a aquel tirano gracias a la repentina llegada de Mikey y Draken.

Inui se sentía perdido, puesto que la persona más fuerte que conocía había sido limpia y fácilmente derrotada, bastando tan solo con una patada para dejarle inmóvil. Por si fuera poco, el vicecapitán de la banda tampoco se había quedado atrás, tras haber derrotado a todos los hombres de los Black Dragons sin apenas despeinarse. ¿Quiénes eran aquellas personas y de dónde habían sacado esa fuerza? Más aún, ¿por qué confiaban tanto en alguien que apenas sabía cómo asestar un buen puñetazo?

Por primera vez en mucho tiempo, el chico se sentía motivado por algo, anhelando descubrir los secretos del tal Takemichi, consiguiendo tras bastante insistencia que les colocaran a Koko —quien había insistido una vez más en acompañarle— y a él en la primera división. ¿Habría encontrado por fin al indicado para pasarle el peso de los Black Dragons? Su interior le decía que no se emocionara demasiado, puesto que no sería la primera vez que se llevaba una decepción por parte de alguien que aparentaba ser fuerte, pero ese era el problema, que Hanagaki no lucía fuerte en absoluto, pero aún así tenía a gente que le seguía, gente que sí que contaba con unas habilidades físicas descomunales.

Desafortunadamente, todo volvió a torcerse por culpa de Mucho, al secuestrarlos a los tres, dándoles una paliza de muerte con la condición de que Koko se uniera a Tenjiku. Inupi quería evitarlo, puesto que sabía que, si les separaban, no lograrían reencontrarse. Todos esos problemas que habían ignorado saldrían a la luz, dándose cuenta de que, desde siempre, habían sido dos pedazos rotos que no encajaban bien entre sí.

Pero Seishu conocía a su amigo, la persona de la que se había enamorado, le gustara o no reconocerlo. En el momento en el que cruzaron miradas, el mayor sabía qué iba a decir el otro; daba igual que intentara decirle que se detuviera, Koko no iba a ceder.

—Es suficiente —promulgó—. Me uniré a Tenjiku, déjales ir.

Takemichi, obviamente, había intentado detenerle también, poniéndose en pie para enfrentar a Mucho, pero tanto él como Inupi fueron derrotados, perdiendo toda oportunidad de poder salvar al azabache.

Cuando despertó en la espalda del menor, Seishu sabía que lo peor había sucedido. Nunca antes había estado separado del otro, incluso si se dañaban mutuamente, habían aprendido a funcionar gracias a la rutina. Si se acostumbraban a estar separados, luego no podrían volver a encajar, y era un pensamiento egoísta, Inui lo sabía, pero no estaba preparado para enfrentar una vida sin Koko, al menos no en esos momentos.

Así, se aferró a la única posibilidad de un final feliz, inclinándose ante la luz que desprendía aquel muchacho de sonrisa amable, el nuevo resurgimiento de los Black Dragons, el verdadero legado que Shinichiro había dejado. Continuaría incluso si tenía que enfrentar al mismísimo Mikey para defender aquella luz, por fin había encontrado una aspiración a seguir, y no permitiría que nadie la oscureciera —quizás Kokonoi, pero eso no lo iba a admitir—.

Por ello, y a pesar de que tenían todo en su contra, Inupi confío en Takemichi en la batalla contra Tenjiku, al igual que hizo el resto de la ToMan. No contaban con la fuerza de Manjirou o de Draken, mas no las necesitaban: lograrían aguantar gracias a que les estaba liderando la persona adecuada, un nuevo líder que había surgido al presenciar la caída de sus superiores.

Quizás Hanagaki era lo suficientemente fuerte como para alzarse con la victoria por su cuenta, pero él, lamentablemente, no lo era, menos tratándose del azabache. Por ello, cuando se enfrentó a él cara a cara, sintió sus piernas flaquear, con la ira carcomiéndole al escuchar las sandeces que exclamaba el otro. ¿Que se uniera a Tenjiku? ¿Que le esperaba un puesto en lo más alto? ¡¿Pero de qué hablaba?! Había encontrado por fin alguien a quien seguir, le había jurado lealtad a Takemichi.

Fue aquello lo que hizo que finalmente estallara, gritando todo lo que llevaba años guardándose, agarrando con fuerza los brazos de Koko mientras este le sujetaba por el cuello.

—¡Yo no soy Akane! —bramó—. ¡No busques a ella en mí!, ¡no la vas a encontrar!

¿Quizás Hajime ya no iba a querer saber más de él ahora que se lo estaba chillando en la cara? Podría haber estado ignorándolo hasta esos momentos, pero Inupi se negaba a continuar callado.

—¡¿De qué estás hablando?! —le gritó de vuelta, golpeando su frente contra la suya—. ¡¿Por qué hablas de Akane?!

Seishu tensó la quijada. Agradecía estar tan furioso que las lágrimas no parecían querer salir, puesto que habría lucido como un completo inútil de haber sido así.

—¡Sé que la buscas en mí!, ¡deja de ignorarlo!

Koko lucía genuinamente sorprendido, como si aquella acusación le hubiese pillado desprevenido.

—¿Inupi…? ¿De qué-…? —enmudeció, mirándole con dolor—. Da igual, por favor, vuelve a mi lado. ¿No ves que estáis en completa desventaja? ¡No podré protegerte si estás en el bando perdedor!

Seishu apretó los puños, impactando uno de ellos contra el magullado rostro de Koko, logrando zafarse de su agarre.

—Te equivocas, Koko, eres tú quien va a perder. —Sonrió con dolor—. Además, no necesito que me protejas, no fue a mí a quien le hiciste esa promesa.

El menor se acarició la zona afectada.

—Seishu —le llamó, haciendo hincapié en su primer nombre—, eres tú él único que la ve a ella. ¡Yo te veo a ti!

—¡¿Entonces por qué la nombraste cuando me besaste?! —Se detuvo al darse cuenta de su error.

Hajime le observó.

—¿…Estabas despierto?

Inupi se enderezó.

—Lo estaba.

Koko bajó la mirada, luciendo culpable.

—Pero no era por…

—Koko, ahórratelo —le interrumpió, negando con la cabeza—. No quiero saberlo, me da igual lo que sintieras por ella, no lo vas a encontrar en mí.

—¡Pero si ya-…!

—Lo siento, Koko, pero no puedo…

Ahora fue su turno de recibir un puñetazo, escupiendo debido al impacto. El más bajo estaba temblando de ira, respirando con fuerza, como si estuviera poniendo en orden sus ideas —o se estuviese conteniendo porque no le quería lastimar—.

—¡¿Es que no te das cuenta de que tú eres el único obsesionado con ella?! ¡Y tampoco me dejas hablar! Todo es Akane esto, Akane lo otro…, ¡¿de qué cojones hablas?!

—¡Eres un mentiroso! Me da igual que estés ciego por el duelo, ¡pero no me metas a mí!

Koko le volvió a agarrar, estampándole contra una pared mientras gritaba a escasos centímetros de su rostro:

—¡Eres tú quien me está inmiscuyendo!, ¡¿por qué no puedes creerme?! —Le miró duramente—. ¡Soy tu mejor amigo!

—¡Y yo no soy Akane!

Un nuevo golpe en su estómago que le sacó todo el aire.

—¡Ya lo sé, Inu-…!

—¡Te he dicho que no lo soy! —Se puso en pie para contraatacar, lanzándose a por él, tirándole al suelo.

Algo en su cabeza le gritaba que se detuviera, que quizás el azabache estaba siendo honesto. Pero no, no podía ser, debía ser su corazón aferrándose a ese amor que sentía por el otro.

Se golpearon hasta que la batalla les forzó a separarse, dejando aquella conversación a medias, puesto que la pelea había empeorado en cuando aparecieron los líderes de la ToMan. Inupi no quería volver a verle: necesitaba seguir culpándole por lo de Akane, no estaba listo para dejar marchar así el recuerdo de su hermana.

Se escucharon los disparos y todo se detuvo, incluso los individuos más fuertes como los hermanos Haitani se habían detenido para observar el caos, encontrándose con Izana y Kakucho tendidos en el suelo, con varios disparos en el pecho. Algo se removió en su pecho al observar al albino en su lecho de muerte, puesto que no había dejado de ser alguien que le había guiado en el pasado. Definitivamente, los más afectados eran Mikey y Takemichi, quienes habían conocido personalmente a los dos cuerpos que ahora respiraban por última vez con las manos entrelazadas entre sí.

La batalla pereció junto con la vida de esos dos muchachos —bueno, de uno de ellos— y ambas bandas se marcharon a sus respectivas bases. A Inupi ya le había quedado claro que aquello era el adiós definitivo, pero, al menos, le hubiera gustado despedirse apropiadamente del azabache.

Como si este le hubiese leído la mente, le llegó un mensaje suyo algunos días después, citándole en un punto exacto para poder hablar. El rubio se llegó a plantear seriamente si ir o no, mas finalmente optó por creer que debía ser fiel a su presunta madurez, por lo que acabó accediendo.

Se encontraron en un sitio relativamente público, e Inui no sabía si Koko lo había hecho así para evitar que se pelearan, o si realmente no le había mentido al decir que le quería proteger —pero eso no podía ser, esa promesa se la había hecho a Akane—.

—Inupi —le llamó en cuanto le avistó, sonriendo a pesar de sus heridas.

—Hey… —respondió, acercándose a él sintiendo cierta culpabilidad.

Se quedaron algunos instantes en silencio, mirando el suelo con incomodidad.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó de pronto el menor.

Inupi suspiró, había llegado la hora de enfrentarlo.

—Me quedaré en la ToMan, prometí seguir a Takemicchi.

Koko le sacó la lengua.

—Siempre fuiste alguien leal, Inupi, estoy seguro de que estarás bien. —Se acercó hasta poder agarrarle del hombro—. Supongo que aquí es donde nos despedimos.

—¿Seguirás tu propio camino? —interpeló.

—Creo que a ambos nos vendrá bien. —Sonrió con cierta tristeza, aunque era bueno disimulándola.

Seishu miró la mano del otro sobre su anatomía, tomando aire por la nariz antes de encarar la oscura mirada de Kokonoi.

—Hey, Koko.

—¿Sí?

—¿Puedo pedirte una última cosa? —preguntó, aproximándose aún más a su rostro.

La mirada del menor bajó desde sus ojos hasta sus labios, tragando saliva con pesadez para luego volver a fijar su vista en él.

—¿Qué es? —susurró, con su aliento haciéndole cosquillas debido a la proximidad.

Inupi dudó.

—¿Me dejarías hacer algo a modo de despedida…?

Koko no le respondió, sino que simplemente terminó de inclinarse hasta que sus bocas se encontraron, con ambos suspirando debido al anhelado contacto. Koko enredó sus dedos en su cintura, mientras que el mayor acunaba su rostro con sus manos, torciendo su propia cabeza para profundizar el beso.

Se besaban frenéticamente porque sabían que aquella sería la última vez que lo hicieran, permitiéndose ser avariciosos y reclamar el mayor espacio posible en el cuerpo del contrario. Intentaban memorizar el sabor del otro, el aroma, la forma en la que sus labios se amoldaban. Porque, a pesar de que sus almas estaban demasiado destrozadas como para poder encajar, sus bocas parecían haber sido creadas para fusionarse en una sola, sintiendo el contacto entre sus lenguas como una adicción prohibida, una caja de Pandora que jamás debió de ser abierta.

Cuando se alejaron para respirar, Inupi le siguió, dejando varios besos cortos mientras su cerebro le gritaba que se alejara de una vez. Hajime se dejó hacer, completamente sumiso, con los ojos cerrados para dejar que el otro hiciera lo que quisiera con su cuerpo. Pero debían ser realistas, si continuaban alargando aquel encuentro, jamás podrían decirse adiós, por lo que se besaron profundamente por última vez, alejándose en el momento en el que sus pulmones se quejaron por el abuso.

Se sonrieron tímidamente, con cierta tristeza en sus mirares. 

—Supongo que este es un adiós —dijo Koko, con los labios algo hinchados, volviéndolos irresistibles.

—Lo es… —respondió.

«Lo es porque no quiero que se me compares más con ella», transmitió con su mirada.

«Lo es porque jamás admitirás que eres tú quien no la deja marchar», contestó de vuelta.

El más bajo asintió, comprendiendo la situación. Le revolvió el cabello, sacándole un gruñido molesto que fue recibido por un guiño juguetón.

—Cuídate, Inupi —le dijo.

—Tú también, Koko. —Dio un paso atrás, ocasionando que el otro también se alejara.

Se quedaron callados por otros segundos.

—¿Inupi?

—¿Hm?

—No me busques.

Inupi lucía sorprendido.

—Vamos a ir por mundos separados, quédate en ese lado del camino.

Le miró tristemente, aunque Koko ya le había dado la espalda. Tomó aire por la nariz antes de girarse también, caminando ligeramente hacia adelante, antes de detenerse.

—Cuídate tú también.

Captó la risa del otro, comprendiendo que aquella conversación había finalizado.

Continuó por su camino sin girarse por última vez, dejando que las lágrimas cayeran, completamente desolado por estar despidiéndose del hombre del que se había enamorado. Había perdido a una hermana y a su mejor amigo en poco tiempo, por lo que estaba seguro de que le iba a costar recuperarse. Al menos, ahora tenía algo a lo que aferrarse, un grupo de personas que, seguramente, le iban a saber acompañar en su sendero por la luz. Ellos le ayudarían a cumplir con la última petición de Hajime, Inupi se había quedado en buenas manos.

Ahora que sabía que estaba solo, se giró hacia la dirección en la que había desaparecido el azabache.

—Te quiero —le murmuró al aire, sonriendo con cariño.

Quizás, algún día, podría llegar a repetirle esas palabras a la persona indicada, tan solo le quedaba esperar y continuar avanzando.

Notes:

Siendo honesto, escribir ese fic fue un infierno ( ಥ_ಥ)و No quería explayarme mucho a la hora de narrar, al ser para una week, pero tampoco quería quedarme corto y que quedase como un estudio vacío T___T La verdad es que aún no he saciado mi necesidad de analizar a Inupi y su relación con Koko, por lo que seguramente haga otro character study suyo cuando tenga más tiempo (uno de verdad, incluyendo el futuro y diferentes relaciones, por lo que asumo que será bastante largo)

Amo el kkn con mi alma, pero tiene demasiados problemas de comunicación :") y no saben lo mucho que me incitan a sacar puro angst y cosas psicológicas de ellos dos :"p Mañana verán la conclusión de esta historia 👀

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