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Stargazing

Summary:

Gojo siempre estaba corriendo, Utahime nunca podría igualar sus pasos.

Notes:

Realmente no sé si hay fandom en español para este ship, pero me ha enviciado a niveles insospechables. Así que aquí tienen más de 50 páginas de ellos, espero les guste, lo hice con mucho cariño <3

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

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Utahime tiene siete años cuando las palabras aparecen.

Está de visita en la casa de uno de sus tíos para el cumpleaños de su abuela, los mayores están en otra habitación, bebiendo y riendo mientras ella y sus primos menores se acuestan sobre el piso de madera, la noche es demasiado calurosa y ni siquiera los ventiladores que tienen al lado los enfrían.

−Quítate el abrigo, Uta –le dice su primo un año menor que ella−, estas sudando y es asqueroso.

Utahime le frunce el ceño, a punto de decirle que ella podía ver las gotas de sudor en su frente, cuando su prima le hace un gesto con la mano.

−No peleen –se queja−, hace calor.

Utahime resopla, pero se sienta y se la quita para quedarse con la blusa sin mangas que tiene debajo, su abrigo apenas toca sus codos cuando su primo ahoga un grito.

−¡Utahime, t-tu brazo!

Utahime se sobresalta, asustada se mira ambos lados sin encontrar nada raro.

−¿Qué pasa?

Su prima gatea a su lado, se acerca con nerviosismo mientras agarra su mano derecha y la levanta en lo alto para que ella pueda ver, con letras negras pero legibles, las palabras que habían aparecido en su antebrazo.

«¿Qué te pareció eso? Demasiado fácil, ¿no?»

Utahime siente que deja de respirar, sus dedos tocan las letras que están grabadas en su piel, como si siempre hubieran estado allí y una sonrisa se abre paso por su rostro.

Te encontré, piensa.

.

Realmente nadie sabía la verdadera razón de por qué existían.

La gente común creía que era obra de dios, alguien más allá de conocimiento y poder que sabía qué almas debían estar conectadas.

Los hechiceros, por su parte, creían que era culpa de una maldición, era algo más lógico, muchas personas habían sido condenadas a muerte por brujería cuando palabras al azar aparecieron en su cuerpo de un día para otro, pero por mucho que intentaron las palabras siguieron apareciendo de forma arbitraria en una que otra persona.

Para la época en que Utahime nació el gobierno estaba tratando de erradicar el pensamiento altruista que las personas tenían por encontrar su alma gemela, porque la cruel verdad era, que el que apareciera en tu cuerpo no significaba que aparecería en el de la otra persona.

Su madre estaba bastante inquieta cuando se enteró, pero Utahime estaba rebozando felicidad, sus padres habían sido almas gemelas y se amaban, ella sabía que encontraría a su persona especial en el momento adecuado.

Así que es con ese pensamiento esperanzador y repleto de fantasías que lee las palabras en su antebrazo una y otra vez durante años.

¿Qué estás haciendo? Preguntaba a la nada, leyendo con cariño las letras grabadas en su piel  ¿piensas en mí? ¿Eres feliz ahora?

Ella quería que fuera feliz.

Su madre estaba un poco preocupada.

−Debes encontrar alguien que estés segura caminará a tu lado –su madre aconsejaba siempre, intuyendo su infelicidad cuando pasaba otro año y no había indicios de su alma gemela−, el destino puede marcarlo como tal, pero no siempre es así.

»Busca alguien que ames y que te ame con todo su ser, con o sin marca.

Cuando cumple dieciocho y aún no la encuentra las pocas esperanzas que tiene comienzan a morir.

Sabías que esto podía pasar, se repetía mientras empacaba su ropa para su nuevo hogar en la escuela de Jujutsu. En estos tiempos ya casi nadie encuentra a su alma gemela, debería solo borrármela antes de irme a Tokio.

Quizás ya encontró a otra persona.

Porque eso era lo más normal ahora, ¿no? Ella se arremanga la blusa para ver las palabras escritas en su antebrazo y suspira, tocando su piel con tristeza.

Llorar por alguien que nunca había conocido era una tontería, así que usa la técnica de respiración de su madre para calmarse y seguir empacando.

−Si eres feliz –dice al vacío−, también lo seré.

No se borra las palabras, se despide de su familia y se promete por milésima vez esa semana que no perderá la cabeza por su alma gemela.

Entonces conoce a Gojo Satoru.

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Utahime corre tratando de esquivar los golpes de la maldición mientras escucha la voz de Yaga, fuerte y clara, desde un rincón alejado.

−No debes darle tanto tiempo para atacar –corrige viendo como ella trata sin éxito de apuñalar a la maldición que se ríe de ella.

−Mi técnica necesita tiempo –dice entre dientes cuando la maldición la golpea y la hace retroceder un par de pasos.

−Debes buscar una forma más rápida de usarla –responde sin dejar de ver sus movimientos−, trata de usarla por fragmentos cortos, te dará tiempo de atacar.

Hace lo que le dice, más que un canto un comando sale de sus labios y la maldición se queda paralizada lo suficiente para que ella lo exorcice, el grito que lanza al abrir su cuerpo le eriza el cuerpo pero un segundo después desaparece. Utahime sonríe, satisfecha, volteando a ver a Yaga que le regala un pequeño asentimiento de cabeza.

−Eso estuvo bien –le dice cuando alcanza su lado−, podría haberle enseñado eso a Gojo si ese mocoso hubiera llegado a tiempo.

Utahime hace una mueca, ha escuchado tanto de Gojo Satoru desde que llegó a la escuela que no sabe poner una imagen de él en su cabeza. Cuando era niña, le dijeron que era la persona más fuerte de su generación, que su técnica maldita iba revolucionar el mundo del Jujutsu, su joven cabeza había retratado a alguien amable, pero luego supo que el tipo era básicamente un presumido de mierda y ella sabía suficiente de los clanes para querer estar alejada de ellos −o de él− tanto como fuera.

Está por preguntar si debían esperar más cuando su cuerpo se congela por el golpe de energía maldita apareciendo en el bosque, ella jadea al ver dos maldiciones nivel uno correr hacia ellos.

−Quédate atrás –Yaga la empuja para quedar delante suyo–, el grito del nivel dos debe haberlos atraído.

Mierda piensa, optando una postura de pelea lista para cantar su técnica cuando las maldiciones de repente se paralizan, Utahime apenas puede ver una ráfaga de blanco y negro y luego todo está terminado, las maldiciones están hechas pedazos, desapareciendo bajo la sombra de un chico de cabello blanco.

Utahime siente que le roban el aliento por un segundo, se queda medio anonadada observando al chico sonreír mientras camina hasta ellos y ella podía ser superficial y el chico era probablemente la persona más atractiva que había conocido en su vida, pero no es eso lo que la deja perpleja, son sus ojos; son tan azules y vivos que se queda quieta, mirándolos media enamorada.

−¿Qué te pareció eso? –dice mirando a Yaga con una sonrisa de superioridad−. Demasiado fácil, ¿no? Si querías que exorcice maldiciones débiles podrías haberme llevado a una escuela.

A Utahime le toma cinco segundos conectar las palabras que acaba de decir.

Le toma otros cinco segundos descubrir quién es.

Siente que se le encoge el pecho. No puede ser, no podía ser, no, no−

Mierda.

−Debías estar aquí hace una hora −regaña Yaga−, esto no hubiera pasado si llegabas a tiempo.

−Pero exorcicé dos maldiciones nivel uno –Gojo se encoge de hombros−, ¿querías que pierda mi tiempo exorcizando maldiciones pequeñas?

A ella le había tomado casi una hora exorcizar la maldición nivel dos.

−Ese no es el punto –Yaga suspira−, debes aprender a trabajar cuando te lo dicen, Iori estuvo aquí antes con la maldición que debían ver.

Gojo parece percatarse por primera vez de su presencia. Le regala una sonrisa que podría haber detenido su corazón si las palabras que salieron de su boca no la hubieran dejando con el deseo de romperle su perfecta nariz.

−Tú eres la pueblerina, ¿no? ¿Todos son así de débiles de dónde vienes?

Sus puños se aprietan y frunce el ceño con molestia.

−No seas grosero –dice conteniendo su molestia−, podrías tener al menos un poco de respeto con Yaga y conmigo, ya que llegaste tarde.

Gojo alza una ceja, divertido.

−Pero llegué justo a salvar el día –su sonrisa se ensancha−, está bien pueblerina, aceptaré tu agradecimiento.

Utahime salta, su ceño haciéndose más profundo.

−Salvarnos no te da derecho de ser un idiota –aprieta los puños con fuerza−, somos tus mayores, al menos podrías contener tu boca.

Gojo se ve más divertido que nunca, Utahime quiere patearlo.

−¿Mi mayor? –interrumpe antes de que Yaga pueda intervenir−, ¿segura? Porque parece que no puedes hacer nada sin ayuda.

Yaga la detiene antes de que pueda lanzarse sobre él, siente sus mejillas rojas y la furia le carcome el pecho cuando lo escucha soltar una sonora carcajada.

−Gojo vuelves a decir algo y te dejo los trabajos de oficina, no bromeo –Yaga le aprieta los hombros en advertencia− y eres mejor que esto Iori, mantén la calma o te castigaré a ti también.

Resopla enojada pero asiente, tratando de calmar su humor, Gojo sigue riéndose cuando caminan hasta el auto, menciona casualmente como podría irse volando hasta la escuela, pero Yaga lo obliga a sentarse con ella en el asiento trasero. Utahime se trata de pegar lo más que puede contra la puerta del auto, está enojada y tiene el orgullo herido, pero más que nada su corazón parece marchitarse mientras los minutos pasan y cae en cuenta –finalmente− que el imbécil que tiene a lado es el alma gemela que tanto había esperado.

No llores, se grita mientras mastica su mejilla interna, ni se te ocurra llorar.

−Oye coletas, ¿no es el atuendo de miko muy del siglo pasado? Se supone que no debemos llamar la atención. Si sabes que nos pagan, ¿no?

Utahime no responde.

−¿De dónde dijiste que venías? me imagino que tu pueblo es aburridísimo si las maldiciones que podías matar eran de nivel cuatro.

Aún no había respuesta.

−¿Hace cuánto te mudaste? Técnicamente llegué antes que tu a la escuela, pero las reuniones del clan no me dejaban salir de la mansión.

Yaga resopla mientras enciende la radio, cambiando de estación en estación hasta que una canción es lo suficientemente buena para que Gojo guarde silencio por unos minutos.

Luego vuelve a hablar.

−Hay una tienda de discos que acaba de abrir en la ciudad y aún no he podido verla, están vendiendo el álbum de ese artista ¡ah! Ya que yo haré todo el trabajo ahora y no tendrás nada qué hacer podrías ir a comprármela.

Escucha a Yaga tomar aire en el asiento de adelante, Utahime pone los ojos en blanco. Ejercicios de respiración, ejercicios de respiración.

−Sabes−

−¿Nunca te cansas de oír tu propia voz? –corta, girándose a verlo enojada.

Gojo sigue con esa estúpida sonrisa en su rostro, se pregunta cómo respondería si lo abofeteara.

−¿Por qué lo haría? Todos aman mi voz –sus ojos la ven sobre sus lentes negros− todos me aman.

Utahime rueda los ojos, girándose y viendo por la ventana, quiere golpearse la cabeza, quiere preguntar ¿por qué?

−Oye sempai, ¿no estás algo vieja para comenzar a estudiar?

El mundo es una mierda decide cuando no tiene más alternativa que seguir escuchándolo hablar. Debió quitarse las jodidas palabras de su piel cuando pudo.

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Debía ser una cruel broma del destino –o la persona de mierda encargada de hacer esto− que las palabras que tanto había esperado escuchar vinieran no solo de la persona que más detestaba ahora, sino que ni siquiera habían sido dirigidas a ella.

Esto era la cosa más injusta que le había pasado.

Esperaba un amor grande y profundo, uno que estaba dispuesta a entregar, pero no era ingenua y tenía la cordura suficiente para saber que Gojo no tenía en él las palabras que habían salido de su boca cuando se conocieron.

A Utahime tampoco le gustaba él.

Era fastidioso y quisquilloso, en cada misión no esperaba la oportunidad para recalcarle todos sus errores, su sonrisa arrogante siempre en su rostro cuando mostraba lo fácil que le era deshacerse de las maldiciones.

Era un imbécil, pero entonces−

No quería quitarse las palabras, no importaba cuántas veces marcaba al hospital más cercano, ella simplemente no podía animarse a ir.

−U-ta-hi-me –Gojo siempre tenía la mala costumbre de cantar en su oreja, lo peor era que su infinito lo protegía de sus golpes, como ahora que trata de golpearlo con su codo– mi cumpleaños se acerca, ¿qué me regalaras?

−Eres rico, ¿hay algo que no tengas ya?

Getou, quién estaba tras de su amigo, vio el intercambio como si fuera la cosa más divertida del mundo.

−Puedo pensar en un par de cosas.

Gojo le achica los ojos a su mejor amigo pero luego vuelve a mirarla.

−Incluso si es algo con tu pobre sueldo de hechicera lo recibiré.

Utahime aprieta el brazo de Shoko que tenía entrelazado al suyo.

−Quizás te regale un jabón, ya que no dejas de usar esa colonia apestosa.

Shoko y Getou ríen en voz alta, pero Gojo apenas y hace una mueca, ladea su cabeza y una sonrisa se asoma en sus labios.

−¿Por qué no me regalas una canción? –Pregunta acercándose más a ella– Shoko me dijo que le cantaste a ella.

−Porque me ama –responde Shoko, sacándole la lengua.

−Y a ti te odio.

−Entonces con más razón deberías cantarme a mí.

Getou tiene una mano en su boca cuando suelta otra carcajada.

−No creo que funcione así, Satoru.

Utahime tira del brazo de Shoko para seguir caminando, pero Gojo las detiene de nuevo.

−Utahime vamos, será una canción –insiste, esta vez su mirada es un poco más seria y ella parpadea un poco confundida.

−Yo po−

−Además ni siquiera la usas –interrumpe encogiéndose de hombros−, se debe estar oxidando. 

Gojo debe darse cuenta que la cagó, porque puede escuchar a Shoko chasquear a su lado e incluso Getou hace una mueca.

Utahime no le responde y él parece entender que no debe insistir.

Siguen caminando, Utahime más furiosa que nunca.

Debo quitármela y dejar de pensar en este imbécil.

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−Podría tratar de removerla con mi técnica –le sugiere Shoko un día que estaban solas, ambas sentadas sobre la grava y ocultas por los arbustos−. Solo dímelo y lo haré.

Utahime se muerde el labio con indecisión.

−No sé si sea buena idea.

Shoko sopla su cigarro, sus ojos nunca la juzgaban, incluso si la había escuchado quejarse cientos de veces de lo mismo.

−Dijiste que tu alma gemela no está enlazada contigo, ¿no? –se encoge de hombros, dándole otra calada a su cigarro−, entonces que se joda, ¿por qué deberías quedártelo?

−Es que−

Es parte de mí, pero decirlo se sentía tan cursi que prefería morir antes de admitirlo en voz alta.

−Oi Shoko, Yaga nos busca –Gojo se detiene al ver que Utahime está sentada a su lado− ¡Ah! Utahime-sempai, ¿holgazaneando como siempre?

A la mierda todo, se lo va quitar.

−No empieces, Gojo –Shoko le da una última mirada a Utahime mientras se para−, piénsalo, Uta –su amiga le da una mirada llena de cariño−. Te ahorraría el problema y los dolores de cabeza.

−Yo… lo pensaré –aprieta su mano sobre sus libros−, gracias.

−¿De qué hablan? –Gojo mira entre ambas−. Amo los secretos.

Utahime rueda los ojos mientras se aleja en otra dirección

−Te veo después, Shoko.

No pasa ni un minuto cuando siente sus pasos tras de ella.

−Creí que Yaga los necesitaba –murmura mientras trata de caminar más rápido.

−Suguru puede verlo con Shoko –no necesita mucho para alcanzarla, ella aprieta con fuerza sus libros contra su pecho, quiere que se vaya−. ¿Qué era eso que Shoko te dijo?

−No importa.

−Podría hacerlo –dice aún persiguiéndola por los pasillos−, ayudarte, me refiero.

−No necesito tu ayuda –responde agitada, dando otro giro en una esquina−. ¿Podrías dejarme en paz?

−Vamos, Utahime, dime –Gojo está tratando de poner sus ojos de cachorro−, guardaré tu secreto.

−No es asunto tuyo.

−Pero eres mi mayor y me encanta ayudar a mis mayores, ¿alguien te está molestando? Eso solo puedo hacerlo yo.

−Gojo de verdad, déjalo ir.

−Solo dime ¿uhmm? ¿Qué es lo que te fastidia tanto?

Tú, piensa, eres tú, porque eres mi alma gemela y yo no soy la tuya y ni siquiera me caes muy bien.

−Es solo… yo… –ella se muere del labio, está actuando como una niña con una rabieta y lo sabe, pero ella había esperado tanto por esto y saber que no lo tendrá le duele−. No importa, de todas formas Shoko no puede ayudarme.

−Pero yo sí  –le recalca, Gojo camina casi por delante de ella, tratando de ver su cara−. Podría ser nuestro secreto.

Muerde sus dientes con fuerza, no puede saber lo que dice, pero el que sea prescitamente él quién lo mencione hace que sus ojos piquen.

−Déjame sola –gruñe tratando de esquivarlo y llegar a su habitación.

−Vamos, Utahime –su voz se arrastra aún pesada mientras la sigue por las escaleras −. ¿Quién te da dolor de cabeza?

Resopla.

−Tú me das dolor de cabeza.

−Así que el secreto soy yo –eso la hace detenerse, Gojo se divierte ante su reacción y se aprieta el pecho teatralmente−, enamorada de su kohai, qué escándalo para alguien tan recta como tú. No te preocupes, querida sempai, si eres buena no te rechazaré.

Utahime aprieta los puños con rabia, ella lo odia, pero su sonrisa es tan grande y sus ojos tan llenos de vida que su corazón tartamudea por un segundo.

Y se abofetea mentalmente casi al instante, mierda eso no.

−Estaría loca para enamorarme de ti.

Gojo ahoga un grito, aún sosteniéndose el corazón.

−Loca de amor por mí

Utahime en realidad se ríe, soltando el aire que contenía, camina más despacio hasta que llega a la puerta de su habitación.

−No te lo voy a decir Gojo

−Sabes que lo averiguaré –se encoge de hombros–, solo dime

−¿Por qué? –lo mira con una ceja levantada, aún sosteniendo sus libros contra su pecho−. No tienes que saber todo de mí.

Sus ojos se sienten más intensos cuando la ve sobre sus lentes, la hacen sentir pequeña e insegura.

−¿Por qué no querría saber todo de ti? Me encanta hacerte enojar.

Tiene el impulso de estirarse y golpearlo pero se obliga a detenerse. Es solo un niño, se recuerda, apenas tiene diecisiete, ¿qué se supone que espere de él?

Le regala una sonrisa ácida.

−Justo por eso no puedo hacerlo –antes de que le responda se mete a su habitación −. Adiós, Gojo.

Sigue insistiendo un par de días hasta que parece olvidarlo para reemplazarlo con tirar de sus coletas cuando lo ignora, imitando el gesto que Haibara le hizo como broma un día que estaban ambos sentados en clase.

«−Si él puede, yo también.

−No, no puedes.

−Oblígame –sonríe –, si puedes, claro.»

El tiempo pasa.

Utahime aún no se borra las palabras.

.

El maldito pronóstico del clima decía soleado, ¿por qué entonces, estaban parados bajo un pequeño puesto de frutas que apenas les cubría de la lluvia?

−Odio a ese presentador –farfulla por lo bajo.

Gojo a su lado se ve divertido, claro que lo estaría, tiene su infinito activado y no tiene ni un pelo húmedo.

−Te odio –dice solo porque esta aburrida, tiene frío y la vendedora de la tienda les había cerrado la puerta cuando la vio cubierta de tierra y sangre seca.

−Oye, a mi no me veas –Gojo se pega un poco más a la pared como si le fuera necesario cubrirse de la lluvia −, yo no fui el que se lanzó cuesta abajo con una maldición nivel uno.

−No podíamos dejar que escapara y antes de que digas algo sobre tu grandiosa técnica –corta −, era mi misión, Yaga solo te mandó a vigilar.

−Mira no es como que me guste estar aquí tampoco –se sube los lentes que se le resbalan por los ojos−, me ensucié los zapatos.

−Oh, sí, qué lástima –dice con los ojos en blanco.

−¿Qué tal si jugamos algo? –pregunta ignorando su comentario−, la lluvia no va a parar pronto y aún tardarán en recogernos.

−¿Y qué se supone que hagamos si no podemos movernos? −Pregunta con los brazos cruzados−, yo al menos.

Gojo se anima.

−¿Qué tal dos mentiras y una verdad? –se pone un dedo entre los labios, pensativo−, bueno no sé qué cosas interesantes podrías guardar.

−Imbécil –pero realmente el comentario le resbala, ella se pega más a la pared, puede sentir el punto donde su infinito los separa cuando su hombro quiero chocar con el suyo−. Tú empiezas.

−Veamos… cuando tenía cinco apuñalé a mi padre en el brazo de manera no intencional, una vez tiré a mi nana al estanque de mi tío porque ocultó mi caja de caramelos y antes de venir a la escuela robé el licor más caro que mi madre guardaba en sus estanterías.

Este idiota, en serio.

−Se supone que debes decir dos mentiras.

−¿Asumes que todo es verdad?

Utahime resopla con diversión, no puede evitar la sonrisa que se estira en su rostro.

−Sé que todo es verdad.

Gojo no le da la razón, pero sus ojos se asoman por los lentes negros para darle una mirada cálida, ella ya no siente miedo del poder de su mirada, pero aún no sabe qué sentir cuando la observa de ese modo.

−Tu turno.

−Robé una botella de vodka de Yaga en mi primer año, nunca he visto una película de Ghibli y soy alérgica a las fresas.

−Se que no eres alérgica a las fresas –Gojo apunta con arrogancia divertida−, te vi acabarte una canasta de fresas tu sola cuando Haibara las compró y no hay forma de que hayas robado algo a Yaga.

Ella solo sonríe, Gojo la mira perplejo.

−No puede ser, ¿Iori Utahime? ¿?

−No voy a decirte si es verdad o no.

Ambos siguen con el juego hasta que la lluvia se detiene, el viento comienza a correr y ella suspira frustrada de haber roto sus ligas para el cabello mientras peleaba con esa maldición.

−Te toca –le dice Gojo dándole golpecitos a su codo con el suyo, ella lo ignora mientras trata inútilmente de peinar su cabello con los dedos−. Oye− dice jalando débilmente el lóbulo de su oreja con su pulgar y meñique.

Utahime salta ante el roce de piel.

−¿Acabas de apagar tu infinito?

Gojo mete ambas manos en sus bolsillos y se encoge de hombros.

−Tu turno.

−Okey yo… –su mente esta media atolondrada cuando comienza a hablar−. Nunca me emborracho, tengo una marca de nacimiento en forma de una estrella en la espalda y… –tengo un alma gemela, eres tú−, nunca he tenido un gato.

−Amas los gatos.

−Nunca dije que no los amara.

−Realmente no puedo especular a menos que vea tu espalda –Gojo se ve muy consternado− necesito revisar para estar seguro.

−Si haces algún comentario sobre mí quitándome la ropa, romperé tus lentes.

Gojo se encoge de hombros con un silbido.

−Nunca esta demás preguntar y estoy casi seguro que solo toleras el alcohol un poco más que yo.

Ella solo rola los ojos, pero le regala una sonrisa ladeada, sostiene su cabello con una mano para que no vuele cuando una ráfaga de aire los sacude.

−Sigo siendo mejor que tú, ¿quieres apostar?

La sonrisa de Gojo muere al instante que ella habla, su ceño comienza a fruncirse mientras la mira, sus lentes han caído a la punta de su nariz cuando inclina su rostro y sus ojos le recorren de forma casi salvaje.

−¿Qué pasa? –pregunta preocupada.

−Nada –Gojo se sube los lentes hasta que cubren su vista y se aleja de ella como si le acabara de escupir −.Tengo que irme.

Se va volando, como un maldito rey del drama, dejándola sola y confundida en medio de la calle, aún esperando el auto negro de la escuela.

Imbécil, piensa.

.

Están celebrando el cumpleaños de Getou, es una fecha extraña porque están casi todos libres de misiones, así que a pedido de Mei se reúnen en el bosque y se sientan todos alrededor de una fogata con un montón de botellas de licor robadas.

Utahime opta por quedarse solo con una lata de cerveza, en un vago intento de ser el adulto responsable mientras sus amigos beben. A pesar de ser el dueño del cumpleaños Getou se ve mucho más sobrio que Haibara y Kusakabe que parecen no poder sentarse erguidos, o Gojo, que tiene la lengua mucho más suelta que nunca mientras enfatiza con las manos una misión difícil que tuvo hace un par de semanas.

Shoko está sentada frente a ella, su amiga tiene su cabeza recostada contra el hombro de Getou mientras trata de mantener sus ojos enfocados en la historia de Gojo.

−Creo que Shoko se caerá en cualquier minuto –le susurra Mei a su izquierda, ella tampoco se ve tan lúcida, con el cuerpo más relajado y las piernas estiradas.

−Yo creo que va vomitar –murmura Nanami a su derecha, su kohai se ve menos tímido con un par de cervezas encima –, ojalá le vomite a Gojo.

Utahime se ríe en voz alta.

−Eso sería divertido.

−Oigan, oigan− Gojo llama al lado de Shoko−, no se alejen de la conversación.

Nanami apunta a Haibara y Kusakabe sentados al lado de Mei.

−Ellos ya no parecen estar aquí.

−Oye –se queja Haibara, haciendo que todos se rían por la forma en que les parpadea−, solo estaba pensando en, ya sabes –agita sus dedos en el aire−, nosotros, la comida envasada, la vida.

−No puede ser –susurra Mei.

Utahime lo mira con ternura.

−¿Quizás ya no tomes más? –pregunta con voz dulce−, podrías pensar más en… uhm, la vida.

−Sí –murmura mirando su lata, aunque se encoge de hombros y toma otro gran trago, Gojo y Getou ríen con ganas−. ¿Alguno sabe sobre almas gemelas?

Utahime aprieta sus dedos sobre su lata de cerveza.

−Provoco que mucha gente se casara pensando que habían encontrado al amor de su vida para terminar odiándose –Nanami dice mirando al fuego crepitar−. O que fueran obligados, ¿no fue ese el principal causante de violencia familiar en los ‘90?

Hace una mueca pero no lo niega, ella aún recuerda los comerciales con una chica sonriente gritando “¡No necesitas un alma gemela para ser feliz!” que aparecían en la mañana mientras sus padres y ella desayunaban, los números en rojo de la línea para ayuda por violencia domestica por si alguien lo necesitaba.

−Los casos han bajado –dice Mei aburrida−, además ya no es común el buscarlas, la gente se las borra con las ofertas que lanzan los hospitales todos los años.

¿Por qué alguien se lo borraría? Había pensado de niña.

Ahora lo sabía.

 −Uta tiene una –Shoko balbucea un poco borracha, sus ojos vidriosos por el alcohol−. ¿Verdad, Uta?

No suele enojarse con Shoko y sabe que esto es producto del alcohol, pero ella definitivamente está matando a su mejor amiga el día de mañana.

−¿Qué?

Siente los siete pares de ojos sobre ella y resopla con cansancio, baja su mirada hasta su lata casi vacía y pasa su dedo por el borde.

−Bueno, sí –se encoge de hombros, se gira a Nanami para cambiar la conversación−. Nanami, ¿necesitas ayuda en tu misión a Kioto? ¿Puedo ir?

−Uh…

−No, espera –interrumpe Getou−, ¿Iori tienes una marca?  −Getou que siempre está con una sonrisa casual y ojos amables ahora la mira como si fuera un objeto extraño que necesita descifrar, de repente se siente muy nerviosa.

−Sí –dice incómoda−, desde que tengo siete.

−Mierda, Utahime –Mei le sonríe mientras toma un sorbo de su cerveza, sus ojos giran a Gojo que se ha quedado inusualmente callado−. ¿Lo has encontrado?

Todos los ojos –a excepción de Shoko, que ya se durmió contra el hombro de Getou− la observan.

Utahime da una plegaria a todos los dioses para que su rostro no rebele nada.

−Lo hice –asiente con otro encogimiento de hombros−, antes de venir aquí.

−¿Y? –Getou insiste.

Utahime le frunce el ceño, confundida, pero aún así responde.

−Y nada, yo no era uhm… bueno… no, no tenía mis palabras.

−Mierda –escucha murmurar a Gojo.

−Lo siento, Iori –Nanami parece reaccionar primero−, no debimos preguntar, lo siento.

−Está bien, fue hace años.

−No tantos –pero Getou ahora está distraído, rebota su pie de arriba abajo y de repente se levanta, casi tirando a Shoko en el proceso−. El cumpleañero quiere nadar, vamos al lago.

Shoko esta enfurecía porque la despertaron pero se tambalea agarrándose del brazo de Gojo mientras todos caminan hasta el lago.

Utahime se muerde la lengua para evitar decir que es una mala idea que naden ebrios –de por sí, ya era una mala idea tomar sin ser lo suficientemente mayores−, pero no quiere arruinar la diversión de todos y simplemente niega tímidamente cuando la llaman para zambullirse. Se sienta al lado de Nanami a unos cuantos metros del lago, ambos con las rodillas extendidas observan en silencio a sus amigos reír mientras nadan.

−No tenías que hacerme compañía –le dice chocando su hombro−, estoy bien sola.

−No quiero nadar –Nanami se encoge de hombros−, además estoy un poco ebrio –se ve avergonzado−, siento que si me meto me ahogaré.

Utahime se ríe.

−Podría salvarte.

Nanami sonríe y Utahime se maravilla de como sus ojos se achican y brillan con diversión, su kohai siempre es reservado y callado, verlo tan suelto le hace querer acercarse más.

Y lo hace, choca su brazos para poder sentir el calor de su piel y deja caer su cabeza sobre su hombro, puede sentirlo dudar un segundo antes de recostar su cabeza contra la suya.

−Lo de Kioto –le dice−, ¿aún quieres ir? Iremos con Haibara así que tampoco es una misión tan importante, trabajo de campo más que nada.

−Sí –le murmura, puede oler su colonia y la cerveza en él, Utahime quiere acercarse más−. Me gustaría, si quieren.

−Claro que nos gustaría.

Quizás es por el calor del momento pero se siente un poco traviesa.

−¿A Haibara o a ti? –pregunta levantando su cabeza para mirarlo.

Nanami no traga, ni se encoge, es firme cuando la mira a los ojos y se acerca lo suficiente para que ella pueda contar sus pestañas.

−A mí.

Ella lo besa, porque a ella le gusta Nanami y porque se siente bien, ha besado antes, cuando quería practicar para su verdadero amor, besos desordenados e incómodos que se sentían más como una obligación. Besar a Nanami no es así, su aliento es cálido contra ella y cuando su lengua se desliza contra la de él no puede evitar sonreír contra su boca.

Puede sentir un cosquilleo incómodo en el fondo de su cabeza, algo arrastrándose por su piel, pero lo ignora y se inclina un poco más contra él y ahora el cosquilleo es diferente, los vellos de su cuerpo se erizan de una forma agradable cuando lo siente presionar sus dedos contra su cadera, Utahime tira un poco de su labio con sus dientes y Nanami salta y se ruboriza.

Le sonríe pensando que es adorable y Nanami le regala una pequeña sonrisa, es divertido y ambos se alejan con una risita atorada en la garganta.

−Creo que sí iré a nadar –dice Nanami con una sonrisa.

Utahime se ríe.

−Creo que yo igual.

Ambos se paran y caminan hasta el borde del lago, aún riendo Divertidos y jóvenes.

Es cuando ella está deshaciendo los nudos de su ropa que vuelve a sentir ese cosquilleo en su cuerpo, levanta la cabeza, buscando y ve a Gojo sentado sobre una roca al otro extremo del lago, sus lentes no están, sus ojos no dejan de mirarla.

Su cuerpo se estremece.

Sus ojos la devoran.

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Utahime trata de no pensar mientras vuelve a la fogata en busca de las toallas que habían traído. Nadar había sido incómodo, Gojo no solo no se acercó sino que siguió mirándola y mirándola, ella quería encararlo y preguntarle cuál era su puto problema, pero se sentía avergonzada, como si hubiera hecho algo malo.

Yo no hice nada, se regaña mientras se seca sobre la ropa húmeda, su único escape era salir antes que todos y tratar de aclarar su mente. Lo besé porque quería, ¿cuál es su problema?

Hay un chasquido y Utahime gira para ver a Gojo caminar hacia la fogata, su cabello sigue goteando, su ropa se adhiere como segunda piel a su cuerpo.

−Shoko y Kusakabe vomitaron –dice con una mueca−, vine por toallas.

Ah.

−Iré –dice, cogiendo un par de toallas y dos botellas de agua−, Shoko se pone de mal humor cuando toma.

−Sí, lo sé –Gojo mira a todas partes menos a ella cuando le quita las botellas y le hace un gesto con la cabeza para que la siga−. Vi tu pequeño intercambio con Nanami.

Aprieta los dientes mientras camina y pisa con más fuerza al caminar contras las ramas caídas.

−No es tu problema.

Gojo chasquea la lengua, como si el comentario le fastidiara.

−Claro que es mi problema. ¿Por qué lo hiciste? –su voz es ácida− ¿Te dio pena tú pobre y triste kohai? ¿o simplemente te gusta la gente joven?

−Jódete, Gojo, ya te dije que no es tu problema –ella no sabe por qué sus palabras la hacen querer llorar−. Hablamos y pasó, nada más.

Lo siente respirar con más fuerza por la nariz y de repente se detiene y le agarra la muñeca, las botellas y las toallas caen con un ruido seco.

−¿Te sentías mal por lo de tu alma gemela? Puedes hacerlo mejor que Nanami.

Si no estuviera tan molesta se daría cuenta que tenía su infinito desactivado.

−¿Es tan difícil pensar que simplemente quería besarlo y ya? ¿Qué mierda está mal contigo?

Ella tira con fuerza de su agarre, tratando de no llorar y Gojo parpadea dándose cuenta de su arrebato.

−Mierda –se quita los lentes y se frota los ojos−, yo-mierda, lo siento. La charla de las almas gemelas me alteró un poco.

Utahime se acaricia su muñeca, tratando de controlar sus emociones.

−No fuiste el único, Getou está raro.

Gojo asiente mientras mira sus lentes en sus manos, los hace girar un momento antes de levantar su cabeza y mirarla.

−Getou tiene una –dice−, las palabras están en su hombro derecho.

Utahime siente que se le sale el aire de los pulmones.

−¿Qué?

−Sí, hace como que no le importara pero es obvio que lo hace, sus padres –hace una mueca−, sus padres tampoco son la alma gemela del otro, creo que todo eso lo tocó un poco.

Utahime frunce el ceño, pensando en Getou, siempre tan tranquilo y con la cabeza fría, anhelando a su alma gemela tanto como ella.

−No todos se quedan con su alma gemela –murmura−, en especial hechiceros como nosotros.

Gojo frunce y se acerca a ella, Utahime automáticamente da un paso atrás, casi tropezando con las botellas, siente su agarre en su hombro, sus brazos se levantaron al instante para agarrarla y atraerla en un casi abrazo.

 −Tus lentes se cayeron –dice apresurada.

−¿Qué dice tu marca? –lo ve perpleja y él aprieta un poco más−, las palabras, ¿qué dicen?

−Eso es personal.

−Dijiste que no importaba –presiona−, entonces dime.

−No quiero.

−¿Por qué no? –y se ve exasperado con ella como si el que se estuviera comportando como una mocosa fuera ella y no él−. Uta necesito saber, dime dónde está –su mirada baja por su cuerpo−, ¿en tu cadera?

−¿Qué? –pregunta aterrada, trata de empujarlo, pero su mano ya esta tocándola sobre la tela mojada−. Gojo, espera.

−¿Quién era? –pregunta cerca de su rostro, su aliento la marea, sus ojos brillan en la noche, Utahime se siente hipnotizada−. ¿Quién es tu alma gemela? –pregunta en un susurro− ¿Por qué te rechazaría?

Utahime hace una mueca de dolor.

−No sé –responde con la voz quebrada.

Gojo la besa.

No es nada suave ni gentil, Gojo enreda sus manos en su cabello e inclina su cuello para besarla, no le da tiempo de reaccionar o seguir sus movimientos, su lengua se escurre en su boca y Utahime gime por el rayo de placer que le atraviesa el cuerpo.

Trata de cerrar la boca, pero Gojo mete su pulgar en sus labios y ella se sacude por la sensación, la obliga a volver a abrirla, chupando su lengua en el proceso y provocando que su coño se apriete automáticamente.

Siente la madera tocar su espalda cuando la empuja contra el árbol, una de sus piernas se mete entre las suyas y Utahime trata de girar la cabeza ante la sensación.

−Gojo –susurra agitada, su boca no deja de besarla, sus mejillas, su quijada, lo siente morder su cuello−. E-espera−

−Dime quién es –dice con la voz ronca, sus dientes suben por su cuello y muerden el lóbulo de su oreja−. Uta, dímelo.

Ella jadea ante la sensación, trata de mover las caderas para escapar, pero la pierna que tiene entre las suyas solo se frota contra ella, rozando su punto sensible.

−No –jadea.

Utahime toma su rostro con las manos y lo besa de nuevo, le muerde el labio cuando siente que la presión entre sus piernas es demasiado, puede sentir el sabor de la sangre cuando Gojo vuelve a meter su lengua en su boca, está casi gimiendo contra ella, sacudiendo sus caderas mientras que el brazo que tiene en su espalda no deja de estirar la ropa mojada tratando de tocar su piel.

Es cuando finalmente siente sus dedos fríos contra su espalda, subiendo hasta encontrar el broche de su sostén que ella reacciona, abre los ojos y lo empuja con toda la fuerza que tiene.

−No vuelvas a hacer eso –balbucea mientras recoge las toallas en el suelo.

Ella corre y no lo mira durante el resto de la semana.

.

Se repite que se dejó ser una idiota por una noche producto del alcohol, el anhelo de tener a la persona que tanto había esperado a su disposición.

Ella no iba dejar que volviera a pasar.

(Ella falla).

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Gojo no le vuelve a mencionar el beso cuando comienzan a hablar de nuevo, ella actúa normal y él sigue con su actitud de mierda, sin embargo volver a la rutina la hace relajarse, ella necesita esto, la normalidad de saber que las cosas no han cambiado.

La mayoría al menos, Getou no deja de bombardearla de preguntas sobre su marca cada vez que puede. Utahime esta medio aturdida de ver este lado de Getou, pero no puede evitar preocuparse por la clara desesperación que muestran sus ojos cada vez que le explica lo que fue ser rechazada.

−¿Y no pasó… nada?

−No –ella le explica de nuevo, sin molestarse porque él siempre termina en esa misma pregunta−. No siento que voy a morir sin… él, es… fue un poco doloroso al principio, pero porque me la pasé muchos años idealizando una idea que no era real.

Getou apretaba los puños y luego los soltaba.

−Hay personas –decía con un tono medio desesperado−, ha habido casos de que las palabras aparecen después de haberlo conocido.

Ella lo sabía, pero Gojo nunca le dio muestras de nada. Recordó, como para apuñarse a sí misma, como las palabras ni siquiera habían sido para ella.

−No fue mi caso –dice en un susurro.

Fue en su viaje a Kioto con Nanami, mientras hacía trabajo de campo sola que su teléfono vibró con un mensaje que la hizo congelar.

Era de Getou.

Encontré a mi alma gemela.

Utahime se queda en medio de la calle, siendo empujada por varias personas al pasar. Da una mueca y se refugia en una esquina solitaria.

Eso es genial, ¿quién es?

Que pudiera ver los tres puntos de escribir aparecer y desaparecer durante un minuto que se sintió como una eternidad le hizo pensar lo peor.

Es el recipiente de Tengen, su nombre es Riko.

Yo también soy su−

También tiene mis palabras, en su hombro derecho, el mismo sitio que el mío.

−Carajo –dice en voz alta, puede sentir a la gente juzgándola por su elección de palabras en una calle transitada, pero lo único que puede enfocarse es en el sudor frío correr por su nuca−, carajo, carajo.

Mierda, Getou, ¿estás bien?

Esta vez la respuesta es automática.

Claro que sí, encontraré una forma, soy el más fuerte, ¿recuerdas?

Ella no se atreve a corregirlo, pero se muerde el labio con fuerza sin saber qué hacer, Gojo lo ayudaría, definitivamente, aunque no sabía lo que significaría para ellos si desobedecían una orden tan importante.

Podrían juzgarlos de traidores si Tengen no se asimilaba, pero Utahime no encontró corazón para explicarle lo mala idea que era.

Si necesitas algo, dímelo.

Su respuesta llegó una hora después, cuando ella estaba en su hotel designado empacando para regresar a Tokio.

Gracias Utahime, de verdad.

Es la primera vez que usaba su nombre, ella se muerde el labio y da una plegaria silenciosa para que al menos Getou tenga la oportunidad que ella no tuvo.

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Resulta que no la tiene, Riko muere en frente de Getou, un trauma que nunca va superar.

Utahime no lo ve en la escuela durante casi dos meses, Shoko le dijo que tanto Gojo como él están en un tipo de castigo de los grandes mandos por perder al recipiente de Tengen, los mandan a misiones durante días y días, siempre separados.

¿Pero qué hay de él? Piensa con desesperación, ¿por qué nadie habla de lo que perdió?

Cuando finalmente lo ve luce tan cansado que su corazón se achica de dolor. Trata de hablarle, pero ni siquiera pueden cruzar palabras, a penas a regresado de una misión en solitario de dos semanas cuando Yaga lo envía a otra.

−No estás siendo justo –ella reclama en voz alta, llena de rabia.

−Lo sé –Yaga está trabajando en unos peluches, inyectando su energía maldita en ellos−. Ya hablé varias veces con los altos mandos, por Gojo y por él, y lo seguiré haciendo.

Suspira, por primera vez desde que lo conoce luce viejo y cansado.

−Pero es complicado, Iori. Así son las cosas en este mundo.

No es justo, piensa, sabe que Yaga es solo su maestro, pero ellos arriesgan su vida desde tan jóvenes que lo mínimo que debería poder hacer era protegerlos.

Utahime sale de su oficina, pisando fuerte, enojada con Yaga, con los altos mandos, con Tengen.

Si fuera yo, pensaba, si fuera yo protegería a mis alumnos con uñas y dientes.

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El día es frío cuando regresa a la escuela de una misión, los pasillos están vacíos desde hace un tiempo, ya casi nadie se queda lo suficiente antes de tener que ir a cumplir su deber como hechicero. Utahime es la única de su año que decidió quedarse en vez de conseguir su propio lugar para vivir, sigue yendo a misiones como cualquiera, pero se ofreció a ayudar a Yaga a enseñar a los nuevos, su profesor había sonreído cálidamente a su oferta.

Ahora camina sin rumbo, aún con la ropa un poco desordenada hasta que se da por vencida y cae sin gracia al lado de un árbol viejo.

−¿Incluso tu estas muriendo? –le pregunta mirando al cielo, cerrando los ojos y tratando de recordar mejores tiempos.

−No sabía que hablabas a los árboles, Utahime.

Abre los ojos y encuentra a Getou caminando hacia ella con una ligera sonrisa, ella trata de devolverla, esperando verse normal.

Luce más delgado, Getou que siempre lucía una camisa planchada y una apariencia implacable se ve demacrado, su piel más pálida, el cabello demasiado largo, las ojeras prominentes debajo de sus ojos son preocupantes.

−Oye.

−Oye –repite dejándose caer a su lado−, es bueno ver una cara nueva. Siento que al único que he visto estos meses es a Yaga y a Shoko cuando necesito que me curen.

Utahime hace una mueca.

−Las misiones me dejan varada varios días ahora.

Getou solo asiente distraídamente, no sabe si realmente le está prestando atención, pero Utahime toma aliento antes de tomar una decisión y estirarse para tomar su mano con la suya.

No reacciona al inicio, es solo después que ella le da un ligero apretón que su débil fachada se termina de hacer pedazos, puede ver la impotencia de un hombre herido, el cansancio de un cuerpo joven siempre obligado a pelear.

−La extraño.

−Realmente lo siento, Suguru.

Ambos se quedan sentados, tomados de la mano, Utahime no dice nada mientras escucha a Getou llorar a su lado.

Se siente como una eternidad cuando Getou finalmente le dice que debe irse.

−Debía ver a Yaga cuando volví –le dice mientras ambos se levantan, caminan con las manos juntas, arrastrando los pies como niños−, pero sentí tu energía y… –se encoge de hombros−, no sé.

−Está bien, no tienes que… –Utahime se muerde el labio−, ¿quieres…? ¿Estaría bien si utilizo mi técnica contigo antes de que veas a Yaga? No va a desaparecer el dolor ni nada parecido –se apresura−, pero te calmaría la mente.

−Yo… −Getou parece a punto de aceptar, pero de repente parpadea y niega con la cabeza, la sonrisa casual vuelve a su rostro, esta vez no luce forzada−, sería mejor que no.

Utahime le da una corta sonrisa, pero decide no insistir, caminan en silencio, Getou le da un suave apretón a su mano cuando la retira.

−Gracias –le dice en un susurro, Utahime tiene ganas de llorar por él.

−Realmente quería que funcionara.

−Sí –su sonrisa se vuelve triste−, yo también, te habría gustado.

Le da un abrazo, sorprendiéndola por la fuerza de su agarre, pero Utahime se lo devuelve, aún temblando. Puede sentir varios olores adherirse a su ropa, el olor a tierra mojada, el humo, sangre seca. 

−Gracias –dice de nuevo, mientras se aleja por el pasillo a la oficina de Yaga−. Y uhm… −se rasca la oreja en un gesto nervioso−, disculpa si… te metí en problemas.

−No lo hiciste –se apresura, pero Getou solo le da una sonrisa torcida antes de desaparecer.

Se frota el rostro con cansancio, haciendo una mueca al ver su ropa cubierta de tierra. Necesitaba una ducha, y una cerveza fría, piensa mientras camina distraídamente por los pasillos, o una botella de ron.

Algo que no la hiciera pensar.

−Hola, Utahime.

Da un brinco cuando Gojo aparece a su lado, su mano le coge su muñeca cuando ella quiere dar un paso atrás por el susto.

−¡Gojo! –su sorpresa por verlo después de tantos meses es tragada por un vago sentimiento de ira−. ¿Podrías, por una vez, no aparecer así?

−Vi que hablabas con Suguru.

Su pecho tartamudea.

−Sí –dice, tratando de enfocar sus ojos en sus lentes negros y no en las puntos azules que la observaban−, nos encontramos y−

−¿Y estas feliz? –corta, la mano en su muñeca se aprieta solo un poco más−, ¿feliz de verlo?

−¿Qué? –trata de soltar su agarre, pero ni siquiera lo deja moverse un centímetro− ¿Qué te sucede? ¿Acaso estas… estas molesto por eso? –se ríe ácidamente al ver que tensa la mandíbula−. ¿Porque le di atención a Getou? ¿Qué acaba de perder al amor de su vida?

Gojo chasquea la lengua y niega con la cabeza, pero el agarre en su muñeca se hace lo suficientemente débil para que ella se suelte.

−La conoció un par de días, debiste verlo, ambos no se sacaban la mirada de encima, era horrible –se pasa ambas manos por el cabello, desesperado−, aunque supongo que era algo divertido de ver, ¿sabes?, Getou me pidió que lo ayude a cuidar de Riko y le dije que sí, ¿por qué no lo haría? pero yo… yo estaba tan celoso, Uta –la ve sobre sus lentes y ella se queda muda al ver un brillo loco en sus iris−, odiaba que él hubiera conseguido lo que yo no, lo odiaba más que nada y entonces ella estaba muerta, una bala en su cabeza por mi culpa.

−Claro que no –ella niega−, eso no fue tu culpa –se acerca temerosa a tocar su mano, asustada de su reacción, pero él no la aparta−. No podías saber lo que iba a pasar, Gojo.

−Lo peor es que hasta ahora no me culpa, me sentiría mejor si lo hiciera –Gojo parece como si fuera a llorar− ¿Te preocupé yo? ¿Al menos un poco?

Utahime jadea.

−¡Por supuesto que sí!

Gojo aleja su mano para soltar una risita sin humor, le entrecierra los ojos con dolor,  como si no le creyera.

−No lo parece.

Utahime niega con la cabeza, incapaz de poner sus ideas en orden y explicarle que una parte de su preocupación por Getou había nacido de la culpa en su corazón. Aún recordaba la llamada de Shoko, su voz temblaba mientras le explicaba que la misión había fallado, aún no sabían si Gojo estaba vivo.

Utahime se había sentido fuera de sí, apenas recordaba llegar a la estación en busca del primer tren que la llevara a Okinawa. Se la pasó todo el camino llorando.

Ni siquiera había recordado a Getou hasta que revisó su teléfono al día siguiente y encontró su mensaje escrito horas antes del ataque.

Gojo y yo la protegeremos.

−Han sido meses, meses, no he sabido nada de ti más que has tratado de hablar con él, ¿sabes que casi muero? –vuelve a reír−, en realidad sí morí, pero obviamente tampoco te importó, y no es que me moleste que todos piensen en Getou, mierda yo lo hago todos los días, pero tú – la señaló con un gesto vago, su sonrisa era menos amable que nunca− tú solo−

−No te atrevas –le interrumpe, su voz es firme pero sabe que está llorando, su vista esta borrosa−. ¿Cómo puedes…? –su voz se le corta, y ella se aprieta los puños tan fuerte que puede sentir la sangre correr por su mano−. Fui a buscarte cuando supe lo que te pasó –se limpia el rostro molesta, no se merecía ni una de sus lágrimas−, no te atrevas a decirme lo que sentí porque no sabes cómo fue creer que habías muerto, pero cuanto llegué tu−

Ya se había ido, loco por la ira, su mente ennegrecida con el deseo de venganza.

Gojo siempre estaba corriendo, Utahime nunca podría igualar sus pasos.

Pasa los minutos y sus palabras parecen finalmente llegarle, exhala por un largo tiempo, sobándose los ojos, mientras parece querer mantener sus ideas unidas.

−No sé dónde has estado todo este tiempo –dice finalmente mientras se termina de limpiar las lágrimas del rostro −, tus misiones son demasiado importantes para que alguien como yo las sepa, sabía que estabas vivo, me conformé con eso.

−No quería ser un imbécil –dice después que sus brazos caen flácidos a los lados y el silencio que ninguno de los dos se atreve a romper se hace demasiado largo−. Es solo… no regreso desde hace mucho y lo primero que vi al regresar fue a Getou y a ti caminar tomados de la mano.

Suelta un bufido que fácilmente se traducía en mocoso de mierda.

−¿Sabías que yo también tengo una? –pregunta con voz fría−, un alma gemela, apareció cuando entré a la escuela.

Utahime deja de respirar, él bien podría haberla apuñalado.

−¿En serio? –pregunta con la voz entrecortada.

Respira, debía respirar.

−Sí –responde adolorido−, ¿quieres saber quién es?

Ella no quería, de verdad no quería. Se muerde el interior del labio esperando que deje de temblar, que no muestre lo que está pasando por su cabeza, piensa que está haciendo un buen trabajo hasta que parpadea y las lágrimas vuelven a caer pesadas sobre sus mejillas.

−¿No deberías estar feliz por mi? –le susurra Gojo, mientras se acerca y le limpia el rostro con las manos, Utahime suelta un sollozo y se agarra de sus brazos con debilidad−. Siempre estás tan desesperada por ayudar a los demás, todos llegan a tener un pedazo de ti menos yo, no es justo.

Utahime cierra los ojos cuando sus frentes se tocan, le cuesta respirar, siente una mano ir a su espalda baja mientras que la otra acaricia su nuca, ella exhala silenciosamente mientras lo siente tocarla, cuando finalmente se miran solo puede encontrar dolor.

−¿Quién es tu alma gemela? –pregunta en un susurro.

Gojo arruga el ceño y lo siente temblar, como si lo estuvieran lastimando.

−Ella nunca va amarme.

Utahime no puede evitarlo, ella lo besa, se siente herida y desesperada, su cerebro simplemente se apaga cuando los labios de Gojo se mueven contra los suyos con fuerza en un choque de dientes y lengua. Esta vez ella abre la boca con ganas, jadea contra su lengua y ni siquiera se molesta cuando lo siente subir su camisa para apretar sus caderas con las manos.

Gojo deja besos desordenados por su cuello, puede sentir como su estómago se aprieta de placer, sus piernas le tiemblan cuando lo siente chupar su pulso alterado. Sus dedos son ágiles mientras le desata los nudos de su ropa y ella en un intento de sostenerse contra algo golpea la puerta de una habitación vacía.

Gojo maldice por lo bajo, la carga entre sus brazos mientras patea la puerta para cerrarla y la deja sobre un escritorio de madera. Utahime esta jadeando por aire, la parte medio consciente de su cabeza le dice que esto es una mala idea, están en un salón de clases, pero cuando finalmente termina de desatar su hakama y prácticamente se la arranca de las piernas, casi llevándose sus bragas en el camino ella lo olvida.

−Mierda –lo escucha murmurar antes de que ella se incline a besarlo.

Puede sentir su torso bajo la ropa, Utahime tiene el deseo de arrancarle la ropa y lamer toda la extensión de su piel y parece que Gojo tiene la misma idea porque antes de que ella pueda hacerlo, él le levanta la camisa junto al sostén y comienza lamer su estómago hasta llegar a sus senos y chupar sus pezones.

Utahime se retuerce apretando sus manos en su cabello, esta respirando de manera entrecortada, mueve sus piernas abiertas entre las suyas y los dos sisean cuando siente su dureza contra su cadera.

−¡Ah! G-Gojo –jadea−, más despacio, yo−

Su mano presiona su entrepierna, sus dedos se mueven bajo sus bragas hasta encontrar su clítoris y Utahime suelta un gemido vergonzoso, sus caderas se levantan contra sus movimientos, buscando más presión contra sus dedos. Siente el calor acumularse en la parte baja de su estómago, sus piernas se tensan, siente a Gojo sonreír contra sus senos mientras mordisquea y comienza a buscar presionar un dedo contra su entrada.

Utahime salta automáticamente, el miedo comienza a carcomerla de repente, pero ella no quiere eso, no quiere detenerse y en un intento desesperado lo empuja un poco para desabrocharle el cinturón y bajarle la ropa.

−Uta –advierte, suena medio enloquecido cuando lame el borde de su oreja, hace que sus paredes se aprieten alrededor del dedo dentro suyo−, no me voy a detener.

Ella sacude la cabeza, mete sus manos en sus calzoncillos hasta sacar su pene erecto y darle un bombeo experimental. Gojo prácticamente se derrumba sobre ella y lo escucha volver a maldecir, se aleja lo suficiente para bajarle las bragas que se enredan en su tobillo y la atrae hasta el borde del escritorio para que pueda alinearse con su polla.

Utahime se levanta con los codos, su respiración y la de Gojo es demasiado rápida, pero ninguno hace ningún intento por detenerse cuando el comienza a hundirse en su coño mojado.

Entonces se detiene, sorprendido.

−Creí que no eras−

−Sigue –dice agitada, apretando sus caderas con sus piernas−, por favor.

Trata de ir lento, aún maldiciendo, su pulgar acaricia su clítoris para relajarla, pero Utahime clava sus uñas en la madera y solloza cuando lo siente tocar fondo.

Duele, piensa, esto duele.

Utahime expulsa el aire que está reteniendo y se estira sobre el escritorio de madera, tratando de soportar el dolor, medio sonríe al ver a Gojo totalmente despeinado y sonrojado, esta respirando agitadamente por la boca.

−Se cayeron tus lentes –dice agitadamente, él se inclina hacia su toque cuando ella levanta su mano para acariciar su rostro. Gojo respira la palma de su mano, besas sus nudillos mientras cierra los ojos.

Su corazón salta.

Trata de mover las caderas, pero Gojo le aprieta las piernas para que se detenga.

−No, espera−

−Satoru –dice su nombre en un jadeo, siente sus senos arder, su piel esta en carne viva−, estoy bien.

Se agarra de sus hombros y da otro empujón, Gojo gime en voz alta, aprieta sus piernas y comienza a moverse sin delicadeza, Utahime siente que esta gritando y trata de callarse mordiendo su mano, cierra los ojos y tiembla con cada embestida. No deja de doler, pero cuando abre los ojos y lo ve perdido en el placer ella decide que lo va resistir.

Ni siquiera dura mucho, en un par de movimientos él se viene dentro de ella, diciendo su nombre y besando cada pedazo de piel que encuentra.

−Aún no has venido –se queja cuando ella trata de quitárselo de encima.

Utahime aun no es capaz de formar palabras, pero con otro empujón de sus brazos, Gojo finalmente sale de ella y le da espacio para que pueda sentarse, se estremece al sentir su venida y las gotas de sangre correr por sus piernas.

Se acomoda la ropa con los dedos temblando, finalmente su conciencia recupera el control y trata de mantener la calma al darse cuenta de lo que acaba de hacer.

Mierda.

−Uta−

−No –corta débilmente, arreglándose la ropa, agradecida de que no se hubieran terminado de desnudar−, es solo… necesito irme.

Gojo aprieta los labios, pero también se arregla hasta que ambos están vestidos y salen del salón.

−Te veo después –farfulla queriendo huir, pero Gojo la toma gentilmente del brazo.

−No vas a hacer como si esto no pasó, ¿verdad?

−Necesito… pensar.

Gojo en realidad toma una bocanada de aire y asiente sin insistir.

−Solo no lo olvides.

Cuando ella llega a su habitación toma un largo baño y después escribe a Shoko para que le consiga una pastilla anticonceptiva.

Cariño, ¿estás bien?

Utahime se limpia las lágrimas, pero sonríe ante su mensaje.

Lo estaré, por favor la necesito.

.

No lo ve durante dos semanas y ninguno de los dos trata de hablar con el otro, así que ella usa el tiempo para pensar y pensar lo que se supone que se había convertido su amistad con Gojo hasta que finalmente lo ve regresar con varios alumnos de último año de Kioto.

Una chica cuelga animadamente de su brazo y otra parece muy feliz del coqueteo obvio que mantienen y los silbidos que sus demás amigos hacen cada vez que ambos se abrazan. Utahime se mantiene serena ante el intercambio, está ayudando a Yaga en la escuela por una razón.

Su mente se parte en dos durante el transcurso del día, la primera se encarga de dirigir a los alumnos invitados e ignora a Gojo y sus comentarios burlones, así como sus intentos de hablar con ella a solas y la otra parte simplemente se burla de ella.

¿Qué rayos estabas esperando? Es un niño, y tú una adulta que sigue viviendo en la escuela.

Siempre fue estúpida cuando dejaba que sus emociones le ganaran.

Esa noche entra a un bar sola y se acuesta con la primera persona que le habla, supone que tiene una cara linda, pero tiene tres latas de cerveza encima y realmente no le importa quién sea, solo necesita quitarse la esencia de Gojo de encima.

Al día siguiente ella no se lo dice, pero tampoco es necesario, él lo sabe.

Al tercer día de la llega de los estudiantes de Kioto se cuchichea como Gojo y una estudiante habían sido reprendidos por ser encontrados cogiendo en un salón vacío.

Es un jodido mocoso.

Ella decide que es tiempo de mudarse.

.

El enojo solo les dura un par de meses, antes de que acabe el año Haibara yacía muerto en la morgue.

Solo un par de días después, Getou se encuentra asesinando un pueblo entero.

Entre las consecuencias de sus acciones, el traslado de tantos cuerpos y el informe del caso de la muerte de Haibara, no pueden ofrecer un funeral hasta dos semanas después.

Utahime sale del santuario, recibiendo a las personas que llegan, se queda sola en la entrada, sin soportar ver el ataúd.

−Hola –dice cuando lo ve llegar al funeral, sus lentes cubren por completo su mirada−. Los demás están adentro.

Gojo asiente sin ganas.

−¿Nanami?

−Está con la familia de Haibara.

Cree que la está mirando, aunque sus lentes no la dejan saber en qué dirección van sus ojos. Es la primera conversación normal que tienen desde la masacre de Getou, incluso ese día él realmente no se había quedado a hablar más de dos minutos con ella antes de irse y dejarla con Shoko que estaba llorando silenciosamente en su sala.

«Sí fue mi culpa, Uta»

−¿Cómo estás? –le pregunta él finalmente−, no sé si eran cercanos, pero Haibara era−

−Era un buen chico –dice triste−, se equivocaron con la misión, era un nivel más avanzado.

Utahime aprieta los puños con odio, Yaga estaba adolorido pero le dio una mirada resignada, ella lo sabía, este tipo de errores eran comunes.

¿Por qué?, quería gritar, frustrada. Arriesgamos la vida todos los días ¿por qué nos hacen esto?

−Oye –Gojo toca sus manos hasta que deja de apretarlas−, tienes una mala costumbre de hacer eso.

Hace una mueca, pero no dice nada, tampoco se aleja de su agarre.

Su infinito está apagado.

−¿Cómo has estado? –le pregunta en su lugar.

−Cansado –lo piensa durante otro segundo−, muy abrumado.

Se sonríen y de repente siente que puede volver a respirar.

Deciden que es tiempo suficiente para acabar con su disputa.

.

El tiempo pasa, aún no encuentran a Getou.

Tienen encuentros cortos ahora, se saludan si se encuentran en la enfermería o en la morgue, apenas un vistazo de cada uno cuando entran y salen de la oficina de Yaga.

Los años pasan.

.

El sonido del timbre la sorprende, está segura que Shoko no iría a visitarla ese día, el golpe de la puerta le hace fruncir el ceño con desconfianza.

No había manera.

−U-ta-hi-me –canta Gojo detrás de su puerta−, vamos ábreme, ¡hace frío!

Ella abre pero no lo deja pasar, pone una mano en su cadera cuando lo mira enojada.

−¿Cómo sabes dónde vivo?

−¡Qué mala! –uno de sus dedos aprietan el costado de sus costilla en un movimiento tan rápido que la hacen saltar y él aprovecha para meterse en el departamento−, claro que sé donde viven todos mis amigos.

¿Somos amigos? Piensa, pero no lo dice en voz alta.

−Okey –dice con el ceño fruncido, su departamento era una sala comedor con una sola habitación y baño, a ella le había gustado que fuera pequeño, pero Gojo parece ocupar todo su espacio mientras camina por su sala y toca su mesa que la separa de la cocina antes de abrir sus estantes−. ¿Qué quieres?

−¿No te pagan lo suficiente para tener un lugar más grande?

−Lo hacen –dice amargada−, pero me gusta este lugar, soy solo yo.

Gojo asiente distraídamente mientras come de su caja de cereal, viendo los cuadros que tiene colgados en la pared.

−Eso noté –muerde otro bocado de cereal de su mano y hace una mueca−, esto no tiene azúcar.

−Es integral.

−Te encanta arruinar la diversión, ¿no?

−¿Qué quieres? –repite enojada.

−Estoy de paso –a pesar de sus quejas sigue comiendo el cereal−, hoy me… compré- no, mejor dicho, adopté, dos perros.

−¿Perros?

−Ajá –se mete otro puñado de cereal y luego agarra la crema batida que tiene en su cocina y se rocía una porción−, sí, necesitaba eso.

 Utahime vuelve a su sitio en su mueble antes de que él llegara y agarra la cerveza que dejó en el suelo. Se sacude un poco el cabello de los hombros, había decidido dejar las coletas cuando dejó la escuela y optar por una media cola.

−Entonces adoptaste dos perros y viniste a decírmelo, ¿porque…?

Gojo traga y se mueve inquieto, abriendo su refrigerador.

−No tienes nada de pastel.

−No me gusta el azúcar.

Ella jura que lo escucha llamarla aburrida por lo bajo, ella se pregunta qué tanto beneficio tendría solo tirarle su lata a la cabeza.

−Gojo –arrastra de nuevo−, ¿puedes dejar de caminar como una rata enjaulada?, me pones nerviosa.

Lo hace, se sienta a su lado pero su pie no deja de rebotar y ella se exaspera, pone una mano en su rodilla y le da su lata.

−Tómalo.

−Estoy dejando el alcohol –aunque de repente se anima−, bueno si tanto querías emborracharme podrías haberme llamado.

−Gojo.

Resopla.

−Aburrida –pero solo toma la lata, dejando escapar un suspiro−, supongo que acabo de darme cuenta de que estoy haciendo algo que juré que nunca haría.

Achica los ojos.

−No adoptaste perros, ¿no?

−Técnicamente no.

−¿Puedes aclarar eso?

Gojo da un sorbo de su lata y luego hace una mueca, Utahime se la quita y lo bebe en su lugar.

−Prefiero no hacerlo por ahora.

Suspira, pero tampoco quiere insistir si va ir por su cocina buscando más comida. El silencio no es pesado, pero sí la hace sentir incómoda, ambos suelen reunirse con más personas, un cumpleaños, felices de tener a alguien vivo otro año, funerales.

Hace una mueca, a esto se había reducido su vida.

−Puedo poner una película –ofrece.

Eso lo hace relajarse contra su mueble.

−¿Tienes masacre en Texas?

−Shoko y tu son raros –dice sacando la película que Shoko la obligó a comprar−, ya vemos suficiente de esto.

−Sí, pero esto es divertido.

Ellos ven la película, luego la dos, ella lo amenaza con el control por si la obliga a ver la tres, así que después de discutir un rato él la obliga a ver Nemo.

En todo el transcurso ella se tomó un total de tres cervezas y siente su cabeza un poco más ligera, pero sigue consciente, tanto para saber que en el transcurso de cada película Gojo ha apagado las luces, se ha quitado los zapatos, los lentes y tiene presionado sus hombros juntos.

No recuerda en qué momento comenzó a apagar su infinito cuando estaba con ella.

−¿Alguna vez piensas en eso? –él pregunta cuando la película a penas esta a la mitad−. ¿En lo que hicimos?

Ella no necesita preguntar a qué se refiere, sigue mirando a la pantalla, los trazos coloridos llenos de vida.

−Sí –responde con suavidad−, yo… debí detenernos, lo siento.

−¿Por qué te disculpas? –su voz está más cerca de su oído, la hace estremecer−, a mi no me molestó.

−Eras… –se atraganta con su saliva, siente su nariz cerca de su cuello−, eras menor de edad, debí ser el adulto responsable.

Su risa es profunda, no sabe por qué de repente se siente excitada.

−¿Eso es lo que te molestó? Soy un adulto ahora y tomo mis propias decisiones, lo sabes, ¿no? –su aliento hace que los vellos de su piel se ericen−. Utahime-sempai, estas perdonada

−A veces eres insufrible.

−Mmm –tararea de acuerdo, ella aprieta sus puños en sus rodillas, siente que si se mueve va romper la burbuja que habían creado−. Uta… ¿podría ver tu marca? –su voz es suave contra su oído−, ¿por favor?

Quizás es la cerveza, o que ya ha pasado tanto tiempo que sabe que él no recordará lo que le dijo, porque da un suspiro mientras se retuerce para quitarse la camisa, puede sentir que el aire se atora en la garganta de Gojo, pero ella aún usa sostén y se dice que esto es lo mismo que usar traje de baño.

Podría solo haberme subido las mangas, piensa.

Ella levanta su brazo derecho y Gojo traga cuando mira las palabras escritas en su antebrazo, incluso aunque su mente está un poco nublada se da cuenta de que tenía razón, él no lo recuerda.

−¿Era alguien normal? –pregunta pasando sus dedos por su piel, ella se estremece−, tu alma gemela.

−Sí –miente en voz baja−, él es.

−Oh.

Baja su brazo pero Gojo sigue tocándola, sus dedos suben hasta su hombro, trazan sus clavículas, suben por su rostro y trazan sus labios.

−¿Qué dice la tuya?

Gojo le da una mirada inusual antes de alejarse y comenzar a desabrocharse la camisa, él realmente es malo, porque puede ver las letras pequeñas asomarse por su cadera derecha, no necesitaba quitarse la ropa.

Tú tampoco, piensa.

Es injusto que él sea tan hermoso, quiere besarlo tanto como quiere golpearlo, pone una mano contra su torso, encima de una cicatriz y lo ve tragar mientras se cierne sobre él, ella inclina la cabeza, leyendo las palabras pequeñas en vertical que cruzan su cadera.

«Sigo siendo mejor que tú, ¿quieres apostar?»

Utahime no puede pensar en nadie que podría decirle eso al más fuerte, cuando levanta su mirada él está con la mandíbula tensa. En un latido de corazón él suelta el aire que está reteniendo lentamente y después le sonríe, no le gusta esa sonrisa, sabe que es falsa.

−No hagas eso –reclama tocando su rostro, Gojo cierra los ojos ante su toque, sus manos ya están acariciando sus muslos−, es molesto cuando finges sonreír.

−Soy bueno para ocultar eso –murmura bajo sus dedos, ella esta fascinada por sus pestañas, su nariz, su boca−, soy bueno para ocultar muchas cosas.

−No de mí.

Abre los ojos y la intensidad de su mirada la calienta por completo.

−Supongo que siempre fallo contigo.

Esta vez su sonrisa es de verdad y Utahime sonríe devuelta y se inclina para besarlo, es suave, y dócil, puede sentir la sonrisa de Gojo extenderse en su boca, su mano le recorre la columna vertebral y juega con el broche de su sostén sin abrirlo. Resopla en sus labios, pero se separa y se quita el sostén ella sola.

−Trataba de ser un caballero –dice falsamente herido.

Rueda los ojos.

−Eso le queda más a Nanami.

Gojo le achica los ojos y le da un pellizco a su pezón, antes de que ella lo golpee la vuelve a besar, esta vez con más fuerza, abre la boca para sentir su lengua y se balancea contra sus caderas, ya sintiéndolo duro.

Utahime lo empuja para que se recueste contra el mueble y comienza a chupar su cuello, feliz del sonido que saca de él cuando abre más las piernas y se mueve, Gojo aprieta su trasero con fuerza, pero ella sigue chupando, lame todo su torso, las heridas que encuentra, hasta llegar a las palabras que lo marcan como propiedad de otra persona.

Tiembla un poco mientras las lee, pero igual las besa, porque tampoco es tan egoísta para desearle la infelicidad. Gojo dice algo como joder, cuando le baja los pantalones hasta las rodillas y le da una larga lamida a su pene, por regla general odia lamer penes, pero esta vez chupa la punta con gusto, tragándose el líquido blanco que sale y Gojo se sacude como si lo hubiera electrocutado.

−Mierda, espera –se sienta y hace que se separe, él jadea cuando ve sus labios húmedos−, mierda.

Le da un beso desordenado, sorprendiéndola de que no se asquee por probarse a sí mismo, sus manos son rápidas para agarrar el borde de sus pantalones y bajarlos junto a sus bragas.

−Estabas por caerte del mueble –le dice entre besos, tratando de quitarle los pantalones sin que ella se levante.

No puede evitarlo, se ríe y le da besos de mariposa, Gojo se ríe de vuelta, finalmente quitándole la ropa, dejándola completamente desnuda, ella se mueve y lo ayuda quitarse los suyos, lo que resulta una tarea más difícil, porque cada vez que se levanta en sus rodillas para darle espacio, él agarra uno de sus pezones en su boca y los lame mientras uno de sus dedos la bombean con rapidez.

Siente que esta goteando, manchando su mueble nuevo, media molesta y muy caliente le termina de quitar los pantalones y sin pensarlo más alinea su pene a su entrada y se hunde con un largo gemido de los dos.

Condones, recuerda, pero ya es tarde, lo tiene hundido hasta el fondo y ella jadea en busca de aire, Gojo está presionando sus uñas en sus caderas cuando comienza a moverse hacia arriba y ella suelta un lloriqueo moviéndose a la par con el chasquido de sus caderas.

No tiene de qué agarrarse, siente que va explotar, su pene se mueve y golpea dentro de ella deliciosamente, Gojo enreda su mano en su cabello, estirando su cuello para que lo pueda besar, Utahime siente el calor y la presión en sus piernas crecer, se mueve con más fuerza, jadea cuando Gojo usa su otra mano apretar su clítoris con su pulgar.

−Mierda, mierda.

Se agarra de sus hombros, llorando en su cuello cuando siente que el placer comienza a recorrerla.

Gojo sostiene sus muslos con fuerza y de repente se pone de pie, ella grita por la sorpresa y por el cambio de ángulo.

−Satoru –dice desesperada, él camina un par de pasos y su coño lo aprieta con tanta fuerza que él termina golpeándola contra la pared, embistiéndola sin nada de gentileza−. Y-yy-o-

Levanta más sus caderas, toca un ángulo nuevo y ella se corre mientras grita, Gojo muerde su hombro, ella quiere empujarlo, sobre estimulada, pero él sigue moviéndose, besando su cuello cuando ella solloza de placer.

Finalmente se corre dentro de ella, su nombre en sus labios mientras sigue meciendo sus cuerpos, Utahime puede sentir el sudor en su cuerpo, siente su cuerpo flácido, media adormecida por el orgasmo y la estimulación de tenerlo aún meciéndose dentro suyo.

Satoru.

−Si dices mi nombre así –dice con la voz ronca−, me vendré de nuevo.

Trata de empujarlo débilmente.

−Es mucho –solloza.

Gojo besa su mejilla y la suelta gentilmente, ella se tiene que agarrar de sus brazos para no caerse.

−No tenías que pararte –dice en un murmullo.

−Quería llevarnos a la cama –su mano acaricia su mejilla y ella se recuesta contra su palma−, luego me apretaste demasiado.

−Me sorprendiste –dice sin enojo real.

Gojo suelta una carcajada, después de un momento ella lo lleva a su cuarto, la ropa de ambos olvidada en la sala, el televisor aún reproduciendo la película.

−Me gusta tu habitación –dice detrás suyo, le acaricia los hombros y ella se relaja contra él−. Aunque te falta una foto mía.

−Solo tengo fotos de mi familia.

−¿Esa no es Shoko?

−Es como mi hermana.

Gojo le da un beso en su hombro, sube por su cuello y luego le hace girar la cabeza para besarla.

−Te traeré una bonito foto mía para que pegues en tu tocador –dice contra sus labios.

−No quiero –frunce los labios en un ligero puchero, lo que lo hace reír.

−Mmm –piensa, arrastra sus manos por su torso y luego agarra sus dos senos, los aprieta y tira de sus pezones al mismo tiempo, ella suelta un siseo−, sabes que igual lo haré.

−Lo tiraré –dice entre dientes, tratando de no derretirse en sus brazos.

Su pecho se sacude con su risa.

−Traeré varios –susurra, su polla comienza a sacudirse contra ella−, tantos que no podrás tirarlos.

Utahime se siente mojada de nuevo, solo tararea en respuesta, pero después de sentirlo resbalar entre su trasero, ella se gira para tomar su mano y llevarlo a la cama.

−Y vas a usar condones –advierte.

−Sí, capitán –dice más que feliz de volver a estar sobre ella.

.

Es una cosa rara, la que ambos tienen. No es una relación, porque ninguno lo admite como tal y tampoco encaja exactamente en la definición de amigos con beneficios, porque primero no son tan amigos y segundo porque tampoco es que puedan verse tan seguido.

A veces él se va durante semanas, incluso meses y cuando regresa es el turno de Utahime de ausentarse. Incluso cuando ninguno está en una misión no siempre pueden verse, ambos ocupados en sus propias agendas.

Sin embargo siguen teniendo sexo, cada vez que están uno) no tan cansados y dos) sin ninguna persona de su círculo común alrededor, están prácticamente sobre el otro, teniendo sexo en hoteles baratos (No vamos a quedarnos toda la noche, Gojo), hoteles caros (¿Crees que no puedo permitirme esta suite? ¿Yo? ¿El más fuerte?), o su departamento, preferiblemente el de ella, aunque estaba un poco harta de tener que tirar las fotos estúpidas de Gojo pegadas por toda su casa, estaba más cerca a la escuela y también porque le dolía un poco que el portero del edificio de Gojo siempre la mirara con un aire de pena.

Pobre niña inocente parecía decir y ella lo sabía, pero decidía ignorarlo.

Como ahora, que no habían llegado a ir al suyo y Gojo los había llevado con su técnica a su propio departamento lujoso, tirándola sobre su gran cama y arrancándole su ropa en el proceso.

−¡Oye! –dice jalando su pelo.

Gojo solo se ríe.

−Era mentira que estaba en tu espalda −acaricia el muslo que acaba de morder.

−Yo… ¿qué?

−Tu marca de nacimiento, dijiste que estaba en tu espalda –deja un beso en su muslo mordido−, pero está aquí.

−¿C-Cómo…? –cierra los ojos con fuerza cuando lo siente bombear un dedo dentro suyo−. ¿Cómo sabes eso?

−Me lo dijiste hace años –murmura, su aliento es cálido contra su coño, ella se mueve desesperada cuando él no toca su clítoris, se ríe y le regala una pequeña lamida−, dos mentiras una verdad.

¿Cómo recuerdas eso todavía?

Pero su mente se pone en blanco, cuando comienza a comérsela.

.

Tiene las manos amarradas sobre su cabeza, completamente desnuda y excitada, él en cambio, sigue pulcramente vestido sobre ella.

Quiere darle un puñetazo en su boca.

−Tu casa siempre tiene cerveza y hielo cortado –dice mientras se mete uno en la boca y besa su abdomen, ella chilla por la sensación−, pero ningún dulce.

−Todos tiene hielo, idiota –pero jadea en voz alta cuando el suelta el hielo sobre sus senos y sopla su aliento frío sobre sus pezones−. G-Gojo…

El imbécil tiene el descaro de reírse.

−Te puse cerveza en mi nevera –le dice bajando su lengua hasta el hueso de su cadera, ella lo insulta bajo su aliento cuando lo ve poner otro hielo en su boca, Gojo se ríe mientras abre más sus piernas y sopla su coño abierto, ella se sacude−. Podrías poner un dulce para mi, ¿Mmm?

−Go- Sa-Satoru –tartamudea en voz baja, sabiendo que cuando dice su nombre es más dócil−, sin el hielo.

Le sonríe con todos los dientes.

−Pero perdiste nuestra apuesta hoy –escucha sus dientes masticar el hielo antes de tragarlo y luego vuelve a coger otro−, ¿recuerdas? Si yo ganaba me dejabas hacer lo que quisiera.

−P-pero-

Su lengua solo roza el monte de su vagina y ella siente que se sacude, esta frío, y ella está toda caliente y mojada.

−Créeme esto es lo más suave que quiero hacerte –deja un beso en su muslo y luego le da una lamida a toda su raja, ella grita sacudiéndose más−, además estas goteando ¿mmm? Te gusta, −sigue lamiendo, chupando, su lengua deja el hielo sobre su clítoris y Utahime ve blanco antes de correrse.

Sus muñecas tratan de rompe el agarre sin éxito, sus piernas se sacuden tratando de escapar, Gojo las agarra, riéndose de ella, abre un poco los ojos para ver su sonrisa traviesa, sus ojos están llenos de deseo por ella.

−Deberías ver tu cara cada vez que te corres –mete dos dedos en su coño y ella siente que esta jadeando como una perra en celo−, podría verla todos los días –se inclina para lamer las gotas que caen de su cuello.      

Siente la bruma caliente volver a golpearla, Gojo mueve sus dedos más fuerte dentro suyo, los curva para tocar profundo y ella llora cuando él vuelve a alejarse.

−Hijo de perra –masculla, tratando de juntar sus piernas para buscar fricción, como siempre, Gojo no la deja.

−Te agregaré un hielo más por el insulto –dice contento−, la noche aún es joven.

Ella gime en voz baja, abriendo más las piernas cuando él vuelve a bajar por su cuerpo.

.

−¿Cuándo ibas a decirme que adoptaste a dos niños?

Esta vez habían terminando en el departamento de Gojo, lo encontró tarareando distraídamente sobre su mesa de mármol, jugando algo en su teléfono, comiendo de un plato lleno de malvaviscos.

Gojo mastica tranquilo sus malvaviscos antes de tragar, Utahime pone sus manos en sus caderas, no sabe qué tan seria se ve tan solo usando una camisa de Gojo y sus pequeñas bragas, pero mientras más tarda en contestar, más comienza a enojarse.

−Gojo.

−No es que sean mis hijos –dice lamiéndose los dedos−, soy su tutor legal.

−Me dijiste que adoptaste perros.

Gojo se ríe de su propia broma.

−Sabías que no era cierto –hace un gesto a su departamento vacío−, los habrías visto. ¿Quién te dijo? ¿Shoko?

Utahime hace una mueca.

−Te llegó un mensaje –responde con algo de culpa, mostrándole el celular de su mano−, me despertó porque no dejaba de sonar, cuando venía a dártelo un mensaje nuevo llegó y se encendió la pantalla.

Gojo no parece molesto, pero salta de la mesa y la alcanza para que ella se lo entregue.

−Dice que la fiebre de la niña bajó.

−Tsumiki –le explica Gojo, el revisa la lista de mensajes de forma rápida y luego lo vuelve a apagar, la toma de las caderas y la acerca en un abrazo−, es una niña agradable, no como el arrogante de su hermano, te gustarían.

−¿Puede conocerlos?

−Sería mejor que no –acaricia su cabeza con su frente y Utahime se avergüenza de lo bien que se siente ser tan pequeña a su lado, ella copia su gesto y lo abraza por la cintura−, los Zenin tienen un ojo sobre ellos, los bastardos saben cómo entrometerse incluso conmigo ahí, prefiero no atraerles más atención de la que deberían, aún son muy jóvenes.

Utahime puede escuchar el latido de su corazón cuando recuesta su cabeza contra su pecho, ella sabía per se, que Gojo estaba en un tipo de negocio raro, cada vez que estaban juntos o en una reunión y recibía un mensaje que lo hacía chasquear y tener que desaparecer por un par de horas.

No se le había pasado por la cabeza que fuera a causa de dos niños.

Estaba un poco feliz que no fuera por otra persona, la lista de hombres y mujeres que querían estar en su cama era ridículamente larga y aunque se había negado a dejar salir sus sentimientos, estaba algo feliz de que no tuviera alguien igual de recurrente que ella.

A eso se había reducido ella, su madre estaría decepcionada.

Cierra los ojos tratando de apagar el pensamiento y concentrarse en sus brazos.

−¿Entonces solo pasas regularmente a verlos? –no pudo evitar reír−, ¿te llaman papá?

Gojo se estremece por su comentario.

−Ni siquiera juegues con eso Iori-sempai –deja un beso en su frente y luego se inclina para darle otro beso rápido en los labios−. Pago para que alguien los cuide, pero a veces los mocosos, en especial el menor, se ponen demasiado problemáticos.

Utahime quiere preguntar de donde salieron los niños, por qué era él quien los cuidaba, o su afinidad a los Zenin, pero antes de que alguna de las preguntas se formen en su boca, las manos de Gojo aprietan su trasero y se mece contra sus caderas, ganándose un jadeo de ella.

−¿Vamos a hablar de ti revisando mis mensajes? –su mano aprieta una de las mejillas de su trasero con más fuerza y la otra estira sus bragas hacia atrás, la tela se hunde en su raja, contra sus labios menores, ella gime moviendo sus caderas−. ¿Celosa de alguien Utahime-sempai?

Solo niega con la cabeza incapaz de hablar, se estira para besarle el cuello, Gojo tararea suavemente al sentir sus labios en su piel.

−Si lo admites no seré malo contigo.

−No estoy celosa –farfulla de forma agitada, mordiendo su pulso−, eres un mocoso.

Gojo solo se ríe, siempre tiene un brillo divertido y genuino cuando la fastidia, pero ella no quiere negar que le gusta verlo así, relajado y sin preocupaciones, así que sigue este juego que han estado haciendo y le permite follarla desde atrás con movimientos rápidos, la tiene sentada frente a él, una de sus manos frota su clítoris sin descanso mientras su polla se curva dentro suyo haciéndola chillar con cada golpe de caderas.

Utahime no puede aguantarlo, la presión es demasiado para su cabeza, ella cae de rodillas, dejando que la levante y siga cogiéndosela mientras él ríe por su llanto.

−Siempre eres demasiado sensible –se queda un segundo sin moverse y ella aprieta las sabanas bajo sus dedos−. ¿Cuándo vas a acostumbrarte a mi pene dentro de ti? –se mueve suavemente y ella sisea apretando las sábanas con más fuerza−. Ruega.

−Vete a la mierda –escupe sin aliento.

Gojo solo se ríe, va jodidamente lento, el desgraciado, ella trata de tocar su clítoris y él le da una bofetada a su trasero cuando lo hace, Utahime chilla, tratando de sacudirse, alejarse. Gojo levanta su trasero más arriba y la comienza a follar con movimientos rápidos.

Ella no dura tanto, se corre mordiendo las sábanas para dejar de gritar, estira su brazo y trata de tocar la cadera de Gojo, arrugando la camisa abierta que cuelga de sus codos para que baje la velocidad, pero él siempre pierde la compostura cuando ella se viene, está hablando rápido, diciéndole lo bien que se siente, cómo la va atar a su cama para cogerla hasta que se desmaye.

Utahime vuelve a apretarse involuntariamente y él se corre con un fuerte gemido que la hace jadear, Gojo cae sobre ella, dejando besos desordenados sobre su espalda.

Se queda estirada y abierta boca abajo cuando Gojo sale de ella, gira la cabeza con los ojos entrecerrados de placer y lo mira mientras se deshace del condón y se vuelve a subir la camisa sobre los hombros. Gojo tiene la costumbre de querer siempre quedarse con las camisas puestas, Utahime se dio cuenta que era para que ella no vea las palabras en su cadera, lo que era ridículo porque a ese punto ya habían visto todo del otro.

¿Por qué no quieres que la vea? La pregunta siempre se le atora en la garganta, el miedo de saber que al final solo estaba robando momentos de alguien.

−¿Qué haces? –pregunta con la voz entrecortada, viendo con los ojos abiertos como saca otro condón−. Gojo

−No esperabas que terminemos ya, ¿verdad? –le da una sonrisa con todos los dientes, gateando sobre la cama y acariciando sus muslos cerrados−, abre las piernas.

Utahime tiembla, pero lo hace.

.

Llevan haciendo esto demasiado tiempo, Utahime no sabe en qué momento pasaron casi dos años, pero el golpe de realidad le llega en una                reunión de clanes, cuando Zenin Naobito se burla de Gojo por no haber tenido un hijo todavía.

−¿Te acuestas con tantas putas y ninguna puede tener tu hijo todavía? –Naobito está sentado a varias mesas de distancia de ella, reunido con los demás cabezas de clan, pero ella puede oírlo, su risa agria y molesta−. ¿Acaso vas a hacer tu heredero al niño que nos robaste?

−Quizás sí –no lo ve, pero sabe que Gojo se está encogiendo de hombros−, me gusta esa técnica que tiene, buena herencia para mi clan. Y deja de hablar sobre la gente que meto a mi cama, son chicas limpias, no me contagiarían el herpes como las putas que te coges.

Utahime hace una mueca ante todo el lío que sigue y no puede ver a Gojo durante un par de días por una misión a Kioto a la que la envían, pero le da tiempo para pensar.

Zenin Naobito podía ser un hijo de puta despreciable, pero no era un mentiroso, y le duele, sí, pero la relación de ambos nunca fue exactamente algo serio e incluso si lo fuera, ¿realmente le gustaría estar metida en toda la mierda de los clanes?

Su respuesta era automática, por supuesto que no, ni siquiera por Gojo.

Recordó las palabras de su madre, escoger a alguien que caminara a su lado, no que estuviera siempre persiguiendo.

Ya estás muy grande para estas tonterías, Utahime.

Cuando Gojo le envía un mensaje preguntando si pueden verse en su lugar cuando regrese a Tokio, ella toma aliento antes de enviar las palabras.

¿Podemos hablar en otro lado? Escribe con los dedos temblando, quiero decirte algo.

La respuesta de Gojo, que siempre había sido automática y seguida de algún emoticón raro, ahora es corta.

Claro.

.

No se lo toma bien.

Como… nada bien.

Era por esa razón que quería verse en un sitio con más personas, no en su pequeño departamento, dónde él se movía como si estuviera encarcelado, el bastardo ya se había metido a su lugar cuando ella llegó a dejar sus maletas.

−¿Así que decidiste que… empezaras una relación? –repite lentamente por tercera vez−, ¿con un chico cualquiera de Kioto?

Utahime en realidad trata de no enojarse, ¿cómo le decías a la persona –alma gemela, amigo, colega de trabajo− que has estado cogiendo los últimos dos años que no lo veías como una persona elegible para una relación estable?

Respuesta: no se podía.

−No es alguien cualquiera –dice cruzándose de brazos−, ya te dije, en realidad es un colega, siempre nos asignan juntos en mis misiones a Kioto.

−Sí, entonces –Gojo abre y cierra los puños mientras se sube los lentes y cubren sus ojos por completo−. ¿Solo vas a… empezar una relación con este hechicero sin nombre?

−Se llama Shuu.

−Suena aburrido.

−Es agradable –dice encogiéndose−, además no es que vaya a ser su novia, me pidió una cita y dije que sí.

−Ah –dice girando el cuello para hacerlo tronar−, entonces, ¿planeabas salir con este… Shuu, mientras cogíamos?

Hace un gran esfuerzo por tragarse el insulto y respirar.

−Por eso estoy parando…esto –se vuelve a encoger de hombros.

Eso no lo calma en absoluto.

−¿Mientras cogíamos? ¿En serio?

−No es así –dice con más fuerza en la voz−, simplemente esto… –su lengua se traba un segundo− esto ya no funciona para mí.

No parece haber escuchado nada de lo que dijo.

−¿Mientras cogíamos?

−¡No te engañé mientras cogíamos! –grita exasperada−, ni si quiera éramos nada –Utahime se agarra el borde de su blusa para contenerse, pero no lo logra−, además eres un hipócrita, te veo coquetear todo el maldito tiempo, nunca me he quejado por las personas que llevas a tu cama, al menos yo tengo la decencia de avisarte.

Gojo bufa como si acabara de escuchar la cosa más divertida de la noche, se gira caminando a su puerta.

−Sí, bueno –le agita la mano como si acabara de aburrirse de ella−, avísame cuando termines de jugar a la casita así podemos volver a lo nuestro.

Utahime lo odia, lo odia, lo odia, y es solo por eso que ella no solo se hace novia de Shuu sino que también extiende su relación más de un año a pesar de se aburrió en los primeros meses de noviazgo.

.

Claro al final debe terminar con él, porque el anillo y la propuesta brillante que le ofrece le dan otro golpe de realidad.

Gojo la visita a su departamento una semana después que ella le dice a Mei, que seguramente le dijo a Nanami y que este lo mencionó a Gojo para quitárselo de encima, que había terminado con Shuu.

−Toc, toc –saluda alegremente, la puerta estaba abierta por las cajas apiladas que estaba dejando−, no te imaginé como la que cambia de departamento por una relación fallida.

Utahime apenas le asiente, sin dejar de meter sus pertenencias en las cajas, la relación complicada con Gojo fue lo suficientemente incómoda para no querer verlo por un tiempo, en especial cuando se hizo una cicatriz en el rostro producto de un descuido en una misión. Sin embargo como la mierda que siempre era comenzó a aparecer en su vida de nuevo, en especial cada vez que ella estaba con Shuu en una reunión con sus amigos, siempre con una chica con poca ropa sentada en su regazo.

Después del medio año todo volvió más o menos a la normalidad, aún era un narcisista arrogante, pero los insultos ni siquiera eran de cerca lo duros que eran cuando seguía siendo un niño, ambos seguían siendo colegas, tuvieron que aprender a manejar su relación.

Eso y que Shoko amenazó con dejar de hablarles si seguían portándose como idiotas.

−¿Vas a quedarte mirándome como idiota o vas a ayudarme?

Gojo le saca la lengua, pero le ayuda a envolver sus platos para empacarlos.

−Entonces…

−Entonces… –repite Utahime con el mismo tono.

−¿Qué pasó con Shan? Se veían felices.

Utahime se paraliza y esta vez lo mira con un poco de enfado, en el año que pasó Gojo empezó a usar una venda alrededor de los ojos en lugar de sus lentes habituales, si ya le era complicado saber lo que pensaba con los lentes, con la venda era peor.

−Si vienes a burlarte, vete.

−No lo hago –alza los brazos en señal de paz para enfatizar−, solo curioso.

Utahime mira sus manos de nuevo, volviendo a empacar.

−Quería casarse –dice mientras envuelve sus vasos−, anillo y todo, no podía hacerlo –toma un respiro−, quizás también influyó que medio entre en pánico. No una buena señal.

−Aun eres joven –por una vez Gojo no hace un comentario soez−, solo tienes veintiséis.

Utahime se ríe sin humor.

−Nuestro trabajo no nos deja vivir tanto, no a menos que te retires antes –ella cierra la caja y abre otra−, no pienso renunciar nunca.

Se quedan en silencio mientras empacan, ella le da miradas de reojo, aliviada de que Gojo se vea relajado, hasta feliz.

−Espero que tu nuevo apartamento tenga más espacio –dice luego de ayudarla a bajar la cocina−, lo necesitas.

−Lo es –ella sube un par de cajas al camión de mudanzas−, mi lugar en Kioto es bonito.

La cabeza de Gojo gira a su dirección en un chasquido.

−¿Kioto?

−No me mudo porque terminé con Shuu –dice con un suspiro−. Conseguí un trabajo de maestra en Kioto, tuve la recomendación de Yaga y acepté.

No hay respuesta por un segundo.

−¡Felicidades! –ella prefiere no señalar que su sonrisa es falsa− Ojala seas mejor maestra de lo que exorcizas.

Aún así la ayuda a subir todo hasta que el camión se va, se quedaría con Shoko un par de días antes de irse.

−Toma –le dice Gojo cuando ella deja sus llaves a su casero−, son dos entradas para el juego de beisbol de mañana, te gustará verlos antes de irte.

Lo mira con sorpresa, una sonrisa formándose en su boca.

−Yo… gracias –su sonrisa se hace más grande cuando ve que es para su equipo favorito.

Gojo se encoge de hombros de manera presumida.

−Un regalo para mi sempai preferida.

Cuando Utahime llega al apartamento de Shoko y le cuenta emocionada que tienen dos entradas para el juego de mañana, su amiga la observa con sorpresa.

−¿Para nosotras? –pregunta viendo las entradas−, me dijo que te llevaría él.

Oh.

−Le deben aburrir –dice más para sí misma que para Shoko, su amiga no le contradice−. De todas formas preferiría ir contigo.

.

No se atreven a volver a romper esa línea que crearon, Utahime ignora los comentarios maliciosos de Gojo, él ignora sus llamadas de atención de su parte.

La relación que tuvieron no es mencionada de nuevo.

Utahime no le pregunta a Gojo.

Él tampoco le dice nada.

Los años siguen pasando.

.

Getou ataca por primera vez en años, Utahime cuida de sus alumnos en Kioto hasta que recibe la noticia de Shoko.

Muerto, Satoru lo mató.

No debería pero de todas formas pide el permiso y viaja a Tokio con la promesa de regresar en dos días.

Encuentra a Yaga primero, que parece que ha envejecido mucho en un par de semanas de no haberse visto y la abraza con una disculpa atorada en los labios. Utahime abraza a Shoko que deja salir un sollozo en su hombro y finalmente va a ver a los alumnos.

Todos heridos, pero vivos, revisa en especial a la gemela de Mai, ambas seguían en una disputa familiar pero su alumna había estado visiblemente asustada cuando no hubo noticias de la escuela de Tokio.

−¡Ah! –un chico con ojeras entra un poco después que ella se sienta al lado de Maki−. Hola –dice nervioso−, traje vendas.

Utahime le sonríe, tratando de no intimidarse por la cantidad de energía maldita que este chico de la mitad de su edad desprendía.

−Yuta, ¿verdad? –pregunta amablemente, el chico asiente, sentándose al otro lado de la cama de Maki, Utahime trata de no reír para no avergonzarlo−. Gojo me habló de ti.

Yuta le parpadea, mirándola con curiosidad antes de sonreír con algo de nerviosismo, se ve mejor cuando sonríe.

−Eres Iori sensei –dice−, Gojo habla mucho de ti.

Utahime hace una mueca.

−No creas nada de lo que dice.

Se ve confundido.

−Pero si tú eres… –se detiene abruptamente cuando Maki se remueve y abre los ojos, confundida−, ¡Maki!

−Me siento como la mierda –dice con voz rasposa, ella parpadea a la luz de la enfermería y luego gira su cabeza a Yuta−, ¿cómo te sientes?

−Mejor –las mejillas se calientan cuando mueve la cabeza para dar énfasis en sus palabras y parece dudar antes de acercar su mano a la de Maki, aunque no la toca−. Mucho mejor ahora.

¿Cuántos años tienen? Piensa, pero el ruido de la puerta abriéndose la detiene.

−¡Utahime! Sabía que sentí la débil presencia de alguien, ¿qué haces aquí? −Su humor cae en picada, lista para soltar un insulto, pero Gojo solo la toma gentilmente del hombro en señal para que salgan−. Dejemos un tiempo a solas a los tórtolos mientras hablamos.

Yuta mira el intercambio con más curiosidad que nunca, parece que va decir algo, pero Maki toma su mano para que se detenga.

−Dile a Mai que no moriré por esto –Maki la mira y luego lanza una breve mirada a Gojo−, y llévate a nuestro profesor idiota, no ha dejado de molestar toda la tarde.

Utahime le sonríe.

−Descansa.

A penas cierran la puerta, al fin en soledad, ella se estira para darle un apretón a su mano.

−Lo siento, Satoru.

Gojo abre la boca por la sorpresa, luego mira sus manos y acaricia su pulgar contra su mano.

−Yo también, Uta.

.

Al día siguiente, en la víspera de Navidad, Utahime vuelve a la escuela solo para encontrar a todos los estudiantes practicando combate.

−Eres un abusivo –le dice Utahime a Gojo mientras se sienta a su lado en la banca vacía.

−Mis alumnos se recuperan rápido, a diferencia de los tuyos.

Utahime abre la boca ofendida, lista para presumir, pero luego la cierra y vuelve a mirar a los estudiantes de Gojo.

−Has hecho un buen trabajo –responde al fin.

Puede ver la sonrisa formándose en su rostro cuando lo mira de reojo.

−No ha sido fácil –dice estirando sus piernas y doblando sus manos sobre su cabeza para recostarse contra la pared que tiene detrás−, aún no sé cómo terminé aquí.

−Créeme –dice con voz monótona−, nadie lo sabe.

Se quedan en silencio, observando como Maki y Panda luchan contra Inumaki y Yuta.

−Entonces… −se muerde un poco el labio−, Panda me dijo lo de Maki y Yuta.

Gojo solo se encoge de hombros.

−¿Y?

−No lo entiendo.

−Son almas gemelas –el pie de Gojo choca contra el suyo cuando lo comienza a mover, Utahime cruza sus tobillos bajo la banca en reacción−, sabes cómo funciona.

−Se supone que aparece lo primero que te dicen al conocerlos –Utahime frunce el ceño cuando Gojo aún no la mira−. Maki dijo las palabras de Yuta varios meses después de conocerse.

−Esta cosa funciona de manera extraña –Gojo no parece impresionado−, Yuta tenía su marca, pero Maki no dijo las palabras hasta mucho después –ahora se ve divertido−, debiste verlo, ella estaba casi desmayada por el entrenamiento que les dejé, pero no dudó en atacar a Yuta cuando él se detuvo en medio de la práctica y le soltó que ella era su alma gemela.

−Además –agrega antes de que Utahime lo corte−, fue igual para Maki, ella ya sabía que era Yuta, pero bueno, todos creíamos que Rika era su alma gemela y prefirió no decir nada. No la culpo, Rika daba algo de miedo, aunque Maki también es aterradora cuando quiere, mi primo tiene gustos raros.

El silencio vuelve a caer, Utahime se muerde el labio.

−¿Cómo sabías que podía aparecer una marca así?

Gojo parece un poco infeliz.

−Solo lo supe.

Utahime prefiere no insistir, no quiere seguir hablando y dejar escapar que quizás esté un poco celosa de dos adolescentes.

Ambos saltan cuando Maki en un movimiento rápido noquea a Inumaki y Yuta. Mierda, eso debió doler.

A su lado Gojo se ve animado de nuevo.

−Que tiempos, me recuerda a cuando practicábamos.

−Sí, eras un presumido.

Gojo ignora su comentario.

−¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te salve a Yaga y a ti, prácticamente caíste enamorada en mis brazos.

Utahime se ríe en voz alta.

−Estoy bastante segura de que te llamé idiota arrogante.

−No seas tan mala –hace un puchero−, era un niño siguiendo órdenes.

−Un mocoso –recalca divertida−, apareciste de la nada presumiendo con Yaga lo fácil que fue destruir las maldiciones para ti.

Gojo se ríe con ella pero el sonido que espera escuchar por al menos un largo rato muere casi al instante, Utahime lo mira de reojo, incluso con la venda está segura que tiene las cejas fruncidas.

−¿Qué pasa?

−Nada es… –Gojo ladea su cabeza hacia su dirección para que sepa que la está mirando−. Pensaba en la marca de Yuta.

−¿Qué hay con ella?

−¿Puedes mostrarme la tuya? –antes de que ella niegue él se levanta y se estira para tocar su antebrazo−, es por Yuta –dice despacio, está calmado, normal¸ pero por alguna razón jura que lo siente casi desesperado−, por favor.

Arruga la frente con preocupación, pero se arremanga lo suficiente para que él lea las palabras, lo ve extender la mano pero no toca su piel y después de un par de minutos Utahime se mueve incómoda.

−¿Gojo?

Su sonrisa es ácida cuando retrocede, su pecho comienza a latir con fuerza.

−No era nada –su voz es cantarina, pero sus hombros están tensos−, tengo que irme, te veo después.

.

Está terminando de empacar en su hotel cuando recibe un mensaje suyo para ir a verla.

Sabe que no debería, pero quizás es porque está cansada, porque no ha dejado de pensar en la marca de Yuta y Maki o que la muerte de Getou se siente demasiado fresca todavía que se niega a pensar en las consecuencias que responde que sí y lo deja entrar a su cama.

Se sorprende de lo mucho que su cuerpo aún lo recuerda, ella se retuerce, gime y dice su nombre mientras se hace macilla bajo su toque, está acostumbrada a que Gojo la folle con urgencia pero esto se siente diferente, él la besa por todas partes, deja su cuerpo temblando y no deja que ella lo toque cada vez que trata de alcanzarlo.

−Déjame tocarte –le ruega mientras tiene dos dedos curvándose dentro suyo−, necesito tocarte.

Solo asiente, incapaz de responder, su coño esta palpitando y resbaladizo, cuando se desliza dentro suyo ambos dejan de respirar un segundo, Gojo tiene la boca abierta, la venda de sus ojos está en su cuello, parece demente cuando alza sus piernas hasta su pecho y la folla con movimientos bruscos.

Solo puede agarrarse de las sábanas, gimiendo con la cabeza hacia atrás y casi desvaneciéndose cuando el orgasmo la golpea de repente.

−Satoru –solloza.

Gojo se detiene, aún respirando agitado mientras baja sus piernas y se estira sobre ella, alza sus brazos arriba de su cabeza y le deja besos desordenados hasta llegar a las palabras en su antebrazo, está esperando que las bese o las lama como ha hecho antes, pero esta vez el muerde y está segura que ha sacado sangre porque le comienza a palpitar de dolor.

Utahime se agita, trata de empujarlo y Gojo solo se ríe, su voz es profunda, parece poseído por algo. La voltea como una muñeca y se vuelve a meter en ella, los dedos de sus pies se curvan y ella araña las sábanas tratando de sostenerse y mantener la cordura mientras él chasquea sus caderas juntas, sus bolas golpean su trasero y su pene golpea sus entrañas dejándola sin aliento.

 Su brazo baja por su abdomen y la levanta, ella se aprieta contra él por la sorpresa y Gojo se viene durante un largo rato, se desploma sobre su cuerpo, aún con una mano alrededor de su cintura no deja de besar su cuerpo, besos desordenados de boca abierta, sobre sus hombros y su mejilla.

Un par de horas después ambos siguen en la cama, el sudor y los fluidos están secándose en sus cuerpos, Utahime está de lado, su espalda pegada al pecho de Gojo, su mano le ha estado acariciando su cadera derecha desde hace un tiempo.

−¿Qué le dirías si lo tuvieras a tu lado?

Utahime quiere fingir que está dormida, pero no le ve el punto de mentir.

−No diría nada –y lo dice con sinceridad−, yo hice mi vida, al igual que él hizo la suya. A veces así es cómo funciona.

−¿De qué sirve tener una marca entonces?

Utahime se da la vuelta para poder mirarlo, Gojo ya no tiene esa mirada enloquecida, pero odia la tristeza que ve en sus ojos.

Sin embargo no se atreve a consolarlo.

−No lo sé –responde con sinceridad−, pero incluso si él tuviera mis palabras sé que lo nuestro no funcionaria.

La mano sobre su cadera se tensa, Gojo está visiblemente herido, Utahime no dice nada mientras él parpadea varias veces antes de volver a enfocar sus ojos en ella.

−¿Por qué?

−Porque yo le daría todo –responde en un murmullo, esta vez sí lo toca, sus dedos trazan su cadera, sobre las palabras que tiene escritas−, y él solo podría darme partes de él. No merezco eso.

No dicen nada más durante el resto de la noche, Utahime no sabe en qué momento se duerme, si es cuando Gojo vuelve a besarla, todavía herido con sus palabras, o cuando la hace rebotar hasta el dolor sobre su cuerpo como una forma retorcida de castigo, ella simplemente se levanta cuando aún no ha terminado de amanecer. Gojo completamente vestido se acerca para darle un beso en la frente antes de volver a cubrir sus ojos con su venda e irse.

−Nos vemos, Uta.

Se muerde el interior de su mejilla antes de responder.

−Nos vemos, Gojo.

.

−Escuché sobre el recipiente de Sukuna, pero Gojo no me quiere decir nada –Yuta suena avergonzado al otro lado de la línea−, solo quiero confirmar que todo está bien.

Utahime sonríe mientras sostiene el teléfono con una mano y con la otra revisa los exámenes de sus alumnos.

−Está todo bien, Gojo no es presumido apropósito. Traerá al niño la otra semana para el evento de intercambio, Shoko también lo conoció, mientras Gojo esté cerca no hay problemas y sabes lo entrometido que es –mastica el lapicero entre sus labios antes de seguir−, lo que significa que Maki está bien –sonríe al escucharlo suspirar aliviado, Yuta de verdad era un joven adorable−, podrías haberle preguntado a ella desde un inicio, ¿sabes?

−Aún está un poco molesta porque no regreso –le dice riendo−, y se enojará más si sabe que me preocupo porque algo le pase.

−Estoy segura de que se le pasará después del evento, volverá a ver a Mai después de un año.

−Mierda, lo sé, eso será feo.

Utahime está esperando que le pregunte algo más sobre Maki o sus amigos, pero la pregunta que sigue la toma por sorpresa.

−¿Cómo van las cosas con Gojo?

Su corazón se detiene.

−Igual que siempre –dice robóticamente−, no ha dejado de ser un idiota.

Utahime jura que puede escuchar sus propios latidos de corazón cuando escucha exhalar a Yuta desde el otro lado de la línea.

Después de acostarse con Gojo las cosas habían sido… raras, por usar una palabra sencilla. Cuando viajaba a Kioto por algún negocio la buscaba solo para no saber qué hacer a su alrededor, a veces siendo considerando y otras actuando como un niño. En el último evento que tuvieron pudo haber jurado que él iba levantarse de la mesa con todos sus estudiantes presentes para besarla cuando se había manchado los labios con la sandía que estaba comiendo.

No sucedió –gracias a los dioses−, pero pudo sentir su presencia más intensa que nunca, nadie parecía haberlo notado y si lo hicieron no dijeron nada, a excepción de Yuta, que los miraba con un ceño fruncido, sin entender por qué seguían actuando así.

−Iori-sensei… –Yuta parece a punto de frenarse, pero al final lo suelta−, si sabes que Gojo tiene tus palabras, ¿verdad?

Era como si el mundo se hubiera puesto al revés de repente, Utahime sacude la cabeza y parpadea al salón vacío y luego al teléfono en su mano.

−¿Qué?

−No lo ha dicho en voz alta, pero es bastante obvio que eres tú, le pasó lo mismo que a mí –explica cuando ella no responde−, dijiste las palabras mucho después de conocerlo.

−¿Qué? –repite confundida, trata de recordar las palabras que ha leído en la cadera de Gojo cientos de veces pero su mente está en blanco−, no, claro que no, me lo habría dicho.

¿Lo habría hecho? Piensa una voz al fondo de su cabeza. Tú no lo hiciste.

Yuta suspira desde el otro lado de la línea, Utahime se siente con los roles invertidos, como una niña y él como el mentor, para ser alguien tan joven entiende más que ambos que le doblan la edad.

−Fue él quien me dijo que su alma gemela había aparecido a la mitad de su vida, Iori-sensei, ¿está segura que no hay alguna posibilidad que sea usted? No puedes decirme que no sabes cómo te mira –Yuta parece darle unos segundos para procesar sus palabras antes de seguir−. Y tu alma gemela es Gojo, ¿no?

Utahime se arrepentiría después por haber hablado de su vida amorosa con un niño de diecisiete años, pero en ese momento ella solo se hunde en su silla, tratando de sostenerse con una mano mientras llora.

.

Utahime tiene una semana entera para pensar y pensar y pensar. Las últimas palabras que habló con Yuta aún flotando en su cabeza.

No le diré lo que hablamos, prometió antes de colgar, pero creo que él ya sabe. Creo que tú también lo has pensado.

Su antebrazo aún tenía las marcas que le había dejado cuando la mordió; recuerda su reacción cuando le pidió leer las palabras que la marcaban, sin preguntarse por qué quería leerlas de nuevo si él ya lo había hecho cientos de veces.

Fue estúpida, pero quizás era algo que necesitaban para seguir con sus vidas. Incluso si él sabía su secreto aún no estaba segura que ella era la dueña de las palabras que lo marcaban. Se trata de convencer de eso una y otra vez cuando los días se le acaban y el evento de buena voluntad llega.

Pero incluso si lo fuera, la pregunta que se venía repitiendo durante tantos años aún estaba fresca en su cabeza, la misma respuesta de siempre.

¿Funcionaría?

Claro que no, no lo haría.

.

El evento entre escuelas termina en un partido de beisbol.

Si ignora el que ni Gojo ni ella mencionan el tema de las almas gemelas aunque ahora es tan obvio que ambos saben algo, que fueron atacados, murieron diez personas y perdieron un par de los dedos de Sukuna, diría que es una mañana agradable.

Hasta que su clase pierde.

−Te odio –dice sin humor, caminando con él hasta su clase para sacar el dinero que le debe.

−Una apuesta es una apuesta –su voz cantarina la irrita−. No te enojes, siempre puedes ser la segunda mejor.

No le sigue el juego, quiere buscar su bolso para tirarle el dinero a la cara. Se encuentran con Miwa y Momo, ambas terminando de recoger sus cosas para irse.

−¡El soborno de estudiantes! –exclama Gojo al ver el ramo de flores en su escritorio−, bonito detalle niñas, pero deberían buscar algo real para conseguir mejores notas.

Momo le hace una mueca con el labio cuando salen del salón, Miwa le da miradas nerviosas a su amiga.

−Esas son del novio de Iori-sensei, maldito raro.

Utahime hace una mueca, Miwa se disculpa con la mirada y jala a Momo para irse con pasos rápidos. Gojo se queda en silencio mientras ella busca en su bolsa, él está mirando en dirección del ramo, piensa que va agarrarlas y romperlas, pero solo mete sus manos en los bolsillos de sus pantalones.

−Tu novio tiene mal gusto –dice cuando agarra el dinero−, odias las rosas.

−Me gustó el gesto –responde con los brazos cruzados, sin mencionar que el regalo era una ofrenda de paz de la última discusión que tuvieron−, ya tienes tu dinero, puedes irte.

−Vamos a beber algo, tu y yo –sacude su dinero en el aire−, acabo de conseguir dinero.

−Tú no tomas.

−Es algo entre colegas –sigue agitando el dinero en el aire−, ¿mencioné que yo invito?

Contra su voluntad, ella acepta.

.

Al final Gojo sí toma, aunque es después que ella ya tiene tres latas encima y en un descuido menciona cómo su novio y ella habían hablado del matrimonio, quiere explicar al instante que ese había sido el principal motivo de su discusión, pero Gojo ni siquiera le deja seguir, ordenando una cerveza para sí mismo y bebiéndola toda de golpe.

−No sé cómo puedes tomar esta mierda –dice después de toser y limpiarse el rostro con el dorso de la mano−, te encanta meter mierda a tu cuerpo. Lo has hecho siempre.

Su cuerpo salta.

−¿Eso qué significa?

Gojo se ríe de ella.

−Sabes lo que significa.

Jodido hijo de perra.

−No sé para qué me molesto contigo –le dice sobre la bulla de las demás personas, su cuerpo esta hirviendo de ira−, tu siempre eres el mismo.

No espera a que Gojo responda, se levanta arrastrando la silla y sale del lugar, escuchando las pisadas fuertes de Gojo tras suyo. El aire de la noche la golpea cuando siente la mano de Gojo en su muñeca, su infinito apagado mientras la arrastra hasta un callejón a pesar de que ella está prácticamente arañándolo.

−¿Por qué siempre me haces esto? –pregunta presionándola contra la pared de ladrillos, el lugar es oscuro y discreto, pero si alguien se asomaba podría verlos−. Te encanta jugar conmigo, eres una perra cuando quieres.

Utahime se retuerce tratando de empujar su rostro, pero es inútil, no se mueve, por mucho que lo patee.

−¿Cuál es tu puto problema?

Esta vez agarra sus dos muñecas y la samaquea, ella hace una mueca de dolor, lista para morderlo si se acerca a su rostro.

−¿Cuál es tu problema? ¿Por qué te encanta hacer esto? –dice enojado, Utahime en realidad tiene una sacudida de miedo, porque no recuerda haberlo visto colérico nunca−. ¿Desde cuándo lo sabes?

Ella se congela.

−No sé de qué hablas –dice con la voz fría.

Gojo se ríe de forma desquiciada.

−Tú siempre lo has sabido, ¿no? –Utahime trata de retorcer sus muñecas pero es inútil, él las pone sobre su cabeza sin ningún esfuerzo−. ¿Tanto me odias?

Cierra los ojos con fuerza, tratando de escapar de alguna forma, pero Gojo ni siquiera le da eso, él la besa con tanta fuerza que ella jadea por aire y él aprovecha para meter su lengua en su boca, suelta sus manos, ignorando sus intentos de empujarlo mientras alza sus piernas para ponerlas contras su cintura y mecerse contra ella, Utahime jadea, odiando lo mojado que esta su cuerpo, devolviendo el beso y mordiéndolo tan fuerte como puede, disfrutando del siseo de dolor que le saca. 

No está pensando, porque Gojo está tratando de quitarle la ropa y ella aún tiene una pizca de conciencia para retorcerse bajo sus brazos.

−No quiero hacerlo aquí –jadea contra su boca, cerrando los ojos con fuerza cuando su mano frota su entrepierna.

Gojo maldice bajo su aliento, sujeta sus muslos y el mundo se distorsiona por un segundo mientras aparecen en otro sitio.

Utahime parpadea, ubicándose, sus pies tocan el suelo, su mente trata de procesar que se encuentran en una azotea vacía.

−¿Qué? ¿Qué?

−No funciono bien con alcohol –Gojo esta agarrándose la cabeza, se sacude y se baja la venda de los ojos hasta el cuello mientras se acerca con rapidez a ella y termina de bajarle los pantalones.

 Utahime tiembla ante el frío de la noche, ella busca su rostro y lo besa, asustada y Gojo parece encenderse de nuevo, enloquecido.

Ni siquiera se desnudan por completo, cuando su cuerpo toca el suelo el frío la hace protestar contra sus labios, pero Gojo sigue tocando sus senos sobre su ropa, sacudiendo la erección de sus pantalones contra su entrepierna mojada.

−Satoru –gime en su boca, tratando de atraerlo más al envolver sus piernas contra él−, Satoru entra ya, por favor, por favor.

Escucha el cierre de sus pantalones romperse cuando él se libera y se envaina en ella en una sola embestida, Utahime esta gritando contra su oreja mientras él se mueve entre sus piernas abiertas, siente su aliento alterado mientras respira en su quijada.

−¿Cómo puedes querer casarte con otro? –gruñe en su oreja, saliendo de ella y volviendo a entrar, provocando que se le salga todo el aire de los pulmones−, ¿Por qué sigues haciéndome esto?

Utahime sacude la cabeza, tirando la cabeza para atrás cegada por el placer que la recorre, el orgasmo que la sacude dejándola media desmayada.

−¿Cómo le puedes mostrar ese rostro a alguien más? –sus movimientos son más erráticos, su coño no deja de agarrarse a él, apretándolo para que se corra dentro suyo−, eres mía, mía.

Utahime lo besa cuando él se corre, apretando sus piernas para que siga dentro suyo, puede sentir las lágrimas en sus besos, si son de ella o de él, no puede distinguirlo.

.

Les toma dos intentos y un anciano muy perturbado para llegar a su departamento. Ambos se desnudan antes de caer en su cama, haciendo un lío de sus sábanas y tumbado los cuadros que ella tiene en la cabecera de su cama cuando Gojo se agarra del borde para entrar más profundo en ella.

Utahime trata de ser menos bocal en un punto, pero Gojo mete su pulgar en su boca y se inclina para besarla mientras se mueve dentro suyo, dejándola abierta y jadeando cuando él se corre primero.

−Déjame comerte –pide aún en su boca, ella lame el dedo contra sus dientes, la lengua que se escurre contra la suya−, Uta.

 −.

Gojo la suelta y baja por su cuerpo antes de sumergir su lengua en su humedad. Lame y chupa, incluso muerde, pero no la deja venir, ella esta sollozando de dolor, aprieta su cabello y lo empuja más tratando que la haga correrse, pero solo provoca que la lama más despacio.

−Satoru, por favor.

−Aún no.

Sigue lamiendo una y otra vez, es medio de su locura de alcanzar su placer que se da cuenta de lo que hace.

−Estas deletreando –dice−, no quiero, no puedo.

Gojo se ríe por primera vez, una risa profunda y rica que hace que su coño se apriete y ella llore por la falta de su polla dentro suyo.

−Sé que puedes –dice chupando su clítoris y soltándolo cuando siente que ella se sacude−, no te pido mucho.

Se muerde el labio mientras trata de concentrarse, Gojo le abre más las piernas para tener más espacio para lamer.

−E-es –Utahime se pellizca los pezones para calmar el dolor−, L…M, A- ¡ah!

Trata de tocar su clítoris, pero Gojo agarra su mano y chupa sus dedos.

−Lo haré peor, concéntrate.

Utahime solloza.

J- mph G, M, E, L –su coño palpita de dolor−, no puedo, no puedo, por favor, Satoru, lo siento, por favor.

Utahime jura que ve estrellas cuando finalmente se apiada de ella y mete dos dedos dentro suyo y chupa su clítoris hasta que se corre, siente que su mancha no deja de salir y escucha a Gojo reírse mientras acaricia su cuerpo tembloroso.

Lo observa con ojos entreabiertos, su cara esta mojada de su venida, sus ojos brillan en la oscuridad de su habitación con más intensidad que nunca.

−Dejaste mi mano empapada –dice como si regañara a una niña−, apuesto a que nadie más te ha hecho eso.

Utahime le muestra los dientes en una mueca, mientras se levanta y trata de empujarlo a la cama, su cuerpo aún le tiembla, sensible por tanta estimulación, pero Gojo se ve  más que feliz de dejar que ella tome el control.

−Nunca dejas de hablar –regaña dándole un par de movimientos a su pene, las manos de Gojo recorren su abdomen y masajean sus senos−, deberías aprender a callarte.

−Amas mi voz –cierra los ojos de placer cuando ella se hunde hasta la empuñadura−, siempre lo has hecho.

No responde, opta por moverse tratando de ir despacio para adaptarse, pero Gojo no la deja ni siquiera tener eso, se sienta y agarra sus caderas moviéndola sobre él, haciéndola chillar.

−Satoru, despacio –el sonido de piel chocando la marean más que nunca, besa su quijada y su boca, ella hace que lo vea−, despacio –repite.

Jadea con el ceño fruncido, pero baja la velocidad, dejando su cabeza caer contra su mandíbula.

−Te he deseado siempre –susurra mientras ambos se mueven en busca del placer−, desde que te vi por primera vez.

Lo besa, hunde sus manos en su cabeza y solo se separa de sus labios cuando el orgasmo la golpea y necesita respirar, Gojo besa su pulso, dándole tiempo para respirar antes de moverla a su ritmo, buscando su propia liberación con un par de movimientos más.

Terminan como siempre, ambos desnudos y llenos de fluidos, recostados sobre la cama y mirándose sin decir nada.

−No iba a casarme con él –confiesa, tratando de encogerse−, no… no va a funcionar.

Gojo no parecer alegrarse por la noticia.

−Pero lo pensaste –dice sin esperar respuesta, ya la sabe−, y eso es lo que más me duele.

Utahime no se mueve cuando lo ve levantarse y ponerse la ropa, si se siente incómodo o no, su rostro no dice nada, vuelve a colocar la venda sobre sus ojos y la mira desde el borde de la cama, aún desnuda y  cubierta de sus huellas.

−Sé quién es tu alma gemela –le dice−, ¿quieres saber quién es la mía?

Ella cruza sus brazos alrededor de cintura en un intento de sostenerse, finalmente sacude la cabeza.

Gojo sonríe con tristeza.

Cuando se va Utahime se queda mirando a la nada, su teléfono vibra y ella no quiere recogerlo porque sabe lo que dirá.

Cuando finalmente se anima a abrir el mensaje ella llora.

Eres tú, tú eres mi alma gemela Uta.

Lo siento.

.

.

.

Notes:

Yo cuando empecé a escribir: no pueden ser más de 5k palabras
Yo cuando iba en las 15k: (O_O;)

Llevo demasiado tiempo sin escribir, así que espero que todo esto fuera entendible.
Gracias por leer <3
Ann.