Work Text:
En el momento que Seishiro Nagi aceptó el reto de hacer un graffiti gracioso en una de las paredes del colegio, no creyó que el resultado sería ser llamado a formar parte del club de artes. De entre todos los castigos posibles por vandalismo, el que la profesora le ofreciera "gastar su talento" en un club antes que hacer un servicio social fue en definitiva la mejor opción que Nagi pudo haber elegido. En palabras de aquella mujer, el de ojos grises tenía buena mano para el arte urbano; ni idea de a qué se refería con eso, pero para él aquello sonaba genial, ¿así era como se le denominaba a las pinturas de la calle? Vaya, debió haberlo intentado antes.
Observó con tranquilidad la usual expresión de Reo al estar muy concentrado en algo; sintiendo a su vez cómo una de las manos ajenas le seguía sosteniendo el rostro y con la otra se disponía en permanecer pintando cautelosamente sobre sus mejillas. Durante su primer día en ese lugar, Seishiro tenía la firme creencia de que su estadía iba a ser una cosa aburrida; a él no le llamaba la atención pintar o dibujar, y aún a pesar de que la propia maestra Anri le asegurara que tenía talento, Nagi prefería gastar su tiempo jugando video juegos o durmiendo, ¿de qué le servía estar en un club que no le interesaba? La respuesta a su pregunta surgió tan rápido como cruzó por su cabeza. Con una personalidad simplista y carismática, Mikage Reo logró hacer de Nagi Seishiro su propio lienzo, al de cabello blanco no le importaba lo que el de irises morados quisiera hacer con él; su curiosidad era más grande que los gramos de sentido común todavía existentes en su persona.
Al instante en que Nagi vio el pez Koi que Reo tenía pintado en su brazo izquierdo, supo que tal vez ese club tenía gente con una perspectiva interesante de lo que se hacía llamar "arte". Por otro lado, Reo le aseguró al contrario que ese lugar era menos aburrido de lo que podía creer, y el descendiente de los Mikage tenía toda la intención de demostrárselo. Las primeras veces Reo se limitaba a hacer pinturas miniatura en los brazos o las manos del chico de ojos grisáceos; cosas que iban desde flores o plantas en general, hasta pequeños paisajes y animales. Para Seishiro las habilidades del otro eran algo que nunca había creído llegar a tener la oportunidad de apreciar; se le hacía sorprendente que a pesar de ser una persona con un estatus social bastante reconocible, Reo decidiera centrarse en hacer el intento de disfrutar cosas "insignificantes" como lo venía siendo la pintura. Si debía ser honesto, a Nagi le gustaban tanto los dibujos del de cabello morado, que incluso en ocasiones olvidaba lavarse la pintura y sus amigos terminaban cuestionando o molestando con el tema cuando al día siguiente aparecía con los dibujos aún visibles en su cuerpo.
─¿Quieres salir conmigo?
Por una brevedad de tiempo, Reo sintió a su corazón dar un vuelco. Detuvo la acción que estaba llevando a cabo en el rostro del chico, cediendo a que su mirada cruzara con la del peli blanco, ¿había escuchado bien? Seishiro mantenía una expresión relajada, como si su pregunta fuera lo más normal del mundo, y aunque lo fuera, esas tres palabras tomaron con la guardia baja al Mikage. Dentro de su cabeza una variedad de preguntas no tardaron en hacerse presentes, siendo la más abundante el "¿Por qué?". Según el de orbes morados, Nagi no tenía ninguna clase de interés por él, su compañía se basaba en un acuerdo sencillo en el cual ambos ganaban algo del otro; Seishiro le permitía pintar en su cuerpo y Reo le demostraba que el arte podía ser un medio divertido de expresión. Sin embargo, no anticipó que durante todo el tiempo compartido con el de ojos grises, aquello que consideraba como la calidez de una agradable compañía, terminara siendo en realidad una extraña manera en la que su propia persona le gritaba que los sentimientos por Nagi Seishiro iban más allá que solo quererlo para probar diferentes técnicas de arte corporal.
Reo quería descubrir cuántas galaxias podía pintar en las mejillas de Nagi, cuántos peces podría hacer navegar en sus brazos, o de cuántas flores podría hacer dueñas a sus manos. Planeaba descubrir cuántas raíces sus dedos podían tener, cuántas olas podrían caber en su clavícula, e incluso, si algún día podría pintar en el amplio lienzo que era la espalda del más alto. Y eso era algo que Nagi sabía más que a la perfección. Reo no buscaba embellecer a Nagi, Reo le aseguraba que aún con "dibujos tan bonitos", él seguía resaltando por ser el modelo principal en cada una de sus pinturas. El chico de cabellos blancos podría no hablar mucho, pero estaba completamente seguro de las palabras pronunciadas en su pregunta; sentía tener tantas cosas para decir, pero si la mejor manera de demostrarle su amor a Reo era permitirle seguir expresando todas sus emociones pintando su cuerpo, no tendría quejas al respecto.
Seishiro vio cómo una sonrisa se formaba en el rostro del artista, para posterior a ello juntar ambas frentes con cautela y escucharle hablar:
─Eres una caja de sorpresas, Nagi Seishiro, pero ten por seguro que quiero salir contigo.
