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—¡Amor… Amor… Hanguang-jun! —gimió Wei Ying en un hilo de voz, viniéndose con un grito desgarrador.
Sus muslos temblaban y sufrían espasmos sobre los hombros de Lan Wangji, mientras su amante lo embestía con fuerza, gruñendo entre dientes. El interior de Wei Ying se apretó alrededor de su miembro mientras Lan Wangji lo llenaba por tercera vez en la noche; esa estrechez deliciosa lo atrapó con tal fuerza que su visión se nubló por un instante. Wei Ying lloriqueaba y se retorcía debajo de él hasta que sus piernas cayeron lánguidas sobre la cama, balbuceando el nombre de Lan Wangji con los labios hinchados de tanto beso.
Lan Wangji se retiró y le acarició la mejilla, deslizando los dedos bajo la venda para levantársela; Wei Ying, hambriento de afecto, se inclinó hacia su palma. Las lágrimas se aferraban a sus pestañas y su rostro lucía encendido, arrebolado tras horas de sexo desenfrenado. Soltó un quejido débil al perder el contacto cuando Lan Wangji retrocedió un momento para admirar la escena: el semen manchaba los labios de Wei Ying tras haberlo recibido en la boca, goteaba de su entrada delantera y ahora escurría entre sus nalgas tras la última corrida de Lan Zhan. Se veía hermoso, completamente usado, absolutamente deshecho. Todavía perdido en el éxtasis de los orgasmos sucesivos, Wei Ying se acariciaba el pecho con suavidad, con las piernas abiertas alrededor de la cadera de su esposo.
—Mmm, Lan Zhan —suspiró con un tono tan lúbrico y sugerente que Lan Wangji sintió que la sangre volvía a hervirle. Relajado y enredado perezosamente entre las sábanas, lo miraba con los ojos hechos dos medias lunas de satisfacción—. Desearía que pudieras hacerme todo eso… pero al mismo tiempo.
Lan Wangji clavó las uñas en su propio muslo antes de acomodar con cuidado las piernas de Wei Ying para salir de la cama y comenzar con la rutina de limpieza. Sus orejas ardían mientras se obligaba a no pensar en Wei Ying siendo poseído por cada orificio; luchó por no imaginarlo recibiendo dos o incluso tres penes a la vez, reprimiendo su deseo creciente con la idea de que eso implicaría compartirlo con otros hombres. El pensamiento despertó algo amargo y territorial en su pecho.
«Es solo una fantasía», se recordó mientras cruzaba el Jingshi para preparar té y traer algo de comer. «Es solo una fantasía. Nada más.»
No pasó mucho tiempo para que Wei Ying se quedara dormido después de que lo consintieran y limpiaran. Lan Wangji lo alimentó con fruta —que aceptó con entusiasmo— y líquidos —que solo aceptó tras varios sobornos—, hasta que sus ojos se cerraron y su respiración se volvió pesada, apoyado contra el pecho de Lan Zhan.
Cuando Lan Wangji volvió a abrir los ojos, estaba arrodillado afuera del Jingshi. El sol del mediodía le calentaba el rostro y el aire estaba impregnado con el aroma de las flores. No recordaba haber despertado ni dejado a Wei Ying, así que supuso que estaba en un sueño. Cerró los ojos, disfrutando de la calma, hasta que un golpe sordo desde el interior rompió la tranquilidad. Hubo un silencio breve y luego otro golpe, más fuerte. Lan Wangji se puso de pie, subió al pórtico y, con cautela, abrió las puertas corredizas.
—Wei Ying —susurró con voz ronca. El aire se le escapó de los pulmones y sintió un escalofrío en las extremidades mientras su vientre se encendía.
Wei Ying estaba tendido en el centro del Jingshi, con los brazos atados sobre su cabeza a la pata de la mesa baja, forcejeando con los ojos llorosos. El golpe volvió a sonar cuando sacudió los brazos inútilmente, haciendo que la mesa se sacudiera un poco. Lan Wangji no recordaba haberlo atado jamás a esa mesa, así que debía estar dentro del sueño de Wei Ying. Su propia cinta de la frente estaba entre los dientes de Wei Ying como un bocado, amordazándolo y ahogando sus lamentos. Instintivamente, Lan Zhan se tocó la frente: su cinta seguía ahí.
—Ln r-gghh —sollozó Wei Ying a través de la mordaza, pero sus ojos vidriosos no miraban a Lan Wangji, sino a un punto justo detrás de él.
Lan Wangji se tensó cuando alguien vestido con las túnicas blancas y azules del clan Lan pasó rozando su hombro, ignorándolo por completo en sus propios aposentos. Era un hombre alto y robusto, con el cabello cayendo como una cortina de seda negra. Wei Ying comenzó a retorcerse con más desesperación cuando el extraño se arrodilló a su lado y le acarició el rostro, sin mostrar el menor interés por la presencia de Lan Wangji o por el hecho de que estaba tocando indecentemente a su esposo.
Lan Wangji dio un paso firme hacia el interior, con el corazón apretado por la amargura. Estaba "bebiendo vinagre", como Wei Ying solía burlarse, pero su esposo miraba al intruso con la misma devoción con la que solo lo miraba a él. Entonces, el sonido de unos pasos llamó su atención. Lan Wangji se giró con horror y se vio a sí mismo de pie en el pórtico, observando la sórdida escena desde la puerta.
¿Era este el deseo de Wei Ying? ¿Estar con otro hombre y que él lo mirara? ¿Que lo encontrara traicionándolo y humillándolo en brazos de un extraño? Una furia ardiente se le instaló en el pecho y la bilis subió por su garganta mientras volvía a mirar, herido, a Wei Ying.
Lan Wangji se quedó helado. Una marea de emociones lo golpeó, borrando cualquier pensamiento cuando el extraño que tocaba a su esposo se giró hacia la puerta y Lan Wangji se encontró cara a cara consigo mismo.
—¡Lnnnn Zhnnn! —chilló Wei Ying a través de la mordaza empapada de saliva mientras forcejeaba con más insistencia.
El doble de Lan Wangji se volvió hacia él y le quitó la cinta de la frente con ternura; fue entonces cuando notó que ninguno de los dos Wangjis del sueño llevaba la suya: una colgaba de la boca de Wei Ying y la otra lo mantenía atado a la mesa. Wei Ying sorbió por la nariz y empezó a berrear.
—Lan Zhan, ¿qué le estás haciendo a este pobre esposo? ¡No me trates con tanta crueldad! —chilló con el labio inferior temblándole.
Lan Wangji cayó de rodillas, con los ojos fijos en ese rostro empapado en lágrimas que conocía tan bien. Sus dobles no dijeron nada; el que estaba más cerca de Wei Ying ignoró sus protestas, deslizó las manos bajo sus túnicas y las abrió de un tirón.
—¡Hanguang-jun! ¡Detente! ¡No me toques ahí! ¡No deshonres a esta pobre e indefensa doncella! —exclamó Wei Ying de forma dramática, retorciéndose mientras su espalda se arqueaba del suelo cuando el otro Wangji le pellizcó los pezones—. No… ¿por qué se siente tan bien? No quiero esto… a menos que… Hanguang-jun… ¡¿me diste un afrodisíaco?!
—Mn —soltó el otro Wangji, desatando metódicamente el fajín de la cintura de Wei Ying.
Él soltó un lastimero "¡noooo!" y giró la cara, tallando los pies contra el suelo de madera mientras su cuerpo se arqueaba con una belleza pecaminosa ante el toque de su amante. Un sonrojo precioso le subió por el pecho y las mejillas mientras le suplicaba a Lan Wangji que no lo tocara, que por favor ahí no, que tuviera respeto por su pobre esposo abusado y cerrara la puerta…
El segundo Lan Wangji cruzó el umbral, pero deliberadamente dejó la puerta abierta. Su figura cubrió con una sombra al Wei Ying ya desnudo mientras se despojaba de sus propias túnicas, dejándolas caer al piso. Lan Wangji se clavó las uñas en las palmas y se mordió el interior de la mejilla hasta saborear la sangre al ver cómo su otro "yo" se acercaba como un depredador; una torre de músculos firmes y piel dorada. Wei Ying dio un respingo errático cuando el primer Wangji comenzó a prepararlo con los dedos, rozando con la palma la punta erecta de su miembro. A Lan Wangji se le hizo agua la boca; se moría de ganas de inclinarse y probar el fluido que escurría de la entrada de Wei Ying. El sonido húmedo de los dedos de su "otro yo" entrando y saliendo de su esposo era obsceno y lujurioso.
Lan Wangji apretó los muslos, mareado, mientras los otros dos acomodaban a Wei Ying para que el Wangji desnudo se deslizara debajo de él. Wei Ying soltó un gemido impúdico cuando le subieron las piernas hasta el pecho; la punta roja y encendida del grueso miembro del Wangji del sueño rozó su entrada, donde unos dedos ágiles todavía lo abrían en tijera. Lan Wangji tragó saliva, tratando de ignorar su propia erección palpitante aunque sus ojos seguían clavados en la escena. Wei Ying estaba con las piernas abiertas de par en par, con su intimidad expuesta a la vista de las puertas abiertas y de cualquiera que pudiera pasar por ahí. Lan Wangji temblaba por la necesidad de tocarse, pero se contuvo. Se preguntaba dónde estaría "su" Wei Ying en medio de todo esto.
—Amor… Cariño… Hanguang-jun… ten piedad… —balbuceó Wei Ying, con la espalda presionada contra el ancho pecho del Wangji del sueño—. Ten piedad, por favor, así no… alguien podría vernos, por favor, no me hagas perder la cara… me portaré bien, muy bien, solo déjame ir…
Una mano firme le tapó la boca mientras un Wangji le abría las nalgas para exponer su entrada brillante y el otro se alineaba, hundiéndose hasta el fondo de una sola estocada salvaje. Wei Ying gritó con los ojos en blanco mientras echaba la cabeza hacia atrás sobre el hombro del otro Wangji. Lan Wangji perdió de vista su rostro, pero ya no importaba: lo único que importaba era la forma en que ese miembro entraba y salía de él; cómo sus muslos vibraban con cada embestida y el sonido sucio de la piel chocando contra la piel. Wei Ying seguía forcejeando y los dos Wangjis continuaban sometiéndolo, con brazos fuertes anclándolo mientras el segundo finalmente se despojó de sus ropas y se acomodó entre sus piernas abiertas.
—Mmmff —gimió Wei Ying contra la mano que le sellaba la boca.
El Wangji que estaba encima de él lo tomó por la cintura, mientras el otro sacaba su miembro y lo golpeaba con fuerza contra su intimidad sonrojada y sedienta, y contra su propio miembro que rogaba ser succionado, haciéndolo saltar en espasmos. Luego, restregó la punta contra su entrada delantera y se hundió de golpe hasta que sus testículos chocaron contra el cuerpo de Wei Ying. Lan Wangji se apretó con tal fuerza el bulto en sus túnicas que casi se lastima, soltando un sollozo por el dolor y la fricción mientras luchaba por aguantar. Jamás en su vida había estado tan excitado.
—P-por favor… se siente demasiado bien… no paren, no paren —sollozó Wei Ying, justo antes de que el Wangji que lo tomaba por atrás le metiera dos dedos en la boca de forma ruda. Él gimió ansioso, entregándose a ellos con un entusiasmo desordenado.
Sus dos "yo" del sueño encontraron el ritmo rápidamente, alternando estocadas en ambos orificios y embistiéndolo sin piedad; su esposo no era más que un cuerpo lánguido y tembloroso entre ambos. El Wangji de abajo quitó la mano de la boca de Wei Ying para abrirle más las nalgas; ambos gemían con discreción, pero el sonido de su satisfacción quedaba opacado por los gritos y maullidos de éxtasis de Wei Ying. Lo poseían como si su único propósito en la vida fuera darle placer, hacerlo sentir bien y concederle hasta el último de sus caprichos. Lan Wangji conocía perfectamente ese sentimiento.
—Lan Zhan, ¿piensas quedarte ahí sentado toda la noche? —soltó de pronto la voz de Wei Ying, sorprendentemente lúcida.
Lan Wangji apartó la mirada de donde las dos réplicas de su propio miembro perforaban a su esposo y se encontró con los ojos de Wei Ying que, por primera vez, lo veían de verdad. Wei Ying arqueó una ceja, bajando la vista hacia el enorme y evidente bulto en las túnicas de Lan Wangji que tiraba hacia él con desesperación. Lan Zhan parpadeó impotente, sin saber qué hacer, y Wei Ying hizo un puchero.
—Lan Zhaaaan —maulló—. Definitivamente no deberías follarme la boca ahora mismo. Bajo ninguna circunstancia quiero que me des por la cara hasta que me ahogue. Repito: no quiero que me uses y te vengas en mi boca y…
Lan Wangji se puso de pie de un salto y cruzó la habitación antes de que su cerebro pudiera procesarlo. Forcejeó con su cinturón, desesperado por liberar finalmente su miembro adolorido, mientras Wei Ying balbuceaba: "¡Oh, amor, eres tan grande! ¡No, amor, no abuses de mi pobre boca virgen! ¡Que alguien me salve, tres es demasiado!". Lan Wangji se apretó la base con fuerza, con la respiración entrecortada por la incomodidad, aferrándose al último hilo de control para no venirse con solo ver los labios hinchados de Wei Ying y su barbilla bañada en saliva.
Los otros dos Lan Wangjis no le prestaron atención, concentrados en embestir a Wei Ying hasta dejarlo sin aliento. Sus ojos grises estaban perdidos, vacantes, nublados por el placer. Abrió la boca obedientemente cuando la punta del miembro de Lan Wangji rozó sus labios, manteniendo la mandíbula relajada para que él pudiera poseerlo. Lan Wangji sintió en las entrañas que no iba a durar mucho después de haber estado observando tanto tiempo; su excitación pasó de ser una llama latente a un incendio voraz. Como si fuera una señal, uno de los otros Wangjis comenzó a masturbar el miembro descuidado de Wei Ying con movimientos toscos. Su boca estaba perfectamente húmeda y casi insoportablemente caliente contra la piel sensible de Lan Zhan; cada gemido y vibración le recorría todo el cuerpo. Le sujetó la nuca y le dio unas últimas estocadas profundas, golpeando el fondo de su garganta hasta hacerlo arquearse antes de salir. Esquivó la boca de Wei Ying, que gemía tratando de tragárselo de nuevo, y comenzó a masturbarse vigorosamente. El placer se acumuló en su vientre, tensando sus músculos hasta que la presa finalmente se rompió, cubriendo por completo el rostro de Wei Ying.
—Ah, Lan Zhan, sí, ¡así! —balbuceó Wei Ying mientras el primer chorro de semen le caía en la mejilla y el siguiente le marcaba los labios. Sacó la lengua, delirante, retorciéndose bajo sus otros dos compañeros.
Lan Wangji reconoció el sonido de su propio orgasmo: los dos Wangjis del sueño lo embestían simultáneamente con gemidos desesperados y ahogados. Wei Ying echó la cabeza hacia atrás y aulló, balbuceando sin sentido sobre cómo lo estaban llenando, lo bien que se sentía y lo rico que sabía. Se sacudió con furia mientras los dos Wangjis lo sujetaban; su cuerpo se arqueó en espasmos al venirse alrededor de ambos miembros, con el semen de Lan Wangji todavía en la boca.
—Lan Zhan —se atragantó, repitiendo su nombre como una letanía—. Lan Zhan, Lan Zhan, Lan Zhan…
—Wei Ying —susurró Lan Wangji con voz ronca, dejando caer las últimas huellas de su orgasmo sobre el rostro y el cuello de su esposo antes de desplomarse sobre sus rodillas.
Sus "otros yo" acariciaban el cuerpo de Wei Ying mientras este temblaba por las réplicas del clímax. Con los ojos nublados por el placer, Wei Ying lo miró con adoración; Lan Wangji cerró los ojos y se inclinó para lamer y besar sus labios manchados.
Cuando Lan Wangji volvió a abrir los ojos, la escena se había desvanecido en la penumbra grisácea de la madrugada; ambos estaban de vuelta en su cama. Wei Ying murmuró algo incomprensible, moviéndose con renuencia entre sus brazos. Lan Wangji le acomodó el cabello con ternura y le besó la frente mientras lo despertaba. Unos ojos somnolientos lo miraron fijamente conforme la vista de Lan Zhan se ajustaba a la oscuridad.
—¿Lan Zhan? —murmuró Wei Ying con voz ronca—. ¿Tú… viste eso?
—Lo vi, Wei Ying. Y supongo que tú no tienes idea de cómo pasó, ¿verdad? —preguntó con tono severo.
Wei Ying soltó una risita y se zafó de los brazos de Lan Wangji. Estiró la mano hacia atrás para sacar el quemador de incienso en forma de tapir, que había estado discretamente escondido entre el borde de la cama y el armario.
—Desvergonzado —soltó Lan Wangji, sin aliento.
—¿Eh? Hanguang-jun, ¿me estás diciendo que debería deshacerme de este quemador para siempre y no volver a usarlo nunca? —dijo Wei Ying con los ojos muy abiertos, fingiendo inocencia y haciendo un puchero como un niño confundido—. ¿Es el deseo de este esposo que tire esta cosa y que jamás intentemos otras posiciones con los otros Lan Zhans, o que añadamos a más…?
—Eso no es… —soltó Lan Wangji de golpe, con las orejas ardiendo—. No hay necesidad de ser precipitados.
Su pareja volvió a sonreír de oreja a oreja y se inclinó hacia adelante, poniendo una mano en la parte interna del muslo de Lan Wangji.
—Me alegra tanto oír eso, amor, porque estaba pensando que la próxima vez podríamos intentar con cuatro Lan Zhan…
