Work Text:
—Fué algo que pasó hace aproximadamente 68 años, es cuando tenía 28 años y mi alma seguía joven, en esos momentos recuerdo que estallaba la Segunda Guerra Mundial. Me oculté para no ir y me salvé de los alemanes...
—Esa historia ya me la contaste, abuelo —interrumpió su nieta, sentada en aquella silla mecedora mientras ve a su abuelo acostado a las 2:25p.m en la cama.
Miró la otra cama, de su abuela ya fallecida, siempre se preguntó el porqué su abuelo Sasori jamás durmió con ella.
—Déjame hablar, insolente —reclamó el viejo con su voz algo desgastada, miró de reojo a su nieta que se paralizó por un momento, después, se echó a reír de la vergüenza.
Un chica de 15 años, rubia y de ojos azules, pero tiene los rasgos físicos idénticos a su abuelo, es idéntica, solamente sus ojos y su cabello se diferencia. Su madre es rubia y tambien de ojos azules, esa es la razón del color de su cabello y ojos.
Se parece tanto a él...
Es tan gracioso y triste a la vez, su personalidad es algo seria como Sasori, pero tiene momentos explosivos cuando está muy emocionada, como cuando juega esos videojuegos de los adolescentes, o cuando va en bicicleta con sus amigos y también cuando tiene que estudiar.
Es como él, una combinación entre Sasori y él...
Por eso Sasori la quiere mucho, es su nieta favorito de lejos y la adolescente lo sabe.
"Si tendríamos un hijo, ¿Cómo se llamaría? Bueno, no podemos tener hijos, ¡Somos hombres! Pero igual, si pudiéramos tener hijos sería fantástico, imagínate..."
—Quiero contarte algo que pasó antes de la guerra, Yodo.
Los ojos de la mujer brillaron, sabía toda la vida de su abuelo, ahora sabría otra cosa de él y sus aventuras de la vida. Quiere ser como su abuelo, él es alguien honorable y especial en su vida, pero tiene la gran seguridad de que no es feliz, no sabe con certeza que pasa, realmente su abuelo es callado y tiene una mirada melancólica.
Muchas veces las películas le enseñaron que el corazón de una mujer es grande y oculta tantos secretos y momentos que muchas veces no llegan a decir y todo queda y morirán con ellas.
¿Y el corazón de un hombre? ¿Qué es lo que hay en sus memorias, en sus grandes recuerdos? Más de un viejo como Sasori, que apenas se puede levantar de su cama de lo anciano que está.
—¡Cuéntame!
Entonces Sasori comenzó a recordar todo lo que pasó hace más de 68 años, justamente en el año 1945, justamente cuando el peli-rojo tenía unos 28 años de edad y la Segunda Guerra Mundial estaba en su peor momento —Mucho más Alemania—, pero podemos retroceder más el tiempo e irnos a 1935, a la edad de 18 años el Akasuna no Sasori conociendo a quien sería el amor de su vida, su alma gemela, su gran dolor y la causa de sus melancolías.
¿Qué habrá hecho el alma de gemela de Sasori para aún después de muchísimos años siga recordando con tanta claridad todos esos momentos?
...
Andaba en bicicleta cuando miró al chico que le partiría el corazón.
Estaba observando un prado inmenso de girasoles, era el atardecer más bonito después de una lluvia , había un arcoíris al final del prado. Sasori había mirado con asombro aquella vista tan espectacular y única, pero sus pensamientos fueron interrumpidos porque el chico que tiene el mismo color de los pétalos del girasol estaba enojado, muy enojado.
Era 5 de mayo de 1935 y el estaba cumpliendo 18 años de vida. ¿Entonces porque estaba tan enojado? Simple, muy simple realmente: Ya tenia que estarse preparando para el servicio militar y su padre estaba más que convencido de que mandaría a su único hijo a representar Alemania ante cualquier situación que se llegase a presentar. El rubio comenzó a tocar desesperadamente su cabello, estaría corto o incluso sin nada, no podría soportarlo, tantos años que pasó cuidándolo y sin importar los prejuicios de su padre y su madre, pues siempre pensaron que el chico era homosexual, aunque no estaban en lo equivocado.
Nunca pudo decirlo obviamente, era 1935, te mandarían al hospital de enfermos mentales sin duda alguna al ser torturado por doctores ''Profesionales" para curar aquella enfermedad.
Sasori había visto como el adolescente estaba tirándole piedras a los girasoles, hasta que logró pegarle a uno y doblarlo por la mitad, eso enfureció al peli-rojo sin duda alguna.
—¿Qué le haces al prado de girasoles? ¡No les hagas eso! —había preguntado Sasori después de bajarse de la bicicleta e ir a interrumpir las lanzadas de rocas, pero miró al chico con sus ojos llorosos y ojo casi morado—. Oye hombre, ¿Qué te paso?
El chico rubio simplemente se paralizó, se desesperó al pensar que Sasori pudiese haber escuchado toda aquellas cosas que dijo y maldijo, especialmente a su padre.
—Suéltame.
—Acabas de tirarle piedras al prado que le pertenece a mi abuela, aparte que estás en propiedad privada, si no me dices te llevaré con la policía.
Volvió a mirar al hombre quien lo estaba sosteniendo con fuerza, ¡¡Era Sasori, el nieto de Chiyo, la señora que tiene una gran finca!! Tiene muchos animales y eso ha ayudado al pueblo en muchas cosas, como los productos lácteos. Sabia que estaría muerto si en algún momento se llegaban a dar cuenta de que estaba en la propiedad de esa señora tan brabucona. Y su nieto... estaba ahí, no tenía escapatoria, ya estaba decidido a irse de su hogar y vivir al otro lado del mundo.
—Hoy cumplo 18 años y tengo que ir al servicio militar —sollozaba ese chico—. ¡Soy tan poco hombre, pero no iré, no quiero morir, no iré jamás, me iré a otro lugar! —exclama, todavía intentando soltar el agarre de Sasori.
Que jodida estaba la situación, Sasori lo entendía completamente, es cierto que no es obligatorio ir si no estás inscrito, pero tanto como Sasori y él, tenían que ir si o sí. Es una cuestión tan horrenda, el peli-rojo tampoco quería ir a la guerra, por eso lo comprendió perfectamente, su abuela lo había obligado para deshacerse de él.
—Yo también tengo que ir obligatoriamente al servicio militar —respondió Sasori—. También me desespera la situación, pero no puedo hacer nada, en un mes tenemos que irnos...
—¡Vámonos! —exclama el rubio—. No quiero estar aquí, tampoco quieres estar, vámonos y vámonos a otra ciudad, no lo sé, podemos migrar a otro lugar...
Sasori se había apartado exageradamente del rubio, sus mejillas se hicieron rojas y su corazón comenzó a palpitar intensamente. ¿Qué es ese atrevimiento? ¿Por qué todo esto tan de repente?
Sintió miedo.
También quería escapar.
—¡Estás loco! ¡Ni siquiera se tu nombre!
—¡Me llamo Deidara y estoy loco, quiero irme y tu también quieres, vámonos!
Las palabras seguían retumbando su mente, es cierto que su abuela lo obligó para deshacerse de él, pero al final de cuentas sigue siendo su abuela y no puede dejarla, él volverá del servicio militar y estará otra vez en el pueblo, al igual que Deidara.
—Yo estaré en el muelle del pueblo a media noche, se a donde me iré, mi destino será Italia, ¡Hombre, ven conmigo!
—Mejor vete de aquí... Y no vuelvas a hacerles daño a los girasoles.
Sasori soltó la mano de Deidara, realmente estaba fuera de sus cabales. Ignoro por completo al hombre con quien hace unos segundos pensó en irse y dejar todo, una acción precipitada, pero jamás dejaría a su abuela, ella ya casi estaba en sus últimos días y no la dejaría sola por nada del mundo.
...
—Al final si la dejé sola —dijo Sasori soltando una risilla, miró a su nieta y ella también está algo risueña, emocionada por la historia—. Y no me arrepiento, estoy seguro que debe sermonearme por esto donde sea que ella esté.
—¿Y tu amigo Deidara? Nunca me hablaste de él, bueno, mis padres tampoco me hablaron de él, hasta hoy sé su nombre —menciona Yodo—. ¿Qué pasó con tu abuela, que pasó con Deidara?
—Mi abuela me dijo que los del servicio militar llegarían al día siguiente porque había una pequeña guerra con otro país y necesitaban refuerzos pronto, y yo me sentí un completo cobarde, ella estaba como si no le importase mi vida y al parecer no iba a cambiar de opinión —comenzó a toser un poco, antes de hablar otra vez—, decidí irme, quería vivir un poco más, quería vivir lejos de la guerra, pensándolo bien... Deidara me incitó a hacerlo, ya que si no lo hubiese encontrado, no me hubiera ido.
Yodo se quedó en silencio, imaginar un mundo sin su adorado abuelo sería lo peor, lo quiere mucho. Desde pequeña ella siempre fue a visitarlo todas las tardes después de la escuela, y como siempre lo sigue haciendo, también quería a su abuela, pero ella nunca le puso mucha atención.
—Yodo, quizás pienses que esta historia es aburrida, pero te juro que esto que me paso... Es la historia de amor que jamás le conté a nadie, ni siquiera a tus padres —Su nieta mira con sorpresa al viejo al escuchar lo anterior dicho—. Esto que me paso, es lo que me hizo saber que yo realmente ame con toda mi alma a una persona en este mundo y es Deidara.
La rubia se quedo paralizada por unos segundos. Deidara es un hombre, era de sexo masculino. Ella miro a Sasori en busca de una mejor respuesta, pero solo sintió esa mirada nostálgica al recordar los momentos mas importantes de su vida, su mayor infortunio y la vez que compartió con el amor de sus sueños, literalmente.
—¿Amabas a Deidara?
—¿Amaba? Oh mocosa, yo todavía amo a ese hombre como el primer día que me enamoré de él —exclamó con dificultad, miró a su nieta que apenas puede procesar todo y rió—. Lo siento...
Entonces la señorita se quedó procesando unos segundos todo esto, ahora alguna de sus dudas están resueltas, ahora entiende porque Sasori jamás durmió con aquella mujer que le prometió un amor hasta que la muerte le separe.
Ahí supo que toda la historia de su abuelo apenas está iniciando.
...
Sasori tomó mucho dinero, demasiado la verdad, era tanto que estaba en la caja fuerte de su abuela que no alcanzaba en su bolso, tomó un paño, su cepillo de dientes, pasta dental, desodorante, también múltiples mudadas para los demás días, por si había un inconveniente, también llevó el machete que tenía su abuela olvidado en el establo.
Ella en esos momentos estaba dormida, por esa misma razón decidió irse faltando un cuarto para las 12:00a.m, tenía su mochila y su bicicleta para llegar más rápido. Fué unos minutos después cuando llegó al muelle que le habló Deidara —Y el único del pueblo, de hecho—, así que rápidamente comenzó a buscar a ese rubio.
—¿Sasori? —El oji-azul miró desconcertado al de cabellos rojos—. ¿Vendrás?
Meditó la respuesta por unos segundos, se sentía algo inseguro y que actuaba por puro impulso de adolescente.
—Bueno, no puedo esperarte, mi padre puede venir en cualquier momento, él es un soldado de la marina —alzó la voz.
Él seguía ahí, viendo a la nada, viendo el muelle y el mar, sabía de antemano que Italia quedaba al otro lado y que Deidara si estaba loco de verdad. ¿Y si moría? ¿Si es por culpa de este imbécil muere y su vida es desperdiciada? ¡Esto es demasiada casualidad!
Justamente un día antes que vinieran los del servicio militar llegaba un chico hermoso a llorar cerca de las praderas, en un lugar donde es propiedad privada, es demasiada casualidad, ¿Será un mismo militar que lo está engañando? ¡No puede creer que se haya fiado tanto de un desconocido!
—¡¡Sasori, te mataré!! —escuchó el grito de la vida, por parte de Chiyo.
Algo que lo hizo reaccionar fué el sonido del escopetazo por parte del arma utilizada de Chiyo para los ladrones que entran a su propiedad.
¿Acaso pensaba matarlo?
Y de ahí sudó frío. Pues miró a Deidara alejarse desesperadamente del muelle, sin esperar a Sasori, el rubio quería vivir y alejarse del mundo de la guerra de manera definitiva.
Nuevamente se escuchó otro escopetazo, y es cuando el peli-rojo miró el cartucho de la escopeta atravesar la débil madera que sostiene el muelle.
Sasori no tuvo opción, descartó todas las posibilidades de que Deidara fuese un militar.
—¡¡Espérame, hombre!!
Al gritar con desespero Akasuna, Deidara miró como este estaba cayendo del muelle y estaba con la mochila en el aire gracias a sus manos, su cuerpo hasta el pecho estaba mojado, caminó en el mar lo más rápido que pudo hasta que Deidara retrocedió un poco por compasión y ayudar a ese hombre.
Deidara subió el bolso seco primero, después subió a Sasori quien estaba temblando de frío por el cambio tan repentino de temperatura, el agua tan helada lo hizo por primera vez sentirse muerto y vulnerable.
Sintió adrenalina en el momento, pero a la hora de subir al bote todo aquel frío invadió hasta su alma inocente.
Deidara encendió aquel bote otra vez y comenzó a marchar, su corazón estaba al mil y más su adrenalina, mucho más que la de Sasori. Realmente él estaba de pie protegiendo a Sasori quien estaba tirando en el suelo del bote muriéndose de frío y la hipotermia aumentando por cada segundo.
Pero Deidara puede recibir el disparo de la escopeta y siente como el cartucho atraviesa su corazón, es imaginación, está alucinando, pero eso lo hace ser valiente y seguir más.
Miró hacia atrás.
La vieja Chiyo solo estaba viendo con el rifle apuntando. Pero jamás disparó, solo se quedó mirando con enojo, decepción y también tristeza, quizás ahora valoró todo el trabajo de su nieto, después de verlo irse para siempre con un desconocido.
Sasori moría de frío, mientras veía el muelle cada vez más lejos hasta no quedar a nada de vista.
—En mi mochila hay ropa caliente y una manta, quizás pueda servirte —Deidara seguía manejando el bote—. Traes muchas cosas, ¿Traes un mapa de repuesto?
—Claro que no, no soy navegante.
—¡Pues que mala suerte, tendrás que aprender!
—¡¿Quién te crees para darme órdenes?!
Deidara sonrío pícaramente, volteando a ver a Sasori quién se cambiaba su ropa y se refugiaba en mantas ajenas.
—Soy el hombre que cambiará tu vida.
El peli-rojo no pudo ante tanto realmente, se sonrojó al instante, al ver tanta seguridad en el adolescente tan loco. Saber que hace unas horas estaba en bicicleta tarareando una canción que escuchó ser cantada por uno de sus amigos, ahora está con un completo desconocido en un bote en medio de la nada, bien puede matarlo...
—Hablas mucho —afirmó Sasori muriendo de frío.
Entonces, de ahí inició una gran aventura al parecer. Deidara tiene la gran ventaja de conocer las rutas marinas gracias a su estúpido padre, pero siempre tuvo que hacerse el idiota para aparentar no saber. Ahora eso le garantiza que su padre jamás va a buscarlo por el mar, aunque esa sea su especialidad, va a suponer que su tonto hijo irá entre la tierra.
—Sasori, me siento ansioso de poder emprender este nuevo viaje. Aún no tengo los planes, ahí veremos en el futuro, pero tengo dinero para quedarnos unos días en una posada y comer mientras buscamos un trabajo, seguramente estaremos en una costa y podremos trabajar en...
El rubio escuchó unos ronquidos no tan fuertes, se fijó, el peli-rojo está completamente dormido en el suelo del bote. Suspiró pesado, habló como un tonto por tantos minutos, pero eso no impidió que su sonrisa siguiera, sentía el sabor de la libertad.
¿Se siente así? ¡Realmente es hermosa la libertad! No lo podía creer y ahora se sentía como un fugitivo, pero eso da igual, es libre, libre como el viento y ahora podía hacer de su vida lo que le diera la gana, en un lugar donde no haya guerra.
—Creo que nos llevaremos bien —susurró el rubio.
...
—De ahí pasaron dos años, entonces llegamos a 1937, donde estallaba la Guerra Civil Española —cuenta Sasori recordando todas aquellas noticias y muertos que contaban diariamente—. Fueron tiempos difíciles e Italia también estuvo involucrada, pero aquí estoy, vivo.
—¿Y Deidara?
—También estaba ahí conmigo, estuvimos muchos años juntos.
Pasaron huyendo por muchos años, pero jamás notaron que esa era su gran condena, huir no era libertad, tampoco estar en lugar de guerra tampoco lo era.
Pero Sasori y Deidara jamás lo notaron porque la compañía del uno y el otro era tan suficiente como para sentirse libre en el infierno que antes era el mundo.
—Entonces fué uno de los días donde la pesca estaba difícil, estábamos cansados porque el Sol pegó fuerte, no sabíamos que hacer, pero teníamos buen dinero, y en frente había un bar.
—¿Un bar? ¡Abuelo, gastabas tu dinero en estupideces!
—Era joven y tonto, tu también eres joven y tonta, harás lo mismo que yo y te acordarás de mí —respondió con una risilla.
Yodo solo escucha la historia intentando procesar que a su abuelo le llegaron a gustar los hombres. Pero no le importa, aún así tenía algunas dudas respecto a eso.
—Ese era un bar de mala calidad por la cerveza, era tan mala, era muy barata, pero los recuerdos fueron los mejores.
Suspiró un poco, comenzó a sentir un fuerte dolor en su pecho.
—Esa noche al llegar a nuestro cuarto de alquiler, le robé un beso —Sasori con su mano llegó y se tocó la mejilla—. Aún puedo sentir la cachetada que me pegó por atrevido.
—Qué tipo tan salvaje, solo es un beso.
—Sí, aunque después de eso todo cambió, mis sentimientos y mi forma de ver el mundo cambió, me di cuenta que me gustaba alguien que mi mismo sexo, que ese alguien era mi mejor amigo y la persona por la que dejé todo mi pasado. Suena muy obvio y a donde llegará todo esto...
» Pero jamás pensé amar tanto a Deidara. Y estoy tan seguro que hasta el día de hoy, lo sigo amando como ese día.
—Abuelo... Eso suena tan triste.
Yodo sabe que todo esto quizás terminó de una forma trágica, porque él se casó con otra persona que quizás nunca llegó a amar de verdad.
Él asintió.
—Sabes, quizás fueron muchas cosas en un solo momento, hubiera deseado hablar con él una vez más y dejar mi rencor de lado.
—¿Deidara sigue vivo?
Sasori no respondió la pregunta.
—Mejor sigamos.
...
Sasori después de besar a Deidara sintió la cachetada de su vida. El rubio estaba totalmente rojo y avergonzado, se tapaba la mitad de su rostro con su brazo para que el peli-rojo no se intentara acercar otra vez.
—¡No vuelvas a hacerme eso! —gritó el rubio alterado, alejándose de Sasori—. ¡Estúpido borracho!
—Eres demasiado guapo, una cara preciosa, tu cabello es muyy~ rubioo~ —decía Sasori soltando unas risillas, cayendo a la cama de él—. ¿Me volverás a cachetear si te beso más seguidoo~?
—¡Cállate! ¡Estás borracho, eres un mentiroso!
—Los borrachos siempree~ dicen la verdad —Sasori bostezó, se quedó tirado en la cama, al parecer esta ya lo hizo sentir más sueño de lo esperado.
El peli-rojo cayó dormido de una vez. Mientras que el rubio quedó totalmente sofocado entre sus pensamientos de ese beso.
Sus sentimientos hacia Sasori se sentían fuera de lugar, ¿Tan obvio era? Siempre le cayó bien ese muchacho, han tenido muy buena confianza y realmente le gusta, pero tampoco quería arruinar esa amistad, no sabía como Sasori podría manejar esto, él es un hombre, son del mismo sexo, para la sociedad está mal, para las leyes, para los hombres gobernantes del mundo y para Dios también lo está.
Y Sasori solo era su mejor amigo.
Pero él lo besó.
A la mañana siguiente el Akasuna recordó cada cosa que hizo, recordó la cachetada, también a Deidara alterarse y sus palabras atrevidas hacia él. Sintió vergüenza, cuando volteó hacia la otra cama miró a Deidara despierto, pensando en todo lo que sucedió el día anterior.
Hoy tenían libre y eso significaba que era un día de total descanso, donde podían pasear o hacer unas compras, cosas por el estilo. Pero ninguno de los dos se levantaba.
Sasori sentía que su cabeza iba a explotar de toda la cerveza barata que tomó. Sintió unas grandes ganas de salir y vomitar, salir al aire libre, o besar otra vez a Deidara... Pero no quiere recibir otra cachetada. Tampoco quiere incomodarlo, mucho menos que el rubio se llegue a sentir como si estuviese haciendo algo mal.
—Sasori... —habló el rubio primero—... ¿Te acuerdas lo que pasó ayer?
—Sí.
La respuesta estremeció completamente al hombre de cabello rubio, se sintió con tantas mariposas en el estómago gracias a la ansiedad, es inevitable, lo peor de todo es que esa sensación la sintió como cuando se dió cuenta de que el es homosexual.
—Sasori... ¿Por qué me besaste?
—Porque desde hace tiempo he querido besarte.
Sasori ladeó su rostro hacia el lado de la cama del rubio, por otra parte el oji-azul llegó a observarlo con algo de inseguridad. Más que todo un miedo increíble a lo que podría pasar en cuestión de minutos.
No preguntaron más, realmente estaban ellos, y luego, estaba el mundo que los iba a matar si se daban cuenta de aquel beso... Solo era un beso y ya podrían morir. ¿Qué podía esperarse de una relación? El miedo invadía.
El miedo los dejó morir lentamente en realidad.
—¿Por qué no me besas ahora?
—Porque temo a una cachetada —respondió con total sinceridad.
—¡Oh Dios! No me vuelvas a robar besos, te daré otra cachetada —dijo él, levantándose de la cama, caminando hasta la cama de Sasori—. Tengo aún olor en mi boca a cerveza barata, ¿Me besarás con este sabor en los labios?
—¡¿Acaso quieres que te bese?!
—¡¿Tan lento eres?!
La pregunta que indicaba una respuesta hizo reír a los dos hombres de la habitación.
De pronto se levantó el peli-rojo y no esperó un segundo más, nuevamente —Y atrevidamente—, besó los labios del hombre con quien decidió escaparse y formar una nueva vida. Lo besó, sí, lo besó. Estando a solas y con gran claridad en el cuarto, ambos con sus cabellos hecho un asco y sus caras casi dormidas, pero se besaron.
Sasori pasó sus manos por la nuca del rubio, atrayéndolo más a él, mientras que Deidara rodea al peli-rojo para abrazarlo y caer con él en la pequeña cama, compartiendo el primer beso sin importar nada, mandando todo al carajo, hasta el propio mundo y las guerras que se aproximaban.
—Eres muy extraño Deidara, un día estás enojado y apedreando girasoles, al otro día escapas, te llevas a un desconocido para huir, y luego, estás besándote con ese desconocido —mencionó con una risilla—. No le tienes miedo a nada.
—Temo a morir, por eso hago cualquier cosa para escapar de la muerte.
Deidara, antes eras tan egoísta, mirabas por ti mismo y no te importaba el resto, ¿Fué ahí donde cambiaste? ¿Qué te hizo cambiar tan drásticamente de opinión? ¿Salvar al amor de tu vida a cambio de morir por lo que te queda de esta larga vida?
El tiempo fué hermoso y también pasó lento, tan lento que no se notó y se sintió como un parpadeo, todas las cosas que pasaron fueron tan lentas, tan duraderas, nadie comprende, pasa el tiempo lento que cuando te das cuenta ya acabó.
Mírenlo ahora, Sasori es un viejo de 96 años, contándole a su nieta de 15 años lo que le sucedió hace tantas décadas.
Pero las décadas o los siglos no eliminan el recuerdo. ¡Es tan falso que el tiempo cura las heridas del corazón!
Cuántos años han pasado y Sasori no puede olvidar a Deidara.
Y fué como un balazo, desde ese día todo cambió nuevamente, es cierto que nadie supo de su relación, pero era tan real como el aire.
Subieron aquella colina un tiempo después del primer beso, pusieron una manta y se acostaron.
—El día está tan hermoso —Deidara se quedó acostado mientras ve al de cabellos rojos preparar el pan con mantequilla y jalea.
—Algún día lo estará más —aseguró Sasori—. Y estaremos juntos, nos quedaremos aquí y venderemos tilapia hasta que seamos viejos.
—Mejor viajemos por el mundo —aconseja el rubio—. Así conoceremos más lugares y seremos los dueños de este mundo.
—Tienes tanta imaginación, pero iré, si nos quedamos juntos.
Deidara le sonrío.
—Claro que sí, nos quedaremos juntos toda la vida —miró a Sasori y este sintió la mirada de su amante—, te amo, te amaré siempre.
Y Sasori se paralizó.
Fué la primera vez en que ellos dos se dijeron que se amaban.
—Yo te amo más.
Aún así, el tiempo siguió pasando como un reloj descompuesto.
1939.
Se dió el gran anuncio de la Segunda Guerra Mundial. Todos estaban asustados, entre ellos los judíos, quiénes pagarían todo aquel odio, sin importar si se viera involucrado el más inocente.
Los tiempos eran los peores, los alemanes habían invadido algunas ciudades de Italia. Pero Deidara y Sasori tenían la fortuna de ser alemanes.
¿Y ellos? Solamente estaban los fines de semanas en casa, no volvieron a ir a las colinas lejos del pueblo, pues ahí también se convirtió en un lugar de guerra.
Pero se mantuvo la gran esperanza, el mundo sería un lugar mejor después de la guerra.
Sasori mantenía firme la esperanza. Deidara igual, incluso hasta más. Se habían prometido que después de esto iban a irse de Italia y viajar por el mundo con sus ahorros.
Lástima, quizás si no hubieran olvidado de que la vida es un juego de azar, todo seria distinto.
...
—Pasó lo inevitable, o no sé si decirlo así —contó el viejo—. Es de como veas la vida, si crees en el destino o tus propias decisiones.
—¿En qué crees más abuelo? —preguntó Yodo.
—Que tus propias decisiones son las que pueden cambiar el rumbo de tu vida, también de la vida de los demás.
Él no argumenta con destino, él realmente cree en que sus hechos y decisiones fueron los que lo guiaron a ser la persona que es hoy.
—Ya veo... ¿Qué fué lo qué pasó?
—Llegaron unos barcos de la fuerzas armadas, entre ellos, estaba el padre de Deidara... —suspiró decaído, estaba cansado de hablar mucho—... Estábamos en 1945, un mes antes de que acabara la guerra.
—¿Lo mataron?
—No, Deidara decidió irse con él, después de estar juntos 10 años. Aunque suene tonto sé qué lo hizo para salvarme.
—Pero no comprendo, ¿Cómo el padre de Deidara supo la ubicación?
Sasori se quedó en silencio por unos segundos, recordando cada cosa que pasó esa vez con detalle. Como veía a Deidara empacar sus cosas con lágrimas en los ojos.
No podía ni ver a los ojos a Sasori, solamente se quedaba ahí acomodando todo. No quería que el peli-rojo le siguiera diciendo que no se fuera, no podía.
Ya escapar no era una opción, ir al otro lado del mundo tampoco era una. Nada servía, el mundo entero estaba convertido en un lugar de guerra.
«Por favor no me sigas, no tienes que hacerlo, no quiero que mueras... Él, se dió cuenta de todo, lo nuestro, nuestro amor... No me olvides Sasori», recordó las últimas palabras que escuchó de Deidara.
Aún después de tantos años podía escuchar su voz como cuando era joven. Su cuerpo aún tiembla al sentirlo.
—Fué simplemente casualidad —respondió Sasori, dejando con un vacío a su nieta.
No todas las casualidades son buenas.
...
Entonces, el alma de Sasori también se fué, porque Deidara lo hizo.
No tuvo donde huir, se desesperó, no podía vivir sin oír la voz del amor de su vida.
Huyó por tanto tiempo que cuando quiso volver ya era demasiado tarde, se había perdido en los recuerdos donde ahora hay una gran melancolía.
¿Dónde estás Deidara? ¡Sasori te necesita! Sus noches se volvieron frías, también se volvieron vacías, con preguntas sin respuestas. Con la duda sobre la vida y la muerte. Deseó por tanto tiempo que algún día esa puerta fuese tocada por él.
Que gritara su nombre y le dijera: «¡Sasori soy yo! ¡He vuelto! ¡Me he escapado otra vez, ven conmigo y recorramos el mundo!»
Ahora Deidara era un pájaro encarcelado.
Quizás debieron irse a un lugar más lejos de Italia.
Pero ocurrió algo, que nuevamente abrió la esperanza en Sasori.
La guerra terminó.
Y saboreó un poco la libertad, porque sinceramente no estaba Deidara con él, no podía hacerlo sin él. Entonces tomó una decisión, quizás una de la que tendría miedo.
Con su dinero ahorrado, reservó un viaje para Alemania nuevamente, para el pequeño pueblo donde nació, ahí debía estar Deidara, no habría otro lugar donde ir. Tenía miedo de ver a su abuela Chiyo, pero seguramente ella ya había muerto.
También tenía miedo por si Deidara estaría muerto, por si algo pasó mientras estaban en los barcos de guerra, si participó en la guerra... O si nunca más lo vuelve a ver.
Tenía tanto miedo, pero aún así volvió para llevarse a Deidara.
Cuando llegó al pueblo miró muchos lugares nuevos, casas nuevas, también bastantes lugares de interés. Notó que en el Parque del pueblo había un lugar donde estaban los nombres de los soldados caídos, los que murieron en guerra.
Se acercó con miedo y comenzó a leer los nombres, uno por uno.
No estaba el de Deidara.
Sintió un gran alivio, significaba que estaba vivo, que tenía esa gran posibilidad de llevárselo y ser feliz con él para toda la vida. Haría tanto por amor, por Deidara.
Sabía la ubicación de la casa de los padres del rubio, así que fué inmediatamente hasta ese lugar.
Fué lentamente, no había tanta prisa, el nerviosismo le mataba, quería sorprender a Deidara y llevárselo así como ellos se escaparon hace 10 años de ese pueblo tan tonto y sin vida.
Algo que le distrajo fueron las campanas de la iglesia sonar, ¡Cómo lo olvidó, a las doce del día siempre suenan las desgraciadas!
Escuchó bastantes aplausos por dentro de la pequeña iglesia, eso le hizo frenar el paso, sintió una curiosidad. Miró que en las afueras de la iglesia había un carruaje con dos caballos, una indicación para los recién casados que se iban de una vez a la luna de miel.
Sasori quedó viendo un poco desde una distancia algo cercana, muy visible a la vista de los recién casados.
Sintió curiosidad... Y se olvidó que la curiosidad mata al gato.
Al ver a los recién casados, solamente se paralizó. Sus fuerzas se fueron, su respiración también, su corazón se detuvo hasta por unos segundos y latió nuevamente con más intensidad.
La persona que se estaba casando era Deidara.
Todo fué tan de repente, sintió que los 10 años que estuvieron juntos desaparecieron, todo el amor acumulado, todas las promesas que se dijeron en todo momento y sus planes a futuro desaparecieron.
Todo acabó ese día.
Sin querer, Deidara miró a la dirección de Sasori.
La sonrisa del rubio desapareció, mientras que Sasori apenas podía mantenerse en pie porque estaba sostenido de un poste.
Es triste, pero así son las cosas, Deidara se casó con una mujer por la iglesia, una mujer con la que tiene la gran posibilidad de tener una familia y ser feliz. Deidara siempre deseó tener hijos, casarse, deseó todo eso, pero jamás imaginó que en verdad lo haría con otra persona.
Y es entendible, Sasori y él no pueden tener hijos, son hombres. Tampoco pueden casarse por la iglesia porque es un pecado ante los ojos de Dios.
Deidara intentó separarse de la quien era ya su esposa. Pero Sasori reaccionó, no podía sentirse cerca de Deidara, lo había traicionado, él nunca lo había amado, todo este tiempo había pensado otra cosa.
Su corazón se rompió.
Aunque haya sentido tantas ganas de tomar su mano y salir corriendo hasta el muelle, tomar un bote e irse otra vez, está vez el miedo le ganó.
El miedo de que Deidara se haya enamorado de otra persona en verdad y que se haya casado porque la amaba.
Se fué por donde vino, con su corazón en destrozos por ver al amor de su vida casarse con alguien más.
Con el alma llena de amargura, se fué para siempre.
...
Sasori se quedó en silencio.
—Lo demás ya lo sé, conociste a mi abuela, te casaste con ella y tuvieron tres hijos, te quedaste en Italia trabajando como un pescador y al parecer, si cumpliste tu promesa... Porque te quedaste trabajando en lo que querías, pero viajaste por todo el mundo.
Yodo miró las fotos que están en la repisa de Sasori, muchas fotos de él viajando por todo el mundo, también fotos de su familia, esposa, hijos, también nietos.
—Me casé 10 años después con tu abuela, para ese entonces tenía 38, luego 5 años después tuvimos nuestro primer hijo, ya después vinieron los demás.
—¿La amabas? —preguntó Yodo.
—No, pero le tenía respeto porque fué la madre de mis hijos.
Ella se sintió mal por su abuela, pero ahora es más comprensible el hecho de que nunca se hayan dado algún tipo de afecto.
—¿Y por qué todavía amas a Deidara? Se casó con otra persona, no entiendo porqué sigues queriéndolo.
Sasori como pudo, intentó levantarse de la cama.
—¡Abuelo, no hagas eso, estas enfermo!
—Tú no me dices que hacer, mocosa.
Ignoró a su nieta por completo, comenzó a caminar lentamente hasta que abrió su armario, de ahí, sacó un pequeño cofre, con una llave lo abrió. Sacó una bolsa de color amarilla. Era un poco pesada.
—Tómala, quizás se te sea interesante verlas —dijo.
Yodo asintió y las tomó. Se sentó nuevamente en la silla mecedora y vió dentro de la bolsa un montón de fotos... También una carta.
Entre ellas vió una de Sasori joven, con su cabello alborotado en un bote, después una foto de una ballena, también de pescados de tilapia y luego, un chico de cabellos rubios, muy parecido a ella, también otra donde ese chico y Sasori estaban juntos subidos en el bote con una sonrisa de oreja a oreja.
Otras comiendo en un restaurante, también en el cuarto donde había mencionado Sasori que vivieron por 10 años. También un perro, tienen muchas fotos juntos, eran muy fotogénicos al parecer.
—Deidara murió hace cuatro años, pero antes de morir llegó a esta ciudad, justamente a dejarme una carta.
Yodo inmediatamente vió la hoja de papel que tenía un montón de escritos que evitaba leer por respeto a su abuelo.
—No te preocupes, puedes leerlo.
Yodo insegura sacó la hoja y comenzó a leer cada palabra de esa carta. Había intentado no llorar, pero se le hizo realmente imposible no hacerlo, todos estos minutos aguantó, pero es realmente triste, las palabras de Deidara la hicieron ponerse peor, su abuelo y él sufrieron tanto.
—No llores por las desgracias de tu abuelo, niña tonta —regañó el Akasuna.
—Pero él siempre... Y nunca pudieron estar juntos. Estuvieron tan cerca de volver a reencontrarse.
Sasori desvió su mirada y recordó como tuvo tan oportunidad y su amor se perdió una vez más.
Bueno, no es su culpa.
Jamás pensó que Deidara estaba ahí.
—Estoy muy viejo y seguramente muera pronto, pero después de leer esa carta sabré que moriré en paz.
—¡Abuelo tu no te vas a morir! —chilló la rubia, directamente fué a abrazar a su abuelo.
—Mocosa escandalosa.
Yodo se sintió tan mal hasta de haber nacido, quizás Sasori jamás quiso que sus hijos nacieran, jamás quiso casarse con esa mujer, en realidad jamás quiso hacerlo. Solamente lo hizo por querer seguir con la vida... Al parecer, no lo logró, ya que ni llegó a querer con el alma a su esposa.
Pero ella sabía que Sasori la quería, incluso hasta más que sus propios hijos, y quizás en algún momento llegue a saber la verdadera razón.
Sasori siempre quiso una hija con Deidara.
Para el peli-rojo, ella es su hija, es tan parecida a Deidara que duele. Por eso la quiere tanto, demasiado.
Quizás es la hija que jamás pudo tener con Deidara.
Después de eso, su nieta se quedó a dormir con él, ella se quedó en la cama de la abuela, mientras que Sasori durmió en su aburrida cama como siempre.
Sasori quedo despierto unos minutos mas, observando todas las fotos nuevamente y como esos recuerdos llenos de felicidad vuelven a su memoria, hasta que entre todas las fotos, encontró la carta.
Aún así, antes de dormir, decidió leer aquella carta por segunda vez.
Para ti, Sasori.
Estoy escribiendo esto mientras te veo en el parque, tu nieta está dándole de comer a las palomas cercanas a ellas, tu solo le pones atención a sus acciones y movimientos, pero estás pensando.
Me pregunto en que piensas, quisiera saber por qué estás tan melancólico.
Y antes de que me taches de un acosador, venir a buscarte y explicarte las cosas se me hizo difícil, desde 1945 hasta esta fecha, se me hizo tarde la vida y ahora solo soy un viejo, al igual que tu.
Quisiera ir y hablarte, decirte que soy yo, Deidara, del chico que estuvo enamorado de ti toda la vida, a pesar de que me casé, a pesar de que tuve hijos y nietos, al igual que tu.
Te encontré en el parque por casualidad, así como tu me encontraste en aquel prado de girasoles por casualidad. Así como cuando nos encontramos por casualidad el día que nuestro amor culminó.
Nuestro amor estuvo lleno de casualidades, ¿No lo crees, Sasori?
Me acabas de ver, cruzaste miradas conmigo por unos segundos y después viste a tu nieta tirarle todo el maíz a las aves y regañaste a esa niña, pero volviste a mirar hacia donde yo estoy.
Ojalá no me hayas reconocido.
Seguramente cuando leas esto estaré ya en mi tierra natal, lamentándome por no haberte hablado, ni siquiera arreglado nada. Estoy viejo y a punto de morir por una enfermedad en mis pulmones. ¿Qué más podía perder?
Pero no quiero hacerlo, aparentas ser feliz o no sé si yo soy el loco que lo ve así.
Espero que tu vida haya sido lo mejor, porque la mía fué un completo desastre y no sé porqué sigo vivo hasta el día de hoy, pero se qué después de que recibas esta carta, quizás llegue a morir en paz, todavía temo a la muerte, pero tengo mis teorías.
Te amo Sasori, te amo, y después de tantos años te sigo amando, porque mi alma dejó de estar viva cuando me separé de ti. Y ahorita me siento más con vida a pesar de que soy un anciano, pero solo porque te vi.
Todo lo que me provocas después de tantos años, me haces sentir en la plena juventud.
Perdóname por haberte hecho todo el daño que no merecías.
Cuando te vi en aquel poste, deseé haber corrido hacia ti e irme, pero el miedo me ganó.
Siempre he sido tan cobarde...
Ojalá en otro momento podamos envejecer juntos y tener una hermosa hija como lo es tu nieta. Para entonces...
Gracias por esta historia de amor que no tuvo final. Ojalá algún día reunirnos otra vez y poder crear el final que siempre merecimos.
Te amo tanto.
—Deidara.
