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Café Mercenaire

Summary:

Jung Hoseok obtiene mucho más de su nuevo trabajo que un buen cheque.

 

"Oh, eres bajito,” dice sin poder evitarlo, y el sicario frunce el ceño sombríamente. 

“Tal vez sí te mate,” lo amenaza, pero no hay verdadera maldad detrás de sus palabras. Hoseok sonríe. Sólo otro -realmente bonito- cliente al que endulzar.

Puede hacerlo.

Notes:

Hola otra vez !<3

Esta es una traducción con total autorización de su autora original. El fanfic pertenece originalmente a /CelestialSilences/ (@CelSilences en twitter) y todos los créditos y derechos le pertenecen a ella.

¡Disfruten!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Dejemos algo claro- Jung Hoseok no es un mesero profesional bajo ningún punto de vista. ¿Un pobre y hambriento universitario? Sí. ¿Amigable y encantador? También. ¿Atractivo? Recibe la cantidad suficiente de números telefónicos al pie de los recibos como para que sea justo decir que es bastante agradable a la vista. Pero, ¿un mesero real por profesión y no por necesidad? Nop.

Los trabajos como mesero tienden a funcionar para él- los horarios son flexibles, consigue moverse y socializar mucho como parte de su trabajo, y, no es por alardear ni nada, pero Hoseok es bueno en su trabajo. Es genial y sociable y se esfuerza por tratar a sus clientes como amigos en vez de como problemas. A veces esto lleva a que Hoseok no sea capaz de tratar con más clientes durante su turno, ya que dialoga y bromea con cada mesa con la que puede, pero las propinas y las sonrisas en los rostros de las personas cuando se retiran logran que valga la pena.

Aunque los últimos seis meses no han sido los mejores para Hoseok en términos de empleo. Cada restaurante en el que ha trabajo -cinco, a este punto, lo que es ridículo - ha conseguido de alguna manera salirse del negocio antes de él llegara a cumplir un mes trabajando allí. Las causas varían desde una infestación de roedores a una cocina incendiándose a alguien siendo literalmente asesinado en el bar (gracias a Dios que Hoseok no había estado trabajando ese día) y honestamente ya se está hartando un poco de esto. Es como una oscura nube de mala suerte que lo persigue a todas partes, y a las deudas no le interesan si los trabajos de Hoseok literalmente arden en llamas por causas ajenas a él.

Asique ahora está en búsqueda de un nuevo trabajo otra vez, porque si Hoseok quiere mantener su apartamente necesita un  cheque bastante decente (y pronto, porque la fecha límite de la renta es en un par de semanas). Honestamente, está muy cerca de rendirse y sólo tomar un trabajo como cajero en la gasolinera más cercana solamente para no tener ese miedo de ser desalojado constantemente sobre su cabeza. Pero cada vez que comienza a hacerse a la idea y empieza a caminar hacia allí, piensa en aquella única vez en la que intentó aplicar para un trabajo allí, donde el mánager se le lanzó encima luego de dos minutos de haberse sentado a discutir acerca del trabajo, y Hoseok siempre termina decidiendo que prefiere mantener su dignidad antes que cualquier cheque mediocre que la gasolinera pueda llegar a proveer. Asique ser mesero es su única apuesta y, por el momento, el trabajo es escaso. 

Hoy está fuera de casa, comprando comestibles con la pequeña y trágica cantidad de dinero que no fue apartada para pagar la renta, listo para comprar tantos paquetes de ramen como la tienda quiera venderle. Es más, Hoseok está tan perdido en sus pensamientos intentando sacar cuentas mentalmente para que cuando llegue a la caja registradora su tarjeta no sea rechazada, que camina pasándose de largo un cartel que dice “SE NECESITAN MESEROS” en negrita y con una tipografía color caoba. 

Le toma un total de diez segundos completos en procesar lo que decía, y cuando lo hace, Hoseok se detiene bruscamente en el medio de la acera y prácticamente arroja al suelo a una mujer en su apuro por volver hacia el anuncio. “¡Lo siento!” grita hacia atrás mientras corre, sorteando personas y eventualmente deteniéndose a cero frente a la ventana donde el cartel está colgado. 

Tres posiciones disponibles, ¡actúa rápido!” profesa el cartel, y sigue describiendo los beneficios que uno obtiene al aplicar para el trabajo. Horarios flexibles, beneficios dentales y de salud y un “por encima del salario mínimo” suenan muy, muy bien. Demasiado bien incluso. Hoseok nunca trabajó en un restaurante con beneficios básicos tan cerca a los excelente como estos, y no puede evitar sospechar un poco. Tiene que haber una razón para que un trabajo tan simple como el de mesero sea tan lucrativo.

Aún así, lo está considerando, mientras no esté bajo contrato por demasiado tiempo. Dinero es dinero, después de todo, y mientras nadie lo fuerce a hacer nada ilegal, Hoseok puede tomarlo. Tal vez éste sea finalmente la racha de buena suerte que estaba esperando.

Sin embargo, mientras está allí parado contemplando el cartel, debatiendo entre si entrar al restaurante o no, una mujer rubia con ojos cansados aparece y lo quita de la ventana. Su corazón se comprime y la decepción fluye por su sangre. Pero la mujer tiene un fibrón en su mano, y en vez de remover el cartel, escribe algo sobre él y vuelve a colocarlo a la vista.

Cuatro posiciones disponibles, ¡actúa rápido!” profesa el cartel ahora, y tal vez eso debería haber sido una bandera roja, pero Hoseok está demasiado aliviado como para que le importe. Su historial de empleo es lo suficientemente impresionante como para estar seguro de que va a obtener el trabajo. Sólo tiene que trabajar aquí lo suficiente como para pagar la próxima renta- luego de eso, puede renunciar y encontrar un lugar menos vago para trabajar. 

Comestibles olvidados, da un paso dentro de la puerta giratoria del restaurante -que se llama El Cuervo, por cierto- y pone su mejor y más encantadora expresión mientras entra.

Es- wow . Es como estar caminando dentro de un Hot Topic*, si ese Hot Topic fuera agresivamente moderno y construido como para resistir a una bomba. Todos los muebles -las mesas, la barra, incluso los respaldos de las sillas- están construidos de un vidrio gris mate, y las paredes están pintadas de una obsidiana oscura. Las ventanas tiene gruesas sombras sobre ellas, oscureciendo totalmente la vista del mundo exterior, y la única fuente de luz dentro del restaurante viene de luces colgantes en el techo con algo parecido al alambre de los gallineros protegiéndolas.

Pero la parte más extraña de todas es que todo dentro del restaurante está construido muy, muy macizamente. Placas reforzadas cubren cada rincón de los muebles, y todo lo que no esté reforzado luce grueso y tosco, incluso el vidrio de las mesas parece a prueba de balas. Las mesas e incluso algunas de las sillas están atornilladas al suelo. 

Distraído por la extrañeza que lo rodea, le toma un minuto a Hoseok el notarlo, pero luego está repentinamente shockeado al darse cuenta de que el restaurante también está completamente vacío, a pesar de ser cerca del mediodía de un viernes. Nada está preparado sobre las mesas, nadie está atendiendo la barra o la cocina, es misterioso.

Decir que todo esto es muy extraño sería decir poco, pero Hoseok está demasiado desesperado como para cuestionarlo realmente, asique sigue caminando hacia el interior del restaurante en búsqueda del miembro del staff que había visto antes.

La encuentra parada al lado de una puerta metálica -que luce como si tuviera como mínimo cinco centímetros de espesor, lo que es desconcertante- tipeando tan rápido en su tablet que da un poco de miedo. Lo único que indica que ella está enterada de su presencia es la manera en la que gira su cuerpo levemente hacia él, sin molestarse en levantar la mirada.

“Hola,” comienza él, haciendo una reverencia y ofreciendole una de sus sonrisas más brillantes, “Vi el cartel en su ventana sobre que necesitan meseros..?” 

Ella ni siquiera le echa un vistazo y continúa tipeando intensamente en su tablet. “Genial, estás contratado.”

Hoseok la mira fijamente. “¿Lo estoy?”

Ella asiente. “A menos que no quieras estarlo..?” Su voz es completamente inexpresiva.

“¿No necesitas mi curriculum? ¿Y no quieres entrevistarme?” No es que Hoseok esté intentando perder su oportunidad aquí pero El Cuervo está resultando tan extraño que la gasolinera parece tener una reputación bastante mejor a comparación.

“El cambio de personal aquí es tan alto que no necesitamos hacer esto,” ella le contesta casualmente, y eso enciende varias alarmas en la cabeza de Hoseok.

“¿Puedo preguntar por qué?” pregunta cautelosamente.

Ella se encoge de hombros. “La gente viene y va. Es mucha presión trabajar aquí y muchos de ellos no pueden manejarlo.”

“Entonces esa es la razón por la que los beneficios son tan buenos,” murmura para sí mismo, cuidadoso de hablar lo suficientemente bajo como para que la mujer no pueda oírlo.

“Si, son bastante buenos si duras hasta el primer cheque,” ella dice con un resoplido, y Hoseok parpadea sorprendido. Cómo es que ella-

La mujer finalmente levanta la vista hacia él, y Hoseok se encuentra con unos helados ojos azules que están tan faltos de vida que le cuesta mantener el contacto visual sin estremecerse en el intento. “Puedes comenzar el sábado, si quieres. Te conseguiré un uniforme.”

Ella presiona su mano contra la puerta de metal, que se ilumina alrededor del espacio que ella está tocando - ¿eso es un scanner de huellas digitales? ¿Qué demonios? - y la puerta se desliza abriéndose. La mujer se desliza dentro y está fuera de vista antes de que Hoseok pueda recolectarse a sí mismo y ser capaz de preguntas las tantas, tantas preguntas que se cocinan en su cabeza.

Al menos ya tiene un trabajo ahora, ¿no? Con beneficios mucho más que decentes y un primer turno ya programado, ¿no?

Esta no es la manera en la que Hoseok esperaba pasar su día, pero está más seguro que el demonio de que no se queja de nada. No sabe a qué se refería la mujer con “mucha presión”, pero Hoseok ha estado trabajando de mesero por varios años ya, y está lo suficientemente confiado como para saber que puede trabajar con lo que sea. Incluso con los peores clientes, esos que gritan y provocan una escena y demandan hablar con el manager, ha manejado ese tipo de situaciones muchas veces con gracia y elegancia y una sonrisa en su rostro. Puede con esto.

La mujer reaparece justo en ese momento, arrojándole una pila negra de tela que Hoseok apenas logra atrapar. Ríe un poco, avergonzado, y la mirada que ella le arroja es totalmente inexpresiva. 

“A las 6pm mañana, estarás aquí hasta las 2,” le dice secamente. “Tu primer cheque llega en cuatro semanas. Hablaremos de cuánto será cuando llegue el momento, y serás justamente recompensado por el trabajo que hayas hecho. Si te vas antes, no te pagamos. Tienes dos lapsos de media hora de descanso que puedes tomar cuando quieras siempre y cuando le avises a alguien antes.”

El discurso suena bastante ensayado y robótico, como si lo hubiera dicho más de un millón de veces antes. Probablemente lo ha hecho, considerando el índice de renuncias del que habló antes. “¿Cuánto tiempo hace que trabajas aquí?” Hoseok le pregunta con curiosidad.

“Dos años,” ella contesta y él jadea sorprendido ante eso. Si la mayoría de las personas no sobreviven ni dos semanas, según ella, ¿cómo es que alguien puede aguantar tanto? Por suerte él no va a lucir tan vacío como luce ella para el momento en el que renuncie. 

“Eso es- impresionante,” murmura, inseguro de qué otra cosa decir. “¿Puedo tener una copia del menú para poder aprenderlo para el sábado?”

“No lo necesitarás. Vas a empezar en la recepción hasta que confíe en tí.”

“Oh, está bien.” Hoseok es bastante bueno recepcionando. No es la parte más sociable como a él le gustaría, y no van a darle propinas por eso, pero con el cheque que espera recibir, puede sobrevivir uno o dos turnos recepcionando. “¿Algo más?”

“Una cosa más.” Ella desliza la tablet hacia él. “Necesitas firmar este contrato de confidencialidad.”

Hoseok le parpadea a la pantalla, visualiza un montón de términos legales complicados y vuelve a mirarla a ella. “¿Por qué tengo que firmar esto para un trabajo como mesero?”

La mujer luce como si se estuviera resistiendo a poner los ojos en blanco. “Políticas del restaurante. Fírmalo o ni te tomes la molestia de aparecer mañana.”

Asique Hoseok firma sobre la tablet con su dedo índice, haciendo lo mejor que puede para escanear los términos del contrato e ignorar la mirada penetrante de la mujer, observando cada uno de sus movimientos. Luce muy estrictamente vinculante -no puede hablar de su trabajo en redes sociales fuera de decir que trabaja en El Cuervo, no puede contar nada de lo que hacía en su trabajo luego de renunciar, y si rompe las cláusulas del contrato será tan demandado que sería el equivalente legal a ser asesinado en la dark web. Hoseok decide justo aquí y ahora que nunca soltará una palabra acerca de su trabajo a nadie.

“Gracias, te veo el sábado,” la mujer dice sin ningún tipo de tono, tomando su tablet de regreso en el momento en el que él levanta la vista, la atención fuera de sí otra vez. 

“¿Tú serás mi mánager?” pregunta, sintiéndose un poco extraño. Ella claramente ya se lo quitó de encima, pero Hoseok preferiría no entrar a trabajar mañana sin conocer a nadie allí, o ser posteriormente traumatizado por tener que atravesar un turno completo sin ningún tipo de ayuda.

“Bien, entonces, manager-nim, ¿cómo debería llamarla?”

Ella detiene su tipeo y lo mira otra vez con la misma inexpresividad. “Puedes llamarme Laura-ssi,” le dice luego de un momento.

“Ese no es un nombre coreano,” le dice algo brusco, y eso finalmente trae el atisbo de una sonrisa a su rostro. Es bastante más intimidante que placentero.

“Estoy al tanto de ello, gracias,” le dice, casi divertida.

“Lo siento, Laura-sii,” él le contesta. “Yo sólo- me iré ahora, creo.”

“Sí, has eso,” ella le contesta, aún con esa mueca casi imperceptible.

“¡La veo el sábado entonces!” Hoseok le regala su sonrisa más dulce mientras camina hacia la puerta, y en el momento en el que la luz del sol golpea su piel, se estremece como si lo acabaran de arrojar a una bañera llena de agua helada.

“Qué demonios,” susurra mientras cierra sus ojos con fuerza debido a los fuertes rayos de sol. “Qué demonios, qué demonios, qué demonios.”

Tiene un trabajo y, a pesar de que la falta de empleo ha sido una fuente de preocupación durante las últimas dos semanas, eso luce ahora como lo menos interesante e importante que le ha sucedido en la última hora. El Cuervo es raro . Hoseok nunca ha estado en un lugar como ese en toda su vida, y trabajar allí definitivamente será una experiencia, por decir lo menos.

Y de repente se da cuenta de que ahora sí podrá pagar la renta. y Hoseok suelta un chillido tan alto que un transeúnte del otro lado de la calle se le queda viendo como si estuviera loco. Hoseok lo saluda con entusiasmo y le devuelve una mirada llena de puro disgusto antes de comenzar a caminar otra vez. Él sólo ríe con fuerza y se dirige otra vez hacia la tienda de comestibles dando pequeños saltitos a su paso. Tal vez ahora pueda derrochar un poco más de dinero y compre algo que no salga de un paquete de ramen. Después de todo, necesitará la energía para sobrevivir a lo que sea que traiga el sábado. 

 

♡♡♡

 

Son las cinco y treinta del sábado en la tarde, y Hoseok está frente a la puerta de El Cuervo con expectativa. Puede escuchar los golpes bajos de la música dentro del restaurante desde allí, fundiéndose contra el concreto de la acera y haciéndola temblar ligeramente.

Cuidadosamente se acomoda las solapas de su traje y lleva una mano enguantada hacia la puerta pero no la empuja. Hoseok se había sentido algo aturdido al llegar a su casa el día anterior, al examinar el bulto de ropa que le habían dado y al descubrir que era un traje. Uno muy barato, sí, pero un traje a fin de cuentas, llevado a punto con un par de guantes de satin blanco que lo hacen sentir absurdamente elegante. El traje en si es completamente negro y está un poco arrugado ahora debido a la falta de cuidado de Hoseok y aún más a la falta de una plancha en su casa para solucionarlo. Se siente casi como un imitador del hombre del Monopoly, pero siempre y cuando pase desapercibido, no es algo que realmente le moleste.

Hoseok inspira profundamente y finalmente se desliza hacia la puerta giratoria, porque llegar temprano en su primer día de trabajo siempre causa una buena impresión, y entra al restaurante sin idea alguna de lo que puede llegar a encontrarse. ¿Qué tipo de personas van a un restaurante decorado tan góticamente de todas formas? ¿Adolescentes edgy? ¿Padres de mediana edad intentando mantenerse al día?

Resulta que ninguno, porque todos los que se encuentran cenando en El Cuervo están vistiendo trajes, o, en el caso de algunas personas, fabulosos vestidos de noche que lucen fabulosamente caros también. El lugar es ruidoso- la música suena bajo, R&B repleto de bajos que inunda el área de mesas y se instala rápidamente en los huesos de Hoseok. Las personas viéndose obligadas a hablar alto para ser escuchados sobre la música, por lo que el área de mesas se convierte en una cacofonía de charlas y música y el sonido tintineante de los cubiertos. El sonido es hermosamente familiar para Hoseok, y sonríe para sí mismo mientras camina.

Se encuentra con los ojos de varios clientes mientras sigue su camino hacia el fondo del restaurante, y todos de ellos tienen miradas heladas y lo miran de arriba a abajo con profundo desagrado. Una mujer de mediana edad lo recorre de arriba a abajo con una mueca con tanta lascivia que Hoseok apenas puede resistir la necesidad de contraerse.

Con el rabillo del ojo la encuentra a Laura en el estrado del recepcionista, luciendo tan aburrida y exhausta como siempre, y prácticamente corre hacia ella. “¡Laura-ssi!” exclama, y ella apenas le dirige la mirada.

“Llegas temprano, bien. El último recepcionista renunció hace dos horas y necesito que te hagas cargo. Te pagaran extra por esto.”

Hoseok jamás diría que no a más dinero, y la idea de aparecerse temprano era por alguna razón, asique se mueve para pararse a su lado en el puesto. “No bromeabas con lo del índice de renuncias,” remarca levemente.

“No bromearía sobre eso,” ella responde, totalmente seria, y Hoseok frunce el ceño un poco. “Como sea, sabes como recepcionar, ¿verdad? El sistema aquí funciona igual que en todas partes. Estarás bien.” Empuja una tablet en sus manos, mucho más grande que la de ella, y se da la vuelta yéndose a algún otro lado del restaurante antes de que Hoseok pueda decirle nada.

“Gracias, eso fue de mucha ayuda,” Hoseok resopla, pero se acomoda apropiadamente detrás del podio y recibe al primer cliente que entra -una mujer vistiendo un traje rayado y cargando una funda de violín- con la sonrisa más brillante que puede lucir. Ella lo mira con ojos vacíos y su sonrisa tiembla un poco.

“Si me sigue, señorita, la guiaré hacia su asiento,” le dice amablemente, y ella lo sigue con obediencia mientras la lleva a un espacio al fondo del áre de mesas, donde ella cuidadosamente coloca la funda del violín en el espacio junto a ella como si fuera su bebé. “¿Toca profesionalmente? él pregunta, y ella lo mira con la misma hueca expresión, totalmente perdida.

“¿Tocar qué?”

Hoseok no tiene ni idea de qué responder a eso, asique sólo sacude su cabeza y abandona el tema. “Su mesero estará enseguida con usted, disfrute su comida.” Totalmente desconcertado, evita dirigir su mirada hacia esa área del restaurante con miedo a enfrentarse a la mirada acechante de la mujer.

A pesar de los clientes y las extrañas miradas que está recibiendo, Hoseok termina volviendo a acoplarse al ritmo y sensación de trabajar en el servicio de comida lo suficientemente rápido. Se siente un poco como volver a casa, y a pesar de que el ambiente es oscuro y opresivo, Hoseok le sonríe a cada cliente que ve. Algunos de ellos incluso le devuelven una genuina sonrisa a media, y le es suficiente como para contar eso como una victoria.

Justo después de sentar a un particularmente aterrador hombre que porta lentillas rojas, algo vuela justo tras su cabeza mientras se dirige hacia su estrado, haciendo un buzz bastante peculiar al pasar. Hoseok agita su mano cerca del lugar del sonido, intentando espantar al insecto que lo está molestando. Un momento más tarde, por el rabillo del ojo ve en la pared detrás de él un cuchillo clavado allí, justo a la altura de la cabeza de Hoseok. ¿Eso siempre había estado allí? Incluso para la extraña decoración de El Cuervo, cuchillos en las paredes resultan un poco demasiado. Hoseok silencia sus pensamientos y sigue trabajando.

Cuando el reloj marca las nueve, el constante flujo de clientes disminuye a apenas un goteo, y Hoseok decide tomarse su primer descanso. Le hace señas al primer mesero que ve, que se presentó tímidamente como Hyungwon, y se dirige a cambiar su lugar en el estrado de recepción por una banqueta en la parte trasera del restaurante. Hoseok no está en el sistema aún pero un mesero que pasa se apiada de él luego de verlo luchar con el escáner en la puerta por alrededor de cinco minutos y lo deja pasar. La parte trasera es enorme, mucho más grande que en los restaurantes normales y hay algunas puertas en la pared más lejana que indican que es mucho más grande de lo que se puede ver. Es tan monótono y oscuro como el resto de El Cuervo, pero Hoseok rápidamente se está volviendo inmune a la decoración, asique no le molesta tanto como lo habría hecho unas horas atrás.

No está haciendo nada, solo pasando el rato en su celular y preguntándose si podrá obtener una cena gratis de la cocina si pregunta amablemente, cuando Laura entra caminando. Abre un cajón de metal, uno de los tantos que está adornando las paredes, echa un vistazo dentro de él y escribe algo en su tablet. ¿Haciendo el inventario tal vez? Se mueve al siguiente y repite el proceso, todo esto sin siquiera percatarse de la presencia de Hoseok.

Pero eso es bastante lo usual en ella asique Hoseok decide intentar y ser sociable.

“Hey, he estado queriendo preguntar,” comienza a hablar alegremente y Laura hace un sonido para hacerle notar que está escuchando, sin levantar la vista de la tablet. Es lo más cercano a un “adelante” que puede obtener asique él continúa. “¿Por qué la decoración es de esta manera? Sin ofender pero luce como la cueva del villano de alguna película, o una taberna para mercenarios.”

Laura se toma un momento para responder e incluso deja de tipear por un segundo. Es difícil decirlo pero pareciera que su pálido rostro ha palidecido incluso un poco más. “Uhhh,” dice algo aturdida, luego de una pausa que se extiende tal vez por demasiado tiempo, “está basado en.. la estética de Edgar Allan Poe..?”

Hoseok la mira por un momento y luego sonríe. “Oh, ¡eso es genial! ¡Es como un restaurante temático!”

Ella se relaja visiblemente. “Sip. exactamente eso.”

La puerta se desliza abriéndose y Hoseok se voltea para mirar al mesero que ingresa caminando. Es de mediana edad y luce cansado, y lleva consigo una cicatriz sobre su ojo izquierdo que luce algo aterradora. “Jisoo-ssi acaba de renunciar,” anuncia casi aburrido. “Salió corriendo.”

Hoseok se le queda viendo, sorprendido por la falta de aflicción a pesar de haber perdido a un compañero. 

“¿Cuánto tiempo duró?” Laura le pregunta, de alguna manera luciendo incluso más apática que el mesero.

“Tres semanas,” le contesta, aún sin expresión alguna. Es casi como escuchar la voz de Google hablando. No ha mirado a Hoseok en ningún momento y él está agradecido de ello.

Laura asiente ante eso. “Nada mal. Envía a alguien a recoger su uniforme mañana y a recordarle acerca del contrato. Dile que su pago final será enviado esta semana.”

“Sí, Laura-ssi,” le dice, y el mesero se ha ido tan rápido como llegó.

“Felicitaciones,” Laura dice, volteando hacia él. “Acabas de recibir un ascenso.”

“Espero, ¿de verdad? Ni siquiera conozco el menú-”

Ella sacude una mano. “Todos aquí son clientes regulares. Escribe sus órdenes y la cocina se las arreglará.”

Ella se da vuelta otra vez y abre uno de los cajones que previamente había abierto, sacando dos tipos diferentes de servilletas de tela. Una está doblada de la manera estándar en la que se envuelven los cubiertos, y la otra en un extraño y abultado triángulo. “Hay una sola cosa que no puedes estropear. Cada cliente recibe una de cada una de estas cuando se sientan. Arruinas esto, salteas a alguien, estás despedido. ¿Entendido?”

Hoseok mira las servilletas y asiente lentamente.

“Bien.” Laura abre otro cajón y le arroba un delantal negro. “Buena suerte, no hagas nada estúpido y si alguien te da problemas, házmelo saber.”

“Sí, Laura-ssi,” le contesta, aún un poco descolocado, y ella le da una palmada en el hombro un poco demasiado brusca mientras se retira.

Hoseok se ocupa de atar el delantal alrededor de su cuello primero, cuidando de atarlo con firmeza. La acción es relajantemente familiar, y cuando termina con eso, toma un profundo respiro y se mueve para recoger algunos de los paquetes de servilletas. Él puede con esto. Hoseok es un buen mesero y hasta ahora su recepción ha sido muy buena. Servir no puede ser mucho peor.

Los paquetes de cubiertos son los estándar que se utilizan en la mayor parte de los restaurantes pero la servilleta triangular es increíblemente pesada. Hoseok se siente tentado a desarmarla para ver qué es lo que hay dentro pero no quiere echar a perder un perfectamente doblado paquete si todavía no está seguro de poder descifrar cómo armarlo nuevamente. Podrá ver a alguien abrirlo en algún momento mientras trabaja seguramente.

Hoseok vuelve a entrar al restaurante, la música demasiado alta para sus oídos luego del período de relativa calma por el que acaba de pasar, y se dirige de nuevo a la sección de la recepción. Hyungwon aún está allí, luciendo exhausto, pero le ofrece una sonrisa a Hoseok cuando lo ve. “Tú sección está por allí,” le dice, señalando con la cabeza al rincón del lugar donde la señorita del violín había estado antes. “Son las seis mesas más cercanas a la pared.”

Hoseok le agradece y se dirige hacia allí. Sólo cuatro mesas tienen personas y dos de ellas ya tienen su comida servida. Elige una de las otras dos mesas aleatoriamente y le hace una reverencia al hombre y a la mujer sentados allí. Ellos asienten con la cabeza, luciendo tensos e incómodos, pero Hoseok supone por la posición de sus brazos que se están sosteniendo las manos bajo la mesa. Raro. 

“Hola, soy Hoseok y estaré suplantando a Jisoo-ssi esta noche,” comienza a hablar, sorteando la incomodidad. “¿Ya han ordenado sus bebidas y aperitivos?

No lo han hecho, por lo que Hoseok toma sus órdenes y echa un vistazo a su alrededor buscando la cocina y cuando la encuentra camina hacia allí para dejar el pedido y preparar las bebidas. El vino que ordenaron es más caro que su apartamento completo. Se los sirve complacientemente y se mueve hacia la siguiente mesa rápidamente.

Hoseok trabaja hasta medianoche sin ningún tipo de inconveniente. Los clientes son fríos y profesionales, pero trabaja duro para encantarlos, y le satisface aprender que con la justa combinación de alegría, coqueteo y eficiencia, la mayoría de las personas a las que le sirve se aflojan lo suficiente para que él ya no se sienta incómodo o nervioso a su alrededor para el momento en el que se van.

Las propinas resultan ser ridículas. Una mujer le deja un millón de wons. Un hombre con brillante cabello rosado y un piercing con un diamante en la nariz le deja un anillo con un gigante rubí en el centro**, junto con su número telefónico al pie del recibo. Solamente con las propinas que ha logrado esta noche, Hoseok probablemente podría pagar la renta por, al menos, dos meses y aún tener dinero para gastar en otras cosas. Ahora puede darse el gusto de no tener que comer ramen todos los días. Podría comprarse esa sudadera de Supreme que había estado viendo ya por un tiempo con ese interior tan suavecito. Podría teñir su cabello de rojo otra vez y hacerlo con un profesional esta vez.

La idea de ya no ser pobre por primera vez en la vida hace que Hoseok se sienta un poco mareado, y prácticamente baila alrededor del restaurante, paquetes de servilletas en mano mientras se mueve para preparar una mesa. En el camino, accidentalmente se choca con la esquina de una de las mesas -y duele, esas mesas reforzadas no son ningún chiste- y una de las servilletas triangulares cae al piso. Hoseok se agacha sobre ella y la toma rápidamente, luego nota que los bordes se desdoblaron. Notando que debe repararla antes de colocarla en la mesa, intenta volver a meter las puntas dentro, pero de alguna manera sólo logra terminar casi desarmándola por completo. Frustrado, decide dársela a alguien que de verdad sepa cómo volver a armar el triángulo, pero luego Hoseok logra finalmente ver lo que el paquete contiene en su interior.

Tira la servilleta otra vez como si hubiera quemado sus manos.

Hay un arma en su interior. Durante las últimas tres horas, Hoseok le ha estado entregando armas a todo aquel cliente al que ha atendido en El Cuervo.

De repente siente que no puede respirar. Necesita irse ahora, antes de que termine gritando o causando una escena y haciendo que lo despidan (o disparen, aparentemente, porque debe preocuparse por eso también ahora). Bruscamente empuja a todo aquel que se le cruza, desesperado por ir a algún lugar donde no deba pensar acerca del arma, y eventualmente se encuentra dentro del baño.

Dentro está tranquilo, el silencio como un contraste demasiado afilado con la caótica sinfonía del área de las mesas, y Hoseok puede escuchar el ritmo desesperado de su corazón mientras se encierra en un cubículo, se recuesta sobre la puerta y pone su cabeza entre sus manos. Sus pulmones se sienten demasiado llenos y vacíos al mismo tiempo, y parece que no puede recordar cómo respirar en un ritmo normal. Su mente está corriendo tan rápido que no puede pensar en lo absoluto- sus pensamientos son demasiado confusos y agobiados como para desenredarlos.

Hoseok suelta un débil sonido que podría ser un sollozo. Viendo finalmente su delantal mientras intenta respirar otra vez, recuerda que tiene cuatro o cinco armas en su bolsillo al momento y clava sus uñas en el nudo, desesperado por colocarse lo suficientemente lejos de las armas lo más rápido posible. El nudo que había atado tan cuidadosamente hace su trabajo pero ahora no puede desarmarlo. 

Luego de un par de intentos frenéticos, finalmente logra quitarselo y da un paso lejos del uniforme, colocándolo sobre la tapa del inodoro y volteandose para mirar hacia otro lado.

Hoseok aún no sabe lo que este lugar es pero definitivamente algo ilegal está ocurriendo detrás de escena. Eso explicaría el contrato de confidencialidad, el índice de renuncias, los clientes, y, por supuesto, las armas. Apenas puede pensar en la palabra. Cualquier persona a la que había atendido durante la noche podría haberle disparado, si no se sentían satisfechos con el servicio que les estaba brindando, con la misma arma que él les había entregado con una sonrisa y un guiño.

Pero no lo habían hecho y Hoseok no está seguro si es porque aún tienen un atisbo de consciencia o si realmente es muy bueno en su trabajo. Como sea, no se queja. Pero ahora tiene una decisión que tomar- ¿debería quedarse hasta tener el primer cheque y luego renunciar? ¿o debería tomar las propinas que le habían dejado y retirarse ahora como una persona sensible?

Debería ser una decisión simple pero Hoseok es tan esclavo del capitalismo como cualquiera y la seguridad financiera aún es una posibilidad seductora. Además, si se queda y muere en el trabajo, no tendrá que preocuparse más por la renta. Pero luego Hoseok considera que morir lo obligaría a no ir a la universidad, ni a tener un perro, ni de hacer cualquier otra cosa que los adultos quieren hacer y, de repente, la idea de morir de hambre no suena tan mala.

“Maldición,” murmura entre dientes. “¿Qué hago?”

“¿Estás bien?” alguien le pregunta desde el otro lado de la puerta, una voz grave y profunda, y Hoseok grita y se estremece tan fuerte que casi cae sobre el inodoro.

“¿Quién está ahí?” demanda, arrojando dagas con la mirada a la puerta del cubículo como si la persona del otro lado pudiera verlo y sentirse intimidada

“Alguien que puede ayudarte,” le contesta, suena como si se estuviera divirtiendo. “Tú nombras tu problema, yo pongo un precio y te aseguro que podremos resolverlo.”

“Espera, ¿eres, como, un sicario?” Hoseok le echa un vistazo ansioso al seguro de la puerta como si eso pudiera protegerlo de algún modo si las cosas salen mal. Servirle a los criminales es una cosa pero, ¿tener conversaciones de verdad con ellos? ¿En privado? ¿Donde nadie podría oírlo si lo asesinan? No, gracias, no para Hoseok.

El chico se ríe, un sorprendentemente tierno sonido. “Entre otras cosas.”

“No necesito eso entonces, puedes simplemente irte y olvidarte de que esto sucedió, gracias por la oferta pero estoy bien-” Hoseok está divagando, lo sabe, pero incluso lamería el interior del inodoro si eso hiciera que el sicario real que está del otro lado de la puerta lo dejara solo.

“¿Estás perdido?” la voz del sicario suena preocupada ahora. “No suenas como si pertenecieras a un lugar como este.”

Hoseok no puede evitar resoplar. “No sabía a lo que me estaba enfrentando cuando acepté trabajar aquí, créeme.”

El sicario hace un sonido que da a entender que entiende. “Eres un mesero entonces. Escuché que la mayoría de ellos no duran mucho.”

“¿Por qué será?,” murmura, y el sicario ríe otra vez. Hoseok se da cuenta que le gusta ese sonido.

“Si sales, te daré algunos consejos de cómo parecer que perteneces a este tipo de vida. Podría servir,” le ofrece, y aunque lo intente, Hoseok no puede detectar ningún indicio de maldad en su voz. 

“No me matarás ni nada de eso, ¿verdad?” le pregunta.

El sicario resopla divertido. “A menos que me pagues para eso, nop.”

Eso es todo lo que Hoseok necesita oír, y cautelosamente le quita el seguro a la puerta y saca su cabeza fuera del cubículo, echandole un vistazo al sicario. 

“Oh, eres bajito,” dice sin poder evitarlo, y el hombre frunce el ceño sombríamente. También es muy bonito, con cabello decolorado y afilados ojos casi felinos, viste un traje con el tipo de dignidad y elegancia con el que Hoseok sólo podría soñar.

“Tal vez sí te mate,” lo amenaza, pero no hay verdadera maldad detrás de sus palabras. Hoseok sonríe. Solo otro -realmente bonito- cliente al que endulzar.

“Entonces, señor sicario, ¿qué puedes enseñarme?” Hoseok retira una parte de su cuerpo del interior del cubículo y desliza una mano por su cabello intentando arreglarlo. Los ojos del hombre siguen su movimiento y él aclara su garganta con incomodidad. 

“Primero que nada, soy un mercenario, no un sicario. Segundo, no me llames así. Suga-ssi está bien.”

“Repito mi pregunta entonces, Suga-ssi.”

Le hace señas para que salga por completo y Hoseok obedece, esperando incómodo mientras Suga lo mira de arriba a abajo con ojo crítico.

“Sigue coqueteando como lo estás haciendo, eso funciona bien,” dice finalmente. “Muestrales que no tienes miedo. No eres tan delicado como para ser extremadamente agresivo para compensarlo, pero eres atractivo-”

“Aw, ¡gracias!” Hoseok celebra y Suga resopla con fastidio.

“-asique las personas van a hostigarte. Puedes coquetearles de regreso si quieres, o ignorarlos, pero si las cosas empiezan a salirse un poco de control tienes que plantarte y decirles que se vayan a la mierda.”

“Se supone que esa no es la manera en la que los meseros deben actuar, sabes.”

“Tampoco se supone que los meseros entreguen armas junto con los cubiertos pero eso es lo que has estado haciendo durante toda la noche” Suga señala, y Hoseok tiene que admitir que tiene razón. “Lo peor que puede pasar es que pierdas una propina, y tu seguridad es más importante.”

Hoseok asiente y se recuesta sobre el cubículo del baño. Para ser mercenario, Suga ha sido amable con él. Para ser honestos, Hoseok no tiene demasiada experiencia con criminales en general, entonces la mayoría de ellos podrían ser así, pero está agradablemente sorprendido con la experiencia que ha tenido hasta ahora.

Le dice eso a Suga y se ríe un poco cuando el mercenario se sonroja (de verdad, de verdad). “Considerate suertudo por haberte encontrado conmigo y no con algunos de los otros imbéciles que hay aquí,” le dice. “Odio este lugar.”

“¿Por qué estás aquí entonces?” Hoseok pregunta.

Suga suspira. “Negocios. Contratos de trabajo específicamente.”

Hoseok asiente y espera que no continúe, porque no está seguro de querer saber acerca de las cosas que Suga hace cuando no está siendo lindo y agradable con meseros en baños.

Gracias a Dios, Suga parece darse cuenta de esto, porque señala la puerta del baño con incomodidad. “Probablemente deberías volver a trabajar,” le sugiere sin dejar de ser amable. 

Hoseok luego recuerda que no le ha dicho a nadie que se iba y que ha abandonado, al menos, a cuatro mesas. No es lo mejor que se puede hacer en la primera noche de trabajo- o nunca, la verdad, pero es particularmente malo cuando aún eres tan nuevo.

“Mierda,” susurra, recogiendo su delantal del inodoro -con las armas aún pesando en el bolsillo, en las que decide no pensar- y colocándoselo otra vez, en tiempo récord. Suga lo mira mientras pretende examinar su propio reflejo en el espejo del baño, divertido ante el pánico de Hoseok. 

“Fue lindo conocerte, Suga-ssi,” le dice, casi fuera del baño y apenas recordando el hacer una reverencia. “Gracias por todo.” No logra escuchar la respuesta de Suga porque ya está del otro lado de la puerta y listo para volver al trabajo.

Y durante el resto de su turno, su corazón se saltea un latido cada vez que ve una cabellera rubia.

 

♡♡♡

 

Para el momento en el que Hoseok ya lleva trabajando en El Cuervo por poco más de una semana, ya le ha tomado bastante la mano a como funcionan las cosas. Mientras no piense en las armas que lleva consigo, no le molestan, e ignorando eso, el lugar solo es una versión un poco más edgy de cualquier restaurante lujoso promedio Los consejos de Suga han sido muy.útiles, y Hoseok ahora recibe la suficiente cantidad de miradas envidiosas del resto de sus compañeros cuando recuenta las propinas como para saber que los clientes lo quieren más a él que a la mayoría del staff. Es extrañamente placentero el saber que un par de duros asesinos a sueldo lo encuentran encantador.

A Hoseok le ha estado yendo tan bien, la verdad, que honestamente ha estado considerando el quedarse por un poco más de tiempo del planeado. A nadie le han disparado o ha sido herido durante uno de sus turnos, y el dinero es tan bueno que incluso ahora lleva su traje a la tintorería cada par de días. Ha estado pensando también en comprarse uno nuevo en algún momento.

No ha visto a Suga otra vez, pero se encuentra a sí mismo buscándolo en cualquier momento de paz que encuentra.

Hoy, le toca el turno de la tarde, y está a punto de tomarse su descanso para almorzar cuando una de las nuevas meseras -su nombre es Wheein, y es tan dulce que él sabe que su renuncia es inminente- le dice que alguien ha pedido por su servicio.

Su primer pensamiento es que Suga está de regreso y pidiendo por verl, y su corazón pega un salto. Chequea su cabello en el reflejo de una de las mesas y prácticamente vuela al área que ella le indica, mirando a todos lados en busca de su no-cliente-técnicamente favorito.

Un par de segundos de búsqueda le revelan que Suga no está aquí y los hombros de Hoseok decaen por la decepción.

“Hey, tú eres Hoseok, ¿verdad?” Un hombre con voz con consistencia de miel está sentado solo en una de las mesas, y le sonríe a Hoseok cuando hacen contacto visual. Luce como salido de una obra de arte clásica, con cabello plateado, con rasgos faciales afilados, y el universo entero capturado en sus ojos. 

“Ese soy yo,” Hoseok dice, intentando que su confusión no sea visible.

“Wow,” susurra, mirando a Hoseok de arriba a abajo como si fuera una pieza de fino arte. “De verdad eres bonito.”

Esta interacción ha viajado de extraña a “abortar misión” demasiado rápido, y Hoseok da un paso hacia atrás alejándose de la mesa. Si las cosas comienzan a descarrilarse, plántate y diles que se vayan a la mierda , recuerda a Suga diciéndole, endereza sus hombros y mira al hombre fijo a los ojos. “¿Quién te dijo que me llamaras?” le pregunta, su voz afilada. 

El hombre levanta una ceja. “Yoongi-hyung. Lo conoces, estoy seguro. Le gustas.”

“No sé de quién hablas.” La memoria de Hoseok no es infalible, por supuesto, pero los clientes de aquí no suelen decir sus nombres asique cada uno de ellos queda guardado en su mente.

El hombre se le queda mirando por un momento, algo indescifrable en los ojos, y deja escapar una risa. “¿Nunca viste a Suga entonces?”

“¿Conoces a Suga-ssi?”

El hombre parece encontrar esto aún más divertido y casi se golpea la cabeza contra la mesa al reírse. Su sonrisa es menos perfecta cuando no está intentando con tanto esmero el ser perfecto, y luce como un rectángulo. Y a pesar de estar al límite, Hoseok no puede evitar encontrarlo encantador.

“¿Ni siquiera te dijo su nombre real? Que delicado,” le dice cuando se recupera. “Soy V, por cierto.”

“¿No estás haciendo lo mismo que Suga-ssi hizo?” le pregunta escéptico. 

V sonríe. “Sí, pero yo no estoy locamente enamorado de ti- aún, por supuesto, estoy abierto a la idea- y mi alias es bastante cool. Me da un aire de misterio.”

“Bien,” Hoseok responde indulgente. “Si lo ves, mandale mis saludos, por favor.”

“Claro que sí, Hoseok-hyung,” V le dice con un saludo militar. Hoseok ni siquiera va a cuestionar el honorífico.

“Sólo entre tú y yo,” V le recuerda, moviéndose hacia la otra silla para estar más cerca de Hoseok, “Su nombre real es Yoongi. Min Yoongi.” V se endereza nuevamente y le sonríe agradablemente. “No le digas que te dije eso, ¿okay?” Y con eso, V sale de su asiento abruptamente, pasa rozando a Hoseok y abandona el restaurante.

Hoseok se para ahí por un minuto entero, sorprendido, y deja escapar un largo suspiro. “Bueno.” Decide limpiar la mesa de V y quitar ese muy extraño encuentro de su mente hasta que tenga tiempo de pensar en eso y no tenga otra media docena de mesas por las que preocuparse. 

V ni siquiera había ordenado bebidas pero Hoseok descubre que lo que sí había hecho es robar el arma complementaria, por lo que Laura no estaría demasiado contenta. Además de eso, la limpieza es rápida y Hoseok pronto está de regreso a su trabajo usual. Diez minutos más tarde, mete la mano en el bolsillo de su delantal para sacar un juego de servilletas y encuentra un reloj que luce muy caro dentro. En el interior de la banda, hay un número telefónico y una pequeña carita sonriente. Y en contra de todo pensamiento lógico, Hoseok añade el contacto a su celular, limpia la tinta con una servilleta y se coloca el reloj en la muñeca. Brilla bajo la tenue luz de El Cuervo y, por alguna razón, llevarlo le hace sentir un poco más seguro de sí mismo, como si realmente encajara entre todos los extremadamente adinerados criminales que frecuentan el lugar. 

No le toma mucho tiempo el notar el par de ojos siguiéndolo a través del restaurante, porque aparentemente Hoseok nunca podrá atravesar un turno normal mientras esté en este desastroso trabajo. Ha desarrollado un muy buen sentido a través de los años de saber cuando alguien lo está mirando fijamente, una habilidad muy útil en trabajos de servicio de comida, y cuando se da vuelta, como esperaba, se encuentra con los ojos de alguien del otro lado del salón. Es Suga, de todas las personas, quien lo está mirando. 

No aparta la mirada cuando se encuentra con los ojos de Hoseok, asique él intenta notificar a un compañero a través de gestos bastante entusiastas que está por tomarse un receso. Juzgando por las miradas que está recibiendo desde las mesas más cercanas y de Suga, evidentemente no está funcionando, asique se da por vencido, se acerca y le hace saber al recepcionista en cuestión a dónde se va.

Colapsa en el asiento al otro lado de Suga un minuto más tarde y sonríe cálidamente. “¡Suga-ssi! Gracias otra vez por la ayuda de la semana anterior.” ¿Debería llamarle Yoongi? ¿Es demasiado?

La sonrisa de Suga es un poco más pequeña que la de Hoseok pero igual de divertida. “Hoseok-ah. Luces mucho más feliz que la última vez que te vi.” Algo en su expresión parece conflictuado, a pesar de sus palabras amables, y Hoseok quiere saber qué está mal asique le pregunta. 

“Conociste a Ta- V,” Suga le responde, su voz uniforme y claramente escondiendo algo. 

“Lo hice,” le responde. “Te llamó Yoongi-hyung, asique asumí que eran cercanos. ¿Son rivales o algo así?” ¿Los mercenarios tienen rivales? ¿Cómo te consigues un rival en el negocio de matar-personas-por-dinero?

Suga sacude su cabeza negando por lo que Hoseok asume que nunca sabrá la respuesta a ninguna de sus preguntas. “Cercanos es… una manera de decirlo.”

Hoseok asiente como si hubiera entendido cuando claramente no lo hizo. “Me dió un reloj,” agrega, enrollando la manga de la chaqueta de su traje para mostrarlo apropiadamente. “Y su número.

Suga resopla divertido. “Eso es algo muy Taehyung, sí.”

Asique el nombre real de V es Taehyung. Bueno saberlo. “Por cierto, ¿puedo decirte Yoongi-hyung?” le pregunta y Suga suspira. 

“Esperaba poder presentarme apropiadamente sin que Taehyung actúe como un mocoso,” Hoseok deja escapar una risa sorprendida ante eso, “Pero sí, hazlo.”

“Genial, un gusto conocerte apropiadamente entonces, Yoongi-hyung,” le dice, extendiendo su mano.

Yoongi la toma, diversión bailoteando en sus ojos. “¿El baño no cuenta?”

“Si quieres que nuestra primera cita haya sido en un baño, está bien para mi, pero personalmente prefiero la idea de una ‘cita romántica en un restaurante’,” Hoseok bromea.

“Ah, asique ahora estamos saliendo,” Yoongi dice con interés. “Que bien.”

“Casados, en realidad.” Hoseok corrige, intentando desesperadamente no reír. “Tuvimos una hermosa ceremonia en Busan.”

“Por supuesto, ¿cómo pude olvidarlo?” Yoongi intenta mostrar una sonrisa sentimental que termina siendo demasiado grande y con demasiadas encías a la vista como para ser actuado, pero demasiado tierno al mismo tiempo. “Te tropezaste mientras caminabas al altar.”

Hoseok se quiebra ante eso, riendo tan fuerte que se recuesta contra la pared. Yoongi luce encantado. 

“Esto ha sido… romántico,” le dice cuando Hoseok logra sentarse derecho, sonando como si estuviera disculpándose, “pero debería haberme ido hace diez minutos.” La mesa está vacía, y Hoseok asume que ya pagó su cuenta.

Está decepcionado pero no lo muestra. “¿Cosas de mercenario?” pregunta y Yoongi asiente.

“Desafortunadamente.”

Hay una pausa donde Yoongi se levanta y desliza una chaqueta de cuero por encima de su traje -un look extraño pero uno que sabe llevar extraordinariamente bien- y luego le sonríe a Hoseok, casi con timidez. “¿Siempre trabajas a esta hora? Comenzaré a venir más seguido.”

“Creí que odiabas este lugar,” Hoseok lo mira.

“Creo que el staff está comenzando a hacerme cambiar de opinión,” Yoongi responde y antes de que Hoseok pueda siquiera procesar eso, Yoongi le sonríe una última vez y se va.

“Hijo de puta,” murmura y se devuelve a su sector con una sonrisa en su rostro.

(Veinte minutos después, mete la mano en el bolsillo del delantal y encuentra un brazalete de plata con lo que parecen pequeños zafiros incrustados. Hay una nota envuelta a su alrededor, y así como así Hoseok recibe el segundo número telefónico del día. Honestamente, está bastante sorprendido de que Taehyung y Yoongi anden por ahí con joyería como esta encima.”

 

♡♡♡

 

Cuando luego de uno de sus turnos Laura se acerca a pedirle que trabaje el viernes, Hoseok está inicialmente muy confundido. Había estado teniendo la impresión por varias semanas ya de que el restaurante permanecía cerrado los viernes. Y aprende que eso no está técnicamente mal. Los viernes están reservados para clientes especiales, el tipo de personas con verdadero poder e influencia en Seúl, el tipo que hace que su clientela normal parezca patética a comparación. Si nadie lo suficientemente importante pide una reservación -reciben muchas solicitudes de líderes de pandillas pequeñas que no sirven para nada, aparentemente- entonces El Cuervo sí permanece cerrado.

Cuando atraviesa la puerta de entrada en el primer viernes que ha trabajado desde que fue contratado, el restaurante está bajo un silencio escandaloso. Nada de música, ni voces. Incluso la cocina está completamente silenciosa. La primera duda de Hoseok es si está aquí en tal vez el horario incorrecto, hasta que alguien vestido con un barato traje y la corbata desarreglada -un mesero, seguramente- se asoma por la puerta de la parte trasera y arrastra a Hoseok dentro, cubriendo su boca con la mano cuando él la abre para preguntar qué demonios está ocurriendo.

El mesero lo suelta ni bien la puerta se cierra de nuevo y desaparece. La habitación trasera es un verdadero caos, que ya es decir mucho, porque la mayor parte del tiempo ya es un desastre. Hay personas untándose maquillaje como si estuvieran intentando recrear muy pobremente a una persona del período Barroco, hay varias jóvenes utilizando vestidos, una desviación del código de vestimenta usual para todos. Una botella de spray fijador se le cae a alguien de las manos y grita ‘¡Dios maldito sea!’ con la aflicción de alguien que acaba de presenciar como un auto atropella a su perro. 

“¡Okay, idiotas!” Laura se ha subido a un sofá que se encuentra contra una de las paredes, brazos cruzados y rostro tieso. “Estará aquí pronto. Alineense para la decisión.”

Al instante hay varios sonidos de personas quejándose y algo que suena casi como un sollozo, junto con un ruido de confusión de uno de los empleados más nuevos con el que Hoseok empatiza mucho. Se coloca en la línea, aún muy perdido acerca de todo lo que está pasando -Hoseok siempre está en la oscuridad cuando se trata de El Cuervo, en sentido literal y en sentido de información- y mira como los demás sacan unos palitos de las manos de Laura. Una chica saca un palito particularmente largo e inmediatamente cae sobre sus rodillas, riendo histéricamente y sosteniéndolo contra su pecho como si fuera el boleto ganador de la lotería.

Cuando es finalmente el turno de Hoseok, le sonríe a Laura con amabilidad antes de tomar uno de los palitos sin miedo. Es muy fácil ser valiente cuando uno no tiene ni idea de lo que está ocurriendo. Ayuda mucho también que los palitos son tallarines crudos, lo que le hace reír mientras agarra el que tiene más cerca.

Es pequeño, apenas unos pocos centímetros de longitud como mucho, y la mesera detrás de él lo ve con el rabillo del ojo y jadea. “¡Agarró el más pequeño!” grita, y el suspiro de alivio que recorrió la habitación entera es comiquisimo.

“¿Qué significa?” pregunta, aún confundido, y el alivio palpable en la habitación rápidamente cambia a compasión.

“Verás, Hoseok-ssi,” uno de los recepcionistas comienza, voz gentil y empática de una manera que resulta preocupante. “Cuando un cliente particularmente importante aparece, tiene que ser servido-”

“Maldita sea, Jisung-ah,” un mesero interviene -él fue el que perdió el spray fijador antes, y su cabello luce como un enojado puercoespín rojo- “No lo hagas tan extraño.” Se gira hacia Hoseok y sonríe lastimosamente. “Tienes que ser el mesero principal del invitado de hoy.”

Mira a Hoseok como si estuviera esperando que se quebrara en sollozos o rezara o algo, pero Hoseok solo se encoge de hombros. “Okay. ¿Cuándo va a llegar?”

Laura mira su reloj. “Ya debería estar aquí, en realidad.”

Es como una estampida, todos corren al otro lado de la habitación y luchan por ver del otro lado de la puerta. Hoseok los mira durante un momento, riendo, luego se mueve lo más cerca que puede a la puerta sin ser bloqueado por la masa de cuerpos. 

“Iré a decir hola,” anuncia. 

Uno de los ayudantes, un niño llamado Soobin que definitivamente no es legal y que no debería estar trabajando en un ambiente como este, lo toma de la muñeca antes de que pueda dar otro paso. “¿Estás intentando que te maten?” le susurra. “¡Es Kim Namjoon el que está ahí fuera! ¡Es el comerciante más influyente de Seúl! ¡Vas cuando te llama, no cuando tú quieres!” Varios otros miembros del staff asienten junto con sus palabras.

“Gracias por la información,” Hoseok remarca y suelta su brazo del agarre del chico. “Estaré bien. Solo voy a presentarme y preguntarle si quiere beber algo.”

“Es tú funeral,” una mesera murmura, pero se mueve para dejarlo atravesar la puerta, y todo el staff lo mira con el aliento contenido mientras Hoseok sale de la habitación e ingresa al restaurante, zapatos sonando en la dura madera y haciendo eco en todo el salón. Se acerca a la mesa y le ofrece a Kim Namjoon, el comerciante más aterrador de Seúl, su sonrisa de ojos cerrados más cautivadora. “Buenas noches, señor,” comienza. “Mi nombre es Hoseok y le estaré sirviendo esta noche. ¿Le gustaría comenzar con algo para beber?”

“¿Tienen Coca aquí?” él pregunta, voz placenteramente baja, y bueno, a Kim Namjoon aparentemente le gustan las gaseosas más que el vino.

“Claro que sí,” Hoseok le responde. “¿Eso sería todo?” No está muy seguro de que tengan, la verdad, porque nunca nadie había ordenado gaseosa desde que él trabaja aquí, pero alguien del staff seguramente podrá pensar en algo. Ojalá.

Finalmente se encuentra con los ojos de Kim Namjoon y temporalmente se olvida de como respirar porque, diablos, es apuesto. Pero luego el comerciante más aterrador de Seúl le sonríe, y todo en lo que Hoseok puede concentrarse es en sus hoyuelos, y decide allí y en ese momento que NADIE que se vea tan bonito sonriendo puede ser tan atemorizante. “Eso será todo. Gracias, Hoseok-ssi,” le dice, y Hoseok asiente incómodo y desaparece hacia la parte trasera a la cocina, donde la mayor parte del staff ha migrado ahora para chismosear y lanzar miradas llamativas y nada discretas hacia la mesa de Kim Namjoon.

“¿Tenemos Coca?” le pregunta a toda la habitación.

“No, pero dame cinco minutos y corro y te consigo algo,” se ofrece una mesera. 

“¿Tiene cinco minutos?” un mesero susurra. “Oí que Kim Namjoon le dispara a las personas que no son puntuales.”

“Yo oí que le dispara a las personas solamente por mirarlo de mala manera,” alguien más susurra.

Hoseok inclina su cabeza y los mira. “Tiene hoyuelos y acaba de pedirme Coca,” les dice. “¿Estamos hablando de la misma persona?”

“Supongo que debe lucir agradable por fuera, pero se hace cargo de los mercenarios más peligrosos de Seúl,” uno de los chefs agrega, porque aparentemente todos en El Cuervo se comieron un libro de datos de Kim Namjoon como desayuno esta mañana. “Un movimiento en salgo y,” desliza un dedo por su garganta, “se terminó para tí.”

Ahora, Hoseok no pretende ser el mejor juzgador de personalidades del mundo, porque dios sabe que ha cometido errores antes, pero algo acerca de todos estos rumores no parece encajar con el Kim Namjoon sentado en una mesa ahí fuera.

“Eso es ridículo,” resopla. “No hay manera de que sea tan malo. Nadie aquí lo es.” Y es verdad. A pesar de las armas y los trajes y las aterradoras miradas en los ojos de algunos de los clientes, en cuanto a personalidades, nadie con quien haya pasado algo de tiempo real se ajusta al estereotipo de mercenario asesino a sangre fría que esperaba cuando comenzó a trabajar. Y Kim Namjoon no será la excepción, de eso está seguro.

La mesera de antes entra corriendo a la habitación, jadeando, y le empuja una botella de Coca a las manos. “Tuve que robar eso para regresar aquí en menos de cinco minutos,” murmura entre respiraciones entrecortadas.

“Gracias, pero eso no era realmente ne-”

Ella sacude una mano y procede a colapsar contra una de las mesadas. “Ahórratelo. Si me dices que podría no haber cometido un crímen para traerte eso, voy a gritar.

Hoseok sabiamente decide quedarse callado y, en cambio, llena un vaso -una copa de vino, en realidad, porque es la primera cosa que alguien le extendió- con la bebida de Namjoon. Se desliza por la puerta un minuto después y se dirige hacia la mesa, colocando el vaso en ella con una sonrisa.

“Oh, no ordené vino,” Namjoon le dice. No suena listo para asesinar a Hoseok, reforzando más su opinión de que el resto del staff de El Cuervo está equivocado acerca de él.

“Hay Coca ahí, lo prometo.” Hoseok le dice. “Es que fue el primer vaso que alguien me alcanzó.”

“¿Eres nuevo aquí?” Namjoon le pregunta mientras Hoseok coloca una bombilla sobre la mesa. “Ninguno de los mozos había hablado conmigo antes.” Su tono es suave, conversacional.

“¿Preferiría que no lo hiciera?”

Namjoon luce sorprendido por un segundo pero sacude su cabeza y sonríe. “Para nada, Hoseok-ssi. Es un cambio agradable.”

La curiosidad -y tal vez la estupidez también- hace que Hoseok sea un poco más valiente de lo habitual. “Todos los demás te tienen miedo,” le admite. “Mis compañeros de trabajo están todos en la cocina, espiándome y temiendo por sus vidas.” Decide no contarle a Namjoon acerca de los palitos- aún.

Namjoon se ríe, y es un cálido y placentero sonido que no se parece en nada a como debería sonar un comerciante y mercenario aterrador. “¿De verdad? ¿Las personas creen que doy miedo?”

“Yo no,” Hoseok le dice antes de poder detenerse. “Para ser justos, he trabajado aquí solamente por dos semanas. Tal vez aún no he escuchado las suficientes historias de terror.”

“Son aterradoras, estoy seguro.” Namjoon coincide con una risita. “Probablemente le disparo a cachorros y vuelo orfanatos en mi tiempo libre.”

Hoseok no puede evitar reír ante ello. “Eres un monstruo,” le dice dramáticamente, una mano sobre su corazón. “No puedo creer que hagas cosas como esas.”

“Yo tampoco,” Namjoon ríe y Hoseok tiene que calmarse antes de doblarse sobre sí mismo debido a su propia alegría. Después de todo, tiene que conservar algo de la apariencia de profesionalismo.

“Muy bien, señor,” le dice intentando recuperarse, libreta y lapicera listos en su mano, “¿Ha decidido ya el plato principal?”

¿Es su imaginación o Namjoon parece un poco decepcionado? Además de eso, ordena sin ningún tipo de incidente, y Hoseok le sonríe despidiéndose y marca su regreso hacia la cocina. A mitad de camino, se detiene y se da la vuelta, mirando hacia la mesa de Namjoon, sopesando una decisión en su cabeza.

“¿Kim Namjoon-nim?” lo llama, y Namjoon levanta su cabeza para mirarlo con curiosidad.

“¿Si?”

Es una idea estúpida, lo sabe, pero Hoseok tiene un historial espectacular con ideas estúpidas asique prosigue. “¿Le gustaría algo de música mientras come? Puedo poner algo.”

Hay un largo silencio incómodo que se siente casi asfixiante en el restaurante vacío. Hoseok está totalmente seguro de que alguien en la cocina está escribiendo su testamento en caso de que esto salga mal.

Pero Namjoon sonríe ampliamente y Hoseok no puede evitar sonreír de regreso. “Sí, eso sería genial.”

Entonces Hoseok se desvía hacia la cabina donde está la radio y enciende la música. El primer track que sale de la playlist del restaurante es una canción de Drake que ya ha oído antes pero no sabe su nombre, indudablemente puesta ahí por algún miembro del staff aburrido que quería escuchar algo más que R&B durante su turno. Hoseok espera que a Kim Namjoon le guste el rap. 

Es genial moverse por el restaurante con esos bajos siempre presentes en sus huesos otra vez. Hace que todo el lugar parezca vivo, como si la línea de los bajos fuera la línea de vida de El Cuervo, y Hoseok ama esa sensación.

Gira hacia la mesa de Namjoon mientras se dirige a la cocina, a punto de preguntar si su elección de la música está bien, pero cuando se coloca de frente, se encuentra con un muy entusiasma Kim Namjoon vibrando junto con la canción, moviendo los labios siguiendo la letra y tamborileando con los dedos el ritmo de los bajos sobre la superficie de la mesa.

Es estúpidamente encantador, asique Hoseok lo deja ser, rozando levemente la mesa para ir a dejar la orden de Namjoon en la cocina sin mirarlo a los ojos.

Empujando la puerta de la cocina con sus caderas, Hoseok ingresa haciéndole gestos con las manos, como si estuviera bailando jazz, al resto del staff. “¡Sobreviví!”

“¿Lo estás haciendo escuchar Drake?” uno de los ayudantes le pregunta, incrédulo. 

“‘Haciendo’ es la palabra incorrecta,” Hoseok le responde mientras le extiende la orden al pequeño grupo de chefs que están inclinados sobre la barra, agrupados como un pequeño grupo de aves estresadas. “Le gusta Drake, asique es más como ‘permitir’, creo.”

El pobre ayudante luce como si estuviera atravesando una pequeña crisis existencial parado en su lugar. Hoseok se encoge de hombros. “Les dije que no era para tanto.”

“Bueno, sí, pero nadie te creyó.” alguien recalcó.

“¿Quieren que vaya y me siento con él a hablar mientras esperamos por su comida? ¿Como prueba? Me dejará hacerlo,” Hoseok los desafía. La verdad, es que no tiene ni idea si Namjoon le permitirá hacer eso o no, y particularmente no desea preguntarle, asique espera desesperadamente que no le pidan hacer algo así.

Pero dos minutos más tarde, está parado frente a la mesa de Namjoon con una sonrisa algo tímida en el rostro. “¿Kim Namjoon-nim?” le pregunta, Namjoon levanta la vista de donde estaba tipeando rápidamente en su teléfono y lo mira. 

“¿Si?”

Hoseok ofrece su mejor sonrisa, arrastrando una de sus manos por su cabello. “¿Me ayudaría a probar un punto?”

Namjoon acepta, gracias a dios, asique diez minutos más tarde, Hoseok está sentado frente a él en el reservado y debatiendo, entre otras cosas, acerca de la crisis económica de los estudiantes. Rápidamente se transforma en un descargo contra el capitalismo -al menos, del lado de Namjoon lo es y Hoseok coincide en muchos de sus puntos- y la charla se siente como algo que ocurriría en el área común de su universidad, no mientras le está sirviendo la cena al líder de un grupo de mercenarios. Se siente demasiado normal, demasiado mundano como para eso. Lo está disfrutando mucho, por lo menos, asique Hoseok hace lo que ha estado haciendo mucho últimamente y sólo se deja ser.

En algún punto, un timbre se escucha desde la cocina, acompañado por algo que suena casi como… ¿el chillido de un búho agonizando?

“¿Tienen aves aquí?” Namjoon le pregunta, visiblemente confundido.

“No,” suspira incrédulo, “esos deben haber sido mis compañeros de trabajo.”

Namjoon deja escapar una carcajada sorprendida. “Parecen un grupo interesante.”

“Por decir algo, sí,” Hoseok responde secamente, parándose. “Enseguida le traigo su cena.”

 

“”Bien, ¿quién imitó al búho?” pregunta una vez que vuelve a entrar a la cocina, observando a los chefs terminando de emplatar la cena con un nivel de intensidad y cuidado que no podría verse ni en los mejores quirófanos.

Nadie se hace cargo, como era de esperarse. “A Kim Namjoon-nim le pareció muy divertido,” les informa, y la habitación permanece en silencio, pero un mesero, con una sonrisa en el rostro, golpea con el codo a otro, y eso es lo más cercano a una confesión que Hoseok va a obtener.

El chef principal le extiende el plato con la comida en Namjoon, aún ajustando alguna de las hierbas decorativas en un lateral, y en el momento en el que el plato está bajo posesión de Hoseok, comienza a retorcer uno de los bordes del delantal entre sus dedos, con nerviosismo.

“Luce genial,” Hoseok le dice cuando una sonrisa reconfortante y se da la vuelta otra vez hacia el salón para entregar la comida.

Le deja el recibo junto con la comida también, porque alguien más saldrá y se hará cargo del cobro -porqué, Hoseok no está muy seguro, pero aparentemente ese es el procedimiento habitual- y se apoya contra una de las barras para observar cómo sus compañeros agarran fideos crudos otra vez y actúan como si estuvieran siendo seleccionados para Los Juegos del Hambre. Es tan entretenido como lo fue la primera vez, especialmente ahora que Hoseok sabe que Namjoon es completamente inofensivo.

Cuando Namjoon abandona el lugar, Hoseok se escapa de la cocina para recoger su propia, dirigiéndose hacia la mesa de Namjoon mientras todos se preparan lentamente para irse, chismoseando y riéndo unos con otros. Son diferentes personas una vez que el turno termina. Los relajados y alegres adultos que eran antes de tomar este trabajo.

Al final del recibo se encuentra un número telefónico -y Hoseok ni siquiera va a intentar procesar eso durante un tiempo- y, justo al lado, un sorprendentemente bien dibujo emoji riendo y una nota. Hoseok la escanea, frunce el ceño por un segundo y luego rompe en risas.

“Oigan, chicos,” Hoseok anuncia un minuto más tarde, irrumpiendo nuevamente en la cocina. Todos se callan instantáneamente y se dan la vuelta para mirarlo, sedientos de más historias del infame Kim Namjoon.

“Namjoon-ah dice hola,” les dice, sonriendo ampliamente, y las expresiones de sus rostros no tienen precio.

 

♡♡♡

 

Hoseok no ha visto a nadie recibir un disparo en el tiempo en el que ha estado trabajando en El Cuervo, a pesar de que en el salón, en cierto momento, haya más armas que copas de vino. Sin embargo, le preocupa un poco que hoy sea su primer roce con la violencia.

No había podido ver cómo se ocupaba esa mesa en particular porque se encuentra en un sector del que comúnmente él no es el responsable, pero luego Seungkwan se tropezó mientras trabajaba y se golpeó la cabeza con la punta de una de las mesas. Ahora sí son su problema.

...En realidad, a este punto, “problema” podría llegar a ser un cumplido que no se merecen.

“Di eso una puta vez más,” uno de ellos le ruge al otro, inclinándose demasiado dentro de su espacio personal. Mientras Hoseok observa, él golpea su mano contra la mesa y voltea un vaso de whiskey, el cual -desafortunadamente para quién sea que le toque limpiar los pisos esta noche- inmediatamente comienza a gotear sobre el suelo de madera.

“Sordo y estúpido,” el otro murmura, bebiendo casualmente de su copa de vino y viéndose infinitamente más compuesto. “Qué combinación. Estoy impresionado, la verdad, de que hayas podido llegar tan lejos en este tipo de trabajo.”

El primer mercenario deja soltar un sonido similar al de un oso enojado y se mueve para cachetear la copa de vino de la mano del contrario, pero este último bloquea el movimiento con fluidez. “Tócame otra vez y te romperé el brazo en tantos pedazos que desearás que te lo hubiera cortado,” le dice con suavidad, relajado y digno.

A este punto, una gran parte de El Cuervo, clientes y personal también, están observando el espectáculo con absorta atención. Hoseok nunca había presenciado tanto silencio en el restaurante. Incluso la música es algo baja y dramática, porque hasta su lista de Spotify tiene un dejo de teatricalidad.

Hoseok no se apura a intervenir, los instintos de autopreservación mucho más arriba que trabajar en su lista de prioridades, y, en cambio, se mantiene cerca de una mesa vacía justo al límite de la línea de visión del mercenario más atemorizante, esperando.

Y es solo porque el primero de ellos saca un arma -no la complementaria, sino una escopeta recortada enorme que asusta a Hoseok de solo verla- y apunta el segundo que decide actuar. “No tengo que tocarte para terminar con tu patética vida,”el mercenario gruñe, y el otro se ríe , ligera y melodiosamente.

“Señores,” Hoseok comienza al acercarse a la mesa, manteniéndose tan tenso que le sorprende que sus músculos no le duelan por el esfuerzo, “No toleramos este tipo de violencia aquí.”

Una vez, cuando Hoseok tenía once años, su perro se escapó y corrió hacia la calle y casi lo atropella un auto. Recuerda el miedo que sintió -atravesó su cuerpo como un choque de electricidad, rápido y poderoso y avasallando con todo a su paso. No se siente de esa forma ahora. En cambio, este miedo es oscuro y repugnante, haciéndolo sentir incómodo en su propia piel e incapaz de respirar apropiadamente. Manchas negras flotando en los bordes de su visión.

Hoseok podría morir ahí mismo y no está preparado para eso.

El primer asesino se voltea lentamente para mirarlo, ojos centelleantes de rabia. Pero no mueve el arma y esa es la única razón por la que Hoseok no se ha desmayado. “Mantente alejado de esto,” le sisea. “Tienes suerte de que no te haya disparado aú-”

El segundo hombre, aprovechándose de que su oponente está siendo momentáneamente distraído, estrella su mano contra el rostro del primer hombre, y con un fuerte thunk su cabeza golpea contra el panel de metal del reservado detrás de ellos.

El arma se dispara.

Hace eco, lo suficientemente fuerte como para resonar en los oídos de Hoseok momentos después de que el disparo se haya silenciado, y varios clientes jadean. Pero el segundo hombre tuvo la precaución de agacharse antes de atacar, por lo que el disparo pasa por encima de su cabeza sin provocarle daño alguno y se aloja en una pared.

El mercenario aún de pie, se endereza y le hace una reverencia al resto de la concurrencia. “Parece que acaba de recibir su postre, ¿verdad?” bromea, como si no acabara de pasar por una experiencia tan cercana a la muerte.

Se escuchan varios gruñidos alrededor del salón, y el mercenario se ríe, alto y con un hipido y muy diferente a su risa anterior. Vuelve a sentarse despreocupadamente, ignorando el cuerpo inconsciente a su lado. Mira con curiosidad a Hoseok, quien aún está paralizado en su lugar.

Le ofrece una brillante y perfecta sonrisa. “Negociaciones de contratos, ya sabes cómo es.”

Hoseok, de hecho, no sabe cómo es y mira al hombre con la peor mirada que tiene intentando no sobrepasar los límites de profesionalismo. Necesita ir a recostarse. Necesita tomarse un mes de descanso y algunas sesiones de terapia. Necesita resolver por qué demonios aún no ha renunciado a este trabajo cuando casi lo matan.

“Me tomaré mi descanso,” se escucha a sí mismo hablar casi inaudiblemente, y la expresión del hombre cambia a una de preocupación. Por más raro que suene, le queda bien -cualquier expresión le queda bien, de hecho, es precioso- pero Hoseok no puede apreciar eso justo ahora.

“¿Qué tal si vas al baño, te lavas la cara y vuelves aquí? ¿eh?” le sugiere, amable y agradablemente, y Hoseok, sin condiciones para protestar, asiente y se dirige hacia el baño, aturdido.

Recuerda muy vagamente el salpicarse el rostro con agua y secarlo luego, viendo su expresión sin vida en el espejo con desapego, pero el siguiente momento en el que se siente completamente alerta otra vez es cuando está sentado incómodo frente al mercenario. El cuerpo inconsciente del otro hombre no se encuentra en ningún lado.

“Soy Jin,” le dice con una sonrisa que es demasiado suave y encantadora como para ser enteramente genuina, y se estrechan las manos. “Lamento que hayas tenido que ver eso.” Suena como si verdaderamente lo lamentara, por raro que parezca.

Hoseok también lo lamenta. El viaje al baño ciertamente ayudó un poco, y con el paso del tiempo el recuerdo de lo asustado que estaba se comienza a apaciguar, pero aún así no quiere nada más que irse a casa y dormir por una semana entera.

“Por intenta, intenta no hacer que casi te disparen aquí otra vez,” le dice secamente, filtros erosionados por lo que, probablemente, se está convirtiendo en un estado de shock. “Por ambos.”

Jin resopla divertido. “Créeme, haré lo mejor que pueda. Esta tampoco es mi idea de una noche divertida.”

“Somos dos, entonces,” Hoseok dice y recuesta su cabeza sobre la mesa. En alguna parte al fondo de su cerebro, su sentido del profesionalismo le está gritando obscenidades pero no puede permitirse que le importe un carajo. La superficie de la mesa es agradable y genial, de todos modos, ¿por qué querría moverse?

Se escucha un murmullo a su derecha y, luego, una chaqueta está siendo acomodada sobre los hombros de Hoseok. Gira su cabeza lo suficiente como para que Jin entre en su campo de visión y arquea una ceja en un intento de transmitir su confusión.

“Es lo más parecido que tengo a una manta anti shock,” Jin explica. “Deberías ir a casa. o al hospital, si lo tienes permitido.”

Su hogar suena como una fantástica idea, pero no es una opción. “Todavía tengo mesas que atender.'' Hoseok hace una mueca, se endereza y truena su cuello en un intento de sentirse un poco más alerta. Maldice su sentido de la responsabilidad. “Tengo que terminar mi turno antes de hacer algo de eso.”

Incredulidad se asienta en el rostro de Jin. “A tí, un civil , casi le disparan y ¿tu manager no te dejará irte a casa antes de que tu turno termine?” Luce listo para levantarse y pelear por él, y Hoseok deja escapar una risa débil.

“No, a mi manager no le importaría, pero ya estamos cortos de personal hoy, no debería irme.” Solo le faltan, ¿cuánto? ¿tres horas? para que su turno termine. Puede manejar eso. Posiblemente.

Jin niega con la cabeza, casi divertido, y deja descansar su cabeza en su antebrazo con una empática media sonrisa. “Ve a casa, Hoseok-ssi. Sobrevivirán sin ti.” 

Jin debe tener mágicos poderes de persuasión, porque Hoseok se encuentra asintiendo antes de darse cuenta. “Okay.” Se quita la chaqueta y se mueve para devolvérsela, pero todo lo que Jin hace al recibirla es volver a colocarla sobre los hombros del mesero.

“Quédatela por ahora,” Jin le dice con una sonrisa. “Volveré.”

 

Y lo hace. Le toma dos días a Hoseok el volver a trabajar. Cuando Laura escuchó lo que había pasado, lo envió a casa con un millón y medio de disculpas y con un cheque con tantos ceros en él que su cabeza daba vueltas de solo verlo. Y decide no renunciar. Pero una hora después de su regreso, Jin está sentado en una de sus mesas.

Hoseok se siente mucho mejor ahora que cuando se conocieron, asique recibe a Jin con un pequeño saludo de la mano y le extiende las servilletas. “Buenas noches, mi nombre es Hoseok.” le dice, solo para ver la reacción de Jin. “¿Le gustaría comenzar con algo de beber, señor?”

“No me digas señor,” Jin contesta con una risa. “Casi morimos juntos, llámame hyung.”

“¿Cómo sabes que no soy el hyung aquí?” Hoseok sonríe.

Jin lo mira de arriba a abajo con escrutinio. “Te daré una propina de cien millones de wones si de verdad eres mayor que yo,” le contesta.

“Maldición,” Hoseok suspira. “Ahora desearía ser viejo como tú.”

“Fingiré que no dijiste eso,” Jin se seca una lágrima falsa y Hoseok ríe.

Continúan con sus bromas mientras Hoseok toma la orden de Jin y se aleja para dejarla en la cocina, y tararea suavemente una canción mientras regresa a su mesa para servirle vino. Le gusta mucho más la compañía de Jin cuando no están en la línea de fuego de un arma. Tal vez incluso puedan ser amigos algún día, como él y Yoongi o tal vez como con Namjoon. (Rápidamente ignora la parte de su cerebro que le grita que desea que sean más que eso.)

Pero cuando llega a la mesa, el mercenario ya no está, se ha ido sin dejar ningún rastro.  Hay una nota sobre la mesa y Hoseok se traga su decepción mientras se mueve para leerla. Probablemente no se fue al baño.

Dice: Hoseok-ah, tuve que contestar una llamada que no podía ignorar. ¡Lo lamento! Volveré mañana a por mi chaqueta. Con amor, Seokjin-hyung. (por supuesto, todo escrito en la parte trasera del recibo de una tienda Gucci.)

Hoseok resopla y toma el recibo entre sus manos, listo para doblarlo y guardarlo en un bolsillo, pero nota un fajo de billetes doblados bajo la nota. Una rápida cuenta le anuncia un total de un millón de wones, y desliza el dinero dentro de su delantal.

“Más te vale volver mañana, hyung,” le dice a la nota con firmeza, como si pudiera contestarle, y suspira para luego encaminarse a devolver el vino.

 

♡♡♡

 

Hoseok acaba de volver de su receso para almorzar y está a punto de ir a preguntarle a Hyungwon en qué sección estará trabajando por el resto de su turno, cuando un par de gritos rompen el silencio del restaurante.

Su primer pensamiento es que un niño está en peligro, porque el sonido es bastante agudo, pero cuando gira en el pasillo para encontrar la fuente, ve a un hombre de mediana edad en el suelo, siendo pateado furiosamente por un hombre bajito y rubio. El rubio lo está atacando con tanta violencia que casi se cae por la fuerza de cada impacto.

El hombre está chillando como una banshee con cada patada, en posición fetal sobre lo que lucen como un desastre de aparatos electrónicos rotos, los que probablemente deben estar apuñalandole las costillas cada vez que intenta moverse. Hoseok suspira, se prepara para ser el pacifista otra vez y decide que va a pedir un aumento luego de esto.

“Señor, por favor, deje de patearlo,” interviene, usando la voz más tranquila que puede permitirse. “Lo que sea que haya pasado, podemos resolverlo sin violencia.”

“No,” el chico chasquea la lengua, encontrando la mirada de Hoseok con ojos azúl eléctrico que crepitan como fuego, “no podemos.” Hoseok da un paso hacia atrás y coloca sus manos frente a él, intentando apaciguarlo. Prefiere no ser el que sigue en la lista del rubio. Sus costillas no podrían tolerarlo, definitivamente.

“Este imbécil estaba colocando cámaras en el baño,” le explica, pateandolo en el estómago otra vez, por si acaso. El hombre gime patéticamente, doblándose sobre sí mismo aún más mientras el rubio lo mira con recelo.

Hoseok no tiene idea de como manejar una situación así, pero coincide en que es una situación que necesita ser manejada con urgencia, asique gesticula vagamente señalando la parte trasera del salón y dice algo sobre buscar a su manager.

“No tienes porqué hacer eso,” el rubio le dice sombríamente, echándole un vistazo al patético bulto que es el hombre en el piso. “Puedo ocuparme de él, asegurarme que aprenda la lección.”

“Legalmente, no puedo dejarte que le patees el trasero a alguien en el medio del restaurante,” Hoseok explica y el rubio hace un puchero. No debería resultarle tierno, ¿verdad?”

“Si voy afuera, ya no sería tu problema,” le ofrece. “¿Eso serviría?”

Ese chico realmente quiere golpearlo, aparentemente, y, con honestidad, Hoseok no puede culparlo. No es una persona violenta y tampoco está de acuerdo con este tipo de cosas pero, en este caso, tal vez está bien hacer la vista gorda. La policía no es una opción después de todo.

Hoseok suspira y toma una decisión, “Si sales por la puerta del costado, la que está junto al baño, hay un callejón ahí donde nadie te verá. Haz lo que quieras.”

Los ojos del rubio se iluminan, lo que es un poco preocupante considerando que la razón por la que está tan contento es porque le permitieron cometer un acto de violencia. Se arroja el cuerpo casi inerte del hombre sobre su hombro con una impresionante facilidad. “¡Gracias!” exclama. Volveré para almorzar cuando termine.”

“No lo mates..?” Hoseok le dice, porque no quiere que su ambigüedad moral sea la causante de la muerte de alguien. Puede que ya no esté dentro del círculo de los estrictamente morales pero tampoco es tan mala persona.

El rubio niega con la cabeza y sonríe con tranquilidad. “Por supuesto que no. No quiero que tengas que limpiar el desastre luego.”

“Gracias,” Hoseok dice casi inaudiblemente, y el rubio le ofrece un saludo demasiado entusiasta con su mano mientras sale por la puerta.

 

Cuando vuelve quince minutos más tarde, hay un pequeño saltito en su caminata mientras elige una mesa vacía y se deja caer en la silla. Ni rastros del imbécil de las cámaras del baño.

“Hola otra vez,” Hoseok le dice agradablemente, colocando los cubiertos y un arma para él. Hay una pausa incómoda mientras Hoseok considera qué decir. Entonces, ¿cómo estuvo la golpiza? ¿Hay un cuerpo en el callejón del que debería ocuparme?

Pero el rubio toma la decisión por él. “No te preocupes por él, no volverá nunca más,” murmura mientras desenvuelve el arma, la revisa por unos segundos y la deja en el asiento a su lado. “Tampoco volverá a poner cámaras en ningún otro lado.”

La evidencia ahora apunta a que las posibilidades de que el hombre lo haya matado son muy altas, a pesar de su promesa de más temprano, y Hoseok traga. “Tú…” comienza, no se atreve a terminar la oración.

Pero el rubio niega con la cabeza inmediatamente. “No, aún está vivo, lo prometo,” le asegura a Hoseok con una sonrisa que es demasiado dulce como para pertenecer a un mercenario. Hoseok se pregunta, brevemente, cómo terminó con esta vida, golpeando personas en un callejón como forma de justicia. “Pero estoy deseando arruinarlo un poco más, para que aprenda la lección. No de forma violenta, por supuesto,” agrega al ver la expresión preocupada de Hoseok.

“Eso está.. bien.” Hoseok decide, y le toma la orden de su bebida sin intercambiar otra palabra del tema.

Es cuando está de regreso y sirviendo un poco de vino en su copa que algo interesante ocurre- lo mira de arriba a abajo por un momento, pensando, y luego clava la mirada en los ojos de Hoseok, un muy breve destello de algo que parece convicción en sus ojos.

“Soy Jimin, por cierto,” le dice, arrastrando una mano por su cabello, y le ofrece una sonrisa que es una injustamente atractiva combinación de una sonrisa encantadora y una mueca. “Me gusta mucho tu cabello.”

El cabello de Hoseok está recientemente tintado de rojo, otro producto de su lucrativa paga, e inconscientemente lo acomoda un poco al responder, “¡Gracias! Amo tus lentes de contacto. Son preciosos.” Hay una pequeña pausa en donde mira a Jimin fijamente a los ojos y sonríe levemente de lado. “No tan hermosos como tú, por supuesto.” 

Jimin lo mira y pestañea, y su rostro estalla en una sonrisa mucho más amplia que la de antes, una expresión que luce más de genuino entusiasmo que una herramienta de coqueteo. Deja escapar una risa que suena como el repique de las campanas de una iglesia, descansa su barbilla sobre la palma de su mano y se inclina un poco más cerca de Hoseok.

Por lo que Hoseok confirma que había leído la situación muy bien. Le sonríe de regreso, una expresión agradable y tímida que puede o no haber practicado antes en el espejo. 

“Apuesto a que le dices eso a todos tus clientes,” Jimin le dice, y sólo un idiota no se daría cuenta que ambos estan jugando el mismo juego ahora. Perfecto.

“Solo a los bonitos,” Hoseok responde, y luego se sale un poco del papel. “Y a los ricos. De alguna forma tengo que obtener esas propinas.”

Jimin se ríe con fuerza y colapsa sobre la mesa, sus hombros sacudiéndose. Es adorable. “Que suerte la tuya,” le dice, voz algo temblorosa por estar conteniendo la risa, “sucede que soy ambos, muy lindo y mis propinas son extremadamente buenas.”

“El paquete completo,” Hoseok se ríe. “Supongo que sí soy muy afortunado.”

Siempre es divertido jugar a los coqueteos, incluso si nada sale de eso. Ayuda que Jimin SÍ es atractivo y luce lo suficientemente dulce. Si no fuera un mercenario, Hoseok ya le habría preguntado si le gustaría salir con él. Tal vez aún lo haga, si es honesto. Siempre y cuando pueda trabajar las implicaciones morales que eso significa.

“¿Y si pones a prueba esa suerte que tienes?” Jimin sugiere suavemente, como si pudiera leer la mente de Hoseok. “Invítame a salir y ve qué pasa.”

La oferta es tentadora, pero Hoseok niega con la cabeza y ve como Jimin se desinfla. “Puedes intentarlo otra vez cuando termine mi turno,” le ofrece, y la sonrisa está de nuevo en el rostro de Jimin como si nada hubiera ocurrido.

“¿Cuándo termina tu turno?” le pregunta y Hoseok responde. “Cancela todos tus planes, entonces,” Jimin lo mira a los ojos. “Te llevaré a algún lado esta noche.” 

No es la manera más elocuente en la que lo hayan invitado a salir pero a Hoseok no le interesa. “Nunca dije que sí,” le señala, pero su sonrisa pobremente reprimida le da a Jimin todas las respuestas que necesita.

 

Pero cuando sale del restaurante esa noche, buscando a su cita, aún medio vistiendo su uniforme para lucir bien, la persona apoyada sobre la pared delantera del local no es Jimin.

“¿Taehyung-ssi?” le pregunta con incredulidad. “¿Qué estás haciendo aquí?” Ahora que lo piensa, esa es una pregunta un poco tonta -trabaja en un restaurante, después de todo, Taehyung tal vez sólo venía a comer- pero algo en la manera en la que está vagando por ahí le resulta fuera de lugar.

“Si te digo que vine exclusivamente por ti, ¿me creerías?” Taehyung le pregunta.

“No pero sumas puntos por siquiera intentarlo.”

“Maldición,” Taehyung murmura. “Valió la pena el intento, supongo. Como sea, coquetear así es más el estilo de Jimin.”

Entonces, ¿Taehyung y Jimin se conocen el uno al otro? Es algo extraño si lo piensas, considerando que nunca los ha visto en la misma habitación juntos, pero no es imposible. La mente de Hoseok viaja brevemente a Yoongi, y se pregunta si Jimin también lo conoce. Qué gran coincidencia que sería esa.

Hay una pausa. Y cuando se extiende por demasiado tiempo, Hoseok habla. “¿No me dirás por qué?”

“Podría,” Taehyung acepta, “Pero, ¿estás seguro de qué quieres saber?”

Es una advertencia bastante obvia, aunque críptica. “Probablemente no,” Hoseok decide. “Entonces, ¿podrías decirme dónde está Jimin?”

“Trabajo,” responde, en ese mismo tono que sugiere que Hoseok no debería hurguetear mucho más profundo que eso. “Estaba molesto por eso, de verdad quería invitarte a salir apropiadamente.”

Hoseok también tenía muchas ganas de salir con él, asique es bueno saber que nadie lo estaba plantando. “Si lo ves antes que yo, dile que puede intentarlo de nuevo cuando quiera.”

Taehyung le ofrece un saludo militar algo perezoso. “Recibido.” 

“Suerte en tu cita, cuando sea que eso pase,” Taehyung le dice, con un dejo de diversión y algo más que sugiere que sabe mucho más de lo que Hoseok sabe. Aunque eso es bastante usual para Taehyung, por lo que parece, asique ignora el pensamiento y se despide alegremente.

 

Cuando llega a casa esa noche, empaca un outfit apropiado para una cita en su mochila, con la intención de dejarlo en el casillero de su trabajo a partir de ahora. Por si acaso.

 

♡♡♡

 

“¿Mesero?” le pregunta una agradable voz, y aunque su sección está al otro lado del restaurante y él sólo vino hasta aquí para recoger algunas servilletas, los instintos profesionales de Hoseok lo obligan a darse la vuelta.

“¿Sí, señor?”

Hay un muy, muy joven muchacho sentado sólo en una de las mesas, bebiendo un whiskey -que definitivamente no debería poder ordenar porque no luce lo suficientemente mayor- y vistiendo un traje tan negro que hace que la decoración de El Cuervo luzca alegre en comparación. Sus ojos son bonitos y tan grandes como los de un ciervo, pero actualmente están medio entrecerrados, mirando a Hoseok con molestia.

“¿Hay algún problema, señor?” le pregunta amablemente, y el chico frunce el ceño.

“Sí. No me dieron ningún arma junto con mis cubiertos, y me gustaría que eso sea corregido, por favor.” Suena como si estuviera intentando con todas sus fuerzas el ser formal. Por un lado es tierno y, por otro lado, es entretenido, con una pizca de tristeza que sólo suma a la ternura.

“Lamento mucho eso, le daré una inmediatamente-” Hoseok rebusca en el bolsillo de su delantal por uno de los sobres, y luego se detiene cuando recuerda que Jihoon es el encargado de esta sección, y Jihoon ha estado aquí más tiempo que Hoseok y jamás cometería un error como ese.

“Espera, ¿cuántos años tienes?” le pregunta, porque aunque aquí no haya una edad mínima para beber alcohol, El Cuervo tiene algunas reglas estrictas con respecto a los menores.

El muchacho gruñe. “¿Por qué eso importaría?” le contesta con brusquedad, y Hoseok levanta sus manos frente a él.

“Si no tienes dieciocho, o al menos no luces como si los tuvieras, no te damos un arma. Políticas del restaurante.”

“¿Qué demo-” luce furioso. Hoseok se prepara para recibir los gritos. “¿Por qué no le darían armas a las personas que más lo necesitan? ¿Están intentando fomentar el asesinato? ¡De todas formas, sí tengo dieciocho años! ¡Esto es ridículo!”

“No lo sé, señor.” Hoseok responde, con su Voz de Servicio al Cliente más vacía.

Raramente, el muchacho se detiene, mira a Hoseok, y luego inclina su cabeza en una extraña semi-reverencia. “Lo lamento. No es tu culpa y no debería estar gritandote.”

Hoseok está tan sorprendido por la disculpa que escupe un “Está bien, no te preocupes,” sin siquiera pensarlo.

“No lo está,” el castaño dice con el mismo fuego en la voz. Es mucho más encantadora cuando no está acompañada por enojo. “Estoy cansado y no quiero que me disparen mientras como mi primera cena decente en dos semanas, pero no hace que esté bien.”

Hoseok de verdad no debería hacer esto, pero el chico luce tan desamparado y realmente arrepentido por su arrebato -una rareza en el campo del servicio al cliente- que se sienta del otro lado de la mesa y desliza un arma hacia él. El modo en el que sus ojos se iluminan al revisarla y la forma en la que la esconde bajo la mesa -una práctica usual en El Cuervo, aprendió Hoseok- son ridículamente tiernos.

Parece que Hoseok va a tomar su descanso un poco más temprano esta noche.

“Soy Jungkook, por cierto,” le dice con una sonrisa. “¿Eres nuevo aquí? Vengo muy seguido y nunca te había visto.” La pregunta en sí puede ser fácilmente percibida como una forma de coquetear, pero Jungkook la suelta con una curiosidad e interés tan genuinos que es simplemente adorable.

Hoseok se ríe. “Me preguntan eso muy seguido, pero no. Trabajo aquí desde hace poco más de un mes. Más que la mayoría del equipo, la verdad.”

Jungkook hace un sonido, luciendo impresionado, que muere rápidamente mientras procesa el significado completo de las palabras de Hoseok. “Espero, ¿hay tantas renuncias?” pregunta con incredulidad. “¿Por qué?”

Hoseok se traga un ‘ ¿y tú qué cree s?’, y se recuerda con firmeza que él no es amigo de Jungkook. Que Jungkook es un cliente que conoce desde hace menos de cinco minutos y que debería ser tratado como tal, sin importar qué tan adorable y amigable sea.

“La mayoría de las personas no saben del tipo de clientela que tenemos cuando comienzan a trabajar, y no pueden aceptarlo. No quieren recibir un disparo en el trabajo,” le explica.

“Oh.” Una pausa. “He estado haciendo esto desde que tengo catorce, a veces me olvido que no todos están tan acostumbrados a esto como yo.”

Eso es.. algo triste. Explica por qué el tema de su edad es tan delicado también. Jungkook, quien intenta con tanto esmero el ser formal y profesional, probablemente deba tener que actuar así todo el tiempo sólo para poder abrirse camino y que lo tomen en serio en este tipo de trabajo. Suena miserable.

Parpadea mirando a Jungkook mientras el joven lo mira con ojos filosos, y se da cuenta de se perdió algo de lo que el otro le dijo. “Lo siento, ¿qué?”

Jungkook suspira. “Dije que no me mires así. No quiero tu compasión. Tomé mi decisión y no me arrepiento.”

“Okay,” Hoseok dice, aunque eso no era en lo que él estaba pensando, y decide cambiar de tema a algo que no lo haga enojar aún más. “Asique has estado haciendo esto por años, ¿eh? Debes ser bueno en tu trabajo.”

Jungkook prácticamente brilla ante el comentario. “Maldita sea que lo soy,” le dice con orgullo, sentándose un poco más derecho. “Me llaman Golden en muchos círculos porque puedo lanzar tiros perfectos con cualquier arma que toque.”

Eso es honestamente terrorífico, pero Hoseok le sonríe y hace un sonido de apropiada impresión.

“¿Y tú?” Jungkook le pregunta. “¿Eres un estudiante? ¿Qué es lo que haces?”

A Hoseok nunca, ni una vez en todo el tiempo que lleva trabajando aquí, le han preguntado algo así. Si fuera un poco más débil, estaría llorando un poco. Decide, en cambio, sonreír tan ampliamente que sus mejillas duelen.

“Bailo,” le admite, repentinamente tímido por razones desconocidas. Tal vez es la forma en la que Jungkook lo está mirando, con ojos brillantes e interés genuino en lo que está diciendo, de una forma en la que muy pocas otras personas pueden estarlo. Lo que sea, a Hoseok le encanta. “Estoy en tercer año de un Profesorado en Artes Escénicas.”

Jungkook lo mira con ojos grandes y estrellados y Hoseok no puede sostenerle la mirada más de un par de segundos antes de bajar sus ojos a la mesa, avergonzado. “¡Eso es genial!” exclama. “Yo solía bailar un poco cuando era más joven, ¡y me gustaba mucho! ¿Estás en YouTube?”

Hoseok sí tiene videos en YouTube, y ha acumulado un par de miles de suscriptores de los videos que ha publicado. Comparte su usuario con Jungkook, quien lo tipea en su celular con una sonrisa y promete suscribirse.

Hay un momento de silencio en donde Jungkook parece estar pensando mucho en algo. Luego de un segundo, vuelve a mirar a Hoseok, con fuegos en sus ojos y un leve rubor en sus mejillas. “Hoseok-ssi, tal vez esto parezca un poco apresurado pero-”

“¡Jung!” Jihoon grita a un par de mesas de distancia, con las manos en sus caderas. “¡Deja de robarte mis propinas y vuelve a tus propias mesas!”

Hoseok conoce ese tono, significa que Jihoon está hablando de trabajo y eso es lo que debería estar haciendo. Riendo un poco, se levanta de la silla y le da una sonrisa de disculpa a Jungkook. “Lo lamento mucho, pero de verdad debo irme,” le dice. “El deber llama.”

“¡Si, está bien! Tienes trabajo que hacer, lo entiendo,” Jungkook le dice un poco apresurado, aún ruborizado.

“Sólo no dejes que Jihoon-ssi sepa que te di un arma, ¿está bien?” Hoseok agrega con complicidad, señalando con la cabeza a dicho camarero, quién aún los está mirándolos como un halcón. “Me matará si lo descubre.”

“Bueno, no podemos permitir eso,” Jungkook bromea, y mueve sus manos como si estuviera sellando su boca. “No le diré a nadie, no te preocupes.”

Hay otro breve momento de silencio en donde Hoseok solo se queda parado al lado de la mesa, sin real intención de terminar la conversación aún.

“¿Te veré pronto?” Jungkook pregunta con suavidad, casi con timidez.

Hoseok sonríe. “¡Por supuesto! Solo asegúrate de sentarte en mi sección la próxima vez.” Le lanza un guiño para darle intención a sus palabras y Jungkook se ruboriza una vez más. 

“Lo haré.” Jungkook responde alegre, y Hoseok se despide con la mano mientras camina otra vez a su lado del salón. Con suerte Jungkook volverá pronto. Él espera poder verlo otra vez pronto. Tal vez la próxima vez pueda terminar de invitar a salir a Hoseok.

 

♡♡♡

 

Hoseok suele ofrecerse como voluntario para el turno de los Viernes cada vez que lo ofrecen. Intenta convencerse de que la razón por la que lo hace es el pago extra pero, la verdad, es que es realmente divertido ver aunque sea una vez a la semana a sus, normalmente, estoicos y serios compañeros de trabajo correr por todos lados como pollos recién decapitados. 

“Hoseok-ssi,” Laura le dice, su mano gentilmente agarrando su muñeca para llamar su atención. “Kim Namjoon es nuestro invitado esta semana. Él y su equipo.”

Hoseok no pierde la oportunidad “Quieres que sea su mesero, ¿verdad?” Se hubiera ofrecido como voluntario incluso si ella no se lo ofrecía, porque quiere ver a Namjoon otra vez, pero Laura tiende a pagar más cuando él actúa como si estuviera sacrificándose por el equipo. 

Ella asiente. “Si no te molesta, eso me ahorraría a mi y a todos los demás,” ella gesticula hacia el resto de la habitación, que está en un verdadero estado de caos, igual que cada viernes, “mucho estrés.”

Y como para probar su punto, alguien grita, “¡Encontré soju!” con un entusiasmo normalmente reservado para frases como “ encontré una lámpara con un genio dentro ”, e instantáneamente la mitad de la habitación se está arrojando sobre el alcohol y luchando por él con una agresividad que deja en vergüenza a los mercenarios que suelen servir cada día.

Ella suspira. Hoseok suelta una risa con la que hace todo lo posible para intentar tragar, resultando en un extraño sonido que escapa de su boca. “Lo haré, no te preocupes,” le contesta.

Ella le ofrece lo más cercano a una sonrisa de gratitud que su rostro puede permitir. “Ellos pidieron por ti, en realidad,” le admite. “Pero no puedo obligar a mi personal a trabajar con los invitados especiales.”

Hoseok no puede evitar sonreír ante eso, contento de que Namjoon lo haya extrañado también. “Supongo que estarán felices de verme entonces.”

Laura lo mira con extrañeza, como si no pudiera terminar de descifrarlo, y sacude la cabeza con asombro. “Eres raro, Jung,” le dice, pero casi -casi- con cariño. “Sal y saluda cuando estés listo.”

Hoseok asiente. “Sí, señora.”

 

Camina hacia la mesa de Namjoon -la misma que pidió la última vez- y, en el último segundo, se da la vuelta y se desvía un poco.

Treinta segundos más tarde, Hoseok está frente al reservado de Namjoon otra vez, pero ahora hay una rápida canción de Kanye sonando a través del restaurante y no puede evitar vibrar al ritmo de ella.

Namjoon entra en su línea de visión primero, porque es bastante alto, y más que nada porque es la única persona a la que realmente esperaba ver en la mesa, pero mientras se da cuenta de las otras cinco personas sentadas a su alrededor, su mandíbula cae. 

“Esperen,” Hoseok dice en shock. “¿Todos se conocen?”

Hay un breve silencio mientras los ocupantes se lanzan significativas miradas. Son ellos otra vez -todos los clientes favoritos (o más interesantes al menos) de Hoseok. Yoongi le ofrece una pequeña sonrisa mientras Hoseok intenta reaccionar ante todo esto. Jungkook está sosteniendo su mano, Jimin y Taehyung están sentados de una manera que sugiere que el primero está colocado sobre el regazo del segundo, y Jin lo saluda con la mano alegremente cuando sus ojos se encuentran.

Jimin suelta una risilla. “Se podría decir,” Namjoon responde, riendo un poco también.

 

“Y entonces ustedes son ¿qué? ¿el grupo de mercenarios de Namjoon-ah?” Honestamente, Hoseok no debería estar sorprendido. Todos son muy hermosos e incluso aún más caóticos- no es extraño que pertenezcan al mismo grupo.

“Entre otras cosas,” Taehyung dice. Le ofrece un guiño a Hoseok que sería recibido mucho más positivamente si tuviera alguna remota idea de a lo que se refiere.

Repentinamente recuerda que, al menos, la mitad de ellos se le ha insinuado y/o coqueteado con él y Hoseok se avergüenza tanto que es realmente una proeza de su autocontrol el que su rostro no exprese nada de eso. Con suerte nadie mencionaría nada de eso o realmente podría morirse ahí mismo. “Eso es cool,” dice débilmente. “¿Les gustaría comenzar con algo para beber?”

Las ordenes son oídas y tomadas y si Hoseok se toma un momento para estampar su cabeza un par de veces contra la pared de la cocina antes de regresar, bueno, el resto del staff ciertamente no se va a burlar.

Sirve vino y whiskey y Coca con tanta profesionalidad como siempre lo ha hecho y está listo para volver a esconderse en la cocina cuando Yoongi se desliza en el sofá del reservado. Su movimiento causa que el resto de la mesa deba moverse también, y unos entretenidos treinta segundos pasando en los que todos los presentes (excepto Hoseok, por supuesto) consiguen ser codeados o pateados al menos tres veces.

Cuando ya están todos en su lugar, Yoongi le da una palmadita al asiento a su lado en obvia invitación. Hoseok traga con esfuerzo y se sienta a su lado, aliviado de que al menos tiene una salida fácil.

“Taehyung-ah ha estado realmente devastado porque nunca le enviaste un mensaje,” Jin comenta mientras bebe de su copa de vino. “Se queja acerca de eso al menos una vez al día.”

“Oh,” Hoseok dice, arrastrando una mano por su cabello y riendo incómodamente. “Creí que estabas bromeando respecto a eso.” Había asumido que no significaba nada, y su opinión solamente había sido reforzada cuando Taehyung no comentó nada la siguiente vez que se vieron.

Taehyung, con su propio vaso de whiskey a medio camino hacia su boca, se congela. “¿Por qué..” pregunta lenta e incrédulamente, “...creerías que estaba bromeando?”

Hoseok se encoge de hombros. “Porque hablamos como treinta segundos antes de que me lo dieras..? Y porque nadie de verdad espera recibir algo de regreso cuando le dan su número a un mesero..?”

“No podría haber hablado más en serio si te hubiera propuesto matrimonio en ese momento,” Taehyung dice gravemente. 

“Sólo está celoso porque fue el último en hablar contigo,” Jimin aclara en un suspiro, e inmediatamente chilla cuando Taehyung lo patea por abajo de la mesa. 

“¿Cómo estuvo su cita entonces? ¿Eh?” Taehyung le pregunta con voz dulce, y Jimin se ruboriza- si de vergüenza o de enojo, Hoseok no puede saberlo.

“He estado ocupado, si? no es mi culpa si no he tenido tiempo-” se da la vuelta hacia Hoseok y lo mira con unos ojos tristes que lo hacen derretirse, “De verdad lamento no haber podido volver para llevarte a una cita. Lo haré pronto, lo prometo.”

Algo verdaderamente inusual está ocurriendo aquí pero Hoseok no tiene ni idea de qué exactamente. “Está bien, lo entiendo,” le dice a Jimin y el rubio le sonríe agradecido antes de darse la vuelta hacia Taehyung otra vez, “¿Ves? A él no le molesta-”

“Y él también está muy confundido y no quiere escuchar sus lloriqueos,” Yoongi interrumpe tajantemente. “Dejen de pelear por él como si estuvieran en un mal drama.” 

“Eso suena como alguien que está perdiendo,” Jin habla con una amplia sonrisa, sugiriendo que sólo se unió a la perorata para molestar.

“Pero Hoseok-hyung de verdad luce confundido,” Jungkook agrega, y todos se dan la vuelta para mirarlo. Namjoon le arroja una mirada de genuina empatía y abre la boca, ojalá sea para explicar qué demonios está pasando aquí.

 

Antes de poder decir una palabra, un timbre suena desde la cocina, acompañado por un terrible chillido desafinado y Namjoon se ríe a carcajadas. “¿Aún hacen eso?”

“Sólo para ti,” Hoseok responde con una sonrisa, intentando ignorar lo increíblemente perdido que se siente, y se levanta de la mesa lentamente. “No volveré a verlos luego de darles la comida, para que sepan. Alguien más les traerá la cuenta.”

“¿Cuándo trabajas otra vez?” Jungkook pregunta. Les dice y se sorprende al presenciar a Taehyung anotándolo en su celular.

“Envíalo al grupo,” Jimin susurra y Jin asiente, coincidiendo. 

“Hoseok-ah,” Namjoon dice, con más seriedad de la que Hoseok nunca lo había escuchado. Le arroja al mercenario una mirada nerviosa, pero la sonrisa de Namjoon aligera su corazón un poco. “Esto es un montón,” comienza, señalando a su grupo con una mano y ellos le sonríen a Hoseok como si él fuera la única cosa buena en este mundo, y no puede sostenerles la mirada por miedo a sonreírles de regreso con demasiada euforia. “ Nosotros tal vez somos demasiado. Pero, si estás interesado, nos encantaría que te nos unieras.”

“Asumo que no me están pidiendo que me convierta en mercenario,” bromea, porque no tiene ni idea de qué más decir. Y ellos se ríen. Hoseok sonríe con tanta fuerza que sus mejillas duelen. Y toma una decisión. 

Va tener que pensar mucho en esto y con total seriedad, por supuesto. Ellos son asesinos, no personas promedio. (Además son seis , pero eso es un problema para otro día.)

Pero mientras mira sus rostros, energéticos y ansiosos y brillantes y enfocados en él, decide que hará todo lo posible para que funciona. Al menos les debe eso.

“Lo pensaré y se los haré saber,” les promete y regresa a la cocina.

♡♡♡

“Debo admitir que estoy impresionada, Hoseok-ssi,” Laura le dice mientras él cuelga su delantal luego de un agotador turno por la tarde. “Normalmente ninguna persona dura tanto tiempo. ¿Qué es lo que te mantiene por aquí?” Han pasado seis meses desde que comenzó a trabajar y Hoseok ya ha pasado de esperar poder pagar la renta a fin de mes a tener bajo su nombre un apartamento mucho, mucho más grande.

(Puede que se esté mudando dentro de poco, pero ese es otro tema.)

Hoseok sonríe con cariño y piensa en las seis personas que lo están esperando fuera. “Los clientes. Son dulces, dan buenas propinas y no dañarían ni a una mosca.”

Laura lo mira como si estuviera loco -y tal vez lo esté- pero le da una palmadita en el hombro de todos modos y se despide con algo de incomodidad. Él no puede evitar tararear una canción mientas recoge su bolso y se prepara para salir por la puerta, con una sonrisa tan irreprimible como la luz del sol.

Y cinco minutos más tarde, cuando Hoseok se desliza dentro del asiento trasero de la SUV con vidrios tintados, inmediatamente siendo recibido por abrazos y besos y “¡Hoseok-hyung!”s, decide que ama su trabajo más que a cualquier cosa en el mundo.

 

(...Bueno, casi.)

 

Notes:

Muchas muchas gracias por leer y realmente espero que lo hayan disfrutado tanto como yo, si es así no se olviden de dejar algún comentario y kudos que son siempre bienvenidos <3

Agradezco una vez más a la autora por permitirme hacer esta traducción!

Les dejo mi twitter por si gustan seguirme y nos encontramos en la próxima historia!<3