Chapter Text
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Desde que tengo memoria estuve rodeado de música.
Aunque, al principio, no tuve interés por ella.
No habia algo que realmente hiciera que me gustara.
Para mi eran solo sonidos bonitos que se mezclaban de forma rara.
No lo entendía realmente.
No hasta esa noche.
"¡Niños apresúrense!"
Era Junio
La lluvia está cayendo. Es gruesa, sorda y muy espesa.
Izuku apenas puede escuchar a su madre llamándolos sobre el sonido de las gotas chocando en el plástico del paraguas cuando salta por encima de uno de los pequeños riachuelos que se han formado al costado de la calle.
Caminan deprisa hacia la atiborrada entrada del teatro, donde la gente va vestida con abrigos finos, largos y de tonos muy oscuros.
Yo tenía seis años
Izuku, por el contrario, lleva puesto una chaqueta de su superhéroe favorito. Es un capricho infantil pues no le importó usarla incluso cuando Inko le dijo que irían a un evento importante y que no quedaría bien.
Él sacude su cabeza cuando están adentro del edificio y sus rizos húmedos se mueven bajo la capucha con dos antenitas amarillas. Inko le da un leve jalón a su brazo llamando su atención al volver a caminar y sus pies la siguen por el salón principal hacia las escaleras.
Y todavía pienso en ese día, de vez en cuando.
Es la primera vez que entra a un teatro real y no puede evitar mirar todo con curiosidad mientras avanzan.
Cada detalle que sobresale en las paredes. Cada estatuilla y figura. Cada columna.
La ópera de Musutafu es un edificio grande.
Hay cientos de cuartos y varios corredores amplios que tienen ventanales que llegan hasta el suelo. Escaleras, huecos y descansos entrelazados que permiten que la gran cantidad de personas esa noche se muevan sin problemas por el lugar.
Aunque, a comparación de la ópera de París, el lugar es un poco más sencillo, a pesar de que sus diseños son similares.
Para Izuku el lugar es enorme y brilla demasiado; con decoraciones multicolores en mármol y terciopelo. Hojas doradas y querubines en su interior.
No es un estilo que la gente pensaría encontrar en edificios de Japón, pero la ópera fue un homenaje al bello arte neobarroco europeo que se construyó hace mucho tiempo. Es la réplica japonesa de la enorme edificación en París, y hasta ese momento se mantiene intacto, llamativo y hermoso.
Suben por la gran escalera de mármol blanco hasta el primer descanso, a la entrada que conduce al corazón del palacio, el gran auditorio. Es un pasillo amplio que se abre a ambos lados, con paredes adornadas de fotografías; además de las muchas carteleras de las obras que se llevan a cabo en el lugar; estatuas pulidas y candeleros brillantes en las paredes.
Izuku avanza junto a su madre y su hermana sobre los mosaicos del suelo hacia una de las tantas puertas que llevan a los palcos del auditorio. Ellos pasan sobre unas cuantas escaleras alfombradas y abren la que tiene marcado en la madera de caoba el número cinco.
Lo primero que se distingue dentro, son las paredes de la caja; sus respaldos de terciopelo y tapices que tienen un juego sutil de tonos carmesí al igual que los cojines de las butacas.
Su hermana se dirige de inmediato a uno de los extremos del balcón. Barre con la mirada los tonos dominantes de rojos y dorados en todo el auditorio y la parte baja, donde los asientos se ocupan poco a poco. Los observa con curiosidad.
La sala está alumbrada por un gran candelabro de bronce y cristales dorados que cuelga en mitad de la cúpula del techo, rodeado por una bella pintura. La araña de luces del auditorio es enorme y resplandece en todo el sitio creando una armonía perfecta.
Midoriya la observa mientras va junto a su hermana y, por un momento, él quiere tocar los cristales que lo decoran cuando llega al borde.
Su cabello rizado apenas y logra verse por el barandal al ponerse de puntillas por lo que forma un pequeño puchero en sus labios al no poder ver hacia abajo como lo hace Tsuyu. Inko suelta una ligera risa cuando voltea a mirarla pidiendo ayuda. Ella se acerca para sostenerlo en sus brazos y luego va junto a su hija a admirar de forma idónea la vista que tienen del escenario y de todo el espacio del auditorio.
"¡ Mama , Izu-chan, allí está papa !"
Tsuyu señala muy cerca del escenario y del lugar de la orquesta donde Toshinori está de pie. Él también los mira y agita su mano saludando a su familia. Ellos hacen lo mismo.
"Nee, mama" Inko ahora está en una de las butacas color carmín con Izuku sentado en sus piernas. Ella baja su mirada y se encuentra con los grandes ojos de su hijo mirándola con curiosidad cuando le pregunta "¿Por qué papa tiene que venir a estos lugares?"
"¡Papa es el mejor músico del mundo!" exclama Tsuyu, interrumpiendo cualquier respuesta de su madre.
Ella se sienta de golpe junto a Inko, ignorando por completo el pequeño regaño que le da cuando arruga el vestido color crema que lleva puesta. En su lugar, tiene una gran sonrisa en la comisura de sus labios y su lengua sobresale un poco entre ellos como el habitual gesto que tiene "Nadie es como él por eso siempre lo invitan, Kero."
"Tu padre es parte del jurado en el concierto de hoy, Izuku" responde Inko tras soltar un suspiro, girándose hacia el peliverde nuevamente.
"¿Qué es ju...juerardo...?" Izuku ladea su cabeza más confundido que antes.
"Izu-chan tonto, es una palabra muy difícil para ti, Kero" se burla Tsuyu.
Izuku la mira frunciendo el ceño y luego le saca la lengua a su hermana, pero ella responde de manera juguetona haciendo lo mismo sin tomar en serio la infantil indignación en su rostro.
Un concierto.
En ese momento la intensidad de las luces disminuye en todo el salón. Inko hace que sus hijos guarden silencio y los aplausos de la audiencia comienzan a escucharse.
Y un niño.
En el escenario, la silueta de Yagi sale de entre el telón donde apunta la luz de los reflectores y habla con su ya conocida y enérgica voz hacia el público. La distintiva sonrisa perlada está adornando su rostro.
Y una multitud de miles de personas.
"¡Damas y caballeros, sean bienvenidos al onceavo concurso de pianistas de Musutafu!"
Yo no entendía cuál era el propósito de todo eso.
Desde que comenzó solo veía a los concursantes pasar de uno en uno sin muchas ganas o interés y, al final, con el pasar del tiempo, terminé por aburrirme.
Pensaba que preferiría estar en casa con mis figuras de acción.
Izuku ha cabeceado un par de veces. El evento no le interesa demasiado y estar sentado en el cómodo regazo de su madre no le ayuda mucho a mantenerse despierto.
Tsuyu ya se había quedado dormida unos pocos minutos atrás, apoyada al brazo izquierdo de Inko que descansaba en la silla, con un delgado hilo de saliva en la comisura de sus labios y soltando algún ronquido suave de forma ocasional.
Pero cuando está por dormirse logra escuchar un murmullo de Inko. No sabe qué es lo que dice. No logra diferenciar sus palabras, pero la vibración en el pecho de ella en donde recarga su cabeza lo hace despertar.
Todavía está un poco adormilado cuando gira su rostro hacia el escenario una vez más al momento que la voz de la presentadora habla nuevamente "Nuestro siguiente concursante, número 23, Todoroki Shoto."
Entonces, desde uno de los costados del escenario, salió un niño.
Caminaba erguido, como un rey.
Solo tenía siete años pero parecía tan orgulloso y sereno.
Su cabello era lacio y caía sobre su rostro.
Él se dirigia hacia el piano, que estaba iluminado por los reflectores y esperaba por ser tocado.
Izuku se endereza de forma perezosa y levanta ambas manos para frotarse los ojos, sintiendo también las leves caricias que su madre da sobre su alborotado cabello rizado.
Los aplausos del público vuelven animandolo cuando hace la reverencia hacia ellos y Shoto se gira a mirar el piano. El barniz brilla, las teclas brillan, todo el instrumento resplandece y parece llamarlo.
Ellos aplaudieron.
Y yo lo miraba.
Desde esa multitud de miles de personas.
Él camina y se sienta en el pequeño taburete. Erguido y firme, como un rey en su trono. Coloca sus manos sobre las teclas y a la distancia una pequeña mirada esmeralda sigue cada uno de sus movimientos.
Y entonces comenzó a tocar.
Hasta ahora, no sé porque no podía quitar mis ojos de él.
Quizá era el aura de elegancia que lo rodeaba desde que entró.
Izuku siente como si hubieran bajado un interruptor de forma sorpresiva pues deja de escuchar la suave respiración de su madre detrás de él o las palabras que suelta su hermana de forma sonámbula.
El mundo a su alrededor comienza a moverse en cámara lenta hasta que parece detenerse por completo, dejando solamente la melodía que ha comenzado a sonar en el piano.
No hay nada más que ello y desde donde está, Izuku puede ver su silueta de forma clara, resaltando por las luces del reflector sobre Shoto, y eso de algún modo es... hechizante.
O quizás la manera tan hipnótica con la que tocaba mientras pasaba la melodía.
La melodía ha comenzado a bailar en todo el auditorio, mientras las manos de Shoto se mueven por las teclas. Ágiles. Acompasadas. Tocan llenando el escenario de colores fríos. Una paleta de azules y grises de diferentes tonos.
Yo extendí mi mano.
Quizás podría tocarlos, atrapar cada tonalidad entre sus manos.
El cabello del niño se mece con los movimientos de su cuerpo y la rigidez anterior comienza a alejarse poco a poco. Izuku siente un escalofrío recorrer su espalda. La piel de gallina debajo de su ropa lo hace temblar. Es una sensación familiar, parecida a la que le produce una helada ventisca de invierno. Él siente frío. Lo hace incluso con la gruesa chaqueta de All Might que lleva puesto.
Y mire hacia arriba.
Como si estuvieran jugueteando entre ellos, los colores comienzan a fusionarse hasta volverse una sola imagen en el escenario. Cambian delante de la atónita mirada de Izuku que parece brillar.
Siente como si sus ojos pudieran abrirse aún más en asombro cuando el escenario empieza a desaparecer delante de todo el público como una ilusión. Un espejismo encantador que se convierte en un paisaje nevado abriéndose detrás de Todoroki en el escenario.
Es algo que solo Izuku parece notar: la imagen de un bosque en medio de una lenta nevada con árboles sin hojas esparcidos por el camino. Todo está cubierto de nieve blanca que brilla y destella. Una mezcla hermosa y etérea con la melodía que sale del sonrió.
Y entonces él…sonrió.
Por un momento incluso, parece que hay una ráfaga helada que se cruza entre Shoto y el instrumento y lo hace sonreír, de forma amplia y genuina.
Izuku, desde donde está, también siente esa ráfaga y ve esa sonrisa.
Los latidos de su corazón han subido y se escuchan cada vez con más vigor dentro de su cabeza.
Es como ver algo salido de un sueño. Demasiado encantador. Una imagen inefable y quizás también... celestial .
"¿Izuku?" La dulce voz de Inko lo llama detrás de él tras notar el temblor en los hombros de su hijo. Sale de la ensoñación que lo envolvía y su cuerpo gira al mirar hacia atrás. "¿Qué ocurre cariño?"
Inko lleva su mano hacia las mejillas de Izuku, preocupada al notar las lágrimas que resbalan desde sus ojos hacia su barbilla. Ella le da una gentil caricia que hace que los párpados del pequeño se cierren de forma involuntaria.
"Se siente... raro" le contesta apenas, sorbiendo su nariz.
La sensación es extraña y se desborda de golpe dentro de su pecho. Las lágrimas que no había notado que estaban allí continúan cayendo. No se detienen y sólo se deslizan por las regordetas y sonrosadas mejillas. Está sollozando, pero solamente su madre puede escucharlo. Se siente emocionado y es abrumador. Algo completamente nuevo para él.
"¿Qué se siente raro?"
Izuku señala su propio pecho en respuesta. Inko lo mira levemente confundida por unos segundos hasta que él levanta su mano y señala el escenario donde Shoto continúa tocando.
Entonces lo entiende.
"Oh Izu..."
Inko no puede resistirse a abrazarlo, enternecida y con una pequeña sonrisa levantando el borde de sus labios. Lo acerca a su pecho e Izuku restriega un par de veces su mejilla contra su madre buscando protección y consuelo al no poder dejar de llorar. Lo aprieta en un abrazo colmado de caricias, sintiendo una cálida nostalgia en el pecho.
Inko sabe cómo se siente Izuku. Ella se sintió así en algún momento en el pasado cuando decidió volverse cantante lírica y su esposo Yagi también lo hizo cuando decidió volverse pianista.
Es un hormigueo en el cuerpo. Una calidez casi romántica que eriza los vellos de la piel y paraliza a la persona justo en el acto. Es ese algo que llega el momento en el que sabes que amarás algo y que dedicaras tu vida a ello.
Cuando la pasión despierta y crece hasta llenar cada parte de la vida de una persona. Todos sufren de ello en algún momento dado y cuando ocurre no hay vuelta atrás. Inko lo conoce. Su esposo lo conoce, y ahora su hijo también lo hace, aunque él todavía es muy pequeño como para entender lo que significa todo lo que lo abruma en ese instante.
"Esa es la magia de la música, cariño."
Los aplausos del público traen de vuelta su atención al teatro y cuando Izuku se da cuenta la pieza había terminado. Después, con las luces de los reflectores en sus ojos, Shoto había desaparecido.
El concierto siguió avanzando.
Y con las luces en mis ojos él se había ido.
Y yo me di cuenta de dos cosas en ese momento.
La primera.
Cuando la primera nota resonó en el salón, algo en mí cambió por completo.
Y supe que se decidió mi futuro.
"¡Papa!"
Ambos niños corren hacia Yagi. Él está de pie frente a las escaleras de mármol en el primer piso de la ópera tras terminar el concurso y es acompañado por varias personas más que Izuku no conoce.
Toshinori voltea cuando escucha las animadas voces de sus hijos y luego se agacha abriendo sus brazos. Los recibe en un fuerte y cariñoso abrazo mientras Inko se acerca desde detrás con una sonrisa en su rostro.
"¿Qué tal les pareció?" les pregunta, sonriendo cuando los suelta.
"Yo me dormí, Kero" dice Tsuyu con su honestidad tan característica y la punta de su lengua asomándose entre sus labios. Yagi no puede evitar reírse al mirarla. Siempre le causa ternura el pequeño tic nervioso que ella tiene, además no le sorprenden sus palabras.
"¡Había un niño que tocaba muy bonito!"
Izuku, por su lado, da pequeños brinquitos en el suelo. Sus ojos están algo hinchados y debajo de ellos hay una tonalidad rosa pálida por haber llorado hace unos instantes dentro del palco.
Sin embargo, ahora la bruma parece haber sido reemplazada por un entusiasmo y energía contagiosos que el pequeño demuestra con la cantarina risa que sale de su garganta y con la capucha de su chaqueta que rebota en su espalda tras cada salto. Para sus padres junto a él, sus ojos parecen brillar de forma infantil y cándida.
Toshinori le contesta volteando a mirar a su esposa, pero Izuku ya no lo está escuchando. Ha detenido sus hiperactivos movimientos después de captar una cabellera que reconoce por el rabillo del ojo.
Ha sido tan solo por un segundo, pero en esa multitud de cientos de personas lo pudo reconocer e Izuku ya ha girado el rostro captando de inmediato el color blanco y rojo moviéndose e intentando esquivar a todos.
Él vuelve a ver a sus padres. Solo están hablando entre ellos, sin prestarle demasiada atención en ese momento así que sus pies solo se mueven y antes de notarlo está siguiendo al niño de cabello llamativo entre la multitud.
También intenta esquivar a todo el océano de personas reunidas. Camina con dificultad hasta llegar a uno de los baños públicos del primer piso. Le cuesta un poco empujar el peso de la enorme puerta cuando entra unos segundos después que Shoto.
No logra encontrarlo cuando está dentro, al menos no de forma inmediata. Su mirada viaja por todo el lugar, pero solo hay cubículos vacíos con olor a limpia pisos de limón.
Sus cejas se juntan por la confusión momentánea, pero su ceño se relaja cuando voltea y ve el pequeño cuerpo junto a uno de los botes de basura. La cabeza de dos colores descansa sobre las rodillas y sus brazos están rodeando sus piernas con fuerza.
"Eres tú..."
Shoto siente sus hombros crisparse al tener una voz tan aguda delante de él.
Hasta tan solo unos segundos atrás estaba convencido de que fue su padre quien había entrado detrás de él al baño, pero, para su sorpresa, lo que ve al levantar la cabeza es un niño, tal vez uno o dos años menor que él.
Tiene un rostro regordete y lleno de pecas, algunas más marcadas que otras. Cabello rizado y desordenado que cae sobre su frente hasta sus ojos, grandes y de color esmeralda que lo miran con curiosidad y que parecieran intentar escavar hasta encontrar el alma del pequeño Shōto de siete años.
"¡Tú eres el niño que tocó el piano!" exclama un poco más agudo de lo normal por la emoción, sorprendido por ver que, como su cabello, el iris de los ojos del niño es de diferente color en cada lado. Eso es algo que le parece muy bonito y genial.
"Sí, soy yo" dice Shoto en tono bajo, casi murmurando.
Todoroki agacha su cabeza rehuyendo la mirada esmeralda. No es mucho el tiempo que la sostiene, pero se siente extraño ante ella. Expuesto de algún modo. Como si el niño delante de él de forma inocente, supiera todo lo que le molesta. Sabe que no es así pero no puede evitar incomodarse.
"¿Qué haces aquí?"
Lo siente sentarse a su lado en la baldosa fría tras preguntar. Muy cerca. Entrando en su espacio personal y con los muslos de ambos casi rozándose. Siente también la mirada del peliverde sobre él, pero nuevamente la evita.
"Me estoy escondiendo de mi papá" responde con voz tenue, opacada por la posición de su cabeza.
El silencio que se forma es blanco y no dura mucho. Izuku pregunta por qué lo hace, genuinamente interesado en la razón por la que un niño tendría que estar escondiéndose de su padre cuando no están jugando al escondite.
No ve que el niño a su lado se mueva y al final tarda un poco en contestarle. Cuando finalmente lo hace, hay vacilación en su respuesta y su voz suena demasiado decaída para el gusto de Midoriya.
"Estoy seguro de que lo hice mal."
"¿Qué cosa?"
"Mi presentación de hoy" responde corto y sin intenciones de dar más explicaciones.
Shoto comienza a sentir leves piquetes de fastidio por la curiosidad del niño junto a él. Su padre podría llegar en cualquier momento y no necesita que el entrometido peliverde este aq-
"¡Eso es mentira!" Izuku se le adelanta cuando está por pedirle que lo deje solo, que se vaya y que pare de molestarlo.
Todoroki se sobresalta por segunda vez. La enérgica exclamación hace que levante su cabeza y que sus miradas conecten una vez más.
Izuku lo está mirando con las cejas fruncidas y un puchero de lo que parece ser indignación. Shoto no puede evitar compararlo con un conejito enfadado cuando agrega "¡Fue muy bonito, incluso parecía que caía nieve mientras tocabas!"
Atónito, Shoto lo observa sin parpadear. Por un corto lapso de tiempo se pregunta, ¿quién es este niño y por qué siente tan de repente calidez dentro de su pecho por el halago que le dio?
Seguramente es menor que él y no tiene ni idea de lo que está hablando, pero Todoroki no puede evitar que la felicidad aflore dentro de él y crezca alimentando la pequeña esperanza de haberlo hecho bien.
Porque Shoto...
Shoto había practicado demasiado. En especial para ese concurso.
Fueron noches enteras de desvelo monitoreadas por Enji a cada momento. Su padre se había esmerado en serio en no dejarle descansar ni un segundo
Tuvo que permanecer sentado frente a las teclas del piano por horas, sintiendo sus piernas entumecerse por falta de movimiento y sus manos congelarse acalambrarse.
Aprendió la partitura al pie de la letra y de manera estricta, demasiada incluso para un niño de su edad. A pesar de ello y los constantes regaños y la típica ira de Enji cada vez que se equivocaba, Shoto no se dejó vencer. Llegó confiado de su habilidad con el instrumento. Dispuesto a tocar de la mejor manera posible.
Y aguanto todo por la simple y llana razón de saber que su madre estaría esa noche junto a Enji.
Ella iba a verlo subir al escenario después de mucho tiempo, meses quizás. No recuerda cuándo fue la última vez que lo había acompañado a un concurso o un recital, por lo que esta ocasión era especial y mucho más importante que cualquier otra.
Pensar en ello solo lo hizo ponerse muy nervioso, casi al punto de no poder caminar con normalidad. Verla ahí entre todo el público lo puso nervioso. Sentada en la entrada en el lado izquierdo, mirando hacia la audiencia. El lugar en donde Shoto podía verla mientras tocaba. El sitio especial de mamá, desde siempre.
Cuando fue su turno, sus brazos y piernas se sentían como rocas, lo que lo hizo moverse de forma rara, pero, a pesar de las náuseas apretando sus entrañas y de su robótico andar en el escenario, Shoto estaba determinado a interpretar la pieza con todo lo que tenía.
Quería que fuera especial y que pudiera considerarse un logro por el cual Rei lo estrecharía entre sus brazos después del evento y por el cual su padre por fin estuviera orgulloso y satisfecho.
Pero no fue así en lo absoluto, y la mirada que Enji le dio cuando se encontraron lo llenó de pavor por completo.
Unos ojos turquesos que lo observaban con soberbia e ira. Paralizando sus piernas en medio del camino para encontrarse con sus padres.
Ni siquiera alcanzó a llegar con su madre pues por mero instinto solo logró alejarse. Escabullirse entre las personas buscando un escondite ante las llamas de la cólera que seguramente descargaría en él al llegar a casa.
El temblor en su cuerpo había pasado al igual que las ganas de llorar. Se habían ido con la aparición del niño en el baño, pero, de todos modos, sigue asustado por el pensamiento de qué es lo que le depara el regreso a casa, pero la presencia de Midoriya calma un poco las inquietudes que burbujean en el pecho de Shoto, lo cual es nuevo y muy extraño.
Es como un remolino. Una vertiginosa sensación de felicidad combinada con una vergüenza que le aprieta el estómago. Todo por escuchar palabras de genuina adulación dirigidas hacia él.
Todoroki sabe que lo dice en serio. Quizá es la sinceridad típica de un niño, pero lo que hay en esa mirada verde es...real. Sabe que lo es y no sabe si eso es peor.
Es una transparencia que por un momento le hace olvidarse de la fría mirada de Enji y hace que sus ojos heterocromos retomen ese brillo que se estaba opacando.
"¿L-Lo dices enserio?" pregunta farfullando. Sus palabras salen atropelladas y un poco más fuertes de lo que quisiera, pero no le importa en ese momento. Su cuerpo ha girado inconscientemente hasta quedar frente a Izuku por completo y no se da cuenta de ello hasta que sus ojos, chocan de nuevo con los del niño peliverde.
"¡Sí, lo vi desde arriba!" le contesta. La pronunciación de las palabras y sus movimientos son exagerados. Sus brazos se elevan en un gesto llamativo y sus ojos parecen destellar mientras lo hace "¡Había mucha nieve!"
Shoto tiene las mejillas calientes y pintadas de un intenso color rojo, el cual se expande hasta llegar casi a sus oídos y en su boca hay una mueca extraña de lo que parece ser un vago intento por ocultar la traicionera sonrisa de alegría que quiere empujar sus pómulos hacia arriba. Está mirando a Izuku con ojitos brillantes y llenos de ilusión. Una espiral de felicidad y emociones que...
Espera... ¿nieve?
"¿Qué...?"
Parpadea un par de veces, desconcertado por lo último.
La emoción del momento comienza a disiparse. El calor de sus mejillas y la vergüenza se van con ella y su cerebro tarda un par de segundos en entender lo que le dijo.
Shoto se queda en silencio y con un leve pellizco de confusión entre sus cejas. Izuku se deja llevar por la vaga necesidad de levantar su mano para poner su pulgar sobre ellas y termina alisándolas. Se posa sobre la piel del entrecejo de Shōto queriendo que desaparezca de una vez por todas antes de contestar inocente, pero también hablando muy enserio.
Aquello toma por sorpresa a Shoto y lo congela por unos instantes. Sin moverse hasta que ve que la mano del niño se aleja de su rostro. Ahora están de nuevo a una distancia considerable el uno del otro y es solo ahí que es capaz escuchar las palabras de Izuku.
"¡Nieve y un bosque enorme aparecían detrás de ti!"
No entiende a qué se refiere con "bosque" o "nieve". Todoroki no vio nada extraño o diferente en ese momento.
Detrás de él, sólo estaba un telón lleno de polvo y reflectores sobre su cabeza que hicieron que sus ojos le picaran cuando puso un pie sobre el escenario. Ahí no había nada más que el enorme piano negro en medio del lugar.
"Solo tocaba pensando en mi mamá. A ella le gusta mucho la nieve" le confiesa tras unos segundos. Su voz es más apagada que antes cuando Todoroki está encogiéndose de hombros y regresando a la posición en la que se encontraba hace unos instantes, llevando su mirada a un punto fijo en una de las puertas de los cubículos color gris oscuro delante de ellos.
"Fue muy bonito, tu papá no debería castigarte por tocar así."
Midoriya se levanta dando un salto y poniéndose la capucha de la chaqueta en el proceso. Sus rizos rebotan y sus pómulos son empujados por la enorme sonrisa que muestra sus dientes.
Hace la típica pose de All Might, su superhéroe favorito, con su puño derecho levantado al aire y entonces exclama con voz infantil que retumba en las paredes del baño vacío "¡Es como un poder y es solo tuyo!"
Shoto vuelve su mirada impar a él, observando con un intenso y renovado asombro al pequeño niño entrometido, con unas bonitas pecas que resaltan sobre el sonrojo en sus mejillas y ojos verdes que, para él, parecen tener pequeñas estrellas en el centro que demuestran de alguna forma el positivismo y entusiasmo del niño.
Aquella imagen es demasiado brillante y juraría que por un segundo sintió sus ojos arder ante ella. Es una imagen demasiado deslumbrante sin duda.
Hay un prolongado silencio en ese momento. Izuku no puede evitar voltear a ver a Shoto, quien sigue con sus ojos clavados en él. Sin decir una palabra. Sin moverse. Solo con una expresión de aparente calma en su rostro, que es en realidad un cúmulo de emociones que luchan por el dominio en su interior.
No sabe cómo sentirse con todo lo que Izuku le está diciendo. Es la primera vez que se ven, pero por algún motivo, todo lo que le está diciendo, todas esas palabras de ánimo y todos los halagos están calando profundo dentro de él. Muy profundo. Sumergiéndose en su interior como si supieran exactamente cómo turbar sus emociones de una manera que podría llegar a ser incluso aterradora para un niño como él.
"O bueno, eso siempre dice papa" comenta Izuku finalmente, queriendo evitar que el silencio se alargue. Sus hombros se levantan y luego caen encogiéndose. Él vuelve a sentarse junto a Shōto. Lo observa, y la sonrisa continúa en sus labios, pero ya no es tan grande como antes "Es parte del juerardo del concurso."
Hay silencio por uno, dos, tres segundos.
Y Shoto no puede evitarlo más. Siente como una carcajada comienza brotar de manera espontánea de su garganta y antes de notarlo él se está riendo en ese momento, saliendo del aparente estupor en el que se había hundido. Es una risa aguda e infantil, que juguetea como ecos en el baño. Este niño es muy raro, y eso le causa mucha gracia.
"¿Qué?" Midoriya le pregunta con la sombra de su sonrisa todavía tirando de sus labios.
Está un poco confundido por la risa de Shoto que apareció de la nada para rellenar el silencio y opacar los murmullos que se escuchan de vez en cuando en el pasillo afuera de los baños.
Shoto apenas le puede responder entre la risa levemente ahogada que intenta aguantar "E-Estoy seguro de que se dice jurado."
"Es una palabra muy difícil para mí" contesta Izuku en un puchero. Con un ceño de falsa indignación ante las burlas de Todoroki que vuelven a escucharse cuando termina de hablar. Aunque no lo mantiene por mucho tiempo, quizá dos o tres segundos antes de contagiarse por las risitas. Su rostro se relaja al escucharlo y ahora él también se está riendo.
Y Shoto entonces se siente más ligero. Calmado y dejando atrás la pesadez de los temores de hace unos momentos. Sabe que no se han ido. Que están allí, solamente que son más pequeños que antes. Ya no los siente tan fuertes como antes. Sin embargo, ahora puede darse el lujo de sentirse cómodo y olvidarse, aunque sea por un momento, del turquesa ardiente de la mirada de su padre.
Solo por un instante. Uno fugaz y breve, el infantil pensamiento de que puede quedarse así por siempre llega a su cabeza.
La puerta del baño entonces se abre y ambos se sobresaltan. Las risas mueren cuando escuchan el ruido seco de la manija al chocar contra una de las paredes.
Para el alivio de ambos es la figura de Inko la que aparece de forma abrupta por el marco de madera. No puede importarle menos que sea el baño de hombres cuando ingresa.
"¡Izuku!" sus ojos se posan sobre el cuerpo de Izuku sentado en el suelo y no duda en acercarse a él, aliviada de haberlo encontrado, pero con el ceño fruncido por el reproche que suelta "Ahí estás, no debiste alejarte de esa manera."
Mira entonces la otra figura. Al otro pequeño niño que recuerda haber visto en el escenario y siente sus facciones relajarse de inmediato. Está temblando y para Inko no es difícil notar que busca esconderse detrás de la chaqueta de Izuku.
"¡Mama, nos asustaste"
Ella se disculpa y ahora, con una calma demasiado maternal, le pregunta a Shōto si se encuentra bien.
Él se había asustado. Mucho. Su mente no pudo evitar imaginar que era Enji quien venía a buscarlo por lo que casi como un reflejo, su cuerpo se movió hasta quedar detrás del niño a su lado tras la abrupta entrada de la mujer, como si buscase algún tipo de protección en alguien más pequeño que él.
Shoto se endereza lentamente tras escucharla hablar con un tono de voz gentil que hace que la tensión de su cuerpo merme levemente. Sus hombros se relajan y ahora le da una mirada tímida a la delgada mujer delante de ellos, más se rehúsa a soltar la tela azul del costado de la chaqueta de Midoriya.
Inko espera, paciente por una respuesta. Ve al pequeño asentir de forma lenta pero no le dice nada "¿Quieres que te lleve con tus padres?"
"¡Él no quiere ir con su papá!" dice Izuku frunciendo la frente y negando de forma efusiva con su cabeza, recordando lo que le había dicho Shoto antes y negándose a dejarle ir con el hombre malo que le había hecho creer que su presentación fue mala.
"Izu, él debe volver, nosotros también debemos hacerlo."
Shoto ha vuelto a esconderse detrás de Izuku.
Niega con la cabeza muchas veces de igual forma, apretando los labios y cerrando sus ojos con fuerza, como si aquello pudiese retener las lágrimas y el temor que han vuelto con el solo pensamiento de ir con su padre.
Él sabe que debe volver, pero en definitiva no quiere hacerlo. Quiere quedarse escondido en el baño de la ópera, junto al niño entrometido de bonitas pecas como su única compañía.
El cuerpo de Izuku se aleja de él y sus párpados se abren como un reflejo. Lo ve girar hasta quedar frente a él por completo y ambas miradas terminan chocando entre sí.
Midoriya ve el temor reflejado en las pupilas de los ojos heterocromos y no le gusta.
No. Él quiere ver al niño bonito que tocó el piano de manera casi mágica en el escenario. Quiere ver esa energía de nuevo. Quiere que el miedo que se refleja en los ojos impares que lo miran de vuelta se vaya lejos. Hacerle saber que no debe temer pues ahora no está solo, que Izuku está allí con él.
Izuku ahora está de pie extendiendo su mano hacia Shoto. Sonríe. Amplio y arrugando los bordes de sus ojos.
Todoroki nuevamente se siente casi cegado por esa sonrisa al mirarlo desde abajo por un segundo. Antes de notarlo su brazo se ha levantado hacia la pequeña mano extendida del otro.
Duda por un instante. Un movimiento vacilante por un segundo hasta que finalmente toma la mano de Izuku y después está de pie frente a él.
"Tranquilo, yo estoy aquí contigo" habla Izuku con voz firme y a la vez dulce. Determinado a compartir su propia seguridad.
Sus manos no se separan. El agarre es fuerte y se mantiene así incluso cuando salen por la puerta detrás de Inko. No hay tantas personas como antes y ahora es mucho más sencillo caminar junto a ella por la sala.
Ambos niños no tardan en notar como en el centro delante de las escaleras de mármol, en medio de todas las personas restantes está Toshinori junto a su hermana y un malhumorado hombre pelirrojo y robusto de traje azul marino y corbata color rojo sangre; Enji Todoroki.
Yagi los ve acercarse y no pierde tiempo en caminar hacia ellos seguido de una somnolienta Tsuyu. Se agacha hasta la altura de Izuku y comienza a regañarlo de igual manera, poniendo sus manos en su rostro y examinando cada peca en él, cerciorándose de que no esté herido de algún modo y el peliverde solo atina a disculparse un par de veces.
Toshinori suelta un suspiro aliviado al enderezarse para luego volver unos pasos hacia atrás. Hasta donde está Endeavor. Su mirada es intimidante cuando se fija en ambos niños.
"Ahí estás, Shoto"
Midoriya siente a Todoroki crisparse ante la ronca y átona voz con la que habla. El agarre de su mano es más fuerte, aferrándose a él como si fuese a desaparecer en cualquier momento.
Se esconde detrás de Izuku, pero Enji no dice nada más. Ni siquiera nota el infantil e irritado ceño fruncido con el que Izuku lo está mirando y solo les da una mirada sobre la barbilla antes de voltear al sentir a Rei acercarse desde un lado.
"Ahora que están todos, ¡acérquense por favor, será una sola fotografía!"
Una mujer delgada y de un largo cabello rubio se posiciona delante de ellos cuando habla llamándolos a todos.
Amelia trae una cámara en sus manos y espera paciente, sonriendo mientras algunas otras personas se reúnen con ellos para ser retratadas. Los niños son empujados levemente por Inko hasta estar de pie, en el centro delante de todos.
...3...
Shoto siente un apretón en su mano que llama su atención. Voltea el rostro y se encuentra con Izuku.
....2...
Le sonríe en grande con los ojitos cerrados, incitando a que él también le sonría a la cámara.
....1...
Shoto lo mira. Se relaja notablemente y siente una pequeña curva empujando los bordes de sus labios. Izuku está mirando al frente ahora, hacia la mujer tomando la fotografía, pero Todoroki no hace lo mismo.
No. La fotografía no le interesa. Él está viendo algo que a su parecer es mucho mejor. Su mirada está fija en quien está a su lado. En el bonito pecoso que sostiene su mano con fuerza y no la aparta. Ni siquiera cuando escucha el efímero sonido del flash de la cámara delante de ellos.
"¡Click!"
Y la segunda.
Era que, si aún tuviera seis años, en esa multitud de miles de personas, lo encontraría.
Lo encontraría de nuevo.
Si, quizá fue allí donde todo comenzó
