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All I Ever Wanted

Summary:

Crowley es un ángel.

Literalmente es un ángel con todo y el “Be Not Afraid”, los tres pares de alas y un millón de bocas creadas para cantar alabanzas y no canciones de Queen.

Es un ángel y no debería estar pagando por sexo… hasta que bueno, lo hace.

Notes:

Bienvenido a las risas y prepárate para el enorme texto JAJAJAJA

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Like a Virgin

Chapter Text

“Escuché que a mamá le encantó tu trabajo como niñera, Crawly.

 

“Vete a la mierda.”

 

Crowley ni siquiera se molestó en mirar al imbécil de Gabriel o colocar un adecuado tono de molestia en su voz.

 

El apuesto pelirrojo estaba tan hastiado de las constantes bromas que hacían los demás arcángeles sobre su última asignación que ya ni siquiera tenía la energía para molestarse. Se trataba de una vieja broma, tan vieja que Crowley apenas y recordaba los dos o tres años que cuidó de la salud del niño Warlock. Pero vamos, para los estúpidos arcángeles que no tienen ni un poco de imaginación o creatividad (como el fucking Gabriel) simplemente era graciosísimo que uno de ellos se rebajara al trabajo de un simple ángel guardián.

 

Crowley no podía decirlo en voz alta, pero estaba seguro que ese trabajo fue en realidad una disculpa de la jefa por apostar con el destino de los humanos. A la Gran Señora probablemente se le pasaron los tragos, barajeó unas cuantas estrellas, tiró los dados y terminó con dos niños siendo intercambiados en un antiguo convento satánico. Mandar a Crowley como médico personal del más débil de ellos debía de ser su forma retorcida y extraña de decir: “Lo siento humanitos, pero hey! ¡No más margaritas rosas para mami!

 

Gabriel apretó los puños al darse cuenta de que Crowley ni siquiera le estaba prestando atención. Luego se relajó porque la ira no es algo que sienten los buenos arcángeles y optó por caminar alrededor de su hermano de la manera más ruidosa posible. Si de casualidad lograba ver de que trataba la nueva asignación de Crowley mientras pasaba, bueno, eso ya estaba en las manos de Dios.

 

Por supuesto Crowley inmediatamente notó la tonta estrategia de Gabriel, así que rodó los ojos detrás de sus prácticas gafas Ray-Ban, bajó los documentos y mejor se dedicó a mirar las imágenes de artefactos antiguos que venían junto al montón de hojas oficio sin márgenes en arial número 10.

 

Desde que el cielo comenzó a usar la tecnología a su favor, hacer los informes se volvió una nueva clase de tortura para Crowley. El papeleo era ridículo, interminable y peor aún, todo se sube a una infinita base de datos que es tan aburrida e innecesaria como Michael.

 

“Seré un buen hermano y te ofreceré mi ayuda. Debe muy difícil para ti trabajar en algo que no implique tener que arrodillarte para conseguir lo que quieres.” Sonrió Gabriel con sus ojos violetas llenos de asquerosa malicia.

 

Crowley milagró un cigarrillo Rothmans como respuesta.

 

Sin embargo, el arcángel pelirrojo ni siquiera lo probó. Crowley dejó el desagradable hábito de fumar en el siglo XIX, cuando los humanos comenzaron a agregarle al buen tabaco toda clase de venenos y cancerígenos para su comercio en elegantes cajas de cartón. Al inicio creyó que todo era obra del infierno, ya que de un día para otro se dispararon las tazas de abortos, malformaciones fetales, adicciones, muerte, cáncer y EPOC. Pero la verdad es que el humano siempre ha sido demasiado bueno destruyéndose a sí mismo y no quería darle todo el crédito a los anticuados y estúpidos agentes del infierno.

 

Crowley giró muy lentamente el delgado cigarrillo encendido entre sus largos dedos de pianista antes de dejarlo sobre el conveniente cenicero dorado, rezando para que el espeso humo hiciera que Gabriel se fuera a la mierda o al cielo.

 

“¿Profanando el cuerpo bendito?”, se burló Gabriel con una clara mueca de asco.

 

Pensándolo mejor, sí que necesitaba una calada.

 

Crowley se acomodó como solo un rey podría hacerlo en su magnífico trono dorado con asiento de terciopelo rojo y le dio una profunda calada a su cigarrillo. Cerrando los ojos ante el inesperado placer de la caliente nicotina inundando su cerebro.

 

Exhaló el espeso humo usando un pequeño milagro para que todo llegara a Gabriel y continuó fumando en silencio.

 

Aunque sabía que estaba siendo infantil y que fumar es un horrible habito, Crowley estaba disfrutando demasiado del delicioso ardor que sentía en sus pulmones mientras saboreaba la sensual madera ahumada y el ardiente tabaco. Exhaló grandes bolas de humo blanco y sonrió con nostalgia al recordar cuando todos usaban elegantes pipas de aromática madera. Sin embargo, era una lástima que ni siquiera el cigarro pudiera calentar su cuerpo.

 

Mientras tanto, el sonriente rostro de Gabriel se transformó en una mueca de puro desprecio.

 

Gabriel no comprendía como es que Raphael seguía siendo un arcángel. Ya ni siquiera eso, ¿Cómo es que seguía trabajando para el cielo? El maldito pelirrojo era grosero, testarudo, odiaba las oficinas de arriba y disfrutaba demasiado de los placeres humanos. Esta no era la primera vez que lo veía profanando el cuerpo bendito que Dios les ha dado. Tampoco era la primera vez que se comportaba tan abiertamente rebelde ante las ordenes de Cielo. Incluso habia escuchado que Mamá Dios siempre mandaba a Metratón para hablar con Crowley porque ya estaba cansada de sus constantes preguntas sin sentido.

 

¡A demás se burlaba de su propio nombre! Desde que dejó las estrellas para vigilar a los humanos, lo vió cambiar su nombre sagrado por cosas horribles dignas del mismísimo demonio.

 

Gabriel rechinó los dientes cuando una nueva bola de humo golpeó contra su cara y Crowley negó con la cabeza al darse cuenta de que Gabriel ni siquiera hacia el esfuerzo de respirar o fingir que respiraba.

 

“Si, la encantadora niñera de Warlock.” Continuó Gabriel llevando sus manos detrás de la espalda. “¿Extrañas arrodillarte para el presidente?”

 

Crowley ladró de risa mientras el blanco humo se le escapaba por las fosas nasales, haciéndolo parecer algún tipo de dragón rojo.

 

“Gabriel, si estas tan interesado en arrodillarte ve y arrodíllate para Metratón. Aunque estoy seguro que no servirá de nada, ya que nunca volverán a darte un trabajo de campo después del trauma que le diste a la pobre María. La humanidad sigue sufriendo por tus errores, hermano.”

 

Gabriel parpadeó completamente ofendido y Crowley se levantó de su trono con un ágil brinco. Debía salir antes de que el otro arcángel intentara pensar en algo “ingenioso” para defenderse. Apagó su cigarro en el cenicero, se acomodó la corbata dorada y caminó hacia la salida del cuarto.

 

“Bueno ya estoy cansado de escucharte, sino tienes nada importante que decir nos vemos.”

 

Escuchó a Gabriel hacer algún tipo de sonido no humano y Crowley se encogió de hombros ¿Quién sabe? Igual y se estaba ahogando con su propio veneno y a Crowley no podía importarle menos.

 

“¿¡Qué!? Debes quedarte, ¡no puedes irte!”, gritó Gabriel en medio del solitario pasillo.

 

“¿Ah no?, mírame.” Contestó Crowley con una enorme sonrisa burlona antes de trotar escaleras abajo. “Solo sigo ordenes de la jefa.”

 

“Joder Raphael, ¿¡No puedes tomarte nada en serio!?”

 

Crowley decidió hacer un pequeño milagro para salir directamente al vestíbulo.

 

“¡Oh! ¡Crowley, querido! ¿Quieres unirte a—?”

 

El arcángel alzó una larga mano de pianista y sonrió débilmente a la extraña mujer que no recordaba pero que lo miraba con grandes ojos soñadores.

 

“Ahora no.”

 

La mujer ni siquiera parpadeo ante su rudeza, conociendo de antemano que el apuesto pelirrojo era bastante frio, casi grosero, con cualquiera. Si no fuera porque era arrolladoramente apuesto y rico, Anna hubiera resoplado con molestia.

 

Crowley pasó una larga mano por sus siempre impecables rizos rojos y caminó hacia el estacionamiento.

 

Gabriel era un puto dolor en el culo y aunque Crowley estaba agradecido de que casi nunca lo veía; escuchar al maldito arcángel respirar detrás de su cuello era suficiente para que explotara con ira. Constantemente debía de recordarse que Gabriel era simplemente un imbécil demasiado pomposo y con un patético complejo de superioridad. En el mejor de los casos Crowley sentía un poco de lástima por su hermano. En el peor de los casos tenía que contar hasta cien para no romperle la cara al maldito imbécil.

 

Señor dame fuerza…

 

Sabiendo que necesitaba un poco de aire fresco para aclarar su mente, Crowley buscó el auto que le dieron para completar su fachada de empresario.

 

“Necesito una distracción.”

 

“¡Raphael!”, gritó Gabriel a la distancia.

 

Crowley abrió la puerta del elegante Bentley negro y saltó dentro del asiento del conductor.

 

“¿Qué demonios crees que estás haciendo?”, preguntó Gabriel mientras golpeaba la ventana del pobre auto.

 

Crowley se encogió de hombros y sonrió:

 

“¿No lo ves? Me voy”

 

Gabriel entrecerró los ojos y sonrió con todos los dientes antes de apuntar a la entrada del gran hotel.

 

“En caso de que lo hayas olvidado Crawly, estás trabajando.”

 

Crowley le devolvió la sonrisa, aunque su ceño estaba fruncido.

 

“Lo sé. Pero ya que estas tan interesado en mi trabajo decidí dejarte que lo experimentes por cuenta propia. Eres un arcángel después de todo ¿no? estoy seguro que no me necesitas para encantar algunos humanos.”, contestó de manera inocente. Y sin esperar ni un segundo más a que Gabriel dijera alguna idiotez, encendió el auto y lo hecho a andar.

 

Gabriel golpeó rudamente el techo del pobre auto y ladró:

 

“Tú maldita serpiente—”, pero lo que sea que estaba a punto de decir se perdió en el viento cuando Crowley pisó el acelerador y lo empujó fuera del camino.

 

“¡Ciao!”

 

 

oOooOo

 

 

Por muy extraño que esto parezca, en Soho existe una elegante esquina que siempre está mortalmente silenciosa. En esa esquina hay una antigua librería (es tan antigua que en Reddit se han escrito numerosas teorías conspirativas sobre ella y sus dueños) y en el segundo piso de esa librería, más específicamente en una enorme y desordenada cama, anidaba un demonio.

 

El elegante Aziraphale vestido con su oscuro traje cortesano del siglo XVIII, llevaba a cabo su cuidadosa rutina de odiar a toda la humanidad los días lunes. Debían de ser los lunes porque los jueves es de sushi y los viernes los dedicaba específicamente a su manicura. Pero como les decía, hoy era un día de trabajo y como tal Aziraphale se rodeaba de todos los implementos necesarios para llevar a cabo los malvados y terribles planes del infierno.

 

Esta vez el pequeño demonio se decidió a romper un poco la rutina y leer acostado en su cama. Así que acomodó una enorme montaña de mantas calientitas, preparó muchas tazas con delicadas infusiones y sacó las cartas que escribió el Marqués de Sade durante su encarcelamiento en Vincennes. Nadie sabe si son las cartas originales y probablemente nunca nadie lo sabrá. Aziraphale, como el mejor agente del infierno en la Tierra, practicaba con gran gusto el egoísmo cuando de sus colecciones se trataba.

 

El gordito demonio suspiró placenteramente y trató de enfocarse en la elegante letra cursiva.

 

Que el querido Marqués Donatien fuera francés solo aumentaba un poco más la complejidad de enfocarse en la lectura.

 

En el transcurso de los sesenta y cinco días que he pasado aquí, solo he respirado aire puro y fresco en cinco ocasiones. [...] El hombre que me trae la comida me hace compañía unos diez o doce minutos al día. El resto del tiempo lo paso en la más absoluta de las soledades, llorando. [...] Así es mi vida.

 

Aziraphale bebió de una infusión hecha con frutos rojos y se preparó para tener largos debates filosóficos consigo mismo.

 

El querido Donatien tenía buen lugar en los pozos de azufre del infierno, sin embargo no era el peor de todos sus contemporáneos. El mandato de Luis XV fue una época asquerosa, llena de olores y con la clase de aristócratas que sirven de comida para los monstruos que habitan el infierno.

 

SI tan solo el Marqués no hubiera usado uno de los muchos debates que compartieron estando borrachos para escribir el “Diálogo entre un sacerdote y un moribundo”, Aziraphale hubiera abogado un poco por el divertido hombre.

 

Aziraphale frunció su respingada nariz y agitó la cabeza con desprecio. No le gustaba pensar mucho en esa época, específicamente sobre la Revolución Francesa. Aziraphale era probablemente el demonio con la peor suerte del infierno, ya que cada vez que surge algún conflicto humano siempre termina descorporado. El problema no es morir, el problema es hacer todo el papeleo. Y el rubio odiaba desperdiciar su valioso tiempo haciendo aburridos informes cuando podría estar haciendo cosas verdaderamente importantes como hacer el inventario, revisar sus colecciones, conocer nuevos restaurantes o robar más libros.

 

¿En que estaba? ¡Ah! Si.

 

¡Las cartas del viejo marqués! Aziraphale se levantó de la cama y dejó las amarillentas cartas en una de las cajitas de rapé más grandes de su tocador.

 

Se estiró un poco y buscó en el piso algo acorde con las perversiones del Marqués. Tal vez hoy era una excelente tarde para enfurruñarse, comer eclairs y leer algo un poco más relajante.

 

Sin embargo, los fuertes gritos que provenían de la calle hicieron que el demonio caminara lentamente hasta la ventana para ver quien osaba interrumpir su lunes de trabajo.

 

Abrió la vieja ventana y asomó su felpuda cabeza cubierta por una enorme manta negra de peluche suavecito. Esta era su manta favorita para los días de trabajo ya que al ser negra no se notaban las manchas de té y además era perfecta para esconderse en una esquina cuando no estaba de humor para ver el sol.

 

Apretó un poco más la negra manta a la altura de su cuello y miró al horrible hombre que seguía amenazando a unas jovencitas.

 

Aziraphale se mordió el labio y rodó los ojos ante los bobos insultos que ya se sabía de memoria.

 

“¡LA GENTE NORMAL EST—!”

 

Aziraphale tomó una de las horribles tazas de té que le regalaron sus vecinos y pensó en tirársela al molesto simio. Sin embargo, aunque las tazas eran de horrible calidad y gusto, Aziraphale odiaba que su calle estuviera sucia así que se detuvo a medio camino.

 

Tampoco podía hacer que lo atropellaran por mucho que quisiera. Si pasaba un accidente frente a su tienda, eso atraería la atención de reporteros y demás gente y Aziraphale amaba que su esquina fuera silenciosa, así podía leer y comer tranquilamente.

 

“Huh”, dijo mientras pensaba en algo adecuado. “Oh bien…”

 

El anticuado demonio sacó su manita fuera de la tienda, milagró una piedra y la lanzó contra la cabeza hueca del horrible hombre.

 

“Ama a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más importante que éstos. Marcos 12:31.”

 

“¿¡QUÉ MIERDA!?”, gritó el humano al mismo tiempo que las chicas alzaban la vista para mirar a Aziraphale.

 

“Bien, por las ridiculeces que estabas gritando frente a mi librería pensé que al menos tendrías alguna idea de todo lo que balbuceas. Tal vez no has escuchado sobre Marcos y digo escuchar, porque dudo que un ignorante como tú haya aprendido a leer, así que permíteme citar un versículo de Mateo.” Aziraphale se aclaró la garganta y continuó: “Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas ¿o tal vez prefieres algo de Juan? Bah! que digo, mejor vayamos a una de las grandes enseñanzas de Jesús, el hombre murió por su amor a la humanidad.”

 

“¿¡De que mierda hablas!?”

 

“Entonces tenemos en claro que solo te escudas detrás de una religión que ni siquiera conoces. Estás convencido de que las damas irán al infierno y ni siquiera eres capaz de identificar tus propios errores. Eres un infeliz ignorante, prepotente y asqueroso que solo puede agredir a aquellos que aún no alzan la voz. Me repugnas y odio las cosas repugnantes, así que vete de mi calle. Hasta luego señor y que tenga una muy larga vida llena de dolor e infortunios.”

 

Aziraphale sorbió delicadamente de su earl grey y observó en silencio al hombre que se habia ganado una cruel maldición de por vida.

 

“No se preocupen queridas, parece que con algunos la evolución fue en reversa. Se ven maravillosas, les prometo que sus padres las adorarán tanto como yo.”

 

“¿Cómo sabe que—?”

 

“Ah, porque soy el diablo.” Sonrió Aziraphale de esa manera dulce y tranquilizadora que tanto encantaba a los humanos. “¿Gustan una taza de té antes de su reunión?”

 

Las jóvenes se miraron entre si y negaron con pequeñas sonrisas temblorosas.

 

“¿D- de verdad cree que todo s-saldrá bien?”

 

“Por supuesto que sí. Para celebrar vayan por una copa de vino al Jamaica Wine House, por cada copa que tomen será una bendición más de mi parte.”

 

Las jóvenes rieron sintiéndose un poco más relajadas.

 

“Cree que… ¿nos vemos bien? El señor dijo…”; comenzó la segunda, jalando de manera nerviosa la tela de su ombliguera.

 

“Olviden a ese sujeto, háganme caso a mí. Soy un experto en moda.”

 

Bueno tal vez no en moda actual, pero Aziraphale era el mejor mentiroso del mundo, así que las chicas inmediatamente le creyeron. El demonio bajó una gran canasta llena de galletas a través de la ventana y compartió algunas bromas más con las jóvenes, despidiéndose unos minutos después de quedar algún día para tomar el té.

 

Mientras Aziraphale se encargaba de subir de nuevo su canasta tirando del largo estambre rojo, escuchó a sus vecinos llamarlo al otro lado de la calle.

 

“¡Señor Fell! ¿vendrá a la reunión de esta noche? Le hemos reservado un lugar en la mesa.”

 

Aziraphale entrecerró los ojos y contestó:

 

“No gracias. Pero espero que su velada sea horrible.”

 

Sus vecinos rieron, Aziraphale rodó los ojos. No entendía porque la gente se empeñaba en ser tan amable con un demonio. Deben de ser las señales de los teléfonos, probablemente están quemando sus neuronas.

 

“Qué lástima Señor Fell, tenía muchas ganas de presentarle a mi prima.”

 

“No quiero.”

 

La mujer se rió y su esposo negó con la cabeza, como si estuvieran tratando con un viejo amigo.

 

“Pero ¿nos vemos mañana en el club?”

 

Aziraphale jadeó indignado y se llevó una mano al pecho.

 

“¡Por supuesto que sí! Didi necesita que alguien le recomiende un buen cosmetólogo y la maestra dijo que haríamos panquecitos de queso.”

 

“¿Y al ajedrez?”, preguntó John con una discreta sonrisa juguetona.

 

“Ya veo que le gusta que lo humille.” Sonrió el rubio abrazando su enorme canasta contra su pecho. “Iré.”

 

“¿Jueves?”

 

“Antes de las cinco.” Acordó Aziraphale porque los jueves son exclusivos de sushi.

 

“Hecho. ¡Nos vemos mañana señor Fell!”

 

Aziraphale se despidió, pero esperó a que sus vecinos desaparecieran dentro de la colorida Floristería mientras se mordía los labios.

 

Ver al matrimonio Brown coexistir tan armoniosamente al otro lado de la calle siempre lo llenaba de una vaga envidia. No es que estuviera avergonzado de eso, porque de hecho el infierno siempre ha fomentado que sus trabajadores experimenten ese tipo de emociones al menos una vez a la semana.

 

Lo que en realidad le preocupaba a Aziraphale es comenzar a anhelar el tipo de relación que comparten sus vecinos. La vida le ha enseñado que encariñarse con los mortales era uno de los peores errores que podía cometer como demonio, ya que los lazos emocionales solo causan dolor y sufrimiento. Y Aziraphale estaba en la Tierra para disfrutar de lo que puede ofrecer la humanidad, no para llorar.

 

Se movió alrededor de su desorganizada habitación y se sentó frente al tocador.

 

Desde el incidente con Oscar Wilde, Aziraphale no tenía a nadie que pudiera considerar un… ejem, amigo íntimo. Claro, habia explorado un poco en clubs para hombres discretos y por lo que habia visto, escuchado y leído, hacer el amor era una de las mejores experiencias que pueden tener los humanos. Aziraphale moría por intentarlo ya que nada puede ser mejor que los postres ¿cierto? Pero Oscar eligió a otro hombre y Aziraphale por fin comprendió que los demonios no estaban privados de amar. Pero su castigo debía de ser mucho más cruel, ya que nadie jamás podría amarlos.

 

Los libros le ensañaron que el sexo sin amor no era mágico, pero ha llegado el siglo veintiuno y Aziraphale seguía siendo vergonzosamente… virgen.

 

Dejó la bonita canasta sobre el tocador y dobló cuidadosamente su calientita manta mientras se miraba al espejo. Los demonios son muchas cosas; malvados, embusteros, flojos ¡pero nunca vírgenes! Incluso Ligur y Hastur son bastante experimentados en el tema.

 

¿Pero que esperaban? ¿Que Aziraphale eligiera al primer humano en su camino y lo invitara a su cama para copular? ¡Por amor a Satán! Él tiene muy, muy altos estándares.

 

Aziraphale frunció su respingada naricita con desagrado. No quería tocar a un desconocido, ni tampoco quería ser tocado por alguien que no sabe la diferencia entre eficacia y eficiencia o ¡que ni siquiera sabe cómo preparar correctamente su té!

 

Por supuesto, el rubio tampoco quería darle valor a algo tan burdo como es la virginidad. No es como si se estuviera guardando para el hombre perfecto o para el matrimonio, ¡Esas son cosas de ángeles bobos e incivilizados!, no de demonios letrados y traviesos como Aziraphale.

 

Una vez que se desvistió y guardó su antiguo traje en una cajita con holanes negros, el quisquilloso demonio buscó algo apropiado para la noche. No quería alejarse de su zona de confort pero tampoco quería llevar uno de sus elegantes trajes por miedo a que se arruinaran. Revisó entre el montón de ropa que compró y nunca usó porque ciertamente no era su estilo; hasta que encontró unos pegados pantalones de cuero negro que consiguió en los ochentas, justo después de que Freddie Mercury revolucionara a la humanidad con un par de mallas de colores y ropa de mujer.

 

¿Realmente iba a tener relaciones sexuales con un extraño al azar?, se preguntó mientras miraba su trasero en el espejo. Era la primera vez que usaba algo tan escandaloso, pero debía admitir que el cuero alagaba de manera fabulosa todas sus curvas naturales. Sacó una camisa negra que era un poco transparente pero lo escandaloso de la misma se compensaba con la maravillosa calidad de la tela que se deshacía entre sus dedos.

 

Está bien, buscaría a alguien agradable y educado. Lo invitaría por una copa de vino y si podía mantener una conversación decente, lo acompañaría a su casa o departamento. Si no era lo suficientemente amable o su técnica no era la adecuada, podía desaparecer en cualquier momento ¿cierto? En realidad no estaba corriendo ningún peligro. Aunque pensándolo bien, estadísticamente la gente educada y amable tiene más probabilidades de ser un asesino en serie y Aziraphale no está de humor para solicitar un cuerpo nuevo.

 

El pequeño rubio agitó la cabeza tratando de deshacerse de los lúgubres pensamientos. Nada lo iba a detener ¡Ya habia tomado una decisión! Se colocó unas medias de tartán y las negras botas gogo que compró en 1975. Al mirarse al espejo se asombró por lo diferente que lucía con su nuevo atuendo. El rubio que le devolvía una tímida sonrisa al otro lado del espejo se parecía más al tipo de jóvenes caprichosos y coquetos que se robaron a Oscar Wilde que a sí mismo.

 

Solo que él era Aziraphale, y sin importar lo bien que lucía en su disfraz, seguía siendo el mismo demonio lento y anticuado que prefiere pasar la noche leyendo poemas con una buena taza de chocolate caliente en el regazo que coqueteando en clubs nocturnos.

 

El demonio se miró fijamente por varios minutos antes de suspirar. Era algo de una noche, el hombre con el que se iba a costar no tenía que quererlo románticamente, solo necesitaba darle una agradable experiencia sexual. El amor definitivamente no es cosa de demonios.

 

Desempolvó una de sus queridas pelucas italianas del siglo XVIII y se la colocó cuidadosamente, ocultando a la perfección sus brillantes rizos blancos. Si iba a salir con ropa tan escandalosa, al menos debía evitar que lo reconocieran. Completó el look con una acogedora boina de tartán, inhaló profundamente tratando de llenarse de valor y usó un rápido milagro para aparecer en el callejón abandonado a un lado de su librería.

 

Lo mejor de vivir en Soho es que no necesitaba caminar tan lejos de su amada librería para encontrar lo que estaba buscando.

 

Aziraphale paseó tranquilamente por las ruidosas calles de su hogar. Miró con enormes sonrisas emocionadas los brillantes y escandalosos carteles con luces de color neón que anunciaban sin vergüenza al mundo: ¨Peep Show, Good Boys Show, Red Light Secrets, SOHO Bar, Live Sex, SEX SEX SEX!!!.¨

 

La gente era bulliciosa y los oscuros bares ofrecían alegres shows que hacían estallar en carcajadas a sus visitantes borrachos. Aziraphale compró gelato y se divirtió tratando de escuchar las picaras conversaciones que se daban en toda clase de idiomas. Entró a varias sex shops y salió con el rostro ardiendo después de ver la ropa y los juguetes que usaban los humanos para dar y compartir su placer. Si los dedos le picaban por robarse una de esas cosas vibradoras de colores, definitivamente lo ignoró.

 

Sin saber como lo logró, pronto estuvo recorriendo los bares junto a un grupo de bulliciosos amigos que parecían competir entre ellos para ver quien tomaba por más tiempo la mano de Aziraphale. El encantador demonio aprovechó la situación y probó todo tipo de bebidas exóticas que sus nuevos amigos estaban ansiosos por compartir.

 

En un pub que se llamaba ¨MOULIN Rouge¨, que definitivamente no tenía nada que ver con el original, Aziraphale jugó con un pandero rojo mientras otro hombre con el vestido dorado más precioso que Aziraphale habia visto nunca, cantaba viejas canciones de Elton John. La gente grababa con sus celulares, reían y gritaban los pegajosos coros del glam rock.

 

Cuando varias jóvenes desnudas del ombligo hacia arriba salieron al escenario y se contorsionaron en posiciones que Aziraphale creía imposibles. Uno de los chicos con los que estaba lo abrazó cálidamente mientras le susurraba algunas palabras en francés que el demonio ni siquiera se molestó en comprender.

 

Aziraphale solo le dio unas suaves palmaditas en la mejilla al jovencito, entregó el pandero y salió del pub para continuar con su camino.

 

Una vez más estando en las calles tomó asiento junto a los trabajadores sexuales y compartió pequeñas anécdotas de cuando tuvo que disfrazarse como trabajadora sexual durante la época victoriana con el fin de atrapar a Jack el Destripador. También contó cosas un poco más alegres y divertidas de cuando fue forzado a ser la concubina del emperador de Corea del Sur. Por supuesto modificó todas sus experiencias para que concordaran con el tiempo que estaban viviendo, pero eso no impidió que formara lazos bastante significativos con todos sus nuevos amigos.

 

Decir que los bendijo era bastante burdo, porque los demonios no bendicen personas. Más bien maldicen, crean plagas y engañan a los humanos. Pero ayudar a los trabajadores sexuales es un trabajo que Aziraphale siempre se tomaba mortalmente en serio, después de todo ¡ellos son los favoritos del infierno! ¿sexo antes del matrimonio? ¡Uy no, vetado, vetado! ¡Los niños buenos tampoco se tocan ahí abajo! ¡Y nunca desperdician su semilla porque eso sería aborto! Aziraphale tenía que compensar a todos los humanos que lo ayudaban a propagar la lujuria y el deseo. Si en el camino se encontraban con sus familias, buenos trabajos o en general una vida mejor… bueno, por algo se llamaban ¨bendiciones demoniacas¨, ¿cierto?

 

“Y nunca te subas a un auto sin placas”, le recomendó Pinky Pinky, apretándole cariñosamente el muslo para hacer un punto.

 

“Gracias a Dios por las monjas que nos dejan condones y jeringas, sus almas se irán al cielo.” Comentó John mientras encendía su porro.

 

“Al menos ya no es tan peligroso como antes, lo que necesito es un sugar daddy que me saque de la calle.” Rió la dulce Choco después de golpear el brazo de Aziraphale.

 

“No se preocupen mis queridos, la vida será mejor. Se los prometo.” Prometió Aziraphale mirando a todos y cada uno a los ojos.

 

No estaba aquí para salvar al mundo ya que eso era definitivamente imposible, pero al menos podía llevar un poco de felicidad a algunos y al mismo tiempo seguir aprendiendo de todos los humanos. Los demonios no crecen, pero Aziraphale era un demonio bastante extraño y con los siglos se ha vuelto cada vez más sabio, incluso, un poco más humano.

 

“Bueno, les deseo una excelente noche a todos. Es hora de que siga con la pesca así como Jesús pescó a sus seguidores.” Sonrió Aziraphale sacudiendo su ropa por costumbre antes de levantarse de la precaria silla plegable.

 

Sus amigos bufaron ante el bobo comentario antes de mirarlo luciendo bastante preocupados.

 

“Mucho cuidado Demonio, recuerda, sin placas no hay sexo.”

 

“¿Llevas condones?”

 

“Primero el dinero, no lo olvides.”

 

“¿Estás seguro que no quieres quedarte aquí? Nosotros trabajamos en esta esquina, de aquí a Star Life.” Dijo Aran mientras señalaba el bullicioso hotel. “Entre nosotros nos cuidamos, dulce.”

 

“No se preocupen por mí, mis queridos. Si me fastidia lo apuñalaré en la carótida.” Contestó Aziraphale, siendo mortalmente serio.

 

Todos rieron.

 

“Ten, toma. Tengo más.” Ofreció Pinky Pinky, dándole una larga tira de condones de colores. “En la envoltura está el sabor y estos dorados son para los que se ponen un poco más bestias, con estos bebés es imposible que pase algo.”

 

Aziraphale los tomó y agradeció después de guardarlos dentro de su bota.

 

“¡Hasta luego, nos volveremos a encontrar! ¡Es una amenaza!”, prometió y siguió con su camino.

 

Una hora después de haber caminado demasiado y divertirse como no lo habia hecho en mucho tiempo, Aziraphale ya había olvidado porqué estaba paseando en el Distrito Rojo. Estaba a punto de entrar a un simpático café y pedir algún postre cuando un Bentley negro clásico del 1930 pasó a su lado a una velocidad tan impresionante que parecía que se lo estaba llevando el diablo. Lo cual era una mentira ya que los demonios nunca han sido rápidos. De hecho, los demonios son tan lentos y anticuados que Aziraphale no era el único que creía que el tartán era elegante. Hastur también usaba una deshilachada bufanda de tartán rojo que Aziraphale le regaló después de que se inventara la Navidad.

 

El rubio negó con la cabeza para despejar sus pensamientos y siguió con la mirada al hermoso auto que se detuvo justo a unos metros delante de él.

 

Aziraphale tenía muchísima curiosidad.

 

La verdad es que Aziraphale odiaba los autos y muy raramente se subía a uno. Sin embargo, era un gran conocedor de reliquias y antigüedades. Y el automóvil que estaba frente a él era una cosa que no pertenecía a las sórdidas calles de Soho. Era demasiado elegante, demasiado caro. Con solo mirarlo podías saber que no cualquier humano puede permitirse el lujo de arreglar y mantener un auto de esa calidad.

 

Probablemente estaba perdido.

 

¡Maravilloso, la travesura de la noche!

 

El demonio pasó sus delicados dedos por su impecable ropa, como si necesitara desarrugarla. Y caminó hasta el hermoso Bentley, listo para dar las indicaciones incorrectas a su presa de la noche.

 

 

oOooOo

 

 

Crowley no sabía hacia a dónde se dirigía una vez que salió del lujoso hotel, simplemente se dedicó a disfrutar de lo complaciente que era el motor con la trepidante velocidad. Una vez que se sintió lo suficientemente relajado, se dio cuenta de que ya habia oscurecido. Como el hábil conductor que era, inmediatamente buscó las señales que lo llevarían de regreso a la ciudad. Sin embargo entre más pasaba el tiempo, más se adentraba en las sórdidas calles de Soho.

 

Era obvio que no regresaría al Ritz sin un poco de ayuda. Así que se detuvo rápidamente para buscar su celular; resoplando con molestia al recordar que no lo había guardado en su prisa por alejarse del imbécil de Gabriel.

 

El pelirrojo se talló los ojos detrás de su gafas y pensó en sus opciones.

 

Podía usar un milagro para traer su celular o para encontrar el camino de regreso. Sin embargo, Crowley odiaba usar milagros para cosas tan banales. El Cielo era tan ridículo con sus controles que prefería hacer las cosas a la manera humana para permanecer fuera del radar. Definitivamente no quería que en sus registros apareciera: ¨gastó un milagro para salir del Distrito Rojo de Londres.¨

 

La mejor opción es que intentara pedir indicaciones.

 

Justo en el momento en que puso el freno de mano; escuchó a alguien aclararse la garganta al otro lado del Bentley.

 

Crowley se dio la vuelta y alzó una perfilada ceja roja al notar a un extraño humano sonriente.

 

El arcángel inmediatamente agradeció a Dios en silencio por sus enormes gafas negras.

 

Aquella joven criatura parecía ser sacada del más romántico sueño de un artista. Sus redondos ojos azules hechos de cielo infinito resplandecían con una juguetona perversión que hizo que Crowley pasara saliva. El chico se sentía como un recuerdo, como un anhelo, como una delicada canción que se tocaba antes de perderse en la locura.

 

Crowley no le conocía y ya le extrañaba.

 

El chico entrecerró los ojos y se inclinó un poco más para encontrarse con su mirada. El arcángel apretó el volante con dureza para no pensar en lo mucho que quería tocar los coquetos rizos rosados que saltaban en direcciones casi inhumanas.

 

Era bastante simple. Dios había creado un humano que parecía tan dulce como el caramelo pero que al mismo tiempo lucia como el más delicado desastre. Este rubio podía ser la misma imagen del pecado y Crowley no estaba exento de caer en él.

 

El chico alzó una pequeña mano blanca y le indicó con un imperioso movimiento que bajara la ventana. Crowley no tenía ninguna razón para negarse, así que se estiró para seguir las órdenes del chico hasta que notó la escandalosa forma en la que estaba vestido.

 

El rubio llevaba una larga camisa negra que apenas y ocultaba lo pequeños y redondos que eran sus pezones rosados. Desde su asiento podía ver la suave barriguita del chico, su coqueto ombligo y… Crowley apartó rápidamente la mirada. Sin embargo, era obvio que el joven sabía muy bien lo que estaba haciendo y ahora le sonreía de una manera que casi podría describir como salvaje si no estuviera impregnada de descarada dulzura.

 

Crowley no necesitaba más información para saber que esta seductora belleza era un scort de Soho.

 

El rubio le volvió a ordenar que bajara la ventana y Crowley negó con la cabeza para indicarle que no estaba interesado en la aventura de una noche. Pero el joven frunció los labios de una manera tan tierna que el arcángel se encontró sinceramente indefenso ante sus encantos.

 

El Bentley no era un carro moderno, así que no habia manera de que Crowley bajara la ventana desde su asiento. Sin embargo, el Bentley estaba bastante orgulloso de saber exactamente qué es lo que quería su dueño, así que rápidamente siguió las órdenes del demonio.

 

Crowley abrió la boca terriblemente indignado. Pero tal vez era mucho mejor aprovechar la oportunidad y decirle al chico vocalmente que NO estaba interesado en contratar una prostituta.

 

“Oh, ¡Hola! Si necesitas…”; comenzó el chico con una voz tan suave que se confundía con las cálidas pero seductoras vibraciones de una guitarra española.

 

“Mira, lo siento. Si buscas la inversión de una noche estás con el sujeto equivocado. No estoy interesado en este tipo de cosas.” Interrumpió Crowley tratando de ser amable, pero sin dejar cabida a la discusión.

 

El rubio jadeó como si el arcángel hubiera dicho algo terriblemente indecoroso y los ojos que despertaron tantas pasiones en Crowley inmediatamente se volvieron tormentosos. El arcángel volvió a apretar el volante para recordarse que no necesitaba ser agradable con los humanos. Aun si esos humanos parecían ser la encarnación de todo lo que volvía loco a Crowley.

 

Aziraphale se mordió el labio y suspiró fingiéndose derrotado.

 

“Yo… yo solo intento ayudarte.” Mintió el demonio.

 

“Mira…”; Crowley se giró instintivamente para decirle al chico que podía sentir a millones de kilómetros que estaba mintiendo. Pero la imagen de preciosos ojos llorosos, mejillas sonrojadas y pucheros molestos lo hicieron detenerse. Joder, sabía que el chico mentía, pero todo en él parecía haber sido creado para engañar incluso a los más santos.

 

El arcángel suspiró:

 

“Estoy perdido. Necesito llegar al Ritz antes del amanecer, si fueras tan amable de…”

 

“¿Darte indicaciones? ¡Si, yo puedo hacerlo!”, brilló el joven como si de pronto pudiera simplemente explotar de pura emoción. Crowley no pudo evitar sonreír levemente. “Nadie conoce Soho mejor que yo.”

 

Crowley resopló pero encendió el motor.

 

“Perfecto, entonces ¿Qué camino debo de tomar?”, preguntó el arcángel con renovada seriedad.

 

“Cincuenta libras.”

 

“¿Perdón?”, preguntó Crowley sintiéndose confundido.

 

“Son cincuenta libras por las indicaciones.” Aziraphale metió su delicada manita dentro del auto y movió los dedos de una manera bastante juguetona. “Mis amigos siempre dicen que primero debo de pedir el dinero al hacer negocios.”

 

Crowley miró la pálida e injustamente bonita mano del scort antes de estallar en carcajadas. No podía creer su suerte. No, esto no era suerte, ¡era una jodida broma del universo! Crowley volvió a reír antes de rebuscar en sus bolsillos y darle el dinero al joven.

 

“Sabes, cuando escapé de mi trabajo no tenía idea de que terminaría siendo estafado por un scort de Soho.” Negó el arcángel con una afilada sonrisa.

 

Aziraphale abrió la boca para decirle que por el momento no estaba en esa clase de servicios, ¡pero el humano era tan divertido y complaciente!, que el demonio moría por seguir jugando. Así que después de tomar el dinero y sacar la mano del auto. Abrió la puerta y se sentó recatadamente en el asiento del copiloto, sonriendo descaradamente mientras su presa hacia un extraño sonido.

 

“Ngk, ¿¡qué estás haciendo!?”

 

Aziraphale se tomó su valioso tiempo para abrocharse el cinturón de seguridad antes de contestarle al pelirrojo:

 

“Vamos al Ritz ¿no?”

 

“¿Vamos?”

 

El rubio se encogió de hombros. Siempre estaba de humor para comer en el Ritz, de hecho, ¿el restaurante tenía un horario o siempre estaba abierto? Hoy era una excelente noche para averiguarlo.

 

“Bueno, si insistes querido. Solo llega al semáforo y luego gira hacia la izquierda.” Dijo como única respuesta.

 

Crowley negó con la cabeza pero siguió las indicaciones del adorable humano. No tenía ninguna necesidad de pelear por algo tan simple; el chico quería acompañarlo y a Crowley no le molestaba. De hecho, la voz del joven era tan suave y amigable que el pelirrojo comenzó a sentirse bastante relajado. Tan relajado que incluso la velocidad del Bentley fue aumentando progresivamente hasta que de pronto ya no era muy angelical lo que estaba haciendo.

 

En cambio Aziraphale sí que sentía que se estaba muriendo.

 

El demonio se aferró firmemente a los asientos del lujoso carro mientras miraba frenéticamente en todas direcciones. Su instinto le decía que abriera la puerta y saltara o que noqueara al humano. Se encontraba tan aterrado que no podía ni siquiera gritar por ¨auxilio. ¨

 

Una vez que se detuvieron frente a un semáforo, Aziraphale desabrochó su cinturón y aplastó su cuerpo contra el sorprendido pelirrojo.

 

“¿Qué—?”, comenzó Crowley, pero se detuvo inmediatamente al sentir lo estresado y aterrado que estaba el humano.

 

El arcángel miró el pálido rostro de su chico y sin pensarlo dos veces más, rápidamente lo acomodó contra su pecho, sentándolo fácilmente sobre su regazo. Los autos a su alrededor sonaron el claxon en cuanto la luz cambio a verde, pero Crowley estaba demasiado concentrado acariciando la espalda del tembloroso rubio como para impórtale.

 

“Está bien, está bien, te tengo.” Susurró con cariño.

 

Aziraphale se retorció entre sus brazos lleno de mortificación antes de descubrir su rostro, solo un poquito, para ver al pelirrojo que lo seguía consolando.

 

“Ahí estás.” Lo saludó Crowley con una apuesta sonrisa llena de orgullo y sin poder resistirse más, le dio un pequeño besito a bonita la nariz del rubio.

 

Aziraphale, que nunca habia sido besado tan dulcemente, hizo un ruido que no era exactamente un chillido, sino una exhalación confusa y sin aliento.

 

“¿Ya estás mejor?”

 

Aziraphale bajó los ojos y restregó su cabeza contra el pecho de Crowley. No estaba acostumbrado a que la gente lo tratara con tanto cariño; de alguna manera habia logrado sobrevivir siglos y siglos sin tener demasiado contacto humano. Claro, siempre era él el que consolaba a los enfermos y desgraciados, pero nunca habia sido consolado como si fuera un simple humano. En realidad no sabía qué hacer. De nuevo la incomodidad de la situación y el nudo en su garganta hicieron que el demonio gimoteara estresado.

 

“¿Quieres bajar?”, preguntó Crowley apretándolo aún más firmemente contra su pecho. “¿Quieres regresar?”

 

Aziraphale negó con la cabeza mientras suspiraba aliento caliente contra el pecho del pelirrojo.

 

“Está bien, porque yo tampoco te quiero dejar ir hasta que estés un poco más tranquilo.”

 

Aziraphale resopló con indignación y abrió la boca para morder a Crowley como reprimenda. Pero se detuvo porque no quería verse más caprichoso o ridículo de lo que estaba siendo ahorita.

 

“Yo…”, tartamudeó Aziraphale mientras volvía a alzar la vista, “yo solo…”

 

“Está bien.” Respondió Crowley de manera tranquilizadora. “Veo que no te gustan los autos ¿cierto?”

 

Aziraphale negó suavemente.

 

“Pero el Bentley es una buena chica ¿te gustaría manejarla?”

 

Aziraphale jadeó asombrado y se incorporó levemente para tomar entre sus manos el apuesto rostro del pelirrojo.

 

“¿Me… me dejarías manejarla?”

 

Crowley se encogió de hombros como si no fuera un gran problema.

 

Si aún quieres ser mi guía…”

 

Aziraphale rió sorprendido antes de asentir. “¡Si! ¡No hay nadie que conozca Soho mejor que yo!”

 

Crowley le sonrió y Aziraphale disfrutó la sensación de sentir el rostro de Crowley iluminándose bajo sus manos.

 

“Bien.” Crowley dudó un momento antes de apretar a Aziraphale una vez más contra su pecho antes de soltarlo. “Vamos, vamos. Tenemos que cambiarnos de lugares.”

 

Aziraphale asintió, pero de alguna forma le dolía tener que apartarse del pelirrojo, así que solo le sonrió traviesamente mientras observaba fijamente las gafas negras.

 

Crowley soltó una carcajada y se inclinó para morder la mejilla de Aziraphale.

 

“¡Oye!”, reclamó el demonio con un adorable puchero antes de limpiar la baba del pelirrojo con la tela de su negra camisa.

 

Crowley volvió a reír y le dio suaves palmaditas al lujoso trasero del rubio.

 

“Vamos, cambiemos.”

 

ooOooOoo

 

Aziraphale se abrochó nuevamente el cinturón, giró la llave y acomodó los espejos.

 

“Tiene 4 cilindros y la caja es una H estándar. Es todo un bebé, está belleza se hizo para correr como loco. Los pedales son de autos de carreras, están más juntos. Así es más fácil hacer el cambio de freno a acelerador en situaciones de emergencia, además son más cómodos para los pies pe…”

 

Crowley no terminó de dar su explicación cuando Aziraphale pisó el acelerador hasta el fondo.

 

El arcángel inmediatamente se sujetó de la puerta haciendo un rápido milagro para no ocasionar algún accidente, hasta que Aziraphale frenó de repente. Se escuchó el horrible rechinido de las llantas al quemarse y ambos gritaron cuando Aziraphale perdió por unos segundos el control del volante.

 

El cinturón de seguridad cumplió su función y los dos seres lucharon unos segundos contra la falta de aire. Crowley apenas y tuvo tiempo de apoyarse en el tablero y colocar con agilidad el freno de mano antes de asegurarse de que ningún carro se estrellara contra ellos.

 

“Mierda, joder.” Jadeó con el corazón en la garganta y se giró hacia el rubio. “¿Estás bien? ¿Te duele algo? ¿Estás lastimado?”

 

Aziraphale pasó saliva intentando tranquilizarse para no desmayarse. Las manos le sudaban, sentía un horrible nudo el estómago y todo se veía borroso. Con la sensación de su corazón enloquecido bombeando litros y litros de sangre hasta que sintió que se saldría de su pecho; el demonio alzó la barbilla tratando de lucir lo más insolente posible.

 

Este era el momento. El momento en que este agradable humano enloquecería al conocer su desagradable personalidad y finalmente lo sacaría del auto a golpes. Era obvio, Aziraphale simplemente lo sabía. Así que llenándose de un coraje que no sentía, apretó los dientes para enfrentarse a lo que sea que el hombre tenía preparado para él.

 

Gracias a Dios”; suspiró Crowley antes de inclinarse para acariciar los temblorosos labios de Aziraphale. “Gracias a Dios, gracias a Dios no estas herido. Ven corazón.”

 

Aziraphale negó inmediatamente con la cabeza mientras intentaba tragarse los vergonzosos sollozos.

 

“Estás temblando mi amor, ven.” Pidió Crowley tan suavemente que Aziraphale por fin dejó salir un extraño sonido que era la mezcla de un jadeo aterrado con un chillido indignado.

 

“¿N-no… no estás enojado?”, preguntó Aziraphale ocultando sus ojos del pelirrojo. Con el temor de encontrar disgusto u odio en el agradable rostro del humano.

 

“Joder sí. Estoy muy, muy enojado pero definitivamente no contigo.”

 

Crowley inclinó con cuidado la cabeza de Aziraphale y limpió delicadamente las pequeñas lágrimas del rubio con sus manos.

 

“Estoy enojado conmigo mismo porque fui egoísta y dejé que estuvieras aterrado en este asiento mientras yo manejaba como un maldito loco. Es por eso que nunca me habia comprado un auto de este tipo, es demasiado fácil alejarse del buen camino. Por favor perdóname amor. Ven, yo lo arreglaré. Cualquier cosa que duela, yo la arreglaré.”

 

Aziraphale sonrió entre lágrimas y retorció las manos en su regazo hasta que fue doloroso. Sentía que en cualquier momento podría vomitar si no tomaba un gran respiro, pero cuando intentaba respirar las lágrimas lo volvían ahogar. El demonio ya no sabía que hacer consigo mismo. Crowley volvió a sonreírle como si Aziraphale fuera alguna clase de cachorrito y con mucho cuidado lo acercó nuevamente contra su pecho. El cambio fue tan gradual que el demonio ni siquiera notó lo natural que se sentía estar entre los brazos del otro hombre.

 

Crowley tenía una extraña manera de hacer sentir a Aziraphale como si fuera la joya más valiosa y delicada del mundo, aun cuando ni siquiera se conocían. Sus manos eran largas y pesadas, y tocaban a Aziraphale como si el demonio fuera pequeño, tan pequeño que parecía que podía simplemente esconderlo para siempre entre sus brazos.

 

Esa extraña sensación es lo que hizo que el demonio sintiera demasiada… ¿culpa? Al inició creyó que estaría bien darle al humano una cucharada de su propia medicina, pero ahora que lo había hecho solo quería esconderse durante un siglo en su librería. Aghr, por eso odiaba salir de su casa, siempre que salía se metía en demasiados problemas que lo terminaban lastimando.

 

“Ey, ¿sabes de que me di cuenta?”, preguntó Crowley muy suavemente.

 

Aziraphale negó con la cabeza.

 

“Que…”; Crowley acarició el suave labio inferior de Aziraphale, hasta que el rubio dejó de morderlo. “No me has dicho tu nombre, mi experto en Soho.”

 

Aziraphale se rió y limpió su rostro contra la blanca camisa de Crowley.

 

El pelirrojo debería de estar un poco molesto por ser usado como pañuelo, pero en realidad no podía sentir más que inmensa ternura por el rubio. Así que en su lugar murmuró para sí mismo: “pequeño diablillo…

 

“¿Cuál quieres que sea?”, preguntó Aziraphale con el inicio de una sonrisa coqueta.

 

Crowley bajó la mirada y entrecerró los ojos, exigiendo sin palabras una respuesta sincera. El cuerpo de Aziraphale se estremeció lleno de anticipación y pensó que era bastante extraño saber que lo estaban mirando, cuando en realidad el humano ocultaba sus ojos detrás de esas oscuras gafas.

 

“Aziraphale.” Contestó con la clara intención de agradar. “Mi nombre es Aziraphale. Cuando comencé a meterme en problemas me llamaron Azrael y muchos de mis clientes también me llaman ¨jodido demonio, maldita basura, estafador o maricón asqueroso¨. Pero mi nombre real es Aziraphale”

 

Crowley frunció el ceño y se las arregló para apretar aún más a Aziraphale contra su cuerpo a pesar de que era bastante incomodo por la caja de cambios. Nadie debería de ser llamado cosas tan horribles y mucho menos la dulzura que era este joven de cabello rosado.

 

“Lo lamento mucho, yo…”

 

“No te preocupes, los que me dicen eso no viven por mucho tiempo.” Replicó inmediatamente el rubio, agitando una manita en el aire para restarle importancia.

 

Sabía lo que el humano quería decir y la verdad, no quería escuchar promesas vacías.

 

Crowley tomó la mano de Aziraphale y pensaba darle un beso o hacer algo, hasta que un conductor molesto sonó el claxon detrás de ellos.

 

“Bueno, es hora de que regresemos.” Sonrió Aziraphale, escapando de los brazos del pelirrojo.

 

“¿Estás seguro? Puedo llevarte a tu casa o puedo…”

 

Aziraphale negó con la cabeza y arrancó el motor.

 

“Dije que te llevaría al Ritz y eso voy a hacer. Pero lo haremos a mi manera, iremos lento, lento, lento, muy, muy lento. Tan lento que nos confundirán con tortugas. Vamos a arruinarles la noche a esos conductores desesperados.”

 

Crowley asintió aunque no se sentía muy seguro de esa decisión. No quería que el dulce Aziraphale pasara lo que restaba de la noche asustado y estresado. Pero el joven parecía tan emocionado por manejar, que simplemente colocó su mano en el freno de manos y usó otro milagro para que no se encontraran con ningún contratiempo.

 

“Bien, bien”, dijo el demonio.

 

Aziraphale miró de reojo al pelirrojo y tímidamente se inclinó sobre el volante mientras se tapaba la boca para que no lo escuchara.

 

“Hola, lamento lo de hace un rato, ¿podrás llevarnos al Ritz, por favor? Prometo ser bueno", susurró para el Bentley.

 

El Bentley lo pensó por unos segundos y luego tocó Don´t Stop Me Now a todo volumen. Lo cual estaba perfecto porque Crowley era el fanático número uno de Queen y Aziraphale estaba agradecido por la segunda oportunidad. No cualquiera da segundas oportunidades.

 

La luz cambió a verde y Aziraphale cumplió su promesa. El Bentley avanzaba tan lento que incluso los transeúntes iban más rápido que ellos. Crowley intentó distraerse con la agradable canción o sonreír cada vez que Aziraphale lo miraba de reojo. Una vez que la canción terminó y Aziraphale se sentía lo suficientemente relajado, el rubio comenzó a hacer preguntas.

 

“¿Y cuál es tu nombre?”

 

“¿Quieres adivinarlo?”, jugó el arcángel.

 

“Mmmm tienes cara de J.” Respondió Aziraphale al mismo tiempo que daban la vuelta.

 

El rostro de Crowley explotó en una enorme sonrisa emocionada y asintió inmediatamente.

 

“Anthony J. Crowley”

 

“¡Lo sabía!”, aplaudió Aziraphale mientras sus hombros hacían un pequeño baile. “¿Sabías qué el setenta por ciento de la población masculina en Londres, posee un nombre cuya inicial es J?”

 

Crowley rió.

 

“No, no lo sabía.”

 

“Es como una pequeña trivia. Me sé un montón de esas.” Aziraphale giró un poco la cabeza para sonreírle tiernamente a Anthony y continuó.

 

Anthony J. Crowley.”

 

Pronunció como si fuera el nombre de alguien terriblemente importante y ostentoso. Crowley se dio cuenta de que Aziraphale tenía ese extraño acento aristocrático cada vez que hablaba. Como si el rubio estuviera constantemente hablando en letra cursiva.

 

“Anthony J. Crowley, ¡Me encanta!”, dijo el demonio con sinceridad. “¿Y de dónde viene la J?”

 

“Te juro que es solo eso, una simple J, normal.”

 

Aziraphale lo miró con los ojos entrecerrados y Crowley alzó las manos en señal de tregua.

 

“¡De verdad! Digamos que es una vieja broma.”

 

El demonio buscó cualquier signo de mentira, pero Crowley era una arcángel y los arcángeles nunca mienten. Así que no tuvo más remedio que bufar sin aliento.

 

“No puedo creerlo.”

 

El arcángel rió entre dientes y le dio la razón al rubio.

 

“Lo sé. Al inicio creí que sería genial, ¿ya sabes? El niño que cuidaba podría llamarme A.J. pero resultó que no era esa clase de niño.”

 

Aziraphale asintió como si comprendiera lo que Crowley intentaba decir.

 

“No me gustan los niños. Bueno, no los odio pero son demasiado ruidosos y sus manos siempre están sucias. Así que…”

 

“Te entiendo.” Respondió Crowley ajustándose las gafas. “A mí tampoco me gustan mucho. En general, no me gustan mucho los humanos.”

 

Aziraphale ahogó una estridente risa. ¨HUMANOS¨, Ha! ¡A él tampoco le gustaban!

 

“Pero me gusta… la sensación de cuidar, ¿me entiendes?”

 

Aziraphale asintió con la cabeza.

 

“No.”

 

Ambos estallaron en ruidosas risas mientras se ponían de acuerdo en algo: los humanos son un jodido dolor de cabeza pero son increíbles creando cosas. Así que no estaban tan mal.

 

“¿Y por qué usas gafas?”, preguntó Aziraphale con verdadera curiosidad.

 

“Las necesito”, respondió Crowley seriamente.

 

“Ooooh. ¿En la noche?”

 

“No.”

 

El rubio volvió a girar la cabeza y miró a Crowley con los ojos entrecerrados. El arcángel le devolvió la mirada tratando de parecer normal, pero definitivamente podía ver la incredulidad pintada en el bello rostro de chico.

 

Joder, no quería parecer algún tipo de psicópata, pero los humanos tendían a asustarse cuando las cosas eran un poco diferentes a su normalidad. Y no quería que Aziraphale estuviera estresado o asustado. No hoy, ni nunca.

 

“En realidad no las necesito.”

 

“Mmmm.”

 

“Mira, quiero decir. Definitivamente no las necesito pero tengo una… condición en los ojos que puede llegar a ser bastante extraña para los demás, así que siempre las uso.” Explicó Crowley tratando de ser lo más sincero posible. Sin embargo, Aziraphale parecía no creerle del todo.

 

“No es necesario que me des explicaciones.” Respondió el demonio. Moviendo su manita derecha en el aire para restarle importancia al asunto. “Es solo que… te ves bastante misterioso. Solo una J, gafas en la noche. No cabe duda de que eres un hombre bastante interesante.”

 

“Mmmm”, esta vez fue Crowley quien murmuró con escepticismo. “¿Y vas seguido al Ritz?”

 

Preguntó el pelirrojo tratando de cambiar el tema de conversación. Pero maldijo unos segundos después de darse cuenta de las horribles implicaciones que venían con su estúpida pregunta.

 

“De hecho, si lo hago. Podría intentar ser modesto y decir que no, pero es obvio que estoy mucho más familiarizado con la buena comida que tú.” Respondió Aziraphale dándose suaves palmaditas en la barriga.

 

Joder, Crowley definitivamente no se estaba enamorando.

 

El arcángel miró de nuevo al frente y trató de controlar la estúpida sonrisa que no podía quitarse de los labios. ¿Desde cuándo sonreía? ¡Él era un arcángel, por el amor a Dios! No un estúpido adolescente con su primer enamoramiento.

 

Aun así ¡No podía evitarlo! Aziraphale era la combinación perfecta de suave belleza etérea, deliberada malicia y arrollador encanto. Esta debe de ser una de las bromas más crueles que le ha hecho la jefa. No podía simplemente crear una criatura tan perfecta, colocarla en su camino y esperar que no sucumbiera a la tentación.

 

Aziraphale se retorció en su asiento y Crowley sonrió con simpatía. Los pantalones de látex o de cuero llegan a ser bastante incomodos con el tiempo. A veces tiran de la piel cuando haces un movimiento inadecuado o cuando no usas la suficiente cantidad de talco. Otro inconveniente es que el cuerpo de Aziraphale parecía ser… demasiado apretable y suavecito para esos ajustados pantalones.

 

Crowley se lamió los labios y pensó en lo feliz que sería si pudiera meter la cabeza entre esos dos gruesos y seguramente, calientitos muslos.

 

Se aclaró la garganta, se ajustó los pantalones y decidió seguir preguntando.

 

“Entonces, ¿Cuánto ganan ustedes en estos días?”

 

“Doscientos.”

 

Crowley arqueó una ceja. “¿La noche?”

 

“Una hora.”

 

Crowley se giró para mirar a Aziraphale y Aziraphale le devolvió la mirada como si no encontrara nada extraño en lo que habia dicho. Luego de dos segundos, Aziraphale arqueó una gruesa ceja plateada mientras le sonreía de lado. Crowley rió incrédulo.

 

“¿Cobras doscientas libras la hora y estás usando ropa que apenas te cubre? Si hubiera sabido que se gana un buen dinero en la industria del sexo, podría haber elegido esa profesión también. Quiero decir, ¡ganas casi tanto como yo!”

 

Aziraphale volvió a mirar el camino e hizo divertidos ruiditos para dejar en claro que estaba pensando en su respuesta.

 

“Bueno, primero debes probar ser digno de esto, no cualquiera sobrevive a las calles. Hhhmmmm, eres bastante guapo y a mí no me molesta un poco de competencia. Podría irte bastante bien si te animas.”

 

Crowley estalló en carcajadas y negó con la cabeza.

 

“Eres… una cosita interesante.” Se rió entre dientes antes de volver a relajarse en su asiento. “Bien, doscientas libras. Definitivamente vales mucho más que eso.”

 

Aziraphale asintió completamente de acuerdo.

 

“Lo sé. Por eso es doscientos la hora y las cosas especiales se cobran a parte.”

 

“¿Cosas especiales?”

 

Aziraphale se encogió de hombros y recitó uno de los divertidos carteles que vio en Soho.

 

“Ya sabes. Ribbon show, candle show, vibrator show, banana show, writing show, cunnilingus, erotic lactation…”

 

Crowley enarcó una ceja.

 

“…fellatio, orgy, masturbation, sexual roleplay.”

 

La verdad es que Aziraphale no tenía ni idea de lo que estaba hablando, pero podía sentir la lujuria que emanaba del pelirrojo así que algo debía de estar haciendo bien ¿cierto?

 

“Ya veo…”; comentó Crowley, aclarándose la garganta mientras se acomodaba en su asiento. “Pero ¿erotic lactation?”

 

“Y soy muy bueno en eso, mis clientes lo adoran. Te lo recomiendo, diez de diez.” Contestó Aziraphale con una enorme sonrisa llena de confianza.

 

Crowley se ahogó con la risa y negó con la cabeza. Incluso cuando el ambiente volvió a ser cálido y amigable, el arcángel no podía parar de reír cada vez que recordaba las palabras del rubio. De hecho, llegó un punto en el que tuvo que taparse la boca con la mano y recordarse que no estaba con un amigo, así que debería de ser mucho más respetuoso. Sin embargo, Aziraphale no estaba ni un poquito molesto o incomodo, más bien, parecía estar viviendo el mejor momento de su vida mientras manejaba peor que una abuelita y tarareaba las arias de Madame Butterfly con suaves golpecitos al volante.

 

Crowley intentó concentrarse en alabar al Señor y no en lo mucho que le gustaría ver Aziraphale bailar en uno de esos extraños shows que mencionó. Claro, debía de ser un show exclusivo para él. En este punto de la vida Crowley comenzaba a descubrir una faceta posesiva y bastante celosa que no era apropiada para un gran arcángel como él. Ahora que lo pensaba, los primeros shows que el joven mencionó parecían bastante interesantes. Miró de reojo al rubio y trató de no imaginarlo con delicados listones de colores o jugando traviesamente con un pequeño vibrador. Debía de ser una vista asombrosa y Crowley ni siquiera notó cuando la luz del semáforo cambió a rojo.

 

En ese preciso momento, Aziraphale desabrochó rápidamente su cinturón y con una agilidad bastante sorprendente; saltó la palanca de cambios para sentarse sobre la pierna derecha del arcángel.

 

Crowley dejó escapar todo el aire que tenía en los pulmones y se tensó como una tabla ante el inesperado contacto. No planeaba hacer algo aquí ¿cierto? Definitivamente Aziraphale no intentaba hacer algo indecoroso mientras aún seguían en carretera ¿verdad? Pero inmediatamente se mordió la lengua. Aziraphale era una prostituta y este tipo de cosas son las que hacen las prostitutas ¿Así que por qué estaba tan sorprendido? Además, ¿no es esto lo habia estado imaginando desde que vio a Aziraphale al otro lado del Bentley? Crowley no sabía si agradecer a Dios por la increíble oportunidad o reírse por lo desesperado que sonaba incluso en sus pensamientos.

 

Mientras tanto, Aziraphale entrecerró los ojos y tomó el apuesto rostro de Crowley entre sus manos.

 

La verdad es que Aziraphale nunca se fijaba en la apariencia física de los humanos. Para él todos eran tan genéricos y ordinarios como cualquier Erick. Claro, algunos eran mucho más apuestos que otros pero nada realmente impresionante o notable. Los humanos lo llamarían demiromántico o sapiosexual. Y tal vez tenían toda la razón, porque definitivamente no se enamoró de Oscar gracias a su ¨impresionante¨ belleza física.

 

Sin embargo, ahora que miraba detenidamente a Crowley, si que podía notar lo increíblemente apuesto que era su misterioso acompañante.

 

Con deliberada lentitud, Aziraphale dejó el fuerte rostro de Crowley y tocó el rígido cuello de su blanca camisa. Sus cortos, pero educados dedos, recorrieron la impecable tela hasta sentir la seda de una corbata dorada demasiado ajustada. El pelirrojo vestía como si fuera algún tipo de político o como lo haría el jefe de una exitosa compañía. El demonio disfrutó de la agradable textura del largo saco gris bajo sus dedos y movió un poco más las caderas para apoyar todo su peso en la firme pierna del arcángel.

 

Había algo bastante indescriptible en el misterioso humano. El semáforo parpadeó frente a ellos y bañó con su luz roja el perfecto rostro del pelirrojo. Definitivamente Crowley poseía el tipo de rostro que hace que la gente se detenga para admirarlo en la calle. Aziraphale dejó de abrazarlo para volver a acariciar su fuerte mandíbula en suaves círculos calmantes. Crowley le recordaba demasiado a los antiguos reyes que se sentaban en enormes tronos dorados mientras juzgaban a sus súbditos de manera imponente.

 

Con un dedo trazó la recta nariz del pelirrojo, sintiéndose asombrado por lo armonioso que era todo ese poderoso conjunto de salientes y ángulos afilados. Cuando Michelangelo esculpió las proporciones del hombre perfecto, seguramente intentaba hacer algo tan magnifico como lo era Crowley.

 

Finalmente siguió el contorno de las negras gafas mientras escuchaba al humano pasar saliva bajo su cuidado. No sabía lo que el hombre le ocultaba, pero la verdad, ya odiaba esas malditas gafas. ¿De qué color podrían ser sus ojos? Aziraphale negó suavemente mientras pensaba. La gente le da demasiada importancia a la belleza humana, lo cual estaba perfecto para el infierno pero era horrible para su propia sociedad. Mientras algunos intentaban adivinar el color que pintaban los ojos del pelirrojo, Aziraphale se divertía imaginando una oscura mirada llena de caballerosa gentileza y desnuda honestidad.

 

Aziraphale se mordió los labios y pensó en lo injusto que era que Crowley incluso tuviera unos largos y muy sexis rizos rojos que caían por sus hombros como una ardiente cascada de fuego.

 

Eres hermoso.” Suspiró con reverencia el arcángel antes de tomar la mano derecha del demonio y besarla muy suavemente con sus fríos labios.

 

El bajo vientre de Aziraphale ardió con desconocida excitación.

 

Crowley tenía algo bastante salvaje.

 

Aziraphale era el demonio y aun así Crowley se las arreglaba para mantener el control en todas las situaciones. El cuerpo del pelirrojo vibraba con irresistible confianza que se reflejaba en la sensual sonrisa de sus delgados labios.

 

Todo en Crowley gritaba fuerza bruta y bestial poder.

 

El arcángel que hasta ahora se habia mantenido mortalmente quieto, finalmente posó su mano derecha sobre la espalda baja de su rubio. Y Aziraphale parpadeó sintiendo pequeños latigazos de excitación que hicieron sus mejillas arder. Estaba maravillado con la facilidad que tenía Crowley para poseerlo con un simple toque.

 

“Tú… tú también eres bastante apuesto.” Dijo con voz temblorosa.

 

Crowley le dedicó una obscena sonrisa afilada que lo hizo sentirse débil de las rodillas.

 

Oh no. Oh no. OH NO

 

No podía estar sintiendo esto. Definitivamente Aziraphale no volvería a caer en los encantos de un simple humano. No volvería a sufrir una perdida. Aziraphale no estaba listo. ¡Aziraphale no estaba listo! El demonio se mordió los labios y buscó la forma más rápida de escapar de este lio.

 

Debía escapar, debía escapar, encontrar una salida… hasta que se le ocurrió una increíble idea.

 

¡Esto no era más que un simple juego! No hay nada de malo en jugar de vez en cuando y el humano probablemente lo olvidaría una vez que ambos bajaran del auto. Podía manejarlo como si estuvieran jugando. Aziraphale comería en el Ritz y al mismo tiempo se libraba del trabajo de todo un año.

 

Con eso en mente, el demonio fingió mirar el elegante capó del Bentley mientras pensaba y finalmente bajó su pequeña mano derecha sobre la entrepierna del pelirrojo para darle un suave apretón amistoso.

 

“Sin embargo… mmm no, no lo creo. Hay potencial pero tendrás que tener una excelente técnica si quieres hacerme competencia en el negocio.” Guiñó Aziraphale, dándole otro apretón juguetón a Crowley antes de regresar a su asiento. “No te rindas, cariño.”

 

Crowley soltó una sorprendida carcajada y se giró para mirar a Aziraphale mientras Aziraphale hacia lo mismo. Sin saberlo, ambos se sonrieron como estúpidos enamorados y luego se echaron a reír como unos críos.

 

“Eres… un pequeño diablillo.” Jadeó Crowley volviendo a la normalidad el tiempo.

 

La luz roja cambió a amarilla y Aziraphale no encontraba para nada raro que el alto durara una eternidad. Después de todo, no conocía nada de autos.

 

“¡Eso es lo que soy!”, sonrió orgulloso mientras volvía sus ojos al camino. “El pequeño diablillo que también trabaja como guía de Soho los lunes.”

 

Ambos volvieron a reír.

 

Crowley besó la mano izquierda de Aziraphale y no hizo falta decir nada más durante el resto del camino.

 

oOo0oOo

 

“Uff, llegamos.” Crowley miró hacia al cielo y bromeó con una sonrisa burlona. “Y gracias a Dios antes del amanecer.”

 

“¡Ey!”, se quejó Aziraphale, entregándole las llaves al valet parking. “Pues no estuvo tan mal para ser mi primera vez.”

 

“¿Tu primera vez?”, preguntó curioso el arcángel.

 

“Oh ya sabes… manejando.”

 

Crowley se ahogó con la saliva y Aziraphale se acercó rápidamente para darle suaves palmaditas en la espalda.

 

“Oh Dios…”; jadeó el pelirrojo en busca de aire.

 

“Oh Aziraphale.” Bromeó el demonio.

 

“No, no, no, ¿a qué te refieres con qué fue tu primera vez manejando?”, preguntó Crowley golpeándose en el pecho para recobrar la compostura.

 

“¿No es obvio, bobito? Odio los autos ¿Por qué sabría manejar si no soporto estar cerca de ellos?”

 

Crowley abrió la boca pero ninguna palabra salió de ella.

 

Aziraphale lo miró con una dulce sonrisa. No, no estaba mintiendo. Y Crowley no tuvo más remedio que pasarse una mano por el cabello.

 

“No puedo creer que te dejé manejar sin licencia, ¡ni siquiera sabes manejar!”, respondió indignado.

 

“Tú solo me preguntaste si quería manejarla, no si sabía hacerlo.”

 

El demonio hizo un bonito puchero para salirse con la suya.

 

“No, no, nada de caras bonitas para mí.” Negó el arcángel tratando de parecer enojado, aunque la sonrisa en su rostro delataba lo mucho que le gustaba ser manipulado por el rubio. “En serio, parece que estas buscando activamente un castigo.”

 

Aziraphale bajó los ojos tratando de parecer avergonzado, pero la verdad, no lo lamentaba ni un poquito.

 

Crowley volvió a bufar y finalmente se quitó el saco.

 

“Ven, ponte esto. Hace mucho frio.”

 

Aziraphale obedeció, siendo bastante modosito al respecto. Crowley se aseguró de que Aziraphale estuviera bien cobijado e incluso abrochó los botones del enorme saco. Ahora que lo veía, su rubio parecía estar nadando en la larga tela, lo cual también era un alivio, ya que así le cubría un poco más allá de su redondo traserito.

 

“Tendrás que conseguir ropa más caliente, el clima se va a volver más frio.”

 

Crowley sabía de eso, podía leerlo en los astros.

 

“Si, gracias querido.” Dijo Aziraphale sinceramente agradecido. “Uh, no es como si siempre llevara este tipo de ropa. Te juro que uso trajes mucho más elegantes que esto.”

 

Crowley asintió bastante complacido y tomó las pequeñas manos del rubio mientras se derretía de ternura al notar lo largas que le quedaban las mangas.

 

Ambos se miraron fijamente por unos muy dulces segundos, aunque en realidad Aziraphale no podía ver más allá de las negras gafas. Hasta que recordó porqué habia acompañado al pelirrojo: ¡Quería comer unos postres en el Ritz!

 

“Bueno, ya estamos aquí. En el Ritz. Que tiene el mejor restaurante de todo Londres por cierto.” Sonrió Aziraphale, esperando no verse tan incomodo como se sentía. “Bueno, entonces… nos vemos.”

 

Se despidió soltándose del pelirrojo y dándole pequeñas palmaditas en el brazo mientras le indicaba con la cejas que entrara rápidamente al hotel. Una vez que el humano se fuera, Aziraphale sería libre de explorar los postres si es que el restaurante aún estaba abierto.

 

Crowley frunció el ceño al darse cuenta de que Aziraphale lo estaba corriendo y preguntó:

 

“¿Estarás bien?”

 

“Oh, si cariño. No te preocupes, caminaré de vuelta a mi casa.”

 

“¿Caminaras hasta Soho?”

 

Aziraphale rió y cruzó los brazos, tratando de transmitirle confianza a su humano.

 

“Si, necesito perder un poco de peso. Ya sabes, caminar aumenta el tiempo de vida y te aleja de los doctores ¿o esa era la manzana?”

 

Uy, el Ritz tenía un delicioso postre hecho con nueces, almendras, manzanas y pasta de hojaldre. Aziraphale amaba comer Manzana Horneada en invierno.

 

El apuesto rostro de Crowley se ensombreció con la preocupación, pero sonrió levemente para no asustar a Aziraphale.

 

“Muy bien… ¿Sabes? Si no me hubieras ayudado nunca habría llegado al hotel. De verdad, muchas gracias.” Dijo con toda la sinceridad del mundo.

 

Aziraphale quería reír y así lo hizo. Parecía que Crowley había olvidado que prácticamente lo había obligado a aceptar su ayuda y de paso, traerlo al restaurante que amaba. Tenía que recordárselo, porque Aziraphale era simplemente un buen samaritano.

 

“No me agradezcas, de verdad. Me acerqué a ti con la esperanza de acostarme contigo, ¿recuerdas? Soy un malvado scort de Soho. La tentación corre por mi sangre.” Sonrió el rubio, alzando sus manitas en el aire para hacer divertidas comillas con los dedos. “Pero está claro que no estás interesado, así que… ya vete a dormir cariño.”

 

Volvió a reír el rubio, esta vez empujando al arcángel hacia la entrada del hotel.

 

“¿Por qué no entras conmigo?”

 

Crowley replicó inmediatamente.

 

“¿Cuánto la noche?”

 

Aziraphale graznó.

 

“¡Oh mi dulce Satán!”, estalló en risas mientras se apoyaba sobre el arcángel. “Oh… Oh, por todo lo horrible que hay en este mundo.”

 

Aziraphale rió hasta que pequeñas lagrimas se acumularon en sus ojos.

 

Crowley hablaba mortalmente en serio.

 

Aziraphale se puso tan rojo de risa que rápidamente tuvo que abanicarse con las manos hasta recuperar el aliento.

 

“No hablas en serio.”

 

Crowley lo miró detrás de sus elegantes gafas negras.

 

“Oh Satán, ¡hablas en serio!”, jadeó el rubio mientras se limpiaba las lágrimas de alegría. “¿La noche entera? No podrás pagarlo.”

 

Sonrió con los ojos entrecerrados sintiéndose tan emocionado como un crio.

 

“Dime el precio.”

 

Aziraphale se congeló en su lugar. ¡Mierda! Otra vez estaba en problemas.

 

Aziraphale miró sus extravagantes botas negras y recordó porqué había salido a pasear a Soho.

 

Quería perder su virginidad.

 

Miró a Crowley y se dio cuenta de que el humano completaba todos sus requisitos. Era amable, cuidadoso, comprensivo, rico, malditamente guapo y un excelente conversador. Seguramente también sabía cómo preparar un buen té inglés y era injusto que el pelirrojo fuera tan perfecto en todo.

 

También se podía negar y sabía que Crowley lo dejaría ir sin ningún problema. Parecía ser de esa clase de sujetos que tienen un pase directo al cielo.

 

El demonio se mordió los labios. No sabía cuánto cobraban en estos tiempos las prostitutas por toda una noche. Quería dar un precio bastante alto, si su Crowley estaba dispuesto a pagarlo, entonces era obra del destino. Si no, pues lo empujaría de nuevo hacía la puerta y después se iría a comer solo.

 

“Quinientos.” Respondió duplicando su supuesta tarifa y aumentándole un poco más. Solo por si acaso.

 

“Hecho.”

 

Aziraphale estaba verdaderamente sorprendido y al mismo tiempo bastante decepcionado de no haber pedido más dinero.

 

“¿Acaso eres una billetera humana? ¿Cuánto ganan los humanos en estos días?

 

Crowley le besó la frente y le ofreció su brazo.

 

“No lo suficiente.”

 

OOo0oOO

 

“Wow, no está nada mal”, comentó Aziraphale mirando el enorme vestíbulo lleno de obras de arte y altos pilares de marfil.

 

“Bonito ¿eh?”, sonrió Crowley con cariño. “Y las habitaciones están aún mejor.”

 

“¡No puedo esperar más! ¡Hace mucho tiempo que no me quedo en un hotel tan bonito!”; Aziraphale brincó sobre la punta de sus pies lleno de emoción.

 

Crowley se rió y lo guio hasta la recepción. Fue entonces cuando Aziraphale notó que su burbujeante entusiasmo atrajo la atención no solicitada de todos los humanos en la habitación. Sus mejillas se incendiaron al notar lo grosero y plebeyo que se estaba comportando. ¡Pero por Satán! Él nunca era así de vulgar, debía de controlarse hasta llegar a la habitación.

 

Una joven humana bufó con desaprobación y le dio una larga mirada llena de desprecio. Aziraphale apretó los puños y se removió con incomodidad. Normalmente él era el que daba esa clase de miradas a los demás, ¡los humanos no podían juzgarlo! Dios lo juzgó y aun así le valió un cacahuate ¿así que por qué iba a dejar que lo juzgara un tonto humano?

 

Aziraphale entrecerró los ojos y acomodó su bonita boina de tartán. Él era un demonio, un ser más elevado, casi un Dios entre los humanos. Si quería podía maldecir a todos y cada uno de esos idiotas mortales y no se ganaría más que otro asenso.

 

Pero hoy se sentía benevolente, así que solo sonrió como si fuera el rey de este mundo.

 

Él era mucho mejor que todos esos pusilánimes humanos y nadie lo iba convencer de lo contrario.

 

La mujer rechinó los dientes y Aziraphale apoyó su cadera contra el mostrador mientras se desabotonaba el largo saco. Retándola en silencio a que dijera algo.

 

“¡Señor Crowley!”, gritó ella, levantándose de su asiento y tirando de su hermano para acercarse al pelirrojo.

 

Crowley, que se encontraba leyendo los informes de Gabriel sobre el baile de beneficencia, ni siquiera se dio la vuelta.

 

“Señor Crowley”, lo saludó Anna nuevamente, mientras le dedicaba un rápido gesto de desagrado a Aziraphale. “No lo vi en el baile de hoy, es una lástima porque quería presentarle a mi hermano…”

 

Crowley bajó su informe y alzó una elegante mano para detenerla.

 

“Lo que tenga que decir, por favor comuníquemelo con mi secretario.” Respondió de una manera bastante seca.

 

Anna y su hermano jadearon en shock. Incluso Aziraphale alzó las cejas sintiéndose un poco impresionado.

 

El arcángel volvió a doblar sus papeles, los metió en un largo sobre amarillo y se lo entregó a la recepcionista.

 

“Muchas gracias”, continuó tranquilamente. “Por favor, entregue este sobre al mismo hombre. Probablemente vendrá a recogerlos entre las siete u ocho de la mañana.”

 

“Si Señor Crowley.” Respondió la joven, asegurándose de guardar los papales rápidamente. Sabiendo de antemano que el serio empresario odiaba la incompetencia.

 

“Pero… Señor Crowley…”, tembló Anna, tratando de ganarse la simpatía del pelirrojo.

 

Crowley frunció el ceño y finalmente la miró.

 

“No creo que tenga ningún negocio importante que atender conmigo y aun si lo tuviera, no estoy en horarios de trabajo. Así que si me disculpa.”

 

El arcángel señaló el vestíbulo para indicarles que se retiraran y el hermano de la joven asintió con las mejillas rojas mientras tiraba de su indignada hermana.

 

Aziraphale miró entre ellos y se mordió el labio. Que extraño, en ningún momento su humano le dio la impresión de ser malhumorado.

 

Inconscientemente tomó los extremos del saco y cruzó los brazos para ocultar nuevamente su atuendo.

 

“Envíe fresas y… una fuente de chocolate, por favor.”

 

“Si Señor Crowley.”

 

Aziraphale se removió un poco y miró avergonzado hacia al piso.

 

Quiero un postre”, susurró apenado.

 

“¿Qué pasó amor?”, preguntó Crowley en voz alta y sin ninguna pizca de pena, aunque lo había escuchado perfectamente.

 

Aziraphale alzó la barbilla tratando de verse desafiante y repitió.

 

“Quiero un postre”, se abrazó a si mismo sin saber si sería escuchado y suspiró. “Por favor.”

 

Crowley volvió a dedicarle una enorme sonrisa orgullosa que hizo que Aziraphale tuviera la suficiente confianza de acercarse nuevamente a él para recibir un pequeño besito en la frente.

 

“Y también envíe los postres de esta temporada, por favor.” Pidió el pelirrojo sin mirar a la recepcionista.

 

Le dio un segundo beso a la bonita nariz de Aziraphale porque era bastante besable, y lo tomó de la cintura para guiarlo hasta el ascensor.

 

Una vez que llegaron, el demonio volvió a saltar emocionado al reconocer la melodía de espera.

 

“¿Sabías que yo ayudé a que se popularizara esta pieza?”

 

“¿Ah sí?”, sonrió Crowley siguiendo el juego.

 

“¡Si!”, brincó Aziraphale. “Después del estreno en la Sala Diana, Strauss le dijo a su hermano: ¨Si el diablo lo quiere, se lo regalo¨. Me pareció un muy lindo gesto, así que hice que el Danubio Azul se volviera bastante popular. Así podía presumir de mi regalo con todo el mundo.”

 

“Eso es…”; Crowley frunció el ceño, sintiéndose bastante intrigado. “Es bastante interesante y especifico.”

 

“¿Qué puedo decir? Los aristas me adoran”; sonrió Aziraphale tarareando la hermosa melodía.

 

En ese momento las puertas del ascensor se abrieron y el ascensorista inclinó la cabeza respetuosamente hacia ellos.

 

“¡Oh Mi!, ¡Hay un sofá!”, aplaudió el demonio e inmediatamente se dejó caer sobre el lujoso mueble. “No recuerdo la última vez que caminé tanto.

 

Crowley también subió al ascensor y Aziraphale cerró los ojos con cansancio.

 

El arcángel observó detenidamente a su rubio y se hizo una gran pregunta: ¿Aziraphale era realmente un scort de Soho?

 

Simplemente… algo no cuadraba.

 

“¿No quieres tomar asiento, cariño?”

 

Crowley se sentó y recibió entre sus brazos al calientito de Aziraphale. Sin importarle ni un poco que el sofá fuera meramente decorativo.

 

oOo0oOo

 

“El Penthouse, señor.”

 

“Woo, el Penthouse”, arrulló Aziraphale mientras salía y caminaba lleno de confianza hasta la habitación.

 

Crowley negó con una sonrisa y también salió. Pero en el momento de darse la vuelta para agradecerle al ascensorista, descubrió que el humano miraba con avidez el suave cuerpo de Aziraphale. Tan concentrado estaba intentando ver un poco más el trasero de su acompañante, que incluso sacó la mitad superior de su cuerpo fuera del ascensor.

 

Crowley frunció el ceño.

 

“Ejem.” Tosió y el chico saltó.

 

El ascensorista le miró inmediatamente con el rostro avergonzado y lleno de culpa. Crowley chasqueó la lengua y midió los pros y contras de darle un largo sermón al chico. Era bastante preocupante que alguien encargado de brindar un servicio a la gente, tuviera el descaro de mirar con tanta lujuria descarada el cuerpo de otra persona. El chico parecía no tener respeto. Y el tema del acoso no le hacía ni un poco de gracia al arcángel.

 

“Mide tus acciones.” Le advirtió. Bajándose las gafas para darle una profunda, traumática y muy aterradora experiencia espiritual.

 

El chico tembló de pies a cabeza, asintió sin palabras y Crowley esperó a que cerrara las puertas del ascensor antes de dirigirse a su suite.

 

Cuando entró a su habitación, se dio cuenta de que no había usado la tarjeta para abrirla.

 

“¿Buscabas esto?”, preguntó Aziraphale agitando la tarjeta dorada en el aire.

 

“¿Cómo la tomaste?”, preguntó Crowley caminando hacía su escritorio.

 

“¿No te lo dije? También soy mago.”

 

“Que extraño. Hasta donde yo sabía, la gente les sigue llamando ladrones.” Sonrió Crowley llenó de sarcasmo.

 

Aziraphale se encogió de hombros y se dejó caer en uno de los enormes sillones.

 

“¿Te importa si me pongo cómodo?”

 

“No, para nada. Adelante.”

 

El arcángel fingió acomodar su escritorio mientras observaba a Aziraphale de reojo.

 

El pequeño demonio se talló los ojos y se estiró lentamente como si se tratara de algún tipo de gato perezoso. Primero se quitó el saco de Crowley y lo dobló perfectamente para dejarlo a un lado. Luego se quitó la boina pero no la esponjosa peluca y finalmente comenzó a quitarse las altas botas gogo.

 

El arcángel apartó la mirada y se sentó en el trono, respetando la privacidad de su rubio.

 

“Bueno, ya que estoy aquí ¿Qué vas a hacer conmigo?”

 

Crowley negó con la cabeza.

 

“No tengo ni idea”, suspiró. “No tenía esto planeado.”

 

“¿Planeas todo?”, rió Aziraphale.

 

“Siempre”, el arcángel se encogió de hombros y confesó. “Es una buena costumbre. Una vez que te das cuenta que formas parte de un Gran Plan Sagrado, comienzas a hacer tus propios planes. Incluso las estrellas siguen una ruta que fue trazada antes de que existieran los humanos.”

 

“¿Ah, sí?”, preguntó Aziraphale levantándose del sillón para sentarse en la alfombra más cercana a Crowley. “Yo también planeo cosas.”

 

Ambos rieron por la fragante mentira.

 

“No, la verdad no. No soy de ese tipo, solo improviso todo. Así: momento-momento. Así soy yo. Si.”

 

Crowley negó con una sonrisa y buscó a su chico. Pero al encontrarlo, inmediatamente apartó la mirada y volvió a los documentos que apretaba entre sus manos.

 

“¿Estas… estas desnudo?”, casi chirrió el pelirrojo.

 

“¿Desnudo?”, Aziraphale movió los brazos y negó. “No, llevo mi camisa.”

 

“¡No! Ngk… me refiero”, Crowley se talló los ojos detrás de las gafas y pidió piedad a Dios. “Me refiero… ahí abajo. No llevas nada.

 

“¿Abajo? Ahhhh ¡Si! No esperabas que usara ropa interior con esos pantalones ¿verdad? Además, llevo mis calcetas.” Aziraphale movió sus piecitos cubiertos con medias de tartán. “Adoro este par, los he conservado como nuevos por años. Y tampoco podemos hacer nada si llevo los pantalones puestos.”

 

No vamos a hacer nada”, aclaró Crowley.

 

Aziraphale alzó las cejas sorprendido.

 

“Sabes”, comenzó el demonio, su voz estaba llena de diversión. “Aun te voy a cobrar lo que acordamos incluso si no me haces nada. O conmigo. O lo que sea. Aun así tendrás que pagarme, pase lo que pase.”

 

“Por supuesto, aceptas dinero en…”

 

Y en ese momento una misteriosa campanita sonó.

 

“¿Qué es eso?”, preguntó Aziraphale moviendo la cabeza en todas direcciones.

 

“Debe ser el servicio a la habitación.”

 

“¡Oh, no te levantes!”, indicó el demonio con una apresurada sonrisa, “déjame al menos ser de utilidad. Acomódate.”

 

El rubio se levantó y caminó hasta la puerta. Una vez que la abrió, tres asistentes inclinaron respetuosamente la cabeza mientras tiraban de elegantes carritos dorados.

 

“Buenas noches.”

 

“Buenas noches”, saludó Aziraphale, haciéndose a un lado para que entraran los elegantes caballeros.

 

Todos se comportaron de manera bastante profesional al apartar respetuosamente la mirada del cuerpo desnudo de Aziraphale. Dejaron la comida cerca del lujoso bar y esperaron sus siguientes ordenes, hasta que Aziraphale reconoció a uno de ellos.

 

“¡Oh, cuanto tiempo sin verlo señor Davis!”

 

El hombre alzó la mirada y su serio rostro estalló en una sincera sonrisa afectuosa.

 

“¿Cómo está Mary?”, preguntó Aziraphale con grandes ojos curiosos.

 

“Ella va de maravilla, muchas gracias por preguntar. ¿Y usted cómo está Señor Fe—?”

 

Aziraphale brincó como un lamentable gato mojado y tapó la boca del buen hombre.

 

“Ha, ha, ha”, su risa era falsa y nerviosa mientras sus ojos buscaban los de Crowley.  “Muy bien, muy bien. Ya tiene un tiempo que no visito el restaurante ¿verdad? Le enviaré sus saludos al Señor Fell.”

 

El hombre alzó las cejas y aun sin comprender, asintió guardándose el secreto.

 

“Bueno, bueno, por cierto, ¿Qué tienes detrás de la oreja?”

 

El señor Davis que ya se sabía de memoria el juego, rió y dejó que Aziraphale apareciera dinero de la nada.

 

“Wow, ¿Cómo hiciste eso?”, rió Crowley entre asombrado y divertido.

 

“Na-ha, un mago nunca rebela sus secretos”, bromeó Aziraphale repartiendo la propina entre los tres asistentes.

 

“Muchas gracias”, sonrieron los tres y se dirigieron hasta la puerta.

 

“¡Nos vemos pronto!”, se despidió el demonio y trotó hasta el carrito de comida. “¿Qué vas a querer? Tenemos todo tipo de postres y fruta.”

 

Crowley no sabía aún muy bien cómo comportarse frente a su desnudo visitante, así que se levantó pero intentó mirar la comida, los muebles o el bar; en lugar del suave cuerpo que ya tuvo varias veces sobre sus piernas.

 

“Mira, hagamos algo.”

 

El arcángel abrió el costoso champagne y le dio una flauta al demonio.

 

“Por qué no disfrutas de la bebida y los postres mientras yo trabajo. Luego veremos cómo pasamos el tiempo.”

 

Aziraphale olisqueó el delicioso vino y tomó una gran fresa roja.

 

“¿Tú no vas a beber?”

 

Crowley negó y regresó a su escritorio.

 

“No, gracias. No bebo. Pero adelante, toma lo que quieras.”

 

Aziraphale entrecerró los ojos.

 

Esto era bastante… curioso.

 

Crowley lo deseaba. No solo eso, Crowley lo necesitaba con una pasión que iba más allá de lo carnal.

 

Aziraphale era virgen pero no tonto. Y como el demonio que era, casi podía sentir el deseo palpitante del pelirrojo contra su propio cuerpo. Era crudo, poderoso y hacía que la mente de Aziraphale girara con emoción.

 

Aun así, Crowley leía sentado en su enorme trono dorado. Que ironía. Aziraphale pensó hace unas pocas horas que Crowley parecía un imponente rey y ahora estaba sentado en un trono dorado. Sentado mientras leía algo, sin prestar ni un poco de atención al demonio que lo observaba con descaro.

 

El rubio no sabía muy bien que hacer.

 

Amaba comer y beber; pero simplemente no quería hacerlo cuando era obvio que podría estar disfrutando de un tipo muy diferente de placeres. Crowley estaba interesado, Aziraphale estaba interesado, pero ambos se mantenían alejados y silenciosos. Cada uno en una esquina de la habitación.

 

El demonio inhaló, bajó la flauta y masticó lentamente su fresa.

 

Una vez que terminó, caminó hasta Crowley y se sentó sobre el ordenado escritorio.

 

“Estás sentado sobre mis papeles.”

 

“¿En serio?”, Aziraphale apoyó sus manos en el escritorio y fingió mirar las blancas hojas llenas de letras pequeñas. “Oh, bueno, eso quiere decir que no deberías estar ignorando a tu invitado.”

 

Crowley se reclinó en su trono como si fuera el asiento más cómodo del mundo y mantuvo sus ojos fijos en el rostro de Aziraphale.

 

“¿Eres siempre así de grosero con tus invitados o ni siquiera intentas ser cortés?”, preguntó Aziraphale con una pequeña sonrisa curiosa.

 

Crowley lo meditó un poco y se encogió de hombros.

 

“Un poco de ambos.”

 

“Bien… entonces dime, ¿por qué me contrataste? En el Bentley estabas claramente interesado pero ahora ni siquiera quieres ver mi cuerpo ¿acaso no soy lo que esperabas?”

 

Crowley negó inmediatamente con la cabeza y dejó en el escritorio los documentos que obviamente ya no iba a leer.

 

“Eres mucho más de lo que merezco.”

 

Aziraphale se rió de esa manera alegre y encantadora, que hacía que el cuerpo de Crowley se calentara con amor.

 

“Eres muy lindo y todo eso pero, cariño; no tienes que decir ese tipo de cosas.”

 

El demonio bajó del escritorio y se sentó fácilmente sobre el firme regazo del arcángel. La fresca tela del elegante traje gris crujió encantadoramente bajo los calientes muslos del rubio. Aziraphale sonrió y Crowley apretó los dientes. Aziraphale estaba caliente, Aziraphale estaba lleno de ardiente pecado y Crowley lo adoraba. Adoraba sentir su cómodo peso sobre sus muslos. La forma en que sus deliciosas nalgas se apretaban contra su regazo. Amaba el suave toque de sus pequeños dedos blancos, dedos que acariciaban su pecho como si estuviera leyendo sus más íntimos secretos.

 

El arcángel mantuvo sus largas manos fuera de esa prohibida belleza e inclinó la cabeza para poder observar los claros ojos azules de Aziraphale con atención.

 

La enorme erección de Crowley sobresalía tentadoramente debajo de la costosa tela de sus pantalones y Aziraphale gimió dulcemente al sentir su calor contra su propia polla desnuda.

 

“Mierda”, gruñó Crowley descubriendo sus afilados colmillos de serpiente.

 

El demonio rió sintiéndose halagado y se meció tímidamente para obtener aun más de esa deliciosa fricción.

 

“No necesitas ser amable conmigo”, susurró Aziraphale inclinándose contra el largo cuello de su humano.

 

Crowley olía a algo primitivamente delicioso. Olía a peligro. Era fuerte y picante como un buen whisky. De hecho, la boca se le hacia agua al encontrar el aroma tostado de la malta en la piel dorada de su Crowley. Era un sabor ahumado por la madera quemada, el oscuro tabaco que estuvo fumando y su sudor salado. Gloriosamente masculino, amargo y brillante como las costas en verano. Exótico, alegre, poderoso

 

Aziraphale ronroneó con delicado placer.

 

“Soy algo seguro, me estas pagando por esto.”

 

Eso hizo que Crowley finalmente posara sus largas manos sobre las lujosas caderas de Aziraphale para detenerlo.

 

“Eso es exactamente lo que no quiero. No quiero que hagas algo porque te sientes obligado a hacerlo. Te daré el dinero y pediré un taxi, podemos comer postres mientras esperamos. O puedes quedarte aquí hasta el amanecer, después te llevaré a casa o a Soho. Pero entiende… no quiero comprarte. No quiero que pienses que tienes que seducirme o acostarte conmigo por dinero. No te invité a mi habitación por ese motivo.” Explicó Crowley pacientemente, asegurándose de que Aziraphale no se sintiera ofendido o herido. “Me encantas, me gustas muchísimo. Pero no puede pasar nada entre nosotros.”

 

Aziraphale asintió lentamente mientras se mordía el labio inferior.

 

Crowley tenía mucha razón. Las cosas no podían ser fáciles porque ambos construyeron su encuentro gracias a una desigual dinámica de poder.

 

Aziraphale no necesitaba el dinero, ni siquiera pensaba en tomarlo una vez que llegara el amanecer pero eso era algo que Crowley no podía saber. El demonio se recostó sobre el amplio pecho de su pelirrojo y suspiró; Crowley lo recibió fácilmente con pequeños besitos en la frente.

 

Aziraphale quería convencer a Crowley de que quería estar aquí. Quería complacer a Crowley más de lo que buscaba su propio placer. Quería seguir sintiendo esa ardiente y peligrosa atracción, manos fuertes apretando sus muslos.

 

Sin embargo, Crowley era demasiado inteligente, demasiado observador. Sabía que el pelirrojo detectaría rápidamente cualquier mentira y frunciría su ceño con desaprobación. Y Aziraphale quería ser bueno para él, quería ser obediente y quería descubrir cosas nuevas con su Crowley.

 

“Pero yo quiero estar contigo, quiero que me dejes darte placer.

 

Crowley frunció el ceño y Aziraphale lo silenció inmediatamente, colocando sus pequeños dedos blancos sobre los delgados labios del arcángel.

 

“Mírame.”

 

Crowley lo observó. Lo miró detrás de sus oscuras gafas y sus enormes manos acariciaron lentamente el redondo rostro de Aziraphale. Tocaron su sinceridad, su propia necesidad. Lo húmedos que estaban sus labios, lo negras que eran sus pupilas. Aziraphale era tan dulce como oscuro chocolate entre sus manos, como una bendición, tan suave como dorada miel y tan ardiente como una promesa.

 

“¿Qué quieres hacer?”, susurró Crowley, bajando su propio rostro para poder acariciar con los labios las pálidas pestañas de Aziraphale.

 

El demonio cerró los ojos y besó la mejilla del arcángel.

 

“Lo que sea”, suspiró y como una ocurrencia tardía, agregó para proteger su propio corazón: “haré lo que quieras, pero están prohibidos los besos en la boca.”

 

Aziraphale sintió la sonrisa triste de Crowley contra su mejilla.

 

“Por supuesto, tú pones las reglas.”

 

Aziraphale lo besó no una, ni dos o tres veces. Besó a Crowley hasta que su perfecto rostro se llenó de su olor y sus labios guardaron el sagrado sabor del arcángel.

 

Crowley suspiró y apretó las cálidas nalgas de Aziraphale con posesividad. Marcando el ritmo de un erótico baile que pronto manchó su pantalón con el precome de ambos.

 

Aziraphale gimió y sintió un electrizante latigazo de placer que corrió por su espalda cuando Crowley alzó las caderas y molió su dura polla contra él. La fría hebilla del cinturón, la suave tela, todo estimulaba la sensible carne del demonio y Crowley rápidamente lo sostuvo cuando las piernas le fallaron.

 

“Para, para”, rogó el rubio con los ojos entrecerrados.

 

Crowley paró con un erótico jadeo que hizo temblar al demonio.

 

“Espera, espera”, dijo Aziraphale apretando los desordenados rizos rojos de Crowley con sus manos. “Quiero probarte, déjame probarte, por favor.”

 

Crowley dejó escapar un ronco sonido que parecía la mezcla de un siseo con un rugido.

 

“Lo que tú quieras amor”, susurró Crowley mordisqueando el oído de Aziraphale y luego sus frágiles hombros. “Te daré todo lo que tu pequeño corazón desee.”

 

Aziraphale rodeó el cuello de Crowley con los brazos y rebotó con pequeños gemidos cada vez que el arcángel lo mordía a través de su delgada camisa negra.

 

“Trampa…”, insistió Aziraphale con un puchero, “trampa, trampa, no me dejas bajar.”

 

Crowley se rió. Y su profunda y encantadora risa hizo que la polla de Aziraphale temblara con necesidad. El demonio le mordió el cuello como protesta.  

 

“Bien, bien”, volvió a reír el pelirrojo.

 

Apretó las nalgas de Aziraphale una vez más y le lamió una mejilla como despedida.

 

Aziraphale permitió que Crowley lo ayudara a pararse lentamente, no confiando plenamente en sus temblorosas piernas.

 

“Espera.”

 

Y antes de que el arcángel pudiera volver a arrastrarlo hasta su regazo o tocar el dulce contorno de la bonita polla de Aziraphale que se ocultaba detrás de la larga camisa negra; el demonio trotó con piernas temblorosas hasta los sillones y recogió una enorme almohada roja.

 

“No quiero que me duela”, dijo Aziraphale con una sonrisa.

 

Crowley asintió y abrió sus fuertes piernas, dejando que Aziraphale se hincara cómodamente sobre la almohada.  

 

“¿Tienes protección?”, preguntó Crowley con los labios húmedos y el cuerpo tenso por la excitación.

 

Aziraphale, que comenzaba a sentirse nervioso, asintió silenciosamente.

 

Crowley lo observó con las pupilas dilatadas mientras Aziraphale sacaba una larga tira de condones de sus encantadoras medias de tartán. Medias que se sujetaban a sus bonitas pantorrillas con coquetos ligueros para calcetines. Crowley estaba maravillado con su pequeño descubrimiento, justo cuando creía que no podía estar más enamorado de su rubio…

 

Aziraphale se mordió los labios y se concentró en las instrucciones de los pequeños paquetitos. Pero la verdad comenzaba a tener muchos nervios y no sabía lo que estaba haciendo. Entendía algo sobre unas frutas y la seguridad, pero ¿y si lo hacía mal? ¿y si Crowley notaba que no sabía cómo poner un condón? Además, Aziraphale quería saborear la pesada esencia del arcángel en su lengua, explorar la suave textura de su polla, sentir palpitar la fragante carne dentro de su boca.

 

¿¡Y que carajos es la caipirinha!?

 

“Err”, murmuró Aziraphale bajando la colorida tira de preservativos.

 

Crowley enarcó una ceja.

 

“Yo… no tengo nada, soy bastante limpio”, comentó Aziraphale con las mejillas tan rojas que sintió que podría explotar.

 

Crowley asintió lentamente. Entendía lo que Aziraphale quería decir y fundamentalmente se debía de negar a continuar con esto si no iban a utilizar la protección adecuada. Sin embargo Crowley era el arcángel de la curación, por lo que podía desaparecer con un chasquido cualquier cosa desagradable. Pero eso no sería muy responsable de su parte.

 

Aziraphale, que podía sentir crecer la duda en el pelirrojo, se inclinó suavemente y posó su mejilla contra el fuerte muslo de Crowley. Mirándolo a través de sus largas pestañas acarameladas con dulces ojos inocentes.

 

“¿Puedo hacerlo, por favor?”, rogó encantadoramente, acariciando la dura erección de Crowley con su mejilla. “Soy bastante bueno con la boca. Me gustaría probarte de verdad con mi boca, prometo que seré muy bueno.”

 

Crowley siseó y se talló los ojos detrás de las gafas.

 

Joder, estaba rompiendo todas sus reglas.

 

“Bien, pero siempre debes usar protección. Debes cuidar de tu salud.”

 

“¡Lo haré!”

 

Aziraphale sonrió tan feliz que Crowley rió involuntariamente.

 

“¿Acaso siempre consigues lo que quieres?”, bromeó Crowley acariciando lentamente el cuello de Aziraphale con las uñas.

 

El rubio se estremeció y dejó pequeños besitos coquetos alrededor de la caliente erección vestida.

 

“Oh, puedo ser bastante convincente. Algunos dirían que soy la misma tentación.” Confesó con divertida honestidad antes de desabrochar el elegante cinturón de Crowley.

 

“¿Y por qué usas peluca?”, Crowley pensaba que era un poco extraño que Aziraphale usara peluca cuando es obvio que es muy rubio.

 

“La necesito.”

 

“¿La necesitas?”

 

Aziraphale sonrió como el gato que se comió la crema.

 

“No realmente.”

 

Crowley soltó una alegre carcajada por el pequeño giro de los acontecimientos y volvió a acariciar el oído de Aziraphale. Y es que era imposible dejar de tocarlo, el rubio era simplemente precioso.

 

Mientras tanto, Aziraphale apartó la dorada hebilla con forma de serpiente y bajó el cierre de los pantalones de Crowley.

 

No sabía que estaba haciendo, no sabía si lo iba a hacer bien. Pero demonios, tenía que intentarlo. Quería tomar el sabor de Crowley y hacerlo por siempre suyo. La polla le dolía con la necesidad de ser bueno para su querido humano.

 

Rápidamente sacó la gruesa polla del mojado bóxer blanco y soltó una sorprendida exhalación.

 

Oh. Mi. Dulce. Señor.

 

Todo el cuerpo de Aziraphale palpitó ante la asombrosa visión que se presentaba frente a sus ojos. Crowley era enorme. Al menos nueve o diez pulgadas de largo. Su polla era pesada y gruesa y solo… malditamente… perfecta.

 

“Querido Señor”, respiró Aziraphale reverentemente. Estaba completamente paralizado y con el deseo casi doloroso de milagrar un coño y rogarle a Crowley que lo follara. Duro. Fuerte. Aziraphale necesitaba sentirlo dentro de él, arando y conquistando su carne virgen.

 

Pero sería muy raro que de pronto tuviera un muy mojado coño ¿verdad?

 

“¿Estás bien, mi amor?”, preguntó Crowley con una pequeña voz silenciosa.

 

Aziraphale pasó saliva con dificultad y asintió con la cabeza. Sabiendo que si abría la boca solo podría producir un vergonzoso sollozo necesitado.

 

“No tienes que hacer nada si no quieres”, dijo Crowley con cariño, acariciando los pequeños rizos rosados con cuidado.

 

Aziraphale miró hacia arriba.

 

“¿Qué?”, preguntó confundido.

 

Las mejillas de Crowley se tiñeron de un ligero color rosado. Aclaró su garganta y explicó:

 

“Bueno, puede ser bastante intimidante. Entiendo si ya no quieres hacerlo.”

 

Aziraphale frunció el ceño y tomó la gruesa polla con su mano derecha, aferrándose a ella como si se estuviera aferrando a la vida.

 

“No entiendo.”

 

Crowley siseó por el inesperado contacto y dejó de acariciar la mejilla de Aziraphale para poder posar su propia mano sobre la del rubio.

 

“La mayoría de mis amantes han sido mujeres”, dijo Crowley con un pequeño encogimiento de hombros, “es un poco más fácil para ellas… los hombres temen que los lastime.”

 

Aziraphale hizo un adorable puchero. Nada de lo que decía Crowley tenía ningún sentido para él y eso es porque no entendía nada sobre la mecánica del sexo. Simplemente no comprendía que acomodar algo tan grande podía ser bastante doloroso.

 

“Tu no podrías lastimar a nadie, eres tan débil como un perrito.” Contestó Aziraphale logrando que Crowley soltara una sorprendida carcajada.

 

Era bastante extraño que un rubio suavecito le dijera eso a un omnipotente arcángel de casi dos metros.

 

Aziraphale se mordió el labio y alzó su larga camisa negra para dejarle ver a Crowley su muy mojada erección. Demostrando sin palabras que estaba tan excitado que comenzaba a doler.

 

Crowley pasó saliva y estuvo a punto de quitarse las gafas. En cambio, se inclinó y alzó las manos para poder tocar la barriguita de Aziraphale, o su hermosa polla rosa o sus pequeños pezones que lucían terriblemente deliciosos…

 

Aziraphale bajó rápidamente su camisa y escondió su rostro para no darle la oportunidad a Crowley de besarlo en los labios.

 

“No estoy asustado.

 

En cambio, Crowley besó su frente y sonrió.

 

“No, ya veo que no.”

 

Aziraphale tomó esa declaración como permiso para volver a lo que estaba haciendo.

 

Se acercó un poquito más a la dura y enorme polla de Crowley y la miró. Su respingada nariz estaba probablemente a unas cuantas pulgadas de la fragante y muy caliente carne. Crowley olía a hombre. Era obvio, pero era exactamente eso lo que vino a la mente acelerada de Aziraphale. Ese fuerte aroma a sexo y sal hizo que un nuevo latigazo de excitación se disparara en la ingle de Aziraphale, poniéndolo aun más duro, aunque eso ya parecía humanamente imposible.

 

El demonio perdió la sensación del tiempo. No sabía cuanto tiempo habia estado olfateando a Crowley con la boca abierta, con la lengua muy cerca de la dura polla, dejando que todas sus fantasías se plasmaran claramente en su rojo rostro de querubín.

 

“¿Mi amor?”, Crowley preguntó. Su roja polla goteaba claro precome.

 

Aziraphale miró el apuesto rostro del arcángel; entendiendo aun sin más palabras.

 

“Todo bien, Tickety-boo”, sonrió Aziraphale para no preocupar al pelirrojo.

 

Con cuidado, sus educados dedos desabotonaron la pulcra camisa blanca de Crowley, revelando un duro estomago con marcados abdominales. Aziraphale pasó saliva y acarició el frondoso parche de fino vello oscuro con los dedos. Rojo como lava ardiente. El rubio se lamió los labios y gimió ante la urgencia de enterrar la nariz en ese espeso vello oscuro, así que lo hizo. Con la boca entreabierta, Aziraphale frotó su boca y mejillas contra los espesos rizos, gimiendo suavemente al sentir la mojada polla de Crowley rebotar contra su sonrojada mejilla. Y se sintió a un mejor cuando el arcángel suspiró complacido por el pequeño movimiento.

 

Oh querido Satán, Crowley olía como todo un Dios.

 

Como su propio Dios personal.

 

Aziraphale ya salivaba con la urgencia de lamer la suave piel de Crowley. Así que con infinito cuidado, volvió a tomar la dura erección con su mano izquierda, maravillándose una vez más al notar que nunca podría abarcarla por completo y lamió con su pequeña lengua el largo eje. Memorizando el camino de cada pequeño bulto, la suavidad de esa piel roja y lo caliente que se sentía la polla de Crowley en su boca.

 

Crowley pasó lentamente sus largos dedos por los delicados rizos rosas de Aziraphale antes de acariciarle la mejilla y parar en sus mojados labios rojos. Las largas pestañas del demonio temblaron como agitadas mariposas y dejó salir un suave gemido de inocente placer. La enorme mano de Crowley era cálida y amable; y Aziraphale se encontró separando los labios para darle la bienvenida a la punta de esos fríos dedos traviesos.

 

Con otro suspiro tembloroso, el rubio dejó que Crowley explorara su boca con los dedos. Mordisqueó, rodó tímidamente su pequeña lengua, se apretó contra las fuertes piernas del pelirrojo deseando cualquier tipo de fricción contra su adolorida polla.

 

Joder”, maldijo el arcángel y sacó sus delgados dedos de la sensible boca de Aziraphale.

 

El demonio protestó dulcemente por la perdida. Un poco de saliva escurrió por su barbilla y Crowley lo arruinó un poco más al llevar el desorden hasta su cuello.

 

El rubio suspiró y regresó para dejar ruidosos besos con la boca abierta sobre el caliente eje de Crowley.  Esmerándose para amar cada perfecta pulgada de él.

 

Aziraphale necesitaba usar ambas manos para guiar la erección de Crowley a su boca. Con los ojos firmemente cerrados, el demonio enrolló su lengua alrededor del extremo firme y curvo, chupando suavemente la dura carne hasta que el arcángel maldijo en varios idiomas ya extintos.

 

Rápidamente Aziraphale olvidó porqué estaba aquí. Lo único que importaba ahora, era la gruesa voz de Crowley maldiciendo gracias a su ardiente boca. Lo único que quería era la enorme mano de Crowley acariciándole las mejillas, los labios, todo lo que podía. Pero sobre todo, adoraba el sabor amargo, salado, masculino… tan Crowley, que le llenaba la boca.

 

La polla de Crowley no paraba de producir delicioso precome y Aziraphale lamía golosamente cada espesa gota; enrollando el celestial sabor en su lengua mientras estiraba su pequeña boca para acomodar cada vez un poco más de la pesada erección palpitante. Sus dedos se apretaron alrededor de la gruesa base y arrastró su boca en rítmicos movimientos. Arriba y abajo. Arriba y abajo. Dejándose guiar por las firmes manos del arcángel.

 

Aziraphale suspiró perdido en las eróticas sensaciones e inconscientemente arrastró sus pequeños colmillos por la hinchada punta. Manteniendo todo el tiempo los ojos firmemente cerrados para poder centrase en sus demás sentidos.

 

Crowley empujó su polla y Aziraphale rodó los ojos detrás de sus pálidos parpados.

 

Adoraba este festín. Adoraba la indulgencia de poder perderse en lo delicioso que se sentía todo a su alrededor. Amaba ser el receptor del claro poder del arcángel, rendirse a la controlada brusquedad con la que Crowley perseguía su placer.

 

Estaba feliz, cómodo, caliente.

 

Con deliberada lentitud sacó la enorme polla de su boca con un húmedo plop y mordisqueó cuidadosamente el sensible glande con los dientes. Crowley dejó salir un brusco siseo y Aziraphale abrió los ojos ante el nuevo sonido.

 

Miró la cara enrojecida de Crowley y le dio pequeñas lamiditas a la pequeña abertura, adorando la forma en que la enorme mano del arcángel le pellizcó suavemente la mejilla como advertencia.

 

Aziraphale volvió a meterse la gloriosa polla a la boca y sonrió.

 

Crowley dejó escapar una amorosa carcajada y acarició los hinchados labios del demonio con el pulgar.

 

“A la cama, mi Aziraphale."

Aziraphale

Notes:

Uy, ¿Llegaste hasta aquí? ¡Bienvenido!

Primero que nada, F mi amor, ¡Feliz cumpleaños! Quería subir esto en tu día especial pero el trabajo no me deja ni un poco tranquila. Aun así ¡Felicidades mi niña! Este fic es en tu honor.

Segundo, si, esta es una descarada y muy psicodélica adaptación de Pretty Woman. Espero haberles sacado al menos una sonrisa. No me maten, esto fue un sueño muy lucido a las 3 de mañana después de ver la película por primera vez.

Tercero, no sé si deba aclararlo pero lo haré por si las dudas: SOLO escribo Bottom!Aziraphale, así que por favor no me pidan otra dinámica como en mi fic principal.

Creo que eso es todo lo que quería decir jajaja, bueno. Muchas gracias por leer esta dulce travesura. Prometo que mejoraré con el porno, me esforzaré mucho en escribirlo y me gustaría escuchar sus sugerencias y dudas. Además de sus preciosos comentarios constructivos.

¡Muchas gracias por leerme! Y los dejo a continuación con las curiosidades de este fic.

1.Todo sobre Soho y el distrito Rojo está basado en locales y anuncios reales; tanto de Londres como de Ámsterdam. Tal vez pueda subir algunas fotos a mi cuenta de Wattpad cuando suba la historia. Me pueden encontrar como TequilaPp

2. La ropa también existe y si usan rápidamente el buscador, podrán encontrar tableros en Pinterest de lo que está usando hoy nuestro elegante Aziraphale :D

3. Lo lamento mucho, no sé cuánto cobra una sexo servidora. Así que solo inventé cantidades locas esperando que sea lo adecuado.

4. Una marca muy famosa de condones lanzó el sabor caipirinha para el mundial de Brasil. Es básicamente un cóctel con cachaca, limón, azúcar y hielo.

5. El Danubio Azul fue un completo fracaso al inicio, así que Strauss le dijo a su hermano Josef: "Que el diablo se lleve el dichoso vals. Pensé habría de gustar más."
Después de eso, se volvió increíblemente popular y famoso.

Perdón por mis dibujos todos feos, pero quería poner a nuestro hermoso Aziraphale como todo el demonio precioso que es.

Y bueno, creo que eso es todo.

¡Muchas gracias por leerme y les mando a todos un apretado abrazo!