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Hasta que nos reencontremos

Summary:

Heredero del clan Yumeno, príncipe aclamado y deseado, elogiado por su buena apariencia, excelentes modales y gran intelecto. Su padre múltiples veces le había hablado de la necesidad de que encontrara una pareja adecuada, quizá una princesa del clan vecino, con la cual casarse. Para mantener la estabilidad y la paz, para tener un heredero.
Y hasta hace un año estaba de acuerdo con esa visión ¿Que era el matrimonio sino un conveniente arreglo político? EL amor era para las doncellas sin responsabilidades políticas.
O eso pensaba...

Notes:

Hola hola!
Aquí con el segundo fanfic de esta colección enfocada en historias románticas.
La inspiración para este fanfic viene de la canción "Rewrite the stars" de la película musical "The greatest showman", no es necesario que la conozcan para leer el fanfic en todo caso.

Ojalá les guste!
Comentarios y kudos siempre son bien apreciados!

Colección 14 días de febrero:
Día 1: SasaRo Au escolar
Día 2: GenDice Au principe y soldado

Work Text:

Heredero del clan Yumeno, príncipe aclamado y deseado, elogiado por su buena apariencia, excelentes modales y gran intelecto. Su padre múltiples veces le había hablado de la necesidad de que encontrara una pareja adecuada, quizá una princesa del clan vecino, con la cual casarse. Para mantener la estabilidad y la paz, para tener un heredero.
Y hasta hace un año estaba de acuerdo con esa visión ¿Que era el matrimonio sino un conveniente arreglo político? EL amor era para las doncellas sin responsabilidades políticas.
O eso pensaba, hasta que fue a ver a los reclutas nuevos.

Supervisaba con su padre el entrenamiento cuando una espada salió volando y casi le hace daño.
- ¡Cuidado!- sintió en ese momento como un cuerpo lo empujaba, cayendo ambos al piso.
- ¡Su majestad!- pero el grito del lider de la guardia ni siquiera se registró en su mente, perdido como estaba en los violáceos ojos de su salvador.
- Diablos ¿Estás bien? No deberías estar caminando sin cuidado por el campo de entrenamiento- En ese momento despertó, la voz de su interlocutor mostraba juventud y desconocimiento de su persona, algo que nunca había escuchado.
- ¡Arisugawa! ¡¿Cómo se te ocurre hablarle así a su alteza?!- Los ojos del otro se agrandaron, mostrando sorpresa pero nada del temor habitual que veía en los ojos de otros.
- Ups, perdóneme su alteza- dijo poniéndose de pie y ofreciéndole su mano para ayudarlo- Pero mantengo en que no debería estarse paseando por el campo de entrenamiento sin protección-
En ese momento el lider de la guardia golpeó al soldado en la cabeza, obligándolo luego a agacharse en una reverencia
- Perdónelo su alteza, Arisugawa es uno de nuestros reclutas más recientes y, dada su crianza en las calles, aún no ha aprendido modales. Me comprometo a educarlo como es debido…-
En ese momento el de cabellos azules se soltó del agarre del otro, observándolo con enojo
- ¡Ey! No es mi culpa que uds ni siquiera sean capaces de preocuparse por los huérfanos que dejan sus guerras…- dijo con reproche, lo que sorprendió aún más a Gentaro. Este soldado definitivamente estaba buscando una muerte temprana, pero… algo de su sinceridad sin barreras le llamaba la atención.
- ¡Arisugawa! Si sigues hablando te quedarás no solo sin almuerzo sino que sin desayuno el día de mañana-
- PffF, como si no estuviera acostumbrado al hambre…-
En ese momento el príncipe levantó la mano, llamando la atención de los presentes.
- Si me permiten, me gustaría que Arisugawa me acompañara- el capitán tragó saliva, de seguro pensaba que lo castigaría severamente- ¿Me acompaña a cenar Arisugawa? He de agradecerle de alguna manera el que haya salvado mi vida-
Ante la mirada sorprendida del capitán, y de varios otros reclutas, Arisugawa sonrió gatunamente.
- Pues claro que acepto su alteza-
La verdad solo había invitado al soldado porque le llamaba la atención, sin embargo, su conversación esa noche y las que le siguieron los llevaron a ser más que guardia y príncipe, se volvieron amigos. Finalmente Dice, como lo llamaba ahora, se había transformado en su guardia principal.
Y al día de hoy, era el guardia de cabellos azules quien hacía latir su corazón a toda velocidad.
- ¿Príncipe Gentaro?- volvió a la tierra cuando escuchó que le llamaban
- Sí perdón-
- ¿Se siente bien? Tiene la cara roja, si se siente mal podemos llamar a Jakurai-san…-
- Oh no, no hace falta, solo es un poco de insolación- dijo mintiendo con facilidad, era una mentira creíble, después de todo estaban en los jardínes del palacio con sus asesores de guerra. Un reino cercano les había declarado la guerra, aunque realmente no tenía mucho miedo, la guerra se veía lejana.
- Entonces deberíamos tener esta conversación en el interior- dijo otro de sus asesores.
Ya en la tarde, cuando se encontraba tomando té en su despacho, evaluando los distintos planes de guerra, escuchó como llamaban a la puerta. Sonrió sabiendo que solo una persona llamaba de esa forma a su puerta- Adelante-
Dice entró con una sonrisa.
- Vaya, veo que estás estudiando de nuevo su alteza-
- La verdad es que son cartas de mis enamoradas, infinitas como son, y debo responderlas con presura, aunque deba romper sus corazones…- dijo con falso drama escondiendo su sonrisa tras la manga de su traje
- Vaya, ¿realmente eres tan popular?- dijo viendo los infinitos papeles en el escritorio
- Me lastima tu comentario querido Dice, es obvio que las doncellas de este y otros reinos son capaces de apreciar mi elegancia y caen rendidas ante mis pies- dijo aún ocultando su sonrisa- pero he de rechazarlas a todas, no sea que la disputa por mi persona cause una guerra entre los reinos…- en ese momento Dice se dio cuenta de que era una mentira
- Si claro claro su alteza- dijo sentándose al lado del castaño con una sonrisa- Gentaro Yumeno, heredero al trono, belleza incomparable y mentiroso empedernido… -
Gentaro rio un poco, había costado pero Dice finalmente se había acostumbrado a sus mentiras.
- Me descubriste, la verdad es que estos papeles son tácticas de guerra- Dice puso una expresión más seria
- Vaya, así que efectivamente la guerra se avecina-
- No lo sé Dice, espero que solo sean amenazas vacías…- dijo con algo de preocupación, el día de mañana sus padres partirían en una misión diplomática al reino de Chuuoku, quienes les habían declarado la guerra. Al ver su expresión preocupada Dice decidió tomar las riendas.
- Ey Gentaro ¿Quieres ir a pasear por la ciudad?- el castaño salio de su preocupación para ver a su guardia
- ¿A esta hora Dice?-
- ¡Claro! Hoy hay un festival en la ciudad, deberías disfrazarte e ir. Te acompaño-
Finalmente habían ido al festival, era común que el príncipe se disfrazara de ciudadano para ir con su mejor amigo al pueblo. Así es como había conocido el orfanato donde había crecido su mejor amigo, entre otras cosas. Todos hechos que le habían hecho impulsar cambios y reformas en el reino para disminuir la pobreza.
- Escuché que en el festival habrán nuevos fuegos artificiales traídos directo del oriente- le comentó Dice mientras comían.
- Vaya, de seguro serán un espectáculo-
Y lo fueron, las luces, los colores y las formas. Su corazón se sentía exaltado ante tan hermosa vista, pero lo que casi detuvo su corazón fue ver a Dice sonriendo. Las luces de colores reflejadas en sus ojos, la felicidad que irradiaba de cada poro. En ese momento supo que no había vuelta atrás, su corazón le pertenecería por siempre a su mejor amigo.
A su amor prohibido.
Justo en ese momento Dice se volvió a verlo con una sonrisa.
- Es como magia ¿No crees Gentaro?-
Asintió embobado, afortunadamente Dice era lo suficientemente tonto a veces para no darse cuenta de la mirada de amor en sus ojos.
- Deberíamos volver si se da la oportunidad- le dijo Dice
- Claro que sí- le dijo con una sonrisa algo melancólica, sabía que tendría que esconder este amor que sentía por su mejor amigo por siempre.
Pero esperaba poder disfrutar de su compañía durante todo lo que la vida le permitiera.

Sin embargo, la vida no sería tan fácil. A la semana de que sus padres habían partido en su misión diplomática recibieron noticias de su muerte.
Asesinato más bien.
Acompañado de una declaración de guerra.

Luego de eso sus vidas se habían vuelto un torbellino, preparaciones de guerra, su ascenso apresurado al trono, el entrenamiento de los reclutas. Todas cosas que habían hecho de sus encuentros más escasos y breves, siempre teñidos por el terror de la guerra.
Cada día que pasaba la guerra se acercaba más a las puertas de su reino.
Sabía que la batalla era inminente, y que podían no volver a verse en mucho tiempo.
Quizá nunca.
Esa noche, la noche anterior a su partida al campo de batalla, se encontraba observando las estrellas de su balcón cuando sintió el rítmico golpear de su puerta.
- Adelante-
Al rato sintió una presencia a su lado.
- ¿Qué piensas Gentaro?-
- En nada y en todo Dice-
Luego del breve intercambio el silencio reinó el balcón, la brisa era solo ligeramente fría, señalizando el inicio del otoño.
Había tanto que quería decirle a Dice, sus miedos, sus aprehensiones, como lo único que lo había mantenido cuerdo estos días donde solo se hablaba de guerra era el recuerdo de su sonrisa. Sobre todo quería decirle lo mucho que lo amaba y que tenía terror de que ambos murieran sin haber disfrutado ninguna noche a su lado.
- Dice-
- Dime Gentaro- el príncipe se giró a verlo, su expresión seria y nerviosa
- Tengo algo que decirte- Dice, dándose cuenta de lo serio de la situación, se giro a ver al príncipe
- Soy todo oidos-
- Yo… Dice- tantas palabras en su mente, pero ninguna quería salir- Yo… para mí… tú… quería decirte que…- en ese momento sintió la mano callosa de otro tomar la suya y lo miro con sorpresa
- Yo también Gentaro, pero preferiría que no lo dijeras en este momento, sonaría a una despedida- con su otra mano tomó la mejilla de su príncipe, a quien había jurado proteger
- Dice…-
- Solo… no es necesario que lo digas, dejémoslo para cuando hayamos acabado con esta guerra, bajo la luz de los fuegos artificiales de celebración. No quiero que el recuerdo de este momento tan especial esté marcado por la posibilidad de una despedida-
- Vaya ¿Cuando te volviste un poeta que no me di cuenta?- dijo con una sonrisa, apoyando su mejilla en la palma del otro, disfrutando la caricia
- Ey, no te burles de mí, era obvio que estando contigo algo de tu habladuría se me pegaría- le dijo ya completamente sonrojado. Gentaro sonrió, disfrutando esas expresiones que sabía que solo él había visto.
Siguieron viendo el cielo, disfrutando de la cercanía del otro, la calidez de sus manos juntas y del cariño que sentían el uno por el otro.
- Dice-
- Dime Gentaro-
- ¿Dormirías conmigo hoy?- la cara de Dice era un poema, rojo completo, intentando articular palabras, como un pez fuera del agua. Gentaro rio bajito- No en ese sentido don pervertido, no puedo creer que tu mente haya ido directo a la alcantarilla-
- ¿¡Y qué esperabas!? Soy un hombre joven después de todo…- dijo rojo como un tomate, las mejillas de Gentaro igualmente estaban algo sonrojadas
- No era eso a lo que me refería, solo quiero disfrutar de tu compañía-
- Está bien… ¡Pero no intentes nada raro! O me tentaré…-
Finalmente entre sonrojos y momentos incómodos se acostaron a dormir, Gentaro aprovechando de recostarse sobre el pecho del guardia.
- Buenas noches Dice-
- Buenas noches Gentaro, nos vemos mañana…-

Lo que siguieron fueron días duros, batalla tras batalla, dejando escaso tiempo para que príncipe, ahora rey, y soldado pudieran conversar. Debían contentarse con un roce de manos, o una mirada significativa durante los consejos.
Finalmente parecía que la guerra se acercaba a su fin.
Ese día la batalla había empezado bien, las fuerzas del reino de Shibuya llevaban la ventaja.
Se encontraban en el medio de una batalla en un claro en el bosque cuando ocurrió.
Gentaro se encontraba en una batalla uno a uno con un soldado de Chuuoku, cuando su pie se atascó en una trampa. Supo entonces que había caído en el plan enemigo, intentó reaccionar a tiempo, pero sabía que no podría defenderse con la velocidad suficiente.
- ¡Gentaro!- lo que ocurriría luego sería el recuerdo que lo aterrorizaría hasta el fin de sus días.
Un líquido caliente salpicó su cuerpo, un sonido húmedo ocupó sus oídos. Una visió sacada de sus más horribles pesadillas.
- ¡Dice!- En ese momento el cuerpo de su amado cayó frente a él. Y lo que ocurrió luego no lograría recordarlo luego, solo recordaría que cuando había vuelto en sí los cuerpos muertos, destrozados, irreconocibles, de sus enemigos estaban a sus pies.
Y en otro instante el cuerpo cálido de Dice estaba en sus brazos, su abdomen lleno de sangre, al igual que su mano, la que tenía un par de dedos faltantes.
- ¡Dice! ¡Dice!- repetía como una máquina averiada. Sentía la vida del soldado escapársele de entre los dedos. Finalmente los ojos violetas que tanto amaba se abrieron, aunque faltaba luz en ellos.
- Gentaro- dijo con una voz débil
- Dice, no te esfuerces, la ayuda viene en camino…- ya había mandado a uno de sus soldados a buscar ayuda, Dice solo tenía que aguantar unos momentos… todo estaría bien. Sentía las lágrimas en sus ojos.
- Ey Gentaro-
- Dice no…-
- Te amo Gentaro, lo siento, quería ver los fuegos artificiales contigo…-
- No digas eso Dice, claro que los veremos… Solo…- sabía que estaba llorando
- Ey Gentaro-
- Dime Dice…-
- Te amo, y siempre te voy a amar… ¿Puedo ser egoísta y pedirte que seas el mejor Rey que haya visto esta tierra?-
- Claro, y estarás a mi lado para vigilarme… como mi Rey-esposo…-
- Je… eso suena maravilloso…- dijo cada vez más apagado
- Dice no… no me dejes… Te amo…-
- Yo… también te amo…- dijo antes de cerrar sus ojos, su respiración lenta, cada vez más inaudible.
El rey sólo podía llorar, esperando la llegada de la ayuda.

…..
Se despertó de un golpe, lágrimas en los ojos y la angustia pesada en el pecho.
El mismo sueño, una y otra vez a lo largo de su vida.
La misma angustia de no saber si su amado viviría.
Se giro en la cama, intentando recordarse que la angustia no era real. Al menos no para este Gentaro.
Subió su mano para tocar la mejilla de su compañero de cama, su mejor amigo y pareja.
El otro se removió un poco, abriendo ojos que no se veían en la noche, pero que el escritor sabía eran de un brillante violeta.
- ¿Gentaro?- dijo una voz somnolienta
- Vuelve a dormir Dice, no es nada- dijo intentando no demostrar la angustia en su voz
- ¿El mismo sueño de siempre?- ah, aparentemente su habilidad para mentir disminuía con la angustia. El de cabellos azules lo abrazó y acercó a él, quedando el castaño con su cabeza recostada en el pecho del otro, justo sobre su corazón- Ya te dije, no sabemos si realmente el soldado murió. Quizá la ayuda llegó a tiempo y reinaron juntos Shibuya. Me niego a creer que mi yo del pasado moriría con tanta facilidad- el escritor sonrió, apreciando el fuerte latir del corazón de su amado
- Quizá tienes razón… quizá se casaron y tuvieron hijos maravillosos-
- ¿Hijos? No podrían, si eran dos hombres Gentaro- dijo con voz somnolienta
- No sabemos, quizá en ese universo alterno los hombres sí se embarazan…-
- Que extraño suena eso Gentaro- sintió un escalofrío recorrer el cuerpo de su pareja y rio- Hay cosas que en realidad no quiero saber-
- ¿oh? ¿Me estás diciendo que no te gustaría que tuvieramos hijos? Amado Dice, y yo que he estado esforzándome tanto para procrear hijos contigo y darte herederos dignos…- sintió a su pareja despertar un poco más
- Eh, ah… ¿eh? O sea, si tuvieramos hijos claramente sería feliz Gentaro, pero…- en ese momento se dio cuenta de que su amado escritor estaba riendo- ya deja de burlarte de mi Gentaro-
El castaño depositó un beso sobre el pecho del otro
- Estoy seguro de que serás un gran padre Dice-
- Si tienes ánimos para hacer ese tipo de bromas significa que podemos volver a dormir- dijo con un gran bostezo- podemos seguir esta densa conversación en la mañana-
EL escritor se acomodó contento sobre el pecho del otro
- Tienes razón, después de todo tenemos toda una vida para estar juntos…- dijo admirando el brillo del anillo que reposaba en su dedo anular
- Ajá, y bueno, si quieres tener hijos siempre podemos adoptar…- la voz del antiguo apostador se fue apagando de a poco hasta que se transformó en una suave respiración, señalando que se había quedado dormido.
- Te amo Dice- susurró a la noche, disfrutando el poder decirlo sin el miedo encima.
Y quien sabe, quizá Dice tenía razón, y el soldado se había salvado.
Debía escribir ese final, quizá plasmandolo en escrito lo haría realidad para el Gentaro del pasado.

fin

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