Chapter Text
Se podría decir que Hypnos no se quejaba de su trabajo.
Al ser el sueño mismo su deber era hacer que los mortales e inmortales durmieran para descansar, pero algunos no se rendían al mundo de los sueños Zagreus era un claro ejemplo ¿como se las apañaba el príncipe del inframundo sin dormir? Era un misterio para el dios del sueño.
Aparte también recibía y las almas recién llegadas al inframundo donde escribía sus nombres y causas de la muerte.
Cabe decir que el príncipe llenaba varias listas en su libro, pero no sólo acababa hay pocos sabían que también llevaba la contabilidad y administración de las almas y cuentas de gastos de la Casa, además de discutir con los contratistas para que rebajaran los precios de construcción etc.
En cierto sentido sí, su trabajo exigía la verdad.
Pero era un trabajo que Hypnos llevaba con diligencia, puede parecer perezoso o que lo tomen por un vago al ser la deidad del sueño pero eso no era cierto. Disfrutaba dormir y descansar pero también se distraía así y sentía que era de utilidad y no se sentía un inútil consigo mismo.
Miró cómo su madre Nix hablaba con Zagreus animándolo de uno de los fracasos del joven de intentar escapar del dominio de su padre. Hypnos nunca había tenido esa cercanía con su madre, sus hermanos eran algo más cercano a él pero siempre tuvieron predilección por sus otros hijos.
Pero Hypnos se había acostumbrado a eso y estaba contento con su suerte, un trabajo importante que aunque nadie supiera valorarlo para el dios le bastaba saberlo él solo. Y lo más importante un sitio para los raros y preciosos momentos que tenía para dormir.
—Megara he terminado aquí, en un rato vuelvo de nuevo por las almas nuevas—la Furia lo ignoró como siempre pero no le importó—Nos vemos luego—
Se despidió de los demás mientras caminaba entre los residentes de la Casa, saludó con quien se cruzó pero pocos le devolvieron el saludo.
¿Tan invisible era?
Suspiró y fue hacía su cuarto, al contrario que el de Zagreus el suyo tenía una cortina en la entrada para tener intimidad y comodidad, para él dormir era sagrado y no quería que nadie lo interrumpiera a no ser que fuera necesario. La cortina no hacía ruido como las puertas cuando se abren y estaba hechizada como favor de Hécate. Nadie podría entrar sin su permiso y amortiguaría el ruido de afuera como haría cualquier puerta.
Abrió la puerta de su habitación y sonrió, el techo tenía constelaciones y estrellas por doquier como un cielo nocturno de su madre. Al ser hijos de la noche todos ellos heredaban de Nix algo de su poder sobre las estrellas, Hypnos le costó años pero mereció la pena.
Le encantaba dormir con ese hermoso paisaje, le reconfortaba, su habitación era acogedora, cómodos sillones una chimenea para encender y estar caliente y leche algo caliente para tomar. Libros de poesía y e historias, en estanterías, para leer tranquilamente hasta dormirse junto al fuego o en la cama. En más de una ocasión dormía agarrado a un libro como si fuera un peluche.
Con un suspiro contento se puso ropa para dormir quitándose la capa edredón que tenía, se metió en las frescas y limpias sábanas, se puso su antifaz para dormir y enseguida se fue al mundo de los sueños.
Durmió en su reino de sueños al mismo tiempo que ayudaba a otros a conciliar eso no era un trabajo era parte de él y su ser, en los sueños allí todo era posible.
