Chapter Text
—Ven—llamó el chico sobre la cama, sonriéndole de manera dulce y estirándole su mano para alcanzarlo.
Riot tuvo aquella fuerte sensación que lo recorría cada vez que esa escena se reproducía frente a sus ojos: un calor sofocante lo invadía por dentro y escapaba por su piel, por su boca abierta, por el sudor que se le acumulaba rápidamente en el pecho, el cuello y la espalda. Algo se le revolvía en las entrañas y sacudía su sistema, haciéndolo temblar. Los pensamientos comenzaban a arremolinarse en su cabeza, mientras una cacofonía de voces, todas sonando como su propia voz, le gritaban cosas sin dejarlo pensar, sin poder tomar una decisión, mientras su mano se quedaba alzada en el aire, a la espera:
“¡No lo hagas! ¡No es correcto! Él es tu mejor amigo…”
“Solo será un poco, no te hará daño. Además, lo quieres más que nada.”
“Lo has visto crecer desde que tenía cuatro años, no está bien que intentes tocarlo ahora…”
“Él te lo está pidiendo. También lo quiere, es lo que ambos quieren. Te va a gustar, y también a él.”
La primera voz nunca sonaba del todo convencida, y por lo general no era la última en tener la palabra. Era tal vez por eso que Riot acababa cediendo, alcanzaba la mano azabache que lo esperaba a solo algunos centímetros de la suya y luego recibía otra nueva y cálida sonrisa de vuelta en agradecimiento, más dulce que la primera, si cabía.
Venom, ese Venom que lo esperaba casi todas las noches medio desnudo en su cama, lo atraía hacia él y guiaba sus manos por su cuerpo, bajo su ropa, mostrándole entre pequeñas risas los lugares que más le gustaba que le acariciaran, paseando la punta húmeda de su lengua por los labios temblorosos de Riot, ahogándolo en su aliento caliente y en su olor inconfundible. En aquellos sueños que lo acosaban de manera cada vez más constante, Riot era maleable y débil, no el chico seguro y maduro que el resto del mundo veía a la luz del día. Sucumbía con facilidad a las palabras, los besos y los gemidos que esa alucinación, producida por su enamoramiento y sus hormonas alborotadas, le entregaban durante las noches de sudor y soledad del adolescente. Eran sueños cargados de placer y una intensa pasión que en la vida real él nunca había experimentado, pero que sabía que anidaba en lo más hondo de su persona, aguardando el momento justo para salir y entregarse. Las mañanas que seguían a esas noches, sin embargo, venían llenas de la más amarga y triste desolación. Abrir los ojos, encontrar su lecho vacío y su ropa de cama sucia, hacían cada vez más difícil la tarea de levantarse, asistir al instituto privado, regresar a casa para seguir estudiando y lidiar con su frívola familia, con su excéntrico huésped Carlton. Y encontrarse con Venom, su mejor amigo, por supuesto.
—No sé cuánto más pueda seguir con esto…—se dijo el simbionte gris, frotándose la frente sin poder pensar en qué iba a hacer al respecto.
Desde que había comprendido a los trece años que se había enamorado irremediablemente de su amigo de la infancia de color negro, Riot le había estado dando vueltas al asunto sin poder tomar una decisión. Con los años su amor por Venom no hacía sino agrandarse, volverse más fuerte y resistente al paso del tiempo, a la distancia que, por un tema de madurez y vergüenza, se había interpuesto entre ellos, volviendo los abrazos cariñosos que se daban de pequeños en algo que recordaban con mucha pena y sin poder mirarse a la cara, riéndose nerviosos, escondiendo el intenso deseo y necesidad que ambos tenían de volver a tenerse cerca. Ahora, tres años después, esa indecisión por parte del mayor de ellos calaba hondo en el futuro codirector de la Fundación Vida: no podía quedarse con Venom en espacios cerrados, se ahogaba en el calor de la cercanía. Cargarlo en la espalda, algo tan común cuando fueran niños, le significaba ahora terminar empapado por el abrazo de sus cuerpos, por la respiración del otro en su cuello, sus brazos rodeándolo por los hombros, sus piernas enlazándose a su cintura. Que el menor se quedara dormido sobre su hombro producía un temblor constante en su pierna izquierda y un deseo incontenible de voltear el rostro para verlo cada vez, lleno de confianza y tranquilidad.
Era esa confianza la que Riot no quería destruir, la que no quería perder. La que le había retenido, tres años en su sitio, de confesarle a Venom lo que sentía por él. Cómo se estaba haciendo añicos por dentro conteniendo sus deseos de abrazarlo y comérselo a besos, de jurarle un amor eterno e imposible para este mundo, demasiado pequeño para que hubiera cabida en él. Riot sería todo y no sería nada por él. Por Venom.
— ¿Quieres quedarte esta noche en mi casa? —preguntó el simbionte oscuro, comiéndose lo último de su helado.
El otro tragó con dificultad el postre de café, se cubrió con una servilleta y desvió los alargados ojos blancos por el suelo de la pastelería. Los cuadritos blancos y negros empezaron a bailar en su sitio, como riéndose de él. Ya estaba en problemas otra vez.
Desde pequeño Venom había amado las pijamadas. Quedarse jugando a los soldados hasta caer rendidos. Quedarse en vela solo por el reto de quién resistía más. Quedarse despiertos viendo videos y memes en internet hasta matar la batería. Hablar hasta el amanecer del futuro y de la escuela, y de la vida dura que les esperaba más adelante y de cómo no querían lidiar con ella. Siempre había habido un buen motivo para una noche juntos en la casa del menor, pero desde su primer sueño húmedo con el menor, Riot ya no tenía ningún motivo para querer volver a sentir la almohada de Venom bajo su mejilla.
Bueno, sí había un motivo; uno solo, pero no era como si aquello fuera a ocurrir.
— ¿Cuándo?
—Dije “esta noche”—repitió Venom, mirándolo como a un idiota. Porque claro, había hecho una pregunta idiota, pero necesitaba despertar del mal trance en el que había caído.
El joven klyntar se recompuso en la medida de lo posible y tamborileó con sus dedos sobre la mesa, buscando rápidamente una excusa con la cual no asistir. Era miércoles. Los miércoles y los martes Eddie Brock llegaba muy tarde de su trabajo, y habían sido desde siempre los días en que los dos amigos habían acordado juntarse para hacer desorden en su casa. En la de Riot no se podía porque los Drake no tenían mucha paciencia con los ruidos y la música en alto.
— ¿Y bien? —le apuró el más oscuro, frunciendo el ceño.
—Es…está bien—respondió Riot por fin, sin haber podido pensar en algo a tiempo.
Odiaba mentirle a su compañero. Desde el comienzo ambos habían acordado que los amigos no se mentían y lo habían mantenido así desde entonces, con sus dificultades y fallos y enmiendas, pero lo habían hecho. Sin embargo y desde hacía tres años, Riot estaba mintiendo con una frecuencia impresionante. Mentía a su madre, a su huésped, a la madre de su huésped, mentía en la escuela, mentía a sus otros amigos, le mentía a Eddie Brock y también al simbionte de éste, que era lo peor. Pero era la única forma que había encontrado para mantenerse protegido.
Si le decía la verdad a Venom…
Si le confesaba que se estaba muriendo por él…de ganas de estar con él…todo se iba a ir al diablo.
Se iba a terminar. Y no había nada a lo que Riot le temiera más.
Las noches en casa Venom eran igual de peligrosas, en cualquier caso. El simbionte de la familia Drake sentía que entraba a un sitio cerrado en donde habían dejado las llaves de la estufa abiertas, todas ellas. Venom era la caja de fósforos. Él el fósforo. Solo bastaba un roce preciso y todo iba a volar por los aires. Iba a arder. Después no quedaría nada.
—En dos meses más será mi cumpleaños—comentó Venom sentado a los pies de su cama, durante una pausa en la conversación de ambos.
Riot levantó los ojos del colchón y los dirigió hacia su amigo. El Venom de sus sueños imitaba muy bien la sonrisa dulce y amable de éste, pero carecía de algo que su compañero siempre había poseído, y era una de las cosas que él amaba más: una bondad limpia y pura, difícil de encontrar hoy en día. Riot se sentía repugnante de solo pensar en que él soñaba con acostarse y devorar a ese inocente chico, mientras que Venom se avergonzaba terriblemente de contarle cuando tuvo su primera erección, algo de lo que cualquier adolescente a esa edad hablaba con total normalidad.
“Estoy tan jodido…” —se maldecía para sus adentros, presionando sus puños contra su frente.
— ¿Qué me vas a regalar? —inquirió el simbionte negro, levantando las rodillas y rodeando sus piernas con los brazos.
— ¿Realmente quieres que arruine la sorpresa?
—No—se encogió de hombros—, pero podrías regalarme varias cosas, así no se arruinaría la sorpresa de las otras—sonrió ampliamente y con cierta picardía.
El mayor sonrió de vuelta y se metió bajo las mantas: entre más corta hiciera la noche, tanto mejor.
—Vale. Uno de tus regalos es un ticket para el teatro acrobático chino.
— ¡¿De verdad?!
—Sí. Vendrán a la ciudad justo por esa fecha, así que podremos ir.
— ¡Será genial! —exclamó Venom, dando un salto en su lugar y aterrizando acostado junto a su compañero, sonriendo anchamente y con la más genuina felicidad.
Riot sonrió llenándose de esa alegría que solo su mejor amigo le podía transmitir y luego se volteó boca arriba para eludir el continuo contacto visual. No le duró más de unos segundos, en los que Venom se acomodaba también y le acercaba su teléfono.
—Mira, tengo memes—sonrió divertido.
El otro lo hizo algo más nervioso y aceptó la invitación, engañándose al decirse a sí mismo que tal vez riendo un poco de las tonterías que subía la gente a internet podía distraerse de pensar que estaba compartiendo cama con el objeto de sus retorcidos deseos. No contaba con que éste se arrimaría a él quedando con su cabeza casi bajo la barbilla del mayor, de modo que ambos pudieran mirar sin molestias a la pantalla del móvil.
Fue inútil intentar concentrarse en las imágenes tontas de ediciones baratas que Venom había guardado meticulosamente en sus marcadores para enseñárselos a su compañero después: el calor agradable que desprendía su cuerpo se mezclaba con el de Riot, casi derritiendo la piel del otro y mezclándola con la suya propia. Su olor envolvía al de tono más claro como un abrazo delicioso y sofocante. Fingió que se reía cada vez que Venom lo hacía, mientras aferraba los dedos largos que querían subirse a ese cuerpo del color de la noche a las sábanas de la cama, como un amante desesperado que en pleno orgasmo intenta aferrarse a algo real, mientras su mente navega en el delirio. De nuevo el calor y la transpiración no tardaron en llegar, por lo que Riot, para no ponerse en evidencia, intentó hacer algo de espacio entre los dos.
— ¿Ya te quieres dormir? —preguntó Venom tras una última carcajada y volteando la cabeza para verlo.
El roce de sus rostros fue breve y eléctrico. Riot perdió todo el aire en sus pulmones. El rubor en el rostro del menor quedaba escondido tanto por su color natural como por las sombras que los envolvían, pero la luz que emitía la pantalla del teléfono alcanzó para hacerlo notar. Perdió la sonrisa y olvidó la broma que iba a soltarle a su amigo en cuanto se rozaron. Algo se le apretó en el pecho de manera dolorosa e inusual. Se quedó largamente colgado de los ojos opalinos del más alto, algo que venía pasándole cada vez con mayor frecuencia y sin que él pudiera explicarse la razón. Aunque le gustaba. Era un dolor que tenía algo delicioso y que se incrustaba en el fondo de su ser. Venom tenía que escarbar dentro de sus propios sentimientos para poder dar con él. Era como hundir los dedos en la arena caliente y áspera para que comenzara a brotar el más dulce chocolate. No sabía qué era. No podía ponerle nombre, pero era real y solo le ocurría con Riot. Tal vez era una cuestión de los mejores amigos…
—Tengo…que ir al baño—se excusó el otro, sonriendo con los labios temblorosos y volteándose.
El chocolate se hizo piedras en la boca de Venom mientras veía en la penumbra al klyntar avanzar a tientas por la habitación. ¿Por qué había tenido que ser justo en aquel instante? Cuando lo estaba disfrutando más. Apartó el móvil de en frente y soltó un suspiro cargado de la más melancólica derrota, a la par que Riot, encerrado en el baño, soltaba a su vez uno lleno de contenido éxtasis escapando de su boca y de todo su cuerpo. Suerte que la habitación de Venom estaba a oscuras, o no habría podido explicar aquella erección bajo sus pantalones de dormir.
—No sé cuánto más pueda seguir con esto…—repitió tal y como en esa mañana, después de verse con el otro Venom, solo que ahora de manera dolorosa, más real.
Se dejó caer sentado y encogido contra la pared fría de la habitación, esperando a que el calor se fuera. Ojalá Venom estuviera dormido para cuando él volviera, aunque aquel día solo llevaba contando derrotas para sí.
—Ven—lo llamó el muchacho a medio vestir sobre su cama, estirando su brazo para alcanzarlo y atraerlo a pecar.
Riot tragó saliva, observó su mano esperando y luego negó repetidas veces con la cabeza.
—No—sentenció, antes de que sus voces empezaran a discutir y le hicieran divagar—, esta noche no.
Se cubrió los ojos con ambas manos e intentó hacer desaparecer aquella terrible visión. Sabía que esa noche estaría durmiendo con el verdadero, y cualquier sonido que saliera de su boca mientras disfrutaba estando con el otro, engañándolo en su propia cama, sería su perdición.
—Riot ven, por favor—llamaba Venom con un gemido, mezcla de dolor y placer—, te necesito…
Se negó a hacerle caso a esa y a sus otras llamadas de amor, cosas que Venom probablemente nunca diría, usando palabras que de seguro ni siquiera conocía, pero que encendían horriblemente las ansias del mayor. Claro, su subconsciente conocía su gran debilidad y la usaba contra él, pero Riot se mantuvo firme y se negó: esa noche no.
Intentar concentrarse en clases después de pasar una inocente noche en casa de su mejor amigo podía tornarse en una tarea colosal. Los números en la pantalla digital de en frente no conseguían tener el menor significado para él, las imágenes no tenían ningún sentido, los gráficos solo eran montones de rayas de colores, como los gigantescos peldaños de su vida en los que él debía subir y bajar cada vez que se enfrentaba a una situación con el amor de su vida. Así lo había llamado desde el principio. A esa parte de él que se alimentaba día y noche de fantasías con Venom, le gustaba imaginar que el muchacho de tono oscuro respondería recíprocamente a sus sentimientos. Que se sonreiría hasta resplandecer como una estrella cuando él le declarara sus sentimientos y se abrazaría de una vez y para siempre con él.
“¡Yo también te amo, Riot!”
Ese sería el final de su tortuosa y solitaria historia, y comenzaría a escribir una nueva, solo que ahora habría dos autores de aquel libro. Ojalá fuera tan simple…
—Deberías decírselo de una vez—repetía Carlton Drake cada vez que lo veía sumido en sus pensamientos, adivinando que otra vez se trataba del simbionte del tal Eddie Brock—. Vas a volverte loco si sigues así.
—Seguramente ya lo estoy.
— ¿De qué me va a servir tener un simbionte loco? —soltaba el muchacho, de la misma edad que su mejor amigo— No vas a ayudarme a dirigir la Fundación Vida con los tornillos sueltos. O arreglas tu problema o tendré que hacerlo yo por ti. ¡Hmph!
Carlton siempre se había mostrado como un chico frío, engreído y condescendiente. En general todos los Drake eran así, pero Riot era el único que conocía la verdadera naturaleza de su compañero, no por nada era su simbionte y él su huésped. Carlton Drake era alguien preocupado y tímido por dentro, demasiado bondadoso para la familia que le había tocado, así que él intentaba con todas sus fuerzas encajar; ser parte de ellos, mimetizarse con ellos y así ser un perfecto Drake. Si fastidiaba día y noche a Riot para que se confesara con Venom no era solo porque estuviera pensando en el futuro de la empresa de su clan: le dolía ver a su compañero sufriendo y además arriesgando su posición dentro del núcleo familiar al cual ambos pertenecían. Un simbionte era reemplazable por otro, pero el heredero legítimo no. Al Klyntar, por otro lado, hacía mucho había dejado de importarle pertenecer a los Drake; si lo expulsaban del círculo por sacrificar horas de clases o de su entrenamiento con tal de acompañar a Venom si éste lo necesitaba, para él ya no era relevante. Se las arreglaría para seguir viéndose con Carlton, pero no se permitía perder de vista al híbrido.
Desde que se habían separado la primera vez por el viaje a Europa de la familia Drake cuando fueran niños, Riot le prometió a Venom que no se volverían a distanciar. Aquel fue el primer y más grande obstáculo por el cual pasó su amistad. Eran demasiado pequeños y sus sentimientos demasiado grandes para ellos en aquel entonces. No verse durante treinta días les cayó a ambos como una sentencia, como un castigo cruel por parte de la vida que no se merecían. Sentían dentro de sí que la distancia insalvable entre un continente y otro —aunque para esa época Venom no podía concebir qué tan lejos estarían en realidad— iba a separarlos y a romper su lazo irremediablemente. La sola idea los aterraba. A los ocho años fue la primera vez que Riot se escapó de la mansión familiar, un día antes del viaje. Llegó por sus propios medios al departamento de Eddie y Venom, varios kilómetros lejos de su casa, una tarde nubosa y gris.
— ¿Está Venom? —preguntó el pequeño en cuanto Brock abrió la puerta.
El hombre se quedó de una pieza al ver al niño simbionte aparecer sin aviso (siempre llamaba el día anterior cuando los quería visitar), jadeando, empapado de tanto correr y con los zapatos, usualmente lustrosos, raspados y sucios.
El aludido en cuestión estaba en la sala, así que en cuanto reconoció la voz de su amigo en la puerta se levantó de inmediato y lo llamó, corriendo hacia él.
— ¡Riot!
— ¡Venom!
El mayor de ellos salió al encuentro del más chico, con tanta prisa que casi empujó a Eddie al pasar por su lado. Su cuerpo lo arrastró sin que él tuviera que darle la orden, pero su espíritu se abrazó con Venom antes de que él pudiera llegar y ambos se estrecharan fuertemente, casi con brusquedad. Cayeron sentados al suelo, amarrados y temblorosos, llenos de un miedo abominable para dos seres tan pequeños y que no habían hecho nada malo en sus vidas, castigados sin saber por qué, luchando contra la idea de que no se verían más.
Eddie los observó desde la puerta en amargo silencio. No podía comprender que estuvieran sufriendo de semejante forma. Como el adulto que era, tenía una visión objetiva y completa del problema. La mente infantil de ellos exageraba a dimensiones inconcebibles la separación por el viaje de los Drake. Sin embargo, ¿era posible que dos niños, que no tenían mayor experiencia de la vida ni de la complejidad de la amplia gama de sentimientos que existían, pudieran albergar emociones tan intensas para hacerlos sufrir de esa manera?
“Estos niños…” —pensó el reportero, viéndolos sollozar en su sala—“Tienen un lazo sinigual.”
Supo desde aquel mismo instante que Venom y Riot estaban destinados a estar juntos para siempre. No de la forma en que su relación evolucionaría más adelante, pero sí enlazados por una suerte de destino que los mantendría unidos para bien o para mal.
Hasta aquel momento Venom nunca había visto a Riot llorar. Él lloraba todo el tiempo, pues siempre había sido una criatura sensible y demasiado blanda. Había salido de alguien con un corazón amable, así que era inevitable, pero Riot no era un híbrido sino una cría directa de un Klyntar, uno de clase guerrera nada menos, por lo que era inusual que los de su tipo se quebraran con algo alguna vez. Venom era el único capaz de romper al simbionte gris. Él y cualquier cosa que le significara estar lejos de su preciado amigo.
El llamado en la puerta despertó a todos del trance de aquella triste escena. Riot volvió la cabeza, sabiendo que se trataba de su madre. Él había tardado más de una hora en llegar hasta allí por el transporte público y a la carrera. Ella solo diez minutos después de haberlo estado buscando arriba abajo por la mansión de los Drake. En lo que Eddie dio algunos pasos y abrió la puerta, Riot se levantó y tiró por la mano a Venom a su habitación. Allí los encerró poniendo por dentro el pestillo y arrastró a ambos hasta un rincón detrás de la cama. El más pequeño no dejaba de llorar, hasta el punto de que tenía los ojos blanquecinos hinchados y adoloridos.
—Tranquilo, todo va a estar bien—prometió el de tono gris, sonriendo con tristeza y quitándose las lágrimas del rostro con el borde de su abrigo. Sacó su teléfono del bolsillo del pantalón y se lo depositó en las manos—. Toma, quiero que te quedes con esto.
—Pero es tuyo…
—No importa, quiero que te lo quedes. Guárdalo bien, ¿sí? —Venom asintió con la cabeza, escondiendo el aparato contra el pecho—Voy a llamarte todos los días desde Europa y quiero que me cuentes todas tus cosas—sonrió, sosteniendo la cabeza adorable y redonda de su compañero entre sus manos—. Quiero que me cuentes de cuando vayas a la escuela, y a la plaza a jugar, y si te haces amigos nuevos. Y si te sientes triste o solo, o te pasa algo malo, quiero que me llames de inmediato—la voz de la madre de Riot detrás de la puerta y sus golpes contra ésta asustaron a Venom, quien dio un salto y trató voltear, pero Riot regresó su atención hacia él—. Yo te contaré de las cosas que haga también, y te enviaré fotografías de los lugares que visite. Así no estaremos tan lejos, ¿qué dices?
Su amigo asintió repetidas veces con la cabeza, mientras las lágrimas volvían a bajar por su rostro.
— ¡No te vayas a olvidar de llamarme todos los días! —pidió casi como un ruego.
—Lo haré, te lo prometo.
— ¿No vas…a cambiarme por otro amigo que vayas a tener allá, verdad? —soltó, doblándose de tristeza de solo imaginarse olvidado para siempre por Riot.
Su pregunta atravesó de lado a lado al más alto, de una manera tan dolorosa que el niño sufrió un espasmo. Los ojos se le llenaron de rabia y amargura ante el solo hecho de que Venom pudiera tener una idea así.
—N-no, ¡no! ¡¿Cómo me preguntas eso?! —exclamó, rodeando al otro con brazos temblorosos, presionándolo contra él. Los golpes y llamados en la puerta no dejaban de atronar— ¡Tú eres mi amigo, mi mejor amigo! ¡Siempre vas a serlo, ¿entiendes?! Eso nunca va a cambiar.
—No quiero que te vayas, Riot…—sollozó, exhausto y al borde del sueño.
Ambos se apartaron un poco. Venom cerró los ojos en cuanto Riot depositó un largo y tibio beso sobre su frente, sellando con él todas las promesas que le había hecho. Se encargó de cumplir hasta la última de ellas.
“Siempre seremos amigos…” —pensó Riot echado sobre su cama, recordando ese y muchos otros momentos en los que le juró al híbrido que estarían juntos hasta el final. ¿Sería eso posible ahora? Ahora que cada partícula de él tenía el nombre del simbionte negro escrito en ella. Ahora que añoraba una vida juntos, caminar de la mano, y dormir desnudos y abrazados. Quería vivir y morir para Venom, dedicarle cada hora del resto de su existencia, trabajar por y para los dos, construir sueños entre los dos, reír y sufrir en los brazos del otro. ¿Es que el menor no se daba cuenta de cuánto lo amaba? ¿Realmente podía esconderlo así de bien? Varias veces al día sentía que había metido la pata y se había delatado delante del otro. Aguardaba con el corazón en un puño y la respiración detenida a que Venom se volteara, lo observara con desagrado y soltara algo como: “¿Qué? ¿Es que acaso te gusto? ¿Estás enamorado de mí?”
Eso es desagradable.
¿Cómo puedes estar enamorado de mí? ¡Soy tu mejor amigo! ¡Hemos crecido juntos! ¡Somos casi hermanos! Eso es…
Es enfermizo.
No te me acerques.
Esto se acabó.
Un temblor de horror traspasó a Riot de arriba abajo mientras su mente lo torturaba con aquellas frías y dolorosas alucinaciones. Un gemido de desolación escapó de su pecho y asomó muerto en su boca temblorosa, mientras lágrimas amargas comenzaban a humedecer su almohada. La oscuridad de su habitación lo rodeó con un abrazo gélido y el silencio se encargó de consolarlo mientras él negaba:
— ¡No puedo decírselo! ¡No puedo! ¡No puedo perderlo, no! Si él se aleja de mi…no sé qué voy a hacer…
En un instante, todos los hermosos recuerdos de ellos juntos, desde que fueran niños inocentes y torpes, hasta la mañana después de su pijamada en aquel extraño e incómodo silencio, azotaron su memoria y su corazón herido. Los abrazos infantiles, cada vez que se tomaron de la mano, los pequeños besos en la frente o en las heridas para hacerse sentir mejor, las sonrisas dulces y bondadosas de Venom, libres de cualquier morbo y maldad, comenzaron a hacerse trizas y a llover sobre él, cayéndole como infinitas y frías puñaladas de cristal. La almohada retuvo sus gritos y gemidos ahogados de tristeza y desesperación, mientras intentaba recomponer con las manos ensangrentadas todos los recuerdos hechos pedazos a su alrededor.
“¿Siempre seremos amigos, verdad?” —sonó la voz del niño de cuatro años, el día en que decidieron volver eterna su amistad.
—Sí, Venom…siempre seremos amigos…—le respondió él, antes de sucumbir al cansancio y dormirse extenuado sobre la cama.
Con lo ocurrido la noche del miércoles, no era de sorprender que la comunicación entre ambos amigos fuera…escasa. Apenas habían charlado un poco por el chat telefónico, pero Riot tenía una creciente necesidad de saber cómo estaba él. Necesitaba verlo, tener sus sonrisas amables y oírlo decir tonterías. Era la única forma en que su alma podía sentirse tranquila, en medio del caos emocional por el que pasaba a causa de la maldita pubertad. Era común que salieran a dar vueltas los días viernes, pero no contaba con que eso fuera a ocurrir con lo incómodo que había sido verse la última vez. Fue por ello que se quedó con la mirada fija en el móvil en cuanto leyó el último mensaje enviado por el híbrido:
“Veámonos a la salida de la escuela.”
Riot despidió a su chofer con una enorme sonrisa y salió corriendo por la calle principal que llevaba al instituto. La felicidad que sentía lo hacía correr ligero y sin cansarse. Otra vez su cuerpo iba por su propia cuenta sin que él tuviera que ordenárselo. Llegó hasta la plaza, esa bendita plaza en la que había cruzado su destino con el de Venom y se sentó en el mismo banco en donde venían juntándose desde hacía nueve años. Se sentía tan aliviado de que el otro quisiera reunirse…significaba que lo malo había pasado y otra vez podían volver a hablarse con normalidad y seguir siendo “solo amigos”, como se suponía que tenía que ser.
Al oír las zapatillas del otro sobre el suelo de cemento, el klyntar se puso de pie de un salto y se volvió a verlo con una gran sonrisa, solo para encontrarse con el rostro sombrío y decaído de su compañero. Venía con los ojos pálidos fijos al suelo y las manos hundidas en el bolsillo de su sudadera. Obviamente algo andaba mal.
— ¿Qué tienes?
Venom se tardó un poco en empezar. Por fin se decidió y sacó del bolsillo un papel hecho bola en su mano. Se la estiró al otro, quien la recibió y abrió, observando el reprobado en el examen de física. Había fallado por muy poco, pero tristemente era el tercero de aquel semestre. Levantó la mirada hacia su amigo, quien tenía la boca fuertemente apretada.
—Lo lamento.
—Esto es estúpido—soltó el simbionte negro con desprecio—. No importa cuánto lo intente, cuánto estudie ni preste atención en clases: no puedo entender física, solo estoy perdiendo el tiempo esforzándome.
—No digas eso—dijo el mayor de manera comprensiva, acercándose y olvidando todo lo que había ocurrido entre ellos: solo quería poder ayudarlo y cambiar ese semblante, hacerle saber que todo estaría bien. Protegerlo era parte de ser quien era, de su existencia—, te faltó muy poco para aprobar…
— ¡Pero no lo hice!
—En el primer examen no obtuviste ni la mitad de este puntaje—dijo, levantando el papel arrugado—, en el segundo mejoraste un montón, ahora estuviste más cerca que nunca.
— ¡Pero de igual modo fallé! —exclamó— ¡Esto es…frustrante! Física puede irse a la mierda, yo no la voy a seguir—bufó.
Riot sonrió y estiró su mano de manera inconsciente para alcanzar su mejilla. Venom se percató del gesto y se quedó estático, pero la mano se detuvo y luego aterrizó sobre su hombro. Él dejó de estar tenso entonces y miró al más alto. Ya no se sentía tan enfadado como hacía un momento.
— ¿Puedes hacer algo por mí?
— ¿Q-qué quieres?
—Habla con tu maestro y pídele una segunda oportunidad—alzó el examen fallido—, demuéstrale que te has estado esforzando; convéncelo de que quieres hacerlo bien, de que lo quieres lograr.
—Pero ya no quiero hacerlo.
—Te pedí que lo hicieras por mí, no por ti.
Venom apretó la boca, desvió la mirada y refunfuñó por lo bajo.
—Vamos a estudiar juntos—ofreció Riot—, yo te ayudaré a entender esta materia, lo prometo. Para cuando acabemos de estudiar vas a resolver problemas de física tan rápido como te comes las galletas de chocolate. ¿De acuerdo?
—…siempre me estás prometiendo cosas—soltó él por lo bajo, un tanto apenado de pensar en ello.
El simbionte gris se avergonzó a su vez y quitó su mano grande del hombro del más joven.
— ¿Y bueno? Siempre las he cumplido, ¿no es así? —sonrió.
Volvió a cumplir su promesa y esa misma noche Venom resolvía ecuaciones más rápido de lo que terminaba de comer una galleta. Sentados ambos muy juntos ante el escritorio del híbrido, Riot inventaba problemas, se los entregaba al otro y éste los acababa en un santiamén, sorprendiéndose de poder hacerlo. A pesar de la facilidad con que ahora podía aplicar las fórmulas, sus constantes fallos hacían que su confianza mermara y no terminara de practicar, extendiendo la hora de estudio más allá de lo que Riot tenía permitido llegar a su casa. Pero a él no le importaba recibir una reprimenda si con eso conseguía ayudar y tranquilizar a su mejor amigo. Además, la cercanía con él servía para sanar las heridas que se había estado flagelando los últimos días.
— ¿Ya ves? No era tan difícil—dijo el miembro de los Drake, estirándose en el asiento.
—Debí pedirte ayuda desde el principio…
—Sí que debiste.
Por fin Venom dejó descansar el lápiz sobre el cuaderno y miró al otro sentado a su lado. Riot siempre estaba sonriendo cuando estaban juntos. Él no lo sabía, pero en su casa y en la escuela sonreía muy de vez en cuando. Incluso sus amigos de la alta sociedad le decían que debía practicar más.
—Gracias por ser tan paciente conmigo—dijo el menor, apenado y mirando el reloj en el teléfono sobre la mesa.
—No tienes que agradecerme…
—Es que—le interrumpió él—a veces siento que eres demasiado bueno conmigo—explicó, un tanto nervioso y tamborileando con sus dedos en el papel.
Al oírlo, también Riot se puso nervioso y los músculos se le tensaron. Desvió la mirada y trató de sonar todo lo natural que le fuera posible:
—Bueno…los amigos se ayudan, ¿no?
— ¿Yo en qué te ayudo?
El de tono más claro se volvió a verlo con cierta sorpresa. Venom lo increpaba con una mezcla de genuina curiosidad salpicada de ironía. Realmente no tenía modo de ayudar a alguien que lo tenía todo al alcance de la mano, y que tenía facilidad para aprender cualquier cosa. De costarle hacer algo, un poco de dinero lo solucionaba con clases privadas. Era imposible, a ojos del menor, que él le resultara de alguna ayuda a alguien en la posición de un Drake.
—No hables así, Venom.
—Lo digo en serio. El que seamos amigos no significa que yo te sea de ayuda en nada…
—Tú eres indispensable para mí—le cortó Riot, sorprendiendo a ambos por sus palabras. Se quedaron viendo fijamente un momento y luego desvió su mirada sobre la mesa—. No quiero que pienses de ti como algo menos que valioso. Tú eres…
Eres…
“Eres mi mejor amigo…”
Apretó las manos sobre el cuaderno abierto, mientras aquellas palabras se le enterraban hondamente en el pecho. Ser el mejor amigo de Venom era algo de lo que solo él podía vanagloriarse. Una victoria única. Un triunfo incomparable en todo el mundo. Y, sin embargo, pensar que cargaría con sus sentimientos hasta la muerte, escondidos bajo aquellas dos palabras, le producía un dolor indescriptible y lacerante.
Sintió la mano del otro en su brazo y lo observó de reojo, temeroso de que se hubiera dado cuenta de aquello que tanto se esforzaba por ocultar. Rezó fervientemente porque no se hubiese percatado, de que aquellas temibles palabras que lo martirizaban no fueran a llegar. En su lugar, Venom se acercó arrastrando la silla y rodeó su pecho con sus brazos, hundiendo su rostro en el hombro del más alto, quien estaba perplejo.
—Estoy muy feliz de que seamos amigos, Riot—dijo Venom en voz baja—. Tuve mucha suerte de conocerte esa vez.
El klyntar dejó salir todo el miedo retenido en el pecho en una única exhalación. Cerró los ojos, sintiendo el alivio mojarlo de arriba abajo, o tal vez era la transpiración que había vuelto ante la cercanía con el chico. Levantó torpemente los brazos y los dejó caer despacio sobre la espalda y hombros de Venom, conteniéndose, sin hacer presión al principio, pero estrechando con más fuerza al híbrido después, hasta que sus cuerpos estuvieron completamente unidos y podían sentir las palpitaciones del otro, la respiración del otro, la tibieza que iba en incremento con cada minuto que dejaron pasar en aquel silencio e intimidad. Los dedos largos de Venom se hundieron en el uniforme de su amigo, mientras disfrutaba de aquel abrazo que de alguna forma lo transportaba a la seguridad y felicidad de la niñez, pero que al mismo tiempo lo sacudía por dentro como un terremoto brutal, estremeciendo sus entrañas y produciéndole un cosquilleo inexplicable en las manos y en los pies. Bajo los ojos cerrados, veía luces de colores que bailaban lentamente al compás de la respiración profunda de su compañero. Su rostro afiebrado estaba hundido en su ropa tibia; desde que tuviera memoria Riot siempre había olido muy bien.
—D-disculpa—pidió el mayor, apartándose de pronto y rompiendo el abrazo, despertando a ambos del sueño en el que se habían sumido—, estoy cansado; creo que me estaba quedando dormido…
Excusa barata, pero excusa al fin. Era necesario que alguno de los dos dijera algo para justificar tanta necesidad del uno por el otro. Cada quien volvió a su asiento, incómodo y en silencio, esperando que ninguno preguntara nada. Nadie lo hizo, por el bien de ambos. Nada podía explicar la satisfacción exquisita, casi palpable que habían sentido de poder estar juntos. Esperaron a que las fuertes emociones se aplacaran antes de retomar la normalidad de su amistad, la que por largos minutos se vio quebrada y ahora volvía a recomponerse, dejando a los dos actores detrás de sus respectivos espejos.
Quince minutos después, ambos amigos se despedían de manera entrecortada y torpe en las afueras del edificio donde vivían Eddie y Venom. Quedaron de hablar por teléfono y verse durante los próximos días, pero ninguno pudo decir exactamente cuándo: necesitaban volver a sentir que las cosas estaban en calma antes de intentar reunirse de nuevo.
Esa misma noche Riot se encontró con Venom otra vez.
El adolescente lo esperaba donde siempre, muy puntual, justo en el minuto en que el joven simbionte se quedaba dormido. Le sonreía con dulzura y satisfacción de poder verse de nuevo. Su camisa abierta dejaba sutilmente descubierto su cuerpo de color azabache, mientras sus piernas desnudas reposaban tranquilas a cada lado sobre el colchón. Los ojos de Riot siempre se quedaban fijos en los escasos centímetros que había entre ojal y botón. El menor estiró su mano llamándolo en silencio, sabiendo que esta vez no había necesidad de insistir, de rogar. El de tono gris tomó la invitación sin esperar que hubiera discusiones en su cabeza, de que se lo preguntaran. Traía el calor del cuerpo de Venom y su olor en la piel. Siempre que aquel sueño lo asediaba, aunque terminara aceptando lo hacía con un fuerte remordimiento que le mordisqueaba el cuerpo, recordándole que lo que estaba haciendo, lo que estaba deseando, estaba mal. Esta vez se quitó el remordimiento junto con la ropa, a tirones y con impaciencia: estaba ardiendo por dentro y por fuera, y ya no podía contenerlo por mucho más.
—Riot…—dejó salir Venom de manera ahogada, mientras el otro lo estrujaba entre sus brazos, lamía su cuerpo y lo acariciaba con vehemencia sobre la ropa interior.
Se dejó caer sobre la cama, ofreciéndose dócilmente al mayor, quien lo devoraba a mordiscos intentando aplacar su hambre y su sed. Sus lenguas se entrelazaron mientras intercambiaban la saliva y el sudor. Riot se acomodó sobre el joven y sostuvo el pene de ambos en su mano, masturbándolos y arrancando los primeros gemidos de su acompañante.
—Sí, así…
Cuando los dos estuvieron calientes y húmedos, Riot dejó de aplastar al chico y levantó sus piernas para penetrarlo con cierta brusquedad: Venom gimió y cerró los ojos, comenzando a sacudirse por el vaivén del cuerpo de su amante. De tratarse del otro Venom, ese al que amaba tanto, Riot sabía que hubiese sido incapaz de ser brusco. Habría procedido con tanta delicadeza como si su compañero estuviera hecho de porcelana. Éste, en cambio, ya tenía demasiada experiencia con él.
—Sí, sigue ¡ah! Lo haces tan bien…—sonreía Venom con el rostro mojado y abochornado, mirándolo a los ojos. Estiró las manos hacia su pecho, imitando muy bien la forma en la que su Venom hundía sus dedos en la ropa aquella tarde. Esto solo logró excitarlo aún más por el recuerdo, por lo que comenzó a golpear con más fuerza, más velocidad— ¡aahh! ¡Sí, así, más…! —el cuerpo del híbrido se contorneó de placer; los dedos de sus pies estaban fuertemente apretados— ¡Te siento tan grande y fuerte, Riot…!
El aludido se mantuvo así un momento, gimiendo de manera ahogada y respirando agitadamente, sintiendo las oleadas de placer subir por su cuerpo y reconfortarlo de la necesidad que tenía de estar con Venom. Éste que estaba con él susurraba cosas que lo calentaban más, palabras que su Venom seguramente nunca utilizaría en la cama: Riot hubiera dado cualquier cosa por saber qué era lo que diría su enamorado en esa situación; imaginar su rostro transpirado y excitado era una fantasía sin comparación.
— ¡No te detengas por favor…! —pidió Venom, de rodillas en la cama y con su amante golpeándolo por detrás. Se irguió un poco y alcanzó la mano de éste sobre su cadera para atraerlo sobre su espalda, cerrar sus dedos sobre su pene erecto y besarlo, mientras murmuraba entre gemidos: —Tócame…
El simbionte gris obedeció sin dejar de embestir, hasta que ambos se vinieron entre gemidos ahogados de éxtasis e infinito placer. Al acabar, Riot se dejó caer exhausto sobre la cama mientras invocaba la imagen dulce de su Venom en la memoria, sin molestarse en ver si el otro estaba junto a él o no: siempre desaparecía sin decir adiós.
