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Ironía

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Desorientada y con un desagradable sabor en la boca cuyo origen no sabía distinguir, despertó la de ojos jade. La luz acosó sus pupilas sin decoro, por lo que debió cerrarlas unos segundos antes de ser capaz de reabrirlas de nuevo. La cefalea de la noche anterior persistía intensa. Por eso sus manos fueron distraídas a posarse sobre sus sienes al son de una maldición muy sentida que abandonó la boca reseca.

—…maldita sea, con un demonio… —

Cuando emitió aquella blasfemia, Sakura no reparó en que alguien se había tomado la molestia de acarrearla hasta un futón, velar su angustiante dormitar y escuchar las frases sueltas que emitía, intentando descifrar sus sueños como se encajan las piezas de un rompe cabezas. La risilla nerviosa de la persona que compartía la habitación con Sakura hizo a la pelirrosa abrir los ojos de golpe y avergonzarse profundamente de su anterior elección de palabras.
—¡oh, por todos los dioses! ¡Moegi-chan!... ¡discúlpame! y-yo no sabía que estabas aquí…—pidió la mujer mirando a la pequeña, que en realidad ya no era tan pequeña, luciendo aún sus distintivas coletas.

—No se preocupe Sakura-san, prometo no decirle nada a mi papá — aseguró en un tono bajo de confidente complicidad. — Beba esto por favor, le va a hacer mucho bien—continuó diciendo ella asomando una cuchara repleta de un caldo tibio a los labios de su “paciente”, como había jugado a llamar a Sakura mientras la cuidaba.

Moegi admiraba a Sakura, en especial sus conocimientos sobre plantas y medicina. Ella deseaba aprender a sanar a las personas también y la pelirrosa le había estado enseñando una cosa o dos al respecto desde hace algunos meses.

—Siento estar causando tantos problemas—se excusó Sakura accediendo a beber lo que la menor le ofrecía. De hecho, su estómago estaba añorando desesperadamente tener algo dentro. —… ¿cuánto tiempo estuve inconsciente? —

—No lo sé exactamente, pero mi padre y yo llegamos aquí al amanecer y fue entonces cuando te encontramos tendida en el tatami. Ardías en fiebre. Mi papá se asustó mucho—explicó Moegi.

—Ya veo, cuanto lo siento…debo haberme desmayado porque…no comí nada en todo el día…y…fue todo tan…abrumador—irguiéndose con la misma parsimonia con la que hablaba, Sakura ejercitó su estoicismo para no desmoronarse ante aquella niña que ya había hecho más de lo que podía pedirle.

—Lamento tu pérdida Sakura-san, te deseo mucha fortaleza…yo no tengo idea de lo que debes estar sintiendo. Nunca he perdido a un ser querido…pero imagino que tu alma está muy triste ahora... aun así, sé que podrás volver a ser feliz porque no conozco a una mujer más fuerte y noble que tú…por eso te admiro—dijo Moegi colocando su mano sobre una de las manos de Sakura, quien la miró directo a los ojos buscando distinguir si era lástima o empatía aquello que exhibía en su mirada.

—No sabes lo que dices pequeña…soy una vulgar prostituta. Lo último que debes aspirar es a seguir mis pasos. Basta mirar mi cuerpo marcado y sucio— Pensando en los eventos que la condujeron hasta ese futón, con todo a su alrededor dándole vueltas y con esa sensación de tener el corazón atravesado por mil agujas, la mujer suspiró.

—¡no digas esas cosas! es decir, no está bien lo que hiciste…pero lo hiciste por una buena razón, ¿no? —insistió Moegi con una expresión de preocupación en el rostro.

—Eso solía decirme a mí misma…y mira a dónde me ha llevado—comentó la adulta, más para sí misma que para la otra chica en la habitación. —… ¿dónde está tu padre? —inquirió Sakura.

—Se fue a prescar al arroyo con mis hermanos para hacer de cenar—respondió la otra.

—Muy bien. Entonces debo limpiar este lugar—anunció la protagonista de esta historia poniéndose de pie mientras era seguida de cerca por Moegi.

—No debes preocuparte Sakura-san, yo ya lo hice. Puedes descansar. Mi papá me dio instrucciones de ayudarte en todo lo que necesites. Por eso me tomé el atrevimiento…—iba explicando la niña en lo que ambas se acercaban a la mesa al centro de la habitación, la cual Sakura observaba con intensidad. — ¡oh!, ¿te preguntas por los objetos que estaban ahí? Aquí los tengo —. Comentó Moegi extrayendo de sus bolsillos el pergamino y el amuleto para extendérselos a Sakura, sin saber que ello era como patear a un animal que yacía herido en el suelo. Moegi no pudo comprender del todo la vorágine de sentimientos que se disputaron terreno en el semblante de la de ojos jade en pocos segundos, apenas alcanzó a distinguir furia, pena y desconsuelo; pero hubo esencias tan profundas que no las pudo descifrar. No estaba segura si todo aquello iba dirigido hacia ella por haber tocado aquellos objetos, tal vez eran algo muy íntimo, o a lo mejor esas emociones estaban relacionadas a las cosas que Sakura de mantuvo balbuceando en sueños. — ¿he hecho algo mal Sakura-san? Por favor perdóname —pidió.

—No, no has hecho mal. Al contrario, te agradezco lo que has hecho por mí…y, si no es mucho pedir, quisiera que me ayudes con un par de cosas más—Sakura aceptó finalmente el pergamino y el amuleto, viéndose incapaz de esquivar más su realidad. Sin embargo, no reparó más que un breve segundo en esos elementos antes de abandonarlos sobre la mesa de la habitación y emprender su marcha en dirección a su dormitorio.

—Por supuesto, ¿qué necesitas? —preguntó curiosa Moegi.

—Preparar mi equipaje—se limitó a decir Sakura sin detener su andar.

—¡¿qué?! ¡¿te irás de aquí?!... ¿pero a dónde? Y ¿cuándo volverás? —Moegi no pudo evitar alarmarse ante la noticia.

—…A la Gran Ciudad…es todo lo que sé…—Notando el peso que sus palabras estaban teniendo en su ingenua admiradora, Sakura entendió que debía suavizar su decir para no lastimar a un corazón que no merecía ser lastimado. —…y necesitaré que alguien muy especial cuide los pergaminos medicinales de mi madre por mí… tal vez una amable e inteligente chica que usa coletas.

—¡¿Hablas en serio Sakura-san?! ¿me dejarías una tarea tan importante a mí? —quiso saber ilusionada la chica.

—Por supuesto. En nadie más que en ti confiaría para guardar mi gran tesoro—aseguró con una leve sonrisa Sakura, acariciando la cabeza de Moegi ahora que se encontraban dentro del dormitorio de la mujer más adulta. — puedes echarles un vistazo si quieres. Se encuentran en ese baúl— indicó Sakura apuntando con el dedo el recipiente que descansaba en una esquina de la habitación sobre el tatami. Ni tonta ni perezosa, Moegi se abalanzó sobre aquellos pergaminos como queriendo devorar todo el conocimiento que contenían.

A su vez, Sakura se dio a la tarea de empacar sus interiores, las únicas 2 yukatas negras que poseía y varios mantos de igualmente fúnebre color para disimular su llamativo pelo. Posteriormente, asaltó el guardarropa de Hiruzen; llevándose de él dos hakamas con sus respectivas chaquetas de tonalidades sombrías que Moegi le ayudaría a modificar para que se ajustaran bien a su figura femenina. En ello ocuparon el resto de la tarde las féminas, no sin antes dedicarse la pelirrosa asearse profundamente y devorar un buen plato de comida que su cuerpo pedía a gritos.

Iruka empezó a sentirse nervioso al entrar a la casa. Por eso jugó a acercarse con suma lentitud al lugar en el que Sakura y Moegi terminaban de coser, queriendo demorar una confrontación inevitable.

—¡papá! —exclamó alegre la joven de las coletas, saltando a abrazarle al notar su presencia. Más, Moegi notó el cambio de aura en el ambiente. Antes Sakura estuvo riéndose, aunque fuera levemente, de las tonterías que la menor decía. Sin embargo, ahora que Iruka se presentaba la de ojos jade adoptó una seriedad severa, y la inquietud en el semblante Iruka tampoco era habitual.

—ve a ayudar a tus hermanos a hacer la cena hija—dijo Iruka, y no había concluido la oración cuando Moegi se deslizaba sumisamente por el pasillo. Acto seguido, el hombre cerró la puerta del aposento, quedándose dentro de él con la pelirrosa. —… Sakura…yo…—empezó a articular, aunque fue interrumpido.

—¿lo leíste? —cortó ella a quien hablaba.

—s-sí—respondió él sin poder mirarla a los ojos.

—…pero tú ya lo sabías, al menos en parte—concluyó ella al ver la reacción. —…lo que sepas sobre el paradero de mi padre es lo único que quiero escuchar de tu boca ahora Iruka-san. Ahórrate cualquier otra cosa que hayas planeado decir—

—…tu padre era uno de los cabecillas de un movimiento rebelde contra las tiranías del emperador de esta nación. Sus frecuentes salidas de “trabajo” eran sinónimo de un asalto a algún funcionario o cortesano del emperador, empresa de cuyas ganancias repartían a partes iguales entre los participantes del asalto. Alguna vez llegué a participar de este tipo de eventos, más por las necesidades económicas que un ideal, pero pronto me desligué por lo arriesgado que era. A diferencia de mí, era evidente que tu padre era movido por convicciones distintas a lo material, pero desconozco cuáles eran exactamente…la última vez que tuve noticias suyas fue cuando Jiraiya-sama me hizo llegar su catana y un recado para tu abuelo — explicó él tras tomar asiento frente a Sakura. —…e-el mensaje decía que Dan había sido capturado por los efectivos del emperador… que aún vivía, pero no por mucho…—

—… el tal Jiraiya, ¿quién es? — cortó Sakura de nueva vez la narración de Iruka. Ella empacaba sus cosas sin interesarse por ver los ojos de quien le hablaba.

— T-tengo entendido que guarda cierto parentesco con tu difunta madre, pero desconozco cuál…siento no tener algo más que ofrecerte—con una profunda inclinación ante la mujer, termino el hombre su discurso.

— No lo sientas. Partiré de inmediato en tu caballo y no sé si algún día vuelvas a verlo a él o a mí por esta tierra…quédate con esta casa a cambio. Trae a tu familia y habítenla. De otra forma se echará a perder. Todo lo que hay aquí hazlo tuyo en cuanto me marche…—

— ¡¿Qué están diciendo Sakura-chan?! ¡N-no puedes dejar tu hogar atrás como si no fuera nada! ¿no piensas esperar a Jiraiya-sama? …creo que estás actuando precipitadamente—

— Tienes razón…sería imprudente irme sin dejarle un mensaje contigo a Jiraiya-sama, ya que tienes experiencias con los recados. Dile, Iruka-san, que se fabrique un enema con las migajas de la maldita verdad que viene a decirme. Mientras tanto, yo iré a buscar a mi padre o su tumba por mi cuenta…—al decir tan rudas palabras, Sakura terminaba de cerrar su ligero equipaje. Luego, ella se dispuso a salir de la habitación. Por su parte, Iruka la miraba atónito. A todas luces se notaba que algo en ella se había roto. Le parecía estar contemplando a una mujer diferente a la que vio crecer.

— ¡espera Sakura!... esto seguramente lo necesitarás—acertó a decir él para detener a la de cabello rosa. Esta volteó a verle desde el portal y a la bolsa familiar que le extendía. Era el dinero que Kakuzu le había dejado. —…como era mucho dinero, no quise dejarlo a cargo de Moegi — dijo Iruka en lo que Sakura tomaba el metálico recurso para hacerle un lugar en el bolso con ropajes que cargaba en la espalda. A parte de eso, sus armas y un segundo bolso en el que cargó tantas de sus preparaciones medicinales y botellas de sake como pudo, eran todo lo que se llevaba.

Lo último que hizo la de ojos jade antes de marcharse sin miramientos, fue visitar la tumba de su abuelo. Ahí, arrodillada, cortó con su catana su abundante cabellera hasta que las ondas apenas alcanzaban a rozar sus hombros; luego aseguró los mechones rebeldes con sus senbon de plata; se puso de pie y se fue probablemente para nunca volver. La capa de Kakuzu, que era de la más alta calidad, le protegía de la inclemencia de la noche. Esta prenda, al igual que los pliegues inferiores de la hakama que vestía Sakura temblaban por los embates del frío viento. Su ondear se confundía con la negra noche.

Aún era posible percibir el aroma de los cuerpos que un día atrás acurrucaron sus perversiones en esa capa. Jazmín silvestre era la esencia exquisita que Hidan alabó al oler el pelo y el cuello de la mujer. Era aquella planta una obsesión heredada por la Pelirrosa a través de su abuela. Por su causa, desde niña se acostumbró a ungirse en el aceite esencial de esa flor con tanta frecuencia que su piel ya exudaba tal fragancia como algo natural.

A peligro de muerte olían en igual medida Hidan y Kakuzu, con leve toque ládano y ámbar gris respectivamente. Claramente, sus fragancias no podrían ser calificadas como algo menos de intimidantes. Más, galopando a toda marcha iba ella dispuesta a localizarlos como dé lugar.

Mi carcajada fue tan estruendosa que se espantaron todas las pequeñas aves que descansaban plácidamente en el claro del bosque. La varonil mandíbula con la que me proveyeron los dioses, ya marcada por unas pocas líneas de expresión propias de la edad, se sentiría adolorida poco después dado el grato ejercicio que me representó reír como hacía años no lo hacía. Iruka no hizo otra que observar con extrañeza la desordenada y blanca cabellera que adorna mi espalda. Estaba yo entonces apoyado sobre mis rodillas, riendo desbocadamente por el recado que la hija de Tsunade dejó.

— ¡que maravilloso! —exclamé finalmente limpiándome las lágrimas que el ataque de risa logró desatar.

— ¿maravilloso ha dicho?... ¿a-acaso escuchó bien lo que le dije Jiraiya-sama?, dije que Sakura-chan se fue por la noche, sola e iracunda a la Gran Ciudad—repitió el moreno con tono preocupado.

— Sí, sí. Escuché claramente. Esa moza es una digna hija de su madre…me parece escuchar su voz ahora…jajaja…pero mejor será no repetirlo. Otro ataque de risa como ese a esta edad puede ser peligroso —expliqué, empezando a desmontar de mi cabalgadura un escaso equipaje, para posteriormente echar a andar en dirección a la casona en medio del claro. — ¿tienes té verde? Me vendría bien un poco para apaciguar el cansancio de un largo viaje — pregunté a Iruka, quien me seguía de cerca sin borrar de su rostro el dejo de confusión mi actitud relajada.

— P-puedo hacer el té señor…pero, ¿acaso no piensa ir a buscar a Sakura-chan cuanto antes? —

— Con galletas de cualquier clase por favor… ¡y leche ¡— agregué tomando asiento en la galería de la casa. Entonces, extraje de mi maleta algunos insumos para escribir esta historia y empecé a preparar un espacio de trabajo para ese propósito, con mucha minuciosidad como me gusta.

— ¡¿es que acaso no le interesa la suerte que pueda correr ella?!—explotó

— Por supuesto que me interesa, pero cuando a un escritor le llega una fuerte inspiración este no tiene derecho a negarse a ella…y mi musa me ilumina ahora…cosas de artista— sin desenfocar la atención del frasco de tinta que destapaba, le respondí al insistente hombre.

— Sinceramente no entiendo su proceder señor—

— Eso se debe a que no conociste a su madre, Tsunade. De lo contrario entenderías lo que te digo…la sangre de mujer, que es la mía propia, y corre por las venas de Sakura con igual ardor, es una mezcla exótica de compasión, sensualidad, fuerza y eruditísimo ingenio…—

— …pero está sola allá afuera, donde nunca antes fue, ¿no era el deseo de Hiruzen-sama que la guiaras en su travesía? —

— … ¿guiarla? pues sí, técnicamente, excepto que yo la hubiese llevado en la dirección opuesta a la que ella se dirige ahora de haber seguido los deseos de su abuelo…la hubiese distraído un poco más antes de ir a la Boca del Lobo. En cualquier caso, allá le hará más mal que bien el ser vista conmigo. Lo mejor será que lleguemos por separado…y deberé observarla discretamente—

— ¿boca del lobo?... señor, mientras más le escucho más intranquilo me siento—

— Bueno, en ese caso puedo consentir que el té sea de manzanilla en lugar de té verde…de manera que puedas relajarte un poco mientras escuchas una historia que pocos conocen…eres un tipo afortunado, ¿sabes?, serás el primero al que cuente un libro que aún no he terminado…además, eres un informante medianamente importante para este relato basado en hechos de la vida real. Debes concederme una entrevista antes de que pueda partir…—

Por fin, viendo que no tenía caso argumentar conmigo, Iruka fue a buscar el té y las galletas, que por cierto tenían un sabor exquisito (NOTA: recuerda preguntar la receta). Sólo hasta entonces pude continuar trabajando sobre el relato más complejo que jamás me di a la tarea de escribir y que, si los dioses me van vida suficiente para concluirlo, será mi obra maestra: mi propia “Odisea” o tal vez mi “mil y una noches”, quizás mi propio “arte de la guerra” o, lo que es mejor, todo a la vez.

Notes:

Estimados lectores, si les ha gustado lo leído, anímense a dejar un comentario. Este es el primer fanfic que me atrevo a publicar. Lo había subido aquí mismo hace un par de meses, pero lo eliminé porque consideré que debía corregir muchas imperfecciones. Aún así, la historia no ha cambiado. En aquella ocasión que lo subí tuve un lector o lectora en particular que comentaba cada capítulo, lo cual me motivaba a seguir. Ojalá esa persona esté feliz de volver a leer esta historia y pueda ver sus comentarios otra vez porque eso me alegraría mucho.