Chapter Text
«Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.»
Leonardo Da Vinci - Pintor, escultor e inventor italiano.
«¿Miedo a la muerte?. Uno debe temerle a la vida, no a la muerte.»
Marlene Dietrich - Actriz y cantante alemana.
Lo que siguió después del deceso de el temible Lord Voldemort Harry lo calificaría como una algarabía y desmedida colosal, no había nadie que no quería darle la mano, no había nadie quien no quería hablar con él, no había ninguna jodida persona en mundo mágico incapaz de dejarlo pasar.
Y él se sentía sucio.
Sucio y solo.
Sucio y abandonado.
Hermione y Ron sirvieron como amortiguadores de tensión ante el mundo, era incapaz de hablar con alguien de manera seguida y aún poseía la devastadora sensación de que algo o alguien lo atacarían, era incapaz de dormir una sola noche y estaba más tenso de lo que acostumbraba.
No estaba sobrellevando la guerra como muchos de sus amigos pensaban, ahora él era libre de hacer lo que quería pero lo único que atravesaba por su cabeza era que había matado un alma que también anhelaba vivir, y él necesitaba hacer algo.
Las cosas con los Weasley no iba mucho mejor, la muerte de Fred dejó a Molly Weasley devastada, mientras que Ginny lo miraba de reojo cada cierto tiempo exigiendo una explicación, una que él no tenía. Andrómeda —como toda una Black— se mostraba implacable sosteniendo a Teddy pero él bien sabía que no lo soportaría mucho más, la había escuchado llorar devastada por la muerte de su hija y esposo, incluso Remus, por eso no le sorprendía estar cargando a Teddy este fin de semana en la tenebrosa casa de Grimmauld Place, ahora hechizos rotos y nuevas salas pagadas a Goblin para que nadie pudiera entrar si él no quería.
Su ahijado estaba cómodamente apoyado en sus brazos, balbuceando cosas que él no entendía pero le sonreía cada tanto cambiado el color de su cabello ante cada color que él veía hasta que veía sus ojos y todo en él era verde, cosa que le sacaba sonrisas.
—Sabes, tú padre era el hombre más sabio y gentil que he conocido, y tu madre la más torpe y valiente Auror—le susurró en su oído cosa que le causaba risas—, me gustaría que fueses capaz de conocerlos, me gustaría mucho.
Las cosas en Mundo Mágico, pese a todo, no habían cambiado mucho sobre todo con los prospectos a Ministro que habían escogido y regularmente le mandaban lechuzas de los candidatos buscando el apoyo del denominado Salvador de Mundo Mágico.
—En la única persona que confiaría con mi vida es el Auror Shacklebolt—y fue así como en Octubre su amigo Kings fue nombrado Ministro de Magia ante su reticencia y la sonrisa calma de Harry, por lo menos se había asegurado de que una persona con buenas morales había llegado al cargo de mundo mágico, pero eso no aligero su culpa.
Las pocas horas que podía dormir se la pasaba soñando con Tom, su mirada ansiosa entre los libros, leyendo sus planes al salir de Hogwarts, sus acciones crueles pero honestas, su pérdida de cordura, una cordura de la cual él también se alejaba.
Teddy no salía de sus brazos, el temor a perderlo a él se había apoderado una noche cuando lo había dejado solo y se había despertado con la sensación de pérdida, Andrómeda no había tenido problemas en ceder su tutela siempre y cuando podía visitarlo cuando quisiera y él no tenía problemas con eso, su ahijado era lo único que lo mantenía a tierra, no lo abandonaría como lo hicieron con Tom.
—Mereces ser criado por tus padres, te hubieran amado tanto—murmuró una noche frente al fuego, no podía dormir y su ahijado lo había despertado quién sabe por qué cosa, lo había apoyado en su pecho y él se dedicaba a mirar el fuego consumir y arrasar con lo que tenía—, a Tom también, también merecía buenos padres, estoy seguro que si los hubiera tenido no habría resultado ser un Lord Oscuro... Mis padres eran buenos, me amaron tanto... Me hubiera gustado criarme con ellos, ¿qué dices tú, Teddy?
Cuando se durmió frente al fuego, Harry soñó con otro mundo.
()
Lo había encontrado, quizás su magia había reaccionado de manera irregular, quizás intuitivamente estaba buscando algo para hacer y cambiar este mundo que lo estaba consumiendo poco a poco. Se había alejado de sus amigos no porque no los quisiera, sino porque al mirarlos sentía la culpa abordar su corazón y atenazaba su alma.
Ginny lo perseguía insistente y él lo único que podía contestarle eran evasivas que la estaban dañando cada vez más, se preguntó por qué carajos le había gustado alguien tan insistente y poco perceptiva cuando se trataba de esto, quizás sus padres se estuvieran revolcando de la risa con sus timoratos intentos de alejar a la más joven Weasley de él, o quizás no, nunca lo sabría.
O quizás sí, porque lo que sostenía en su mano era lo que estaba buscando inconscientemente. Miró a Teddy balbucear en su moisés, pataleando y...
—No mereces esto, Teddy, ni yo ni Tom.
Un Potter siempre hacia lo correcto, eso es lo que dijo su padre y eso es lo que haría en estos momentos. Apretó el Giratiempo con fuerza entre sus manos antes de levitar el Moisés con un gesto y encaminarse a la Oscura y ancestral biblioteca de la familia Black.
()
No sabía cuánto le había tomado, quizás fueron meses, o solo unas semanas, se había desconectado por completo del mundo real, las lechuzas se apilaban en las ventanas dejando las cartas indignadas por cómo habían sido tratadas, las visitas eran negadas y a la única que podía responderle era a Andrómeda a quien le dejaba a Teddy por un tiempo que le era imposible estimar, se aparecía temprano en su casa, lo dejaba a su cargo y volvía cuando lo echaba de menos lo cual era siempre y se aguantaba lo más que podía encerrado en la biblioteca tratando de olvidar por unos segundos el qué estaría haciendo su ahijado en este momento.
—Lo logré—lo había hecho por fin, configurado el giratiempo. Había provocado algunas explosiones, pérdida de magia e incluso algunas contusiones pero lo había hecho, un instrumento capaz de atravesar años según el usuario.
Lo único que quedaba era finiquitar sus asuntos.
Escribió una carta, la única que le interesaba, no sabía cómo esto podía repercutir en el tiempo pero sería brusco y esperaba que por todos los dioses resultara bien.
Se dirigió al banco y retiró todo su dinero, vendiendo las acciones y joyas quedando solamente con monedas, estaba más que seguro que sería un impedimento si encontraban joyas similares.
Sostuvo a su ahijado por una última vez, besándolo hasta hartarse de él, mirando lo bello que era y lo endiabladamente bien que se sentía entre sus brazos y no pudo evitar llorar.
—Puede que no te vuelva a ver, pequeño, o puede que sí. Debes saber que te amo como nunca he amado a alguien, y que esto lo hago por ti y por él. Ustedes son los que me mantienen vivo.
Lo besó una vez más antes de irlo a dejar con Andrómeda dando una vaga explicación, no necesitaba entrometidos en este momento.
Cuado regreso a Grimmauld tomó el baúl ampliado con magia y alivianado con un encanto entre sus manos, se envolvió con su capa de invisibilidad, quemó el mapa del merodeador que se encontraba sobre su cama, cogió la varita de Saúco (la única que ahora poseía) y la piedra de resurrección entre sus manos. Miró por última vez Grimmauld Place antes de colocarse el Giratiempos y rodar la perilla ajustando la fecha.
—Mamá, papá, ayúdenme.
Desapareció de allí para dirigirse en algún callejón de mala muerte cercano al Orfanato Wool, se cubrió con su capa de invisibilidad y se echó un encanto repelente de Muggles y echó a andar el Giratiempos. Levantó la vista probando realmente a larga distancia cómo su objeto de trabajo funcionaba.
Personas aparecían y se iban a una velocidad aún más rápida que su vez en tercer año, vio muchos inviernos y muchos veranos, vio desgracias y gracias hasta que todo paró en una nevada noche de Diciembre, un 31.
Deslizó la capa de invisibilidad por sus hombros guardándola en su bolsillo tras doblarla y caminó hasta la esquina por donde quedaba el Orfanato, sabía que le quedaban horas por esperar así que se echó un encanto y esa misma noche esperó sin ningún tipo de apuro a la silueta adolorida de Merope Gaunt por esa esquina, y cuando la vio desfallecer como tan bien conocía se acercó a ella sin temor al ataque, mirando la prominente barriga en vez de a ella misma.
—A-ayúdame—le susurró en cuanto lo miró, Harry negó con la cabeza antes de cogerla y esgrimir encantos a su alrededor, volverse a cubrir con la capa y ajustar el Giratiempo ante la mirada incrédula de la última descendiente de los Gaunt.
Omitió los signos de lucha por parte de ella sabiendo que moriría incluso si la trataba con magia, solo esperaba que la presión por arte mágica no la presionara mucho, necesitaba a Tom vivo, después de todo. Amplió su magia para no presionarla mucho y activo nuevamente el giratiempo, directo a Halloween de 1980, a una pequeña casa en Valle Godric.
Esa fecha siempre había sido importante para él por una u otra razón, por lo cual sin dudarlo decidió que era hora de seguir su instinto, la magia estaba más palpable por ese alrededor y miró la pequeña cabaña de recién casados de James y Lily Potter, las risas que salían de ella y los regaños de su madre, sonrió vagamente.
Volvió a subir las barreras antes de darse vuelta para ver a una moribunda Merope Gaunt entrar en labor de parto, era mejor así. Adormeció parte el dolor y lo hizo lo más cómodo posible pero no iba a interrumpir una labor mágica, no era Medimago y bien sabía que lo único que ellos hacían era establecer a la madre y recibir al niño, el nacimiento era netamente mágico y fuerte por sí mismo.
—De aquí en más eres tú o él—le murmuró Harry a la mujer quien evidentemente no confiaba ya en él—, y yo lo prefiero a él. Voy y vuelo.
Gringotts atendía hasta las nueve, y eran recién las siete menos quince. Protegió con una barrera aún más fuerte a Merope antes de partir a hacer un millonario depósito en las bóvedas Gaunt, para cuando regreso, Tom estaba llorando entre los muertos y pálidos brazos de Merope.
—Es hora de labrar tu futuro, Tom.
()
James Potter estaba feliz, hoy era el primer Halloween que celebraba con su hermosa esposa Lily y sus amigos. Remus y Sirius estaban molestándolo ante la caída de Lily de querer un hijo pronto y no que él estaba en desacuerdo. Puede que se hayan casado rápido para la media pero estaba tan seguro de que amaba a esa mujer para siempre que no lo dudo en perseguirla hasta conseguirla, Snivellus la tenía bien difícil en también conseguir un romance con su pelirroja.
Por lo tanto ninguno estaba preparado cuando las defensas de su casa en Valle Godric se perturbaron por intrusión ese mismo día.
Sirius y él eran Aurors, por lo cual sin dudarlo sacaron sus varitas y mandaron a Remus a ver a su esposa.
—Me cubres.
—Siempre—su amigo miraba serio, pero no le sorprendía, muchos lo hacían al reconocer a Sirius Black como un bromista de tiempo completo, por lo cual cuando abrieron la puerta central de la casa se sorprendieron al ver un bulto envuelto a los pies de su puerta con una cara.
—¿Eso es lo que creo que es, Padfoot?
—... ¿Prongs?—lanzó unos hechizos de reconocimiento antes de coger el bulto y tomar la carta.
—Es un bebé...
Oculto en un arbusto Harry sonrió, se parecía mucho a su padre y Sirius parecía tan saludable y feliz que la culpa no lo abandonó, había hecho algo que no muchos estarían dispuestos a dar y esperaba que valiera la pena.
Cuando comenzó a sentirse débil entendió que sus horas estaban contadas. Con las últimas de sus fuerzas se envolvió en el mando, apretó su varita y destruyó el giratiempos antes dejarse caer.
Lo último que pensó antes de ver todo negro era que esta vez, Thomas Riddle no tenía excusas.
