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Necesito un cliffhanger

Chapter 4: Parte 4

Summary:

El final ha llegado. La batalla comienza.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Necesito un cliffhanger. Parte 4

 

Para horror de su dueño, la mascota empezó a golpear las paredes de la gatera con un objeto, y con bastante insistencia, por así decirlo: clong, meouf, cataclaf.


La doctora frunció el ceño, ante la interrupción de la sesión, reafirmándose en su opinión de que esos egoístas bichos con patas solo parecían existir para fastidiar a los demás. Se inclinó sobre la mesa para atisbar con que jugaba el animal pero no logró distinguirlo bien a través de los barrotes. No pudo contenerse y preguntó:

 

—¿Qué está haciendo su gato?
¿Rffff? Clong.

 

El enfermo, que debía sufrir de un cuadro de ansiedad o tener calor porque empezó a sudar la gota gorda, esbozó una débil sonrisa mientras se agachaba para regañar al animalito.

 

—Disculpe un momento —le dijo de espaldas, ocultando la vista de la jaula a la doctora. Manipuló el cierre y anduvo recolocando el interior de la gatera, hasta que lo que fuera quedó oculto a los tejemanejes del minino, y cerró el habitáculo—. Había olvidado que tenía un muñequito dentro y como se aburría...
—Ya veo —expresó la médica en su tono más seco—. Ahora si no hay más interrupciones continúe con su relato.
—Está bien.

 

«La reunión había quedado fijada para el día siguiente. Todos los integrantes de la manada que no se encontraban en la ciudad o estaban poseídos por la seta maligna se habían dignado a aparecer, incitados sin duda por su deber cívico hacia la comunidad y no ante la promesa de comida y bebida gratis. Incluso Peter se había escaqueado de la liga de baloncesto del sanatorio, tras haber sido su equipo eliminado. Se había apoderado el mando a distancia y agarrado a Stiles miraba "Mi pequeño pony", con un pañuelo en la mano a la espera de que se le pasara el disgusto.

 

»Tras desplegar el convite gracias a un reluctante Derek, que veía desaparecer sus existencias a una tasa exponencial solo reducida por las muecas de los invitados ante tanto tofu, maitake y otras ecológicas extravagancias, pudo iniciarse la reunión de emergencia. En la mesita de la tele extendieron un mapa gigante de la reserva. A su alrededor, Derek, Stiles y un emocional Peter se encontraban sentados en el sofá. Jackson se había apoderado del mejor sillón de la casa, el que tenía la funda bordada de punto de cruz, ante la desazón de Derek. Por su parte, sentados en el suelo y metiéndose mano disimuladamente, se encontraban Allison y Scott.

 

»El primer punto a averiguar era cómo podían aniquilar a esa seta; el segundo, cómo deshacerse de sus guardianes; el tercero, descansar un poco ante tanto esfuerzo mental y echar unas partiditas de butbolín (idea de Peter); y cuarto, formular un plan de ataque.

 

»Scott propuso con ilusión que Allison le prestara el lanzallamas, a lo que Derek se negó, no fuera a alertar a los federales mediante un hermoso incendio forestal. Además, el seguro no les cubría los daños. En lo que todos se encontraban de acuerdo era en que Allison no se acercara a la reserva bajo ningún concepto, no fuera a caer rendida bajo los encantadores micelios y rompiera su compromiso con Scott. Tras unas confusas explicaciones de Derek en PowerPoint sobre la anatomía de una seta, pronto quedó claro (bueno solo un poco), que además de acabar con el cuerpo fructífero, había que matar a los micelios que se encontraban bajo tierra. Ay, ¿pero cómo?

 

»Peter se acordó de la infestación de graboides que habían padecido el año pasado y de la que tuvo que ocuparse Laura mientras Derek asistía a un congreso de Reiki, pero desgraciadamente no habían conservado ninguno como recuerdo. Tendrían que pensar en otra cosa. Y pensar en otra cosa, ante la consternación de los adolescentes, era buscar información bibliográfica; no en un bestiario, que ya estaba pasado de fecha, sino en las vastas enciclopedias de cuarenta y cinco tomos de: " El agricultor ecológico feliz", "Todo lo que quiso saber sobre los hongos y nunca se atrevió a preguntar" y "Cultivo del champiñón para torpes: edición especial con comentarios del autor".

 

»Hundidos ante el peso de tanto conocimiento pasaron dos horas rezongando, hasta que Peter encontró una posible solución: aparentemente el género Agaricus era vulnerable a ciertos parásitos y a algunas especies de lombricillas de tierra. Derek se frotó las manos, por fin tenia la escusa perfecta para ir en persona a hacer un pequeño pedido al vivero de jardinería "Blake y Asociados", que regentaba una tal Jennifer. Solo necesitan tres toneladas de animalitos.

 

»Para esquivar a la panda de exaltadas, Jackson propuso espiarlas, lo que condujo a que tuviera que prestarles de muy mala gana uno de sus preciados avioncitos de aeromodelismo, cámara de espía incluida. De esta forma averiguarían cuando no existía vigilancia. En cuanto al plan, llevarían los camiones llenos de lombrices puestas a dieta (así atacarían al hongo con más entusiasmo) al claro y pensarían algo sobre la marcha. Tras dejarse los ojos leyendo la apasionante vida del gorgojo de la patata no les quedaban ganas de estrujarse más las neuronas.

 

»El manejo del aeroplano recayó inicialmente en manos de Scott, lo cual tenía más peligro que un elefante en una cacharrería. Tras un desgraciado incidente en el que hubo que rescatar al avioncito y a Scott del fondo de un pozo, fue devuelto a Jackson, que cual gallina clueca no hizo más que quejarse de un arañazo durante tres días seguidos. La vigilancia programada, ya en manos más profesionales, dio como resultado que la presencia de féminas en el claro se reducía a partir de las seis de la tarde, cuando buena parte de ellas se marchaban a merendar a la heladería "El alpiste" o a la pizzería paquistaní "G. Khan". Allison opinaba que con tantas grasas como no hicieran ejercicio pronto se iban a poner fondonas. Esto condujo a la idea de que aunque no estuvieran dispuestas a quemar calorías en el gimnasio siempre les quedaba otra opción: el salón de belleza. Ya tenían la estrategia a seguir, por misógina que pareciera: tras previo soborno de una bonita cantidad que tuvo que apoquinar Derek, en dos días todas las peluquerías de Beacon Hills instaurarían una jornada de puertas abiertas: todo gratis. Eso garantizaba que las mujeres coparan estos establecimientos para impresionar a su hongo y que la reserva quedara libre de población femenina.

 

»El cargamento de lombrices, junto con un calendario promocional del establecimiento para el año 2015, llegó en la fecha prevista. El día señalado todos se pusieron en posición con unas camisas de cuadros y unas buenas botas de goma que les llegaban a la rodilla. Bueno, no todos, pues Jackson se negó a llevar un atuendo que no hiciera juego con su polo de marca, ni siquiera cuando le aseguraron que el verde era la última moda. Allison supervisaría la operación desde una colina cercana con unos prismáticos y un Wakie-Talkie. Por su parte, el equipo restante conduciría los tractores y su cargamento hasta el área infestada. Como armas de apoyo: unas buenas palas, una jeringa tamaño XXL con cloruro potásico por si el hongo se ponía difícil, tres hachas, un taser, el bate de beisbol de Stiles y diez bocatas de chorizo, perdón de tofu, por si les entraba hambre. Es que la vida en el campo es muy sufrida y hay que reponer fuerzas.

 

»Esperaban que a las seis y media de la tarde el área estuviera desierta, pero desgraciadamente encontraron a Lydia, que había perdido una lentilla y estaba buscándola en el prado con una lupa. Cuando les vio llegar con su ojo bueno corrió al interior de la carpa y se abalanzó sobre un sartenón de respetables dimensiones. Salió y procedió a enarbolarlo retándoles a que se acercaran. Todos miraron a Jackson. Con un suspiro y lamentándose interiormente por no haber traído protección para sus espinillas se dirigió a ella y la arrastró fuera del camino. Los resoplidos, alaridos y demás sonidos que siguieron no son reproducidos aquí por respeto a la familia Whittemore.

 

»Maniobraron los tractores para acercar los volquetes llenos de animalitos y quitaron los toldos. El Agaricus permanecía de momento inmutable, esparciendo suavemente esporas en sintonía con la brisa reinante.

 

»La primera paletada de lombrices depositada dentro del círculo de setitas que bordeaba el espécimen a abatir se dirigió rauda al subsuelo, navegando entre el mar de césped. La reacción fue inmediata. Los micelios surgieron con violencia e intentaron estrangular a cada una de las lombricitas de tierra. Las mismas, alegres porque por fin tenían algo con que llenarse el estómago, respondieron empezando a zampar aquellos micelios asesinos.

 

»La batalla desarrollada era encarnizada: un mar de fúngicos zarcillos emergían y se retorcían, lanzando por los aires a la primera línea de vermiforme ataque que procedía a infiltrarse en sus dominios. Los incansables hombres lobo y un Stiles lleno de agujetas trasladaban desde los volquetes al ejercito de anélidos que poco a poco iban ganando terreno ante su enemigo. El círculo que rodeaba al bastión gigante se estrechaba.

 

»Incluso Jackson apareció un rato después, con un zapato menos y su vestimenta en diferentes grados de destrucción. Sin embargo, más que lamentarse por el deterioro de sus prendas, se encontraba bastante mosqueado por la sonrisa de suficiencia que le dedicó Lydia cuando logró esposarla al mostrador de la tienda de recuerdos. Desconocía cuáles podrían ser los malvados pensamientos que recorrían la mente de esa mujer, pero decidió no reflexionar sobre ello, iba a ser inútil. Ignoró la petición de Stiles de que hiciera algo más productivo y desenvolvió un bocadillo. Se lo había ganado.

 

»La contienda en el interior del corro de hadas iba por buen camino. La totalidad de las filas vermiformes ya se habían apoderado de buena parte del campo visible de batalla, que aparecía arrasado en las áreas donde las lombricitas habían desplegado sus fauces y se habían dirigido hacia el subsuelo: boquetes en la tierra, trozos de césped arrancados por doquier y algún que otro cuerpo caído en combate. Pero la muerte de sus compañeras no detenía al resto de la soldadesca, que luchaban enardecidas en primera fila, ya solo a tres metros de la ciudadela a conquistar. En segunda línea, protegiendo su retaguardia, nuestros héroes esperaban a que el cuerpo del Agaricus se pusiera a su alcance para darle el golpe de gracia.

 

»El contraataque de la seta tampoco se hizo esperar: ocupados sus micelios en derribar a las lombricitas por tierra, desplegó su fuerza aérea abriendo sus laminillas para que una nube de esporas procediera a intoxicar el ambiente. Entre toses, la manada tuvo que situarse con el viento soplando hacia su favor para evitar las pútridas emanaciones.

 

»"Flecha Negra llamando a Colmillo Blanco. Conteste por favor", les sobresaltó el sonido del Walkie-Talkie. Peter cogió el suyo y respondió: "Aquí colmillo Blanco, ¿qué ocurre? Cambio". "Una marabunta de coches se acerca por el camino hacia vosotros. Están a unos cuatro kilómetros. ¡Terminad de una vez! Cambio y cierro". Peter giró la cabeza hacia la carpa de entrada y frunció el ceño: Lydia se la había jugado a todos. Sin duda había activado algún tipo de alarma para avisar a sus compañeras.

 

»Dos metros. Dos metros les separaban del cuerpo del hongo si se adentraban en la nube de olorosas esporas. Cinco, si lograban abrir una vía de ataque con el viento a su favor. En ambos casos deberían pisar un mar de fúngicos tentáculos que se enroscarían sobre ellos como una viciosa araña envolviendo a sus víctimas. Pero no podían esperar más. Peter empezó a impartir órdenes.

 

»Jackson se subió a un tractor y lo dirigió hacia el camino para avanzar lo que pudiera y bloquear el paso a las féminas. Eso las retrasaría. Después, lo abandonaría y saldría corriendo antes de que le apedrearan. Peter cogió un hacha, Derek otra. Scott se animó a coger el taser y la jeringa letal y Stiles su bate de beisbol. Ahora o nunca.

 

»Todos cogieron carrerilla. Los Hale embistieron por el área más alejada al oeste y empezaron a luchar a base de mandobles contra los zarcillos que retrasaban su avance. Lamentablemente apenas avanzaron unos pocos centímetros. Stiles y Scott se colocaron unos pañuelos sobre la boca y nariz y arremetieron de frente, para llegar al corazón de la operación. Tuvieron suerte. Fue la primera y única vez que les sirvieron de algo las clases de salto de longitud que el entrenador Finstock se empeñó en impartir en el instituto. Suerte de no estamparse con demasiada fuerza contra el tronco, rebotar y luego caerse de espaldas. Se levantaron avergonzados, pero los segundos perdidos fueron suficientes para que unos micelios agarraran a Scott por el tobillo y lo lanzaran con fuerza hacia el exterior.

 

»Stiles golpeó el Agaricus con su bate de beisbol, lo cual solo sirvió para que su enemigo se tambaleara. Peor aún, le cayó encima una buena proporción de las esporas tóxicas que el hongo liberaba. Le picaban los ojos, le empezó a arder la garganta. A pesar de la tela que protegía parte de su rostro, el polvillo fue abriéndose paso, lento, pero insidiosamente, hacia sus pulmones. Se sacudió partículas de la cara justo a tiempo para esquivar un grupo de zarcillos que le atacó cual serpiente venenosa. Miró a su alrededor con ojos lagrimosos. Derek se encontraba apenas a dos metros de distancia, Peter detrás de él. Se sentía desfallecer, no llegarían a tiempo . Su pie tropezó con un pequeño objeto: ¡era la jeringa de Scott! La cogió con manos temblorosas y apuñaló al hongo con ella. No sabía si serviría de algo, pero mientras tuviera fuerzas seguiría luchando a brazo partido contra la seta.

 

»La inyección de cloruro potásico se extendió como una infección por el cuerpo fructífero. Una mancha de podredumbre apareció sobre su superficie, extendiéndose con rapidez. El tejido se moría. Los micelios agarraron a Stiles y lo inmovilizaron contra el suelo, pero ya no poseían la misma vitalidad. El ejército de lombrices combinado con el veneno introducido en el corazón del Agaricus minaba sus fuerzas.

 

»Un intoxicado Stiles parpadeó al ver a Derek levantar el hacha y descargarla con vigor sobre el tronco. El impacto y posterior gruñido de satisfacción resaltó sus perfectos bíceps y sus aún más espléndidos pectorales iluminados por el sol de la tarde. Pero ahí no quedó la cosa, porque pronto Peter lo acompañó mientras procedían a talar el Agaricus a cámara lenta en un impresionante espectáculo de sudorosa masa muscular no apto para mentes calenturientas. Stiles no pudo soportarlo más y se desmayó.

 

»Despertó desorientado y con un fuerte dolor de cabeza. Estaba siendo transportado a hombros por Peter como si fuera un saco de patatas. El hombre lobo no corría, sino más bien volaba hacia el interior del bosque junto al resto de sus compañeros. Gritos de furia y dolor resonaban en la Reserva. Stiles levantó la cabeza y con ojos acuosos vislumbró un grupo de llorosas mujeres que les perseguían. Cerró los ojos y volvió a sumirse en un estado de semiinconsciencia.

 

»Abrió los ojos un tiempo después cuando se detuvieron entre los robles. Habían alcanzado el punto de encuentro con Allison, que les esperaba ballesta en mano. Desde la colina se distinguía el lugar dónde los restos ennegrecidos del Agaricus habían caído derrotados. A su alrededor, pequeñas figuras se lamentaban tiradas en el césped. Otras se dedicaban darle patadas al tractor y pincharle las ruedas, y las más prácticas empezaban a desmontar todo el tinglado, para volver a sus casas.

 

»Solo quedaba esperar unos días a que a las mujeres se les pasaran los signos de la posesión y luego secuestrar a Lydia para hacerle unos tests con agua bendita. Se escondieron en una cabaña mugrienta sin servicio de pizzas a domicilio situada en lo más profundo de la arboleda. Jackson se quejó de que no tenía bañera, Stiles de que necesitaba un reproductor de DVD para ver la película de Star Wars y Scott, cuando se despegó de los brazos de Allison, de que nadie había pensado en traer mantas, por lo que la noche fue un tanto incómoda.

 

»A la mañana siguiente Stiles no se encontraba bien. Apenas despertó tuvo que salir a vomitar al lado de un mustio arbusto que quedó hecho una pena. Sin embargo, estaba muerto de hambre a pesar de las náuseas. No sabía lo que le pasaba. Únicamente podía pensar en las alcachofas en vinagre de la cantina, que no sabía por qué, se le antojaban de lo más irresistible».

 

—¿Y...? —preguntó la doctora—. ¿Qué pasa a continuación?
—No he podido seguir —reconoció con tristeza su paciente—. Cuando intento pensar en nuevas ideas, me invade la angustia y vuelvo a devorar fanfics, buscando algo que acabe con mi compulsión... –Se sacó un pañuelo para sonarse las narices.
—Ya veo —exclamó pensativa, y tras unos segundos añadió—: ¿sabe que ha concentrado toda la historia en el primer capítulo? Usted sufre sin duda de pilotitis.
—¿Perdón? —El hombre la miró desconcertado.
—Sí, usted puede sufrir del síndrome del capítulo piloto. Tiene una necesidad patológica de que todo ocurra al momento. —Chasqueó los dedos–. Ya. Espera una gratificación instantánea. Para entendernos, que no es amante de las historias lentas y claro, luego padece de los síntomas que me ha descrito.
—Entonces... ¿tiene remedio?
—Sin duda. —La psiquiatra se embarcó en un frenesí de papeles—. Le voy a aconsejar una terapia bastante completita que incluye la lectura de "En busca del tiempo perdido" y...
—¡No, por dios! —exclamó el cliente horrorizado, echándose hacia atrás en la silla.
—Bueno, en tal caso lo cambiaremos por la "Enciclopedia Británica", si lo prefiere. —Sacó una calculadora—. Y en cuanto a mis honorarios...

 

De repente la mujer puso los ojos en blanco y desplomó la cabeza sobre la mesa. El enfermo se levantó y cogió un cojín bordado del diván. Lo colocó delicadamente bajo la mejilla de la médica y agarró el cajetín de la gata junto a todos sus bártulos. Se imponía una retirada estratégica antes de que sacara la factura. Antes de cerrar la puerta dijo con suavidad:

 

—Felices sueños, doctora.

Notes:

Si habeis llegado hasta el final en mi homenaje a la serie B, ¡Enhorabuena! Espero que lo hayais disfrutado sin prejuicios (no todo van a ser historias de romances en esta vida). Más adelante, cuando tenga tiempo haré una historia de fantasmas con Stiles y Derek (como no) como protagonistas...

Gracias a todos y hasta pronto.

Notes:

Bueno, pues ya está la segunda parte. Muchas gracias a todos los que me leen y le dan una oportunidad a este tipo de género.

¡Qué lo disfrutéis!