Chapter Text
La tonalidad verdosa de los árboles pasaban frente suyo hasta perderse de su campo de visión, el olor fuerte de naturaleza debería ser agradable y hasta familiar, sin duda las misiones que mas les gusta implican bosques, es capaz de sentirse que esta en su naturaleza. Pero justo ahora sentía que simplemente todo el bosque que le rodeaba era como una bomba apunto de estallar arrasándola en el proceso, ahogándola entre las llamas y el humo, volviéndola en carne quemada y ceniza irreconocible.
Apretando el volante entre sus manos, siguió presionando el acelerador con la mirada fija al frente sin perderse en las vistas de las casas de las afueras de la pintoresca y rudimentaria Manchester que mientras mas se adentraba menos casas se veían. El sonido de la radio con una emisora que entrevistaba a alguna celebridad local que ni siquiera recuerda su nombre real o artístico llenaba el vehículo con ruido sordo, apretando los dientes ante el incesante movimiento que hacia el jodido aromatizante de pino colgado en el retrovisor, los dedos le picaban ante la necesidad de querer arrancarlo de allí y lanzarlo por la ventanilla del auto en movimiento.
Todos los instintos dentro de si misma le ordenan que se de la maldita vuelta y se vaya a casa con su papá, escucharlo charlar de absolutamente todo sin necesidad de un mensaje de texto o una llamada de menos de una hora antes que ponerse en su papel de teniente. No era fanática a los permisos, la vida tranquila y “normal” que implicaba estar fuera de su trabajo, pero, el hecho sentir a su papá allí a su lado vivo y sano luego de vivir algunas mierdas que no duda que haya vivido él en la mili.
Sin embargo cada vez que volteaba a ver el sobre de la invitación en el asiento del copiloto junto al petate de viaje le recordaba porque estaba dirigiéndose allí, su propio nombre escrito en letras cursivas se burlaba de ella; “Teniente Scarlett Riley-MacTavish”. Cada pasada de mirada sobre el pedazo de papel le provocaba una comezón que ansiaba rascar hasta simplemente arrancarse la piel llegando a la raíz de las hormigas que no existían.
Pisando el acelerador aun mas fuerte aunque estuviera a toda marcha, debería ser preocupante sino estuviera completamente sola en una carretera donde no ha visto autos y rodeado de vegetación, el hombre que llama padre le gusta estar suficientemente lejos de otras personas y la zona de caza permitida en la temporada alta de ciervos.
Mientras mas el GPS le hablaba desde su teléfono con una voz robotica le recordaba los kilómetros antes de estar cerca de su objetivo sentía que todo se volvía demasiado, la maldita radio, el constante tono verde, el olor a tierra antes de llover y arboles, el teléfono, la comezón que se extendía por su cuerpo apunto de reventar exponiendo todo lo blando que tenia dentro suyo.
Ante el repentino movimiento en el rabillo del ojo, su pie piso el freno de golpe haciendo que fuera hacia al frente, frenada por el cinturón de seguridad robándole un poco del aire en el proceso. Respirando agitada mente levanto la mirada encontrándose con la figura paralizada de un Gamo Europeo, parado rígido con su imponente cornamenta en su mayor gloria, el instinto de lucha o huida se resumió en quedarse quieto mirándola directo a los ojos con una mirada negra y vacía que carecía de una emoción.
Como dos ciervos frente a las farolas, ninguno quiso hacer un movimiento con temor de asustar al otro sin embargo ante un ruido que ella misma desconoció provoco que el animal huyera tan rápido como apareció perdiéndose en la frondosidad del bosque. Soltando un suspiro tembloroso se dio el lujo de separar las manos del volante y de su arma escondida en el portavasos, liberándose del cinturón de seguridad al sentir que el objeto empezaba a sentirse demasiado contra su cuerpo.
Abrazando su torso con los brazos palpo buscando no haberse roto una costilla, ¿O solo era una escusa?
Apoyando la cabeza en el reposacabeza del asiento aspirando aire por la nariz de manera temblorosa, sentía como la vergüenza y la rabia quemaba las venas, todo su interior se revolvía en una sopa desagradable que temía que las costuras de cuerpo no soportaran terminando por explotar mostrando esos blando y débil al mundo. Ahogando un quejido sus extremidades en sus costillas se apretaron no queriendo abrirse.
Apretando los dientes ignorando el dolor de la mandíbula anchándose a la realidad buscando entre los cajones de sus recuerdos los entrenamientos básicos contra el pánico y las secciones del terapeuta que el capitán la hizo tomar, terapia que hizo hasta lo humanamente imposible para evitar. La terapeuta del 141, Cherry, era una vieja mujer británica con un carácter lleno de calma y seriedad, capaz de poder desarmar los entresijos complejos que implicaba su mente, con la misma gracia que implica desarmar una bomba apunto de reventar.
Murmurando lo que había alrededor tratando de darle todo el detalle que podía aspirando por la nariz y exhalado por la nariz.
-No creo que tengas “Daddy Issues”- Dijo la mujer mientras la observa al otro lado del consultorio respetado la distancia que le gustaba mantener-.
Despegando la mirada del enorme ventanal que adornaban el consultorio dando una iluminación natural agradable, para cualquiera otra persona lo seria, pero por su parte le ponía los pelos de punta. Cruzando de brazos soltando un suspiro observo los ojos avellana junto al pelo rubio ceniza y las lineas de edad, debía darle crédito a la mujer, llegar a este nivel donde no quería mandarla a la mierda y irse ante el sentimiento de ser abierta de costillas como las primeras secciones.
La habitación estaba llena de detalles cuidadosamente colocados en cada esquina, cada pequeño adorno tenía un propósito específico para crear un ambiente de relajación. La gran ventana con las suaves cortinas blancas que dejaban pasar suficiente luz para que todo se viera claro, los cojines cómodos y los cuadros con paisajes relajantes, todo combinaba para crear una sensación de tranquilidad.
La terapeuta, sentada frente a ella en una silla acolchada, con piernas cruzadas y un cuaderno de notas cerrado sobre su regazo, mantuvo su expresión serena y su sonrisa calmada.
-Cuénteme Teniente Riley-MacTavish, ya hablamos de uno de tus padres. Por lo que entiendo parece que hay una relación difícil entre tú y su otro padre. ¿Te importaría contarme un poco más al respecto?- Hablándole en un tono tranquilo y reflexivo sin parecer intimidada por la creciente tensión en los hombros-.
A pesar de su entrenamiento para controlar emociones y mantenerse inexpresiva, la teniente podía sentir la tensión creciente en sus hombros ante la pregunta de su terapeuta. No era que estuviera intimidada por la pregunta en sí, pero la idea de hablar sobre una relación tan complicada la hacía sentir cosas que se había prometido olvidar la ultima vez que vio al hombre a la cara.
Su mirada se desvió de los rasgos familiares a esta altura, permaneció puesta en un cuadro de un paisaje con un lago, pero sus ojos no se enfocaban en los detalles de la imagen, le gustaba dibujar y pintar, siempre que lo hacia la transportaba a tiempo “mejores”, sentada alado de papá viéndolo pintar era embriagador hasta que la mirada iba a la franja descolorida donde antes estuvo su anillo de bodas antes de que tuviera que ocultar el dolor y la tristeza con una sonrisa cegadora.
-Es complicado.- Admitió de la manera mas directa posible tras unos momentos de silencio con una nota de recelo en su tono de voz, volviendo a ver por el gran ventanal que seguía poniéndole de los pelos-.
Estremeciéndose ante el sonido de su teléfono devolviéndola de golpe a la realidad, una donde estaba sentada en un auto en medio de los bosques de las afueras de Manchester de camino a ver a la ultima persona que pensó que vería, abriendo los ojos se fijo de inmediato que era un mensaje de su melliza. Viéndose los brazos envueltos en su torso se tomo unos segundos en liberarse asegurándose a si misma que no se abriría, estaba bien, viva y a salvo, repite el estúpido mantra con dientes apretados.
Sacando el aparato del soporte abrió el WhatsApp percatándose que tenia varios mensajes que ignoro por el bien de cualquier persona que estuviera en la carretera con ella teniendo su hiriente rabia, aun no esta calmada pero podía vivir con el fuego bajo y controlado. Algunos (muchos) mensajes del grupo de trabajo de la 141 con algunas fotos de los miembros del desastres que están haciendo Elizabeth y los sargentos juntos y el ocasional mensaje del capitán Garrick regañándolos por usar el grupo del trabajo para otra cosa, sin embargo sabia que el regaño no tenia ningún veneno real, otro mensaje del abuelo Price y tía Laswell felicitándola por la reciente condecoración, apretando una linea delgada en sus labios al encontrarse con el mensaje de su papá respondiéndole al mensaje de que llegaría mas tarde a casa.
-Vuelve a salvo
-Haré Cullen Skink
Soltando un suspiro que no sabia que estaba conteniendo, no había preguntas de mas que no deseaba pronto responder, su papá sabia a donde iría con la reciente llamada hacia unos días, y aunque no lo pidiera, se ofreció en hacerle su plato favorito porque sabia que lo necesitaba. Respondiendo al mensaje con un pulgar arriba sin mas, directo y preciso sin demasiada ceremonias.
Revisando el mensaje de su melliza con algunos audios, rodando los ojos la mocosa revoltosa casi nunca podía ser normal y responder con un mensaje de texto, es demasiado entrañable para quejarse verdaderamente por eso. Los primeros audios hablo de que habían hecho para almorzar pastel de carne o algo tristemente vago a uno, digamos que la comida militar no es exactamente platos de 5 estrellas y varios michelines por lo que podía imaginarse el revoltijo sin vida e insípida que implicaba ese pastel de carne.
-Le pase un mensaje a padre que ibas de camino, no es muy fanático a las visitas inesperada y desconocida- En el fondo escucho como removía algo que no le dio importancia junto a un silencio demasiado largo- Sabes que no tienes que hacerlo si no lo quieres hacer...¡Ya estoy! Bien me debo ir, espérame unos días antes que me den mi permiso ¡Te quiero!-.
Una vez que terminó de escuchar los mensajes de su melliza, Scarlett respiró profundamente y se reclinó en el asiento, apoyando la nuca contra el respaldar del asiento. Cerró los ojos por unos instantes, permitiéndose un momento de calma antes de volver a abrirlos y enfocar su mirada en el paisaje que se extendía frente a ella.
Las palabras de su melliza le retumbaron en la mente.
-Sabes que no tienes que hacerlo si no lo quieres hacer-.
Una salida fácil, sin preguntas o replicas, podía mandar toda esta idea a la mierda y podría irse a casa con su papá a sentarse a verlo hacer Cullen Skink para ella como cuando era mucho mas joven en un día malo. Pero cada vez que veía esa invitación también veía a su papá al otro lado de la pantalla de su móvil con una mirada que ni siquiera ellas han logrado sacar, un dolor, anhelo, esperanza, y algo tan profundo que se movió que parecía muerto y estaba reviviendo.
-Maldición- Susurró en voz baja para luego se acomodarse en el asiento volviendo a poner el teléfono en su soporte y puso el coche en marcha de nuevo, siguiendo la dirección del GPS-.
Él, el viejo Simon Riley, ciertamente era un hombre evasivo y extraño para ella, la historia que rodea él y el certificado de defunción, las historias no contadas entre su familia donde no involucraba ninguno otro miembro Riley y las cicatrices físicas son de esas cosas que nadie las habla y es mejor no buscar o te encontrarías con historias que no se estaba listo para escuchar.
No fue un mal padre, mierda, en su linea de trabajo a conocido a personas que son la definición exacta de padres horribles, ha visto suficiente para ya no sentir que se le movía nada; completamente e irremediablemente jodida para no sentirse normal. Pero, Riley, tenia esa barrera mental y emocional que estaba muy lejos de ellas, les enseño a sobrevivir al mundo siempre preparadas para necesitarse ellas mismas, aun sin no recibir una muestra de afecto abiertamente sin parecer que quería arrancarse la piel.
Especialmente ellos dos...
Ella misma reconoce que tenía problemas para mostrar afecto de manera abierta, incluso con su melliza; había aprendido a sobrevivir en un mundo duro y cruel, y se había acostumbrado a guardar sus emociones para sí misma. Podía ser la teniente dura que no podía ser descifrable, nadie tenia que ver ese lado blando y vulnerable, nadie le haría daño de esa manera.
Tenia el control de su entorno y de si misma pudiendo leer a todos en una habitación asegurando su supervivencia, su mente aguda y calculadora le permitía identificar debilidades y leer a sus oponentes como un libro abierto, pero con el hombre, era completamente diferente. Él tenía una manera de ver a través de ella que la hacía sentir desnuda y vulnerable como si estuviera frente a un espejo.
Observando a los lejos el final del camino que se unía con la tierra y grava, una solitaria casa, sino fuera porque sabe que esta de permiso y sin su equipo táctico pensaría que estaría llegado a un piso franco. Acercándose se percato de varios detalles, muchas cosas habían cambiado desde la ultima vez que estuvo allí, él había hecho un intenso trabajo para hacer de este pequeño rinconsito del mundo como suyo, trabajando de lo que siembra y cría, ese hombre casi siempre evitaba ir mas de lo necesario a la ciudad, solo va por correo y algunas cosas necesarias fuera de su control las veces que él tuvo su custodia con su hermana.
Deteniéndose finalmente en el camino de entrada, apago el vehículo tomando aire secándose las manos en los cargos negros que lleva, ha vivido lo mas inhumano y oscuro de la humanidad, le han tortura, disparado, humillado y perdido hombres en campo activo, y le da una herviente rabia tener que actuar de esta manera. Lo único que le frenaba realmente de mandar todo esto a la mierda era el constante recuerdo de su papá, de como sabia que Elizabeth tenia razón, ellos no se olvidan o al menos papá no lo hace.
Ahora debía ponerse los pantalones de mujer grande y marchar adelante con los dientes apretados...
Estirando la mano tomo la invitación guardándola en su chaqueta, pensando un poco en tomar uno de sus cuchillos, negando con la cabeza no estaba apunto de ir de misión con el objetivo de matar a un hostil, estaba visitando a un viejo hombre ex-militar con los nervios de hombro jodido, el mismo hombre por cual hay mañana que le cuesta mirarse en el espejo y le costara unos años dejar de afeitarse la cabeza en corte bajos para evitar sentir y ver su pelo rubio como el recordatorio de que sus ojos decepcionados la seguían.
Dejando el cuchillo donde estaba, salio del vehículo cerrando la puerta de un portazo viendo la puerta abrirse de la casa encontrándose con el casi olvidado rostro de su padre.
El rostro lleno de cicatrices, era levemente oculto por una barba donde no tenia vello facial donde algunas zonas no existía ese vello gracias a la piel cicatrizada, los rasgos de la edad se han hecho mucho mas notorio como las patas de gallos, algunas hebras de pelo dejaron de ser rubias para convertirse en canas como en las cienes y algunas partes de la barba. El rostro de hombre que ha vivido mas de lo que ella ha vivido en su carrera como teniente.
Ninguno de los dos quiso hacer el primer movimiento en completo silencio solo rodeando por el sonido de las hojas de los arboles y el pasto junto con el vivo sonido de los animales haciendo su día ajenos al cruce de mirada que se hizo eterno. La ultima vez que vio esos ojos cafés como un pozo vació ocurrieron cosas, cosas que quedaron como cicatrices permanente con forma del otro, hubieron palabras que dolieron mas que un balazo y ya ha recibido algunas cuantas para poder decir que sabia como se sentía eso.
-Hola viejo- Murmuro finalmente rompiendo el silencio que los rodeaba-.
Con un leve movimiento de cabeza soltando un gruñido reconociendo igualmente su presencia, abrió un poco mas la puerta dejando una invitación de entrar. Apretando los labios camino al porche evitando deliberadamente ese escalón que era una perra ruidosa, conociendo los antecedentes de este hombre y el entrenamiento de Elizabeth, ninguno ha hecho algo para arreglarlo, convirtiéndose solo una alarma ante cualquier amenaza.
Siguiendo hombre, no se impresiono mucho como seguía igual de ancho e imponente, cuando era pequeña recuerda las miradas de los padres y los susurros nada disimulado de los niños de jardín de infante sobre que les daba miedo su padre, no era de extrañar, un hombre de unos casi 1,90 con contextura robusta y cicatrices faciales es intimidante mayormente cubierta por un cubre boca a donde quiera que vaya; en algún tiempo atrás todo eso le llenaba de seguridad, como si estar entre sus brazos estaría segura, ahora ni siquiera sabia como no sentirse como en un interrogatorio, esperando en cualquier momento el primer movimiento.
Escudriñando el lugar haciendo un barrido táctico de todas las entradas y salidas, de las ventanas y puertas, puntos ciegos y puntos vulnerables, tener una vida militar acareaba no solo tener la capacidad de adaptarse a su entorno sino también dejar de disfrutar tener una primera impresión de donde llegaban sin tener ese lado táctico encendido. Aunque su mirada se tambaleo un poco esperando encontrar algunos muebles o cosas que había visto allí ese ultimo día, el cambio de la casa provoco un latigazo vertical que no espero ver.
El viejo sofá que siempre crujía pesadamente en la sala que se rehusaba de cambiar aun sin existir un valor sentimental ahora era mucho mas cómodo era el primer indicio de todos los demás cambios, y cada cosa que veía el único nombre que veía a la cabeza era la de su melliza, Elizabeth.
-Tu hermana me dijo que venias- Estremeciéndose ante el repentino sonido de la voz, era profunda y áspera por el desuso, y le trajo recuerdos de años atrás-.
Girando su cabeza hacia la voz encontrándolo parado en la cocina montando una tetera en la cocina, podía hacerse la idea de lo siguiente que haría, no se sintió ni un poco sorprendida ante la capacidad de él de moverse no acorde al tamaño y contextura física. Gruñendo como única respuesta afirmativa, tampoco hubo mas preguntas por la parte contraria siendo algo que agradeció. Caminando hacia la cocina, se sentó en la mesa percatándose de la descarada bolsa de café en la encimera, a él jamas le ha gustado el café como para casi tenerla vacía, por lo que otra ves el nombre de su melliza resonó en su cabeza.
Tensándose un poco al sentirlo como se sentaba frente a ella poniendo entre los dos una sana distancia, el gesto no hizo mas que provocar una profunda rabia que le calcomia, quería gritarle con todas sus fuerzas, quería que la viera en lo que se había convertido dejando de ser esa cosa blanda y pequeña bajo sus miradas que no sabia como interpretar. Apretando los dientes el silencio que los envolvía debía ser bien recibido pero lo único que hacia era que quisiera salir corriendo de allí, mandar todo esto a la mierda, meterse bajo un baño de agua caliente y restregarse la piel hasta que las hormigas que no estaban dejaran de acosarla.
Hablo de esta visita con Cherry, aun viéndose profesional pareció entusiasma y la ayudo a como lidiar con la idea de volver a conectar con...él. Le explico que el primer paso de poder hacer esto era abriendo un dialogo lo mas natural posible antes de hablar de sus “sentimientos”, maldita sea, ¿Cómo carajo va mantener un dialogo de lo que siente sin sentir que estaba al filo de la silla esperando que le salten encima? Él no lo hará, no le haría daño, se dice como mantra.
Sacando de su chaqueta el sobre con la invitación dejándola sobre la mesa empujándola al frente, el sonido del agua hirviendo y el papel sobre la superficie de madera sonó como un C4, una explosión antes del caos. Viendo como sus grandes manos tomaba el papel doblado leyendo el nombre y el rango el suficiente tiempo como para llenarla de inquietud.
-La burocracia han querido hacer un escalándolo luego de la ultima misión-Finalmente dijo sin decir aun mas de la misión, después de todo era clasificado- Decidieron hacer un evento por unas entregas de medallas-.
El hombre soltó un gruñido ante la mención de la burocracia, podía hacerse una idea que compartían el mismo pensamiento que aborrecía la administración y la papeleo que venía con el rango. Siguiendo el movimiento de él abriendo el sobre sacando el papel de calidad cuadrado con caligrafía militar estándar, él leyó las palabras impresas en la invitar con la mirada perdida en ningún sitio en particular. Después de unos momentos, dejó el papel sobre la mesa y suspiró profundamente. Su expresión se volvió más seria, y su mirada volvió hacia ella.
-Tú...¿Me estas invitado?- Pregunto con mucho cuidado de sus palabras-.
-Si...-Respondió con el mismo cuidado en sus palabras, tampoco tan segura de que esa afirmación fuera cierta-.
Escuchar el sonido de la tetera chillar en la estucha se sintió como un alivio en todo el cuerpo, no era un salida pero era un respiro bienvenido. Escuchar las patas de la silla frente suyo moverse dejando de sentir la presencia del otro rubio para moverse frente a los cajones, la estufa y la nevera con un movimiento practicado.
-Si me estas entregando tu invitación, ¿Quién vendrá por Elizabeth?- La pregunta no debía sentirse como una presión en los hombros pero lo era, sabia que decirle si o si, tenia que persuadirlo para que se reúna con su papá-.
-Ella...invito a papá- Libero las palabras con todo el cuidado posiblemente-.
Ver visible a este hombre con una feria mascara metafórica puesta encerrando del mundo exterior tambalear mostrando algo que solo ha visto en especifica ocasiones, ese algo que vio de pequeña, ese algo que le enseño como era el amor y como quería recibirla, el mismo que ha visto en los ojos de sus abuelos Price y Nik, o los tíos Alejandro y Rudy, ese algo que también vio en la videollamada con su papá.
-Lo pensare- Dijo con algo en la voz que le hizo temer, como si las posibilidades de que fuera fueran mínimas-.
Desviando la mirada hacia el salón buscando algo para fijarse, algo que la ayude a tragar el ácido que se le subió por la garganta, estremeciéndose al encontrarse con la cuencas vacías de un cráneo de calavera con intricado diseño, tan especifico que era imposible de olvidar.
-¡Hostia puta! Amigo que cosa tan aterradora- dijo uno de los sargentos que estaba dirigiendo en esa misión, Augusto, con...¿James? ¿Charlie? Ya no recuerda -.
Despegando la mirada de la colocación de los vendajes en Elizabeth, la mocosa se enfrasco en una pelea con cuchillos con el objetivo de la misión, una pelea bastante sangrienta si tomamos en cuenta la cortada en el costado y que el hostil quedado muriéndose ahogarse en su propio sangre. No estaba nada contenta, por Dios que quería gritarle a su melliza por tal imprudencia pero por ahora tenia que encargarse de mantener a todos los soldados a su cargo en ese pequeño piso franco perdido de la mano de Dios en la frontera entre Rusia y Ucrania hasta que los fuera a recoger el exfil.
Viendo el cráneo de calavera en su mayor y aterradora gloria posada en lo mas alto de un estante sostenía por pura determinación, con un diseño tallado a mano teniendo algún significado a la persona que lo diseño, no quiere pensar si ese cráneo perteneció a alguien, volviendo a su labor de colocar las vendas gracias a cualquier deidad Elizabeth opto por quedarse en silencio entre las dos a poner peor el humor a la teniente.
-A mi me parece chulo- Dijo entre dientes la sargento de cabello rizado expulsando su propio aliento temblorosa mente en una bola de humo frió-.
-¿Estas bromeado? Si yo tuviera esa cosa en mi barracon me mearía del susto cada vez que me despertara- James, Charlie, quien coño sea, respondió señalando la maldita cosa en el estante-.
-Si yo tuviera eso en mi barracon dormiría como un bebe- Viéndola mirar el cráneo con una pequeña sonrisa que se distorsionaba por el ceño fruncido a causa del dolor y cansancio, la pequeña testaruda le hizo caso luego de su cagada cuando le dijo que no se durmiera mientras la arrastraba por el bosque nevado evitando dejar un rastro de sangre como migajas de pan para los hostiles- Me hace pensar en casa-.
-Bien quedatelo, yo paso- Augusto dijo encogiéndose de hombros preparándose para encender una fuego aprovechando la ventaja de la tormenta de nieve que azotaba el lugar imposibilitando su presencia-.
Dejando morir la conversación allí, nadie dijo nada mas de la particular decoración de dudoso origen. Dejando dormir a su melliza sin antes darle unos antibióticos, lo que menos quería era tener que lidiar con una herida infectada en un piso franco, tomando el primer turno de vigilar, nadie discutió las palabras de la teniente y simplemente se fueron a algún lugar a aprovechar el tiempo para dormir antes que tocara el turno del otro.
Sentándose cerca de una ventana tapeada en una silla sostenía por algo de fe y fuerza de voluntad, escaneo el entorno exterior entre las tablas de madera que los protegían del exterior apenas visible entre la tormenta de nieve. Plantando la culata de su arma en el suelo se cruzo de brazos determínate mente dispuesta de cumplir con la tarea aun sabiendo que no existe alma en la tierra que quiera darse una paseo nocturno en este estado. Los únicos ruidos que la acompañaban era la crepitación del fuego, la tormenta azotando el exterior y el ocasional ronquido de alguien que no iba a inspeccionar.
Nunca ha podido ser como sus sargentos, capaces de cerrar los ojos y dormir la mola inocentes del mundo, no podía, tenia que existir situación muy especificas que le obligue hacerlo, y aun así los sueños no eran nada agradables dejándola mas cansada que repuesta.
En su periferia observo el cráneo, divisándola con mejor detalle, la maldita cosa si era aterradora, la sola idea de que siquiera hubiera estado unido a alguien o no agregaba una nueva capa de inquietud. Sin embargo allí se encontraba completamente tranquila, sintiendo que esa cosa le estaba cuidando la seis, un pensamiento estúpido. Tampoco quiso profundizar ese pensamiento estúpido al dormir cuando Augusto le toco vigilar, no quiso pensar en como una voz profundamente británica le mandaba a dormir en susurros bajos luego de mirarla el tiempo suficiente.
Al día siguiente, al ser exfiltrados a la base, Charlie (¿James?) y Augusto parecían asustados como la mierda cuando comentaron que la calavera había desaparecida del estante como si no hubieran estado en primer lugar. Con la mirada rápida a Elizabeth y el recelo en su petate se hizo la idea de que no era obra de una fantasma real del anterior dueño del piso franco, o un soldado que murió alli o cualquier mierda que se estén inventando.
-Te trajiste la maldita cosa- No era una pregunta, era una afirmación mientras entraba al barracon de su melliza viendo la cosa aun lado de su petate de viaje viéndola prepararse para volver a casa, el capitán le dio una patada en el culo y la mando de paseo a casa a curar las heridas luego de un poco de berrinche por parte de su hermana-.
-¿Mmn?- Viéndola levantar la cabeza luego de recogerse el cabello con una pañoleta, la misma pañoleta que una vez provoco una furia real la vez que unos novatos se la escondieron. No sintió ni una pizca de pena por el grupo de novatos que fueron empujados por una Elizabeth ardida hasta que vomitaron todo y nada, y casi se les apagaran las luces, sabe exactamente quien se la dio- Oh si, dudo mucho que su dueño la extrañe- Acomodando los rizos tomo la calavera entre sus manos acariciando las muescas de las muelas- Quizás suene raro...Pero senti que ese día, Pa estaba allí...Lo llevare a un lugar seguro...-.
Asi que es donde ella decidió traerlo, a su lugar seguro con quien la hace sentir segura.
Reconocía que Elizabeth que siempre frecuentaba al hombre mayor, la ha encontrando muchas veces teniendo una conversación con él por mensaje y llamada, aun con todo con lo que ocurrió entre los dos, no le exigía a su hermana desvincularse, no podía hacerle eso.
Porque para ella, este viejo hombre era mas mucho mas que el su otro progenitor.
Abriendo los ojos un poco saliendo del recuerdo viendo la taza de té caliente colocada frente suyo antes de subir la mirada viendo los ojos marrón rodeados de arrugas y lleno de cicatrices recordándole igualmente el cráneo a una habitación de distancia, le mareo de alguna manera sentir que detrás de esa profunda mirada, sus seis estaban cuidas, que podía tomar una siesta y no sentirse que la mataría en su momento mas vulnerable, sino que el muy maldito le podría una taza de té tan malditamente británico con el justo de azúcar y leche que sabia que le gustaba.
-Scarlett...- La voz profunda de este hombre no debía sentirse como debe hacerlo, no debe hacerla sentir que le corroe por dentro-.
-No lo hagas por mi- Sus palabras fueron rápidas y justas desequilibrado la situación- Hazlo por ella-.
Viéndose desde otro lado de la mesa, el pedazo de madera cuadrada se sentía como todo y nada; un abismo ancho, profundo y oscuro. No podían verse, ciegos en la oscuridad aun sintiendo la presencia del otro en el otro extremo, tan vivo y frió. Un fantasma de alguien que existió y un espectro de algo que siquiera existió, caminando en círculos, persiguiendo y escapando, los pies sangran, el cuerpo dejo de moverse con naturalidad para convertirse en un reflejo, huyendo de algo que solo él conoce y ella no lo entiende. Lo unico que comparten era tan brillante que quema los ojos dejando ciegos, algo que reí con tanta fuerza que duele cuando llora, algo tan vivo que lo muerto vuelve a vivir, algo que podrían arrancarse un órgano interno solo para dárselo si lo necesitara.
Elizabeth...
Porque aunque toda esta mierda, haya sido por sus padres, también es para Elizabeth...
El otro es lo que mas quiere, y ellos la quieren de vuelta...
-No puedo prometerte nada...No puedo prometerte no perderla...Pero quiero que si alguna vez pasa...Ella lo recuerde...- Dijo poniendo sus manos alrededor de la taza quemándose a través del calor de la porcelana, esta era la taza que normalmente usaba, su taza-.
-¿Y tu?...¿Y tu me quieres recordar también?-.
Estremeciéndose por la pregunta sus ojos no dejaron de seguir el profundo y oscuro líquido danzaba contra las paredes de porcelana como si le fuera a dar una respuesta, el muy bastardo lo hizo exactamente como le gustaba de niña.
Levantandose de golpe decidio terminar esa conversación alli, porque ni ella misma sabia, ¿Lo quería alli o no? ¿Quería que este hombre al cual aunque intentara no podía llamarlo “padre”? ¿Quería al mismo hombre que fue tantos años emocional evasivo?
Dios cuanto quería golpearlo hasta que los nudillos quedaran en carne y sangrantes...
Saliendo de la casa con pasos pesados, aspirando aire natural apenas atravesó la puerta evitando vomitar la ultima cosa que comió esa mañana y no recuerda. Cercándose al auto estremeciéndose un poco ante el sonido de la grave bajo las botas le quito el seguro, escucho detrás suyo como la seguía dejando un margen seguro entre los dos, quería meterse las manos en el pecho arrancándose su corazón sangrante ante la sensación de seguridad que le daba este hombre dándole el derecho de poder estar en sus seis.
-Scarlett...- La llamo desde el porche de la casa, haciendo que voltee a verlo. Su mandíbula se tensó nuevamente, y pudo verlo cómo las cicatrices de su rostro se retorcían ligeramente por el movimiento, conteniendo el aire en los pulmones- Lloverá...Ve con cuidado...- finalmente respondió él, su voz aún profunda, pero había una nota de honestidad cruda que hizo que su estómago diera un vuelco, aumentara el subido de los oídos y que el ácido estomacal subiera-.
Tragando saliva solo pudo asistir con un firme movimiento de cabeza antes de que se subiera al vehículo con un movimiento casi robotico, se fue quemando chantas tan pronto arranco, mordiéndose el labio viendo por el retrovisor la figura de quien es su padre viéndola partir, no se se despejo de donde estaba aun estando tan lejos.
-Siri, llama a Elizabeth...- Musillo mientras conducía viendo las primera gotas de lluvia golpear el parabrisas-.
Finalmente armándose de valor para enfrentar con la persona su hermana menor minutos de conducir por el mismo camino por el cual llego. Luego de que la voz automática de Siri respondiera, le tomo unos minutos de tocadas antes que le tomaran la llamada.
-Mierda Scatt, ya pensaba que había ocurrido algo ¿Cómo te fue?- Pregunta la menor completamente al desastre que se armaba al otro lado de la linea, no tenia el valor de preguntar mientras escuchaba que estaba en la armaría, debía haber estado haciendo algo alli con los novatos dejando a otro sargento para que se ocupe o cualquiera otra mierda que no tenia mente para reprender-.
-Creo que vendrá- Apretó los dientes viendo al frente entre la lluvia que se volvía lentamente torrencial-.
-¡Malditamente genial!, Dios, la familia se volverá loca-.
Escuchándola parlotear con tanta emoción que empezó a hablar con una rapidez vertiginosa que a las alturas que ya tiene conviviendo con su melliza puede entender pero su cerebro en un momento convirtió su voz en un sonido de fondo mientras el cuerpo actuaba en modo automático conduciendo.
Mientras se iba de las afuera de Manchester en dirección a Glasgow, yéndose del lugar de la misma manera que la ultima vez que estuvo alli, sin embargo, esta vez con un sentimiento tan crudo y abierto.
Mierda...
Debe llamar a Cherry cuando llegue...
